130 años de historia del anarquismo en Chile

6 de marzo. Fuente: Todo por hacer

La memoria del anarquismo en la región chilena nos llega de la mano de los compañeros del Archivo Histórico La Revuelta, quienes ubicados desde 2019 en Santiago de Chile hacen una enorme tarea de recuperación y custodia de los documentos de la historia del anarquismo chileno, que en este año 2022 cumple 130 años desde que irrumpiera con abrumador potencial en el país andino. Un fino hilo rojinegro que alumbra un camino de lucha libertaria hasta la actualidad y que también ha estado presente en la reciente revuelta social en Chile iniciada el 18 de octubre de 2019.

El anarquismo es praxis que desborda la teoría, y queda reflejada en esta memoria libertaria chilena sembrada previamente por personas que dibujaron un mapa de luchas populares abordadas con ideales humanistas y racionalismo.

El germen anarquista chileno: las primeras publicaciones y las sociedades de resistencia

El movimiento anarquista en Chile surge de diversas líneas de acercamiento al ideal ácrata, y también en distintos focos geográficos que las fuentes documentales no dejan claro hasta qué punto tuvieron contacto definido inicialmente. El anarquismo entra a Chile, por un lado, por migrantes europeos de tendencia bakuninista afiliados a la Primera Internacional, y en concreto debido al contacto a través del migrante español Manuel Chinchilla, residente en Iquique. También debido a la fundación de un Círculo Comunista Anárquico en 1884 en el país vecino de Argentina por obreros italianos, entre otros Washington Marzorati, que emigró poco después a Chile. En 1893 se documenta la publicación del primer periódico anarquista en Chile denominado El Oprimido, previamente aparecido en Argentina al calor de las ideas de estos migrantes italianos, y editado posteriormente en Valparaíso. Sus primeras influencias se sintieron en los gremios obreros de especialización artesanal y con un alto grado de conciencia obrera como tipógrafos, pintores, albañiles y marítimos. Durante las primeras décadas del siglo XX el anarquismo tuvo una poderosa influencia en el movimiento obrero y algunos sectores intelectuales chilenos.

Sin embargo no hay una evidencia documental de que existiera un claro vínculo entre este primer grupo de anarquistas migrantes, muy localizados en determinados sectores laborales, y la primera generación de anarquistas nativos chilenos, quienes fundarán los principales periódicos de principios del siglo XX donde se difundían las ideas libertarias: El Rebelde, La Campana, El Ácrata, La Revuelta. Y con mayor continuidad temporal destacará el periódico La Batalla, entre 1912 y 1926. También hubo algunos periódicos vinculados a sindicatos y Sociedades de Resistencia de tendencia anarquista, como La Imprenta (tipógrafos) y El Marítimo de Antofagasta (marítimos).

Si bien la principal diferencia entre Chile y otros países latinoamericanos, sobre todo Argentina, Uruguay o Brasil, es que no llegaron grupos demasiado numerosos de anarquistas europeos, o estos no articularon una coordinación inmediata y amplia con la clase obrera chilena, sino que en Chile se desarrollaron los ideales en su propia interpretación del anarquismo. Este hecho significó una tardía diferenciación entre el socialismo y el anarquismo, y se puede leer en las primeras disputas en ese sentido entre Luís Emilio Recabarren y Alejandro Escobar y Carvallo, tapicero y poeta chileno fundador del periódico El Proletario. En lo que respecta a la publicación de literatura ácrata, se destacaba la labor de la Editorial Lux, que editaba libros de anarquistas europeos y latinoamericanos, como el profesor Manuel Márquez y el intelectual chileno anarquista, José Domingo Gómez Rojas.

Ese es el punto de partida de las primeras organizaciones: las sociedades de resistencia y mancomunales. El 1 de mayo de 1899 los anarquistas chilenos conmemoraron por primera vez la gesta de los Mártires de Chicago con una concurrida manifestación. Un año antes, en 1898 se habían fundado la «Sociedad de Carpinteros y Ebanistas», la «Sociedad de Instrucción y Socorros Mutuos Caupolicán» y la «Sociedad de Resistencia de los Obreros de la Maestranza de Ferrocarriles»; todas de inspiración ácrata. En 1901 visitó Chile el prestigioso jurista y teórico anarquista italiano, Pietro Gori (colaborador de las tesis de Errico Malatesta), cuya influencia fortaleció la formación ideológica de los anarquistas chilenos. Este proceso fue creciendo en los primeros años del siglo XX hasta llegar a muchos gremios, sobre todo, de Santiago y Valparaíso, y eclosionando en la fundación de la Federación de Trabajadores de Chile, un importante hito pero que tan solo tuvo un recorrido de dos años entre 1906-1907.

Primeras movilizaciones obreras y el esplendor del anarquismo en Chile

Estas Sociedades de resistencia prontamente entraron en conflicto con las viejas mutuales y sociedades de socorros mutuos, entidades presentes desde mediados del siglo XIX; con un sentido de asistencialismo social y a las que consideraron incapaces de defender los intereses de la clase obrera. En este contexto de crecimiento del movimiento obrero se originan las mancomunales que, aunque se inspiraban en la idea anarcosindicalista, eran de carácter estrictamente reivindicativo. Hacia principios de siglo comienza a desarrollarse la corriente anarcofeminista, inspirada por la lectura de los textos de Louise Michel, Voltairine de Cleyre, Lucy Parsons y Emma Goldman. En 1904 se realizó en Santiago la ‘Primera convención nacional de mancomunales’; participando 15 organizaciones en representación de 20.000 asociados. Una vez sentadas las bases estructurales organizativas se darían las primeras grandes movilizaciones populares y luchas obreras con influencias libertarias.

Las primeras huelgas obreras tendrán un carácter profundamente local y vinculado al trabajo portuario, como en Valparaíso en 1903 en la huelga en la Compañía Sudamericana de Vapores que fue reprimida con violencia, generando una fuerte iniciativa obrera que acabó incendiando la sede de la empresa. En 1905 en Santiago de Chile estalla un movimiento espontáneo estimulado por anarquistas que fue conocido como la Huelga de la Carne o la Semana Roja. El movimiento se inició tras una injustificada represión policial a un mitin en protesta contra el impuesto a las importaciones de carne, siendo el resultado de este enfrentamiento una feroz represión con alrededor de doscientos obreros muertos. La indignación de los trabajadores estalló, declarando la gran mayoría de los gremios la huelga general, mientras que el gobierno decretó el estado de sitio y convocó al ejército a reprimir. Las muchedumbres intentaron tomar el palacio de gobierno, y aunque no lo lograron, la ciudad quedó prácticamente bajo su control. El gobierno reaccionó acrecentando la represión y persiguiendo a los anarquistas y sindicalistas revolucionarios que lideraban el movimiento, pero a pesar de la represión la actividad anarquista siguió en alza en otras regiones.

A finales de 1906 se declaró la huelga general en la ciudad de Antofagasta, dirigida por los ferroviarios fundamentalmente. El 21 de diciembre de 1907 se declara la huelga de salitreros en Iquique solicitando aumentos salariales, que terminó en una masacre perpetrada por las autoridades, conocida como la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique. El ejército enviado por el presidente Pedro Montt, ametralló a la multitud congregada en la plaza junto a la escuela, asesinando a unas 3.000 personas, entre trabajadores, mujeres y niños. Esta matanza provoca una mayor represión hacia las organizaciones obreras, por lo cual la Federación de Trabajadores de Chile (FTCh) y gran parte de las organizaciones anarquistas se disuelven o desarticulan. Sin embargo, esto no supone su declive sino el esplendor en otros sentidos clandestinos y los contactos internacionales con organizaciones libertarias y obreras.

Los anarquistas sostuvieron la relevancia de la acción directa, mientras que los socialistas se convencieron aun más de la línea reformista a través de las elecciones y pocos años más tarde con la fundación de un partido. En 1911 se produce la fundación de la Sociedad obrera de Oficios Varios en Santiago, y tiene lugar la explosión de una bomba en una iglesia, que inicia nuevamente la represión del anarquismo. El 1 de Mayo de 1912 hubo una presencia masiva de anarquistas en Santiago y Valparaíso, ese día en la tribuna hablará Efraín Plaza Olmedo afirmando la necesidad de venganza contra los culpables de la matanza de Santa María de Iquique. Aquel mismo joven dos meses después realizará un recordado atentado a un grupo de burgueses.

En 1913 se desarrolla la primera huelga del mono en Valparaíso, un conjunto de huelgas generales hasta el año 1917 contra el “retrato forzoso” que el gobierno quería implementar entre los trabajadores para controlar sus sindicatos y apartar de ellos a sus miembros más activos creando listas negras. En este contexto de solidaridad, se funda la Federación Obrera Regional Chilena, por invitación de la FORA argentina. En 1914 el anarquista español Antonio Ramón Ramón venga la matanza de Santa María de Iquique propinando varias estocadas al General Silva Renard. Durante estos años la organización obrera queda bastante mermada y los grupos anarquistas sostienen importantes periódicos como La Batalla, Luz y Vida, El Surco y Verba Roja. Algunos de los espacios referentes en la cultura política libertaria eran el Centro Anárquico La Brecha en Iquique, el Centro de Estudios Sociales Francisco Ferrer en Santiago, o el Centro de Estudios Sociales Eliseo Reclus en Valparaíso.

Sindicalismo moderno a partir de 1931 y fundación de la Central Única de Trabajadores de Chile en 1953

En 1917 trabajadores de Valparaíso, Santiago y otros puntos del país fundan la Federación Obrera Regional Chilena (FORCH), refundada más tarde en 1926, y que aunque tuvo una efímera existencia, logró enviar dos delegados a la fundación en 1922 de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Tras la Revolución Soviética y la burocratización de este proyecto (que desde un primer momento fue vista con desconfianza por la mayoría de los anarquistas), las diferencias entre el mundo libertario y marxista se profundizaron.

La existencia de las Sociedades de resistencia llegó a su fin, y los socialistas moderados y reformistas se apropiaron de la Federación Obrera de Chile (FOCH). En diciembre de 1919 obreros anarquistas fundan en Valparaíso la sección chilena del sindicato estadounidense Industrial Workers of the World (IWW). Esta sección chilena de la IWW se diferenció de la organización obrera estadounidense debido a que en Chile fue mucho más anarcosindicalista que en Estados Unidos, pues allí, antes que libertaria, era una organización sindicalista revolucionaria. Se declaraban enemigos del capital, el gobierno y la iglesia, y sus tácticas habituales eran la huelga, el boicot y el sabotaje. Tuvieron influencia en los marítimos de Valparaíso y fomentaron la organización de sindicatos panaderos, municionistas, albañiles y zapateros.

La IWW tuvo una relación muy estrecha con la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), que alertó del aumento de la represión hacia 1920 por el gobierno chileno. Las organizaciones nacionalistas integrantes de las Ligas Patrióticas atacaron los locales obreros y anarquistas, asaltaron y saquearon la FECH, quemando su biblioteca en la calle con la completa complacencia policial. El golpe de estado cívico-militar de septiembre de 1924 fue repudiado por toda la izquierda chilena. Sin embargo, el movimiento militar restaurador de enero de 1925 fue apoyado por las fuerzas socialistas y comunistas. Los anarquistas y las organizaciones en las que ejercían su influencia decidieron mantenerse al margen y no confiar en los militares. En 1925 se produjo una huelga de inquilinos en Santiago, y el gobierno decidió crear el ‘Tribunal de la Vivienda’ para mediar en estos conflictos y, lejos de ofrecer verdaderas soluciones, tenía el objetivo de restarle fuerzas al movimiento huelguístico. En ese mismo año se produce el primer asalto a un banco en Chile, protagonizado por Buenaventura Durruti, los hermanos Ascaso, Gregorio Jover y Antonio Rodríguez. Eran cinco destacados anarquistas españoles bautizados por la prensa chilena como Los Apaches, y que ellos mismos se autodenominaron en América Latina como Los Errantes, realizando numerosas expropiaciones para financiar al movimiento libertario.

En enero de 1927 estalló la huelga general en Santiago y Valparaíso, y al mes siguiente el general Ibáñez derroca al presidente Arturo Alessandri Palma con un nuevo golpe de estado. La crisis económica de la década de 1930 golpeó duramente a la población y, además, la dictadura reprimió a las organizaciones obreras y las desarticuló casi por completo. Se inicia de esta manera una nueva etapa a partir de 1931 con el fin de esa dictadura, y las organizaciones obreras se adentran en el hostil mundo del sindicalismo moderno. Se produce la legalización e institucionalización de los sindicatos reformistas: los comunistas y socialistas fundan la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH). Los anarquistas hacen lo propio y crean la Confederación General de Trabajadores (CGT). Sin embargo, los primeros junto con los demócrata-cristianos serán aceptados en el régimen, y los anarquistas tendrán una dura represión. Su aislamiento solo será superado con un cierto repunte coincidiendo con la Revolución social española de 1936, pero se tornó muy poco significativa en la década de los años 1940. Félix López fue un chileno que escribió ‘Cartas de la Revolución’, enviando correspondencia desde el frente de batalla en España y transmitiendo un gran entusiasmo inicial. Más tarde se organizó ante el drama del exilio la llegada en septiembre de 1939 del buque Winnipeg a la costa de Valparaíso, fletado por coordinación del poeta Pablo Neruda con casi 2.000 refugiados antifascistas españoles.

Naturalmente el anarquismo en Chile tenía impresa la huella del antifascismo, y ante la fundación de organizaciones de tendencia nazi a finales de los años 30, los anarquistas tendrán enfrentamientos callejeros sobre todo en la ciudad de Osorno. En 1942 existía la FAI, o Federación Anarquista Internacional, y Pedro Nolasco Arratia se vincula con un grupo de refugiados españoles como Solano Palacio o Víctor Pey. Esta ala del anarquismo se mantuvo muy alejada del anarcosindicalismo de Ernesto Miranda y Juan Segundo Montoya.

En junio de 1950 se crea una central sindical anarquista denominada Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT), formada a partir de la ‘Federación Obrera Nacional de Trabajadores del Cuero y el Calzado’ (FONACC) y otras doce federaciones de tendencia ácrata. El MUNT tuvo un gran protagonismo en la redacción de la declaración de principios de la Central Única de Trabajadores (CUT), fundada en de febrero de 1953 por el sindicalista izquierdista Clotario Blest, posterior fundador en 1965 de la guerrilla Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En el año 1957 surgió el Movimiento Libertario 7 de Julio, en recuerdo de la huelga general efectuada en 1955, siendo su principal instigador Ernesto Miranda. Agrupaba a anarquistas y sindicalistas dispersos tras su salida ese año de la Central Única de Trabajadores (CUT).

La larga travesía por el desierto hasta la eclosión libertaria en los años 90

Desde 1959 en América Latina el marxismo-leninismo tuvo una mayor fuerza debido al contexto internacional, y la Guerra Fría dejó marginado ciertamente al anarquismo, que si bien no tenía una notable presencia social, logró mantener en esencia sus valores y memoria durante algunas décadas. Se apoyó inicialmente a la Revolución cubana, pero pronto se vería el giro marxista que llevaba impreso, y más tras la muerte de Camilo Cienfuegos, revolucionario libertario en Cuba.

En 1972 durante el periodo de gobierno de Salvador Allende, se fundó la Federación Libertaria de Chile. Y el 1 de mayo de 1973 los anarquistas salieron por última ocasión a la calle antes del Golpe militar de Augusto Pinochet, que impuso un régimen de persecución contra toda la izquierda, incluida algunas escasas individualidades libertarias. En 1977, un grupo de estibadores en los astilleros de Cádiz, saboteó al buque chileno Esmeralda, que había sido centro de detención y tortura. Durante la dictadura muchos anarquistas antiguos fueron muriendo, bien en Chile o bien en el exilio, y muy pocos acogieron las nuevas expresiones del anarquismo en los años 80. Se limitaron al trabajo de algunas individualidades que contribuyeron a la formación de grupos de resistencia contra la dictadura, especialmente en el ámbito universitario, pero el anarquismo como movimiento social activo desapareció de Chile durante estos años.

Sin embargo, sería en los años 90 (al inicio de la Transición chilena) cuando en la ciudad de Concepción se vuelve a observar una fuerte presencia libertaria principalmente entre grupos universitarios, y especialmente en el Día del joven combatiente. Es la denominación con que se conmemora en Chile el asesinato de los jóvenes hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo en la comuna de Estación Central de Santiago, perpetrado el 29 de marzo de 1985 por policías Carabineros chilenos en plena dictadura pinochetista.

En 1990 se forma el «Colectivo Anarquista» de Concepción, que agrupa a miembros del «Taller de Análisis Sindical y Social» y el «Colectivo Liberación», y participan de la marcha del Primero de Mayo en ese mismo año. De esta experiencia, y tras sumar a varias individualidades, se da forma al primer «Congreso Anarquista» en 1991.

En esta época, algunos compañeros toman contacto con grupos y sindicatos de diversos países de Europa pinchando las cabinas telefónicas y consiguen recibir donaciones de libros y revistas, que engrosarán las bibliotecas de variados grupos anarquistas de Concepción. Había surgido igualmente ‘Solidaridad Obrera’ de Concepción, vinculado a la AIT, que junto a estos grupos previos intentan la inserción en espacios culturales poblacionales y participar de manera social en las huelgas laborales. Se toma contacto con compañeros de Santiago y se solicita apoyo a la AIT para que se apoye a través de una campaña internacional. En 1996 el Sindicato de Oficios Varios de Santiago y un grupo de Temuco crean una sección chilena de la AIT, la cual se presentó a finales de ese mismo año. También en el año 1996 esta sección se había implicado en las luchas mineras de Chile que habían realizado una gran marcha en Santiago por el cierre de la mina de Lota, y se produce un llamado a la conformación de un ‘Comité de Solidaridad’ con los mineros.

Con el cierre del local de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Penco y su posterior abandono, los grupos anarquistas y culturales de este municipio de la provincia de Concepción realizan una manifestación por el pueblo y la posterior okupación de la antigua estación, transformada en el Centro Social Anarquista Claudia López (militante anarquista asesinada por carabineros el 11 de septiembre de 1998), en el cual se realizan tocatas musicales, charlas, encuentros de teatro y danza y talleres formativos bajo la lógica de la autogestión y la asamblea como forma de toma de decisiones.

Nueva expansión del anarquismo en el siglo XXI: anarcopunk, movimiento okupa, mapuches y Revuelta del 2019

Será en este punto que vemos la reconstrucción del anarquismo reciente en Chile por dos vías distintas, una es la heredada del plataformismo y la izquierda política que rescata la idea anarquista del antiguo Movimiento Libertario 7 de Julio, conformando organizaciones comunistas libertarias a las puertas del nuevo siglo. Se fundará la Federación de Estudiantes Libertarios en el año 2002, y la Izquierda Libertaria en 2015, movimiento social que se unirá a otras agrupaciones con fines electoralistas y comenzando a articularse con partidos políticos, abandonando esta corriente el anarquismo definitivamente. De hecho, Izquierda Libertaria está incluida a día de hoy en el movimiento Convergencia Social, que ha sido la liderada por el presidente actual de Chile, Gabriel Boric.

Si bien por otro lado, podemos encontrar una corriente insurreccionalista próxima al situacionismo, marxismo libertario, autonomismo; con especial influencia de la cultura anarcopunk y de la estrategias del movimiento okupa. A mediados de los años 2000 surge el ‘Bloke Anarquista’ que agrupaba a colectivos de la capital chilena como: «Corriente Revolución Anarquista» (CRA) (2003-2016), el periódico Ideácrata, «Acción Directa Ediciones» o la «Sociedad de Resistencia de Santiago».

En agosto de 2005, se crea en Valparaíso el Frente Anarquista Organizado (FAO) que en la línea comunista libertaria agrupa a trabajadores, estudiantes y empleados públicos. Desde sus inicios critica la vía electoral y apunta a fortalecer trabajos territoriales, estudiantiles y sindicales, bajo la perspectiva de un anarquismo organizado construyendo en lo social. Los grupos libertarios ‘GOKE’ y ‘Ni Casco ni Uniforme’ desde principios de los 90 protagonizaron la oposición al servicio militar obligatorio a través de la objeción de conciencia, siendo un referente del antimilitarismo chileno. También tiene mucha vitalidad en esos años el movimiento okupa, que abrió a la comunidad diferentes espacios culturales y sociales, aparte de organizar Ferias Libertarias, Ciclos de Cine… Enraizado en los espacios okupados de las ciudades como Valparaíso o Quilpué, se articuló el grupo informal «Columna Negra», en torno al cual se han desarrollado diversas dinámicas de agitación, intervención urbana, hacking, mediactivismo; cuya raíz puede buscarse a partir de las corrientes del anarquismo contemporáneo y altermundista.

También desde mediados de los 90 comienza a expresarse de forma incipiente la tendencia ecoanarquista cuando se divulgan los textos del anarquista estadounidense Murray Bookchin. Actualmente se destaca dentro de esta tendencia el Grupo EcoAnarquista (GEA) y algunos colectivos vinculados al cultivo comunitario en huertos orgánicos, la permacultura y el vegetarianismo. En esta misma línea, el acercamiento de colectivos libertarios a luchas por la tierra y en la cosmovisión de las comunidades indígenas mapuches también es evidente. Las redes de apoyo mutuo frente a enemigos comunes, y enriqueciéndose las luchas de unos y de otros con experiencias de resistencia marcadas en la memoria.

Durante la revolución de los pingüinos de 2006, algunos jóvenes anarquistas de la Universidad ARCIS (Arte y Ciencias Sociales), después de casi medio siglo de sequía en las batallas estudiantiles se levantan contra la educación privatizada y su mercantilización, y por la gratuidad del sistema educacional. Esta reivindicación será tomada luego por todos los estudiantes en la década siguiente, y durante la Movilización estudiantil en Chile de 2008 y de 2011, grupos libertarios tuvieron una gran presencia en las asambleas de estudiantes de educación secundaria y universitaria. En año 2012 se realiza con gran éxito la «Primera Feria del Libro Anarquista en Santiago»; siendo replicada en años posteriores. En 2019 se refunda en las ciudades de Concepción y Valparaíso la sección Solidaridad Obrera – AIT, una organización de agitación y propaganda anarcosindicalista que desde 2021 forma parte de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

En estas dos décadas del siglo XXI han surgido numerosos ejemplos de nuevas publicaciones, fanzines, federaciones, editoriales contraculturales e iniciativas anarquistas chilenas. Y toda esta red informal conforma una nebulosa libertaria fascinante y viva, con una preparación social a la lucha práctica de las realidades del pueblo chileno. La incorporación de visiones desde el feminismo, decolonialismo, la lucha estudiantilo la antropología anarquista y otras ramas de pensamiento ha enriquecido la vida social de estos grupos y organizaciones, tanto es así que han estado presentes notablemente en la Revuelta chilena iniciada en octubre de 2019, y que ha logrado el compromiso de derogación de la Constitución chilena de 1980, aún vigente desde la época pinochetista. El anarquismo chileno trabaja actualmente día a día con estas nuevas realidades, manteniendo una línea de lucha cotidiana, construyendo crítica a cualquier poder autoritario, e imaginando alternativas necesarias a un sistema político y económico de opresión. La bandera rojinegra en Chile sigue ondeando muy vivamente tras 130 años de historia libertaria.

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