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Una ola verde por el derecho al aborto en Argentina

Martes 12 de junio de 2018. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Pikara Magazine

Por Adela Brianso

Durante abril y mayo se ha debatido en el Congreso de la Nación la despenalización del aborto sin causales hasta las catorce semanas. Organismos de derechos humanos insisten en que la criminalización del aborto es una forma de violencia institucional que sólo provoca estigma y el riesgo de intervenciones inseguras en función de la clase social. Mientras tanto, colectivos feministas acompañan en abortos seguros propiciando el empoderamiento colectivo y la ayuda mutua.

“Yo tuve tres abortos hace muchos años, apenas había anticonceptivos. La primera vez fui a una partera, y las otras dos a mi médico de cabecera, porque de aquella no había Misoprostol ni nada parecido”. Rocío es una mujer de 68 años residente en Avellaneda, una pequeña localidad al sur de Buenos Aires. Su madre falleció a causa de un aborto mal practicado cuando Rocío tenía doce años. Ahora, Rocío milita por el derecho a decidir de todas las mujeres y las personas con capacidad de gestar. “Tengo dos hijos y una hija. Nunca entendí eso de tener muchísimos hijos. Cuando me quedaba embarazada, me planteaba: ¿lo vamos a poder mantener, alimentar? Y hubo momentos en los que no era posible”.

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Manifestantes por la despenalización del aborto./ MONK Fotografía

En Argentina, la ley de 1921 autoriza el aborto sólo bajo condiciones específicas: en caso de peligro para la vida o salud de la mujer, en caso de violación y en caso de atentado al pudor de una mujer ‘idiota o demente’, casos considerados ‘abortos no punibles’. Durante abril y mayo de 2018 se ha debatido en el Congreso de la Nación la despenalización del aborto sin causales hasta las catorce semanas. Un momento sin precedentes: es la séptima vez que el proyecto de ley se presenta en el Congreso, pero la primera vez que el gobierno permite que se debata.

El proyecto de ley está firmado por la ‘Campaña Nacional por el aborto legal, seguro y gratuito’, existente desde 2004 y cuya bandera es un pañuelo triangular verde, descendiente del mítico pañuelo blanco de las abuelas de Plaza de Mayo. “El pañuelo tiene muchísimo bagaje: las mujeres de mi generación llevábamos el blanco, y ahora lo cambiamos por el verde”, explica Valeria, una mujer que pasó por tres interrupciones voluntarias del embarazo.

La Campaña Nacional entiende que una mujer puede tener muchas razones para abortar, y que la soberanía sobre su cuerpo es un derecho humano hasta el momento negado. Por eso, la propuesta de ley tiene como objetivos despenalizar el aborto como delito y legalizar el acceso al aborto seguro y gratuito desde políticas públicas. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), un organismo que trabaja en lo referente a los derechos humanos en Argentina, la penalización del aborto supone una práctica de violencia institucional. En el informe Derechos Humanos en la Argentina 2016 el equipo de CELS afirma que la penalización es, además, “una forma de estigmatización legal que refuerza estereotipos sobre la crianza y el cuidado de niños y niñas, y un agravante de las desigualdades de género”.

Abortos seguros e inseguros al margen de la ley

“Las mujeres siempre han encontrado formas de terminar con embarazos no deseados”, es una de las primeras frases del manual editado en 2010 por ‘Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto’, Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas. Lo cierto es que la penalización del aborto no disuade a las mujeres, ni las protege de posibles riesgos, sino al contrario. Según CELS, “la penalización sólo hace que muchos abortos sean inseguros, aumentando la mortalidad de mujeres, sobre todo las pobres”.

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Colectivos como Simona acompañan en abortos en casa con Misoprostol./ MONK Fotografía

Además, la criminalización crea estigmas. Mariela abortó con diecinueve años en una clínica. “Recuerdo que acabé contándole a mis amigas que había tenido un aborto espontáneo, porque ellas estaban en contra de que abortara. Mentí por no sentirme juzgada”, recuerda.

La experiencia de interrumpir un embarazo varía con el poder adquisitivo de cada cuerpo gestante. “Existe un acceso desigualitario y una criminalización selectiva, en términos de clase”, compartió Victoria Tesoriero, miembro de Católicas por el Derecho a Decidir y de la Campaña Nacional, en su ponencia en Congreso.

Abortos seguros con colectivos feministas

Socorristas en Red (feministas que abortamos)’ es un entramado de colectivos feministas argentinos que realizan acompañamientos en abortos seguros. ‘Línea Simona’ es uno de ellos, y funciona en Buenos Aires con acompañamiento telefónico y consejerías presenciales desde 2014.

“Las Simonas entendemos la salud como salud integral, por lo que una mujer en situación de vulnerabilidad sí quedaría amparada por la ley. Así, derivamos a toda mujer en situación de vulnerabilidad a un centro de salud ‘amigable’, donde profesionales a favor del derecho a decidir las atenderán sin obstáculos”, describe Andrea, militante en Línea Simona desde hace dos años y medio. Sin embargo, no siempre es el caso. Edurne Cárdenas, abogada en CELS, afirma que la penalización del aborto genera obstáculos para el acceso a la interrupción del embarazo en las circunstancias en las que es legal. “Así, muchas mujeres son empujadas por el sistema de salud y de justicia a la clandestinidad, a abortos riesgosos”, sentencia.

“Hacerse cargo de los casos vulnerables es responsabilidad del Estado”, explica Andrea. Además, María destaca cómo varía la situación para una persona cuando la interrupción de su embarazo entra en el marco legal y se realiza en un centro de salud: “Todo lo que significa el aborto hasta ese momento cambia: la clandestinidad, el miedo, lo oscuro, la culpa, la vergüenza, el aislamiento…”.

Las intervenciones con el acompañamiento de colectivos como Simona se caracterizan por la abundancia de información y por la presencia de una red de apoyo antes, durante y después de la interrupción. Estos abortos se realizan en casa y sin personal médico, con Misoprostol, un componente abortivo presente en un medicamento para artritis que se comercializa bajo prescripción médica en farmacias. Lara es una ciudadana argentina que se realizó un aborto con pastillas cuando tenía veinte años, y decidió contar con el apoyo de un grupo similar a Línea Simona. “Me saqué todas las dudas que tenía antes de hacerlo. Les pregunté todo lo que se me ocurrió, porque tenía miedo de lo que pudiera pasarme, imaginate”, relata.

“La primera cita que concertamos con cada persona a la que acompañamos es una consejería pre-aborto, donde damos toda la información específica sobre cómo hacerse un aborto con pastillas y resolvemos todas las dudas al respecto”, describe Andrea. Además, las consejerías suelen ser grupales: “Siempre intentamos juntar a dos o tres mujeres, para que dimensionen la realidad del asunto. Es una muy buena manera de entender que interrumpir un embarazo es muy común, olvidarse del mito de ‘esto sólo me pasa a mi’ ”. Además, uno de los objetivos de Línea Simona es “fomentar un aborto feminista, que sea un proceso de empoderamiento, de contacto con otras mujeres”, explica Andrea. “La idea es trascender el proceso más allá del aborto, crear redes”, resume Maria, otra simona.

En una consejería pre-aborto de Línea Simona, presencié la creación de una ‘red’. Tan pronto Marina contó que su ginecóloga no le había querido recetar las pastillas para abortar, Fiona, que ya tiene experiencia con Misoprostol, intervino: “Yo te consigo una receta, mi ginecóloga es copada”.

En este sentido, Simona proporciona el punto de entrada a perspectivas feministas para muchas personas. “Muches empiezan a cuestionar cosas que no habían pensado antes. Es muy emocionante acompañar esta entrada a un feminismo plural y diverso… quizá sea lo más importante que ofrecemos. La información que damos está en internet, pero en internet no te puedes sentar a hablar con otras mujeres sobre lo que te está pasando”, cuenta Andrea.

Es el caso de Mariela, que a la pregunta de si se considera feminista responde: “Cuando aborté todavía no me reconocía como feminista. Pero el post-aborto fue un proceso de entender que la intervención fue decisión mía y que estuvo bien. Ahí es cuando entró el feminismo a apoyarme, a hacer de base de muchas ideas. Y a partir de ahí todo fue encajando: más información, más cifras, más lectura. Entendí quiénes son las que se mueren: las pobres, las vulnerables”.

Abortos en clínicas

Aunque no existe un único perfil de las personas que acuden a Línea Simona, sí hay un sesgo en los acompañamientos realizados: “El sector de la población que no vemos representado en las personas que nos llaman es la que opta por abortos quirúrgicos en clínicas privadas, en general la clase con más poder adquisitivo”. La intervención llega a costar 40.000 pesos, unos 1.500 euros en mayo de 2018.

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“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”./MONK Fotografía

Laura, una trabajadora social, acudió a una clinica para abortar cuando tenía 26 años con gran esfuerzo económico. Entonces su hija tenía 3 años y otro bebé no entraba en sus planes. “Alguien me dio la tarjeta de un consultorio y no busqué más, hace 10 años no se hablaba de estas cosas. El sitio me gustó porque según llegue, todo estuvo enfocado al aborto, sin dar vueltas. Ahí confirmamos el embarazo con una ecografía y me dieron cita para la semana siguiente. El sitio me dio confianza, estaba preparado como un quirófano, tenía un aspecto profesional”, describe. La experiencia en una clínica es muy diferente a un aborto en casa: “Me desperté en una habitación y alguien me trajo el desayuno a la cama. Como en un hotel… qué raro ¿no?”.

La experiencia de Laura se aleja mucho del empoderamiento feminista al que aspiran las Simonas: “Yo me dormí sin saber muy bien qué me iban a hacer. Recuerdo sentirme vulnerable cuando me estaban anestesiando, porque al fin y al cabo, yo ya no tenía control sobre mi cuerpo en absoluto”, recuerda.

Una clínica no es siempre sinónimo de seguridad. Luciana sufrió tres embarazos perdidos a causa de heridas en el útero, consecuencia de un aborto inseguro en una clínica. “No llevaría a mi gato al lugar donde me hicieron el aborto”, cuenta. “Es muy importante que la interrupción voluntaria del embarazo se enmarque como un tema de salud pública. No es un debate filosófico, es cuestión de salud, de sobrevivir”, explica Andrea.

“Este debate es la deuda de la democracia argentina con las mujeres”, opina con determinación Alejandra Martínez, diputada en el Congreso de la Nación Argentina y presidenta de la Comisión de Mujer, Familia, Niñez y Adolescencia. Sin embargo, la legalización no es suficiente, porque los anticonceptivos aún no son accesibles a todes en Argentina. “Por eso el énfasis en tres pilares: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”, puntualiza Martínez.

La despenalización sería un paso adelante para Argentina, pero estaría lejos de solucionar el problema. “No creo que Línea Simona desaparezca si se aprueba la ley”, comenta Andrea. “El sistema médico sigue siendo patriarcal, misógino, machista, maltratador y violento”, explica Andrea con convicción. “Estamos muy lejos de poder decir ‘no hace falta trabajar más en esto’ ”.

Por ahora, “el debate es una victoria, y ya no hay vuelta atrás” de acuerdo a la diputada Martínez. En ese sentido, “el último 8 de marzo en Argentina supuso un punto de inflexión en cuanto a apoyos por el derecho a decidir”, explica Patricia López, del colectivo feminista y socialista Las Rojas. “Yo creo que esto que está pasando es histórico. ¡De repente fue como una ola verde! La legalización del aborto está en agenda, se discute por todas partes”, opina emocionada. En la calle, el subte, en la marcha del día de les trabajadores… Los pañuelos verdes desbordan la ciudad. “Cada martes traemos más, y cada martes nos quedamos sin ninguno”, comentan en el puesto de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, donde están en venta.

Rocío tiene problemas de movilidad, y a menudo no puede asistir a las manifestaciones. “Me produce mucha frustración. Pero existen otras maneras de apoyar el aborto legal, seguro y gratuito. Cuando me ingresen la paga extra de julio voy a comprar cien metros de tela verde, para que corten todos los pañuelos que hagan falta”, dice con ojos brillantes.

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