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Una de infiltrados

Martes 7 de agosto de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: La Directa: Una d’infiltrats

Texto de David Fernández para La Directa, traducción de Nodo50

Infiltrados, anacletos y fondos reservados. Alcantarillado estatal,
talonarios y tecnorepresión. Repasamos el abanico de infiltraciones
descubiertas en los movimientos sociales catalanes a propósito del
vigésimo aniversario de la “Operación Garzón”, en la que se autorizó
judicialmente la infiltración de un confidente en la organización armada
Terra Lliure y en la que se emprendieron acciones contra el
independentismo catalán. Agentes policiales que se hacían pasar por
activistas militantes con fines represivos, dinámicas de control social y
métodos abiertamente ilegales de una guerra sucia muy singular y aún no
escrita, pero que sigue activa en busca de información.

Este verano se cumplen veinte años de la “Operación Garzón” que
introdujo al confidente Txema Aloi en el entorno de Terra Lliure bajo la
supervisión del juez y la asesoría de Mikel Lekarza

http://www.setmanaridirecta.info/sites/default/files/imagecache/d_gallery/inflitrats12.jpg
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Gambín, Lejarza, Aloi, Martínez,
Grandes, García, Pérez, Nel y García Torres


Nota de Nodo50: a la izquierda "David García", actual mando de las UIP en Madrid

Recordamos el informe con el que se descubrió a Pedrito Anarka:

Vigilando al vigilante - Informe sobre el espionaje policial a Nodo50 y al movimiento antiglobalización


DAVID FERNÀNDEZ | 03/08/2012. Junio de 1992 no fue un mes normal. A pesar
de que la historia oficial ha recordado el arranque de los históricos
Juegos Olímpicos de Barcelona de ahora hace veinte años, ha vuelto a negar
a qué precio se hicieron y qué factura se pagó. Recurso recurrente, la
amnesia y los deliberados olvidos para tapar que aquellos juegos olímpicos
–además de procesos especulativos, pelotazos económicos, un modelo de
crecimiento hoy en quiebra y un alud de españolismo– arrancaron en medio
del runrún de los golpes arbitrarios, las bolsas asfixiantes i el dolor
sordo de los electrodos aplicados por agentes de las unidades
antiterroristas de la Guardia Civil.

A golpe de tortura, entre el 29 de junio i el 14 de julio de
1992
, cuando faltaban diez
días para la inauguración, veintiocho personas de diferentes
sensibilidades políticas fueron detenidas, veintitrés denunciaron torturas
y diecinueve fueron encarceladas. Entremedio, la Guardia Civil irrumpió,
pistola en mano, en las sedes del periódico El Punt y del semanario El
Temps; por su parte, CiU clausuró el programa L’Orquestra que hacía Jordi
Vendrell en Catalunya Ràdio por hacerse eco de las denuncias de torturas.
Hasta setiembre, un total de sesenta personas fueron encausadas aunque
treintaicinco de ellas nunca fueron juzgadas.

La singular pax olímpica
El operativo represivo para golpear al independentismo combativo –decidido
previamente en una reunión celebrada en Baden-Baden (Alemania) en la que
habrían participado Narcís Serra (ministro de Defensa), José Luís Corcuera
(ministro de Interior), Felipe González, Pujol y Maragall– se empezó a
forjar a principios de 1990, cuando Mikel Lejarza el Lobo –el histórico
infiltrado en ETA de la dictadura– estaba sentado plácidamente en el
despacho de l’Audiencia Nacional para proponer al juez la introducción de
un infiltrado policial en Terra Lliure. Garzón aceptó, y garantizó plena
inmunidad policial y judicial –tal y como acabó sucediendo– y el Lobo
salió por la misma puerta por la que había entrado. El infiltrado ya
estaba escogido: se trataba de Josep Maria Aloi, alias Txema, un manresano
residente en Barcelona que volvió a su ciudad natal, uno de los núcleos
más activos del independentismo combativo. Aloi pasó algunos filtros y
contactó con miembros de la organización armada.

En el documental ’Doble
juego
’ (emitido por TV3 en
2007), el comandante Fernando San Agustín recordaba que la función del
infiltrado es “conseguir información cierta, segura y oportuna en el
tiempo, discreta en la fuente y continuada
”. El hoy ex-comandante era
propietario del complejo Can Padró Security & Safety Training en
Castellbell i el Vilar (Bages), el centro de entrenamiento donde,
casualmente, fue captado Txema. San Agustín es –también casualmente–
ex-miembro jubilado de los servicios secretos españoles y, en el mismo
programa afirma que era necesario evitar “que alguien aprovechara la
oportunidad para colgar la senyera
”. Fuera como fuese, el mismo día que
se inició la Operación Garzón, Txema –que había participado en la
colocación de un artefacto explosivo en la estación de RENFE de Sant
Sadurní d’Anoia el 3 de marzo de 1992– había quedado con David Martínez,
el primer detenido de la operación. Al día siguiente desapareció, se
esfumó.

Esto nos lleva a repasar brevemente, hoy y veinte años después, el recurso
a la infiltración como estrategia represiva y los casos conocidos que se
han dado en el seno de los movimientos sociales catalanes durante los
últimos años, el último de los cuales nos remite al año 2007 por unos
hechos de 2001. Dos años antes –porqué la cloaca también es catalana, no
sólo estatal–, la consellera de Interior Montserrat Tura anunció el
aumento de la partida económica para pagar confidentes: una partida
fiscalizada semestralmente en el Parlament por una comisión reducida que
conoce la motivación y la cuantía. En 2005, uno de los motivos fueron las
protestas sociales alternativas contra la cumbre euro-mediterránea que
acogió Barcelona.

Cada uno en su sitio

Veinte años, pues, desde la infiltración policial en Terra Lliure. Y,
desde entonces, un mínimo de ocho confidentes descubiertos. Juez severo,
el tiempo pone a cada uno en su sitio, sobretodo a los responsables
políticos que comandan la represión. En 2004, el Tribunal de Derechos
Humanos de Estrasburgo condenó al Estado Español por no investigar las
torturas sufridas por quince de los independentistas detenidos en 1992.
Hoy, prácticamente todas las personas detenidas, encarceladas y torturadas
ese año siguen su vida política, activa y solidaria.
Pero, ¿qué hay de los máximos responsables de la represión, los habituales
demócratas de toda la vida? El director general de la Guardia Civil Luís
Roldán –que fue quien más negó las torturas– fue condenado por ladrón,
después de una rocambolesca huída asiática; Narcís Serra dimitió por las
escuchas ilegales del CESID al monarca español –del rey para abajo, todo
controlado; Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad, fue
condenado por los GAL aunque indultado a posteriori, y Corcuera fue
juzgado por el caso de los fondos reservados. Ellos comandaban aquel
operativo represivo.
¿Y Garzón? El juez está inhabilitado y ha sido nombrado miembro del
Consejo Europeo para la Prevención de la Tortura. Ego hiperbólico en su
soledad, Baltasar Garzón acaba de fundar la Fundación Baltasar Garzón, en
la que constan como miembros el ex-ministro de Asuntos Exteriores de
Israel Shlomo Ben Ami o Eduardo Martín de Pozuelo, coordinador del Área
Informativa de Terrorismo del periódico La Vanguardia, el mismo periódico
que hace veinte años no vio bolsas ni golpes ni electrodos por ningún
lado. Aún así, siempre nos quedará Kundera: “La lucha contra el poder es
la lucha de la memoria contra el olvido”. Veinte años después y más que
nunca.

[HURGANDO EN LA HISTORIA: LOS ANTECEDENTES]
GAMBÍN, MARTÍN VILLA Y EL “CASO SCALA”
Joaquín Gambín Hernández fue un confidente infiltrado conocido como el
Grillo, el Legionario o el viejo anarquista. Bajo las órdenes del
comisario Manuel Gómez Sandoval, viajó a Barcelona desde Murcia, donde
actuaba bajo las órdenes del comisario J.M. Escudero. Fue el impulsor del
atentado a la sala Scala de Barcelona (enero de 1978), episodio de
terrorismo de Estado para aislar y desprestigiar a la CNT. Fue detenido en
1981 después de un tiroteo en Valencia. En 1983 fue condenado a siete años
de cárcel de los que cumplió dos. En 2002, con 71 años vivía plácidamente
en Murcia.

MIKEL LEJARZA “EL LOBO”: A LA SOMBRA DE CARRERO BLANCO
Mikel Lejarza fue un histórico infiltrado en ETA durante la dictadura
franquista a las órdenes del SECED (creado por Carrero Blanco, y
predecesor del CESID). Apareció en Barcelona a principios de los noventa y
creó la empresa de seguridad Orion que funcionó como tapadera y desde
donde comandó la infiltración del manresano Josep Maria Aloi en Terra
Lliure. En 1995 trabajó para el Conde de Godó, propietario de La
Vanguardia, que le pagaba 5,5 millones de pesetas al mes por el caso de
las escuchas ilegales ordenadas por el aristócrata para controlar fusiones
mediáticas. Junto con el coronel del CESID Fernando Rodríguez fue
condenado a siete meses de cárcel.

“TXEMA” ALOI: EL INFILTRADO EN TERRA LLIURE
Txema Aloi es hijo de familia catalanista, trabajador de banca y piloto
experto de helicópteros. Años después de infiltrarse en Terra Lliure y
desaparecer al inicio de la “Operación Garzón”, se encuentra cara a cara
con uno de los torturados, a quien niega como puede su traición. En 2002
se lo localiza en Brasil donde trabaja para la seguridad de la empresa
catalana de juego CIRSA, muy extendida en Latinoamérica. Desde 2007
alterna Brasil con Manresa.

ALBERT MARTÍNEZ: EL AGENTE INSUMISO
Albert Martínez fue numero uno de su promoción en el Cuerpo Nacional de
Policía. Como topo del CESID se infiltró en el movimiento antimilitarista
catalán que promovía la insumisión. Apareció en Barcelona cuando dos
catalanes desertaron de su mili al ser destinados al Golfo Pérsico durante
el conflicto armado de 1991. Martínez frecuentaba el Casal de la Pau de la
calle Cervantes, centro neurálgico del movimiento insumiso, y participó de
las actividades del Mili KK. En 1994 se vinculó a la Liga Comunista
Revolucionaria donde fue descubierto por antiguos compañeros de colegio,
que revelan su profesión. Albert Martínez desapareció de Barcelona pero en
seguida reapareció en Valencia para infiltrarse en los GRAPO.

ÁNGEL GRANDES HERREROS: DE LOS OKUPAS DE BARCELONA A LA BRIGADA
ANTITERRORISTA DE GUIPÚZCOA

Agente de la Policía Nacional, Ángel Grandes Herreros inició su militancia
en torno al movimiento okupa en 1993. Colaboró con la radio libre Línia
IV, de Nou Barris. En 1994 se integró en el Kau Subversiu, de la
Universidad de Barcelona. Desde el mundo universitario accedió a la
Brigada Universitaria a Chiapas y al Colectivo de Solidaridad con la
Rebelión Zapatista. Viajó dos veces a Chiapas como observador
internacional para la protección de los derechos humanos de las
comunidades indígenas. Participó en la campaña contra el Euroejército y se
integró en el movimiento por la insumisión a través del CAMPI. Infiltrado
en el Ateneu Llibertari de Gràcia compartió espacio con la Assemblea
d’Okupes y trató de acercarse al independentismo a través del Ateneu
Popular Okupat Resistència Roja. En una reunión convocada ad hoc se lo
destapa. Él lo niega todo pero desaparece al día siguiente. A finales de
los 90 se lo localiza en la Brigada Antiterrorista de Guipúzcoa. Estuvo
imputado por el asesinato de su pareja en Madrid: llegó al juzgado, dijo
quién era, dónde trabajaba y que sabía muchas cosas. No se ha vuelto a
saber de él.

FERNANDO PÉREZ LÓPEZ: DE CNA ALS GRAPO
Pérez López se infiltró en los movimientos sociales madrileños en 1997 y
participó en actos de la CNT y Cruz Negra Anarquista. Su DNI fue expedido
en Barcelona y dice que nació en Martorell. Él afirmó, en la capital
española, que venía del intenso movimiento okupa barcelonino. En el Rastro
de Madrid se acercó al círculo de la AFAPP, organización de familiares de
presos del PCE(r), donde acabó militando. Incluso llegó a llevar a
miembros de la asociación a casa de su supuesta madre, en la calle
Guipúzcoa de Barcelona. Los atiendió una mujer de unos sesenta años que
hacía de madre. Fernando desapareció en Julio de 2002 y ese mismo mes, el
piso quedó vacío súbitamente. La operación finalizó con la detención de
catorce personas acusadas de terrorismo. Cuando las abogadas preguntaron
al juez Guillermo Ruiz de Polanco por su paradero, éste respondió que no
constaba ningún detenido con ese nombre. Mientras tanto, la Guardia Civil
emitía un comunicado en el que lo tilda de peligroso terrorista. Fernando
es agente de la Guardia Civil.

MANUEL BLANCO ÁLVAREZ ’PEDRO’: ALTERMUNDISMO POLICIAL
Se hace llamar Pedro. Su correo es pedritoanarka@hotmail.com. Desde 1992,
como infiltrado, se vincula a la solidaridad con América Latina. En 1992
se integra a la Red de Apoyo Zapatista de Madrid. Participó en los
Encuentros contra el Neoliberalismo en Madrid y Zaragoza, en el Foro
Indígena de Valladolid y en asambleas del movimiento antiglobalización. En
2002, bajo la presidencia española de la UE intensificó su militancia ante
el auge de las protestas sociales de Madrid, Barcelona y Sevilla por la
celebración de contra-cumbres. La asamblea de Nodo50, Vigilando al
vigilante
detectó que las IP que usaba
Pedro correspondían a ordenadores del ministerio del Interior: Pedro es
miembro del Cuerpo Nacional de Policía. Meses después se lo vio entrar en
la sede de la Brigada Central de Información en el madrileño barrio de
Moratalaz.

NEL: DESDE ASTURIAS A BARCELONA A REVENTAR CRISTALES
Nel se infiltró en organizaciones de la izquierda autónoma de Asturias.
Viajó a Barcelona en plena era Valdecasas, en un autobús del sindicalismo
combativo asturiano. Estuvo rompiendo cristales e incitando a las
manifestantes a hacer lo propio durante la mani contra el Banco Mundial de
2001. Los hechos se descubrieron en 2007 en el transcurso del juicio
contra los sindicalistas Cándido y Morala, de la Corriente Sindical de
Izquierdas (CSI), por las movilizaciones contra el cierre de Naval Xixón.
El policía volvió a aparecer para testificar contra Cándido y Morala,
inspiradores de Los lunes al sol y que acabaron encarcelados. El CSI
denunció una trama policial con infiltrados por medio.

DAVID GARCÍA MARTÍN: UN PAYASO EN BÉTERA
David García Martín se infiltró en el movimiento antimilitarista en la era
ZP en Bétera. Durante una acción sorpresa no-violenta se pretendía entrar
en la base militar de la OTAN para hacer un llamamiento a la desobediencia
ante la guerra. Decenas de efectivos policiales estaban esperando a los
activistas. Uno de ellos llevaba una peluca rosa, iba disfrazado de payaso
y era miembro activo del Espacio Horizontal contra la Guerra de Madrid.
Antes había pasado por la Solidaridad Zapatista, por Marinaleda, por la
Semana de Lucha Social de Madrid en 2000 y por el Foro Social
Transatlántico. El caso se esclareció en 2005, cuando la Universidad
Autónoma de Madrid nombró a Santiago Carrillo Doctor Honoris Causa. En las
protestas que llevaron a cabo grupos de extrema derecha, un agente de
paisano detuvo ante las cámaras de la CNN a un fascista que lanzó una
papelera. El policía era David García Martín, del CNP, el mismo payaso que
dos años antes había intentado ocupar la base militar de Bétera.

LUÍS GARCÍA TORRES: EN EL 15M DE SEVILLA
El último caso conocido de infiltración remite al mes de junio pasado. El
policía García Torres, de 26 años, se acercó al movimiento del 15M
sevillano, donde empezó a colaborar de manera entusiasta. Pero un antiguo
trabajo de camarero que dejó para opositar a policía lo delató. Los
compañeros del movimiento, ante el cúmulo de lagunas de su vida personal,
se invitaron a ir a su casa, en un lugar desconocido. De camino, García
entró en el lavabo de un bar. Tardó demasiado y cuando salió, casualmente
los esperaba un control policial una calle más allá: los agentes dijeron
que estaba en busca y captura y se lo llevaron a comisaría. No se ha
sabido nada de él desde entonces.

[Publicado en el número 282 de la Directa, julio de 2012]
Referenciado en la web el 3 de agosto de
2012

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