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Ibon Iparragirre Burgoa: "La única esperanza es que lo manden a casa"

Miércoles 12 de octubre de 2011. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Gara

Última hora: Ibon ingresado en el hospital por una infección pulmonar

Entrevista a Angelita Burgoa, madre del preso político vasco

No es precisamente la única "madre coraje" que arropa a los presos políticos vascos, pero impactan la serenidad y a la vez la fuerza que irradian en momentos tan delicado como éste. Angelita Burgoa se puso ayer el pañuelo de Etxerat y la camiseta de "Amnistía" y se colocó ante las cámaras para detallar la situación que atraviesa su hijo Ibon. Luego amplió su testimonio para GARA. El suyo es un drama contado sin dramatismo, una víctima sin victimismos, una historia que espera final feliz.

Ibon Iparragirre ha pasado más de la mitad de su vida, cerca de 20 años, conviviendo con el VIH sin sobresaltos. Tiene dos hijos y trabajaba en una pizzería de Ondarroa. ¿Qué ha pasado para que, apenas año y medio después de entrar en prisión, se encuentre en una situación delicadísima? Angelita Burgoa es quien mejor lo puede explicar. Es su madre y ayer dio la voz de alarma ante los medios en Bilbo. Lo hizo con serenidad pero sin ocultar nada, aportando abundantes datos y sin ponerle adjetivos al sufrimiento que se intuye debajo. Fue primero ante los medios, arropada por otros familiares de Etxerat, y después para GARA.

¿Cómo se puede resumir el caso de su hijo?

Ibon tiene el VIH desde los 17 años, o sea que lleva 20 años haciendo un modo de vida completamente normal. Pero desde que ha entrado en la cárcel ha ido continuamente para abajo, para abajo... En abril, el médico de la cárcel de Sevilla ya advirtió de cómo estaba. Sin embargo, en junio le negaron la visita del médico [de confianza], y en julio también... Finalmente, el 25 de agosto lo trajeron a Basauri. Pensábamos que sería un paso previo para ponerle en libertad enseguida, pero no...

Desde entonces no le han hecho ningún análisis, sólo le preguntan «cómo estás». Hemos llegado a un punto en que no puede siquiera leer, necesita ayuda de otros presos para escribir... A todo esto, el médico de la cárcel dice que no está en fase terminal, porque como no tiene ninguna infección... Y lo que nosotros decimos es que si la coge, entonces ya será muy tarde.

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Además, lo encontramos muy deprimido. Emocionalmente está muy mal, porque tiene las defensas muy bajas, y se le acumulan las preocupaciones: su salud, sus hijos...

¿Cuál es la última noticia que tienen sobre él?

Sabemos que ayer [por el jueves 6] tenía visita de su sicóloga. Eran dos horas, pero aproximadamente a la hora lo tuvieron que dejar porque Ibon estaba tremendamente cansado. Nosotros estuvimos el sábado en el locutorio y también lo encontramos así. Está sin fuerzas ni para descolgar el teléfono de la pared. Le decimos "Ibon, no se te oye", pero le cuesta tener el teléfono en alto con el cable tensado y sostener la cabeza arriba. Se pasa muchas horas tumbado en la cama. Otros presos nos han contado que le preguntan: "Ibon, ¿estás dormido?", y está despierto, porque tiene los ojos abiertos, pero no tiene fuerzas.

Además, con el deterioro de la vista, tiene muchos problemas para moverse, está inseguro incluso para salir de la celda. No estamos hablando de vista cansada, sino de algo mucho más grave. En principio sufría astigmatismo, más o menos en abril le cambiaron de gafas y entonces todavía leía un poco, pero luego cada vez ha perdido más y más, y ahora no ve casi nada.

Tengo claro que de la cárcel de Sevilla lo sacaron porque allí no querían "cargar con ese mochuelo". Sin embargo, en Basauri no ha mejorado la cosa. Lo que más nos llama la atención es que el médico no quiera que se use la palabra "terminal" cuando está muy claro que si sigue ahí... La única esperanza es que lo manden a casa.

Alertan del riesgo de una infección que sería fatal, y en este punto resulta evidente que la higiene no es igual en la cárcel que en el domicilio propio...

Está claro. Cuando lo trasladaron desde Sevilla a Basauri, estuvo seis días en Valdemoro en una celda muy, muy sucia, llena de cucarachas. Y lo peor es que lo tuvieron allí sólo por tenerlo, sin ninguna necesidad y sin ninguna explicación. En total, Ibon estuvo nueve días sin aparecer desde que salió de Sevilla hasta que llegó a Basauri, y casi todos los pasó en Valdemoro, además de la primera noche en Cáceres y otra después ya de Valdemoro, en El Dueso. En esos días sólo tuvimos noticias por un preso que se cruzó con él y pudo llamar para decir que lo había visto, nada más.

¿Cuándo empezó a caer? ¿Pudo influir la detención, que derivó en denuncias de torturas?

Fue muy dura. Ibon suele decir que no les desea esos cinco días que pasó ni a quienes lo detuvieron, y cuando alguien le dice que él sí que lo desea, les insiste en que no, que no.

De allí salió roto. Le pusieron "la bolsa" pese a ser asmático. Y no quiso comer por miedo a que le metieran algo raro. Al final le hicieron creer cosas increíbles totalmente, como que nos iban a implicar también a sus familiares, pero se las acabó creyendo... Después de eso ha estado además en aislamiento año y medio, y creo que ahí lo han rematado ya.

¿Qué tratamiento llevaba antes de ser detenido?

Ninguno. Sólo controlaba un poco la dieta y tomaba algunas vitaminas. Puedo decir que no ha tenido necesidad de retrovirales en estos 20 años. Y siempre ha sido una persona muy activa, de ésos que no hay que decirles que se muevan, sino lo contrario, que se estén quietos. Y ahora, en cambio...

¿Cómo se lleva esta espera? ¿Colgados del teléfono?

Pues sí. Yo por el día más o menos lo sobrellevo, pero por la noche es mucho peor. Te acuestas a las 2 y para las 3 estás despierta, y a las 4, y a las 5... Al final llegan las 7, sale el sol y arriba otra vez. Ibon tiene la esperanza de que si lo mandan para casa, se recuperará. A ver...

El sábado 8 de octubre se realizó una concentración ante la cárcel de Basauri

Exigen ante la cárcel de Basauri la puesta en libertad de Iparragirre. Por Ana Abarizketa para Gara.

Las muestras de apoyo hacia Ibon Iparragirre se hicieron palpables ayer ante las puertas de la cárcel de Basauri, donde se exigió su inmediata puesta en libertad ante su grave estado de salud. Entre los asistentes se encontraba la madre del preso político de Ondarroa, que recibió la negativa del director de la prisión a mantener una reunión. La concentración concluyó al mismo tiempo que la visita programada que Iparragirre mantuvo con su padre y su hermano.

Las muestras de solidaridad con el preso político ondarroarra Ibon Iparragirre Burgoa no cesan. Ayer, ese apoyo se visibilizó ante los muros de la cárcel de Basauri, adonde ciudadanas y ciudadanos procedente de diversas localidades se acercaron para exigir su inmediata puesta en libertad bajo el lema «Iparra galdu baik, Ibon etxea». Durante el tiempo que se prolongó la concentración, también se corearon gritos reclamando la repatriación de las presas y presos políticos y la excarcelación urgente de quienes se encuentran enfermos.

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Tal y como relató a GARA una de las participantes en la movilización, unas 500 personas se habían reunido a las puertas de la prisión hacia las 11.30. Desde Ondarroa, localidad natal de Iparragirre, se pusieron a disposición de los ciudadanos autobuses para poder desplazarse hasta Basauri. Las personas que se acercaron hasta allí no cesaron de gritar mensajes de apoyo al preso, con la esperanza de que éste pudiera escucharlos.

Mientras, la madre y una representante de Ondarroako Herri Bilgunea intentaron hablar con el director del centro penitenciario para trasladarle su preocupación por su grave estado de salud. Un día antes habían solicitado una reunión con el mismo, pero ayer se negó a recibirlas. Ante esta negativa, decidieron entregar a la Ertzaintza -unas diez furgonetas custodiaban la puerta de la cárcel- la justificación enviada mediante fax el día anterior.

La movilización coincidió con la visita que tenían programada previamente el padre y el hermano de Ibon Iparragirre. Todos los presentes esperaron a la salida de ambos, hacia las 13.30, y les recibieron con expresiones de ánimo. Entonces, se decidió dar por finalizada la concentración, mientras los allegados recibían las últimas impresiones sobre cómo evoluciona el estado de salud de Iparragirre.

La situación es «extrema»

En las últimas semanas se viene alertando del estado de salud de Ibon Iparragirre y, el pasado jueves, médicos y sicólogos que trabajan con presos políticos en la asociación Jaiki Hadi hacían pública su preocupación en una rueda de prensa en la que quedó de manifiesto la gravedad de las afecciones que padece .

Estos facultativos advirtieron de la transcendencia de que sea liberado inmediatamente, ya que la permanencia en la cárcel «no haría más que acelerar su deterioro y un desenlace fatal». Como indicaron, una simple infección o contagio podría resultar irreversible para Ibon Iparragirre.

La asociación Jaiki Hadi exige la aplicación del articulo 196.2 que establece la libertad condicional para cualquier ser humano que padezca una enfermedad grave o terminal

Hace apenas tres meses los médicos y psicólogos que trabajamos con los y las presas políticas vascos en la asociación Jaiki Hadi denunciamos la extrema situación de salud de dos ellos, entre ellos Ibon Iparragirre Burgoa hoy preso en la Cárcel de Basauri.

Ibon está desde hace años afectado por VIH, y los que hemos hecho seguimiento de su caso hemos observado un deterioro progresivo de su enfermedad, tanto por el descenso progresivo de sus defensas como por el aumento espectacular de la carga viral. Hay que reseñar que, a consecuencia de su enfermedad, Ibon lleva tiempo en un estado de cansancio continuo, en que el más mínimo es fuerzo le supone un desgaste considerable.

A pesar de su situación, desde Julio hasta hoy Ibon ha estado en tres cárceles distintas realizando para ello tres largos viajes de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Euskal Herria. En este último viaje, aunque se le ha acercado a su lugar de origen, la conducción, en vez de realizarse en el plazo más breve posible y en unas condiciones de comodidad habida cuenta su estado de salud, se prolongó durante 10 días. Estos días han sido decisivos para observar en él un claro deterioro y empeoramiento de su estado de salud

Desde la última analítica realizada en julio en Sevilla antes de su conducción a Madrid hasta la realizada hace escasas dos semanas, su carga viral casi ha triplicado los índices anteriores, pasando de 84.000 a 232.000, parámetros que indican un estado avanzado de su enfermedad por VIH, estando su curso en el estadio avanzado.

Hoy Ibon padece una pérdida de visión muy grave que le impide leer o escribir e incluso reconocer a los compañeros que tiene alrededor, tiene una hepatitis no vírica que señala problemas en el hígado, las defensas (CD4) se encuentran en unos niveles muy bajos (64) y padece de anemia ferropénica, por sus bajos valores en el nivel de hemoglobina y glóbulos rojos, por lo que precisa que se le suministre hierro en vitaminas .

Es importante señalar que la calidad de vida de Ibon antes de su ingreso en prisión en 2010 era buena, a pesar de ser “sero (+)”, manteniendo actividades de la vida diaria sin limitaciones físicas. Sin embargo, es a partir de su encarcelamiento cuando se empieza a observar un DETERIORO importante con desajustes en todas sus defensas biológicas, que hace que su enfermedad avance de forma importante hasta encontrarse –en menos de 1 año- en esta situación cada vez más crítica.

Ante esta situación, los profesionales que llevamos su caso y comparecemos hoy aquí no barajamos ninguna otra opción que no sea su puesta en libertad inmediata y regreso a casa. Su situación actual de permanencia en la cárcel en el estadio final de la enfermedad en la que se halla inmerso, aumenta de manera exponencial el riesgo de contraer una infección oportunista, lo que no haría más que acelerar un desenlace fatal.

Última hora: el martes 11 Ibon ha sido ingresado en el hospital por una infección pulmonar

Ibon Iparragirre ingresó ayer en el Hospital de Basurto después de que los servicios médicos de la cárcel de Basauri se alarmasen por los 38,5º de fiebre que tenía y un dolor en el costado, síntomas de la infección pulmonar que le fue diagnosticada más tarde. A pesar de su delicado estado, el preso de Ondarroa -que es portador del VIH y cuyas defensas han caído en picado- estuvo esposado y vigilado por cuatro ertzainas. Las peticiones de libertad se intensificaron.

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