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A por nosotros. A por nuestra fragilidad.

Domingo 29 de abril de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Nuevo texto de Guillem Martínez

"El pasado martes, en la calle, de camino a su trabajo, fue detenida Laura.
Al día siguiente fue puesta a disposición judicial. Lo que tenía que ser
un puro trámite para la liberación de una persona sin antecedentes penales
de ningún tipo, se transformó en orden judicial de prisión indefinida.
Laura, en fin, fue acusada de desorden público, de incendio, de
coacciones, de actos contra el ejercicio de derechos fundamentales y de
actos de violencia contra la propiedad privada. Todo, salvo matar a
Kennedy. Sobre su cabeza penden, en este momento, condenas de hasta 20
años".


http://laurallibertat.wordpress.com/


El delito de Laura, comparable en descripción y penas al de
terrorismo,
consistió en ser piquete el 29M y participar en una manifestación
espontánea de varios miles de personas. Al paso de la manifestación
frente a la Bolsa de Barcelona, Laura y otros ciudadanos se acercaron a
su puerta principal. Allí, tras tomar medidas de seguridad, depositaron
una pequeña caja de cartón con papeles. Y la quemaron, en lo que era un
acto simbólico. Nadie llevaba la cara tapada. No había nada que esconder.
No era noche cerrada. Sucedía lo que se veía. Una mujer con una caja.
Docenas de periodistas gráficos que presenciaron el acto, lo
fotografiaron con total tranquilidad. La policía desplegada, muy
predispuesta a la intervención desde hace un año, no intervino, al no
haber argumento escénico para ello. Posteriormente a los hechos, sí,
varias personas rompieron vidrios. No es la primera vez –ni la más
violenta-, que la Bolsa de Barcelona, una institución a la que le saldría
más barato retirar la puerta y poner una cortina, sufre daños en sus
accesos a lo largo de los últimos meses de violencia financiera.

Para la permanencia en prisión de Laura se argumentaron fenómenos
paranormales, como su reiteración delictiva –un exotismo jurídico para
alguien sin antecedentes-, o el inminente riesgo de fuga –Laura vive con
su hija y disfruta de un trabajo fijo-. A los pocos días de su
encarcelamiento, además, fue trasladada lejos de la ciudad en la que
viven su familia y sus amigos, de manera sorprendente y arbitraria. El
ministro de Justicia ha reconocido que para retener en la cárcel a Laura
−y a Dani e Isma, ciudadanos barceloneses encarcelados desde la mañana
del 29M, acusados de hechos acecidos por la tarde−, había sido necesario
“forzar el ordenamiento jurídico”. Y forzar esas cosas consiste en
privarlas de su sentido. Consiste en el sinsentido. Consiste en volver a
estéticas de la detención propias de décadas anteriores. Consiste en
visualizar, en su brutalidad, la fragilidad en la que han caído los
derechos civiles. Consiste, en fin, en visualizar la fragilidad, a secas.
Y todo ello obliga a hablar de nuestra fragilidad.
Laura es secretaria de organización de la CGT de Barcelona. Y es
anarquista, una tradición hegemónicamente no violenta –la no violencia
nació de la correspondencia de un anarquista ruso, Tolstoi, y un abogado
Indio, Gandhi-, una tradición frágil, que requiere la vivencia personal,
colectiva y voluntaria de la libertad.

Laura es, por todo ello, fragilidad. Pero no es la única fragilidad en la
plaza. Desde hace un año, amplias capas de la sociedad hemos salido a la
calle. De manera horizontal, indignados, sin violencia. Hemos visto en el
rostro de los demás nuestro rostro frágil. Y hemos protestado. Protestamos
porque nuestro único valor es el de ser mercancías, porque la presión que
ejercieron en su día, pese a su fragilidad, nuestros padres y abuelos, ha
sido disipada, de manera que hoy somos mucho más frágiles. Nuestro
trabajo, nuestra casa, nuestra escuela, nuestra comida, nuestra salud,
nuestro acceso a la democracia, nuestro futuro, nuestra vejez, nuestra
relación con la ley, es pura fragilidad. Todos juntos valemos menos que
otras cosas más sólidas, como una oficina, un contenedor, una puerta de
cristal de la Bolsa. Vivimos una sola vez, somos absolutamente frágiles y
no podemos disfrutar de ello, sino temerlo. Somos miles, millones, de
personas frágiles en la calle. No nos distinguimos. El hecho de que se
haya decidido detener a Laura, a una anarquista, es anecdótico. Laura es
una región de nuestra fragilidad tan amplia, que Laura podría ser
cualquiera de nosotros.

Defiende la fragilidad de Laura. Defiende la tuya. Que no nos toquen ni a
uno solo de nosotros. La libertad de Laura es la tuya. Lucha por ambas.
Lucha contra la violencia sobre la fragilidad. Lucha contra la violencia
judicial. Juntos seguimos siendo frágiles, pero no débiles.

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