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El hilo rojo de la Historia

Lunes 18 de mayo de 2009. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

La estética de la resistencia, de Peter Weiss

Juan Pedro García del Campo - Quimera

¿Cómo construir una literatura del proletariado, un arte de los oprimidos, una estética de la resistencia? ¿cómo escribir sobre la experiencia revolucionaria, sin traicionarla al atenerse a las formas narrativas heredadas de la burguesía? En Weiss hayamos la naturaleza social y política de una realidad que la ideología al uso presenta como simples asuntos “humanos”: el impulso revolucionario frente al dejarse llevar por las circunstancias, la violencia de una forma de dominio social que conduce a los campos de exterminio, o la total deshumanización de las sociedades organizadas y burocratizadas del siglo XX.

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La editorial Hiru se ha caracterizado desde su fundación por la publicación de textos que, por el posicionamiento social o político desde el que están escritos y a pesar de su indudable calidad, no habrían encontrado de otro modo un hueco digno en un “mercado” editorial cada vez más claramente reducido a la categoría de negocio. Así, la actividad de Hiru nos permite leer una buena cantidad de obras que, de otro modo, no serían accesibles en castellano. Este es, quizá más que nunca, el caso de la obra de Weiss publicada con un pequeño pero jugoso prólogo de Alfonso Sastre: un total de 1085 páginas que recogen en un sólo volumen los tres tomos de La estética de la resistencia , la obra en la que Peter Weiss trabajó los últimos años de su vida, que fue originariamente publicada entre 1975 y 1981, y que constituye sin lugar a dudas una de las mejores novelas alemanas del siglo XX o, si se quiere cambiar el lugar de la mirada, una de las mejores novelas generadas desde la resistencia a la dominación: resistencia al fascismo y también a la idiotización ideológica.

Peter Weiss es fundamentalmente conocido como autor teatral y, en ese ámbito, cualquiera lector-espectador recuerda sus obras como textos en los que la forma dramática se construye para mostrar, de manera casi “documental”, la determinación social y política de ámbitos de la realidad que la ideología al uso suele presentar como simples asuntos “humanos”: el impulso revolucionario frente al dejarse llevar por las circunstancias (el Marat-Sade o el Hölderlin), la violencia intrínseca de una forma de dominio social que conduce a los campos de concentración (La indagación), la epopeya de los movimientos de descolonización (el Canto del fantoche lusitano), o la total deshumanización de las sociedades organizadas y burocratizadas de nuestro siglo (El nuevo proceso).

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La estética de la resistencia es también, como las demás obras de Weiss, un texto construido desde la militancia o, por decirlo de forma más dulce, desde la toma de postura: posicionamiento político y, al menos en la misma medida, estético. Tanto la temática como la perspectiva en que es abordada, tanto la elección del objeto como la forma en que es construido su relato, así, son en esta novela otros tantos elementos de un proceso que viene a romper con la supuesta transparencia y naturalidad de la obra literaria, que viene a afirmar el carácter eminentemente constructor de sentidos y forjador de modos de la mirada que la práctica de la escritura comporta necesariamente, que viene, en fin, a construir una literatura explícitamente política. Una literatura explícitamente política y, aún siéndolo (o quizá por serlo, precisamente), con una fuerza dramática impresionante: es esa una de las grandezas de Weiss, haber sabido integrar la investigación sobre las formas narrativas más pegadas a la realidad y, por tanto, menos “fantasiosas”, con un cuidado extremo por los efectos literarios generados; haber sabido escapar, dicho de otro modo, de los moldes propios de una literatura de la subjetividad y de la sentimentalidad, sin por ello olvidar la importancia de los efectos de reconocimiento subjetivo- ideológico o los efectos emotivos que pueden inducir el posicionamiento ante una realidad que puede y debe ser cambiada. El principal personaje de la obra (una especie de alter-ego del propio Weiss), se pregunta en una ocasión, “si pudiésemos llegar a captar algo de la realidad política en la que vivíamos, cómo se podría trasladar este material diluido y escaso...a una imagen escrita con la aspiración de continuidad”: y esa es la clave para entender el sentido de la obra; ¿cómo construir una literatura del proletariado, un arte de los oprimidos, una estética de la resistencia? ¿cómo escribir sobre la experiencia revolucionaria, sin traicionarla al atenerse a las formas narrativas heredadas de la burguesía? Esa es la cuestión que Weiss se plantea y, como en sus obras teatrales, la que resuelve con una inhabitual destreza que aúna la proliferación de datos y la atención a los efectos “emocionales” de su “montaje literario”.

Pero si La estética de la resistencia es toda una lección formal (el propio Sastre, en el prefacio a la obra, se pregunta si estamos ante una “novela”, un “ensayo”, una “nivola” o una “ensayela”, sin decidirse a dar a la cosa su nombre: práctica revolucionaria en/de la escritura), es también una lección de memoria histórica y de compromiso político: en sus páginas se narra la peripecia de unos personajes a través de los cuales (en sus preocupaciones y en sus seguridades, en sus acciones y en sus omisiones) se despliega la historia de todo el movimiento obrero en nuestro siglo y de la inconclusa aspiración a una vida digna (una “sociedad libre de hombres libres”, tal el comunismo), en un movimiento que, en el recuerdo de la Comuna y de la revolución de octubre, recorre los enfrentamientos entre socialdemócratas y comunistas, y las distintas perspectivas que adoptan ante la revolución y que tienen su punto culminante en el asesinato de los líderes espartaquistas, que se adentra en las tensiones por lograr (sin conseguirla más que parcialmente) una política de “frente común” frente al capital y, en la década de los 30, frente al fascismo, que recorre la revolución española, la derrota, la guerra contra los nazis..., y que lo hace, además, con un rigor del que podrían aprender algunos historiadores al uso.

La gran novela de Weiss, la que escribió durante su última década de vida, la que terminó un año antes de su muerte, la que alternó con gestos inequívocos de libertad frente al aparato de dominio político e ideológico de los que se llamaron “países socialistas”, cuya redacción coincidió además con obras de tanto calado crítico como El nuevo proceso, es, así, un archivo para la memoria tanto como una proclama contra el conformismo. Peter Weiss en estado puro.

Estética de la Resistencia. Hondarribia, Hiru, 1999 (1.085 páginas)

El sumario

Peter Weiss
(fragmento)

" Juez: ¡Acusado Stark! ¿Por cuántas personas estaban formados los grupos que llevaba usted a la muerte?
Acusado 12: Alrededor de 150 a 200 personas.
Juez: ¿Había entre ellos mujeres y niños?
Acusado 12: Sí. Detenían a clanes completos.
Juez: ¿Nunca le asaltaron dudas sobre la culpabilidad de esas mujeres y de esos niños?
Acusado 12: Se nos había dicho que participaban en el envenenamiento de las aguas, en la voladura de los puentes y en otros actos de sabotaje.
Fiscal: ¿Qué razón se les dio para el fusilamiento de los prisioneros de guerra?
Acusado 12: Se trataba de aniquilar una ideología. Con su fanática actitud política, estos prisioneros amenazaban la seguridad del campo de concentración.
Fiscal: ¿No se negó usted nunca a tomar parte en los fusilamientos?
Acusado 12: Era una orden. Tenía que actuar como soldado.
Juez: ¡Acusado Stark! Cuando usted realizó sus estudios ¿no le asaltó nunca duda alguna sobre este tipo de actos?
Acusado 12: Señor Presidente, quiero aclararlo de una vez por todas: Ya desde la escuela elemental una de cada tres palabras que se nos decía, hablaba de que ellos tenían la culpa de todo y de que debían ser eliminados. Se nos inculcó repetidamente que esto era lo mejor para nuestra nación. En la Escuela de Oficiales aprendimos, ante todo, a aceptarlo todo en silencio. Cuando, a pesar de todo, alguien preguntaba algo, se le decía: «Todo lo que se hace está dentro de la ley». De nada nos sirve, pues, que las leyes hayan cambiado. Se nos dijo: «Tenéis que aprender; la escuela es más importante que el pan de cada día». Señor Presidente, nos impedían pensar; otros lo hacían por nosotros. (Risa del acusado a modo de confirmación de lo dicho). "

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Viva Marát!!

CAES

El drama en dos actos conocido como “Marat – Sade”, tiene por título “Persecución y asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo teatral de la Casa de la Salud de Charenton bajo la dirección del señor de Sade”. La segunda y definitiva edición de esta obra data de 1965.

Su autor, el dramaturgo alemán Peter Weiss (1916 – 1982), huido de los nazis, acabó adoptando la nacionalidad sueca. En su teatro político cabe destacar “La Indagación” (1965), sobre el juicio a los responsables del campo de exterminio de Auschwitz y “La estética de la resistencia”[1] , novela de aprendizaje de la vida y el arte de una generación de militantes que, en años de horror y heroísmo, se entregaron a la lucha contra el fascismo y a la revolución social[2] .

La versión española de Alfonso Sastre se estrenó en Octubre de 1968 en Madrid. Contó con la interpretación, entre otr@s, de Antonio Iranzo, Eusebio Poncela, José Mª Prada (Marat), Adolfo Marsillach (Sade) y Charo Soriano. La dirección escénica corrió por cuenta de Adolfo Marsillach y la de actor@s fue realizada por Antonio Malonda que, como líder del grupo “Bululú”, conocía bien las obras de Brecht y de Sastre.

Desde la primera representación (2/X/1968) - en Madrid solo hubo tres - la obra se acreditó como auténtico teatro de agitación social. A pesar de que la censura había suprimido los cuadros 13 (“La liturgia de Marat”) y 14 (“Lamentable intermedio”), actores, actrices y público, gritaron las consignas revolucionarias de la obra, produciéndose a la salida enfrentamientos con la policía.

La acción de “Marat – Sade” se desarrolla en 1808, en el manicomio de Charenton situado en las afueras de París. En dicha institución, donde se recluían los enfermos mentales de las clases medias y altas, el Marqués de Sade desde 1803 penaba una de sus múltiples condenas. De común acuerdo con la dirección y con fines terapeúticos, Sade montaba representaciones abiertas a familiares y amigos de los internos. Basándose en estos hechos, Peter Weiss escribió su drama situando a Jean Paul Marat[3] , sumergido en una bañera que le alivia de una infección general de la piel en los últimos días de su vida, antes de ser asesinado por Carlota Corday. El Marques de Sade se interpreta a sí mismo y los actores “locos” interpretan a los diversos sujetos sociales. Marat – Sade es teatro total. Marat, arrollado por el reflujo de la revolución y en abierta polémica filosófica con Sade es un personaje universal. Expresión de un movimiento popular que, más allá de formalismos estéticos y sicológicos, sobredetermina la Historia.

Mas que “teatro político”, Marat – Sade es teatro dialéctico porque el devenir de la obra está abierto. Director, actores, actrices (y potencialmente el público, tanto el que actúa en la obra como el actual), están en el mismo orden de realidad dramática. Durante la representación, el discurso falaz de los personajes que encarnan a la ciudadanía “normal”, se ve desbordado por la radical cordura del discurso de “los locos”. En el duelo entre Marat y Sade y en el de ambos con el público “de orden”, se agitan las contradicciones de la sociedad burguesa que emerge de la Revolución: violencia establecida y violencia revolucionaria, individuo y colectividad, arte y transformación social, revolución necesaria pero imposibilitada, duda y acción, compromiso y traición, libertad (de mercado) y fraternidad igualitaria, agonía y optimismo histórico, filosofía y praxis, reforma y revolución, pasado, presente y futuro.

La puesta en escena de Andrés Lima con la Compañía Animalario en el Teatro Maria Guerrero[4] ha estado a la altura de Weiss-Sastre. Las referencias al aquí y ahora de la monarquía, la guerra de Iraq, el ejército y la iglesia, más allá del texto de los autores, así lo atestiguan. Antes de la puesta en escena, el grupo trabajó durante meses con internos del Sanatorio Esquerdo, (frente a la antigua cárcel de Carabanchel) y con un grupo teatral de mujeres presas (“Yeses”), radicado actualmente en la cárcel de Alcalá Meco para empaparse de la realidad de loc@s y de pres@s.

Actores y actrices como Pedro Casablanc (Marat), Fernando Tejero (Cucurrucú); Javivi (Jacobo Roux); Virginia Nolting (Simona) y Alberto San Juan (Marqués de Sade), entre otros y otras, han expresado la tensión de un drama que trata sobre un crimen en un tiempo de crímenes, de criminales y de cómplices necesarios. Es decir, un drama que trata sobre nuestro tiempo, sobre nosotr@s mismos.

Aún sabiendo que es pedir demasiado, hubiera sido de desear que en las representaciones de Marzo (4º Aniversario del ataque e invasión de Iraq) se aludiera no solo al “No a la Guerra”, sino también al uso electoral y posterior destrucción por el PSOE y sus agentes del, hasta ese momento autónomo, Movimiento Contra la Guerra. Por otro lado, tampoco es igual el público de 1968, participante de un movimiento popular antifranquista ilegal pero de masas y sabiendo que fuera espera la policía, que un público progre, mayoritariamente desmovilizado o encuadrado en “la unidad de la izquierda” en torno al PSOE.

¡Viva Marat. Viva Alfonso Sastre!

::Fuente: CAES

“PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE JEAN- PAUL MARAT”[5]

Persecución y asesinato de Jean-paul Marat.

Peter Weiss

ACTO PRIMERO.

TRIUNFO DE LA MUERTE

Pantomima de la Ejecución[6]

MARAT.-(Se dirige a la sala)

Lo que sucede aquí nadie puede pararlo.
Estos hombres han sufrido demasiado
antes de esta venganza.
Ustedes sólo ven esta venganza
sin pensar que ustedes mismos los han llevado a ella

Ustedes lloran hoy, con un sobresalto de justicia,
la sangre derramada.
¿Pero qué es esta sangre al lado
de la que ellos han derramado por ustedes
en las guerras y cárceles?

(La primera cabeza ha caído. Gritos de triunfo. Comienza la siguiente ejecución).

¿Qué son estos pocos sacrificios
al lado de todo lo que ellos han sacrificado
para alimentarlos a ustedes?

¿Qué son estos pocos saqueos
después de su lenta muerte y su total explotación?
Si ellos revientan frente al enemigo
con el que ustedes conspiran en secreto,
eso a ustedes les da lo mismo.
Su derrota sería la victoria de ustedes
y entonces no se movería ni un músculo de sus plácidos rostros
hoy tan convulsos por el horror y por la indignación

NOTAS

[1] 1975 (1ª parte); 1978 (2ª parte); 1981 (3ª parte). Ed. Hiru 1999.
[2] Peter Weiss. Ed. Hiru 1999. Prólogo de Alfonso Sastre (pág 14). Prólogo de “La estética de la resistencia”.
[3] Jean – Paul Marat (1734 – 1793). Miembro de la Convención, representó el ala jacobina (radical) de la Revolución Francesa y fue muy activo en la lucha de la contrarrevolución girondina. Murió asesinado por Carlota Corday, agente de la burguesía, en 1808.
[4] Del 22 de Febrero al 29 de Abril de 2007.
[5] Persecución y Asesinato de Jean-Paul Marat: Representado por el grupo Teatral de la Casa de Salud de Charenton bajo la dirección del señor de Sade. Autor: Peter Weiss.
[6] Fragmento del cuadro nº 11 (Triunfo de la Muerte) Págs. 38 y 39.

Bio

Escritor y artista alemán nacionalizado sueco. Weiss nació en Nowawes, cerca de Berlín, el 8 de noviembre de 1916. Cuando los nazis tomaron el poder, su familia emigró a Gran Bretaña en 1934 y dos años después a Checoslovaquia, donde estudió dibujo en Praga hasta 1938; el año siguiente fijó su residencia en Suecia. Weiss adquirió la nacionalidad sueca en 1948 y escribió en este idioma sus primeros poemas y sus primeras obras dramáticas para la radio, pero se hizo famoso internacionalmente como escritor en alemán y como militante contra la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Ya en la madurez, empezó a escribir novelas tan particulares como La sombra del cuerpo del cochero (1960). La primera obra teatral de Weiss fue Persecución y asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo teatral del hospicio de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade, también conocida como Marat/Sade, que explora las consecuencias de la libertad y la revolución. La siguió El sumario (1965), sobre el campo de exterminio de Auschwitz, Trotski en el exilio (1970) y otras obras donde se discuten aspectos morales referidos a los medios para hacer la revolución. También adaptó para la escena la novela de Kafka, El proceso. Además escribió cuatro novelas, dos libros sobre el Vietnam y numerosos ensayos, dirigió varias películas, e ilustró varios libros. Murió el 10 de mayo de 1982 en Estocolmo.
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La función del arte en "La estética de la resistencia" de Peter Weiss - José Luis Sagües UCM
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A propósito de Hölderlin de Peter Weiss - Horacio Montenegro

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