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Artículos destacados

LECTURAS:


De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Lo llaman justicia y no lo es

Por Sabino Cuadra

Martes 20 de febrero de 2018 NODO50

Uno es de la opinión que todos los jueces de lo penal, ésos que tienen en sus manos poder togado para enviar a prisión a la gente por años y décadas, con carácter previo a la toma de posesión de su cargo debieran de hacer obligatoriamente un año de prácticas como internos en una cárcel al uso, incluido un trimestre en régimen de aislamiento y supresión de visitas. Ah!, y los fiscales otro tanto, que también son protagonistas en esta historia.

La tierra tira. A pesar de llevar ya más de cuarenta años viviendo en Iruñea, el paisaje de mi pueblo, Amurrio –Araba-, es uno de los más nítidos que conservo en mi disco duro neuronal. Hacia Burgos, en primera fila, los montes Babio y Burubio abriendo camino por Mendaika hacia Sierra Salvada-Gorobel, con sus majestuosos picachos: Tologorri, Ungino,.. En otra dirección, hacia Gasteiz, Altube y Gorbea. Sin embargo, estos últimos meses, los recuerdos de mi pueblo han venido ligados a las caras de dos jóvenes paisanos: Alfredo y Julen. Los dos juzgados en la Audiencia Nacional. Los dos condenados a un año de cárcel por eso que llaman “enaltecimiento del terrorismo”. Los montes que rodean Amurrio enmarcan ahora un valle que traga saliva y rabia por estas condenas gratuitas. Miles de personas se han manifestado últimamente por sus calles en solidaridad con Alfredo y Julen, denunciando tanta ignominia togada.

A Alfredo (37 años) se le condena por haber sacado en el txupinazo de las fiestas del pueblo de 2005 un muñeco de cartón que representaba a un preso de la localidad. Pretendía así denunciar la política de dispersión que padecen los presos y presas de ETA y sus familiares. Nada de esto le hubiera pasado a Alfredo si las fotografías hubieran sido de Franco, José Antonio Primo de Rivera, Mola... o de los golpistas y dirigentes falangistas, tradicionalistas y requetés alaveses del criminal golpe de estado del 1936: Camilo Alonso Vega, José Luis Oriol, Luis Rabanera…, pues eso no es enaltecimiento terrorista.

El caso de Julen (24 años) es igual de esperpéntico. Pintó con rotulador el anagrama de ETA en la pared de una casa. A ello se unía el contar con un peligroso antecedente: había participado en la ocupación del gaztetxe, en Amurrio, siendo multado por ello. A sus señorías, no les tembló el pulso: un año de cárcel que ya está cumpliendo. Al igual que en el caso de Alfredo, si hubiera pintado el yugo y las flechas falangistas no le habría pasado nada. Lo mismo que si hubiera tomado parte en esos grupos fascistas que han provocado incidentes violentos durante estos últimos meses en Madrid, Barcelona o Valladolid gritando “¡Puigdemont al paredón!” entre otras lindezas.

Lo de la Justicia española es de Juzgado de guardia. El Tribunal Constitucional, cuya sesuda lentitud es proverbial, se ha convertido en un mero tele-pizza a domicilio al servicio del Gobierno del PP a quien, en poco más de veinticuatro horas, le suspende o anula cuantos acuerdos o leyes sean dictadas por el Parlament o su Mesa y no sean de su agrado. ¿Y qué decir de la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo, que en plazos similares te confecciona una cuatro estaciones aderezada de delitos de sedición, rebelión y odios identitarios al gusto del consumidor? Tan solo desde 2016, docenas de personas –twiteros, raperos,…- han sido condenadas en la Audiencia Nacional por delitos similares a los de Alfredo y Julen. ETA ha renunciado para siempre a la lucha armada y entregado su arsenal, pero las penas de cárcel por enaltecimiento llueven ahora más que cuando había atentados y bombas. La autocensura se extiende por las redes. Normal. A la mínima te la juegas.

El caso de los chavales de Altsasu supera todo lo imaginable. Ni siquiera en la mente del más retorcido de los fiscales y el más sádico de los magistrados que pasaron por el Tribunal de Orden Público franquista -¡y ya los hubo retorcidos y sádicos!- se hubiera podido incubar la idea de procesar a siete chavales por una trifulca con un guardia civil, solicitando para ellos penas de 12,5, 50 y 62 años de cárcel, en total, 374,5 años. El defender e impulsar el “Alde hemendik!-¡Que se vayan!”, nunca hasta ahora procesado ni penado, es considerado hoy delito de lesa majestad. Justicia cangrejera.

En el “Cuadro de Indicadores de la Justicia” realizado en 2015 por la Unión Europea, se señalaba que la española, además de poco eficiente y de escasa calidad, era una de las menos independientes. Tan solo la superaba en servidumbres varias Bulgaria y Eslovaquia. La tendencia, además, ha ido de mal a peor. De tener una valoración de 4 sobre 10 en 2012, había pasado a un 3,2 en 2015. El reinado gubernamental del PP durante esos años ha tenido que ver mucho, sin duda alguna, con esa acelerada degradación judicial.

Pero todo eso ha quedado ya muy atrás. Cuando se incorporen en el futuro a esa valoración europea las actuaciones tele-pizza judiciales del proceso catalán; el inquisitorial procesamiento de los chavales de Altsasu hecho a la medida de las más altas instancias beneméritas y del PP; las condenas del Tribunal de Derechos Humanos Europeo al Estado español por no investigar las denuncias por torturas (4.100 casos acreditados en la Comunidad Autónoma Vasca entre 1960 y 2013), y el reconocimiento de los “tratos degradantes e inhumanos” a los que fueron sometidos Portu y Sarasola durante cinco días de incomunicación (¿han tomado nota Vds., señorías del Tribunal Supremo?: “tratos degradantes e inhumanos”: ahogamientos, asfixia, palizas brutales…), la nota que finalmente se pondrá al Estado español será ya próxima a cero. Hablaremos ya de Justicia basura.

“¡Le dicen democracia y no lo es!”, se gritaba en las plazas aquel mayo florido. Pues la Justicia ni te cuento. Dos son los pesadísimos lastres que hacen que esta sagrada institución sea una de las peor valoradas por la ciudadanía. La primera tiene que ver con que allá en la Transición, al igual que sucedió con la Monarquía, el Ejército, la Policía y la Guardia Civil, la Judicatura cómplice y ejecutora de la maquinaria legal franquista pasó inmaculada, en bloque, sin depuración alguna a las nuevas instituciones “democráticas”, imprimiendo a éstas algo más que carácter. La segunda, la descarada dependencia de la Justicia con respecto a sus padrinos gubernamentales y al reparto de poder entre los grandes partidos. Con tales lastres, esperar justicia de las más altas magistraturas es como pedir peras a un olmo.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Venezuela bajo ataque, no podemos quedarnos a mirar

Por Geraldina Colotti*

Viernes 16 de febrero de 2018 NODO50

En casi veinte años de existencia, el proceso bolivariano ha sufrido todo tipo de ataques: una guerra de débil intensidad que ha tenido un pico en el golpe contra Chávez del 2002 y un incremento de los resultados inciertos en el curso de los últimos 5 años: los años que siguieron a la muerte de Chávez y a la elección de Maduro, considerada insoportable para aquellos poderes fuertes intencionados a aprovechar de la coyuntura favorable a ellos y de la llegada de Trump al gobierno.

Para hacer caer a Maduro, el imperialismo ha puesto en juego estrategias de vario tipo, puestas a intensificar las contradicciones, los errores y las debilidades de un laboratorio de ideales y esperanzas que ha contrarrestado fuertemente el objetivo expansionista del complejo militar-industrial, motor del sistema capitalista mundial.

Un desafío insoportable para el gendarme norteamericano en crísis de hegemonía, que necesita relanzar el propio rol en un continente rico de recursos sobre los que de nuevo cuenta con meter las manos. Venezuela soberana e independiente, Venezuela que mira hacia el sur y comercia con China y Rusia, es un obstáculo a derribar.

Luego de haberla minado desde el interior, luego de haber demolido la credibilidad política con todos los medios ahora ha llegado el momento del ajuste de cuentas. Los perros ladran por todas partes, la Quinta Columna trabaja desde el interior, el Cóndor planea esperando su momento.

Todos alrededor, espectadores cómplices, desde Europa a aquella América Latina que se ve como “perrito simpático” del patio de Trump. En estos años, los grandes medios han competido para negar la entidad del peligro, haciendo burla de las denuncias pronunciadas por el gobierno bolivariano, y a su debido tiempo ilustradas justamente por aquellos que, como el exministro del interior Miguel Rodriguez Torres o la exFiscal General en fuga, Luisa Ortega, luego han decidido apuñalar por la espalda al socialismo bolivariano.

Ninguno de estos pomposos “analistas” dice que el socialismo bolivariano se mide con los problemas históricos que cualquier cambio estructural ha debido y debe afrontar. Que en los períodos de aguda lucha de clases, el pueblo debe asumirse el costo de pagar para defender la propia independencia, la propia dignidad. Negar la realidad sepultándola bajo las cómodas verdades de régimen es el arma principal de la guerra mediática, que se refuerza borrando la historia de las clases subordinadas y el precio pagado por quien ha deseado alzar la bandera del rescate y de la dignidad. Negar agresiones y guerras disfrazándolas detrás de algún intento “humanitario”, es la principal cortina de humo. Que todavía funciona. Funciona hasta después de la destrucción de Irak, de Libia, después del ataque de Siria.

En Italia, las fuerzas del cambio han interiorizado la derrota. Por esto, una cierta izquierda trata de demolir a Venezuela, donde el pueblo quiere ganar aún confiando en el socialismo. Sinembargo, todavía podemos ganar. Se puede ahuyentar a la peste negra del fascismo. “Divididos somo gotas, unidos somos tempestad”, han gritado en estos días “nuestras” calles, desfilando contra el fascismo y contra quien le han allanado el camino. Pero la lucha debe ser global.

El partido de la guerra global ahora dirige sus garra “humanitarias” contra Venezuela: en el silencio cómplice de tantas almas bellas listas a apretar el gatillo sobre las decisiones del gobierno bolivariano, pero no a garantizar las condiciones para que el pueblo pueda decidir del propio destino en plena autonomía y en paz. Un silencio todavía más culpable en cuanto, esta vez, el imperialismo esconde apenas sus verdaderos objetivos.

Por primera vez, los Estados Unidos, que normalmente organizan los golpes de estado pero luego esconden la mano, han puesto públicamente que apoyarán a un golpe contra Maduro. Trump ha recibido el abierto apoyo de los países vasallos, en América Latina y en Europa. Ninguno de estos agentes de ética y de humanismo parece interrogarse sobre “humanitarismo” de una oposición que pide plomo y bombas norteamericanas para la propia población. Quien quisiera hacerse gobernar por esta clase de payasos?. Seguramente le gusta a Rajoy, a la Mogherini y a los Tajani, exponentes de aquellas derechas europeas tan impresentables como aquellas venezolanas, seguramente le gusta a aquella izquierda que ahora abraza los programas derechistas, que esta lista a reprimir a los movimientos, mientras abre de par en par las puertas a los fascistas.

Cuánto vale la cabeza de Maduro?. Los financistas de Washington prometen financiamientos millonarios si alguien lo borra del mapa. Aunque si ganara las elecciones, es más a pesar de que ganara las elecciones, continuarán a hacerle la guerra. Pero mientras tanto, si pueden, ya tratan de volarle la cabeza.

Por eso ha partido una campaña denigratoria por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Los abusos verdaderos cometidos en Honduras, en México o en Guatemala son silenciados. Los presuntos abusos que habría cometido el gobierno bolivariano, en cambio, apuntan a inhabilitar a Maduro para cerrarle los espacios de negociación a nivel internacional. Debe entrar en juego la Corte Penal Internacional. La diplomacia de paz de Venezuela debe ser reducida a cero. Una análoga campaña se ha reiniciado contra Raúl Castro y contra Cuba.

El viaje de Tillerson ha servido a preparar el ataque, junto a los países como Colombia, Perú, Argentina y Brasil que de “humanitario” frente a sus propios pueblos tienen muy poco. Otra ficha del ataque resulta Guyana, en cuyas aguas disputadas con Venezuela la Exxon Mobil de Tillerson esta haciendo de gran dueña.

El Premio Nobel por la paz (paz de los cañones), Manuel Santos, ha recibido nuevos financiamientos millonarios: en plena contuinuidad con el mortífero Plan Colombia disfrazado de “guerra al narcotráfico” mientras guerrilleros y líderes sociales continúan a ser asesinados. Son las treinta monedas de oro dadas en recompensa por la traición, cumplida por el grupito de vasallos que han efectuado ejercicios conjuntos abiertos a los Estados Unidos en la Amazonía. Ejercicios para prevenir “los desastres”, según los Estados Unidos: para ser los primeros en llegar en caso de “catástrofes humanitarias”. Como aquella que se quiere construir en la frontera, accionando para este fin, el flujo de venezolanos que dejan el país.

El gobierno bolivariano ha denunciado un intento de invasión de los Estados Unidos desde el confín con Colombia. Los movimientos de tropas y la presencia del Jefe del Comando Sur por esas partes sirven a prepararlo. Mientras tanto, son los repartos y los intentos de que vuelva a estallar desde el interior el modelo Gene Sharp y de las “revoluciones coloradas”. Grupos (exiguos) de “estudiantes” han reaparecido en varias ciudades de Venezuela.

Segun detalles del presupuesto 2019, publicados el lunes, EEUU destinará 9 millones de dollares para “promocionar la democracia, los derechos humanos y la libertad” en Venezuela, a través de su Departamento de Estado. La cantidad de dinero, que se canalizará a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid), llegará a pesar de la promesa de Trump de rebajar el gasto en materia de asuntos exteriores. Una parte de los fondos presupuestarios (10 millones de dólares), irán a Cuba, con el objetivo de “promocionar la democracia, los derechos humanos y la libertad”.

Quieren cerrar la puerta al Socialismo. No podemos quedarnos solamente a mirar. Debemos ir a las plazas contro los gobiernos europeos.

Traducción Gabriela Pereira

*corresponsal de Resumen Latinoamericano en Europa

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

¡Hola España y Españo!

Por Beatriz Gimeno*

Jueves 15 de febrero de 2018 NODO50

En los debates sabes si vas ganando si ves a los adversarios echar espumarajos por la boca. Por eso, no me da ninguna rabia Pérez Reverte y el otro… Marías, cuando sé que basta con decir portavoza para que les dé como un calambre.

Este artículo lo escribo, al contrario que la mayoría, en situación de alborozo. Desde que Irene Montero dijo lo de portavoza han pasado tres cosas con distinto nivel de importancia. En primer lugar todo el país se ha revuelto indignado por esta cuestión. Mientras, Rajoy aprovechaba para advertirnos de que nos vayamos haciendo un plan de pensiones privado porque se lo han gastado todo; y que eso de pensar que chicos y chicas de familias humildes puedan estudiar… que nos olvidemos para siempre (si es que alguien guardaba alguna esperanza de que volvieran los tiempos en que existía una razonable esperanza de poder estudiar aun sin tener mucho dinero). La segunda cosa que ha pasado –y en un segundo nivel de importancia– es que me acosté portavoz y me desperté portavoza, y eso me ha producido mucha alegría. ¡Eh, soy portavoza! Y lo mejor de todo: cuando deje dicha responsabilidad ya seré para siempre exportavoza de la Comisión de Mujer, la comisión ideal para ser portavoza o exportavoza, por otra parte. Y así lo pondré en mis tarjetas de visita, cuando tenga. La tercera cosa es que llevo dos días entretenida en las redes contestando a la masa indignada de España y Españo, días y díos, Irene Montera y Pabla Iglesios. Y a mí, al contrario que a muchas amigas, esto me divierte y me alegra. Y para cuatro cosas que me alegran… Ya me pasaba esto mismo cuando estábamos metidos en el debate acerca del matrimonio igualitario. Recuerdo que cuando estaba claro que habíamos ganado el debate social salió el Foro de la Familia con un argumento novedoso que consistía en decir que si se aprobaba el matrimonio igualitario terminaríamos casándonos con los gatos y yo, cada vez que escuchaba esto en un debate, sentía como un remusguillo de alegría interior mientras mis compañeros y compañeras se indignaban y querían ir a la fiscalía porque nos habían acusado de bestialismo. Yo me tronchaba con aquello de los gatos porque ese argumento no era más que la demostración evidente de su impotencia, además de flagrante estupidez. En los debates sociales sabes si vas ganando o perdiendo según veas a los adversarios echar espumarajos por la boca o no. Por eso, a mí no me da ninguna rabia Pérez Reverte y el otro… Marías, cuando sé que basta con decir portavoza para que, en algún lugar de alguna ciudad española, a ellos dos les de como un calambre cuyo resultado será un artículo dominical en el que nos iluminarán con su sapiencia. En realidad, amigas y amigos, ellos sufren, igual que los de España y Españo, y si sufren es porque es doloroso perder privilegios. Y si sufren es porque los están perdiendo.

Están estos del buenos días y buenos díos, los que se creen ingeniosos (sí, parece mentira que exista tantísima gente que se cree ingeniosa repitiendo la misma broma durante días y días, pero ahí están). Pero luego están los que se ponen muy serios y te explican el género gramatical y que no puedes decir portavoz porque no tiene género y, así como que no quiere la cosa, te dan una clase de sintaxis y concordancia gramatical. Veamos, este es el artículo número mil sobre este asunto, pero veo que el tema sigue candente así que no me importa dedicar a ello unas cuantas líneas, pocas. Resulta que el lenguaje es androcéntrico; vamos, que tiene género, pero no sólo del gramatical. Y tiene género igual que tiene raza y tiene clase. Las lenguas, con toda su complejidad y su historia, son producto de sociedades desiguales y por tanto reflejan esa desigualdad asumiendo el punto de vista de quienes están en la cúspide del poder, que son quienes nombran; porque quienes detentan el poder no sólo construyen el lenguaje, construyen el mundo en realidad. Y por eso hay cientos de palabras despectivas para referirse a mujer sexual y ninguna para hombre sexual (que ni siquiera existe porque los hombres son, de por sí, sexuales). Y porque esta lengua que usamos es la de los colonizadores existen en castellano decenas de palabras despectivas para referirse a indio o a negro y ninguna para referirse a blanco, que es el hombre, sin más. Así pues, nombrar es un privilegio del hombre, del hombre blanco y del hombre rico (buscad sinónimos de “rico” y de “pobre). Es un ejemplo muy básico y no merece que me extienda en ello.

Portavoza se impondrá o no, eso no es lo importante. Lo importante es que en la medida en que las mujeres vamos entrando en espacios que antes eran infranqueables para nosotras arrebatamos privilegios, y uno de ellos –de los más importantes– es el de nombrar. El lenguaje no es una suma de reglas gramaticales, sino que construye mundos; y visibiliza una realidad y no otra, da forma a un imaginario y no a otro, edifica un pensamiento y no otro. Nombrando, las mujeres construimos un mundo que nos incluye y damos forma a pensamientos y a lenguajes que antes eran inimaginables, construimos realidades que saltan por encima de las reglas que pretendían atar un mundo que hemos desbordado, incluidas las reglas gramaticales. Y por eso hemos dicho Secretaria, y Jueza, y Alcaldesa y Médica y Notaria y Mujer Pública (sí, como yo) y Presidenta y Miembra y Genia (que por cierto, tampoco existe) y diremos Portavoza si nos da la gana. Y si las mujeres lo usamos, se impondrá porque somos la mitad (un poco más de la mitad), y hemos descubierto que podemos dar nombre a las cosas y lo hacemos. Así pues, nombramos porque podemos, sin más, y no hay mucho más que explicar. Y no hay gramática en el mundo que pare esto o, mejor dicho, en la medida en que tomamos la palabra pública para nombrar tenemos también el poder de cambiar la gramática y feminizarla; porque queremos y podemos. Y la RAE terminará recogiendo el lenguaje que usemos aunque sea entre los llantos de algunos académicos y de unos cuantos chistosos cutres.

* activista feminista y diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid. @beatrizgimeno1

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Violencia sexual y tortura

Por Mikel Soto

Miércoles 14 de febrero de 2018 NODO50

Mikel Soto reflexiona sobre la violencia sexual y la tortura y menciona, entre otros, el caso de Jaime Iribarren. En la foto, Jaime aparece sentado junto con el resto de detenidos de Berriozar puestos en libertad tras pasar por las manos de la Guardia Civil en marzo de 1994. Según el delegado del Gobierno Pedro Ruiz de Alegría el trato dado a los detenidos fue “exquisito”. Según Joxe Lacalle, autor de la foto -que nos ha cedido amablemente-: “Se me cayó el alma a los pies cuando vi llegar a Jaime. No se tenía en pie”.

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A finales de 2017, conocimos el informe del Gobierno de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa sobre la tortura realizado por el Instituto Vasco de Criminología dirigido por Paco Etxeberria que recoge, analiza y certifica 4.113 casos de tortura desde 1960. Y, apenas días después de que la consejera del Gobierno de Nafarroa Ana Ollo hiciera público que ya habían puesto en marcha un estudio similar, supimos que el Gobierno español había recurrido la decisión de otorgar 17.900 míseros euros a la UPV-EHU destinados a un proyecto de investigación sobre la práctica de la tortura en Nafarroa.

He de confesar que me alegró que el Gobierno de Nafarroa hubiera dado ese paso. Era una de las íntimas peticiones que tenía para el gobierno del cambio. Aun así, reconozco que cuando tuve conocimiento del estudio pensé: «Uf, otra vez a dar el testimonio». Es un trance necesario, pero nunca fácil. Según contó Etxeberria, muchas personas acudieron al Instituto para grabar sus experiencias y, finalmente, fueron incapaces de hacerlo. Acercarse a la tortura es como aproximarse a un mar revuelto; uno nunca sabe con qué fuerza va a pegar la próxima ola ni qué capacidad de arrastrarnos va a tener. He visto a multitud de compañeras y compañeros alterados por una entrevista, una declaración, una comparecencia… propia o ajena. Incluso ahora, tras haber releído mi denuncia y la de mis compañeros para escribir esto, pese a la terapia y el trabajo realizado, noto la marea subir, sin saber qué va a arrastrar o cuánto va a durar. Aun así, siempre creo que es una marejada que merece pasar.

Por eso mismo, mediante este escrito, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre la violencia sexual en la tortura. El trabajo del equipo dirigido por Etxeberria ha probado que este tipo de violencia ha sido revelada en un 22,3% de los casos denunciados. Estas prácticas han adoptado diferentes formas: desnudez forzada durante la incomunicación (18%), humillaciones sexuales de carácter verbal (10,3%), golpes en genitales (9,7%), tocamientos (5,4%), utilización de electrodos en los genitales (1,4%), introducción de objetos por la vagina (0,8%) o por el ano (0,9%)... Estos dos últimos ejemplos de violación han sido denunciados por un total de 36 personas. El informe certifica que «las mujeres, comparativamente con los hombres, soportaron más empujones y tirones de pelo, mayor utilización del ‘plantón’, más asfixia seca con la bolsa, mayor exposición a distintas formas de violencia sexual (más desnudez forzada, más tocamientos, más humillaciones verbales y otras formas de violencia sexual), peores condiciones de detención (más exposición a ruidos constantes, deficiencias de higiene en el espacio), mayor exposición a impedimento de la visión a través del uso de capuchas u otros elementos, más humillaciones, más amenazas...». Por su parte, a los hombres se les aplicaron «más palizas, más sometimiento a posturas anómalas y forzadas y más golpes en los genitales que a las mujeres».

Sin que estas datos me hayan sorprendido realmente, mi experiencia con la tortura me hace creer que estas cifras pueden ser mayores y que, curiosamente, es la concepción de las personas torturadas -particularmente de los hombres- la que desdibuja las cifras. Vaya por delante que las reservas que voy a exponer sobre estas no pretenden invalidarlas. Creo que está por encima de toda duda la exhaustividad científica y la dolorosa honestidad del trabajo realizado por el equipo de Paco Etxeberria; no pongo en duda esos datos, pongo en duda la visión que los propios torturados hemos ofrecido sobre la tortura. Y lo hago basándome en mi propia experiencia y en mi propia miopía. Aunque contado así suene ridículo, a mí me costó más de diez años darme cuenta de que que me arrojaran sobre una mesa con los pantalones bajados y presionaran mi ano con un objeto simulando violarme era una agresión sexual. Que las afirmaciones de un torturador de que tenía un culo muy bonito, que se iba a follar a Ainara [mi compañera detenida] y después le iba a ordenar a un negro que me diera por el culo (sic, desgraciadamente) eran humillaciones y amenazas sexistas. Que los golpes en los testículos, los insultos de maricón, la historia de que era el caprichito de Txapote porque le gustaba darme por el culo (tristemente, sic, otra vez) y un larguísimo elenco de torturas y vejaciones que sufrí a manos de uno de los estamentos más sexistas y patriarcales del estado eran violencia sexual.

No supe identificarlo porque no disponía de las herramientas para ello. Para mí, como para miles de compañeros, fueron prácticas que formaban parte de ese infierno poliédrico que es la tortura. Sin embargo, las reflexiones y el avance del movimiento feminista me han ofrecido herramientas para comprender que en los desgraciadamente numerosos testimonios de tortura que conozco hay un marcado sesgo de género. En más de una dirección. Creo que, entre sus múltiples objetivos, la tortura en el caso de los hombres persigue la destrucción de su masculinidad, -entendida de manera estereotipada y hegemónica- y, en el caso de las mujeres, la activación de los terrores patriarcales, grabados a fuego durante siglos de violencia machista.

Todos los hombres con los que he hablado sobre ello me han referido experiencias de un fuerte carácter sexual. La conclusión del informe de que los hombres sufrieron «más palizas, más sometimiento a posturas anómalas y forzadas y más golpes en los genitales que a las mujeres» muestra una parte de esta realidad. Los golpes, electrodos, estirones en los genitales no se producen solo por ser una zona particularmente dolorosa o sensible, se producen también por lo que significan, por lo que representan. Por eso van acompañados de un amplio repertorio de insultos a lo que la Policía y Guardia Civil entiende como «hombría», y de un incesante empeño por convertir al detenido en «menos hombre», es decir, «maricón», «cobarde», «nenaza»… No estoy seguro de que la policía franquista actuara así, pero estoy convencido de que, por lo menos los últimos 25 años, los equipos de torturadores españoles han ejercido la violencia con un marcado y binario carácter sexista. Todavía recuerdo a un jovencísimo Jaime Iribarren contando entre sollozos que sus torturadores le echaban en cara «no aguantas nada».

Creo que todas estas prácticas nos han afectado a los hombres más de lo que creemos y admitimos. Curiosamente, uno de los momentos más humillantes de la tortura que guardo en el recuerdo ocurrió en la inspección médica que me sacó de comisaría para hospitalizarme, cuando la forense estaba certificando las lesiones que tenía por todo el cuerpo y le pedí que también apuntara las del pene y los testículos. Recuerdo cómo levantó mi pene con su bolígrafo en un gesto que apenas trataba de ocultar el asco que le producía y lo innecesario que le parecía. Tengo un sentimiento sumamente vívido de lo degradante que me pareció. También recuerdo coincidir en la enfermería con un compañero que recientemente había sufrido terribles torturas en comisaría entre las que se encontraba la violación; le pregunté qué tal estaba y me respondió que bien, pero que estaba jodido porque había caído toda la infraestructura militante que tanto había costado levantar.

Creo que, por una parte, no hemos identificado estas violencias como sexistas porque no se nos ha enseñado. No es extraño: hombres y mujeres reparamos de golpe en que algo que estábamos viviendo con naturalidad no es más que sexismo cotidiano. Además, han quedado ocultas porque uno de los mandatos que el patriarcado nos impone a los hombres es el de no mostrar nuestra vulnerabilidad. Pero, por otra parte, me parece que no las hemos identificado porque, al contrario que las mujeres, no conectaban con experiencias previas. Al afrontar las consecuencias de la tortura, los hombres arrojamos estas prácticas a un compartimento general de maltrato que no está conectado a otras opresiones. Desgraciadamente, me parece que las mujeres lo tienen más difícil para hacer eso mismo, porque los terrores con que actúan los torturadores están perfectamente codificados y ramificados en el imaginario femenino, porque siguen, seguimos, viviendo en una sociedad regida por la cultura de la violación y por una violencia machista dirigida implacablemente a someter a las mujeres.

Creo que debemos, entre todas y todos, identificar los sesgos sexistas de la tortura. No como un mero ejercicio de conocimiento común o veracidad, sino porque identificar lo que nos ha ocurrido nos va a permitir una mejor recuperación emocional. Y, junto al reconocimiento y reparación, la recuperación de las miles de personas torturadas en Euskal Herria debe de ser uno de los principales objetivos de esas personas y de esta sociedad.

Terapeutas que se dedican a la recuperación de mujeres maltratadas han señalado las similitudes existentes entre los métodos y las consecuencias del maltrato en el seno de las relaciones afectivas y de la tortura. No me extraña. El maltrato físico y psíquico, las humillaciones, el aislamiento… se parecen hasta en algunos detalles macabros del estilo de «mira lo que me [nos] están obligando a hacerte». Y, aunque sé que es un caso extremo de «no hay mal que por bien no venga», creo que la terapia de recuperación es una inmejorable ocasión para despatriarcalizarnos. Por eso, con cierta precaución y miedo al acercarme a ese suelo sagrado que existe donde hay dolor, me he animado a compartir estas reflexiones en la creencia de que tenemos el deber de poner a punto nuestras herramientas de análisis, afinar nuestro diagnóstico y mejorar nuestra comprensión de la tortura. Si comprendemos los mecanismos y los objetivos de ese sexismo extremo que hemos padecido, será más fácil combatirlos en nuestro día a día y superarlos. No se me ocurre mejor regalo que hacernos a nosotros y nosotras y a esta sociedad.

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De la Sección : {4. Videos}

Documental "Reos" sobre las consecuencias de la represión por la huelga general del 14N (2012) en La Rioja

Martes 13 de febrero de 2018 NODO50

Pablo, Jorge e Iñaki están pendientes del juicio que comenzará el 9 de abril de 2018. El próximo 2 de marzo, viernes, a las 19 horas en la Sala Gonzalo de Berceo de Logroño se estrena ’Reos’, un documental sobre las consecuencias de la Huelga General del 14 de noviembre de 2012.

En este enlace puedes ver información publicada en su momento por este caso.

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