La verdad sobre Constantino II de Grecia, un rey golpista

29 de enero de 2023. Fuente: Mundo Obrero

A propósito del reciente fallecimiento de Isabel II, monarca del Reino Unido, decía yo en esta misma columna que resultaba increíble la visión falsa y maquillada que de su reinado imperialista daban cuenta los grandes medios de comunicación. Los propietarios de esos sí tienen intereses e ideología, y en España son monárquicos y de derechas; periódicos y empresas de televisión se han convertido en maquilladores de las monarquías en extinción del siglo XXI durante bodas, acontecimientos y entierros, y dedican horas y horas de información pastel y reaccionaria para hablar de protocolos pasados de época y de lo buenas que son las monarquías para nuestro tiempo. Así ha pasado también con la muerte de Constantino de Grecia, un rey golpista y nefasto para el pueblo griego, al que, por tratarse del hermano de Sofía, la reina emérita, también los grandes medios han decidido pasarle por la lavadora informativa de la historia.

Por Fran J. Pérez Esteban

La dolorosa verdad de Constantino II de Grecia, que ha muerto amparado por la conservadora iglesia ortodoxa griega, fue un rey que apoyó en 1967 el golpe de Estado de los coroneles, y eso acabó con su reinado, brevísimo, trajo la III República griega, y vivió 46 años de su vida en el exilio. Conservador, autoritario y torpe, abusando de sus prerrogativas constitucionales desde el inicio de su mandato en 1963, intervino sin parar en la política del país sumiéndolo en el caos, nombrando y destituyendo, por ejemplo, a cinco primeros ministros en un año.

En 1967 apoyó el golpe de Estado de los coroneles. Ya desde 1963 intervino sin parar en la política, nombrando y destituyendo a cinco primeros ministros en un año.

En 1965, grave error, destituyó al primer ministro Papandreu, que un año antes había logrado una aplastante victoria electoral con la promesa de poner fin a las violaciones de derechos humanos y convertir Grecia en una democracia moderna. Millones de ciudadanos salieron a la calle indignados contra la monarquía por esta decisión, pero la extrema derecha no estaba dispuesta a normalizar la democracia, y se produjo el 21 de abril de 1967 el golpe de los coroneles, al que el rey se sumó, apoyó y reconoció, con alegría.

El país había quedado destrozado tras la II Guerra Mundial, mientras la monarquía vivía plácidamente en el exilio, pero el pueblo necesitaba democracia, derechos humanos, y salir del desastre económico. La izquierda republicana, socialista y comunista estaba fuerte (esta última había organizado una potente guerrilla antifascista). Ni los militares ni la monarquía aceptaban sus proyectos políticos, por eso el golpe.

Pero sin libertades, con los tanques en la calle, la represión y las cárceles llenas de miles de detenidos, Constantino vio mal el futuro y se arrepintió, intentando un contragolpe que, por improvisado, fracasó en el ejército y no obtuvo el apoyo de la embajada de EEUU.

Fracasado, Constantino se exilió en Roma hasta 1974. Recuperada la democracia, regresó al país tan sin apoyos, que hasta el líder de la derecha, Karamanlis, estuvo de acuerdo en convocar un referéndum monarquía o república, ganando los partidarios de la República con el 70% de los votos, y en Grecia, país de grandes reyes desde Alejandro a Otón II, se proclamó la III República Helénica.

Tino, como le llamaba la reina Sofía, se exilió de nuevo en Italia, luego en Dinamarca y España y al final en Reino Unido. Una vida de gorra y de lujo a costa del presupuesto de estos países, también a costa del pueblo español, pues durante años pasó los veranos en Marivent y los inviernos en Zarzuela. Pero no en Grecia.

Constantino no reconoció nunca ni el referéndum ni la República así que en 1994 el gobierno socialista de Andreas Papandreu le prohibió la residencia, le retiró pasaporte y nacionalidad y decidió con acierto la expropiación sin indemnización de todos sus bienes. Durante años pleiteó contra el Estado griego obteniendo en 2003 una sentencia en los tribunales europeos por la que Grecia tuvo que pagarle 12 millones de euros, que no era demasiado, pues el Estado había cifrado en 470 millones el valor de las propiedades de la corona, incluido el Palacio Real de Tatoi donde se encuentra el panteón familiar. En Grecia se prohibieron, además, todos los títulos reales, y los títulos nobiliarios.

En 1974 se convocó referéndum y el 70% votó por la República. No reconoció el resultado. En 1994 el gobierno socialista de Papandreu le retiró la nacionalidad y le expropiaron todos sus bienes.

Durante 46 años se dedicó a lo que se dedican los reyes, al lujo y a los negocios, pero en el exilio, pudiendo regresar a Grecia solo en 2013 como un vulgar ciudadano para retirarse viejo y amargado a una mansión en las afueras de Atenas donde creerse, a solas, importante, sin pueblo al que salvar.

Su caída, se dice, sirvió de vacuna en el 23-F, pero no es cierto. Juan Carlos de Borbón, como han demostrado con rigor en libros varios autores de derechas, como Jesús Palacios, o de izquierdas, como Rebeca Quintans, estuvo al frente del golpe, pero metió el freno a las doce de la noche cuando se comprobó que la cosa iba mal. Es posible que Constantino, quemara los teléfonos de Zarzuela aquella noche, pero Juan Carlos logró salvar la situación, una vez más, gracias a los medios de comunicación, el bipartidismo y el CNI, principales apoyos de la corona. Quitarle la careta costaría 40 años más, pero ahí está en Abu Dabi. Que no nos cuenten mentiras y cuentos sobre las monarquías, que no nos oculten por qué Grecia es hoy una República.


Fran J. Pérez Esteban es Secretario General de Izquierda Republicana

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