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El surco que defiende el Espacio Vecinal de Arganzuela

Domingo 27 de diciembre de 2020. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Por Pablo Elorduy. El Salto

Hace más de tres décadas, el Ayuntamiento de Madrid dejó sin uso un espacio emblemático en el distrito de Arganzuela. En 2017, una asamblea vecinal consiguió la cesión y dio lugar a un espacio, EVA, en el que participan miles de personas y cientos de colectivos. El Gobierno local ha anunciado que no va a prorrogar la cesión y la asamblea de EVA llama a la movilización para defender el proyecto.

Si fuera un cuento de Navidad, las vecinas y vecinos del Espacio Vecinal de Arganzuela conseguirían que su trabajo se reconociera y se prolongara indefinidamente la cesión del espacio que ocupan, el antiguo Mercado de Frutas y Verduras, junto a la plaza de Legazpi. Si todo transcurriera como en uno de esos cuentos que terminan bien, los hogares que llenan cada semana una cesta de alimentos en la Red de Apoyo del distrito no tendrían que buscar un nuevo lugar, o un grupo distinto al que ya les apoya, para sortear la precariedad; no se desmontaría el taller de bicis al que acuden personas de todo el vecindario a apañarse un medio de transporte, ni se perdería el trabajo del laboratorio de informática que provee de equipos a escolares que no tienen para pagarlo.

No es un cuento de navidad, es más bien la misma historia de siempre que se habla de espacios autogestionados en la ciudad de Madrid. El pasado martes 22 de diciembre, la Junta de Distrito de Arganzuela, presidida por María Cayetana Hernández de la Riva (Partido Popular), anunció a la asamblea de EVA que no se prorrogaría el contrato de cesión del espacio firmado en 2017. Cesión que expira el 24 de enero de 2021. El desalojo del centro ya tiene fecha: está previsto que el 8 de febrero, el centenar de colectivos que componen este proyecto sean expulsados del pequeño espacio que ocupan en la ribera del Manzanares, en una zona de Madrid que aun conserva las referencias a la labranza y las hortalizas.

Si no termina como un cuento con final feliz, eso supondrá la desaparición de algunos colectivos, la mudanza, costosa en tiempo y fuerzas, de otros muchos a lugares para el refugio más o menos duradero, la tristeza y la rabia de ver cómo algo construido mano a mano por cientos de personas termina de un día para otro. Algo se perderá definitivamente si se echa el cierre al espacio. Discusiones, proyectos, risas, aprendizajes, vida en comunidad, un conjunto de experiencias que forman parte de eso que la teoría ha calificado como los “comunes urbanos” y que no son tan difíciles de explicar pues casi siempre se refieren a cosas tan concretas como organizar una biblioteca mediante las donaciones de aquí y allá, apilar alimentos e inventariarlos, preparar una pancarta para el próximo 8 de marzo o hacer el cuadro de un torneo de ping-pong para la juventud del barrio.

La noticia de que el Ayuntamiento se niega a permitir que EVA siga existiendo en esa esquina de Madrid la ha dado hace apenas 48 horas Abc. Era algo que ya se sabía desde el martes en la asamblea, pero la idea era comunicársela a los colectivos del resto de Madrid junto con el plan para tratar de detener el proceso.

Son malas fechas para todo lo que no sean bonitas historias y deseos vacíos, pero no hay tiempo que perder. Comienzan las convocatorias para una asamblea abierta, se sigue dibujando el acto “Por un Madrid a muchas manos” del próximo 4 de enero en el Teatro del Barrio. Y se intenta comunicar a la prensa por qué es importante que “el EVA” no desaparezca.

Taller de costura en el Espacio Vecinal de Arganzuela. Álvaro Minguito

Sin interlocución

En torno a una mesa, ese 22 de diciembre en el que todo ha echado a rodar hasta la fecha clave del 8 de febrero, se sientan algunas de las personas que participan en EVA. Montse López y Vicente Corrales llevan en el proyecto desde el principio, desde antes de que hubiese un espacio. Largas reuniones en un espacio municipal, Intermediae, en el cercano Matadero, para definir qué se quería conseguir con la cesión de un espacio, cuáles eran las necesidades del distrito de Arganzuela.

La cesión llegó, no sin dificultades y discusiones, de parte de la concejalía de Hacienda, dirigida entonces por Carlos Sánchez Mato (Ahora Madrid). Pero el contrato tenía fecha de caducidad, y la formación en Madrid de un Gobierno de los tres partidos de derechas ha sido definitiva para que la alcaldía deseche, de momento, prorrogar esta experiencia de gestión comunitaria.

Sandra Rodríguez es una de las jóvenes que integran un colectivo juvenil dentro de EVA. Para ella, el desalojo del centro afectaría a muchísima gente: “Es un espacio que se necesita y la gente necesita”

Cuatro años después del proceso que puso en pie el actual espacio, Montse López insiste en desvincular al espacio de los partidos políticos. En EVA, defiende “no nos hemos posicionado nunca respecto a partidos políticos, siempre hemos estado de hecho intentando reivindicar la voz de las vecinas y de la ciudadanía, el poder que tienen los vecinos y ciudadanos más allá de las instituciones”. Porque, señala López, como sociedad falta mucho por recorrer en cuanto a participación no mediada, no basada en una visión paternalista o desde una perspectiva de simple prestación de servicios.

En cambio, señala esta militante de EVA, el actual Ayuntamiento se ha movido entre el miedo y el desconocimiento: “No hay interés real en saber qué es este espacio, cómo se gestiona y cómo funciona”, denuncia López. “No veo un diálogo, esto no es una opinión, es un hecho”.

La Junta de Distrito se reunió con algunos participantes en EVA al comienzo de la legislatura. Hubo buenas palabras que no se concretaron en ningún compromiso. La segunda reunión desde entonces fue la del martes, Carpetazo y un anuncio de que, en lugar del espacio vecinal se instalará allí una unidad del Samur, algo a lo que nadie se opone pero que, recuerdan desde la portavocía del centro, “es perfectamente compatible” con la continuidad del espacio ciudadano. El Samur ya ocupó una de las naves del amtiguo mercado, un espacio que Acciona, la encargada de la obra, ya demolió y del que ahora solo quedan los elegantes pilares que estructuran el complejo. Fue el propio Ayuntamiento el que decidió trasladar la dotación de emergencias de allí porque el lugar no era idóneo.

Para Vicente Corrales, la actitud de la Junta de Distrito ha intentado “minimizar todo lo que está haciendo EVA, quitándole valor”. Este militante, que emplea su tiempo principalmente en el taller de bicicletas En Bici Arganzuela (EBA) lamenta que el Ayuntamiento no tenga en cuenta “ni tan siquiera en este momento que hay pandemia que se están dando un montón de servicio a un montón de familias, asistencia a la que no están llegando ellos”.

Surcos de una ciudad vieja

Fuera de EVA, el complejo del mercado tiene las huellas del abandono. Se trata de un espacio que forma parte de la historia y el patrimonio de Madrid, construido para racionalizar y dotar de higiene el abasto de frutas y verduras. El complejo del mercado, basado en estructuras de hormigón armado, que fue iniciado en 1925 y terminado solo un año antes de la Guerra Civil, mantiene sus líneas elegantes y ligeras. Pero las huellas de dos intentos fallidos de transformarlo en la sede permanente del área municipal de Urbanismo muestran la incapacidad o la impotencia de los distintos equipos gubernamentales para revivir ese espacio. Las asociaciones patrimonialistas han reclamado, de momento sin éxito, que se asegure la conservación de sus valores arquitectónicos, artísticos, históricos y patrimoniales. Hace un año se detuvieron las obras que puso en marcha el anterior equipo de Gobierno. El presupuesto, de nuevo, contenía “trampas” y no contaba con que, al estar cerca del río, son necesarias intervenciones específicas sobre el suelo, arenoso y con capas de arcilla.

Mientras el Ayuntamiento sigue embarrado en la reforma del espacio sobre el que quiere intervenir, y ha permitido que se lleve a cabo obras que destruyen el patrimonio, en la pequeña esquina del complejo que ocupa EVA no ha cesado la actividad. Tras los meses duros del confinamiento, en los que el espacio permaneció cerrado, la asamblea decidió que había que redoblar el apoyo al barrio, indica Silvia Díaz de Cerio, militante desde hace dos años en el espacio. Se ha trabajado desde la exigencia de respetar las distancias y las medidas de seguridad, pero las necesidades estaban claras. En primavera, la despensa de EVA repartió cestas de alimentación básica a decenas de familias. Después del verano, la sustituyó la Red de Apoyo de Arganzuela, que actualmente cubre una cesta semanal para 93 hogares, alrededor de 300 familias.

El Ayuntamiento ha fracasado dos veces en su intento de trasladar el área de Urbanismo al antiguo mercado de frutas y verduras de Arganzuela. Álvaro Minguito

El interior del mercado de frutas y verduras aparece en algunas escenas de la película Surcos, que José Antonio Nieves Conde rodó en 1951. La película trata la historia de una familia que se ha visto obligada a migrar desde el campo. La vida en Madrid es dura y los Pérez establecen una relación conflictiva con una ciudad en la que no importan y les invita a abrirse paso a codazos o rendirse.

A escasos metros del triángulo exterior que da al antiguo mercado una fisonomía emblemática, el Espacio Vecinal parece dialogar con la resignación por el fin de una época que expresaba Surcos. En una ciudad hostil y que expulsa progresivamente a la población de sus plazas de referencia ─Arganzuela ha sido el segundo distrito que más ha incrementado su actividad inmobiliaria desde 2013─, EVA trabaja para aportar “una alternativa y un espacio de organización en los barrios”, considera Silvia Díaz de Cerio.

La actual crisis económica, que para muchos hogares no es sino una segunda fase de la crisis de 2008, multiplica las demandas de apoyo en distintos frentes. Las familias que recurren a las cestas de alimento tienen, a menudo, problemas que entroncan con los precios de los alquileres o la imposibilidad de pagar las hipotecas. Con ese punto de vista transversal, en noviembre se llevó a cabo un plenario al que acudieron personas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y otros colectivos de apoyo mutuo. “Hubo reflexiones sobre si ofrecer apoyo educativo, ofrecer clases de informática, organizar una especie de club deportivo autogestionado, etc”, explica Silvia Díaz de Cerio, “ahora que ha llegado este aviso de cierre de EVA se tambalean un poco todas esas ideas que las familias estaban demandando”.

Carlos, un mecánico, ajusta los frenos de una bici que pronto cabalgará cualquier chaval de la zona. Estuvo en la reunión con la concejal del Distrito y comenta con gracia que ésta miraba a los militantes “como a marcianos”

Sandra Rodríguez es una de las jóvenes que integran un colectivo juvenil dentro de EVA. Para ella, el desalojo del centro afectaría a muchísima gente: “Es un espacio que se necesita y la gente necesita”, reflexiona. Junto a Ángela Fernández y Laura Guri, forman parte de una generación que nació después de que el Ayuntamiento dejase de usar el espacio que hoy ocupa EVA. Se integraron poco a poco, primero utilizando la biblioteca para estudiar, más tarde organizando los libros, limpiando la sala. Participando del día a día de un centro por el que han pasado en cuatro años más de 20.000 personas.

Las tres jóvenes valoran que en EVA encuentran alternativas de ocio, pero se refieren a la asamblea como una “familia”, en la que van aprendiendo cómo relacionarse con los espacios comunes y con personas con las que aparentemente no tienen nada que ver. “Es difícil trabajar el tema intergeneracional”, reconoce Montse López, para quien, sin embargo, ese “abanico tan diverso de personas” es una de las principales riquezas de EVA. “Inevitablemente hay distintas formas de hacer las cosas, distintos niveles en la participación y la autogestión, de compromiso”, indica, pero en la relación con el espacio se produce una diferencia básica con los servicios de gestión municipal, donde se da una relación más utilitarista, concluye López.

Tres militantes de EVA, en el distrito de Arganzuela.

Para Vicente Corrales, el cierre programado tiene que ver con que EVA es un proyecto que incomoda al Ayuntamiento, “aquí se ha acogido movimientos y causas con las que están en contra: está la plataforma antidesahucios, plataforma de pensionistas, está el 8M, movimientos LGTB, se acogió a mucha gente que vino por la cumbre del cambio climático hace dos años…”. Por eso, Corrales hace un llamamiento a que esos movimientos se impliquen en las seis semanas que faltan hasta la fecha del 8 de febrero: “Todo este tejido puede quedarse huérfano, perder un sitio que es cobijo, un núcleo importante en todo Madrid”, alerta.

“No sabemos si tendremos la fuerza suficiente pero sí sabemos que tenemos más de la que creen ellos”, dice en referencia al Ayuntamiento Ángel Lomas, uno de los portavoces del espacio. La hoja de ruta pasa por reivindicar ese papel de EVA como un activo para los movimientos sociales y vecinales de la ciudad: asambleas abiertas, concentraciones... y la preparación para el 8 de febrero, la fecha en la que puede cambiar todo. Silvia Díaz de Cerio advierte de que el anuncio de cierre “es un paso más en la tendencia de desarticular toda la organización vecinal” en la ciudad.

En el EvaLab se devuelven a la vida ordenadores para repartirlos entre escolares y estudiantes que no pueden adquirir uno. Álvaro Minguito

Esperando algo parecido a un final feliz, la actividad diaria en EVA no se detiene. Es la víspera de la Navidad y un grupo prepara un reparto de juguetes en una de las salas. En el cuarto de bicis, Carlos, un mecánico, ajusta los frenos de una bici. Estuvo en la reunión con la concejal del Distrito y refiere que miraba a los militantes “como a marcianos”.

Los militantes de En Bici Arganzuela tienen a gala no competir con los talleres del barrio, “aquí trabajamos con bicis baratas”, cuenta Carlos. Cuando viene alguien que solo quiere una reparación gratis se le envía a un comercio del barrio. En EBA tienen claro que hay quien puede permitirse una reparación y quienes necesitan recambios y piezas usadas para seguir dando pedales.

En la sala contigua, Esti trabaja con decenas de ordenadores. La idea es ponerlos a punto para repartirlos a través de las asociaciones de madres y padres del alumnado de las escuelas públicas de los alrededores.

En la puerta, una voluntaria de la red de apoyo reparte raciones de cocido. Un obsequio, uno al año, por navidad, de la Federación Española de Municipios, a la que pertenece, cómo no, el Ayuntamiento de Madrid.

Si todo terminase como un cuento navideño, el Espacio Vecinal de Arganzuela seguiría abierto a lo largo de 2021. No sería noticia su despensa solidaria o su reparto de bicicletas para los temporeros de Jaén y Huelva. Casi nadie hablaría de su agenda gratuita cultural, musical y de ocio. Pero, antes de que ese cuento termine, hay que explicar una vez más que sigue adelante porque es necesario que siga existiendo para decenas de familias, personas y colectivos. Que, incluso aunque EVA desapareciera, su historia habría dejado un surco para construir una ciudad en la que merece la pena vivir.

Fotos Álvaro Minguito

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