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Vuelan por los aires docenas de molotovs ...

Domingo 16 de noviembre de 2008. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Los invisibles. Memoria, literatura y revolución

Nanni Balestrini

vuelan por los aires docenas de molotovs luego suben las llamaradas
altísimas amarillas rojas azules forman un muro altísimo
de llamas delante de nosotros unos cuantos jeeps están ardiendo
los policías rompen filas corren todos hacia atrás tropezando
pisoteándose en la fuga otro lanzamiento de molotovs y arden
otros coches una nube de humo negro ya no se ve nada se oyen
los golpes sordos de los lacrimógenos que nos granizan encima
a docenas una lluvia de lacrimógenos que nos llueve de todas
partes en un instante el aire es irrespirable y los cordones del servicio
de orden retroceden hacia la bocacalle se detienen en la
esquina en la avenida la mani se ha roto y repentinamente por
el fondo de la avenida se oyen agudísimas las sirenas de una
columna de furgonetas

En la ciudad los comités juveniles han organizado una fiesta en la
plaza de la catedral Quina y yo llegamos en tren por nuestra cuenta
llegamos con antelación a la cita con nuestros compañeros ya
hay muchísima gente las fuerzas de la policía custodian todos los
alrededores se hacen pintadas en las paredes y en el suelo el espacio
es un derecho o bien por la sociedad de la fiesta o bien recuperemos
nuestra vida la policía comienza a empujar para obligarnos
a desalojar hay algún alboroto vuelan un par de granadas
lacrimógenas que no asustan a nadie pero consiguen pillar a un
compañero y aporrearlo un poco nos vamos de la plaza pero en
las calles de los alrededores comenzamos a levantar adoquines y a
llenarnos las bolsas mientras llegan a la cita nutridos grupos sobre
todo de los barrios ghetto de la periferia

intentamos formar unos cordones y surge un culebrón que no
está nada mal vemos a los demás de nuestro colectivo han venido
todos están en grupitos mezclados con los demás la cabeza de
la mani sale decidida en dirección a la plaza de la catedral levantando
una pancarta que dice ya es hora de rebelarse es carnaval
se ve por los confetis y por las serpentinas del suelo las familias
sacan de paseo a los niños disfrazados de zorro sandokán o de
corsario negro damos la vuelta a la plaza de la catedral y en ese
momento estalla el follón porque los carabineros atacan la cola
de la mani disparan ráfagas de gases lacrimógenos el aire se
vuelve de repente irrespirable a todos les lloran los ojos el pánico
se apodera de las familias buscan sus zorros sandokanes y corsarios
negros desperdigados en el sálvese quien pueda
Quina y yo nos paramos con un grupo que arroja adoquines y nos
encontramos al lado de Membrillo Valeriana y Avellana vemos a
los carabineros echar a correr para cargar entonces unos compañeros
cruzan unos cuantos coches en la calle un par de cócteles
sobre los coches y los carabineros ya no se ven detrás de las llamas
y las nubes de humo negro a unos cien metros de distancia hay un
grupo que ataca un Rolls Royce metalizado golpes con las banderas
y las barras en la carrocería pedradas contra las ventanillas y
luego también allí un cóctel y el coche del patrón se convierte en
una bonita hoguera seguimos jugando un rato más a perseguirnos
con los carabineros por las calles del centro al final nos dispersamos
y nos encontramos todos en la estación

todos llevamos los ojos ardiendo y no paramos de frotárnoslos
aunque sea peor y además en la nariz el olor pestilente de los lacrimógenos
nos lavamos los ojos en la fuente llega Malva que ha tropezado
había venido con tacones altos se ha dado de narices y la
lleva pelada a Morera como de costumbre se le han caído las gafas
y en la confusión alguien se las ha pisado y ya casi no nos ve
Verbena ha respirado un mogollón de gas tiene nauseas y está a
punto de vomitar llega Ortiga se levanta el faldón de su impermeable
y nos enseña una porra negra y larga casi casi nos llevamos
también otra cosa dice verdad Cocotero Cocotero ha encontrado
en el suelo un fusil habían perdido incluso un fusil teníais que ver
a Cocotero que corría como un avestruz con el fusil en la mano
todos reían y aplaudían pero luego lo hemos dejado qué hacíamos
con un fusil

otra vez una noche a mediados de abril dan la noticia en la tele del
asesinato de un compañero le disparó un fascista tenía diecisiete
años e inmediatamente la reacción es espontánea repentina por
la mañana todos nos encontramos en el tren para la ciudad las
mismas caras las mismas zapatillas de tenis las chupas los macutos
en bandolera las bufandas los pañuelos los guantes las gorras
los vagones están llenos la gente está de pie por los pasillos nadie
habla y en cada estación suben más en los muros de los pueblos
que atravesamos se ven las pintadas frescas las mismas palabras
que se leen en las caras silenciosas de los compañeros en las últimas
estaciones de la periferia sube una marea de gente que se
apretuja en las plataformas llevan bolsas de plástico con los cascos
y debajo de las chupas llaves inglesas barras varillas de hierro
en el bolsillo hondas bolas tornillos

cuando llegamos una larga mani llena el andén y desciende por
las escaleras del metro nadie paga en los vagones entran también
las banderas y las largas astas de las pancartas alguien entona una
canción pero el clima es sombrío amenazador llegamos a la
universidad en la plaza delante de la universidad hay una
marea de gente pero no sólo estudiantes no sólo jóvenes hay
gente de todas las edades hay también gente anciana hay obreros
con los monos y los pañuelos rojos al cuello la mani ya está
montada en espera de arrancar los servicios de orden a la cabeza
los pañuelos atados bajo los ojos y los gruesos palos que llevan
atadas pequeñísimas banderas rojas hay un rumor sombrío
luego un grito y surge un eslogan compañero asesinado serás
vengado todos a un tiempo un estruendo y la mani arranca
frente al palacio de justicia frente a las escalinatas hay una formación
de policía especial con uniforme de batalla con los
lacrimógenos enfilados en la boca de los fusiles y las viseras de
los cascos bajadas la mani se para de golpe y saltan eslóganes
contra los policías la tensión sube al máximo la mani arranca
de nuevo y luego se para otra vez en una plaza veo a un viejecito
con un pañuelo rojo en torno al cuello que es aupado al
pedestal del obelisco que hay en medio de la plaza y que se
lleva la trompeta a los labios y toca a silencio y se hace inme45
diatamente un silencio tremendo sólo se oyen los agudos de la
trompeta cuando la trompeta acaba hay un grito enorme por
todas partes se levantan millares de brazos todos ellos armados
con llaves inglesas y barras

todas las tiendas de las calles que recorremos están cerradas
todas las cortinas metálicas bajadas y repentinamente en determinado
momento todos se ponen los cascos veo aparecer hilera
tras hilera una extensión de cascos como un mar de bolas de
billar blancas rojas azules verdes negras la mani se para en la
avenida a la altura de una transversal allí delante a pocos
metros en la transversal hay una barrera coches jeeps furgonetas
celulares de la policía y de los carabineros que protegen la
sede de los fascistas que está pocos metros detrás de la barrera
la cabeza de la mani con el servicio de orden se detiene a pocos
metros de la barrera las llaves y las barras se levantan amenazadoras
policías y carabineros cierran filas y se cubren con los
escudos comienza una lluvia de piedras que parece no terminar
nunca se oyen los golpes de las piedras que chocan con los
escudos y los cascos de los policías

vuelan por los aires docenas de molotovs luego suben las llamaradas
altísimas amarillas rojas azules forman un muro altísimo
de llamas delante de nosotros unos cuantos jeeps están ardiendo
los policías rompen filas corren todos hacia atrás tropezando
pisoteándose en la fuga otro lanzamiento de molotovs y arden
otros coches una nube de humo negro ya no se ve nada se oyen
los golpes sordos de los lacrimógenos que nos granizan encima
a docenas una lluvia de lacrimógenos que nos llueve de todas
partes en un instante el aire es irrespirable y los cordones del servicio
de orden retroceden hacia la bocacalle se detienen en la
esquina en la avenida la mani se ha roto y repentinamente por
el fondo de la avenida se oyen agudísimas las sirenas de una
columna de furgonetas
las sirenas se aproximan cada vez más fuertes oigo gritos por
todas partes luego de repente toda la gente corre hacia los lados
de la avenida hacia las aceras y repentinamente entre la multitud
que se abre aparece una enorme furgoneta gris verde lanzada a
toda velocidad que nos roza yo también estoy corriendo por la
acera llegan otras furgonetas de la columna las sirenas cercanísimas
rompen los tímpanos vuelan piedras y algún molotov contra
las furgonetas que tienen las ventanillas protegidas por rejillas de
hierro del costado de una de ellas se alzan llamas hay tantas que
parece que no han de terminar nunca desde las aceras los compañeros
siguen arrojando piedras y cócteles arrojan bolas y tornillos
con las hondas veo que una furgoneta zigzaguea en medio de la
avenida y luego apunta derecho a la acera

la gente se lanza contra las paredes de las casas trepa por las rejas
por las cortinas metálicas de las tiendas por los antepechos de las
ventanas de los primeros pisos las furgonetas suben a las aceras
y pasan rozando las paredes de las casas nos rozan yo me encaramo
por la reja de un cierre metálico todos intentan encaramarse
pero no hay sitio para todos la gente se agarra entre sí
las furgonetas pasan por las aceras rozando las paredes de las
casas rozándonos uno dos tres contengo la respiración y cierro
los ojos alguien cerca de mí grita aterrorizado yo permanezco
agarrado a la reja incluso cuando la columna ha pasado y
veo la última furgoneta que después de rozarnos hace como
un salto y gira de repente hacia el centro de la calzada oigo
muchos gritos a un tiempo que proceden del punto donde la
furgoneta ha girado

gritos fortísimos gritos veo muchos compañeros que corren
hacia ese punto no consigo ver nada hay humo y confusión
todos tienen los ojos enrojecidos lloran por los lacrimógenos
desciendo de la cortina y me dirijo hacia aquel punto corriendo
junto con otros nos tropezamos con otros que llegan del
otro lado caras desesperadas ojos desorbitados algunos se bajan
los pañuelos uno se lleva la mano a la cabeza no consigo ver qué
ha ocurrido hay un grupo de compañeros parados en semicírculo
algunos lloran no es por los lacrimógenos algunos sollozan
una chica grita algo que no entiendo luego más allá veo el cuerpo
ensangrentado por el suelo veo la larga estela de sangre oscura
y más allá veo la masa rojiza del cerebro que la rueda de la furgoneta
ha desparramado fuera de la cabeza aplastada

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