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Artículo: Internet como madurez del capitalismo (Ajoblanco nº6)

Martes 8 de septiembre de 1998. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Internet está destinada a convertirse en el auténtico cerebro del sistema. Ya desde sus inicios (mediados de los años sesenta) los protocolos de red que constituyen sus huesos, llamados TCP/IP, fueron diseñados y apoyados por el Departamento de Defensa de los EEUU a través de la Agencia federal ARPA (Advanced Research Projects Agency) para asegurar la operatividad de una red ante un eventual ataque soviético que destruyese alguno de los ordenadores que la integrasen.

La proliferación de posibilidades ha provocado un gran interés social y comercial sobre el fenómeno Internet. Frecuentemente se habla del poder de la comunicación en nuestra cultura actual. El término ’aldea global’ aparece una y otra vez en terturlias radiofónicas y artículos de opinión, término que haría referencia a una nueva Atlántida planetaria donde tod@s podríamos incidir sobre la evolución de dicha sociedad, una especie de democracia de base articulada tecnológicamente. En círculos académicos también se intenta rentabilizar este tipo de conceptos, pretendiendo conciliar las teorías de la comunicación con nuevos estudios sobre la conciencia, lo que desemboca en utopías idílicas donde la conciencia individual se unifica en una conciencia colectiva superior -casi en el ámbito de lo sublime-. Se trata de un optimismo tan exagerado que casi huele a reverso de un milenarismo catastrofista.

Las grandes infraestructuras han sido siempre la forma de tirar del carro de un sistema económico voraz de desarrollo y crecimiento: pantanos, autopistas, centrales nucleares... y ahora se trata de las ’autopistas de la información’; ellas supondrían ese tirón que la economía necesita. Pero no sólo eso, Internet representará la gran oportunidad de lucro de nuestra época, negocios millonarios esperan agazapados la implementación de mecanismos seguros de transferencia dineraria electrónica. La encriptación y la privacidad en la red son, por tanto, las piedras angulares para un nuevo salto cualitativo en la dinámica del capital. Quien haya visitado el web de Netscape habrá observado como la versión más segura de su popular navegador está sólo disponible -siguiendo la legislación de los EEUU- para ciudadan@s de ese país, asegurándose así un buen puesto de salida en esta singular carrera. Una vez que la seguridad de la red se consolide, las posibilidades de acumulación y de especulación se multiplicarán; el capitalismo, tal como lo conocemos ahora, está sólo en su forma embrionaria. Esa inmaterialidad absurda de la economía occidental (que nos sorprende, cuando por ejemplo se destruyen excedentes alimentarios para preservar mercados), espera su medio propicio para el gran despegue: la inmaterialidad y agilidad de los impulsos eléctricos a través de las redes de comunicación para beneficio de especuladores y sus clanes de rapiña.

El ordenador personal, el módem, no son más que cachorros del sistema que necesita cada vez más beneficios para sobrevivir. Y nuestra perspectiva es la de siempre: resistencia por una vida auténtica ¡Obligad@s como en las guerrillas a utilizar las armas! -en este caso las telemáticas- que no son nuestras, sino las del explotador, aquel que se ha empeñado en ser nuestro enemigo porque sin nuestras vidas no es posible la suya. Y utilizamos sus armas buscando resquicios en la selva, donde vivir como herman@s y mirarnos a los ojos, compartir el trabajo que nos de la tierra y amarnos. Sólo se trata de eso, estamos condenad@s a la victoria, abramos junt@s espacios de comunidad en la selva virtual.

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