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Al final, la culpa sí que fue mía, de ella, de todas

Martes 17 de diciembre de 2019. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Diario de Vurgos

En la tarde del sábado 14 de diciembre, se convocó anónimamente una concentración en Aranda por la sentencia del caso Arandina. El mundo al revés; se apoya a quien agrede y se culpabiliza a quien sufre la violencia sexual. Toca repensar en qué estamos fallando en esta sociedad cada vez más alejada de la supuesta igualdad que nos venden.

Otra vez la mirada culpabilizadora sobre la víctima; programas de televisión, editoriales de periódicos, tertulianos que no paran de vomitar juicios de valor sobre la mujer agredida y que todas recibimos como bofetadas simbólicas y aviso a navegantes: por qué subió a ese piso, ya tendría que saber a lo que iba, no sabían que era menor de edad, si es que es una fresca… Los miles de comentarios que se vierten en esta sintonía apuntalan con cada letra la cultura de la violación que padecemos en todo el mundo. Da igual que las chilenas hagan un himno universal expresando un dolor y una rabia reconocido por todas las mujeres a lo largo y ancho del globo; no importa el incremento en agresiones sexuales que se está produciendo de forma generalizada y alarmante en estos últimos años; poco se valora el testimonio de la chica sobre la intimidación, el miedo y la angustia que sintió en ese piso. Al final, ella -y todas- es la mala, la que ha jodido la vida a tres chicos jóvenes, guapos, españoles, blancos y futbolistas; es evidente que depende quien cometa el acto, el cuestionamiento popular que se hace del mismo varía mucho. No es difícil imaginar que si esta agresión sexual la hubieran realizado unos chavales de un barrio de clase baja, que además fueran extranjeros y feos, la sentencia condenatoria de la sociedad hacia ellos hubiera estado escrita desde el minuto uno. Por lo tanto, es muy largo el camino de pedagogía que aun debemos realizar en esta sociedad machista, racista y clasista.

Mucho tenemos que seguir trabajando para hacer comprender a ciertos hombres – y por desgracia también mujeres que siguen culpabilizando a la víctima- que la VIOLACIÓN es un acto tan deleznable y miserable como el canibalismo; si usáramos esta equiparación no se tendría duda alguna en apoyar a la verdadera víctima que es quien sufre la violación.

Por otra parte, con esta sentencia ejemplar, lejos de servir como útil herramienta contra las violaciones y agresiones, lo que se consigue es desviar el foco de atención de lo realmente importante -la agresión- a la condena dictada. Es más que evidente que a golpe de cárcel el problema de las agresiones sexuales no se va a acabar, simplemente se aísla a unos individuos en un recinto, donde ni tan siquiera son consciente de lo que han hecho, mientras la sociedad sigue generando mensajes misóginos y machistas, produciendo una sexualidad agresiva a través del porno más comercial donde se cosifica y deshumaniza a las mujeres, manteniendo, en definitiva, el caldo de cultivo idóneo para que estas violaciones se repitan una y otra vez, aquí, en tu pueblo, en los campos de vendimia, en los países del sur, en la Europa más moderna, en tu curro, en el metro…Si dejamos de lado la pedagogía feminista, tan imprescindible para generar cambios duraderos y realmente transformadores, y se sigue apostando por medidas punitivas, seguiremos construyendo una sociedad cada vez más enferma, donde se proteja a los agresores y donde nosotras, hagamos lo que hagamos, seguiremos siendo las culpables de que las violaciones existan.

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