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Entrevista a Servando Rocha: “Se trata de evocar la capacidad de aterrorizar"

Jueves 27 de mayo de 2010. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Servando Rocha acaba de publicar su primera novela. Agitación, propaganda, contracultura, subcultura... Este escritor lleva unos cuantos años buceando en la historia olvidada de Europa.

La historia de grupos como los situacionistas, King Mob, la Angry Brigade o los estadounidenses Motherfuckers, forman parte del rastreo que la sociedad secreta La Felguera, a.k.a. editorial, está haciendo de la cultura marginada de Occidente. Servando Rocha, integrante de La Felguera, acaba de publicar la novela Mirad a vuestros verdugos, que recrea, desde la ficción, un atentado contra una furgoneta de TV en vísperas de algo parecido al partido del siglo. Por encima del ruido de fondo del bar y del viento frío que sale de una ventana abierta, hablamos con él sobre la conveniencia de que algo salte por los aires.

DIAGONAL: Uno de los aspectos recurrentes en los libros que habéis editado, así como en tu novela, es la idea del terrorismo cultural, ¿en qué consiste?

SERVANDO ROCHA: Siempre me han interesado los fenómenos políticos extremos, ya sea en el arte o en la cultura. Todos estos movimientos forman esas notas al pie de la historia oficial que permiten conocer el siglo XX. Éste se puede conocer mejor por los monstruos que creó, como es el caso del terrorismo, que por la historia oficial. Terror cultural es una expresión muy en boga desde que Hakim Bey habló de la Zona Temporalmente Autónoma. No se trata de reivindicar una forma ortodoxa de terrorismo, pero sí de evocar la capacidad de aterrorizar ya sea desde el terreno del arte, de la cultura o desde un terreno revolucionario, una capacidad que la izquierda ha perdido. Ya nada aterroriza porque ya no hay escándalo. Escándalo es la provocación, es el poder, son los casos de corrupción, es la feria Arco. Todo lo que he escrito tiene que ver con una misma historia, y es que, después de las vanguardias artísticas, después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la subcultura en sí, nació el miedo a la gran bomba, a otro Hiroshima, el miedo a que el mundo desaparezca... Creo que la pregunta está aún sin resolver, ¿es posible una teoría del terror cultural como estrategia subversiva? Es muy complicado porque te mueves en la delgada línea de lo artístico, cuando uno detesta el arte.

D.: ¿Hay una contraposición entre la aventura, como la entiende el protagonista de tu novela, Alex Leiah, y el espectáculo como lo definió Guy Debord?

S. R.: El libro está a medio camino entre una novela policiaca y un libro de aventuras. Trata de una persona que desea, con mucha impaciencia y con mucha pasión, que sucedan aventuras en un mundo donde la aventura no es posible ya. Los situacionistas y antes los letristas decían que es necesario hacer suceder la aventura, también decían “necesitamos marcos más bellos”. La aventura hoy día es el parque temático, es el parque de atracciones, es la Fnac y pasearse mirando sus estanterías. Ahí surge el hipertexto que hay en la novela con respecto al segundo viaje a la luna: ya no hay aventuras, está todo colonizado. La aventura, quizá, consiste en lo imprevisible, en saber perderse. Aunque suene muy poético y muy surrealista, creo que es la única posibilidad.

Esto aplicado también a la política: actuar bajo la premisa del “a ver qué sucede”. El protagonista del libro no es un militante, los militantes son otros, él simplemente quiere que su vida recupere esa tensión, ese valor, que nota que ha perdido en favor del espectáculo, de la nevera, los televisores y mucho más que eso. Sí, es una antítesis, pero se da la paradoja de que casi todas las ideas situacionistas están integradas en la propia sociedad de hoy en día.

D.:No parece casual que estés recuperando a grupos como la Angry Brigade, King Mob o Los Motherfuckers, ¿ves en la situación actual un punto de partida para otro tipo de respuestas?

S. R.:Sí que es cierto que hay una intencionalidad, pero en La Felguera no hay un programa político como tal. Burroughs decía “escribir es admitir la posibilidad de que algo suceda”. Creo que nosotros intentamos eso. No tanto dar recetas, porque creo que nadie puede darlas. Por muchas recetas y profetización que se den, los acontecimientos nos superan. Lo que está claro es que la política, tal como es, se tiene que reformular, al menos en nuestra opinión. Y eso pasa por destruir la ideología: no en el sentido de la lucha de clases, que se habló cuando la caída del muro, con Fukuyama y el “fin de la historia” y todo eso, sino destruir la ideología como un código cerrado.

Creo que la mayor parte de los militantes, a pesar de que digan que esta sociedad tiene que ser destruida, se sienten satisfechos. Ellos, al igual que el resto de la gente, han admitido que ser felices no es posible, pero están satisfechos. Poca gente se plantea preguntas que le lleven a callejones sin salida. La pregunta es movediza: ¿qué hacer? Sobre todo porque se ha visto una derrota absoluta. Nunca ha habido en teoría unas condiciones tan apropiadas, no sólo para la extrema izquierda, también para la extrema derecha, pero ni unos ni otros logran reconducir ese descontento social.

D.: ¿Anticiparon estos grupos lo que sucede aquí y ahora?

S. R.: No podemos caer en el ejercicio de historicismo de copiar y pegar, pero creo que todavía tienen una parte irreductible, no recuperada. Por ejemplo, los Motherfuckers desarrollaron el concepto de banda callejera politizada. El hooliganismo intelectualizado de un grupo como King Mob... Pasó con todas las contraculturas: cuando se nombra algo pasa a entrar en un terreno seguro, se mezcla con el paisaje. Anticiparse a esa capacidad que tiene el sistema para nombrar es terriblemente complicado. Todo lo que se codifica es entendible. La derrota de estos grupos nos ha dado mucha información para ser conscientes de la importancia de anticiparse, de ver qué sucede. Ahora esa escasa oposición de los movimientos, ¿a qué se debe?, ¿a que el poder es muy potente? Es cierto, pero dudo que sea eso. Creo que el error está en repetir esas formas que dan el rédito de llevar una vida satisfecha.

Historia de otro airado

La desaparición reciente del escritor británico Alan Sillitoe ha coincidido en el tiempo con esta entrevista a Servando Rocha. El autor de Mirad a vuestros verdugos comenta que la primera parte de su novela está inspirada en la novela corta que dio a conocer a Sillitoe, La soledad del corredor de fondo (1959). La novela de Rocha evoca un Reino Unido en perfecto estado de descomposición, en el que un encargado de defender el orden puede sentirse atraído por el nihilismo, donde una pintada en los muros puede alterar la entente poco cordial establecida entre los ciudadanos-consumidores y sus verdugos.

Fuente: Diagonal

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