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De la Sección : {Noticias Destacadas}

Levanten nalgas. Hacia una perspectiva marica de la insumisión a la mili

Por Jose Decadi

Domingo 27 de noviembre de 2022 NODO50

Este ensayo, con muy ligeras rectificaciones, fue autopublicado por La Radical Gai de Madrid y la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE) en el primer lustro de la pasada década de los noventa, cuando miles de jóvenes seguíamos siendo llamados a filas para cumplir el servicio militar obligatorio y una parte considerable del colectivo lgtbiq+ nos sentimos interpelada por la cuestión antimilitarista y la insumisión al reclutamiento forzoso. Aunque muchos de los elementos de debate que emergen en este texto solo pueden entenderse de manera muy situada, en un tiempo y un espacio concretos que no son los de ahora, consideramos que otros son de la mayor vigencia, a la vista de lo que está ocurriendo en Rusia, con el reclutamiento de numerosos jóvenes para ir a la guerra, y en el mundo en general, con el rearme militar de prácticamente todo el planeta. De Ahí que hayamos optado por volverlo a publicar online casi treinta años después.

Fotografía: Andrés Senra.

«La homosexualidad no es la lógica que funda y sostiene al sujeto masculino, sino el abismo que lo confunde y lo arroja dentro de su fóbica ex-istencia»

Trevor Hope [1]

¿Puede un maricón tomar conciencia de sí, de sí en el mundo, de sí en relación con otros y otras, de sí en su realidad inmediata, de sí en el tiempo histórico, de sí en su deseo de ser, y descubrir, en este periplo, que no quiere convertirse en soldado? ¿Puede articular esta (como tantas otras expresiones de su conciencia), desde la constatación de su realidad corporal?

En sentido contrario, ¿podríamos los mariquitas manifestar nuestra voluntad de ser desde fuera de nuestros cuerpos (superficies plenas de significación, en las que se rotura este deseo, siempre empeñado en mostrarse múltiplemente diferente, pero también esa figura monolítica, figura-hombre, idea-hombre, hacedora de la guerra, desafiante a la muerte, legítima valedora de la violencia)?

¿Disponemos, en fin, los maricas para empezar a pensar y a hablar como tales, de otra cosa que no sea cuerpo?


Septiembre de 1995. La noche de la existencia se ha hecho en el atolón de Mururoa. El Estado español registra una cifra global de 100.000 insumisos al servicio militar. 200 permanecen en prisión. Son datos del periódico gubernamental. ¿Quiénes son esos insumisos? ¿de quiénes habla ese periódico? Son «jóvenes». «Jóvenes» levantados contra la razón de Estado, contra el exceso de razón inherente a sus abusos de poder.

Un movimiento de localización de los sujetos que generan este discurso nos conduciría, inevitablemente, a la siguiente interrogación: ¿a qué jóvenes se refiere? ¿cuáles son sus vidas?

Muchos de ellos tienen vidas de maricas. ¿Puede deducirse en ello el posicionamiento político de una peculiar y distintiva forma de subjetividad? Si es así, ¿qué implicaciones tiene esto a a la hora de resituar el propio discurso antimilitarista? ¿de qué representaciones, de qué estatus simbólico goza esa «otra» subjetividad? ¿de la de «joven» social, cultural y sexualmente indiferenciado?

La lógica discursiva mayoritaria en el movimiento por la insumisión se detendría en la primera interrogación: En la posición política antimilitarista no confluyen diversas formas de subjetividad. Se trata, simplemente, de una ideología compartida, de una visión común del papel de los ejércitos en nuestras sociedades. En este contexto ha de leerse el rechazo un tanto disimulado, aunque no por ello menos evidente, de determinados compañeros antimilitaristas ante el juicio a un insumiso marica, en el que este alega su diferencia sexual como un motivo de objeción de conciencia [2].

Si damos por válido que la conciencia antimilitarista reside, exclusivamente, en una abstracta ideología, parémonos al menos a repensar alguna de las acepciones de este término. Tomemos a Althusser. Este la define como «la relación imaginaria de los individuos con las relaciones reales en las que se desarrollan sus vidas»: Si asumimos esta definición, ¿son las relaciones reales en las que se desenvuelven las vidas de los maricas iguales a las de los «jóvenes» sin más? ¿cuáles son los niveles de experiencia conectados en cada caso al hecho de enfrentarse al servicio militar?¿cuáles los distintos modos de resistencia a los sistemas de control y dominación del individuo, ente los que la mili goza de un destacado y «popular» papel? Repito: ¿Quiénes son los jóvenes implicados en esa lucha? ¿cuáles son sus vidas?


El movimiento de las mujeres ha defendido osadamente que cualquier teoría del sujeto ha sido siempre colonizada por el hombre blanco, heterosexual, de Occidente. En torno a él se han proyectado (especularizado) una multiplicidad de «otros» [3]. En la formación de este sujeto, figura-hombre, idea-hombre, los maricas marcamos una fractura singular, cuestión sobre la que volveré más adelante.

Este sujeto que se erige a sí mismo en universal y transcendente (frente a la extrema regionalidad -léase sectorialidad- y materialidad -léase corporalidad- de «las otros») se supone ser el conductor de la Historia, el fundador de la unívoca racionalidad, el origen y la meta de toda forma de devenir. Esta concepción del sujeto también afecta, por supuesto, a los protagonistas de muchas de las revoluciones de orientación universalista y luchas propias de la izquierda durante el siglo XX.

Resituando la cuestión en la lucha antimilitarista, ¿qué papel juegan instituciones como el Ejército y el servicio militar, instancias superiores de homologación de sujetos, en la formación de la figura-hombre, idea-hombre, en cuyo pecho ruge el latido de la guerra y la potestad de engrandecerse sobre la violación y la aniquilación de «los otras»? ¿cuáles son las relaciones simbólicas de los maricas con esta figura? ¿qué relevancia adquiere el paso por el servicio militar en la consolidación de un sistema de identidades sociosexuales jerárquico y excluyente? ¿el soldado, como metáfora, a cuál de esas identidades representa? ¿no es el Ejército, en tanto que espacio disciplinario, un importante punto de localización de las operaciones que permiten al poder penetrar e intensificarse en los cuerpos? [4]. Si es así, ¿ocupan el mismo ángulo los maricas y los ·»jóvenes» en esta red de operaciones, extendidas a lo largo de todo el cuerpo social? En otras palabras, ¿estamos todos y todas afectadas en la misma medida por las técnicas de poder que tendrían como objetivo la formación de cuerpos productivos y obedientes? Todas estas son cuestiones muy pertinentes para una reelaboración marica de la posición política antimilitarista.

No creo que pueda pedirse, a quienes experimentamos la inmediatez de nuestra realidad corporal nada más entrar en la cadena de significación que implica la sociabilidad (y en el interior de la cual nos constituimos como mujeres, gentes de color o, por ejemplo, maricas), que nos deshagamos ahora de nuestros cuerpos para enunciar nuestras conciencias. A mi modo de ver, este debe ser un consensuado punto de partida en el movimiento contra los ejércitos y el servicio militar, en el que numerosos gais han participado durante años bajo la universal categoría de joven-rebelde-antimilitarista.

Nada de esto quiere decir, desde luego, que los maricas debamos tener com blanco de nuestra crítica antimilitarista a los insumisos que no lo son. La cuestión es mucho más simple: incluso cuando se comparten espacios de lucha, los poderes diferenciales existen. Y deben ser considerados.


El rechazo a la «vía queer» de la insumisión no proviene solo de ciertos activistas antimilitaristas. Las organizaciones gais de talante reformista también advierten la presencia de los maricas insumisos en su campo estratégico como una especie de intoxicación sobre «su» causa.

Los gais y las lesbianas, por alguna siniestra razón, tendemos a analizar nuestra realidad de forma compartimentada, desmenuzando escrupulosamente aquellos de nuestros comportamientos, hábitos, inquietudes, problemas o actitudes políticas que puedan catalogarse como gais o lesbianos y los que no lo son. Es esta dinámica de percepción la que lleva a concluir, en muchas ocasiones, que la regulación legal de las parejas de hecho representa «de forma global para gais y lesbianas», una necesidad más apremiante que el desobedecer la llamada del Ejército, con todo lo que él implica.

Algunas maricas y bollos pensamos, sin embargo, que forman parte de nuestro devenir como tales todos aquellos aspectos que afectan a nuestra experiencia del mundo. Ineludiblemente, también la opresión. Además, si la insumisión se define en tanto que acto de desobediencia a un sistema institucionalizado de secuestro, que otra cosa es, sino una lucha contra la sujeción, la causa de gais y lesbianas.

Este planteamiento del «llegar a ser» marica no puede formularse, desde luego, dede posiciones reformistas. Su matriz ha de usarse, exclusivamente, en el proyecto político y epistemológico de la diferencia [5]. La óptica reformista deslinda en su análisis la teleología de instituciones tales como el Ejército y el Matrimonio de los sujetos que las fundan y sostienen, los intereses a los que sirven y los procesos sociales y contextos históricos en los cuales se constituyen. Ello viene a justificar la activa colaboración de muchas gais y lesbianas en estrategias de homogeneización y normalización del hecho homosexual.

Estas posiciones radicalmente divergentes de nuestro ser político tiene traducciones muy concretas en las respuestas que se ofrecen a los cotidianos casos de discriminación relacionados con el Ejército: la expulsión de un homosexual de las Fuerzas Armadas es denunciada, desde una. posición marica antimilitarista, en tanto que manifestación de la homofobia instalada en los pilares fundacionales del Estado (léase: el Ejército es un espacio de exclusión de. nuestra identidad y nuestros cuerpos). El reformismo gai-lesbiano, sin embargo, pone el acento en la urgencia de las medidas de integración en todos los órdenes del sistema social.

Desde el punto de vista reformista, no existen nunca espacios de intersección entre deseo, conciencia y voluntad [6]. No hay cabida, por lo tanto, para la emergencia de una «otra» subjetividad marica.

Algunos niveles de experiencia mariquita conectados a la mili

El marica que vive en la calle Pericón de Cádiz no tiene un cuerpo estructurado y dinámico. Muy al contrario, se deshace cuando anda y es muy torpe jugando a la pelota. Se trata de un cuerpo que estorba más que ayuda en medio del campo de juego, y eso que siempre se le deja defensa, que es lo que menos esfuerzo físico requiere. Se nota que lo hace a desgano. Porque le obliga el profesor.

La mitad de la clase de gimnasia la pasa metido en el vestuario de chicos. Se desviste de espaldas e intenta ocultar su mirada nerviosa. A veces el rabillo de su ojo le delata. Pero no importa. Se le pega y ya está. Total. Nunca contesta. Los maricas son pasivos. No saben aniquilar.

El día que entró en el colegio, los de octavo curso le reservaron la novatada más grande. Se le paseó en volandas por todo el patio, se le obligó a contar chistes y a ser gracioso, a personificar la risa y la alegría de los demás.

No se entiende. Pero, por lo que se arregla y se cuida, parece que pudiera gustarse dentro de su desorganizado cuerpo. Y lo que es más incomprensible: a pesar de todo lo que le ocurre, muchas veces canta, muchas veces ríe, como si pudiera ser feliz. No importa. Se le vuelve a pegar y ya está. Los maricas son como las mujeres: lloran y sufren.

Paradójicamente, el marica parece muy inteligente. Dibuja con trazos precisos, aunque los objetos que retrata resultan un tanto inconcretos. Una vez colgaron uno de sus dibujos en el panel de la clase. Pero no importa. Se le arrancó de un tirón y ya está. Desde entonces parece angustiado, buscando figuras por todo el colegio. Ha habido que llamarlo al orden, para que se tranquilice. Que se dibuje en sus compañeros, y ya está.

El marica se queda sentado en un rincón de la clase, mezclado con las niñas, pero obligado a mirar para los demás.

El marica ya ha cumplido la edad de ir a la mili, aunque suspendió los cursos previos para ser un hombre. Es posible que el médico de la caja de reclutas logre volverlo a evaluar. El marica se lo está pensando. Se lo está pensando. Alegarse a sí mismo o negarse, borrarse el cuerpo, e ir al servicio militar.

Pero no. Alegarse a sí mismo no basta. Ha de alegar ser el otro, el otro de ellos, de los compañeros del colegio, del sabio doctor, de los mozos que trabajan en la caja de reclutas.

El marica tiene miedo. El marica ha tenido que tomar una decisión. Se ciñe la cintura, mucho más de lo que acostumbra, se empolva el rostro y se da sombras de colorete en el pecho para que parezcan los senos de una mujer.

El marica atraviesa el patio de la caja de reclutas. Rizas, chanzas, empujones. Se pone en la cola. Se tiene que tallar. Tallar cuánto cuerpo mide su hombría, cuánto cuerpo mide su ser.

Llegó su turno. El médico escruta su figura. Anota detalladamente sus medidas. Pone en comparación unas con otras, y su conjunto en comparación con otras tantas que ya tiene verificadas. Pero necesita más.

Entonces lo interroga. Una pregunta y otra pregunta, hasta que no le quede nada dentro del cuerpo sin contrastar, confirmar y refutar.

El doctor ya tiene un cuadro diagnóstico, una sintomatología identificada. Pero abrir una historia clínica: cuerpo torcido, señal inequívoca de personalidad trastornada. Y graba sobre el pecho del marica el código médico de referencia. Causa de exención del servicio militar: 1-A4, el signo indeleble de la exclusión.


Él no puede descifrar qué es lo que se le mueve dentro, pero a veces lo pone triste y le hace perder su autoestima.

Es como si en su cuerpo no habitara solo él. Como si estuviera poblado por algún otro que es menos o está más allá de él. Alguien que la hace dudar de que él pueda ser realmente un Yo-Él.

Aunque no tiene la certeza de que aquello sea humano. Debe de tratarse de un animal. Una bestia repulsiva, de mirada abyecta, de cuerpo amorfo. Un inmundo bicho que quiere apoderarse de él.

Por la tarde ha ido a ver al sacerdote. Estar en la iglesia es como vivir fuera del cuerpo, que es lo mismo que decir lejos de aquel horrendo animal.

Quiere contárselo todo al confesor, quien lo escudriña con el ojo que todo lo ve, que traspasa su piel, sus visceras y sus huesos, que se instala en su alma y la explora, la conquista, la organiza.

El cura sabe muy bien que esa clase de animales siempre asoman en el cuerpo. Por lo tanto, intenta buscarlo en el movimiento de sus manos, en los gestos de su rostro, en el brillo de sus ojos, en el timbre de su voz. Nada. No aparece. No hay manera de encontrarlo. Debe estar metido muy adentro. Habrá que estar alerta y penar en profundidad.

Al volver a casa, ha encontrado una misiva de Defensa: «Contamos contigo». Esta. Esta puede ser la solución. El camino que lo confirme en su forma. Lo que arroje fuera de su cuerpo al persistente animal.

Pero no. Puede ser mucho peor. En la mili solo hay cuerpos como el suyo, de los que agitan sus entrañas, de los que ponen tan nerviosa a la bestia.

Sería terrible. Si al sonar el toque de queda, si al comenzar el adiestramiento que habría de perfeccionar en él la forma-él, el animal diera un zarpazo y rajara su cuerpo, arrojándose al barro de la trinchera, revolcándose en el mismo blanco del campo de tiro.


Un homosexual como él no puede entender que se arme tanto revuelo por el tema de la mili. Al fin y al cabo, a él no le fue tan mal. Muy buenas posibilidades que tuvo de disfrutar de su cuerpo.

A un homosexual como él, le encantaba sentirse rodeado de hombres desnudos en las duchas. Y así, cada tarde, al acabar la jornada de instrucción, se desvestían unos frente a otros, en un ambiente de perfecta camaradería, y se daban toquecitos amistosos en las nalgas, y se gastaban bromas, y se burlaban juntos del coronel. Todo eso le excitaba tanto. Aunque, eso sí, había que ser cauteloso y no delatarse hasta encontrar el momento propicio y estar completamente seguro del asunto.

Hubiera sido terrible, para un homosexual como él, que ellos no le permitieran formar parte de ellos, ser como ellos, ser ellos. Quedar relegado a la categoría de patético maricón.

Estaba muy tranquilo a ese respecto. A un homosexual como él no se le notaba nada. Y no porque ocultara o constriñera su cuerpo. Sino simplemente porque era igual que ellos. Era de ellos. Era ellos. Aunque, eso sí, a veces se veía obligado a hacer bromas sobre una loca que dormía en la última cama del pabellón. Esto le inquietaba, porque algo en el fondo de sí mismo le decía que aquello no estaba bien. Aunque un homosexual como él no tenía por qué asumir las vicisitudes de un tipo que nada tenía que ver con ellos, que no formaba parte de ellos, que no estaba en ellos, que no era ellos.

No obstante, a veces envidiaba a aquel esperpéntico individuo. Por las noches los aledaños de su cama se convertían en un hervidero de soldados que iban y venían. Mientras un homosexual como él permanecía impávido, sudando entre las sábanas. Aunque, eso sí, lo mismo que le hacían esas visitas le daban empellones y le ponían rabos en la fila. Un homosexual como él nunca hubiera podido soportar un trato tan humillante. Como si él no fuera lo mismo que ellos, no viviera en ellos, no fuera ellos.

El momento estelar de sus recuerdos de la mili se sitúa en el día que el sargento apareció en el marco de la puerta de su barracón. Recordar el poderío su figura, el uniforme que se detenía en cada pliegue de su cuerpo para despejar toda sombra de duda sobre las excelencias que albergaba, para dejar establecida la brutalidad de su belleza. Cuerpo saturado de sensualidad y, sin embargo, totalmente negado al placer. Porque, eso sí, lejos de ordenarle que lo amara, el sargento se limitó a comunicarle que ya había finalizado su periodo de instrucción.

En otra ocasión, un mozo de su mismo destacamento le hizo un guiño, encontrando por fin el momento tan largamente esperado. Y apenas empezaron a hacerlo se dieron cuenta de que habrían de salir del recinto militar para completarlo. Porque, eso sí, los demás se apiñaron rápidamente en la puerta para recordarles que sus cuerpos no tenían cabida entre ellos, no habitaban en ellos, no eran ellos.

La carrera heterosexuala

No sé si habré logrado arrojar alguna luz sobre el porqué se puede, y se debe, politizar la cuestión de la subjetividad. No encuentro, sin embargo, otro ángulo desde el que pueda elaborarse una perspectiva marica del antimilitarismo. Y este no es un objetivo caprichoso, es un punto de partida necesario para estimular entre los gais la resistencia al servicio militar.

La labor es arduo difícil, sobre todo cuando se trabaja en comunidades homosexuales tan poco articuladas como las del Estado español. En sentido similar, la feminista negra Patricia Hill Collins ha anotado que «las experiencias de un grupo oprimido podrían colocar a sus miembros en posición de ver las cosas diferentemente, pero su escaso control sobre los aparatos ideológicos de la sociedad hacen la expresión de un autodefinido punto de partida mucho más difícil».

Creo que podemos asumir, cuando menos, que los individuos se configuran en una clase de sujetos, y no en otros, en el interior de procedimientos y vivencias que guardan entre sí cierta linearilidad. Somos fragmentos ensamblados. Trozos de vida que vertebran formas concretas de existir [7].

La manera en que nos convertimos en sujetos de una sexualidad no escapa, ni mucho menos, a este serie de procesos en cadena. Y así, lo que hoy llamamos sexualidad (y que en las culturas europeas premodernas fue nombrado bajo claves de muy diverso signo) siempre ha sido objeto de cierta preocupación moral, la cual ha venido a justificar la validez o la invalidez de las muy diversas formas de existencia.

La carrera moral del individuo (téngase en cuenta que las mujeres no consolidaron su estatus de sujeto moral hasta muy entrada la era moderna) no afecta solo a su sexualidad, sino también a otros órdenes -desde luego, considerados «menores»- de la vida. Sin embargo, es el «sexo» de ese individuo la cuestión que nos interesa focalizar en este ensayo. A la carrera moral que desde siempre significó ser el portador de un «sexo» es a lo que yo llamaré «la carrera heterosexual».


La carrera heterosexual se remonta a la misma fundación de la casa del padre, cuyos orígenes se pierden en la Historia, aunque el Cristianismo tuvo un papel incuestionable en su definitiva consolidación.

Esta carrera ha podido estructurarse de muy diversas formas según el periodo histórico, las diferentes culturas, o los distintos tipos de sociedad, y es obvio que no han prescrito las mismas reglas para cada uno de los «sexos biológicos». Sin embargo, siempre ha estado entre los fundamentos de la ley del padre, en la lógica inmanente a su peculiar manera de existir y persistir.

El padre, para asegurar el ejercicio y pervivencia de su ley, debió así fijar un territorio, fundar una casa, y debió también dotarse de un cuerpo y una semblanza: la figura-hombre, idea-hombre.

Como correlato, el mantenimiento de los límites de su casa exigió también la construcción de una antesala fortificada y de los hijos más fuertes y mejor adiestrados para defenderla. Así fue como el Ejército adquirió carta de naturaleza: como antesala fortificada de la casa del padre. Desde ella pudo afianzar sus dominios y extenderlos, saciar su inconmensurable ímpetu expansionista. E imponerse en el interior de cualquier otra forma de existir y de ser sujeto.


En culturas católicas como la española el prólogo de la carrera heterosexual se sitúa en torno al rito de la primera comunión. A través de este recibimos por primera vez el cuerpo de Cristo, que como todo el mundo sabe es también el Espíritu Santo, y el Padre. Recibimos en nuestro interior la sagrada forma. La forma del padre.

Ingresamos así en su casa como miembros activos. Esta casa está regida por el sacerdote, que es también padre, el padre, que ha de poseer, obligatoriamente, la figura-hombre, idea-hombre, la única que tiene una posición privilegiada para relacionarse con la divinidad y trascender, mientras las mujeres y los homosexuales reconocidos -que no pueden ser curas- permanecen atados a la materialidad de sus cuerpos. La ley del padre puede así delimitar regiones de inteligibilidad del sujeto.

Constituidos en miembros activos de la casa del padre, protegidos y sujetos a su ley, portando la semilla de su forma en nuestro interior, recibimos el encargo de continuarla y engrandecerla. Nos embarcamos de esta manera en la carrera de nos permita alcanzar su misma plenitud.

La labor de darse a la continuación de la casa del padre requiere una preparación especial y distinta para ellas que para ellos. Mientras estos habrán de ser adiestrados para protegerla, sostenerla y expandirla, aquéllas tendrán que cuidarla, limpiarla y decorarla. Los primeros serán sometidos a un entrenamiento que multiplique la fuerza física de sus cuerpos. Las segundas, a un tipo de ornamentación del cuerpo que las inmovilice para hacer cualquier tarea que escape al ámbito doméstico.

Es de esta manera que el servicio militar adiestra y perfecciona los cuerpos que habrán de habitar la figura-hombre, idea-hombre, los que habrán de guerrear para ensanchar los límites de la casa del padre, los que habrán de inseminar a las que esperan decoradamente inmovilizadas y pasivas para ayudarlos a continuar la casa, los que habrán de ser padres, el padre.

Queda, por tanto, perfectamente circunscrita la posición simbólica del soldado: ser soldado es estar preparándose para ser padres, culminación de la figura-hombre, idea-hombre. Hetero.


Alguien podría objetar: pero tú has hecho muchas trampas en el texto, no es cierto, como insinúas, que la homosexualidad entre ellos fuese [8] «desde siempre» externa a la ley del padre.

Las feministas, muy en particular las pensadoras post-Irigaray, suelen ser quienes más se empeñan en ver rastros de una homosexualidad arcaica en el vínculo fundacional de la casa del padre. Esos vestigios de vínculo homosocial podrían haber llegado hasta el contrato social que dio pie al Estado «moderno». Se trataría de una sublimada homosexualidad instalada en base de cognición de los hombres, que requeriría de la circulación de mujeres como objeto de intercambio y relación entre ellos.

Trevor Hope, cuya cita encabeza este ensayo, ha querido rebatir esa teoría, y asegura que el deseo homosexual ya había quedado totalmente desplazado de este vínculo cuando la fundación de la Modernidad.

Por mi parte, y tomando distancias respecto de una estricta lectura psicoanalítica de la Historia, no tengo problemas en admitir que en sociedades como la de la Antigua Grecia -tan emblemática en esta materia- pudieran convivir ciertas formas institucionalizadas de homosexualidad entre hombres, perfectamente alojadas en la casa de padre (y en su antesala fortificada), con otra clase de sujetos «sexualmente incorrectos», y repudiados por su ley. Tales debieron ser, por ejemplo, aquellos adolescentes «blandos y carentes de nervio desde el nacimiento» a los se refería con desprecio en sus textos Séneca el Retor.

En otro orden de cosas, también se podría objetar que los maricas no somos ni tan impermeables ni tan ajenos a la figura-hombre, idea-hombre, que no es cierto que esta esté solo poblada por heterosexuales y que, en gran medida, consumimos nuestra existencia intentando seducir sexualmente a esa figura.

Desde luego en lo que al imaginario sexual se refiere, se habla con mucha ligereza de una cuestión sumamente delicada para nosotros. Podríamos admitir, primeramente, que este estuviera fuertemente anclado a la simbólica del hombre hetero. Sin embargo, lo que resultaría del todo dramático es que nos quedáramos sin imaginario, y esta es una problemática que requiere de ser marica, lesbiana o cualquier otro «torcido sexual» para entenderla en toda su profundidad . [9]

En un sentido más amplio, Hope sugiere que sería posible recuperar vagos y perdidos trazos de una arcaica y desplazada homosexualidad debajo del funcionamiento histórico de la simbólica hetero.

Este, desde luego, es un objetivo que se escapa a mi nivel de comprensión del psicoanálisis. Propongo como sencillo, aunque radical, punto de partida el desposeer al símbolo de su valor referencial y su naturaleza dualista. Es decir, cortar el lazo que une al significante (cuerpo del hombre) con el significado (figura-hombre, idea-hombre).

Soy muy optimista con los esfuerzos de autorepresentación que la comunidad gai (inevitablemente, del mundo occidental) viene realizando en los últimos años, como ha podido mostrarse a través del trabajo de muchos fotógrafos (el ya mítico Mappeltorpe) y otros creadores, que manejan disposiciones anatómicas y formas de inscripción del cuerpo del hombre en el conjunto de la obra que se desmarcan bastante de los códigos de referencia has habituales en la simbólica heterosexual. Aunque no cabe duda de que los «queer» y los heteros estamos obligados a compartir el mismo cuerpo, y que ambos tenemos una persistente obsesión por nuestro pene.

Abordar en profundidad la cuestión del imaginario gai es, sin embargo, un objetivo que desborda las pretensiones de este ensayo. Mi cometido es acotar al máximo las relaciones simbólicas de los maricas con la figura-hombre, idea-hombre, como propuse anteriormente.

Ello me sirve, además, de pretexto para llamar la atención sobre los efectos perniciosos que para los gais -como grupo oprimido y de muy frágil autoestima-, tienen afirmaciones como «bah, al fin y al cabo son como todos los tíos», o «bah, se pasan la vida buscando un macho que meterse en la cama». Tales afirmaciones simplifican y menosprecian nuestras distintivas formas de subjetividad (es decir, de ser sujetos). Siguiendo la lectura psicoanalítica de Hope, los gais «otros» quedaríamos de esta manera fóbicamente inscritos como el negativo de la normal y normativa subjetividad masculina. En otras palabras, estas afirmaciones se constituyen como prácticas discursivas que solo invocan al sujeto marica para expulsarlo, a continuación e inmediatamente, del «texto». El funcionamiento interno más habitual del discurso homofóbico.

Posiciones mucho más conciliadoras que la mía podrían sostener que no se debe ser tan receloso con la figura-hombre, idea-hombre, que maricas y heteros deberíamos colaborar en la destrucción de esta figura y constituir juntos el llamado movimiento por el nuevo hombre. No estoy de acuerdo con ello. Tomando prestados el sistema simbólico de Juliet Flower MacCannell y la subjetividad de las mujeres, correríamos un riesgo muy alto de intercambiar el gobierno del padre por el régimen de los hermanos. Y quizá las hermanas tendrían algo que objetar al respecto.

No creo que ese movimiento por el nuevo hombre sea el marco más adecuado para construir y reconstruir nuestras distintivas y diversas formas de subjetividad. Los maricas debemos, primeramente, romper con el hombre. Aunque vivamos en el mismo cuerpo.

Ambos, los heteros y los «queer» tenemos una indudable responsabilidad histórica para con el derrumbe definitivo del falo, quiero decir de la figura-hombre, idea-hombre, quiero decir del padre y su furia guerrera. Sin embargo, para ello debemos establecer, primeramente, espacios separados. Y asumo las acusaciones de reduccionismo, esencialismo, reivindicación del gueto y bla, bla, bla.

Al padre, In Memoriam

He tenido que venir hasta aquí, fría ciudad de un país extraño, para darme cuenta que no es posible saber quiénes somos y queremos ser, aquí y ahora, sin pararnos primero a pensar lo que hemos sido y apenas hemos cesado de ser. La historia de los individuos también se lee en los mitos, en los sistemas de signos y símbolos que los hacen inteligibles. Sobre todo en las mitologías de esas disciplinas del alma que han sido el cristianismo y el psicoanlálisis. Las cuales han aspirado desde siempre a mediatizar la relación de uno consigo mismo.

Porque sabemos que habrá de venir a obligarnos a ser los hijos pródigos que regresaron a casa. Porque harán falta pistolas para enfrentarse a esta guerra que nosotros no empezamos.

¿Pistolas? Sí, pistolas. Porque también nosotros, los que no fuimos sentados a la derecha de Dios padre, nosotras, travestis, también sabemos empuñar pistolas.

Nos armaremos con ellas hasta los dientes para revisitar los lugares donde fuimos excluidos, donde fuimos cuerpos violentados, domeñados, esculpidos de manera que pudiéramos fingir ser como los otros hijos del padre, los que fueron hechos a su imagen y semejanza, los que dominan los confines de la figura-hombre, idea-hombre.

Para volver a aquel colegio y narrar la parte no narrada de la Historia. Narrar que no es cierto que el marica se quedara quieto cuando los de octavo curso vinieron a buscarle, que sí logró recuperar muchos de los trazos perdidos de su dibujo, que vistió uniformes de placer no negado, que aprendió a amar a su animal.

Pistolas, sí, queremos pistolas. Para apretar el gatillo y disparar una, dos, mil veces contra el mismo corazón del padre, hasta verlo caer.

Es palabra de Caín.

Epílogo

En todas las mitologías a las que me he referido han sido centrales un padre, una casa y una ley. Pero en todas ellas han existido también, y afortunadamente, Narcisos que reivindicaron el derecho a quererse en su diferencia y Caínes que pasaron del padre, dejaron la casa y desobedecieron la impertinente ley.

He tenido que venir hasta aquí para darme cuenta que es posible volver a los mitos y saber quiénes fuimos, intercambiar simbólicas, restablecer territorios de intersubjetividad.

Además, se me antoja que la subjetividad marica pudiera ser transhistórica, que quedó catapultada bajo el signo heterosexual de la figura-hombre, idea-sobre con el advenimiento del Cristianismo. Tuvo entonces que transhumanar en «el otro» para sobrevivir. Estamos entre todas las personas deportadas de todas las guerras.

Han debido existir otros seres «sexualmente torcidos» no solo entre los sodomitas, sino también entre los brujos, los herejes, los locos, los criminales, los alcohólicos anónimos que decidieron no volver a la terapia de grupo. En todos aquellos emplazamientos donde se libraron luchas cotidianas por la subjetividad.

Y hemos estado también, por supuesto, entre los cobardes desertores a las grandes empresas bélicas de Occidente. Y estamos ya siempre, aquí y ahora, entre los insumisos al padre y su antesala de la muerte.

Bien pudiera ser, no obstante, que a finales del segundo milenio d. C. determinadas formas de vivir y pensar la homosexualidad logren ser institucionalizadas, realojadas en la casa del padre (aunque no por cierto en la habitación más iluminada), incorporadas a su vida doméstica, invitadas a posar con los demás para la foto de familia, a participar de sus insulsas maneras de existir y ser sujetos.

Mientras tanto, nosotras, «sexualmente incorrectas», seguiremos transhumanando y buscando regiones donde poder eludir la severidad de la ley del padre, apenas identificables, sin poder ser sujetadas, subjetivadas por él, vagando en la otredad.


La furia guerrera del padre ha resultado particularmente cruenta durante la Modernidad. Ríos de sangre ha derramado hasta extender los dominios de su casa por todo el mundo. Esta proximidad de la guerra con la figura-hombre, idea-hombre no es, en absoluto, arbitraria ni tendenciosa. Ya fue advertida por Freud, que no fue precisamente uno de los precursores de la teoría feminista.

Alguno podría, no obstante, mofarse: pero qué obsesión la de estas mariquitas, todo el día con la oreja pegada, intentando escuchar el tam-tam de la guerra en el pecho del padre. ¿Por qué lo hacen? ¿Para coger carrerilla y esconderse? ¿Para volver a refugiarse en la belleza inmarcesible de Dorian Gray? ¿O acurrucarse sobre el empalagoso bucolismo de Maurice?

No. Para armarnos. Porque nunca se duerme tranquilo mientras el padre respira.

Utrecht, Otoño de 1995

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De la Sección : {Noticias Destacadas}

El fútbol, una mercancía global

Pablo Alabarces

Jueves 24 de noviembre de 2022 NODO50

Si hay algo que prueba que el fútbol se convirtió en una enorme mercancía global es la elección de Qatar como sede de la Copa del Mundo. Pero el deporte puede —y debe— promover otros valores.

El domingo 20 de noviembre comenzará una nueva Copa Mundial de Fútbol masculino, el espectáculo más importante y más consumido del deporte en buena parte del globo. A la clásica exacerbación de nacionalismo, chovinismo y machismo a la que este tipo de competencias invita, este año también se agrega la polémica suscitada alrededor del país que oficiará como sede: el emirato de Qatar.

Con esta excusa, desde Revista Jacobin conversamos con Pablo Alabarces, investigador argentino especialista en estudios sobre el fútbol latinoamericano y la cultura popular. Hablamos de fútbol, deporte y política, de la FIFA, Joseph Blatter y Gianni Infantino, de Maradona y las contrafiguras de la cultura hegemónica del fútbol internacional, pero también sobre cuánto de cierto hay en la creencia de que este deporte ha devenido en una herramienta de dominación capitalista a nivel mundial y de qué experiencias existentes podemos servirnos para pelear por revertir esa situación.


Estamos a pocos días de que comience un mundial de fútbol atípico: cinco meses más tarde de lo habitual, en un país que carece de absolutamente cualquier tradición futbolística, gobernado por una dictadura absolutista, mediado por un escándalo de corrupción, además de estar impugnado por los principales colectivos de derechos humanos del mundo.

Creo que no me equivoco si digo que estamos frente a uno de los eventos deportivos de carácter internacional más criticados de las últimas décadas. ¿Cómo llegamos hasta acá y qué nos dice esto del estado del fútbol en tanto mercancía cultural global?

Con respecto a esa definición, sí. Es muy factible que la Copa Mundial de Qatar sea el hecho más escandaloso, más grotesco, desde que el fútbol se constituyó en una mercancía global. Antes de eso, tenemos al mundial de 1978 organizado en Argentina. Y eso ya lo dice todo. Los mundiales de fútbol masculino, dentro de todo, se habían mantenido relativamente indemnes a los vaivenes políticos hasta el mundial organizado en Argentina, que establece una complicidad grosera entre João Havelange —presidente de la FIFA desde 1974 hasta 1988— y la dictadura militar.Con hechos macabros como la cercanía entre el estadio de River Plate (donde se jugó la apertura y la final de la copa) con el principal centro clandestino de detención del país, la ESMA, y también con el escándalo que envuelve el partido de fase de grupos entre la Argentina y el Perú.

De ahí en adelante ya todos supimos que la FIFA es una institución corrupta y que el fútbol se estaba transformando en una gigantesca mercancía global que se podía vender en todo el mundo. En ese contexto, sí, que la copa del mundo se organice en Qatar es consecuente con la historia reciente del fútbol global. Cabe hacer una aclaración: el mundial anterior fue organizado en Rusia, que no era en ese momento —ni es ahora— una democracia occidental progresista respetuosa de los derechos de las minorías… la aprobación de la sede de Rusia estaba enlazada con la aprobación de la sede de Qatar, lo que colocó bajo sospecha a ambos mundiales.

Lo que ocurre es que la sede qatarí sí destapa a una serie de cosas. Por un lado, las incompatibilidades que describís en tu pregunta: una monarquía dictatorial completamente irrespetuosa de todos los derechos humanos básicos y especialmente de las nuevas generaciones de derechos, como los de género, a lo que debemos sumar la explotación según parece desvergonzada, salvaje y animal de una mano de obra casi esclava y la ausencia radical de una tradición futbolística mínima. El mundial organizado en Sudáfrica en el 2010, por ejemplo, significó el reconocimiento institucional de la existencia de una tradición futbolística continental en África, algo similar a la Copa del Mundo organizada en Corea del Sur y Japón en el 2002. Lo que ocurre en Medio Oriente, y en particular en la península arábica, es diferente, ya que es muy discutible de que allí exista algo similar a lo que podamos llamar una tradición futbolística.

Ahora, fijémonos que además la elección de Qatar como sede dispara todo el «recambio cosmético» de la FIFA. A partir de Qatar cae toda la cúpula directiva latinoamericana de la FIFA, algo que para mí no es un hecho de tristeza, más bien todo lo contrario. Lo único que sí lamento es que [Julio] Grondona se haya salvado, solamente gracias a que murió antes de poder ser encarcelado. Como señaló Ezequiel Fernández Moores —en mi opinión, el mejor periodista deportivo de Argentina— es bueno recordar que la cúpula latinoamericana de la FIFA se derrumba producto de una conspiración contra la conspiración, en la que la dirigencia latinoamericana cayó por una contraconspiración generada por el FBI sencillamente para conseguir otra candidatura mundialista.

Por otro lado, que se haya desplazado a Joseph Blatter para entronizar a Gianni Infantino y que, a su vez, Infantino haya entronizado a Mauricio Macri como presidente de la Fundación FIFA, no habla precisamente muy bien de la transparencia de la actual administración del fútbol mundial. Pero este, más bien, es un fenómeno extenso. Hoy el fútbol no es solo dirigencias corruptas; más bien el fútbol —Havelange mediante— se transformó de una mercancía trasnacional exitosísima para convertirse en una mercancía global. Ahí, toda la literatura coincide en que fue con la Copa Mundial de 1990 organizada en Italia cuando el futbol adquirió una dimensión verdaderamente global. En esa Copa del Mundo aparecen de forma más directa los grandes capitales televisivos, con tres figuras clave: Silvio Berlusconi, Rupert Murdoch y Bernard Tapie, y es cuando se presenta la metodología de televisación de los partidos mediante el sistema Pay Per View (PPV).

La novedad de este siglo es una catarata de capitales que vienen de todos lados. Primero fueron los rusos y ahora son principalmente los capitales árabes —entre los que se cuentan los qataríes— los que están fluyendo hacia el fútbol europeo y que, con metodologías de circulación non santas y por lo general ilegales, transforman el mapa del fútbol global. Creo que todo esto es lo que se está poniendo en escena en esta Copa del Mundo: corrupción, transformación en los flujos de capital y el peso creciente de la televisión. Al menos desde inicios del siglo veintiuno, este proceso ocurre a una velocidad muy aguda y en aceleración constante. Dentro de todo este escenario, que la Copa del Mundo sea en Qatar, es lo de menos. Qatar agrava un panorama que ya es grave de por sí.

Afiche de la izquierda francesa llamando a boicotear la Copa del Mundo de 1978 en Argentina.

En tus textos sobre fútbol sueles señalar que la clase política en América Latina está absolutamente convencida de que existe una relación causal entre el éxito deportivo y las victorias políticas, a pesar de que no hay ninguna evidencia que nos permita llegar a esa conclusión. Si esto es tan evidente, ¿por qué crees que esa idea persiste tanto entre las clases dominantes como entre la opinión pública?

No solo no hay evidencias a favor, sino que hay evidencias contrarias a esa tesis. Las clases dominantes son siempre más inteligentes que las clases dominadas, y en base a eso y a su poder basado en la acumulación de capital es que consolidan su dominio, pero eso no las convierte en las clases más inteligentes. Vamos a poner un ejemplo local que además persevera en el error, por decirlo de alguna manera, que es el caso de Mauricio Macri. En su último libro Macri insiste en plantear la asociación entre éxito deportivo y victoria deportiva en tanto relación de causa-efecto, sin ningún tipo de matiz: «Soy lo que soy porque fui presidente de Boca Juniors». Eso no ha sido fehacientemente demostrado en ningún momento. No hay flujos electorales que puedan ser distribuidos en base a los éxitos deportivos.

Hay, por el contrario, una cosa que sí sucede: Macri transforma sus «éxitos deportivos» (remarco las comillas) en éxitos de gestión, a pesar de que cualquier análisis más o menos desapasionado encuentra la coincidencia de que Boca Juniors no fue una empresa exitosa durante la presidencia de Macri, lo que lo convierte en un gestor de capacidades al menos dudosas. Por no hablar de algo que nadie recuerda —salvo yo, y me jacto de eso— y es que Macri presidió Boca Juniors y durante sus doce años de gestión al frente del club negó sistemáticamente la existencia de una «barra brava». A Macri le podemos reconocer un enorme éxito argumental, considerando que la ciudadanía argentina decidió confiar en ese enunciado y lo coronó presidente de la Argentina porque había dejado a Boca sin «barra brava», un milagro increíble.

Quiero decir, Macri cree en esa asociación entre éxito deportivo y victoria política. Y se erige, se presenta a sí mismo, como prueba de esa asociación. Frente a esto, la respuesta lógica de la clase política debería ser contestar ese argumento explicando que no es así, que esa asociación no puede ser demostrada y que, por lo tanto, es falsa. Y cuando digo que no puede ser demostrada digo que, veamos, por ejemplo, las últimas copas mundiales en relación a la política argentina. En 1986, la selección nacional ganó la Copa del Mundo, pero Raúl Alfonsín, presidente en aquel momento, perdió las elecciones de medio término menos de un años después. En 1990 la selección argentina perdió la final de la copa del mundo, Carlos Menemse asoció a esa selección derrotada y eso no produjo absolutamente nada en términos políticos. Nadie podría explicar el Plan de Convertibilidad en base al desempeño deportivo de la selección argentina en Italia.

En 1994 la selección argentina quedó eliminada en el primer partido de la segunda ronda, pero lo que genera eso es un fenómeno absolutamente autónomo cuando aparece la figura de Diego Maradona politizándose. La figura de Maradona aparece como una contrafigura, una figura de resistencia, en el contexto de la Marcha Federal de 1995 contra el menemismo. En el año 2002, que es el caso más gracioso, se dice que el entonces gobernador de la Provincia de Santa Fe Carlos Reutemann le dijo al entonces presidente Eduardo Duhalde que había que solucionar la cuestión del «corralito» antes de la Copa del Mundo, ya que si además la selección quedaba eliminada en primera ronda el país explotaba por los aires. Había, además, una «contra-hipótesis», según la cual si Argentina ganaba el mundial de Corea-Japón se solucionaban todos los problemas. La derrota impidió comprobarla, aunque sí permitió comprobar la falsedad de la hipótesis original: no hubo ninguna alteración del clima social y político con respecto a la situación previa a la eliminación de la selección argentina.

Creo que ese ejemplo, el de la Copa del Mundo del 2002, es el mejor para pensar en la situación actual: el mundial ocurre muy lejos, con horarios insólitos y el país sumergido en una enorme crisis (a pesar de que la situación en 2001 y 2002 era en mi opinión incomparablemente peor que la situación actual). Pero postular que hay algún tipo de relación entre lo que ocurra con la selección argentina y la situación social y política significa desconocer la propia historia argentina en relación al fútbol. Esa relación sencillamente no es posible.

Yo agregaría a esa «ignorancia sociológica», por llamarla de alguna manera, otra tensión: la del mito de la cortina de humo, una teoría en la que la clase dirigente también cree, que dice básicamente que la copa mundial de fútbol genera un efecto de distracción en la gente, gracias al que se puede hacer políticamente casi cualquier cosa porque nadie se va a dar cuenta. Esa tesis no es compartida solo por las clases dirigentes, sino que también es compartida por una enorme cantidad de individuos de a pie que sostienen que a un montón de otra gente (pero nunca a ellos mismos, ya que nunca nadie va a sentenciar la eficacia de la cortina de humo desde su propia experiencia) es embaucada durante el mundial por la dirigencia política, gracias al modo en que el evento opaca la conciencia de la población. Esta tesis, por supuesto, también es insostenible.

Y quiero ser claro: no es insostenible en términos argumentales. Es insostenible en términos empíricos, y ese es el punto: es empíricamente insostenible. El caso más claro es, de nuevo, el de la Copa del Mundo de 1978, donde no cabe absolutamente ninguna duda de que la dictadura intentó usar al mundial de fútbol para generar consenso social, eso sí está probado. Ahora bien, lo que no está probado es que lo haya obtenido. Es más, muy poco después de la victoria argentina en el mundial, en 1979, ocurre el primer paro general contra la dictadura. Entonces, ¿cuál es la idea de un consenso social cívico, militar y ciudadano que termina produciendo un paro nacional y que supone un nuevo impulso de la resistencia contra la dictadura? Por eso, digo, todo lo que estoy argumentando no es una opinión, no es una hipótesis, es una cuestión empírica.

En Fútbol y patria queda claro que las selecciones nacionales no representan a un país ni a todos sus habitantes. Podríamos pensar que las selecciones nacionales representan, al menos, al fútbol de esos países, pero esa propuesta choca con la paradoja de que no hay ninguna gran figura del fútbol latinoamericano que, producto de la globalización del fútbol, no haya migrado hacia Europa desde muy joven. Recuerdo el ejemplo que pones de un relator argentino en el Mundial de 2002 describiendo a la selección argentina como «un seleccionado del Primer Mundo representante de un país del Tercer Mundo». Pero si las selecciones nacionales no representan ni a los países ni ya tampoco al fútbol de los países, ¿a quién representan?

Las selecciones nacionales representan a las asociaciones de fútbol de esos países. Está muy bien el planteo, porque como nunca me había sucedido antes —y ahora opino como futbolero y como espectador de mundiales desde 1970, no como sociólogo— debo decir que esta es la primera vez que no puedo decir de qué club viene cada jugador argentino, porque no lo sé. Sé con seguridad, en cambio, que Lionel Messi no viene de ninguno. Ese es el caso más claro en el que no solo no se produce el debut del jugador en la primera división argentina, sino que ni siquiera hizo las divisiones inferiores en el país. En caso del arquero argentino —Emiliano «Dibu» Martínez— es también llamativo: es la primera vez en la que el arquero de la selección no jugó ni un solo partido en la primera división del país. Esta tendencia viene de más atrás, pero antes, al menos, podíamos trazar las trayectorias futbolísticas de los jugadores de la selección dentro del fútbol local. Ahora, yo por lo menos, no puedo hacer eso.

Hay aquí un fenómeno doble. Por un lado, un fenómeno de representación. ¿Qué representan estos jugadores? Una asociación. Esto es muy habitual en el fútbol global. La relación entre nacionalidad y selección nacional es cada vez más compleja, porque toda Europa está reorganizada por lasentencia Bosman. El caso inglés es muy notorio. En 1999 yo estaba haciendo mi doctorado en Inglaterra y recuerdo una nota de tapa de The Guardian que señalaba en la previa del clásico londinense entre el Arsenal y el Chelsea que solo tres de los veintidós jugadores titulares eran jugadores ingleses, y de esto hace veinticinco años. Quiero decir que estas transformaciones son muy viejas y no atañen solo a la Argentina ni al fútbol de selecciones. El caso de Brasil, por ejemplo, es bastante similar.

Entonces, ¿qué representan? Sin duda, a sus asociaciones nacionales. Ahora bien, en tanto mercancía, sí se sigue vendiendo que lo que se pone en juego, lo que representan, son otros juegos de tradiciones, sentires y pesares. Eso se ve de forma muy clara ahora, en la época de la publicidad mundialista —que para mí es directamente una pesadilla— donde se ve un desborde patriotero más duro y agudo que nos muestra cómo se nos intenta vender como mercancía una ficción según la cual se naturaliza la relación entre la nación y la selección de fútbol: son «los nuestros», somos «nosotros»… y digo nosotros acentuando la letra «o», porque se sigue tratando exclusivamente de varones; a pesar del crecimiento del fútbol femenino, todavía cuesta la declinación inclusiva, por decirlo de alguna manera. Porque, claro, este fútbol es de varones: son once varones y se recurre a tradiciones masculinas, a relatos masculinos y a momentos masculinos, lo que objetivamente pone todavía más en crisis a esa representación. No solo son jugadores que no juegan en nuestro fútbol; son, además, varones que no representan a una sociedad mucho más compleja y plural.

Y déjame hacer un comentario adicional. Anoche miré la miniserie de Netflix sobre la victoria de la selección argentina en la Copa América del año pasado, y la verdad es que es de una mediocridad pavorosa, pero lo interesante es observar el hecho de que estos jugadores ya no pertenecen a las clases populares argentinas. Ya no son ni lúmpenes, ni desclasados, ni siquiera hijos de familias obreras; claramente son todos hijos de las clases medias, que hablan con todas las limitaciones intelectuales, culturales y enciclopédicas de las clases medias. Son hablados por el lenguaje del periodismo deportivo y no salen de ahí.

En un momento del documental se lo ve a Messi diciendo algo así como que a pesar de que la gente dice que ellos tienen mucha plata y que viven en otro mundo, a ellos les pasa lo mismo que a todo el mundo. Vos mirás eso y decís «yo lo mato». Messi tiene el dinero para que vivan sin trabajar ni un día hasta sus tataranietos, y nos dice que le pasan las mismas cosas que a nosotros… y, sin embargo, ahí está la ficción de la representación, que es una ficción trabajada y pensada en los términos mismos de la ficción, porque en eso se deposita el éxito de la mercancía. Porque si la mercancía no vende adecuadamente esa ficción, ese producto, fracasa, no existe más. Entonces hace falta que estos jugadores sean presentados como gente común, es decir, como nosotros si supiéramos jugar al fútbol. Fuera de eso, de que Dios no nos bendijo con ese talento futbolístico, ellos son exactamente iguales a nosotros. Inclusive porque dicen las mismas tonterías que decimos nosotros cuando hablamos de fútbol. Eso es parte de esa ficción representacional.

Imagen promocional de Sean eternos, documental de Netflix.

El exfutbolista de la selección francesa Liliam Thuram escribió que la victoria de la selección francesa en el Mundial de 1998 ayudó de alguna manera a consolidar el imaginario de una Francia inexorablemente multirracial (a pesar de que sigue habiendo mucha gente, inclusive periodistas deportivos, que se esfuerzan por remarcar el origen migrante de varios jugadores de la selección francesa). ¿Piensas que puede ser cierto? ¿O es más una expresión de deseo?

Es mentira, una gran mentira. Inclusive, una mentira que explotó por los aires apenas seis años más tarde en toda Francia con la sublevación de les banlieues. Ahí quedó cabalmente demostrado que la supuesta integración multirracial francesa rápidamente podía transformarse en un espiral de violencia racial y represión estatal.

Hace algunos años tuve el gusto de conocer a Christian Karembeu, jugador de la selección francesa campeona de la Copa del Mundo de 1998. Le pregunté como trabajaron en el vestuario esta contradicción entre la expectativa nacional y su propia posición política, ya que Karembeu era, además de un gran futbolista, un militante por la independencia de las colonias francesas en la Polinesia y contra las pruebas atómicas (recordemos que Francia usaba a sus colonias en la Polinesia para implosionar bombas atómicas y ver qué pasaba), y él me respondió de forma muy clara. Me dijo que todos los jugadores de esa selección sabían que ganar la Copa del Mundo inmediatamente multiplicaba el valor de cada uno de ellos en el mercado, y que los llevaba directamente a ser contratados por los mejores equipos del mundo, como el Real Madrid o el Manchester United. Esto quiere decir que no jugaban por la patria, sino por ellos mismos. Este presunto valor unificador de la sociedad francesa a través del fútbol fue, nuevamente, falseado por la evidencia empírica.

A comienzos de 1999 yo estaba en Inglaterra, y estuve en la presentación de un libro en el que colegas sociólogos vendían exactamente el mismo argumento sobre la nueva Francia multicultural y multirracial evidenciada en el éxito futbolístico de la Copa del Mundo de 1998. Seis años después, Francia se encontró frente a una insurrección racial y con un Nicolas Sarkozy que como Ministro del Interior que decretó el estado de urgencia y llamó a «limpiar las calles de la inmundicia». ¿De qué Francia multicultural y multirracial estamos hablando? Era falso. Una ilusión.

Hagamos un ejercicio de ficción. Supongamos que la selección argentina gana la Copa del Mundo. Todo el mundo sale a la calle —cosa que yo también haría— y vamos todos al Obelisco. Algunos irán a la Plaza de Mayo, y si algunos van a la Plaza de Mayo no tengas dudas de que Alberto y Cristina van a estar a los codazos para ver quién sale primero al balcón de la Casa Rosada. Ahora bien, los que vayan a la Plaza de Mayo van a ser los menos, ya que saben que se van a encontrar, justamente, con Alberto y Cristina, así que nosotros vamos para el Obelisco. Ahí encontramos a dos millones de personas festejando. De forma inmediata todas las tapas de los diarios, de los portales de noticias, todos los sitios web van a decir que esa es la «unidad nacional».

Pero seamos claros: un mundial de fútbol masculino no va a reconciliar a una sociedad que está partida por múltiples líneas de fuerza económicas, políticas, sociales y raciales que son muy duras. Estas fracturas son cada vez más radicales, diría hasta más fascistas inclusive. ¿Alguien puede creer que un título mundial de fútbol puede reconciliar a las terribles fracturas que permitieron, entre otras cosas, el reverdecer de un racismo decimonónico en Argentina? ¿El fútbol va a hacer eso? No lo creo.

Cuando analizas la figura de Messi, notas que los héroes futbolísticos actuales pueden ser héroes, pero que no pueden ser nacionales. En un sentido antitético alo que representaba Diego Maradona, parecen ser ídolos o bien despolitizados o bien que impiden la politización de sus figuras. En ese sentido, ¿te sorprendió el apoyo de buena parte de la selección de Brasil a Jair Bolsonaro?

No, la verdad es que no me sorprendió. Creo que hay un dato previo que tenemos que tomar en cuenta, y es el evangelismo. El peso del evangelismo en el fútbol brasileño es descomunal, y creo que es lo que acá funciona como mediador entre los futbolistas y sus posiciones políticas. No les digo esto a mis amigos brasileños porque son progresistas, pero creo que les hace mal el fantasma de la Democracia Corinthiana. Siguen pensando que Sócrates, lector de Gramsci, que organizó al equipo en 1982 en una lucha contra la dictadura, sigue siendo el faro de referencia. Ahora en Brasil el faro de referencia de los futbolistas es la organización neopentecostal Atletas de Cristo, que tiene más de treinta años y que hizo una tarea descomunal de evangelización en el fútbol brasileño. Creo que este es un mediador mucho más eficaz que explica el apoyo de los futbolistas de la selección de Brasil a Jair Bolsonaro.

En Argentina, en cambio, me animaba a decir hasta hace un tiempo que lo que primaba dentro del fútbol era la frase de «nunca me metí en política, siempre fui peronista». Últimamente eso ha cambiado, justamente porque el peso de Mauricio Macri y de mucha gente que lo rodea en el mundo del fútbol provocó bastante fisuras al respecto. Recordemos que Carlos McAllister, exfutbolista de la selección argentina, fue funcionario del gobierno de Macri, lo que me hace dudar mucho de que su hijo Alexis, actual jugador de la selección argentina, se proclame kirchnerista. Messi, por otro lado, ha evitado minuciosamente cualquier tipo de afirmación política local, regional, latinoamericana o mundial. No sabemos, por ejemplo, si apoya o no la invasión rusa a Ucrania, mirá lo que te digo.

En referencia a esto último, los deportistas de élite que tuvieron manifestaciones políticas de izquierda enfrentaron importantes consecuencias. Fuera del fútbol, el caso de Colin Kaepernick, jugador de la NFL que en 2016 se arrodilló para protestar contra la violencia racial y luego fue vetado y obligado a terminar su carrera como deportista, parece ser significativo. ¿Puede un deportista de élite posicionarse abiertamente como simpatizante de la izquierda?

Existe esa posibilidad. Y creo que se puede ver mejor del lado de las mujeres, con figuras como Megan Rapinoe, una feminista radical, progresista y antirracista que lidera la selección de fútbol femenino multicampeona de los Estados Unidos. No conozco el tema con tanta minucia, pero el fútbol femenino se declaró feminista y militante, lo que le valió mucho éxito, pero también muchas críticas. Pienso en la figura de Macarena Sánchez en Argentina, que se desempeñó como Secretaria Nacional de Juventudes y ahora funge como Subsecretaria Nacional de Fortalecimiento Deportivo.

Es verdad que a los deportistas varones les cuesta más, pero también es justo decir que se enfrentan a una represión mucho más dura. Un deportista de élite politizado no es necesariamente una buena mercancía; es más bien, en principio, una mala mercancía, ya que las mercancías globales necesitan buscar a la mayor cantidad de consumidores posibles, y las posiciones políticas recortan esos consumidores, por decirlo de alguna manera.

Esto lo dije varias veces en relación al caso de Diego Maradona. El apoyo a su figura no siempre fue unánime. Siempre cortó a la sociedad en términos políticos y, más recientemente, lo hizo en términos de género. Los posicionamientos políticos no son buenos para un régimen mercantil, y menos para el régimen mercantil que organiza la sociedad espectacular del deporte. Ahora bien, excepciones siempre hay, y son excepciones quizás porque se vuelven ruidosas por ese carácter excepcional. Pienso en los casos de Rapinoe y Kaepernick, pero también en los de Eric Cantona o del mismo Karembeu. Esas excepciones existen, pero también hay que señalar que tanto la FIFA como las demás asociaciones de fútbol prohíben y penalizan ese tipo de manifestaciones. Hay varios casos en los que la policía o algún comisario deportivo impiden a los hinchas de un club exhibir banderas que se solidaricen con alguna causa social o política, lo que habla del carácter complemente antidemocrático de esos aparatos institucionales que no respetan ni siquiera una libertad tan básica como la de expresión.

Entonces hay que ser una figura con mucha potencia como para poder plantarse y decirle a las asociaciones que todas sus prohibiciones importan un cuerno, y jugársela por los derechos de las minorías, por ejemplo. En el fútbol argentino, organizado a través de la homofobia, veo muy difícil que sus principales figuras salgan a reivindicar los derechos a las minorías sexuales. Me sorprendería mucho y muy gratamente, y estoy dispuesto a dejarme sorprender, pero no soy optimista.

Megan Rapinoe se arrodilla durante el himno nacional de EE.UU. para mostrar su solidaridad con Colin Kaepernick. (Foto: Kevin C. Cox vía Getty Images)

En Historia mínima del fútbol en América Latina remarcas que pensar en una historia común del fútbol latinoamericano implica la decisión intelectual de construir algo que no existe, ¿a qué te refieres?

Existe un fútbol en América Latina, pero hablar de fútbol latinoamericano ya es bastante más complicado. Hay límites geográficos y también institucionales. Por ejemplo, hay dos organizaciones de fútbol en el continente —la CONMEBOL y la CONCACAF— en la que una de ellas incluye al norte anglosajón del hemisferio. Un fútbol latinoamericano debería ser uno en el que la Copa América se disputara entre todos los países de América Latina, desde México hasta Chile y Argentina. Pero la relación entre el fútbol mexicano y el fútbol sudamericano fue siempre compleja y difícil, por no decir lejana. Recién a partir de la década de 1970 comienza un flujo de futbolistas sudamericanos hacia México, que incluye a los directores técnicos. El fútbol mexicano y los mexicanos admiran al fútbol de Argentina y Brasil, pero les queda demasiado lejos, lo que impide que se construyan relatos de identificación más profundos.

Si uno aislara a Sudamérica podríamos llegar a encontrar una integración más fuerte, porque los flujos son más antiguos, tiene un siglo de historia compartida. Argentina y Uruguay jugaron el primer partido oficial en 1902, hace 120 años, es mucho. La Copa América se jugó por primera vez en 1916, más tiempo del que tiene funcionando la UEFA. Entonces sin dudas hay relaciones, pero en última instancia el futbol de cada país funciona de manera aislada. Uno puede producir unidad, un relato relativamente unificado y coincidente, y sería relativamente fácil hacer una historia conjunta del fútbol rioplatense, pero con eso no decimos argentino y uruguayo, ya que ambos casos fueron profundamente metropolitanos. Y así encontramos una serie cada vez más grande de diferencias.

El hecho de que el fútbol de Brasil se organice a partir del doble eje entre Rio de Janeiro y San Pablo lo revela de una forma muy distinta al de Buenos Aires y Montevideo. En el caso chileno, Valparaíso y Santiago aparecen como la evidencia de una disputa más amplia entre le puerto y la capital, y muestra cómo no paran de emerger diferencias. Por eso cuesta mucho encontrar coincidencias; nos enfrentamos con la necesidad de inventarlas como la última posibilidad de generar un relato unificado.

Para colmo, a las tradiciones de oposición clásicas entre Argentina y Uruguay, Uruguay y Brasil, Brasil y Argentina, se le van adosando otras, como entre Colombia y Argentina, Chile y Perú, Perú y Ecuador, generando nuevos puntos de disidencia. Ahí es que Maradona, primero, con muchas críticas y resistencias, fue llorado en todo el continente y se establece como punto de unificación. La admiración por Messi, por otro lado, es directamente continental. Yo mismo he visto a una ciudad de Cali completamente paralizada por un partido de Champions League del Barcelona, una cosa verdaderamente insólita… pero son excepciones. La otra gran excepción es justamente el caso fantástico y excepcional en el que el mejor equipo de Europa —y seguramente del mundo— estuvo protagonizado por una delantera integralmente latinoamericana: Messi, Suárez y Neymar. Duró apenas dos años y no se volvió a repetir. Es un caso único.

Hay un breve texto de Terry Eagletonescrito en la previa del Mundial de Sudáfrica en 2010 donde sostiene que el fútbol se ha convertido en una herramienta para la dominación capitalista y que nadie que quiera un cambio radical puede eludir la necesidad de abolirlo, aunque la paradoja reside en que esto es políticamente imposible. ¿Es el fútbol un aliado de las clases dominantes?

No necesariamente. En buena parte, mi trabajo sobre los hinchas y las hinchadas de fútbol me ha llevado a pensar que hay que desempolvar la categoría de alienación. En ese sentido, diría que Eagleton tiene razón, pero en otro sentido también diría que exagera. Para contrarrestar esa cita te diría que Raymond Williams dijo que la televisión se había inventado solamente para transmitir fútbol, y que solo por eso ya valía la pena.

No creo que el fútbol sea una herramienta de dominación, porque si lo creyera estaría diciendo que creo en la teoría del fútbol como cortina de humo. Sí creo que hay que pasar el plumero a la categoría de alienación y volver a ponerla en juego, pero no como una estructura social totalizante. No es que el fútbol opaca la comprensión de las relaciones sociales estructurales o que impide la comprensión del carácter de las relaciones materiales, sino que el fútbol como práctica hinchística aliena la compresión de tu propia práctica. El hecho de que vos puedas desear la muerte del otro en un estadio de fútbol quiere decir que ahí tenemos un problema.

Pero, por otro lado, también tenemos el fenómeno del surgimiento de las hinchadas antifascistas, principalmente en América Latina. Ha surgido una militancia de izquierda, progresista, que a pesar de todos los problemas de definición que tienen las izquierdas en el siglo XXI, se definen así mismas como antifascistas. La semana pasada, hinchas del Atlético Mineiro salieron a la calle a disolver los cortes de ruta organizados por los sectores más radicalizados de la ultraderecha bolsonarista. En Colombia, las hinchadas antifascistas estuvieron en la primera línea durante el Paro Nacional en 2021. En Chile las hinchadas antifascistas estuvieron presentes en el estallido social. Hay algo nuevo en esta participación de las hinchadas en movilizaciones políticas contestatarias y rebeldes.

Lo que ocurre es que, a diferencia de lo que pasa en Europa, y en particular en Europa del este, donde los grupos de hinchas organizados están dominados por el neonazismo, el antisemitismo y el racismo, en América Latina eso no ocurrió nunca. No hay casos de hinchadas fascistas; por el contrario, ha surgido —con todas sus dificultades y contradicciones— un fenómeno inverso. Insisto: una pelea entre hinchas es impensable si no usas una categoría como la de alienación, pero que surjan estos movimientos militantes antifascistas nos dicen que no todo está perdido, por decirlo de alguna manera.

«Ama al América, odia el fascismo», bandera de la hinchada del América de Cali.

Para terminar, déjame sacarte del fútbol. En tu libro Pospopulares cuentas una anécdota muy divertida sobre un debate en la década del 80 sobre el cambio curricular en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires: una crítica lapidaria de Jorge Luis Borges al programa de reforma que mostró los problemas de pensar las culturas populares desde la academia. ¿Es posible conocer lo popular desde la academia o lo que prima es el desencuentro entre ambos ámbitos?

La academia latinoamericana ha tenido históricamente unos problemas descomunales con el mundo popular: de rechazo, de distancia, de incomprensión… en algunos casos, se vio obturada incluso por cierto pánico antipopulista. Para mí eso fue muy claro desde que comencé a estudiar estos temas. Creo que esto implica, fundamentalmente, un problema político. La cuestión central es que no se puede construir una política popular y democrática en América Latina sin conocer el mundo popular. Esto nos lo enseñó Gramsci en las observaciones sobre el folclore. Si uno no conoce el sentido común popular, la filosofía popular, si uno no entiende que ahí hay concepciones del mundo y de la vida complejas, fragmentarias, distintas e incluso opuestas a las dominantes… que son asistemáticas, precarias y cambiantes, pero que existen, si uno no conoce ese mundo popular no hay modo de construir una política transformadora o una política revolucionaria.
Por supuesto, existe un riesgo populista y es que una vez que conoces a ese mundo, lo festejas y se acabó. Eso no está bien. Quiero decir, se festeja, pero también debemos apuntar a transformarlo, y en ese sentido soy ortodoxamente gramsciano. Pero lo primero siempre es conocer ese mundo popular que es, por lo general, o bien despreciado o bien proyectado en el propio deseo del observador, en cómo nos gustaría que fuera el mundo popular. Uno debe conocer el mundo popular tal cual es a los efectos de poder transformarlo en otra cosa; en una conciencia de sí y en una construcción contrahegemónica.

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Memoria

El Quemado: 50 años luchando por la justicia

Texto: Alejandro Ruiz , Fotos: María Ruiz

Domingo 13 de noviembre de 2022 NODO50

Después de más de 24 horas en huelga de hambre frente a Palacio Nacional, 62 campesinos de El Quemado, Atoyac, Guerrero, lograron que el gobierno federal atendiera sus demandas: justicia y verdad por el asesinato, tortura y desaparición de sus familiares hace 50 años, cuando el ejército mexicano llegó por ellos a su comunidad, acusándolos de guerrilleros

CIUDAD DE MÉXICO. – Arturo Morales tenía 12 años cuando el ejército mexicano llegó a su comunidad: El Quemado, ubicada en el municipio de Atoyac de Álvarez, en Guerrero. Ese día, el 5 de septiembre de 1972, los militares detuvieron a 90 campesinos, entre ellos a J. Beda Ríos, padre de Arturo, quien hasta la fecha continúa desaparecido. A su corta edad Arturo tal vez no sospechaba que ese hecho, aquello tan horrible que vio, fue el inicio de la Guerra Sucia en México.

“Mi padre fue desaparecido el 5 de septiembre de 1972, cuando llegó el ejército a nuestra comunidad El Quemado, municipio Atoyac de Álvarez. Llegó, detuvo, torturó, desapareció y encarceló a más de 90 campesinos de nuestra comunidad. En ese tiempo yo tenía 12 o 13 años, y ya tenía uso de razón. Me tocó vivir los acontecimientos en carne propia”, narra.

Con el rostro enrojecido por el sol, Arturo cuenta su historia frente al palacio nacional, en la Ciudad de México. Junto a él, otros 61 campesinos de El Quemado han viajado desde su comunidad para exigirle al gobierno federal que cumpla sus promesas. Piden justicia y reparación del daño por ser víctimas de la Guerra Sucia. Lo hacen mediante una huelga de hambre.

“Ya hemos padecido hambre durante 50 años, desde que nos quitaron a nuestros padres, por eso no le tenemos miedo a esto y exigimos que nos escuche el gobierno”, dijo otro campesino, Daniel. Él también es hijo de uno de los desaparecidos de 1972.

No obstante, los habitantes de El Quemado no dudan en afirmar que están de acuerdo con el gobierno de López Obrador. Pero dicen que es necesario que el presidente y su gabinete cumpla sus promesas, “si no será pura simulación”.

Un día después de iniciar la huelga, el subsecretario Alejandro Encinas sostuvo una reunión con los campesinos. Sus demandas fueron escuchadas, y las víctimas regresaron a su comunidad. Sin embargo, antes de partir, Arturo lo dice claro:

«Vamos a vigilar que estos acuerdos se cumplan, porque si no nos van a salir como antes”.

Plantón de la comunidad frente a Palacio Nacional. Foto: María Ruiz
Plantón de la comunidad frente a Palacio Nacional. Foto: María Ruiz.

La justicia contra la burocracia

En 2001, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió la recomendación 26/2001. En ella dice que las víctimas indirectas de lo que pasó aquél 5 de septiembre de 1972 tienen derecho a acceder a la reparación del daño. Sin embargo, ninguna autoridad hizo valer esta garantía. Años después, cuando el gobierno de Vicente Fox creó la Fiscalía Especializada para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), los campesinos de El Quemado tocaron sus puertas, esperando que este nuevo órgano les ayudara a hacer valer sus derechos. Su caso se perdió en la burocracia, y como señalaron durante la huelga de hambre “la FEMOSPP todo el tiempo se dedicó a gastar dinero, y solo producir kilogramos de papel”.

Después vinieron otras comisiones, presidentes, funcionarios y abogados que prometían que “ahora sí” se cumplirían sus derechos. Sin embargo, fue hasta el 2017, cuando después de una batalla legal acompañada por el colectivo Guerrero es Primero, y por la propia CNDH, los hijos, viudas y familiares de los campesinos torturados, detenidos y asesinados por el ejército pudieron obtener su registro nacional de víctimas ante la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

Pero aquí no se agotó todo. Arturo lo cuenta

Fuimos a Femospp, Converdad, y después a la propia CEAV. Todos nos ignoraban, nos decían que sí, pero a la mera hora nada. Ya pasaron 50 años caray, nosotros solo pedimos justicia. Si de verdad cumplieran, no estaríamos haciendo esta huelga de hambre, solo queremos que cumplan su palabra”.

Arturo Morales busca a su padre, uno de los campesinos que el ejército detuvo en 1972. Dice que nunca dejará de exigir justicia. Foto: María Ruiz
Arturo Morales busca a su padre, uno de los campesinos que el ejército detuvo en 1972. Dice que nunca dejará de exigir justicia. Foto: María Ruiz.

La historia parece la misma que en otros sexenios: La comisión se compromete inicialmente a cumplir la reparación y empieza un par de gestiones y reuniones con los campesinos. Se observan y piden los requisitos legales que tienen que cumplir para acceder a las reparaciones prometidas. Los campesinos se organizan, y acuerdan una ruta. Dos años después, en 2019, la misma CEAV y la Secretaría de gobierno federal anuncian la Comisión de la Verdad para el Esclarecimiento de los crímenes de la Guerra Sucia. Posteriormente funcionarios de ambas dependencias acuden a Atoyac para presentar este plan ante las víctimas indirectas.

Lo que faltaba, en realidad, era que los gobiernos federal, del estado de Guerrero y del municipio de Atoyac, comenzaran a operar las reparaciones acordadas, que fueron:

Después de eso, las reuniones se interrumpieron. Los campesinos de El Quemado tuvieron que tramitar un amparo para que lo previamente acordado comenzara a operar. Solo faltaba que la CEAV comenzara a realizar los pagos y depósitos correspondientes para llevar a cabo las acciones de reparación acordadas con las víctimas. Sin embargo, fue hasta 2021 –cuando se resuelve el amparo– que esto comienza a ocurrir. Es decir: 20 años después de que la CNDH reconociera el derecho a la reparación hacia las victimas.

“Pero después”, cuenta Arturo, “nos dejaron de pagar. Nomás les depositaron a unos cuantos, y ni hablar de la reparación hacia la comunidad. También no sabemos qué pasó con el dinero destinado para el memorial”.

Por eso vinieron a la huelga de hambre. Por eso pidieron que quien los recibiera fuera directamente Alejandro Encinas, para evitar negociaciones que no derivaran en compromisos concretos.

“Es que no hay que dejar de luchar por la verdad. La verdad no nos vamos a cansar. Ya son 50 años de estar peleando. Y los atropellos contra la comunidad, así como los hizo el ejército, también lo hacen los gobiernos cuando no cumplen su palabra”, dicen al micrófono en un zócalo sofocado por el calor, pero también por la dignidad de estos campesinos.

Un recuento de los daños

62 campesinos llegaron desde la madrugada del miércoles a la Ciudad de México. Frente a Palacio Nacional sostuvieron una huelga de hambre, hasta que el subsecretario Alejandro Encinas los recibió para atender sus demandas
62 campesinos llegaron desde la madrugada del miércoles a la Ciudad de México. Frente a Palacio Nacional sostuvieron una huelga de hambre, hasta que el subsecretario Alejandro Encinas los recibió para atender sus demandas.

La historia comienza en 1967, durante un mitin en Atoyac, Guerrero. Ese día, cientos de campesinos de la región habían acudido al llamado del profesor normalista, Lucio Cabañas Barrientos. El gobierno lo vio como una amenaza, y masacró a varios de los asistentes, motivando a que el maestro rural partiera hacia la sierra, pasando a la clandestinidad.

Después de ese momento, el Partido de los Pobres, liderado por Lucio Cabañas, emprendió una serie de acciones en contra de los tres niveles de gobierno. Su objetivo era dignificar las condiciones de vida de las y los campesinos en el país, y posteriormente se inclinaría hacia un ideario cercano al socialismo como proyecto político.

Para el régimen de entonces esto representó una amenaza, pues como Lucio, en Guerrero también había surgido otra organización guerrillera, tal vez, con un proyecto político más acabado: la Asociación Cívica Guerrerense (ACG), liderada por el profesor Genaro Vázquez.

Ante esto, el gobierno de Luis Echeverría decide declarar la guerra contra la insurgencia y las guerrillas, implementando la “operación telaraña”, el plan “rastrillo”, y otras estrategias de contrainsurgencia para quitarle base social al movimiento armado en el campo. La estrategia también la replicó con otras organizaciones sociales en todo el país, y se prolongó hasta finales del siglo XX.

Así, por aquellos años, las noticias de enfrentamientos entre civiles armados y militares eran recurrentes. Muchas eran achacadas a las guerrillas, aunque también se usaron métodos de provocación para justificar acciones criminales.

Por ejemplo, El 23 de agosto de 1972 el Partido de los Pobres emboscó a un convoy militar en un lugar de la sierra de Atoyac. El lugar es conocido como Arroyo Oscuro. En este suceso murieron 18 militares. En respuesta, el ejército arribó semanas después, el 5 de septiembre, al poblado de El Quemado. Ese día, sin pruebas, acusaron a 91 campesinos de ser guerrilleros. Los torturaron, encarcelaron, desaparecieron, y en algunos casos se presume que los asesinaron.

Arturo lo cuenta así:

“Fue un día triste, porque en primer lugar no puedes ver que a un familiar tuyo los militares le peguen ¿verdad? Digo, lo recuerda uno como un día triste. Ellos fueron detenidos. Después torturados y desaparecidos. Luego fueron conducidos unos al municipio de Atoyac, otros a Acapulco, a la 27 zona militar, a donde quienes lograron sobrevivir de la tortura los encarcelaron. A no más de 24 les dieron una sentencia de 30 años con cargos de pertenecer a la guerrilla de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, y haber emboscado al ejército mexicano en el Arroyo oscuro, en Atoyac. Esa fue la acusación. Fue una acusación injusta, porque en nuestro pueblo la gente es gente de trabajo que se dedicaba al cultivo del café, del maíz, a la ganadería”.

Aunque se cuenta que fueron 91 personas las detenidas por el ejército, solo 24 fueron reconocidas oficialmente. Inclusive, en 1976, se les indultó de sus cargos debido a una alta presión política. Las movilizaciones fueron encabezadas por organizaciones de familiares de los desaparecidos y de colectivos de derechos humanos.

Sin embargo, dice Arturo, la comunidad no volvió a ser la misma.

“Éramos una comunidad que estábamos muy bien, pero desde esa fecha podemos decir que las cosas cambiaron. Nosotros después de pérdidas que tuvimos materiales, algunos nos retiramos por un tiempo de nuestra comunidad”.

Como él, decenas de familias abandonaron El Quemado, pues la comunidad continuó sitiada por militares después de los hechos del 5 de septiembre de 1972. En esa estancia, el ejército cometió graves violaciones a los derechos humanos, y destruyó el sustento de vida de los hijos y viudas de los campesinos de El Quemado.

“Yo regresé a la comunidad hasta 2019”, dice Arturo. Quien cuenta que sus hermanos no lo acompañaron, pues ya tenían otras vidas. “Pero yo tenía que reclamar lo que es mi derecho”.

“Por eso yo no me voy a mover de aquí hasta que nos reciba Encinas. Ya fue suficiente, muchos de quienes éramos niños ya murieron de viejos, y es indignante, y revictimizante que nos sigan debiendo la justicia que nos prometieron”.

Antes de partir, y después de reunirse con el subsecretario, Arturo siguió con esa posición:

“Falta que nos cumplan, y si no lo hacen, volveremos a vernos aquí”.

Tras la huelga de hambre de más de 24 horas Encinas recibió a los campesinos. Los acuerdos fueron revisar qué ha pasado con los fondos destinados a las reparaciones colectiva e individual del daño, así como para el memorial. Los recursos, obligadamente, tienen que llegar para las víctimas.

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La COP27 debería combatir el capitalismo

Por Chris Saltmarsh Traducción de Valentín Huarte

Jueves 10 de noviembre de 2022 NODO50

i realmente quisiera afrontar la catástrofe ecológica, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático debería combatir este sistema mundial que busca acrecentar sus ganancias a toda costa y nos conduce hacia el desastre. El resto es circo.

Pasó un año desde que el mundo llegó a las calles de Glasgow para la COP26. Durante dos semanas, la ciudad escocesa fue el centro del mundo para los lobistas y los negociadores del medioambiente y para las oenegés y los activistas contra el cambio climático. Durante estos catorce días, la COP26 también dominó la política del Reino Unido. Boris Johnson todavía era el primer ministro y el gobierno tory intentó usar su rol de anfitrión para hacer gala de una injustificada reputación ambientalista.

Este año la industria de la cumbre climática converge hacia el pertinentemente cálido centro turístico de Sharm el-Sheij en Egipto para realizar la COP27. Pasaron doce meses y aunque muchas cosas cambiaron penosamente, otras siguen igual. Como en cualquier otra de estas reuniones de nuestra historia reciente, los medios y las oenegés juntan fuerzas para sobreestimar su importancia. Una editorial del Observer afirma que la COP27 «representa una de nuestras últimas oportunidades de evitar la catástrofe global». La Organización Mundial de la Salud insisteen que es «nuestra última oportunidad de garantizar un futuro saludable para la humanidad». Son las mismas cosas quedecía Gordon Brown durante la COP15 de 2019.

Últimas oportunidades

¿Cuántas últimas oportunidades podemos tener? Mucha gente de todo el mundo termina pensando que estos chismosos llamados de atención escasamente creíbles son perversos. Después de la cumbre de Glasgow, las inundaciones extremas de Pakistán llegaron a convertirse en una crisis humanitaria. El huracán Ian sembró el caos en el Caribe y en los estados sureños de Estados Unidos, donde mató a más de 100 personas y causó daños que costaronmiles de millones de dólares. Los efectos devastadores del cambio climático están encima nuestro. El futuro será inevitablemente catastrófico; la cuestión ahora es saber en qué medida.

Entonces, ¿a qué apunta realmente la COP27? Lo primero que debemos entender es que no todas las COP son iguales. Las cumbres más importantes suceden aproximadamente cada cinco años. La COP26 de Glasgow fue una de estas. Lo mismo la COP15 de Copenhagen y la COP21 de París. Estos son los lugares donde realmente se toman decisiones. El ejemplo más famoso es el Acuerdo de París de 2015. La función de las cumbres intermedias como la COP27 es informar y debatir la implementación de los acuerdos más importantes.

Los debates de la COP27 tratan sobre temas como las metas de descarbonización, la adaptación y la agricultura. Lo más significativo es la negociación sobre la economía del clima. Pospuesta en las reuniones pasadas, la cuestión de las compensaciones por daños y perjuicios —exigidas desde hace mucho tiempo por los países más pobres y resistidas por los más ricos— probablemente vuelva a ocupar un lugar importante en la agenda.

Circo

Para enfatizar todavía más el rol de circo político anual de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), los medios del Reino Unido que cubren la cumbre, en vez de centrarse en la agenda, publican artículos anunciando quiénes asistirán y quiénes no asistirán a la reunión. A pedido de la efímera ex primer ministra Liz Truss, el rey Carlos se quedará en su casa. Pero el nuevo monarca sacó a relucir sus credenciales ambientalistas haciendo de anfitrión de una reunión para líderes políticos, representantes comerciales y oenegés que estaban de paso hacia Egipto.

En un primer momento, el actual primer ministro, Rishi Sunak, dijo que no asistiría a la COP27 y provocó la ira de Alok Sharma, quien todavía representa al gobierno en la COP26 —aunque hace poco fue desplazado a un cargo de menos jerarquía en el gabinete— y criticó al mandatario diciendo que estaba «bastante decepcionado». Boris Johnson —otro que aprovecha cualquier oportunidad para apuntalar su ecoreputación— también asistió al evento y suscitó inevitablemente comparaciones con su exministro. Fueron este ataque tory y la condena de los medios los que forzaron a Sunak a hacer un giro de 180 grados y anunciar que asistiría a Egipto pocos días antes de que comenzara el evento.

Sunak es un blanco fácil en cuestiones climáticas. Es el tipo que aceptó casi 150 000 libras de financiamiento de campaña de representantes de la industria del gas y del petróleo durante su primera disputa por la dirección del Partido Conservador. Y aunque rápidamente cambió de dirección y dio marcha atrás con la impopular supresión de la prohibición del fracking de Truss, las promesas de Sunak sobre el medioambiente no fueron más que consignas vacías y advertencias sobre una descarbonización «demasiado firme y rápida». Una visita oportunista de última hora a Egipto no debería despertar mucha confianza en su gobierno. En contra de lo que dicen los medios, la COP27 no es un evento importante en la lucha contra el cambio climático. Para Sumak es poco más que una operación mediática diseñada para mantener la ilusión del compromiso ambientalista de los conservadores.

Inoperantes

La ineficacia de la COP27 obedece sobre todo a las fallas políticas de la institución y a su impotencia operativa. Vimos que hasta las mediocres ambiciones de la UNFCCC fracasan debido a sus procesos inoperantes. El Acuerdo de París comprometió a los Estados miembros con la necesidad de limitar los aumentos de la temperatura mundial promedio a 1,5 C°. Las investigaciones recientes realizadas de cara a la COP27 muestran lo que muchos de nosotros sospechábamos: hoy no existe ningún camino viable para satisfacer este objetivo. No hay ninguna coordinación central ni proceso para hacer que los Estados cumplan con metas de descarbonización que son meramente voluntarias. Del mismo modo en que la COP26 fue denunciada por su fracaso a la hora de promover avances reales, la COP27 continuará la tradición de hacer mucho ruido sin lograr ningún progreso tangible.

El gran error que muchos cometen es creer que las cumbres de la COP tienen el fin de detener el cambio climático. No es así. Si este fuera el caso, la agenda estaría dominada evidentemente por estrategias que apuntaran a eliminar gradualmente los combustibles fósiles y los Estados habrían acordado hace mucho tiempo garantizar financiamiento con este objetivo a los países más pobres. En cambio, las cumbres hasta ahora priorizaron sostener los intereses de los países capitalistas más ricos y negociar el comercio y la creación de nuevos mercados de carbón más rentables.

Cualquier COP capaz de iniciar una transición energética justa a nivel mundial debería orientarse fundamentalmente a enfrentar el sistema capitalista mundial que está en la raíz de las crisis ecológicas. Debería reconocer que una economía política mundial que coloca las ganancias por encima de cualquier otra cosa solo puede conducirnos hacia el desastre. Pero la UNFCCC fue diseñada básicamente como parte de un conjunto desigual de relaciones de poder internacionales donde los ricos dominan a los pobres. Como sucedió en las cumbres anteriores, es justo que los trabajadores y los activistas planteen sus reivindicaciones ante la COP27 en busca de concesiones. Sin embargo, debemos tener en claro que los participantes del evento simplemente no están preparados para hacer lo que necesitamos que hagan.

Quienes estamos interesados en la justicia climática deberíamos poner nuestras expectativas en las luchas internacionalistas por un orden mundial equitativo fundado en la paz y en la justicia. Por ejemplo, el reciente triunfo de Lula convierte a Brasil en el último país latinoamericano que gira a la izquierda, y el nuevo presidente prometió proteger el Amazonas después de la destrucción ecocida de Bolsonaro. En Papúa Occidental, el movimiento de liberación indígena sigue resistiendo el extractivismo colonial con la ambición de independizarse y abrir camino al primer Estado verde del mundo.

A nivel mundial, observamos el resurgimiento de un movimiento obrero que considera la acción industrial como parte de la lucha por una nueva economía. Aunque ahora los trabajadores están exigiendo mejores salarios y condiciones laborales en medio de una crisis inflacionaria, su poder industrial no deja de ser la base de cualquier lucha exitosa por la transformación económica y la descarbonización. Nuestra esperanza no debe estar puesta en las salas de negociación esterilizadas donde negocia una tramposa diplomacia internacional, sino en la solidaridad internacional de todos los que luchan por un mundo mejor.

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Anarquista mexicano y revolucionario indomable

Ricardo Flores Magón.

Jueves 3 de noviembre de 2022 NODO50

«No queremos ricos, no queremos sacerdotes ni gobernantes; no queremos bribones que exploten las fuerzas de los trabajadores; no queremos bandidos que sostengan con ley a esos bribones, ni malvados que en nombre de cualquier religión hagan del pobre un cordero que se deje devorar de los lobos sin resistencia y sin protesta. Por que cualquiera que este una pulgada arriba de nosotros es enemigo».

La caricatura internacional mexicana exprime sus clichés más mercantilizables: las playas de Cancún, los tacos, el tequila, el día de muertos… pero detrás de esa turba cultural, se encuentra el México de abajo a la izquierda. Y desde ese lugar queremos rescatar a una de las figuras más relevantes del anarquismo mexicano del que se cumple este año el centenario de su muerte. Ricardo Flores Magón era originario de un pueblecito de Oaxaca, en México, y murió en una prisión en Kansas, Estados Unidos, el 21 de noviembre de 1922. Si bien parece un personaje lejano en el tiempo, es un anarquista indomable cuya biografía explica perfectamente la historia de las ideas revolucionarias en México aún a día de hoy.

En relación directa con la actualidad, uno de los municipios autónomos rebeldes zapatistasubicado en la Sierra Lacandona de Chiapas fue bautizado en 1998 como ‘Ricardo Flores Magón’ por las comunidades indígenas tzeltales, estando su principal cabecera en Taniperla. Allí se realizó en la casa municipal un conocido mural que fue ametrallado y destruido por el Ejército Federal Mexicano al día siguiente de su inauguración. El himno de ese municipio autónomo versa sobre la lucha y la obra de Flores Magón.

El actual gobierno mexicano ha utilizado este año la excusa del centenario para domesticar su figura, y situarlo al nivel de un patriota mexicano. Con toda seguridad sabemos que actualmente Ricardo Flores Magón estaría junto a las comunidades indígenas en rebeldía, en las luchas urbanas, contra el extractivismo; o quizá habría sido asesinado por ese mismo gobierno mexicano por defender la tierra y a los de abajo. Su vida y obra es intensa y extensa, su labor revolucionaria no solamente lo fue en la práctica, sino principalmente a través de sus escritos y su pensamiento anarquista reflejado en algunos periódicos que había fundado como Regeneración.

Historia de tres hermanos de la dulce libertad…

El anarquismo venía siendo la idea que más calaba entre los campesinos y obreros mexicanos desde finales del siglo XIX, pese a la fuerte represión de la dictadura de Porfirio Díaz. Las cooperativas laborales que surgieron fueron clausuradas, y solo permitidas bajo control gubernamental y mediante intermediación de hacendados. El anarquismo mexicano se vio catapultado gracias a los tres hermanos Flores Magón: Ricardo, Enrique y Jesús; aunque más tarde este último abandonaría la vía revolucionaria. Eran hijos de una familia de tradición liberal: un militar e indígena oaxaqueño, y una mestiza poblana; ambos enfrentados al modelo conservador de la política mexicana. Si bien los tres hermanos, muy influidos inicialmente por ese liberalismo ideológicamente, superarán en el contenido sus postulados y abrazarán el anarquismo teórico y en la práctica. Ese camino rebelde contra toda clase gobernante y contra la mismísima Iglesia Católica, tendrá como consecuencia una vida revolucionaria muy fructífera, si bien sufrieron también una enorme represión.

Desde joven Ricardo Flores Magón comenzó a dar mítines como estudiante, y fue continuadamente apresado en su juventud por la participación en disturbios estudiantiles contra la reelección del autoritario Porfirio Díaz. Sus primeros pasos en el periodismo fueron en 1893 publicando en el periódico El Demócrata de oposición al Porfiriato, escritos que precedieron a la fundación del periódico que mantendrá desde 1900 y hasta su muerte en varias épocas evitando la censura: Regeneración.

Ricardo Flores fue invitado al primer Congreso Liberal en 1900 en Ciudad de México, es detenido y perseguido tanto él como la publicación periódica que había fundado. En 1902 arrienda junto a su hermano el periódico satírico El hijo de El Ahuizote, por lo que serían nuevamente encarcelados, prohibidos sus periódicos y amenazado de cárcel cualquier editor que diera cabida a los escritos de los hermanos Flores Magón. En 1904 aparece el diario Regeneración en los Estados Unidos por primera ocasión en San Antonio, Texas, y un año más tarde a San Luis, Missouri. En 1907 aparecen en el periódico Revolución, de Práxedis Guerrero, por lo que fueron nuevamente apresados. Estos años en el exilio estadounidense estarán marcados por continuas entradas a prisión y traslados a otras cárceles de una ciudad a otra.

El Porfiriato y la prensa afín conservadora son quienes acuñaron el termino de ‘magonismo‘para llamar así despectivamente a quienes compartían ideas con los hermanos Flores Magón. Sin embargo, ellos nunca aceptaron esa denominación, y pensaron que surgía para confundir al pueblo a través del personalismo, estos hermanos siempre defendieron una acción revolucionaria sin jerarquías y su lucha era por la emancipación total. Si bien nacieron contra la dictadura porfirista, pronto analizaron que una estrategia revolucionaria debía profundizar en las relaciones sociales, políticas y económicas, más allá de un simple cambio de administración.

El Partido Liberal Mexicano, la vía mexicana hacia el anarquismo revolucionario

Anarquista mexicano y revolucionario indomable
noviembre 2022
Guardado en: Anarquismo memoria histórica México

«No queremos ricos, no queremos sacerdotes ni gobernantes; no queremos bribones que exploten las fuerzas de los trabajadores; no queremos bandidos que sostengan con ley a esos bribones, ni malvados que en nombre de cualquier religión hagan del pobre un cordero que se deje devorar de los lobos sin resistencia y sin protesta. Por que cualquiera que este una pulgada arriba de nosotros es enemigo».

La caricatura internacional mexicana exprime sus clichés más mercantilizables: las playas de Cancún, los tacos, el tequila, el día de muertos… pero detrás de esa turba cultural, se encuentra el México de abajo a la izquierda. Y desde ese lugar queremos rescatar a una de las figuras más relevantes del anarquismo mexicano del que se cumple este año el centenario de su muerte. Ricardo Flores Magón era originario de un pueblecito de Oaxaca, en México, y murió en una prisión en Kansas, Estados Unidos, el 21 de noviembre de 1922. Si bien parece un personaje lejano en el tiempo, es un anarquista indomable cuya biografía explica perfectamente la historia de las ideas revolucionarias en México aún a día de hoy.

En relación directa con la actualidad, uno de los municipios autónomos rebeldes zapatistas ubicado en la Sierra Lacandona de Chiapas fue bautizado en 1998 como ‘Ricardo Flores Magón’ por las comunidades indígenas tzeltales, estando su principal cabecera en Taniperla. Allí se realizó en la casa municipal un conocido mural que fue ametrallado y destruido por el Ejército Federal Mexicano al día siguiente de su inauguración. El himno de ese municipio autónomo versa sobre la lucha y la obra de Flores Magón.

El actual gobierno mexicano ha utilizado este año la excusa del centenario para domesticar su figura, y situarlo al nivel de un patriota mexicano. Con toda seguridad sabemos que actualmente Ricardo Flores Magón estaría junto a las comunidades indígenas en rebeldía, en las luchas urbanas, contra el extractivismo; o quizá habría sido asesinado por ese mismo gobierno mexicano por defender la tierra y a los de abajo. Su vida y obra es intensa y extensa, su labor revolucionaria no solamente lo fue en la práctica, sino principalmente a través de sus escritos y su pensamiento anarquista reflejado en algunos periódicos que había fundado como Regeneración.
Historia de tres hermanos de la dulce libertad…

El anarquismo venía siendo la idea que más calaba entre los campesinos y obreros mexicanos desde finales del siglo XIX, pese a la fuerte represión de la dictadura de Porfirio Díaz. Las cooperativas laborales que surgieron fueron clausuradas, y solo permitidas bajo control gubernamental y mediante intermediación de hacendados. El anarquismo mexicano se vio catapultado gracias a los tres hermanos Flores Magón: Ricardo, Enrique y Jesús; aunque más tarde este último abandonaría la vía revolucionaria. Eran hijos de una familia de tradición liberal: un militar e indígena oaxaqueño, y una mestiza poblana; ambos enfrentados al modelo conservador de la política mexicana. Si bien los tres hermanos, muy influidos inicialmente por ese liberalismo ideológicamente, superarán en el contenido sus postulados y abrazarán el anarquismo teórico y en la práctica. Ese camino rebelde contra toda clase gobernante y contra la mismísima Iglesia Católica, tendrá como consecuencia una vida revolucionaria muy fructífera, si bien sufrieron también una enorme represión.
Ricardo y Enrique

Desde joven Ricardo Flores Magón comenzó a dar mítines como estudiante, y fue continuadamente apresado en su juventud por la participación en disturbios estudiantiles contra la reelección del autoritario Porfirio Díaz. Sus primeros pasos en el periodismo fueron en 1893 publicando en el periódico El Demócrata de oposición al Porfiriato, escritos que precedieron a la fundación del periódico que mantendrá desde 1900 y hasta su muerte en varias épocas evitando la censura: Regeneración.

Ricardo Flores fue invitado al primer Congreso Liberal en 1900 en Ciudad de México, es detenido y perseguido tanto él como la publicación periódica que había fundado. En 1902 arrienda junto a su hermano el periódico satírico El hijo de El Ahuizote, por lo que serían nuevamente encarcelados, prohibidos sus periódicos y amenazado de cárcel cualquier editor que diera cabida a los escritos de los hermanos Flores Magón. En 1904 aparece el diario Regeneración en los Estados Unidos por primera ocasión en San Antonio, Texas, y un año más tarde a San Luis, Missouri. En 1907 aparecen en el periódico Revolución, de Práxedis Guerrero, por lo que fueron nuevamente apresados. Estos años en el exilio estadounidense estarán marcados por continuas entradas a prisión y traslados a otras cárceles de una ciudad a otra.

El Porfiriato y la prensa afín conservadora son quienes acuñaron el termino de ‘magonismo‘ para llamar así despectivamente a quienes compartían ideas con los hermanos Flores Magón. Sin embargo, ellos nunca aceptaron esa denominación, y pensaron que surgía para confundir al pueblo a través del personalismo, estos hermanos siempre defendieron una acción revolucionaria sin jerarquías y su lucha era por la emancipación total. Si bien nacieron contra la dictadura porfirista, pronto analizaron que una estrategia revolucionaria debía profundizar en las relaciones sociales, políticas y económicas, más allá de un simple cambio de administración.
El Partido Liberal Mexicano, la vía mexicana hacia el anarquismo revolucionario

Los primeros años del siglo XX están marcados por la evolución de su pensamiento hacia la fundación de un partido que enfrentase al Porfiriato y su sistema social autoritario mediante la vía revolucionaria. Inspiró una lucha de numerosas revueltas que se dieron a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en México entre los obreros de la minería y temprana industria, como fundamental precedente de la Revolución Mexicana iniciada en 1910. En otras, podríamos destacar la Huelga de la Cananea en 1906, o las textileras de Veracruz en Río Blanco en 1907, tratando de construir una visión revolucionaria de conjunto. Se creó el Partido Liberal Mexicano en 1905, donde perfilan una vía hacia el anarquismo partiendo de las condiciones sociales que se vivían en México. Esta organización era el reflejo de la evolución ideológica de los hermanos Flores Magón, ya que suponía una entidad muy distinta que un simple partido político de estilo parlamentario, era la organización social con una propuesta horizontal para la revolución social mexicana y la expropiación de tierras.

Ricardo Flores Magón que, ya junto con su hermano Enrique, sacaban de quicio al gobierno autoritario mexicano, y también combatían desde el sur de Estados Unidos en el exilio, estuvieron implicados en la lucha social, influyendo notablemente en la Revolución Mexicana.El periodo de la Revolución Mexicana es una amalgama de diversas revueltas políticas, tomas de tierras, huelgas insurreccionales y comunidades indígenas construyendo nuevas alternativas de relaciones sociales. Ricardo Flores Magón es todavía en la actualidad un eterno compañero de viaje revolucionario para cualquier activista o estudiante que se inicia en el pensamiento crítico mexicano. Es un pensamiento político contextualizado en la realidad mexicana, en el lenguaje mexicano y que igualmente da forma a los principios anarquistas para el territorio mexicano y sus pueblos, dando un sentido de identidad distinto.

En 1905 crea una estrategia para preguntar a las bases del partido, una consulta nacional en comunicaciones directas y personales, a veces interceptadas por la policía, y se crea un programa participativo, el programa magonista de 1906 de la Junta General del Partido Liberal. Como anarquista no creía en las elecciones, ni los gobiernos; su organización política aspiraba a crear un movimiento social revolucionario. En 1910 reaparece Regeneración incitando a la rebelión en armas en el mes de septiembre, para esas fechas Ricardo Flores Magón ya había participado en tres intentos revolucionarios previamente, y en el norte se suma al nuevo proceso revolucionario, pero además en el sur se desarrollan acontecimientos inesperados para él. Y es que en Morelos los campesinos y comunidades indígenas se han levantado en armas integrados en el Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata, viendo en ella la revolución social, y no la revolución política propuesta por Francisco Madero. Apoyó el zapatismo desde el exilio, y reconoce la necesidad de comunicación mutua, aunque Ricardo Flores Magón no puede salir de los Estados Unidos, y pasa largas temporadas en la cárcel. Toda su vida política es de rebeldía, y su muerte lenta, su asesinato privado de libertad se fragua por la insumisión de su acción revolucionaria.

Muerte y legado de Ricardo Flores: la Revolución se defiende cueste lo que cueste.

Enrique y Ricardo Flores mantienen el tono revolucionario de la publicación Regeneración a tenor de los acontecimientos en México. Se le debe reconocer su protagonismo en la Revolución Mexicana, por supuesto, pero no en la revolución institucionalizada y rentabilizada posteriormente, sino en la que el pueblo se levantó contra un sistema de dominación bajo el lema: Tierra y Libertad. Desde el sur de los Estados Unidos, continuaron con labores de agitación revolucionaria entrando en contacto con anarquistas estadounidenses del sindicato IWW (Industrial Workers of the World) que simpatizaban con el Partido Liberal Mexicano. Entre otros, el anarquista catalán Pere Esteve, sindicalista y editor de prensa obrera afincado en Nueva York, publicó algunos artículos de Flores Magón en sus semanarios obreros. Las tendencias de los hermanos Flores Magón se habían consolidado en posturas cercanas al comunismo libertario, influyendo notablemente la lectura de escritos de pensadores como Piotr Kropotkin, Errico Malatestao Élisée Reclus.

En 1912, los hermanos Flores Magón habían sufrido una nueva detención junto a Librado Rivera y Anselmo Figueroa. En 1916, Ricardo es acusado de escribir artículos contra el presidente mexicano Venustiano Carranza y es detenido otra vez; dos años más tarde publica un manifiesto de la Junta de Organización del Partido Liberal Mexicano, que incomoda mucho al gobierno. Permanecieron prisioneros hasta agosto de 1918, cuando un comité para promover su libertad, impulsado por Emma Goldman y Alexander Berkman, consiguió reunir el dinero de la fianza. Sin embargo, ese mismo año había publicado en Regeneración junto con Librado Rivera un manifiesto dirigido a los anarquistas del mundo, siendo ambos encarcelados nuevamente y sentenciados a veinte años de prisión, acusados de sabotear el esfuerzo bélico de los Estados Unidos, que participaba entonces en la Primera Guerra Mundial. Ricardo murió en la cárcel, mientras Librado Rivera regresó a México, de hecho falleció en la prisión de Fort Leavenworth oficialmente de un paro cardíaco, aunque tras haber pasado por las más penosas situaciones de salud en los últimos cuatro años de vida. Existe incluso una versión próxima al círculo familiar de Ricardo Flores que aseguran su asesinato debido a la persistencia continuada en continuar publicando escritos antigubernamentales.

La obra compilada y titulada como ‘Epistolario revolucionario e íntimo’ reúne una selección de ochenta y ocho cartas escritas desde la cárcel en los Estados Unidos entre 1919 y 1922 de este anarquista mexicano. Estas cartas incluyen correspondencia de escritos fundamentalmente políticos, y otros no menos políticos, pero que también nos dejan ver la parte más personal de Ricardo Flores Magón en sus últimos años de vida. En particular, destacan las epístolas con María Talavera Brousse, pareja de Flores Magón, originaria de Ensenada en el territorio mexicano de Baja California, y exiliada en distintas ciudades del sur de Estados Unidos. Aunque su correspondencia mutua ya se había iniciado desde julio de 1906, su relación sentimental se había fraguado durante bastantes años, y el grado de complicidad personal y política en los últimos años les había vinculado aún más.

Tanto ella como su hija de un anterior matrimonio, Lucía Norman, fueron mujeres de armas tomar, ya que madre e hija estuvieron dedicadas a la militancia anarquista en México y EE.UU. durante las primeras décadas del siglo XX. En las protestas políticas reprimidas por las fuerzas policiales, se defendían con largos alfileres que llevaban en sus sombreros. Además, ambas estuvieron implicadas en sacar escritos clandestinamente de la cárcel en sus visitas a Ricardo Flores. Nos resulta completamente necesario concluir este artículo mencionando esta obra como legado póstumo, y la labor de la compañera de Ricardo Flores, porque en el impulso revolucionario de personajes como él, también influyen los apoyos, cuidados y relaciones personales que se generan. Ricardo Flores editó numerosos periódicos, revistas, obra literaria y teatral, participó de huelgas y revueltas obreras, también de la Revolución Mexicana, y acabó su vida sufriendo represión por la acción política. Un referente mexicano en el anarquismo internacional, un indomable de estrategia y corazón rebelde.

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NOTAS :

[1Trevor Hope, en Melancholic Modernity: The Hom(m)sexual Symtom and the Homosocial Corpse, en Differences, vol. 6 núm. 2 + : More Gender Trouble. Feminism meets Queer Theory. Indiana University Press.

[2Las disensiones y diferencias en el movimiento antimilitarismos nunca se han situado en el nivel de la subjetividad, que es donde los maricas insumisos designaremos el carácter distintivo de nuestra peculiar posición política antimilitarista.

[3Ver Luce Irigaray, Speculum of the Other Woman, Cornell University Press, 1995.

[4Ver Michel Foucault, Vigilar y castigar, Siglo XXI, Madrid, 1992.

[5Ver Rosi Braidotti, Nomadic Subjects, Nueva York, Columbia University Press, 1994. Especial referencia a la cuestión del ‘becoming subject’ en Personance and disosonance, Cambridge Pltiuy Presss, 1992, cap. 5: The Becoming Woman of Philosophy.

[6Resulta obvio que no me estoy refiriendo al deseo sexual. Este, incluso en su versión homosexual, tiene, en sí mismo, bien poco que ver con la conciencia antimilitarista o con cualquier otra manifestación de la conciencia. El deseo referido a la cuestión de la subjetividad es, fundamentalmente, de naturaleza ontológica. Es deseo de ser. La implícita apelación al inconsciente que conlleva la utilización de este vocablo para invocar a nuestro ser político es totalmente intencional: estoy entre quienes consideran la pasión una herramienta esencial para las políticas de subjetividad que busquen zafarse de la figura-hombre, idea-hombre.

[7Vertebrar: palabra dedicada a mi Sejo de mi alma.

[8Obsérvese que no utilizo en este texto categorías como «género», «masculino» o «femenino». Una mariquita como yo se lía muchísimo entre lo uno y lo otro y tiene que recurrir a otros sistemas de descripción lingüística de la cosa.

[9No estoy insinuando, por supuesto, que la posición de gais y lesbianas sea simétrica en este punto. Mientras los gais estamos irrepresentados en al simbólica dominante, las lesbianas son, directamente, irrepresentables en su estructura de significación. Es de justicia admitir que los maricas estamos a menos distancia del falo (¡el gran significante!) que las lesbianas y que cualquier otra mujer.


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