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Rompamos el Silencio: memoria, autonomía y desobediencia

Miércoles 2 de junio de 2010. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Introducción al Dossier Voces Disidentes

Gustavo Roig

Nunca he comprendido muy bien de dónde provienen las dificultades "objetivas" para hacer un trabajo político serio en Madrid. A día de hoy me sigue pareciendo difícil explicarme y explicar de dónde surge esa incapacidad histórica de lo que se conoce como el "área de la autonomía" madrileña para hacerse oír y para constituirse públicamente como sujeto de referencia junto a otros espacios políticos, frente al estado y su despliegue de medios, su poder.

Madrid, sin duda, es la "suma de todos" los poderes, el trabajo combinado de los grandes dispositivos de comunicación y buena parte de los procesos de modernización del capitalismo hispano. Es la transformación de aquella entrañable caspa capitalina de los primeros ’80 en metrópoli posmoderna. Aquí, como parte de un proceso global, el despliegue del capital como modo de producción y como mecanismo de poder se pone de manifiesto en la reorganización especulativa, radical, de los espacios urbanos y de las instituciones de gestión y comunicación política. Madrid es y se representa como poder, Madrid es un modelo de ese poder.

No sé si con esto uno es capaz de explicar algo en relación a la debilidad política de nuestras prácticas militantes. ¿Será la "presencia" y "cercanía" de las instituciones que simbolizan el poder, su inmediatez, el hecho de estar mas "sobre" que "junto" a nosotros, y sobre todo su obscena e incuestionable hegemonía política, cultural, comunicativa la que nos condena a la invisibilidad y marginalidad permanente? ¿O será quizás la inexistencia de una "cuestión nacional" que nos impide sobrevivir en clave identitaria? ¿Podría ser la falta de un "hecho diferencial", de un "agravio comparativo", de una "opresión lingüística", o una "discriminación cultural histórica" la que nos arrebate capacidad para cuestionar la legitimidad del Estado, la naturaleza criminal del Capital y los procesos de alienación-explotación que nos dispersan y nos debilitan como clase y como sujeto político consciente? Lo cierto es que Madrid es conflicto de clase en estado puro, es guerra social por encima de todo, sin aceleradores identitarios de carácter "nacional" que nos "faciliten" el trabajo, sin atajos y casi sin pasado que nos sirva de referencia "histórica". Este nuevo Madrid del poder financiero, de la virtualidad especulativa y de la terciarización productiva se ha reinventado a sí mismo en menos de 20 años. Nuestra realidad y la conflictividad que podría derivarse de ella se levantan sobre "afrentas" de naturaleza social, directamente ligadas al presente, a lo económico y a las líneas de definición clásicas de la reproducción capitalista: explotación, precariedad, privatización, dispersión… Vida basura y dificultades objetivas para construir expectativas colectivas de supervivencia. Ese es nuestro terreno, y el escenario del conflicto en que vivimos. El que nos hace débiles pero también el que nos sitúa en el centro político (y no necesariamente geográfico) de la conflictividad contemporánea.

Pero… ¿no sería acaso demasiado sencillo, demasiado indulgente o autocomplaciente objetivizar fuera de "nosotros" las causas de nuestras dificultades políticas? Romper con la tiranía de lo estructural, apostar por dejar de ser victimas de la historia, rescatar de las viejas prácticas revolucionarias el poder de la subjetividad, retomar el nosotros como aprendizaje colectivo y como acumulación de conocimiento político generacional. Quizás sean estas algunas de las claves, quizás pase por aquí lo mínimo imprescindible para romper el círculo que alguien ha trazado en torno a nosotros, salir y crecer fuera. Dinamitar el ghetto, eso es, pelear, con o sin miedo, pero fuera.

Un nuevo ciclo

Llevaba ya tiempo dándole unas vueltas a todo esto y sobre todo a la cuestión de qué hemos hecho en los últimos años para tomar conciencia en términos colectivos de la naturaleza del terreno sobre el que nos movemos y sobre todo, qué prácticas de autoorganización colectivas ponemos en marcha. Eran los últimos días de la primavera del 2005 y algunos llevábamos tiempo rumiando el malestar por la desmovilización que el cambio de gobierno impuso a las redes sociales, por la impotencia que nos generaba comprobar una vez más la debilidad de la "autonomía anticapitalista" madrileña en relación a la agenda política convencional y sobre todo, preocupados por la capacidad fascinadora y destructiva de la socialdemocracia sobre la "izquierda". Por aquellos días llegó a Nodo50 una petición de ayuda. Se preparaba una Semana de Lucha Social para el mes de junio, algo así como un encadenamiento planificado de acciones públicas, reivindicativas, que ponían en el centro de su "programa" los temas centrales de la cuestión social de esta ciudad. Eran muchos y más o menos estaban todos: vivienda, precariedad, educación, genero, inmigración etc. Lo organizaba una red amplia de gente y de colectivos conocida como RES (Rompamos el Silencio) que llevaba meses reuniéndose en la Parroquia de Entrevías. No me quedaba muy claro si aquello era una asamblea de gente que a lo largo de todo el año trabajan ciertos temas o si por el contrario era una especie de coordinación de colectivos o de organizaciones con la idea de hacer algo juntos a finales de junio. Estaba por ver.

Lo cierto es que aquello pintaba bien y sobre todo, fundamental para la gente de Nodo50, en esas reuniones se le daba especial relevancia a la comunicación, a la gestión de la información como parte del trabajo político público y a los proyectos de contrainformación como la base de ese trabajo. Nos pusimos a trabajar en la web de la Semana de Lucha Social y empezaron a pasar por mis manos los textos de los diferentes ejes de trabajo y de acción. Allí se hablaba de desobediencia civil y de acción directa no violenta, algo con lo que ya habíamos coqueteado en el semestre de la Presidencia española de la Unión Europea en el 2001 y que había demostrado tener un evidente potencial político en un escenario caracterizado entre otras cosas por un tremendo repertorio de recursos criminalizadores y represivos en manos del Estado. El eje de okupación hablaba en sus textos de valor de uso y valor de cambio, de la necesidad de restituir la utilidad social de los espacios urbanos devorados por la mercantilización, y aunque lo hacía en términos más metafóricos que estrictamente económicos, a mí, que llego a la autonomía más desde de Marx que desde el pensamiento libertario, aquello me sonaba muy muy bien.

Todo aquello no era nuevo en un sentido estricto, pues la Semana de Lucha Social como formato para la coordinación puntual de gentes y colectivos autónomos ya se había experimentado a finales de los ’90 para acabar languideciendo a causa de la represión que caracterizó la era Ansuátegui en Madrid, en el año 2001. En esas primeras ediciones, la Semana de Lucha Social-Rompamos el Silencio fue dinamizada por las Madres Unidas contra la Droga, la Parroquia de Entrevías, gente de la CGT y los últimos momentos de Lucha Autónoma. Pero en un sentido más "sociopolítico" la nueva edición de Rompamos el Silencio me daba la impresión de que venía marcada por un cambio en su composición, menos vinculada directamente a organizaciones y mucho más disuelta en una asamblea heterogénea y multiforme compuesta por la base militante de la mayoría de las experiencias autónomas de la capital. Lo microidentitario (la pertenencia a un colectivo) perdía fuerza en lo colectivo amplio. Quizás en parte como resultado del trabajo previo en otros ámbitos, y por tanto como resultado de "confianzas" generadas en un proceso previo de maduración generacional y colectivo, la política de "marcas" se disolvía y el RES despegaba a lo largo de las ediciones, menos lastrado por el peso de "sus" organizaciones y más estimulado por el entusiasmo de su gente. Esa fue y es la base de la energía de su asamblea y quizá una de sus aportaciones de mayor interés a la experiencia política del anticapitalismo madrileño.

Y así se fueron sucediendo las diferentes ediciones de la Semana de Lucha Social. Entre el 2005 y el 2009 fuimos tocando iconos de la degradación especulativa en la vida de nuestra cuidad, okupando como "sedes" del RES los pisos de lujo de la calle San Bernardo nº 41 (todavía vacios), los Cines Bogart a apenas 100 metros del Congreso de los Diputados, el edificio que luego gestionaría la Asamblea del Patio Maravillas en la calle del Acuerdo 8, los Cines Luna en 2009, y sin olvidar que en el 2008, 200 personas okupamos durante más de una hora la Bolsa de Madrid. Y como no podía ser de otra forma desde el primer momento empezaron los marrones: intentos de infiltración, seguimientos, detenciones, identificaciones masivas, multas millonarias, petición de días multa con la intención evidente de encerrarnos y hasta el intento (fallido) de alguna fiscalía hiperactiva de mandarnos a la Audiencia Nacional acusados de pertenencia a "asociación ilícita".

El experimento Rompamos el Silencio

Así pues hablar de las ediciones de la Semana de Lucha Social y de Rompamos el Silencio es hablar de un experimento político de primer orden. En primer lugar por la apuesta que hace por la creatividad política desde fuera de la legalidad, cuestionando de raíz la justicia del marco jurídico, imponiendo de facto otras legitimidades (la de la lucha, la del conflicto, la de los hechos consumados por nuestra parte) y poniendo en movimiento una práctica basada en la desobediencia, la insumisión al Estado y la plena autonomía respecto a partidos políticos e instituciones. Esto nos ha permitido tomar, en lugar de pedir, y hacer el lugar de esperar. La calle y los espacios públicos, apropiados por el Estado y el mercado han vuelto a ser nuestros cuando los hemos necesitado.

En segundo lugar, quizás la mayor riqueza y uno de sus "hechos diferenciales" respecto a otras experiencias, sea la función que el RES ha desempeñado como acumulador de experiencia militante, como memoria viva de las prácticas desobedientes. Muchas horas de debates, muchas puestas en común, mucha práctica colectiva se ha ido acumulando y se ha ido transmitiendo generacionalmente de edición en edición. No sólo en cuestiones "teóricas", sino y fundamentalmente, en recursos y conocimiento frente a la represión, la preparación técnica de acciones, cuestiones legales y también organizativas.

El RES y su Semana de Lucha Social vuelve en esta nueva edición del 2010. Como todos los años, meses de trabajo a las espaldas, incertidumbre, estrés. Gente nueva, gente que ya no está, movimiento social contra el poder, contra ese Madrid "suma de todos" los poderes del Estado.

Mayo de 2010

Rompamos el Silencio ha solicitado a diversos autores y autoras los distintos textos que conforman este dossier, con la intención de elaborar un marco amplio de perspectivas sobre la realidad latinoamericana al calor de la presidencia española de la UE. Las opiniones vertidas en el mismo responden, por tanto, a las personas que los firman y no constituyen necesariamente la línea política de Rompamos el Silencio que por tanto no se responsabiliza de las mismas.

Asamblea de Rompamos el Silencio

Mayo de 2010

::Fuente: Dossier Voces disidentes Rompamos el Silencio 2010

:: Audio y fotos de la charla "Historia de las Cumbres ALC-UE y sus resistencias" + Presentación del dossier "Voces disidentes". Centro de Medios

Video okupación de la Bolsa de Madrid

Video acción del RES en el Arco del Triunfo de Moncloa en el aniversario del asesinato de Carlos Palominio

::Fotos - crónica acción del RES en el Arco del Triunfo de Moncloa en el aniversario del asesinato de Carlos Palominio

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