Siete veces no: la Ponferrada de hoy recuerda a Nevenka

16 de marzo. Fuente: Pikara Magazine

Se cumplen 20 años desde que Nevenka Fernández denunció al entonces alcalde de Ponferrada por acoso sexual. Netflix acaba de estrenar un documental de tres capítulos sobre la historia de la primera mujer en España que ganó un juicio de esta naturaleza contra un político. Hablamos con varias mujeres de la ciudad que nos cuentan cómo vivieron los hechos y qué ha supuesto el documental.

Por Sara R. Gallardo

A Ponferrada se la conoce como la «Ohio española», porque, por población, edad media y situación, suele reproducir los resultados electorales de los comicios nacionales. Es, a todas luces, el ejemplo de «promedio» de una sociedad en la media de todas las variables. En 2001, cuando Nevenka Fernández, concejala de Hacienda y Comercio, cruzó la puerta del salón de actos del Hotel Temple y anunció ante todos el acoso que llevaba sufriendo desde que había entrado en el Ayuntamiento, también Ponferrada fue el termómetro de toda la sociedad.

La capital de El Bierzo no era más que un lugar, el lugar donde sucedieron unos hechos, pero que bien podrían haber sucedido en cualquier otro. Muchos no creyeron a la víctima. «El alcalde era un dios, había cambiado Ponferrada, que era una ciudad muy oscura y, de pronto, se volvió bonita», relata M. G., una mujer de 53 años de Ponferrada. «Pero no tiene nada que ver -continúa-, en fin, no tiene nada que ver para que tú a lo largo de los años te creas el sheriff del oeste y hagas y deshagas: esta chica tuvo una relación contigo, pero cuando una mujer dice no, es no, hasta aquí hemos llegado». M. G. es vecina de Dehesas, el mismo lugar del que procede Ismael Álvarez, el alcalde condenado: «Soy la única persona que opina lo contrario a la gente de Dehesas», sentencia.

M. G. es una de las mujeres de Ponferrada a las que hemos querido entrevistar para preguntarlas por cómo recuerdan aquellos años, desde la noticia de la denuncia hasta la publicación de la sentencia, y con las que hemos vuelto a hablar después del estreno del documental que Netflix acaba de lanzar, para conocer su opinión sobre el mismo. El filme se titula Nevenka, como el nombre de la protagonista, un nombre tan singular que no puede no ser recordado. Está dirigido por Maribel Sánchez-Maroto y producido por Newtral. No hay más que asomarse a las redes sociales para comprobar que el caso tampoco se ha olvidado.

Portada del documental ‘Nevenka»

«No creo que Ponferrada haya olvidado lo que pasó. Igual que yo, mi marido y toda la gente de mi entorno nos acordamos», cuenta Elena (nombre ficticio). «No lo olvidamos, pero no se ha hablado suficiente. En aquel momento sí, porque veíamos el juicio por la tele, veíamos sus declaraciones… Pero no tuvo la repercusión que tenía que tener. Se tapó rápido y se quitó de delante. Poca gente, si le preguntas, se acuerda de que lo condenaron», añade. Elena tenía entonces 35 años y, como casi toda la sociedad ponferradina, tenía algún vínculo con el alcalde: tanto su padre como el padre de su marido lo conocían.

En una ciudad pequeña como Ponferrada, la figura de un alcalde poderoso, pero cercano, con facilidad para entablar relaciones con la gente, fue el argumento que se tomaba como verdad para atacar a Nevenka: «¡Es que era el alcalde! ¡Y además muy votado! La gente se pensaba que no podía haber hecho lo que hizo porque era buen alcalde», relata T. P. S., de 65 años.

«Yo estoy segura de que muchos de su entorno y de los que le defendieron lo hicieron porque tenía poder, porque nadie quería manifestarse en su contra porque le tenían miedo. Igual que le tenía ella. Ella dijo que tenía miedo por ella, por su familia, porque él era así, un lobo disfrazado. Lo sigue siendo, porque ahora lo que está diciendo es que ella lo hace porque le falta dinero, y me da rabia si alguien le cree», argumenta Elena. De hecho, un reflejo de estas declaraciones de Álvarez son los comentarios contra ella referentes al afán de poder, dinero o protagonismo.

Maribel Sánchez-Maroto, directora del documental, lo niega rotundamente: «En este documental, nadie, ni Nevenka, ha cobrado nada por participar. Ese es otra vez el intento de manchar a Nevenka y de descalificarla que vuelve a correr a raíz, entre otras cosas, de las declaraciones de Ismael Álvarez».

Sin embargo, la entonces concejala no ganó ni poder ni dinero cuando denunció: mientras el acosador condenado siguió viviendo en Ponferrada y regentando varios negocios de hostelería, ella tuvo que marcharse de España. «Ella es la gran olvidada», relata Noelia Fernández, de 49 años. «Pasaron los años y Nevenka cayó en el olvido, y se tuvo que exiliar. A nivel social y a nivel general había como la intención de que cayera en el olvido. Y objetivo cumplido. Las feministas jamás nos hemos olvidado de ella, pero los gobiernos municipales sí», añade.

Noelia Fernández asegura que Ismael Álvarez siguió siendo defendido y aplaudido en su ciudad natal: «Porque, si no, sus negocios no funcionarían, por ejemplo. Una persona que acaba fatal en una localidad no puede tener negocios que funcionen, porque se le hace boicot, y a él todo le funciona». Fernández fue una de las mujeres que estuvo en la contramanifestación en apoyo a Nevenka: «Me entero por la radio, porque en aquella época no había móviles ni nada de nada, que hay un homenaje a Ismael. Cogí el teléfono, llamé a los medios de comunicación: ¿pero cómo que un homenaje a Ismael? Pues vale, contrahomenaje». Como relata Fernández, todas las asociaciones feministas ponferradinas salieron por sorpresa a neutralizar el discurso de los miles de vecinos que apoyaban al alcalde, aunque fueran muchas menos: «Hay medios que recogen 300 personas, probablemente no éramos 300, pero 150 sí», recuerda.

Nevenka y Noelia fueron al mismo colegio: «Aunque siempre fuimos de rollos diferentes: yo jamás habría militado en el PP. Pero a mí me daba igual: ella era una mujer agredida sexualmente por su jefe, político además, eso estaba cristalino para mí», cuenta.

Todas las mujeres que aparecen en este reportaje destacan la valentía de Nevenka. Sandra, que entonces tenía 18 años, asegura: «No me importa decir lo que pienso: que ella es una mujer muy valiente y que ha sentado un precedente en la historia de este país». Sandra estudiaba derecho en León y la noticia llegó hasta los corrillos de estudiantes: «Cuando saltó la noticia yo estaba en primero de derecho. En la facultad los profesores no hablaban del tema, y si lo hablaban no era en clase. En los cambios de hora entre nosotros sí. Todo el mundo se mofaba: ‘Ah, tú eres de Ponferrada como Nevenka’, y hacían chistes de mal gusto», recuerda.

También resulta muy común entre ellas sentir que entonces no contaban con las mismas herramientas para defenderla: «Entonces, aparte de pensar que vaya cerdo era el alcalde, tampoco tenías otros argumentos. Ahora, habiendo estudiado Derecho y con el paso del tiempo, ya lo ves desde otro punto de vista. Para mí, ahora mismo, es una mujer supervaliente. Igual de aquella no era consciente de lo valiente que era. Igual yo pensaba: pues quizá yo me hubiera callado, por vergüenza», reflexiona Sandra.

El documental supone, de alguna manera, superar la cultura del silencio. «Ponferrada hoy lo quiere olvidar, pero no lo ha olvidado, por eso les fastidia que salga el documental, porque para mucha gente es ‘remover la mierda’. Para mí, no se tiene que olvidar, se tiene que recordar para que no vuelva a pasar. No se pueden olvidar estas cosas, no se pueden olvidar», insiste M. G.

Hay otro motivo, muy poderoso, para revisitar la historia de Nevenka: poder darlo a conocer a las chicas más jóvenes. Elena asegura que tiene muchas ganas de que lo vean sus hijas, ahora veinteañeras: «Mi hija, que tiene su edad de entonces, me dice: ‘Si me hubiera pasado a mí, me tendría que haber ido de Ponfe, mamá’. El anuncio del documental también ha servido para que, entre las personas que no lo vivieron o que eran muy pequeñas, vuelva a surgir una conversación pendiente sobre aquella mujer que se enfrentó a Goliat.

T. P. S., que entonces tenía 45 años, apoyó firmemente a Nevenka, aunque tenía que morderse la lengua en su puesto de trabajo, de cara al público: «Los clientes eran de clase alta y apoyaban a Ismael. Yo me callaba», explica. Sin embargo, no tenía muchas ganas de ver el documental: «No me apetece nada verlo, porque ya se habló todo lo que tenía que hablarse. Yo no sé con qué fin lo hace…». Después de hablar con sus hijas, de 35 y 42 años, cambió de opinión: «Me ha gustado mucho el documental, ahora se ve de otra manera, y me parecen bien sus razones para hablar, merece la pena que hable y es muy bueno para las generaciones nuevas, para que lo tengan presente». También se mezclan otras emociones: «Me gustó, pero qué indignación: ¿no les dará vergüenza a los que estaban en su contra?», concluye.

La idea de provocar conversación entre distintas generaciones es una de las motivaciones del documental. «Queríamos primero contar una historia que teníamos pendiente, y luego conseguir ese efecto reparador que creemos firmemente que necesita esta mujer», nos cuenta Maribel Sánchez-Maroto. Para la directora, el documental está consiguiendo «algo muy importante: provocar conversación, provocar reflexión y calibrar lo que hemos avanzado y lo que nos queda».

«Ponferrada es una sociedad relativamente pequeña, pero está en el mundo como el resto. Hemos avanzado todos a la vez. Y con el hecho de que las hijas le planteen a su madre ‘oye, cuéntamelo’, ya hemos conseguido algo», comenta Sánchez-Maroto. Para M. G., la sorpresa ha sido cuando, al ver el documental con su hija treintañera, esta le dijera: «Yo no me acordaba de esto, yo oía los argumentos en su contra, pero ¿ahora? Ahora no hay duda». Según M. G., «ha hecho falta mucha cultura, mucho trabajo, mucha educación para que las mujeres adquiramos conciencia de eso, porque Nevenka no sabía lo que le pasaba».

«Mis hijas han alucinado», cuenta Elena. «Una cosa es que nosotros les contásemos y otra cosa es ver las imágenes de ella, oír su voz», apunta. Para estas mujeres jóvenes, que ocurriera un caso como este es impensable: «Aunque hoy en día sigue pasando, este caso les parece rudimentario y prehistórico, no entienden cómo no se le echaron encima a Ismael». Para Elena, el documental ha tenido que ser un alivio para Nevenka: «Ha debido de ser como poner un punto final: aquí que quede lo que de verdad fue. Hacía falta que alguien lo dijera».

Mural de Nevenka en Ponferrada, pintado por Mercedes deBellard. / Foto: Twitter de Ana Pastor

Y, de entre todos los personajes, destaca Charo Velasco, la rival política, la jefa de la oposición en el ayuntamiento: «La única que le tendió la mano y que la quiso escuchar fue Charo Velasco, porque todos sus compañeros de partido le dieron la espalda. A mí eso me parece casi más duro que el acoso», recuerda Sandra.

En un momento del libro de Juan José Millás que relata el caso (Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad), se cuenta que a Nevenka no le salió gratis decir que no. Sin embargo, «volvería a pagar con gusto siete veces el precio de haber dicho NO». De hecho, el precio fue, en muchos casos, el silencio. Sandra era amiga del hermano de Nevenka, pero no lo supo hasta mucho tiempo después: «Es como que la familia no quería que los que los conocíamos de a pie lo supiéramos», reflexiona.

«El silencio no nos protegerá más», declara Sánchez-Maroto. No lo hizo cuando Ismael repartió por buzoneo una larga misiva exculpatoria, ni lo hace ahora. «El statu quo político que había en aquel momento y que cerró filas con el acosador ahí sigue, el panorama no ha cambiado mucho y 20 años después el acosador no asume la sentencia y sigue convencido de que fue una pataleta de niña pequeña», explica Noelia Fernández.

La gente de Ponferrada parece tener una marca: la de ser siempre recordada por noticias infaustas o trágicas. Sin embargo, estas mujeres, algunas de ellas anónimas porque así lo han querido, saben que el nombre de Nevenka debe ser recordado ya no como el de una infamia, sino como el de una pionera: «Lo importante no era a quién señalaba, sino lo que estaba poniendo en cuestión», apunta Sánchez-Maroto. En ese sentido, mucho se ha reflexionado sobre por qué se le llamó «caso Nevenka». Según Sandra, «el nombre del caso no debería ser Nevenka, nunca se ha protegido a la víctima, era como ponerla en el punto de mira».

Es cierto que el «caso Nevenka» nunca debió llamarse así y demostraba, ya desde lo nominativo, que el juicio era, sobre todo, contra ella. Hoy, sin embargo, el «caso Nevenka» ha dejado de ser el nombre que designa a una víctima para ser el nombre de una mujer que dijo basta y que consiguió una sentencia firme contra quien era su jefe. Es la Nevenka que todas somos, que todas fuimos en algún momento y con la que todas tenemos que reconciliarnos.

La reparación pública no ha llegado. No ha habido perdón ni reconocimiento suficiente. Pero las mujeres de Ponferrada, como las de otras partes de España y del mundo, tienen mucho que decirle y que agradecerle a Nevenka. «Mi lectura del documental es que su testimonio va a ayudar a otras muchas mujeres: cuando vivan una situación similar, serán capaces de alzar la voz contra el machismo», confiesa Sandra.

También lo dice el mural que la artista Mercedes deBellard ha pintado en la calle La Paz de Ponferrada, donde se ve el rostro de Nevenka Fernández y las palabras: «Lo hiciste por todas, gracias por contar tu historia, siempre te creí, gracias». Del silencio y la vergüenza a un mural que grita han pasado 20 años. Ponferrada parece despertar ahora de su propia afonía y por fin parece que comienza a hablar.

Sara R. Gallardo, la autora del texto, es de Ponferrada. Este reportaje no habría sido posible sin la ayuda de su madre. Para ambas, las conversaciones y el intercambio de recuerdos ha sido un viaje personal, duro y maravilloso.

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