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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

“Para eliminar la división sexual del trabajo hay que atacar el sistema de cuidados"

Jueves 19 de julio de 2018 NODO50

Hablamos con María Pazos sobre su libro “Contra el Patriarcado” y la Proposición de Ley de Permisos Parentales recientemente aprobada en el Congreso.

Su madre y su abuela ya se lo decían desde pequeña “hija mía, estudia mucho, ten tu independencia económica, no tengas que depender de un hombre”. María Pazos, recuerda así un tiempo en el que las mujeres no se cuestionaban su propia vida, pero sí tenían muy claro lo que querían para sus hijas y nietas.

María Pazos estudió Matemáticas y se especializó en Estadística. Nos cuenta el impacto que le causó una pintada en la fachada de su facultad que decía “si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”. Desde entonces, María ha dedicado toda su vida al activismo feminista, la investigación y la reivindicación de políticas económicas necesarias para avanzar en la igualdad de género.

Desafiar al patriarcado es la pretensión de esta mujer que aspira a alcanzar una sociedad mejor donde las mujeres dejen de sufrir la desigualdad y la precariedad. Para ello, la feminista pone el foco en la economía y la división sexual del trabajo.

¿Qué medidas concretas en política económica debería tomar el gobierno para hacer economía feminista?

Si hubiera voluntad política sería muy fácil cambiar la orientación de las políticas económicas. El Gobierno debería abrir un debate social y ser consecuente con su reconocimiento de la desigualdad actual y la necesidad de eliminar las discriminaciones entre hombres y mujeres.

Actualmente tenemos un sistema de cuidados basado en que cada vez que hay una necesidad de cuidado en la familia se dan incentivos para retirar a las mujeres del empleo, y que cuiden tanto de la infancia, como de las personas en situación de dependencia en el hogar. Los hombres no cuidan, están alejados de los cuidados y no hay servicios públicos suficientes. Estas cuestiones las puede solucionar un gobierno simplemente reorientando el servicio público.

Todos los incentivos para que las mujeres se queden en casa, tienen que eliminarse.

Además, tiene que aumentar el dinero para equiparar los permisos de paternidad y maternidad, es decir, para hacer permisos iguales, intransferibles y pagados al cien por cien. Se debe aumentar el presupuesto para universalizar el derecho a la atención a la dependencia y garantizar así que ninguna persona se retire del empleo por cuidados de larga duración. También hay que proveer a las escuelas infantiles para garantizar el derecho universal a la educación.

El movimiento feminista debería forzar una alianza con los sindicatos para las 35 horas semanales con cómputo semanal. No se trata de medidas dispersas o cosméticas, que son las que se han realizado hasta ahora. Sino de medidas que cambien la estructura familiar y del mercado laboral. Para cambiar esto hay que romper con los intereses patriarcales y neoliberales, si un partido se decidiera a ello tendría mucho éxito.

Se aprobó por unanimidad la Ley de Permisos de Paternidad y Maternidad promovida por la PPiiNA, de la que formas parte. ¿A qué se debe el consenso?, ¿se ha producido un cambio de mentalidad?

En la PPiiNA estamos eufóricas de que hayamos llegado a esta unanimidad. Pero esto no está ganado. Se ha votado que se tramite la proposición de ley, y si se vota tal cual lo plantea la PPiiNA y lo ha reconocido Unidos Podemos, serán permisos igualitarios, lo que supondrá un gran paso a la igualdad porque son unos permisos diseñados para que cada persona, hombre y mujer, se queden al cargo de su bebe, en solitario durante el mismo tiempo en el primer año. El problema es que esto se podría trastocar en la tramitación de la ley.

Hay otras dos proposiciones de ley, una por parte del PSOE y otra de Ciudadanos con diseños diferentes al de la PPiiNA. Ambos partidos proponen que los permisos sean simultáneos. Los elementos de esos diseños se pueden trasladar en forma de enmiendas a esta proposición de ley o peor aún, se pueden negociar a puerta cerrada para que al final se vote en la Comisión de Empleo y ni siquiera llegue al pleno.

El mandato patriarcal consiste en que los hombres no se queden solos a cargo del bebe, porque sería la forma de empezar a disolver la división sexual del trabajo y de que los hombres se inicien en el cuidado.

En las propuestas políticas de permisos de maternidad y paternidad, nos han tratado de colar algunas trampas. ¿Cuáles son?

Por ejemplo los permisos transferibles que propone Ciudadanos basados en la libertad de elección familiar. Es una trampa, porque sabemos que si los permisos son transferibles, se los seguirán tomando las mujeres. La violencia de género tiene sus raíces en la estructura patriarcal, que es la que se intenta mantener con esos llamados “derechos de las mujeres”, que en realidad son derechos a quedarse sin derechos: derechos a cuidar.

Las familias monomarentales manifiestan no sentirse representadas al 100 por cien con la Ley de Permisos que propone la PPiiNA.

Te puedo asegurar que la ley no cambia nada con respecto a las familias monoparentales, simplemente deja como estaba el permiso. Personalmente creo que necesitamos una ley de familias monomarentales que establezca su protección a muchos niveles y que elimine las discriminaciones actuales. Tienen más necesidades que las familias biparentales. Necesitan prioridad en la educación infantil, horas de atención a domicilio y deberían tener una prestación por hijo muchísimo mayor que la de las familia biparentales.

En la PPiiNA hemos reflexionado sobre esto y pensamos que lo que más quiere una mujer que está sola con un bebé es conservar su puesto de trabajo. Si le aumentas el permiso al doble, ya la estás señalando frente al empresario. ¿Quién va a contratar a una mujer sola con bebés si resulta que va a tener el doble de permiso?, no hace falta que tenga el doble de permiso, basta con que tenga su permiso y establecer una gran cantidad de ayudas.

¿Se sigue viendo la maternidad como una carga y maldición que dificulta el acceso al empleo?

Sabemos que la maternidad es un enorme riesgo de perder tu puesto de trabajo. Solamente el 55 por ciento de las mujeres vuelven a sus mismos puestos de trabajo después de la maternidad. Si en vez de darles cuatro meses, les das ocho, el riesgo se multiplica, y no queremos que esas mujeres pierdan su puesto de trabajo.

Para que la maternidad no sea vista como una especie de maldición hay que cambiar el modelo. En la PPiiNA decimos “contra la discriminación por maternidad: paternidad”. Necesitamos que los hombres se incorporen al cuidado igual que las mujeres, así las mujeres no estaríamos señaladas y el empresario no nos vería como un empleado de alto riesgo. Esto tendría una repercusión muy positiva en el empleo y en los cuidados.

El hecho de que seamos las mujeres quienes parimos, no quiere decir que los hombres no tengan que dedicar el mismo tiempo al cuidado.

Eliminar la división sexual del trabajo es algo perfectamente posible.

En sus textos argumenta que las políticas sociales, aun cuando están nominalmente orientadas a la igualdad, acaban generando desigualdad. ¿Cómo sucede esto?

La legislación ha cambiado y las discriminaciones explícitas se han convertido en implícitas y son más difíciles de detectar. Por ejemplo, el derecho de la excedencia es para las personas trabajadoras, entonces, si lo cogen las mujeres dirán “es porque ellas lo desean” cuando en realidad están obligadas a ello. Los hombres no lo cogen porque es un derecho precario y no van a cuidar en esas condiciones, pero tampoco es justo que lo hagan las mujeres y que ellas se queden sin salario y sin empleo.

Literalmente, en el papel las leyes son iguales para todas las personas pero los sesgos son implícitos, se establecen legislaciones cuyo impacto es muy desigual y dejan a las mujeres en la precariedad y en la pobreza, mientras mantienen a los hombres en las posiciones preeminentes del empleo y alejados de los cuidados. Otro ejemplo es la tributación conjunta de los matrimonios que incita a que las mujeres se queden en el hogar o en la economía sumergida.

En la anterior fase del patriarcado coercitivo, basado en prohibiciones y coerciones era muy fácil saber las prohibiciones que tenían las mujeres (obediencia al marido, menos herencia, no poder trabajar...), ahora estamos en el patriarcado de consentimiento que se basa en poner unas condiciones materiales donde la igualdad es imposible para las mujeres, y en hacernos “elegir” justamente esa desigualdad. Esto no quiere decir que no haya prohibiciones, hay muchas, pero están escondidas. Existe la libertad de quedarse en casa, de pedir una excedencia y de retirarse del empleo, pero la libertad de mantener tu puesto de trabajo no existe porque no tienes condiciones materiales para ello.

¿Cómo vas a mantener tu puesto de trabajo si tienes una criatura de cuatro meses en brazos, y no sabes qué hacer con ella? Si decides dejar de trabajar y dependes económicamente de tu marido, luego no vas a tener libertad para salir corriendo en el caso de que te maltrate, porque no tienes dinero y los poderes públicos te ignoran hasta que te asesinan. Eso es poner unas condiciones que nos empujan a la desigualdad y al hoyo. Es alucinante que se haya firmado un pacto de estado contra la violencia de género donde no se menciona la dependencia económica.

La independencia económica es un derecho fundamental de la persona y aquí no existe. Por eso las feministas tenemos que abrir este melón.

En la presentación de su último libro, ‘Contra el patriarcado’, dijo que quería crear un escándalo. ¿Es este?

Sí. Este es el escándalo que quiero crear. Porque el pacto de estado es una ficción y todas las políticas llamadas de igualdad también lo son. Se hace muy poco con la lucha de la violencia de género y no están atacando el problema principal.

En su libro alerta de la insostenibilidad de lo que llama el patriarcado neoliberal ¿Se pueden dar las condiciones para la igualdad de género en el sistema capitalista?

El capitalismo neoliberal es un gran escollo. No es posible la liberación de las mujeres en el neoliberalismo, pero también discuto con esa corriente del feminismo que solo lucha contra el capitalismo, porque entonces no avanzas en reivindicaciones feministas. Yo digo que contra el patriarcado tenemos unas reivindicaciones claras: la eliminación de la división sexual del trabajo. Para conseguir eso hay que atacar el sistema de cuidados.

En el último capítulo del libro planteo un programa de reivindicaciones económicas que si se llevara a cabo, supondría una profundización del sistema de bienestar impresionante.

En ese libro reivindica el modelo sueco en cuanto a régimen de género. De hecho, dedica un capítulo a hablar sobre la leyenda negra que pesa sobre los países nórdicos, ¿qué ventajas y limitaciones hay en esos países y a quién le interesa esa leyenda negra?

Los países nórdicos y Suecia en concreto fue el país que optó por este cambio estructural. Olof Palme fue el brazo ejecutor, detrás de él estaban todas las feministas suecas y desde luego estaba Ava Myrdal que fue una mujer artífice que tenemos que reivindicar desde el feminismo mundial. Como a Clara Campoamor o María Telo.

Suecia dio este salto y por tanto es el laboratorio que tenemos que estudiar si queremos abordar el salto estructural. Pero Suecia también tiene sus limitaciones. La inclusión de los hombres en el cuidado tampoco es completa. Instituyó permisos transferibles en 1974 y por primera vez un derecho social se hizo transferible, justo en Suecia y a puerta cerrada. Ahora cada persona progenitora tiene tres meses intransferibles, pero luego hay casi un año que es transferible y que por tanto se lo toman las mujeres.

Además, Suecia ha sido de los países más refractarios a la crisis económica. Cuando aquí estábamos fatal, ellos lo notaban mucho menos. Porque tienen un estado de bienestar inclusivo, son menos capitalistas y menos patriarcales. El gran capital quiere destrozar lo poco que tenemos de sistema de bienestar. Porque no quiere pagar más impuestos, quiere vender sus servicios privados, ante la ausencia de servicios públicos. Quiere tener a unos hombres completamente disponibles para la empresa, y por tanto que las mujeres solucionen el cuidado en casa y de paso sean mano de obra precaria que puedan contratar por cuatro perras porque están muy necesitadas.

El capitalismo se apoya en una capa de hombres profesionales medianamente situados y colaboracionistas tanto con el capitalismo como con el patriarcado bajo el eslogan “colaborad, porque vais a mantener vuestra posición preeminente”

En el libro realiza un recorrido por los regímenes de género imperantes en diversos momentos históricos y espacios geográficos. ¿Cuáles son las principales conclusiones a las que llega?

Ese recorrido es muy importante para comprender la naturaleza del sistema que tenemos, cómo funcionan los mecanismos de dominación y por tanto cuales son los factores de permanencia y de cambio del orden patriarcal.

En los años 60/70 del siglo XX cambió totalmente la estructura social, porque las mujeres abandonamos la familia patriarcal. Abandonamos nuestra posición de amas de casa por una profesión y nos incorporamos masivamente a la escuela y a la educación. Esto demuestra que una vez que tenemos los derechos, los aprovechamos notablemente. Las mujeres rompimos esa alianza del capitalismo primitivo con el patriarcado en torno al salario familiar. Les destrozamos el guion. Es muy importante ver como los países reaccionaron de diferente manera ante esa revolución.

Los países que reaccionaron adaptándose y proporcionaron a las mujeres mecanismos de integración, como Suecia y otros, tienen ahora sistemas socialmente más equilibrados. Sin embargo, en los países que se aferraron al patriarcado más obsoleto, como España, Alemania e Italia, las mujeres estamos en la precariedad y no aguantamos más.

Eres de las que piensan que otra sociedad es posible, ¿hay muchas contradicciones entre tu sociedad ideal y la realidad?

Una contradicción total. Vivimos en una sociedad totalmente desigual de muchísimo sufrimiento y las feministas tenemos que ir abordando todos esos sufrimientos. Yo soy feminista de toda la vida, y cada día me sorprendo. El otro día hablaba con una colega matrona sobre la mutilación genital femenina. Todavía hay países donde el 90 por ciento de las mujeres son mutiladas. La mutilación genital femenina es un precintado de la mercancía. ¿Cómo podemos estar aquí tan tranquilas?, tenemos que ver la violencia.

Todos los fenómenos del patriarcado son invisibles y están naturalizados. Las reformas que necesitamos son urgentes, porque el sufrimiento de las mujeres no puede esperar. Es muy interesante ver porque ha surgido esta ola en este momento. Tenemos que ir a por todas porque nos va la vida en ello, como mujeres, como sociedad, como humanidad.

Me gusta mucho la iniciativa #cuéntalo, es absolutamente fundamental. Tenemos que extender ese cuéntalo a todo y luchar contra la autocensura. Hay mucha presión para que no veamos la desigualdad, porque si la vemos nos cambia la vida.

Estamos en el principio de una ola y tenemos que abrir el melón de las reivindicaciones económicas. Confío en las jóvenes, sé que no os vais a ir a casa.

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Cuando las ciclistas cambiaron de marcha

Miércoles 11 de julio de 2018 NODO50

¿Sabías que en el primer grupo de ciclistas que subió al Tourmalet sin bajarse de la bici había una mujer, Marthe Hesse? O ¿que desde 2009 no hay Tour femenino? O ¿que Robin Morton, la primera directora de un equipo masculino profesional, pudo participar en el Giro de Italia tras el voto del resto de directores? Ander Izagirre repasa la historia de las ciclistas, y recuerda que los medios han hablado más de las azafatas en el ciclismo que de las propias deportistas.

El Tour de Francia ofreció un premio especial: cinco monedas de oro para el primer ciclista capaz de escalar el Tourmalet sin bajarse de la bicicleta. Era 1910, el año en que la carrera se atrevió a entrar en los Pirineos, aquella región de montañas salvajes, tormentas, avalanchas y osos. Unos meses antes, cuando los organizadores anunciaron el recorrido, una cuarta parte de los inscritos borró su nombre.

Octave Lapize, ganador de aquella etapa de 326 kilómetros y cinco puertos, llegó a la cima del Aubisque caminando por la pista pedregosa, arrastrando su bicicleta y, en cuanto vio a uno de los organizadores, le gritó la primera gran sentencia para la leyenda del Tour.

- ¡Asesinos! ¡Son ustedes unos asesinos!

La historia dice que Gustave Garrigou eligió un piñón más grande que sus adversarios, para pedalear ligero y coronar el Tourmalet sin echar pie a tierra. Él fue el primero en conseguirlo. Se ganó las cinco monedas.

Pero ya existía un precedente. Un precedente embarazoso para los organizadores, porque entre las cuatro personas que de verdad habían sido las primeras en superar el Tourmalet sin bajarse de la bici aparecía una mujer: Marthe Hesse.

Y lo habían hecho de una manera que descafeinaba la épica con la que el Tour quería venderse: utilizaron un desviador y un cambio de marchas, una novedad tecnológica que, según los organizadores, convertía el ciclismo, ese deporte de hombres brutos, en un “ejercicio adecuado para inválidos y mujeres”.

Ocurrió el 18 de agosto de 1902. Desde la ciudad de Tarbes, 43 ciclistas recorrieron un circuito que incluía dos subidas al Tourmalet, una montaña en la que muy pocos ciclistas se habían aventurado todavía. El evento lo organizó el Touring Club de Francia para probar las innovaciones de las marcas de bicicletas: llantas de acero, aluminio y madera; neumáticos de distintos compuestos; cuadros más ligeros; horquillas y manillares con diseños diferentes… y, sobre todo, los cambios de marchas. Hasta ese momento los ciclistas usaban un plato único y un piñón único, y tenían que arreglárselas para pedalear en el llano y en las cuestas con ese único desarrollo.

En aquella prueba de 1902, Marthe Hesse usó una bicicleta Gauloise con un plato y tres piñones que le permitían avances de 5,85, 4,10 y 2,75 metros por pedalada. Gracias a esos desarrollos ligeros, tres hombres y ella fueron los únicos capaces de subir el Tourmalet sin echar pie a tierra.

La noticia, como querían los fabricantes de bicis con desviadores, tuvo mucho eco. Los carteles publicitarios de la época mostraban a mujeres pedaleando airosas con su cambio de marchas, coronando sonrientes las montañas más terribles, mientras dejaban a su espalda a unos hombres derrengados.

A los organizadores del Tour no les hacía ninguna gracia. Su objetivo no consistía en facilitar la vida a los corredores sino en complicársela al máximo: prohibidos los entrenadores y los asistentes en carrera, prohibido recibir bebida y comida de manos de nadie, prohibida la asistencia mecánica, prohibido el cambio de ropa durante la etapa. Así que los cambios de marchas, ese invento que permitía escalar montañas hasta a las mujeres, no le gustaban nada a Henri Desgrange, patrón del Tour: “Sigo pensando que los cambios sólo son interesantes para los mayores de 45 años. ¿No es mejor ganar por la fuerza pura de los músculos que por un artificio como el desviador? Nos estamos volviendo blandos. Los experimentos así son interesantes… para nuestros abuelos. A mí dadme un buen piñón fijo”.

El Tour, siempre tan conservador, no permitió el uso del cambio hasta 1937. Ni la presencia de mujeres en la caravana del Tour masculino hasta la década de 1980 -ni como masajistas, entrenadoras o asistentes: nada, prohibido, todas las mujeres fuera del recinto, salvo las azafatas que dan flores y besos-.

Como ciclistas, apenas hubo amagos: en 1955 se celebró un primer Tour femenino de cinco etapas, ganado por la inglesa Millie Robinson, que no tuvo continuidad porque al propio organizador Leulliot le parecía que “las mujeres no saben demarrar, pedalean tranquilamente como si fueran de compras, hablan demasiado”. La prensa deportiva se burló del intento, mandó a sus fotógrafos a sorprender a las ciclistas cuando terminaban las etapas y se cambiaban de ropa, y se opuso a la repetición de la prueba. El propio diario L’Équipe celebró el fracaso: “Ha triunfado el sentido común. Las mujeres se deben conformar con las competiciones que ya se celebran y con el cicloturismo, que se corresponde mucho mejor a sus posibilidades musculares”.

Alfonsina Strada corre el Giro

Menospreciaban las “posibilidades musculares” de las ciclistas, pero no podían impedir que la bicicleta les sirviera para aumentar sus posibilidades vitales. Fue el primer vehículo propio para muchas mujeres, el que facilitó una autonomía masiva, incluso hubo anunciantes que la vendieron como un vehículo útil contra los acosadores. La fábrica de bicicletas de Saint-Étienne publicó un cartel publicitario en el que una mujer vestida de rojo pedaleaba sonriente y veloz, perseguida en vano por un chico que corría tras ella. El fabricante explicaba que “una chica joven en bicicleta puede escapar fácilmente a los acechos de los adolescentes, incluidos los más atléticos, si van a pie”.

La libertad que proporcionaba la bicicleta puso nerviosos a unos cuantos moralistas. Denunciaron que las ciclistas abandonaban sus tareas del hogar para salir de excursión por su cuenta -sin hombres que las llevaran y las trajeran-, que se vestían como los hombres deportistas -se quitaban los corsés, sustituían las faldas por pantalones o, aún peor, por pantaloncitos que dejaban las piernas a la vista-, y adoptaban posturas impúdicas: a horcajadas sobre el sillín, como criaturas lujuriosas, arrastradas a la histeria -es decir, a los orgasmos- y a la infertilidad.

De Alfonsina Strada dijeron barbaridades. Fue la única mujer que compitió con los hombres en una gran carrera como el Giro de Italia –y en otras pruebas tan importantes como el Giro de Lombardía, que disputó dos veces, contra los mejores ciclistas internacionales, y lo terminó las dos, cosa que no consiguieron ni la mitad de los participantes-. Strada, costurera, hija de una familia campesina que sobrevivía en la miseria, estableció en 1911 un récord mundial femenino de la hora (37,192 kilómetros) que duró casi tres décadas, y dominaba las pocas carreras de mujeres que se disputaban en Italia.

En 1924, visto que las figuras de la época no iban a participar en el Giro de Italia, los organizadores le permitieron tomar la salida: la veían como una atracción pintoresca, un reclamo para el público. Los periódicos le dedicaron artículos entre la admiración y la burla, entre el escándalo y la condescendencia, circularon viñetas y caricaturas machistas, y muchos espectadores se arremolinaban en las cunetas para ver, silbar y hasta insultar a aquella mujer que pedaleaba con las piernas al descubierto.

En el Giro las etapas eran salvajes: los ciclistas salían de madrugada para recorrer 250, 300, hasta 415 kilómetros del tirón, pedaleaban 12, 15, 17 horas, tenían que apañárselas para buscar comida y reparar las averías. Empezaron 90 participantes. Tras la séptima etapa, Alfonsina Strada ocupaba la posición 43, a casi tres horas del líder: era última, porque 47 ciclistas ya se habían retirado. En la etapa siguiente, con montañas, tormentas, averías y caídas, Strada llegó con un retraso de casi cuatro horas, fuera del tiempo máximo, y quedó eliminada. Los organizadores le permitieron continuar en carrera pero sin figurar ya en la clasificación. Con un sufrimiento atroz, agotada, malherida, desmoralizada, Strada aguantó hasta el final en Milán, adonde solo llegaron 30 ciclistas clasificados, y ella, con un retraso acumulado de 28 horas. La recibieron con ovaciones, dio una vuelta de honor al velódromo Sempione, le entregaron un ramo de flores enviado por el rey de Italia y un sobre con el dinero recaudado por sus admiradores: una fortuna. En los meses siguientes le llovieron los contratos para correr en los velódromos de media Europa. Al final de su trayectoria sumó docenas de triunfos, 36 de ellos en carreras contra hombres.

En 1925, Strada quiso inscribirse otra vez en el Giro, pero los organizadores la rechazaron. Aquel año volvían a competir las figuras, ya no necesitaban reclamos pintorescos, el fascismo había establecido definitivamente su dictadura y el país no estaba para moderneces con las mujeres, destinadas a ser amas de casa y a procrear en abundancia para aumentar urgentemente el número de italianos. El Almanacco della donna italiana decía que las mujeres solo debían practicar ciclismo “en su forma turística, con límites muy modestos, sin lanzarse nunca a pruebas de resistencia”. Y la Stampa Sportiva: “No tenemos ninguna simpatía por las viragos, esas mujeres que hacen 200 kilómetros del tirón en bicicleta, que bogan como remeros. ¿Acaso está bien que nuestras jovencitas, futuras esposas y futuras madres, practiquen un deporte así? Eso no es un ejercicio adaptado a la estructura de la mujer, es acrobacia femenina: nos oponemos tajantemente”. El dictador Benito Mussolini atacó incluso a la maglia rosa, la camiseta que distinguía al líder del Giro de Italia, porque consideraba que ese color era adecuado para las bragas de las señoras, no para vestir a superhombres.

Alfredo Binda, que justo a partir de 1925 ganó cinco Giros y tres campeonatos del mundo, tronó en un congreso internacional de ciclismo contra quienes permitían carreras femeninas, y remató con un “los hombres en bicicleta, las mujeres en la cocina”. Hay un busto de Binda en el santuario ciclista del Ghisallo, en Lombardía, justo delante de la iglesia. Binda no sabe que dentro del templo, donde se acumulan maillots y trofeos de los mayores campeones de la historia, colgaron la bici de Alfonsina Strada, y que hoy es una de las más buscadas y fotografiadas por quienes visitan el lugar.

Hacia la profesionalización

Hubo grandes ciclistas antes que Strada. En Estados Unidos, las mujeres competían en los velódromos desde 1879. Hélène Dutrieu fue la primera campeona del mundo en pista en 1896, la primera plusmarquista de la hora, además de la primera piloto que transportó a un pasajero en un avión. Annie Londonderry dio la vuelta al mundo en bicicleta en 1895. Hubo grandes ciclistas después. En la década de 1950, la ultrafondista británica Eileen Sheridan consiguió que los patrocinadores le pagaran igual que a los hombres. Aparecieron figuras legendarias, con sus aventuras y desventuras: la belga Yvonne Reynders, multicampeona mundial, se ganaba la vida repartiendo carbón en bici con un remolque; la holandesa Leontien Van Moorsel, ganadora de dos Tours de Francia, sufrió anorexia y se recuperó para proclamarse campeona del mundo; Jeannie Longo coleccionó títulos franceses y mundiales durante 32 años, con la sombra del dopaje. En 1984, la estadounidense Robin Morton fue la primera directora de un equipo masculino profesional: lo dirigió durante el Giro de Italia, pero como la presencia de las mujeres estaba prohibida en las carreras europeas, los demás directores votaron para decidir si ella podía asistir a las reuniones técnicas y conducir su coche. La aceptaron. Ese mismo año se disputó el primer Tour de Francia femenino que merecía ese nombre, con quince etapas y triunfo de la estadounidense Marianne Martin. Laurent Fignon, el vencedor del Tour masculino aquel año, declaró que a él le gustaba más ver a las mujeres haciendo otras cosas.

A partir de 1984, el Tour femenino se celebró con interrupciones, cambios de nombre y poco presupuesto, hasta que desapareció en 2009. Cuatro años después, la campeonísima holandesa Marianne Vos encabezó una campaña y una recogida de firmas para que se recuperara. Christian Prudhomme, director de la prueba, dijo que sería interesante celebrar una carrera para mujeres, pero que el Tour ya era una maquinaria enorme y que no se podía ampliar más. A cambio, en 2014, el mismo domingo en que los hombres terminaron el Tour en París, a las mujeres les organizaron una carrera de trece vueltas por los Campos Elíseos. En 2017, la ampliaron a dos días: una etapa montañosa en los Alpes y una contrarreloj en Marsella. En 2018 volverá a tener una sola etapa: el 17 de julio, otra vez en los Alpes.

Mientras tanto, ha tenido más repercusión el debate de las azafatas que el de las corredoras. En 2017, el Tour Down Under, en Australia, fue la primera gran carrera que dejó de contar con azafatas para entregar trofeos y dar besos en el podio, las sustituyó por chicos y chicas ciclistas, y argumentó que las mujeres debían participar como deportistas, no exhibiendo su cuerpo. Fue imitada por otras pruebas importantes, como la Vuelta a España, la Volta a Catalunya o la Vuelta al País Vasco, pero el Tour de Francia decidió mantenerlas.

El Tour sólo es una parte del ciclismo. En los últimos años, las mujeres han dado pasos firmes hacia la profesionalización. En 2016 se creó el World Tour, un circuito de carreras internacionales a semejanza del de los hombres, al que se han ido sumando equipos con patrocinadores potentes, buenos entrenadores y buen material. Sin embargo, las ciclistas del World Tour ni siquiera tienen un salario mínimo establecido, y muchas de ellas mantienen trabajos parciales o dependen del apoyo económico de su familia. Las mejores del mundo sí ganan buenos sueldos –siempre muy por debajo de los mejores hombres-, pero falta un buen trecho para la profesionalización completa. Faltan retransmisiones por televisión, audiencias, patrocinadores, carreras.

En el pelotón se han levantado voces contra la Unión Ciclista Internacional (UCI), a la que acusan de esforzarse poco en la promoción del ciclismo femenino. Todavía resuena la carta de despedida de la británica Nicole Cooke, ganadora de dos Tours, un Giro, campeona mundial, campeona olímpica, que colgó la bici en 2013, a los 29 años, harta de la desigualdad. En esa carta, además de cargar con dureza contra los dopados, describió toda una vida de lucha contra los obstáculos que se encuentran las ciclistas: “A los 12 años ni siquiera imaginas las dificultades que vendrán. Das por hecho que los niños y las niñas tienen las mismas posibilidades de desarrollar su talento, no te esperas que no haya ninguna infraestructura para ti si eres chica o, peor todavía, que te excluyan específicamente de las competiciones, por el mero hecho de serlo”. Cooke señalaba a la UCI: “Están perdiendo una gran oportunidad. Miren al tenis femenino y a sus superestrellas globales. La UCI pierde la mitad de su potencial porque se centra solo en los hombres. Podría gestionar dos grandes deportes rentables, así que debemos preguntarnos qué están haciendo las personas que dirigen el ciclismo”.

No será por falta de interés. El ciclismo femenino ofrece carreras espectaculares y muy competidas, rivalidades feroces, biografías impactantes, grandes historias épicas, dramáticas, divertidas, un filón que los periodistas podríamos aprovechar mejor, porque a menudo se quedan sin narrar.

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San Fermines 78: Verdad, justicia, reparación

Domingo 8 de julio de 2018 NODO50

A pesar de que los acontecimientos de julio de 1978 son relativamente recientes, el poder establecido intenta construir una historia oficial sobre ellos en donde reparte la responsabilidad entre todas las partes y presenta el olvido como la fórmula para curar las heridas.

A pesar de que los acontecimientos de julio de 1978 son relativamente recientes, el poder establecido intenta construir una historia oficial sobre ellos en donde reparte la responsabilidad entre todas las partes y presenta el olvido como la fórmula para curar las heridas.

La versión oficial plantea que es necesario “pasar la página de la historia para reconstruir la sociedad”. De esta manera, se trata de reconstruir sobre el olvido forzado, como si ese hecho no tuviera ya consecuencias importantes en el propio proceso de reconstrucción. Sin embargo, detrás de la llamada al olvido hay en realidad un intento de los responsables de plantear su propia versión de los hechos, donde predomina la evitación del recuerdo, para los responsables políticos la memoria de la violencia del Estado tiene una función defensiva pero no explica los hechos (“eran tiempos duros”).

Para la población afectada por aquella violencia, la memoria tiene no sólo un valor terapéutico colectivo, sino también de reconocimiento social y de justicia. No ha tenido la oportunidad de señalar a los culpables, obtener un reconocimiento público de los hechos, ni una reparación social basada en la justicia.

No se trata de que la memoria nos lleve a vivir mirando hacia atrás. Es precisamente al revés, el presente es inmutable y está atado por el pasado porque se teme el cambio. Y cuando no se deja que se conozca la verdad es porque el sistema que propició aquellos sucesos sigue vivo. El pasado no es una carga de la que librarse. El pasado no tira hacia atrás sino que nos presiona hacia delante. El pasado es tenaz, por la sencilla razón de que guarda muchas claves del presente.

Existen al menos dos verdades: la verdad de las narraciones que cuentan lo que ocurrió y la de las narraciones que intentan explicar por qué y a causa de quién, que suponen un juicio crítico y ético sobre los hechos.

La verdad es un paso necesario, pero se necesitan más pasos para evitar que la verdad se quede sólo en una confirmación del daño.

La justicia puede hacer también que los responsables de aquella violencia contra el pueblo de Navarra salden cuentas con su pasado. La posibilidad de dar sus testimonios bajo condiciones de seguridad y confianza, de reconocer la dignidad de las víctimas y participar en actividades de reparación social a las personas afectadas, así como someterse a la sanción social, son elementos clave para la reestructuración ética y la reintegración social.

Restablecer los mecanismos de justicia no sólo es importante de cara a las violaciones de los derechos humanos que se dieron. También es una forma de prevención y de ayudar a enfrentar los conflictos del presente.

Para la reconstrucción del tejido social no vale sólo asumir la verdad, también se necesitan de medidas activas que ayuden a mejorar la situación de las personas agredidas, mitigar el daño y proporcionar un resarcimiento económico y moral.

Estamos hablando de reparación en sentido amplio, en donde se contemple junto a la condena y castigo a los culpables, compensaciones económicas y reconocimiento público por los daños producidos, proyectos educativos, conmemoraciones y monumentos…,etc. El reconocimiento de los hechos por los autores y de la responsabilidad del Estado, así como las acciones que ayuden a asumir la verdad como parte de la conciencia moral de la sociedad, son parte de la reparación de la dignidad de las víctimas y la mejora de la convivencia en Navarra.

La participación de los sectores sociales afectados, su capacidad de decisión, la claridad en los criterios y la equidad de los mismos, así como su reconocimiento como contribución -no sustitución- a la necesidad de justicia, suponen un conjunto de aspectos básicos que las acciones de reparación deberían tener en cuenta.

Pero no se ajustan las cuentas con el pasado celebrando juicios sin más o asumiendo esa verdad. Ese ajuste de cuentas sólo se produce cuando existe un discurso público que lo fomenta, cuando hay un reconocimiento público de los hechos y se llevan a cabo acciones para que se asuma esa verdad como parte de una nueva conciencia social.

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Manifiesto del movimiento feminista y popular de Iruñea

Jueves 5 de julio de 2018 NODO50

Hoy diferentes agentes sociales, pertenecientes tanto al movimiento feminista como al movimiento popular queremos dejar de manifiesto lo siguiente:

Desde hace muchos años, el movimiento feminista de manera coordinada con el movimiento popular, cada cual desde su ámbito y respetando, como debe de ser, nuestras particularidades hemos trabajado por unas fiestas igualitarias, li- bres de cualquier agresión sexista y en las que todas y todos tengamos cabida.

A pesar de la lectura intencionada de algunos sectores y principalmente de al- gunos medios de comunicación, la lucha contra las agresiones sexistas no em- pezó el 7 de julio de 2016 ni la de aquella madrugada fue, ni será, la única que hemos vivido.

Entendemos la indignación por el proceso judicial iniciado tras aquella denun- cia, las decisiones judiciales, la propia sentencia y los últimos sucesos de los que hemos tenido constancia pero esto no puede ser excusa para que nuestra lucha sea instrumentalizada ni para hacer análisis simplistas de lo que es la violencia contra las mujeres.

La violencia machista pasa por la prevención, la educación y la construcción de otro tipo de relaciones sociales. Sin embargo, dentro del marco jurídico actual, aunque nuestro objetivo final sea transitar hacia otros modelos no punitivos, exigimos que el estado no ampare a los agresores, proporcionalidad, que a las agresiones se las llame por su nombre y que se garantice la seguridad de la mujer agredida y del resto de mujeres.

Quienes estamos hoy aquí llevamos décadas de lucha contra las agresiones sexistas en el ámbito festivo. Nosotras no trabajamos a golpe de titular y la res- puesta ejemplar que la ciudadanía de Iruñea ha dado, año tras año, a las agre- siones sexistas, no ha sido casual. Es el fruto de un trabajo constante promovi- do por el del movimiento feminista, acompañado por el movimiento popular y desde 2014 respaldado también por las instituciones.

Año tras año trabajamos duramente para que los Sanfermines sean un espacio lo más seguro posible para las mujeres, libres de agresiones, poniendo en mar- cha campañas, renovando protocolos, reuniéndonos y tomando decisiones pero sobre todo, y esto lo más importante, compartiendo y acordando entre to- das y todos, contrastando y pensando de manera colectiva nuestras decisiones.

Los sanfermines son unas fiestas de dimensión internacional pero por encima de todo son las fiestas de quienes vivimos y tenemos nuestro proyecto vital en esta ciudad y así creemos debe de seguir siendo.

Durante las últimas semanas fundamentalmente a través de RRSS han apare- cido diferentes iniciativas de dudosa procedencia, muchas anónimas y otras que con la supuesta intención de empoderar a las mujeres atacan a una ciudad que ha sido y es ejemplo internacional de la lucha contra las agresiones sexis- tas. Unas iniciativas que en muchos casos están promocionadas por agentes externos a nuestra ciudad y a los colectivos que participan en la fiesta, sin de- bate, sin consenso, sin contraste alguno y sin un objetivo claro. Estos llama- mientos, aunque no sea su intención, ningunean el trabajo que estamos reali- zando desde aquí e influyen negativamente en las dinámicas locales que ya es- tán consensuadas y previstas realizar este año.

A esto hay que sumarle que por el tipo de iniciativas que se proponen es evi- dente que se realizan desde el desconocimiento tanto del trabajo que se realiza en nuestra ciudad, como en sus fiestas y de la idiosincrasia de las mismas y que además entendemos que pueden ser poco afortunadas y contraproducen- tes en la lucha contra las agresiones sexistas. Entendemos por lo tanto que son una injerencia externa que condiciona y debilita el trabajo de tantos y tantos co- lectivos de Iruñea.

Por todo esto, desde aqui queremos pedir responsabilidad política y colectiva. Las iniciativas son bienvenidas, pero siempre siguiendo los cauces de comuni- cación necesarios, contrastándolas con los movimientos de Iruñea y adecuán- dolas a nuestra situación específica. Nuestras convocatorias han sido pensa- das minuciosamente, están enmarcadas en campañas globales y tienen unos objetivos a largo plazo.

Queremos hacer por lo tanto un llamamiento a la responsabilidad y la altura de miras. Hay dinámicas coyunturales y muy oportunistas que en poco o en nada ayudan a la lucha por unas fiestas libres de agresiones y a las mujeres que su- fren o han sufrido agresiones. Como no nos hemos cansado de repetir desde 2016, centrarse en un único caso invisibiliza el resto de agresiones, les quita importancia y sobre todo pone el foco en elementos que poco tienen que ver con la realidad. Todas las agresiones son importantes, todas las mujeres que sufren o han sufrido agresiones necesitan de nuestra solidaridad y ninguna de las agresiones ya sean de baja o de alta intensidad tienen justificación alguna.

Para terminar nos reafirmamos en nuestro compromiso a seguir trabajando por unas fiestas libres de agresiones sexistas. Hacemos un llamamiento a la auto- defensa feminista y a seguir articulándonos y organizándonos para luchar contra la violencia sexista. Y desde aquí, a 3 días del 6 de julio tanto el movi- miento feminista como el movimiento popular de Iruñea queremos hacer un lla- mamiento a todas las mujeres* a disfrutar de los sanfermines con nosotras. Es- tas son nuestras fiestas, nosotras ponemos las reglas y tenemos que exigir nuestro espacio en ellas: Tomando las plazas, riendo, bailando, organizándo- las, tomando las calles, los escenarios... En definitiva disfrutando y gozando de las fiestas como nos dé la gana.

En esta rueda de prensa estamos representantes de colectivos feministas, Bil- gune Feminista, Emakume Internazionalistak, FARRUKAS, la Plataforma de Mujeres contra la Violencia Sexista y Andrea-Lunes lila.

Y de colectivos del movimiento popular, Gora Iruñea! y la Federación de Peñas de Iruñea.

Gaurkoan hemen bildu garen mugimendu feministako eta herri mugimenduko eragileok ondorengoa adierazi nahiko genuke: Urte luzez ari dira mugimedu feminista eta herri mugimenduak eraso sexistarik gabeko eta guztiontzako jai parekideen alde lanean, bakoitza bere eremutik eta ditugun berezitasunak errespetatuz.

Hainbat sektore eta batez ere komunikabide batzuek nahita egindako irakurke- taz gain, eraso sexisten aurkako borroka ez zen 2016ko uztailaren 7an hasi, eta gau hartakoa, zotitxarrez, ez zen eta ez da izango ere biziko dugun eraso baka- rra. Salaketa horren ondorengo prozesu judizial, erabaki judizial, sententzia eta azken gertakariek sortutako ezinegon eta amorrua ulertzen dugu, baina honek ezin du gure borroka instrumentalizatzeko edo emakumeon kontrako indarkeria- ren edonolako analisiak egiteko aitzakia izan.

Indarkeria matxistari aurre egiteko prebentzioa, heziketa eta beste giza-harre- man batzuk eraikitzea beharrezkoa da. Hala ere, egungo marko juridikoaren barnean eta gure helburua beste eredu ez punitiboetara transitatzea delarik, es- tatuak erasotzaileak ez babesteko, erasoak bere izenez deitzeko eta erasotu- tako emakumea zein beste guztiok babesteko exijitzen dugu.

Hemen gauden eragileok jai giroko eraso sexisten kontrako borrokan hamarka- dak daramatzagu lanean. Guk ez dugu titularretan oinarritutako lanik egiten eta urtetik urtera Iruñeko herritarrek emandako erantzuna ez da kasualitatea izan. Mugimendu feminista eta herri mugimenduak komunean egindako lanaren frui- tua da, 2014tik aurrera instituzioek ere babestutakoa.

Urtetik urtera sanferminak emakumeondako ahalik eta espazio seguruenak eta eraso sexistarik gabekoak izan daitezen gogor lan egiten dugu, kanpaina ezber- dinak martxaz jarriz, protokoloak berrituz, gure artean bildu eta erabakiak har- tuz, baina batez ere, eta guretzat hau da garrantzitsuena, gure artean konparti- tuz, kontrastatuz, akordioetara iritsiz eta gure erabakiak era kolektiboan hartuz.

Sanferminak, nazioarteko dimentsioa duten jaiak izateaz gain, iruindar guztion jaiak dira, hiri honetan bizi eta gure bizi proiektuak ditugunonak, eta hórrela iza- ten jarraitu behar duela uste dugu.

Azken asteontan eta sare sozialetan batez ere, zalantzazko jatorria duten hain- bat iniziatiben berri izan dugu, asko anonimoak direnak eta beste asko emaku- meak ahalduntzeko ustezko helburuarekin eraso sexisten kontrako borrokan nazioarteko eredua den gure hirira erasotzen dutenak. Iniziatiba hauetako asko gure hirikoa ez diren eragile eta kanpoko agenteek sustatu dituzte inolako ezta- baida, konsenso, kontraste eta helburu finkorik gabe. Deialdi guzti hauek, he- mengoek egiten dugun lana gutxietsi eta negatiboki eragiten diete askoren ar- tean hartutako erabaki eta bertako dinamikei, haien helburua hau ez den arren.

Honi, egiten diren dinamikak ikusirik gure hiriarekiko eta festen idiosinkrasia- rekiko ezjakintasuna gehitu behar zaie, eta gainera eraso sexisten borrokan kal- terakoak izan daitezkela uste dugu. Beraz, Iruñeko hainbat eta hainbat kolekti- boren lana kaltetu eta baldintzatzen duen kanpo esku-sartzea dela deritzogu.

Guzti honengatik, ardura kolektibo eta politikoa eskatu nahi dugu. Iniziatibak ongi etorriak izaten dira, beti ere behar bezalako komunikazio bideak erabiliz, Iruñeko mugimenduekin kontrastatuz eta gure egoera espezifikora egokituz.

Gure deialdiak zehaztasun handiz egindakoak dira, kanpaina orohar batzuen barnean daude eta epe luzerako helburuak dituzte.

Beraz, ardura kolektiborako deia egin nahi dugu. Erasorik gabeko jai edota era- soak jasandako emakumeon inolako laguntzarik ematen ez dioten egoeraren araberoko dinamika oportunista asko dago. 2016tik errepikatzeaz nekatu ez ga- renez, kasu bakarrean zentratzeak gainontzekoak ikusezin bihurtzen ditu, ga- rrantzia kenduz eta batez ere errealitatearekin zerikusrik ez duten elementuei garrantzia emanez.

Eraso guztiak dira garrantzitsuak, erasotuak izan diren emakume guztiok gure babesa behar dute eta erasoek, intentsitate altu edo baxukoak izanda ere, inoiz ez dute justifikaziorik.

Bukatzeko, eraso sexistarik gabeko jaiak lortzeko lanean jarraituko dugula esan nahi dugu, Autodefentsa Feministara eta indarkeria sexistaren aurka gure ar- tean antolatu eta artikulatzera dei egiten dugu.

Hemendik, jaiak hasteko 3 egun falta direnean, mugimendu feminista eta herri mugimenduak emakume* guztiei jaiak goza ditzaten dei egiten die. Hauek gure jaiak dira, arauak guk jartzen ditugu eta gure espazioa exijitu behar dugu, pla- zak hartuz, barre eginez, dantzatuz, antolaketan parte hartuz, kaleak eta esze- natokiak hartuz. Azken finean, guk nahi dugun moduan jaiak gozatuz.

Prentsaurreko honetan mugimendu feministako Bilgune Feminista, Emakume Internazionalistak, FARRUKAS, Indarkeria Sexistaren Kontrako Emakumeon Plataforma eta Andrea-Lunes lila.

Herri mugimenduko Gora Iruñea! eta Iruñeko Peñen Federazioako kideok gau- de.

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¿Boicot femenino a los Sanfermines 2018? Las mujeres pamplonesas responden

Por Ana Isabel Cordobés

Lunes 2 de julio de 2018 NODO50

La violación de La Manada, la sentencia posterior y la salida de prisión de los cinco condenados han elevado la indignación en Pamplona. Se siente en las calles, con manifestaciones día tras día, algunas bajo convocatorias organizadas y otras espontáneas. Se nota en las calles de la ciudad, donde algunas paredes aún conservan algunas pintadas, que recuerdan ayer, hoy y mañana que las calles son también de las pamplonesas.

Y se nota en el ambiente: raros son los corrillos en el Mercado de Santo Domingo donde no se comenta el caso de La Manada.

A unos metros de ese Mercado de Santo Domingo, el día 6 de julio se lanzará el txupinazo que dará inicio a la fiesta. Unas semanas antes, mensajes como “Ninguna mujer debería ir a Sanfermines este año. Ninguna” o “Boicot de mujeres a los Sanfermines de este año, que no haya ni una mujer” se han podido ver tanto en redes sociales, como en cadenas de mensajería en los últimos días. La decisión de la Audiencia de Navarra de dejar en libertad provisional a La Manada ha caldeado el ambiente en los días previos a una de las fiestas más internacionales.

Sin embargo, ¿tiene sentido un boicot femenino a los Sanfermines? ¿Cuándo comenzó la lucha feminista por reivindicar la noche y las calles, durante la festividad pamplonesa y fuera de ella? Año 1977 y el movimiento feminista, como tal, comienza a caminar en Pamplona. El detonante es la muerte de una mujer que se practica un aborto a sí misma. A partir de ese momento el feminismo ya se configura como movimiento organizado.

Empiezan a aparecer lemas durante los años ochenta en los que se exige que la calle y la noche también son de las mujeres. Pilar Bobes, presidenta de la Coordinadora de Organizaciones de Mujeres y/o Feministas de Navarra (Comfin), recuerda que en los Sanfermines de 2015 las mujeres se plantaron ante un cartel de una agencia de viajes que anunciaba las fiestas con motivos sexistas: un toro en cuyo cuerno colgaba un sujetador. El movimiento feminista de Pamplona lleva décadas rebelándose y exigiendo espacios y ante cualquier manifestación del machismo actúa.

La respuesta no solo feminista sino social de la ciudad de Pamplona se dio el mismo 7 de julio de 2016, horas después de conocerse la agresión sexual cometida por La Manada: “La respuesta fue tremenda, las calles estaban llenas de gente manifestándose”. Aunque recuerda que si hubo un antes y un después en la conciencia feminista, antes incluso de La Manada y del 8M, fue “el asesinato de Nagore Laffage”, del que este año se cumplen diez años.

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Carteles de “No” en una manifestación feminista durante los Sanfermines. / EFE

Sobre la petición de boicot femenino a los Sanfermines, considera que “las mujeres deben estar; una cosa es hacer algún gesto, ir con una camiseta negra al txupinazo, como se ha propuesto, o llevar pañuelo morado en lugar de rojo”, considera. La larga trayectoria de la lucha feminista por unas fiestas libres es contraria al mensaje de replegarse en ambientes festivos. “‘¿Por qué porras nos tenemos que ir de las fiestas? ¡Que se vayan ellos! No nos da la gana de irnos y hay que reivindicar el espacio, estar con los ojos abiertos”, finaliza Bobes.

Las iniciativas espontáneas, como las de cambiar la tradicional vestimenta blanca por una camiseta negra o el pañuelico rojo por uno morado, se han unido a la labor impulsada por el Ayuntamiento de Pamplona. Cada previa de Sanfermines, lanzan una campaña contra las agresiones sexistas. Para la de este año, han tenido en cuenta las peticiones de boicot por parte de algunos entornos feministas. Por su parte, aseguran que “ahora más que nunca, las mujeres tenemos que llenar las calles en Sanfermines”, declaró Laura Berro. Pamplona es “una ciudad muy segura precisamente porque es muy consciente de que esto sucede, lo visibiliza y responde”, declaran desde el consistorio.

“Los Sanfermines no son el problema; es la mentalidad machista”

Desde 2016, un nutrido grupo de mujeres ha sido reivindicado y premiado en los Sanfermines. Son las pioneras en las fiestas de Pamplona: en 2016, fueron premiadas las primeras 19 socias de las peñas de Pamplona. En 2017, las integrantes de los grupos de música de referencia en los Sanfermines y en 2018, lo serán las primeras concejalas del Ayuntamiento de Pamplona. Ellas derribaron muros en sus respectivos campos y también opinan sobre la situación de las mujeres en los Sanfermines. Los premios FESTA reconocen sus esfuerzos.

Mari Carmen Oskariz fue de las 19 primeras mujeres en entrar en una peña en Pamplona. En su caso, en la Peña Los del Bronce, quienes han instituido los premios FESTA, que reconocen la labor de ésta y otras mujeres pioneras en Pamplona. Oskariz no solo cree que no haya que boicotear los Sanfermines sino que “hay que salir incluso más”. Y lo lleva a su experiencia como pionera en las peñas: “Si las mujeres que queríamos pertenecer a una peña como socias de pleno derecho nos hubieramos ido porque los hombres se enfadaban, no habríamos entrado nunca”, inicia.

Oskariz entró en la peña Los del Bronce como socia de pleno derecho en el año 1977 y recuerda que todo ocurrió como debe ocurrir en el resto de festejo de San Fermín: “Nosotras dijimos ‘este es nuestro sitio y no nos vamos a mover’ y así debe ocurrir también con las fiestas”. Unas fiestas que espera “con ilusión, en las que vamos a ir de blanco porque nos apetece, vamos a salir y más aún que antes”, afirma.

Sole Aristu fue compañera de batallas de Oskariz y formó parte de esas 19 primeras mujeres en ser socias de pleno derecho en una peña de Pamplona, en su caso la de Sanduzelai. “Personamente opino que de boicot a los Sanfermines nada, y menos por parte de las mujeres”, afirma. “Nosotras tenemos que reivindicar la fiesta, la calle y la noche; tenemos el mismo derecho a gozarlo y disfrutar de las fiestas que los hombres. Y más importante, tenemos derecho a hacerlo en Sanfermines y durante todo el año, cuando también reivindicamos la igualdad, en fiestas y fuera de fiestas”, comenta en conversación con cuartopoder.es.

Aboga, como alguna de sus compañeras pioneras, en que estos Sanfermines 2018 sean en los que más fuerza hagan las mujeres. “Este año tiene que quedar claro que no se va a permitir ni media agresión, las mujeres vamos a salir a disfrutar como siempre, no vamos a admitir absolutamente ningún mal comportamiento”, avisa. Y lanza un mensaje para quienes disfrutarán de las fiestas que comenzarán el día 6 de julio: “La gente que quiera venir a disfrutar las fiestas es bienvenida; ahora, si alguien tiene intención de aprovecharse y cree que aquí todo el monte es orégano, esos que no vengan, lo mismo sin son de Pamplona”, porque cree que estas fiestas son también “fiestas reivindicativas y vamos a exigir libertad e igualdad durante la fiesta para todas”, zanja Aristu.

En la misma línea se mueve Ohiana Aldabe, la primera mujer clarinera en desfilar un 7 de julio, la fiesta mayor. Cree que el problema “no son los Sanfermines, el problema es la mentalidad machista que tienen los que están en la fiesta. Su comportamiento es así en Sanfermines pero también en otras muchísimas fiestas”, inicia. Considera que “el problema no son las fiestas ni las mujeres, sino que el problema son los hombres que vienen con ciertas intenciones” y se muestra “totalmente en contra de la línea de que las mujeres boicoteen los Sanfermines y no acudan”.

Cree que se trata, al final, de un problema de educación: “No podemos seguir educando a los hombres con que pueden hacer lo que quieran y a las mujeres con que no pueden hacer nada, sino que debemos darle libertad a las mujeres para que puedan hacer lo que quieran”. Dotar de libertad a las mujeres en Sanfermines, considera Aldabe, “empieza por dejarles actuar en los ambientes festivos de igual a igual; que las mujeres nos quedemos en casa como boicot es volver a reprirmir”.

Camino Oslé ha sido de las últimas premiadas en los FESTA. Su labor estuvo en el Ayuntamiento de Pamplona, en el primer gobierno local post dictadura de la ciudad, en el año 79. Incide en la importacia de que “Sanfermines es un momento de ocio, tiene riesgos como cualquier otra fiesta, pero es una de las grandes fiestas del mundo”, inicia. Está de acuerdo con que haya “manifestaciones simbólicas”, pero no apoya un boicot femenino a las fiestas. Reconoce que “la violación de la joven y el abuso de estos bestias fue lo que fue” y ha supuesto un momento de claro rechazo social.

Por último, cree que son “las mujeres quienes tenemos que tomar la fiesta, hay que saber que hay que ocupar espacios en Sanfermines. Las mujeres han ido abriendo huecos en las actividades festivas, en la calle”, un hueco que considera que no se puede perder. “Lo que ocurre entre un chico y una chica”, en Sanfermines y fuera de estas fiestas “tiene que ser consentido y basado en una relación horizontal”, finaliza.

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