Vencer es posible

22 de octubre. Fuente: Jacobin

Un socialismo a la altura de nuestros tiempos no puede ser un sueño lejano. Tiene que partir de las tendencias y los conflictos en curso, impulsando un movimiento que supere el estado actual de las cosas. Y esa es una tarea que va más allá de la necesaria unidad electoral para derrotar a la derecha.

Por Aline Klein

Desde hace algunos años, el cielo de la política brasileña está nublado. Desde los fatídicos acontecimientos que llevaron al impeachment de Dilma Rousseff hasta la llegada de Bolsonaro al poder, este ha sido un tiempo difícil para la izquierda. Con los nubarrones cubriendo las estrellas directrices y las referencias que siempre la han guiado, la clase obrera brasileña —o al menos una parte de ella— se ha visto atrapada en las mentiras destiladas por los sectores más retrógrados de la burguesía nacional. Pero también navegamos a la sombra de la victoria de nuestros enemigos.

No nos equivoquemos: no es una sombra cualquiera. En los últimos cuatro años, la derecha brasileña ha demostrado una razonable capacidad de organización política, una flagrante falta de escrúpulos morales y un revanchismo despiadado y brutal. La llegada de esta derecha a Brasilia volvió a poner en escena las peores alianzas políticas posibles. Desde la pequeña burguesía que no tolera al hijo de la trabajadora doméstica en la universidad hasta el más mezquino televangelista, el bloque de poder de la reacción aplaude al unísono a Bolsonaro cuando destruye los derechos de los trabajadores, nuestros bosques o las conquistas democráticas.

Muchos ceden al desánimo. Pero en Jacobin Brasilsomos enemigos de la desesperación. Por eso hemos preparado un número entero dedicado a la estrategia socialista. Nunca dejamos de tener claro en nuestra conciencia cuál es el faro que nos guía, por muy nublado que esté el cielo en tiempos de oscuridad. Presentamos en este número un modesto esfuerzo de síntesis de las discusiones que el pensamiento socialista brasileño, en sus vertientes vivas y vigorosas, ha producido en la actualidad. Por eso, este número es también un manifiesto contra la melancolía de la izquierda.

Aprender del pasado, confiar en el futuro

Lo primero para luchar contra el desánimo es recordar que lo nuestro no es solo un deseo, sino una tarea. La más hermosa de las tareas: armar el antiguo sueño de la emancipación humana con una estrategia eficaz para nuestro tiempo.

Como leerán en muchos de los textos de este número, el problema de la reflexión estratégica socialista nace con la propia clase obrera. Las ideas socialistas nacen y maduran en consonancia histórica con el desarrollo político de la clase obrera y su lucha contra las injusticias de la sociedad burguesa. Así que lo primero que debemos recordar es que nuestras ideas, las de transformar radicalmente la vida humana, no empezaron ayer.

Aprender de la historia y de los que nos precedieron nos hace comprender que han sido muchos los momentos trágicos que el capitalismo, en su desenfrenado afán de mercados, territorios y beneficios, ha hecho pasar a toda la humanidad. Pero si miramos la historia desde el punto de vista de la clase obrera, veremos que en cada momento de agonía se encendió también una chispa de esperanza. Y siempre que esta chispa se ha encendido ha sido porque se ha depositado en la acción colectiva, en el poder social de los de abajo y en el movimiento autónomo de las mayorías populares.

En los grandes levantamientos de masas y en las principales conquistas sociales o laborales, las ideas socialistas estuvieron presentes como estrella guía, animando el ardor revolucionario de obreros, campesinos, intelectuales y estudiantes que creían no solo en la idea de un futuro de libertad para todos y en la abolición de la sociedad de clases, sino que también confiaban en el poder de su acción común, en su participación colectiva en un sujeto histórico de cambio.

De ellos, de los que levantaron la bandera roja antes que nosotros, también queremos aprender qué errores no debemos repetir. No pocas organizaciones socialistas fueron destruidas porque subestimaron la capacidad de cooptación del régimen democrático liberal, o se deslizaron hacia el sectarismo purista, cayendo en la impotencia del aislacionismo.

Grandes partidos obreros de masas, como el Partido Comunista Italiano (PCI), fueron pulverizados por la fuerza del enemigo, debilitados por sus propios errores. Innumerables organizaciones, muchas de ellas en nuestro continente, han visto destrozadas sus filas por subestimar los problemas del machismo, el racismo o la LGBTfobia. En la mayoría de los casos, el peor crimen de los socialistas fue dar la espalda a la clase obrera, perder la sintonía con las masas. De todas las lecciones aprendidas, la más importante es tener los ojos puestos en nuestra clase, la clase que lleva el futuro en sus manos.

Tenemos muchas razones para no desanimarse y confiar en la clase obrera brasileña. En primer lugar, porque al contrario de lo que nos quieren hacer creer, los trabajadores brasileños del siglo XXI están mucho más capacitados, instruidos, racialmente formados y, por qué no, más dispuestos a luchar.

Los trabajadores y los movimientos sociales brasileños nos han llenado de ejemplos de lucha, resistencia y solidaridad. Nuestra clase ya está en la lucha diaria. Nuestra tarea es acercar estas luchas a la victoria y aumentar sus posibilidades de éxito. Construir el socialismo en nuestro tiempo significa arrancar de la actualidad las conquistas que cambian materialmente la vida de quienes no tienen nada.

El socialismo que está a la altura de nuestro tiempo no puede ser un sueño lejano y distante, tiene que partir de las tendencias y conflictos en curso, impulsando un movimiento real que supere el actual estado de cosas. Esta es una tarea que va más allá de la necesaria unidad electoral inmediata para derrotar a la derecha. Para realizar escrupulosamente nuestras fantasías, tenemos que ejercer la convicción de que no solo es necesario luchar, sino que también es posible vencer.

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