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La Ideología Californiana

Jueves 26 de enero de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: La Ideología Californiana

Richard Barbrook y Andy Cameron

En esta crucial coyuntura, una alianza espontánea de escritores, hackers, capitalistas y artistas de la Costa Oeste de los Estados Unidos ha conseguido definir una ortodoxia heterogénea para la naciente era de la información: la Ideología Californiana. Esta nueva fe ha emergido de una extraña fusión entre la bohemia cultural de San Francisco y la industria de tecnología punta del Silicon Valley. (...) la Ideología Californiana combina, de forma promiscua, el espíritu despreocupado de los hippies y el ardor empresarial de los yuppies. Esta amalgama de realidades opuestas ha sido posible gracias a una profunda fe en el potencial emancipatorio de las nuevas tecnologías de la información. En la utopía digital, todos seremos alegres y ricos.

Traducción: Javier Villate

URL del documento original: ma.hrc.wmin.ac.uk/kids/ma.theory.4.2.1.db
Fecha del documento original: 18 de septiembre de 1998

 

Introducción

"No mentir sobre el futuro es imposible y uno puede mentir sobre ello a voluntad". Naum Gabo (1)


Cuando la presa de rompe...

A finales del siglo XX, la muchas veces anunciada convergencia de los medios de comunicación, la informática y las telecomunicaciones en un conglomerado hipermedia está, finalmente, teniendo lugar (2). Una vez más, la implacable dirección del capitalismo hacia la diversificación y la intensificación de los poderes creativos del trabajo humano está a punto de transformar cualitativamente la forma en que trabajamos, jugamos y vivimos. Gracias a la integración de diferentes tecnologías en torno a protocolos comunes, se está creando algo que es más que la suma de sus partes. Cuando la capacidad de producir y recibir cantidades ilimitadas de información en cualquier forma es combinada con el alcance de las redes telefónicas globales, las formas actuales de trabajo y ocio pueden ser modificadas radicalmente. Nacerán nuevas industrias y los principales rubros del mercado serán barridos. En momentos de un cambio social tan profundo, cualquiera que pueda ofrecer una explicación sencilla de lo que está sucediendo será escuchado con gran interés. En esta crucial coyuntura, una alianza espontánea de escritores, hackers, capitalistas y artistas de la Costa Oeste de los Estados Unidos ha conseguido definir una ortodoxia heterogénea para la naciente era de la información: la Ideología Californiana.

Esta nueva fe ha emergido de una extraña fusión entre la bohemia cultural de San Francisco y la industria de tecnología punta del Valle del Silicio. Promovida en revistas, libros, programas de televisión, sitios web, grupos de discusión de Usenet y conferencias de la Red, la Ideología Californiana combina, de forma promiscua, el espíritu despreocupado de los hippies y el ardor empresarial de los yuppies. Esta amalgama de realidades opuestas ha sido posible gracias a una profunda fe en el potencial emancipatorio de las nuevas tecnologías de la información. En la utopía digital, todos seremos alegres y ricos. No es extraño, pues, que esta visión optimista del futuro haya sido abrazada de forma entusiasta por informáticos tecnófilos (nerds), estudiantes holgazanes, capitalistas innovadores, activistas sociales, académicos modernos, burócratas futuristas y políticos oportunistas a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Como de costumbre, los europeos no han tardado en copiar la última novedad del otro lado del Atlántico. Mientras un reciente informe de la Comisión Europea recomienda seguir el modelo californiano de "libre mercado" para construir la "superautopista de la información", artistas y académicos de vanguardia imitan atentamente a los filósofos "post-humanos" del culto extrópico de la Costa Oeste (3). Sin rivales aparentes, el triunfo de la Ideología Californiana parece absoluto.

El irresistible atractivo de estos ideólogos de la Costa Oeste no es simplemente el resultado de su contagioso optimismo. Sobre todo, son apasionados defensores de lo que parece ser una forma impecablemente libertaria de hacer política: quieren que las tecnologías de la información se utilicen para crear una nueva "democracia jeffersoniana" en la que todos los individuos puedan expresarse libremente en el ciberespacio (4). Sin embargo, al abanderar esta ideal aparentemente admirable, estos tecnófilos están reproduciendo, al mismo tiempo, algunas de las características más atávicas de la sociedad norteamericana, especialmente las derivadas del amargo legado de la esclavitud. Su visión utópica de California depende de una obstinada ceguera hacia las otras características —mucho menos positivas— de la vida en la Costa Oeste: el racismo, la pobreza y la degradación ambiental (5). Irónicamente, en un pasado no muy lejano, los intelectuales y artistas del Area de la Bahía se interesaron apasionadamente por estos temas.


Ronald Reagan contra los hippies

El 15 de mayo de 1969, el gobernador Ronald Reagan ordenó a la policía que cargara contra una concentración hippie que había ocupado People’s Park, cerca del campus de Berkeley de la Universidad de California. En la subsiguiente batalla, un hombre resultó muerto por un disparo y 128 personas fueron hospitalizadas (6). Ese día, la gente "de orden" y la contracultura aparecieron como dos mundo implacablemente opuestos. A un lado de las barricadas, el gobernador Reagan y sus seguidores defendían la empresa privada libre de restricciones y apoyaban la invasión de Vietnam. En el otro lado, los hippies abanderaban una revolución social en el interior del país y se oponían a la expansión imperialista en el extranjero. El año de la masacre de People’s Park parecía que la alternativa histórica entre estas dos visiones opuestas del futuro de Estados Unidos sólo podía ser resuelta mediante un conflicto violento. Como dijo Jerry Rubin, uno de los líderes yippie: "nuestro afán de aventura y heroísmo nos lleva, fuera de Estados Unidos, a una vida de autocreación y rebelión. En respuesta, Estados Unidos está dispuesto a destruirnos..." (7).

Durante los años 60, los radicales del Area de la Bahía abrieron el camino de las ideas políticas y el modo de vida cultural de la Nueva Izquierda en todo el mundo. Rompiendo los estrechos moldes de la política de la posguerra, organizaron campañas contra el militarismo, el racismo, la discriminación sexual, la homofobia, el consumismo irresponsable y la polución. En lugar de las rígidas jerarquías de la izquierda tradicional, crearon estructuras colectivas y democráticas que, supuestamente, prefiguraban la sociedad libertaria del futuro. Sobre todo, la Nueva Izquierda Californiana combinó la lucha política y la rebelión cultural. A diferencia de sus padres, los hippies rechazaron adaptarse a las rígidas convenciones sociales impuestas por el ejército, las universidades, las empresas e incluso los partidos políticos de izquierda, que configuraban al "hombre de organización". En su lugar, declararon abiertamente su rechazo del "orden" exhibiendo ropa deportiva, practicando la promiscuidad sexual, escuchando música a toda pastilla y consumiendo drogas estimulantes (8).

Los hippies radicales eran liberales en el sentido social del término. Profesaban ideales universalistas, racionales y progresistas, como la democracia, la tolerancia, la autorrealización y la justicia social. Alentados por más de veinte años de crecimiento económico, creían que la historia estaba de su lado. En las novelas de ciencia-ficción, soñaban con la "ecotopía": una futura California donde los coches habrían desaparecido, la producción industrial sería ecológicamente viable, las relaciones sexuales serían igualitarias y la vida cotidiana se desarrollaría en grupos comunitarios (9). Para algunos hippies, esta visión sólo podría ser realizada mediante el rechazo del progreso científico como un falso Dios y el retorno a la naturaleza. Otros, por el contrario, creían que el progreso tecnológico acarrearía, de forma inevitable, que sus principios libertarios se plasmaran en la práctica social. Influenciados de forma determinante por las teorías de Marshall McLuhan, estos tecnófilos pensaban que la convergencia de los medios de comunicación, la informática y las telecomunicaciones crearía inevitablemente el ágora electrónico: un lugar virtual en el que todos podrían expresar sus opiniones sin temor a la censura (10). A pesar de ser un profesor inglés maduro, McLuhan predicaba el mensaje radical de que el poder de las grandes empresas y los grandes gobiernos sería destronado, de forma inminente, por los efectos intrínsecamente beneficiosos de la nueva tecnología sobre los individuos.

"Los medios electrónicos [...] eliminan la dimensión espacial [...] Gracias a la electricidad, podemos reanudar en todas partes las relaciones persona-a-persona como se dan a escala de los pueblos más pequeños. Es una relación en profundidad y sin delegación de funciones o poderes [...] El diálogo desbanca a la lectura" (11).

Animados por las predicciones de McLuhan, los radicales de la Costa Oeste se implicaron en el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información aplicándolas a la prensa alternativa, las radios comunitarias, los clubs informáticos de fabricación casera y los vídeos comunitarios. Estos activistas de medios comunitarios creían que estaban en la vanguardia de la lucha por construir una nueva América. La creación del ágora electrónico era el primer paso hacia la implementación de la democracia directa dentro de las instituciones sociales (12). La lucha sería dura, pero "ecotopía" estaba al alcance de la mano.


El auge de la "clase virtual"

¿Quién hubiera predicho que, menos de 30 años después de la batalla de People’s Park, carrozas y hippies crearían juntos la Ideología Californiana? ¿Quién habría pensado que esta mezcla contradictoria de determinismo tecnológico e individualismo libertario se convertiría en la híbrida ortodoxia de la era de la información? ¿Y quién podría haber sospechado que, a medida que la tecnología y la libertad eran cada vez más veneradas, sería cada vez menos posible decir algo sensato sobre la sociedad en la que ambas se desarrollaban?

La Ideología Californiana obtiene su popularidad de la ambigüedad misma de sus preceptos. En las últimas décadas, el trabajo pionero de los activistas de los medios comunitarios ha sido ampliamente recuperado por las industrias de tecnología punta y de los medios de comunicación. Aunque las empresas de estos sectores pueden mecanizar y subcontratar buena parte de la fuerza de trabajo que necesitan, siguen siendo dependientes de personas clave que investigan y crean productos originales, desde programas informáticos y chips hasta libros y programas de televisión. Junto con algunos empresarios de tecnología punta, estos habilidosos trabajadores constituyen la llamada "clase virtual": "[...] la tecno-intelectualidad de los científicos del conocimiento, ingenieros, informáticos, desarrolladores de videojuegos y el resto de especialistas en comunicaciones" (13). Incapaces de someterles a la disciplina de la cadena de trabajo o de remplazarles con máquinas, los empresarios han organizado a estos trabajadores intelectuales mediante contratos a tiempo determinado. Al igual que la "aristrocracia obrera" del siglo pasado, el personal central de las industrias de los medios de comunicación, informática y telecomunicaciones experimentan las recompensas y las inseguridades del mercado. Por un lado, estos artesanos de tecnología punta no sólo suelen estar bien pagados, sino que también tienen una considerable autonomía para determinar su ritmo y su lugar de trabajo. En consecuencia, la división cultural entre el hippie y el "hombre de organización" se ha vuelto bastante borrosa. Pero, por otro lado, estos trabajadores están vinculados por los términos de sus contratos y no tienen garantía alguna de un trabajo continuado. Al carecer del tiempo libre de los hippies, el trabajo se ha convertido en la principal vía para la autorrealización para buena parte de la "clase virtual" (14).

La Ideología Californiana ofrece un método para comprender la realidad vivida por estos artesanos de tecnología punta. Por una parte, estos trabajadores constituyen una parte privilegiada de la fuerza de trabajo. Por otra parte, son los herederos de las ideas radicales de los activistas de los medios comunitarios. Por tanto, la Ideología Californiana refleja simultáneamente las disciplinas de la economía de mercado y las libertades del artesanado hippie. Este extraño híbrido sólo ha sido posible gracias a la creencia casi universal en el determinismo tecnológico. Desde los años 60, los liberales —en el sentido social del término— han esperado que las nuevas tecnologías de la información realicen sus ideales. En respuesta al desafío de la Nueva Izquierda, la Nueva Derecha ha resucitado una vieja forma de liberalismo: el liberalismo económico (15). En lugar de la libertad colectiva buscada por los hippies radicales, la Nueva Derecha ha abanderado la libertad individual dentro del mercado. Pero ni siquiera estos conservadores han podido resistirse al encanto de las nuevas tecnologías de la información. Las profecías de McLuhan de los años 60 han sido reinterpretadas como un anuncio de nuevos medios de comunicación, informática y telecomunicaciones desarrolladas por el sector privado. Desde los años 70 en adelante, Toffler, de Sola Pool y otros gurús han intentado demostrar que el advenimiento de los hipermedia implicaría, paradójicamente, un retorno al liberalismo económico del pasado (16). Esta retro-utopía se ha hecho eco de las predicciones de Asimov, Heinlein y otros novelistas machistas de ciencia-ficción cuyos mundos futuros están llenos de traficantes del espacio, vendedores astutos, genios científicos, capitanes corsarios y otros despiadados individualistas (17). El ritmo del progreso tecnológico no conduce siempre a "ecotopía"; también puede devolvernos a los Estados Unidos de los Padres Fundadores.


¿Agora o mercado?

La ambigüedad de la Ideología Californiana es más pronunciada en sus visiones contradictorias del futuro digital. El desarrollo de los hipermedia es un componente clave de la siguiete fase del capitalismo. Como señala Zuboff, la introducción en la fábrica y la oficina de las tecnologías de los medios de comunicación, de la informática y de las telecomunicaciones es la culminación de un largo proceso de separación de la fuerza de trabajo de su participación directa en la producción (18). Aunque sólo sea por razones de competitividad, todas las principales economías industriales se verán forzadas a conectar a sus poblaciones para aprovechar los beneficios de productividad del trabajo digital. Lo que aún se desconoce son las consecuencias sociales y culturales derivadas del hecho de permitir que las personas produzcan e intercambien cantidades casi ilimitadas de información a una escala global. Sobre todo, ¿realizará el advenimiento de los hipermedia las utopías de la Nueva Izquierda o de la Nueva Derecha? En tanto que fe híbrida, la Ideología Californiana responde felizmente este enigma creyendo en ambas visiones al mismo tiempo, y sin criticar ninguna de ellas.

Por una parte, el carácter anticapitalista de la Nueva Izquierda ha sido preservado por los defensores de la "comunidad virtual". Según uno de sus gurús, Howard Rheingold, los valores de los nacidos en la época de la contracultura están modelando el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información. En consecuencia, los activistas comunitarios podrán utilizar los hipermedia para remplazar el capitalismo corporativo y el gran gobierno con una "economía de trueque" basada en la tecnología punta. Ya en estos momentos, los BBSs, las conferencias en tiempo real y los canales de chat dependen del intercambio voluntario de información y conocimiento entre sus participantes. En opinión de Rheingold, los miembros de la "clase virtual" están aún en la vanguardia de la lucha por la liberación social. A pesar de la frenética participación comercial y política en la construcción de la "superautopista de la información", el ágora electrónica triunfará inevitablemente sobre sus enemigos empresariales y burocráticos (19).

Por otra parte, otros ideólogos de la Costa Oeste han abrazado la ideología del laissez-faire de sus en otro momento enemigos conservadores. Por ejemplo, Wired —la biblia mensual de la "clase virtual"— ha reproducido sin crítica las opiniones de Newt Gingrich, el líder republicano de extrema derecha en el Congreso, y los Tofflers, que son consejeros de aquel (20). Ignorando sus políticas de recortes en gastos sociales de bienestar, la revista está hipnotizada por el entusiasmo que muestran ante las posibilidades libertarias que ofrecen las nuevas tecnologías de la información. Sin embargo, aunque toman prestado el determinismo tecnológico de McLuhan, Gingrich y los Tofflers no defienden el ágora electrónica. Por el contrario, dicen que la convergencia de los medios de comunicación, la informática y las telecomunicaciones producirá un mercado electrónico: "En el ciberespacio [...], un mercado tras otro está siendo transformado por el progreso tecnológico desde un ’monopolio natural’ a otro en el que la competencia es la regla" (21).

En esta versión de la Ideología Californiana, a cada miembro de la "clase virtual" se le promete la oportunidad de llegar a ser un empresario de tecnología punta de éxito. Las tecnologías de la información, sigue diciendo el argumento, capacitan al individuo, amplían la libertad personal y reducen radicalmente el poder del estado-nación. Las estructuras de poder social, político y legal existentes se irán debilitando para ser remplazadas por las interacciones libres entre individuos autónomos y su software. Estos mcluhanistas de nuevo tipo argumentan vigorosamente que el gran gobierno debería dejar vía libre a los empresarios con recursos, que son las únicas personas lo bastante serenas y audaces para correr riesgos. En lugar de regulaciones contraproducentes, los ingenieros visionarios están inventando las herramientas necesarias para crear un "mercado libre" en el ciberespacio, como la criptografía, el dinero digital y procedimientos de verificación. En realidad, los intentos de intervenir en las propiedades emergentes de estas fuerzas tecnológicas y económicas, en particular por parte del gobierno, no harían más que colocarnos en situación de dependencia respecto de aquellos que son lo bastante necios como para desafiar las leyes primarias de la naturaleza. Según el editor ejecutivo de Wired, la "mano invisible" del mercado y las fuerzas ciegas de la evolución darwiniana son realmente una sola y misma cosa (22). Como en las novelas de ciencia-ficción de Heinlein y Asimov, el camino hacia el futuro parece llevarnos al pasado. La era de la información del siglo XXI será la realización de los ideales liberales del siglo XVIII de Thomas Jefferson: la "creación de una nueva civilización, basada en las verdades eternas de la Idea Americana" (23).


El mito del "mercado libre"

Tras la victoria del partido de Gingrich en las elecciones legislativas de 1994, esta versión de derechas de la Ideología Californiana está ahora en auge. Sin embargo, los dogmas sagrados del liberalismo económico son desautorizados por la historia real de los hipermedia. Por ejemplo, las tecnologías icónicas empleadas en informática y en la Red sólo pudieron ser inventadas con la ayuda de masivos subsidios estatales y la entusiasta participación de voluntarios. La empresa privada ha jugado un papel importante, pero sólo como parte de una economía mixta.

Por ejemplo, el primer ordenador —el Difference Engine— fue diseñado y construido por compañías privadas, pero su desarrollo sólo fue posible a través de una subvención de 17.470 libras del gobierno británico, que en 1834 era una pequeña fortuna (24). De Colossus a EDVAC, de los simuladores aéreos a la realidad virtual, el desarrollo de la informática ha dependido, en momentos clave, de la financiación pública de la investigación o de lucrativos contratos realizados con instituciones públicas. La compañía IBM sólo fabricó el primer ordenador digital programable después de que se lo solicitara el Departamento de Defensa norteamericano durante la Guerra de Corea. Desde entonces, el desarrollo de las sucesivas generaciones de ordenadores ha sido directa o indirectamente subvencionado por el presupuesto de defensa norteamericano (25). Además de la ayuda estatal, la evolución de la informática ha dependido, también, de la cultura DIY. Por ejemplo, el ordenador personal fue inventado por informáticos aficionados que querían construir sus propias máquinas de bajo coste. La existencia de una "economía de trueque" entre estos aficionados fue una precondición necesaria para el subsiguiente éxito de los productos realizados por Apple y Microsoft. Incluso ahora, los programas shareware juegan todavía un papel vital en el avance del diseño del software.

La historia de Internet también contradice los dogmas de los ideólogos del "mercado libre". Durante los veinte primeros años de su existencia, el desarrollo de la Red fue casi completamente dependiente del frecuentemente vilipendiado gobierno federal de Estados Unidos. A través del ejército o de las universidades norteamericanos, se invirtieron grandes cantidades de dólares de los contribuyentes en la construcción de la infraestructura de la Red y se financió el coste que representaba el uso de sus servicios. Al mismo tiempo, muchos de los programas y aplicaciones claves de la Red fueron inventados por aficionados o profesionales que trabajaban en su tiempo libre. Por ejemplo, el programa MUD, que permite el establecimiento de conferencias en tiempo real, fue inventado por un grupo de estudiantes que querían disfrutar de juegos fantásticos en una red informática (26).

Una de las cosas más extrañas sobre la deriva derechista de la Ideología Californiana es que la misma Costa Oeste es un producto de la economía mixta. Se han utilizado los dólares del gobierno para construir los sistemas de irrigación, autopistas, escuelas, universidades y otros proyectos de infraestructuras que han hecho posible el nivel de vida actual de California. En la cúspide de estos subsidios públicos, el complejo industrial de tecnología punta de la Costa Oeste ha venido festejando la mayor corriente de la historia, durante décadas, de fondos públicos asignados a proyectos locales con fines electorales. El gobierno de Estados Unidos ha repartido a mansalva miles de millones de dólares en la compra de aviones, misiles, productos electrónicos y bombas nucleares a compañías californianas. Para quienes no están cegados por los dogmas del "mercado libre", era evidente que los norteamericanos han tenido siempre un estado planificador: ellos se refieren, sin más, al presupuesto de defensa (27). Al mismo tiempo, elementos clave del modo de vida de la Costa Oeste tienen su origen en su larga tradición de la bohemia cultural. Aunque posteriormente fueron comercializados, los medios comunitarios, el espiritualismo de la "nueva era", el surfing, la alimentación sana, las drogas estimulantes, la música pop y muchas otras expresiones de heterodoxia cultural emergieron de contextos decididamente no comerciales que se desarrollaron en los campus universitarios, las comunidades artísticas y las comunas rurales. Sin su cultura DIY, los mitos de California no habrían tenido la resonancia mundial que tienen en la actualidad (28).

Toda esta financiación pública y participación voluntaria de ciudadanos ha resultado ser enormemente beneficiosa —aunque no haya sido reconocida ni se haya realizado sin costes— para el desarrollo del Valle del Silicio y otras industrias de tecnología punta. Los empresarios capitalistas tienen, a menudo, una idea exagerada de sus propios recursos para desarrollar nuevos proyectos y dan escaso reconocimiento a las contribuciones hechas por el estado, por su propia fuerza de trabajo o por la comunidad. Todo progreso tecnológico es acumulativo: depende de los resultados de un proceso histórico colectivo y debe ser considerado, al menos en parte, como un logro colectivo. Por eso, como en cualquier otro país industrializado, los empresarios norteamericanos han dependido, inevitablemente, de la intervención estatal y de iniciativas DIY para alimentar y desarrollar sus empresas. Cuando unas compañías japonesas amenazaron con invadir el mercado norteamericano de microchips, los capitalistas informáticos libertarios de California no tuvieron reparos ideológicos al unirse en un cártel patrocinado por el gobierno para luchar contra los invasores del Este. Hasta que los programas de la Red que permiten la participación de la comunidad en el ciberespacio pudieron ser incluidos, Bill Gates creyó que Microsoft no tenía más opción que retrasar el lanzamiento de Windows 95 (29). Como en otros sectores de la economía moderna, la cuestión con que se enfrenta la industria emergente de los hipermedia no es si será organizada como una economía mixta, sino qué tipo de economía mixta será la que se desarrollará.


Libertad es esclavitud

Si sus santos preceptos son refutados por la historia profana, ¿por qué los mitos del "mercado libre" han influido tanto a los teóricos de la Ideología Californiana? El hecho de vivir en el seno de una cultura contractual ha conducido a los artesanos de la tecnología punta a una existencia esquizofrénica. Por una parte, no pueden desafiar la preponderancia que ostenta el mercado en sus vidas. Por otra parte, se ofenden por los intentos de las autoridades de inmiscuirse en su autonomía individual. Combinando la Nueva Izquierda y la Nueva Derecha, la Ideología Californiana proporciona una resolución mística de las actitudes contradictorias mantenidas por los miembros de la "clase virtual". Básicamente, el anti-estatismo ofrece los medios para reconciliar ideas radicales y reaccionarias sobre el progreso tecnológico. Mientras a la Nueva Izquierda le sienta mal que el gobierno financie el complejo militar-industrial, la Nueva Derecha ataca al estado por interferir en la difusión espontánea de las nuevas tecnologías a través de la libre competencia. A pesar del papel central que juega la intervención pública en el desarrollo de los hipermedia, los ideólogos californianos predican un evangelio antiestatista de corte libertario y partidario de la tecnología punta: un extraño revoltijo de anarquismo hippie y liberalismo económico reforzado con dosis de determinismo tecnológico. En lugar de comprender el capitalismo realmente existente, los gurús de la Nueva Izquierda y de la Nueva Derecha prefieren defender versiones rivales de una "democracia jeffersoniana" digital. Por ejemplo, desde la Nueva Izquierda, Howard Rheingold cree que el ágora electrónica permitirá a los individuos ejercer el tipo de libertad de comunicación propuesto por los Padres Fundadores. De forma similar, la Nueva Derecha afirma que la eliminación de las restricciones que regulan el funcionamiento de la empresa privada creará una libertad de comunicación digna de una "democracia jeffersoniana" (30).

El triunfo de este retro-futurismo es una consecuencia del fracaso de la renovación que tuvo lugar en los Estados Unidos durante los últimos años 60 y primeros 70. Después del enfrentamiento de People’s Park, la lucha entre el establishment y la contracultura entró en una espiral de confrontación violenta. Mientras los vietnamitas consiguieron expulsar de su país a los invasores norteamericanos —a costa de un gran sufrimiento humano—, los hippies y sus aliados del movimiento negro por los derechos civiles fueron eventualmente aplastados por una combinación de represión estatal y cooptación cultural.

La Ideología Californiana refleja perfectamente las consecuencias que esta derrota ha tenido para los miembros de la "clase virtual". Aunque disfrutan de las libertades culturales conquistadas por los hippies, la mayor parte de esa "clase" ya no está activamente implicada en la lucha por construir la "ecotopía". En lugar de rebelarse abiertamente contra el sistema, estos artesanos de la tecnología punta aceptan que la libertad individual sólo puede alcanzarse trabajando dentro de los límites del progreso tecnológico y del "mercado libre". En muchas novelas ciberpunks, este libertarismo asocial es personificado por el personaje central del hacker, que es un individuo solitario que lucha por sobrevivir en el mundo virtual de la información (31).

El desplazamiento hacia la derecha de los ideólogos californianos resulta facilitado por su aceptación acrítica del ideal liberal de la autosuficiencia individual. Según la cultura tradicional norteamericana, la nación fue construida, desde el salvajismo, por individuos autodidactas —los tramperos, los vaqueros, los predicadores y los ganaderos de la frontera. El objetivo de la revolución americana fue proteger las libertades y la propiedades de los individuos contra las leyes opresivas y los impuestos injustos impuestos por un monarca extranjero. Tanto para la Nueva Izquierda como para la Nueva Derecha, los primeros años de la república norteamericana suministraron un poderoso modelo para sus respectivas y rivales versiones de la libertad individual. Pero hay una profunda contradicción en el centro de este sueño americano: los individuos de este periodo sólo prosperaron gracias al sufrimiento de otros. En ninguna parte está esto tan claro como en la vida de Thomas Jefferson, el jefe simbólico de la Ideología Californiana. Thomas Jefferson fue el hombre que escribió la inspirada proclamación en favor de la democracia y la libertad de la Declaración de Independencia de Norteámerica y, al mismo tiempo, fue propietario de 200 esclavos. Como político, abanderó el derecho de los granjeros y artesanos norteamericanos a determinar sus propios destinos sin sujeciones a las restricciones de la Europa feudal. Como otros liberales de la época, pensó que las libertades políticas sólo podían ser protegidas frente a los gobiernos autoritarios mediante la difusión de la propiedad privada individual. Los derechos de los ciudadanos se derivaban de este derecho natural fundamental. Con el fin de promover la autosuficiencia, propuso que se entregara a cada americano 50 acres de tierra para garantizar su independencia económica. Sin embargo, mientras idealizaba a los pequeños granjeros y hombres de negocios de la frontera, Jefferson poseía una gran plantación virginiana que trabajaban sus esclavos. Aunque esta "peculiar institución" del Sur le resultaba incómoda para su conciencia, seguía creyendo que los derechos naturales del hombre incluían el derecho de poseer seres humanos como propiedad privada. En la "democracia jeffersoniana", la libertad de los blancos se basó en la esclavitud de los negros (32).


Avanzando hacia el pasado

A pesar de la eventual emancipación de los esclavos y de las victorias del movimiento pro derechos civiles, la segregación racial todavía subsiste en el centro de la política norteamericana, especialmente en la Costa Oeste. En las elecciones para gobernador de California de 1994, el candidato republicano, Pete Wilson, ganó después de una campaña demencial contra los inmigrantes. A nivel nacional, el triunfo del Partido Republicano de Gingrich en las elecciones legislativas se basó en la movilización de los "hombres blancos descontentos" contra la supuesta amenaza de los negros que gorronean de los presupuestos destinados al bienestar, los inmigrantes de México y otras minorías arrogantes. Estos políticos han cosechado los beneficios electorales de la creciente polarización entre los suburbios opulentos, mayoritariamente blancos —que votaron principalmente a los republicanos—, y los habitantes, fundamentalmente no blancos, de los barrios pobres de las ciudades, que mayoritariamente no votaron (33).

Aunque retienen algunos ideales hippies, muchos ideólogos californianos no han tomado una postura clara contra las políticas divisoras de los republicanos. Esto se debe a que las industrias de tecnología punta y medios de comunicación son un elemento clave de la coalición electoral de la Nueva Derecha. En parte, capitalistas y trabajadores con altos ingresos temen que el reconocimiento abierto de la financiación pública de sus empresas pueda justificar incrementos fiscales destinados a cubrir los gastos en salud, protección ambiental, vivienda, transporte público y educación. Más importante todavía, muchos miembros de la "clase virtual" quieren ser seducidos por la retórica libertaria y el entusiasmo tecnológico de la Nueva Derecha. Al trabajar en empresas de tecnología punta y medios de comunicación, les gustaría creer que el mercado electrónico puede resolver, de alguna forma, los problemas sociales y económicos que acucian a Estados Unidos sin apenas sacrificios por su parte. Atrapado en las contradicciones de la Ideología Californiana, Gingrich es —como ha escrito un colaborador de Wired— su "amigo y

enemigo" (34).

En los Estados Unidos, se necesita urgentemente una importante redistribución de la riqueza en beneficio, a largo plazo, de la mayoría de la población. Sin embargo, esto va en contra de los intereses a corto plazo de los blancos ricos, incluidos muchos miembros de la "clase virtual". En lugar de compartir la riqueza con sus vecinos pobres negros e hispanos, los yuppies se refugian en sus suburbios opulentos, protegidos por guardias armados y satisfechos con sus servicios privados de bienestar (35). Los desheredados sólo participan en la era de la información proporcionando mano de obra barata no sindicada para las empresas de los productores de chips del Valle del Silicio (36). Incluso la construcción del ciberespacio podría convertirse en parte integral de la fragmentación de la sociedad norteamericana en clases sociales antagónicas y determinadas por su pertenencia racial. Marginados por las compañías telefónicas hambrientas de beneficios, los habitantes de los barrios pobres de las ciudades están amenazados, debido a sus bajo poder adquisitivo, con su exclusión de los nuevos servicios en línea (37). Por el contrario, los miembros de la "clase virtual" y otros profesionales pueden jugar a ser ciberpunks dentro de la hiper-realidad sin tener que encontrarse con sus vecinos depauperados. Al lado de las siempre crecientes divisiones sociales, se está creando otro apartheid entre los "ricos en información" y los "pobres en información". En esta "democracia jeffersoniana" de tecnología punta, la relación entre amos y esclavos se perpetúa bajo una nueva forma.


Amos cyborg y esclavos robots

El temor a la "subclase" rebelde ha corrompido el dogma más fundamental de la Ideología Californiana: su creencia en el potencial emancipatorio de las nuevas tecnologías de la información. Aunque los teóricos del ágora y el mercado electrónicos prometen liberar a los individuos de las jerarquías del estado y los monopolios privados, la polarización social de la sociedad norteamericana está produciendo una visión más opresiva del futuro digital. Las tecnologías de la libertad se están convirtiendo en máquinas de dominación.

En su finca de Monticello, Jefferson inventó muchos artilugios ingeniosos para su casa, como un "camarero mudo" que llevaba la comida desde la cocina hasta el comedor. Mediatizando sus relaciones con sus esclavos a través de la tecnología, este individualista revolucionario se guardó de enfrentarse con la realidad de su dependencia del trabajo forzado de sus congéneres (38). A finales del siglo XX, la tecnología está siendo utilizada, otra vez, para reforzar la diferencia entre amos y esclavos.

Según algunos visionarios, la búsqueda de la perfección de la mente, el cuerpo y el espíritu conducirá, inevitablemente, a la emergencia del "post-humano": una manifestación biotecnológica de los privilegios sociales de la "clase virtual". Mientras los hippies vieron el autodesarrollo como parte de la liberación social, es más probable que los artesanos de tecnología punta de la California contemporánea busquen la autorrealización individual a través de terapias, espiritualismo, ejercicio u otros pasatiempos narcisistas. Su deseo de escapar al suburbio vallado de lo hiper-real es sólo un aspecto de esta profunda obsesión egocéntrica (39). Estimulados por los supuestos avances en "inteligencia artificial" y en las ciencias médicas, el culto extrópico fantasea con abandonar el estado "húmedo" propio del ser humano para convertirse en máquinas vivientes (40). Como los personajes Virek y Tessier-Ashpools de las novelas de Gibson, creen que el privilegio social les dotará, eventualmente, de inmortalidad (41). En lugar de predecir la emancipación de la humanidad, esta forma de determinismo tecnológico solamente puede vislumbrar una profundización de la segregación social.

A pesar de estas fantasías, los blancos de California siguen siendo dependientes de sus congéneres de piel más oscura para trabajar en sus fábricas, recoger sus cosechas, cuidar de sus hijos y ocuparse de sus jardines. Tras los disturbios de Los Angeles, temen cada vez más que esta "subclase" pida algún día su liberación. Si los esclavos humanos no son, en última instancia, dignos de confianza, entonces habrá que inventar unos sustitutos mecánicos. La búsqueda del santo grial de la "inteligencia artificial" revela este deseo del Golem: un esclavo fuerte y leal cuya piel sea del color de la tierra y cuyas entrañas estén hechas de arena. Como en las novelas de robots de Asimov, los tecnoutópicos imaginan que es posible que las máquinas inanimadas realicen los trabajos de los esclavos de hoy (42). Sin embargo, aunque la tecnología puede almacenar o amplificar el trabajo, nunca podrá eliminar la necesidad de que los humanos inventen, construyan y mantengan estas máquinas. El trabajo esclavo no puede conseguirse sin que alguien siga siendo esclavizado.

La Ideología Californiana ha sido abrazada por todo el mundo como una forma optimista y emancipatoria de determinismo tecnológico. Pero esta fantasía utópica de la Costa Oeste depende de su ceguera hacia —y dependencia de— la polarización social y racial de la sociedad en la que ha nacido. A pesar de su retórica radical, la Ideología Californiana es, en última instancia, pesimista sobre el cambio social fundamental. A diferencia de los hippies, sus defensores no están luchando para construir una "ecotopía", ni siquiera para intentar reconstruir el New Deal. Por el contrario, el liberalismo social de la Nueva Izquierda y el liberalismo económico de la Nueva Derecha han convergido en el ambiguo sueño de una "democracia jeffersoniana" de tecnología punta. Interpretado generosamente, este retro-futurismo podría ser una concepción de una frontera cibernética donde los artesanos de tecnología punta descubren su autorrealización individual en el ágora electrónico o en el mercado electrónico. Sin embargo, como el zeitgeist de la "clase virtual", la Ideología Californiana es, al mismo tiempo, una fe excluyente. Si sólo algunas personas tienen acceso a las nuevas tecnologías de la información, la "democracia jeffersoniana" puede convertirse en una versión tecnológicamente puntera de la economía de plantación del Viejo Sur. Reflejando su profunda ambigüedad, el determinismo tecnológico de la Ideología Californiana no es simplemente optimista y emancipatoria. Es, simultáneamente, una visión profundamente pesimista y represiva del futuro.


Hay alternativas

A pesar de sus profundas contradicciones, gentes de todo el mundo creen todavía que la Ideología Californiana expresa la única forma de avance hacia el futuro. Con la globalización creciente de la economía mundial, muchos miembros de la "clase virtual" de Europa y Asia sienten más afinidad con sus pares californianos que con otros trabajadores de sus respectivos países. Pero, en realidad, el debate nunca ha sido más posible y más necesario. La Ideología Californiana fue desarrollada por un grupo de personas que vivían en un país concreto con una combinación concreta de opciones socioeconómicas y tecnológicas. Su mezcla ecléctica y contradictoria de economía conservadora y radicalismo hippie refleja la historia de la Costa Oeste, y no el inevitable futuro del resto del mundo. Por ejemplo, las premisas antiestatistas de los ideólogos californianos son bastante localistas. En Singapur, el gobierno no sólo está organizando la construcción de una red de fibra óptica, sino que también está intentando controlar el contenido ideológico de la información que circula por ella. Dadas las mucho más rápidas tasas de crecimiento de los "tigres" asiáticos, el futuro digital no llegará necesariamente primero a California (43).

A pesar de las recomendaciones neoliberales del Informe Bangemann, la mayoría de las autoridades europeas están decididas a colaborar estrechamente en el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información. Minitel —la primera red en línea exitosa del mundo— fue una creación deliberada del estado francés. En respuesta a un informe oficial sobre el impacto potencial de los hipermedia, el gobierno decidió dedicar recursos al desarrollo de tecnologías de vanguardia. En 1981, France Telecom lanzó el sistema Minitel, que proporcionó una mezcla de información textual y herramientas de comunicación. Esta compañía telefónica nacionalizada, que detentaba el monopolio en Francia, consiguió una masa crítica de usuarios para su pionero sistema en línea regalando terminales a todo el que quisiera renunciar a los directorios telefónicos de papel. Una vez que se desarrolló un mercado, los proveedores comerciales y comunitarios pudieron encontrar los usuarios suficientes para crecer dentro del sistema. Desde entonces, millones de franceses de todas las extracciones sociales han reservado cómodamente billetes, han conversado entre sí y se han organizado políticamente en línea sin darse cuenta de que estaban rompiendo los esquemas libertarios de la Ideología Californiana (44).

Lejos de demonizar el estado, la aplastante mayoría de la población francesa cree que se necesita más intervención pública para desarrollar una sociedad más eficiente y sana (45). En las recientes elecciones presidenciales, casi todos los candidatos tuvieron que defender —por lo menos de forma retórica— una mayor intervención estatal para terminar con la exclusión social de los desempleados y los "sin techo". A diferencia de su equivalente americana, la revolución francesa fue más allá del liberalismo económico y construyó una democracia popular. Tras la victoria de los jacobinos sobre sus oponentes liberales en 1972, la república democrática en Francia se ha convertido en la encarnación de la "voluntad general". Como tal, el estado debía defender los intereses de todos los ciudadanos y no limitarse a proteger los derechos de los propietarios individuales. El discurso político francés permite que la acción colectiva desplegada por el estado mitigue —o incluso elimine— los problemas con que se encuentra la sociedad. Mientras los ideólogos californianos intentan ignorar que los dólares de los contribuyentes subvencionan el desarrollo de los hipermedia, el gobierno francés puede intervenir abiertamente en este sector de la economía (46).

Aunque su tecnología está ya trasnochada, la historia de Minitel refuta claramente los prejuicios antiestatistas de los ideólogos californianos, y del comité Bangemann. El futuro digital será un híbrido de intervención estatal, iniciativa privada capitalista y cultura DIY. Esencialmente, si el estado puede fomentar el desarrollo de los hipermedia, podría también emprenderse acciones conscientes para impedir la emergencia del apartheid social entre "ricos en información" y "pobres en información". Sin dejar nada al azar de los caprichos de las fuerzas del mercado, la Unión Europea y sus estados miembros podría asegurar que cada ciudadano tiene la oportunidad de estar conectado a una red de banda ancha de fibra óptica al menor precio posible.

En el primer ejemplo, esto sería un plan de creación de empleo para la fuerza de trabajo semiespecializada en un periodo de desempleo masivo. En tanto que medida keynesiana de creación de empleo, nada impide pagar a la gente para que cave agujeros en la carretera y los rellene de nuevo (47). Pero, más importante aún, la construcción de una red de fibra óptica hasta los hogares y las empresas podría dar a todos acceso a los nuevos servicios en línea y crear una comunidad grande y vibrante de conocimientos compartidos. Los beneficios a largo plazo para la economía y la sociedad derivados de la construcción de la "infopista" serían inconmensurables. Permitiría a la industria trabajar más eficientemente y comercializar nuevos productos. Aseguraría que la educación y los servicios de información fueran accesibles a todos. No hay duda de que la "infopista" crearía un mercado de masas para las empresas privadas que vendieran productos de información —películas, programas de televisión, música y libros— a través de la Red. Al mismo tiempo, una vez que la gente pudiera distribuir, y recibir, hipermedia, surgiría rápidamente una gran cantidad de medios de comunicación y grupos cívicos. Para que todo esto suceda, será necesaria la intervención colectiva que garantice que todos los ciudadanos van a estar incluidos en el futuro digital.


El renacimiento de lo Moderno

Aunque no sea bajo circunstancias que puedan elegir, es necesario que los europeos afirmen su propia visión del futuro. Hay varios caminos de avance hacia la sociedad de la información, y algunos son más deseables que otros. Con el fin de tomar una decisión informada, los artesanos digitales europeos tienen que desarrollar un análisis más coherente del impacto de los hipermedia que el que se encuentra en las ambigüedades de la Ideología Californiana. Los miembros de la "clase virtual" europea deben crear su propia identidad específica.

Esta comprensión alternativa del futuro empieza desde el rechazo de cualquier forma de apartheid social, tanto dentro como fuera del ciberespacio. Cualquier programa de desarrollo de los hipermedia debe garantizar que el conjunto de la población tenga acceso a los nuevos servicios en línea. En lugar del anarquismo de la Nueva Izquierda o de la Nueva Derecha, una estrategia europea para el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información debe reconocer abiertamente la inevitabilidad de alguna forma de economía mixta, la creativa y antagónica combinación de estado, mercado e iniciativas DIY. La indeterminación del futuro digital es una consecuencia de la ubicuidad de esta economía mixta dentro del mundo moderno. Nadie sabe exactamente cuál será la fuerza relativa de cada componente, pero la acción colectiva puede garantizar que ningún grupo social es deliberadamente excluido del ciberespacio.

Una estrategia europea para la era de la información debe, también, celebrar los poderes creativos de los artesanos digitales. Puesto que su trabajo no puede ser descualificado ni mecanizado, los miembros de la "clase virtual" ejercen un gran control sobre su propio trabajo. En lugar de sucumbir al fatalismo de la Ideología Californiana, debemos abrazar las posibilidades prometeicas de los hipermedia. Dentro de las limitaciones de la economía mixta, los artesanos digitales pueden inventar algo completamente nuevo, algo que no haya sido profetizado en ninguna novela de ciencia-ficción. Estas formas innovadoras de conocimiento y comunicaciones pondrán a prueba los logros de otros, incluidos algunos aspectos de la Ideología Californiana. Ahora es imposible que cualquier movimiento serio de emancipación social no incluya las demandas del feminismo, la cultura de las drogas, la liberación gay, la identidad étnica y otros temas planteados por los radicales de la Costa Oeste. Asimismo, cualquier intento de desarrollar los hipermedia dentro de Europa necesitará parte del ardor empresarial y de la actitud emprendedora característicos de la Nueva Derecha californiana. Pero, al mismo tiempo, el desarrollo de los hipermedia significa innovación, creatividad e invención. No existen precedentes para todos los aspectos del futuro digital.

Como pioneros de algo nuevo, los artesanos digitales necesitan volver a conectarse con la teoría y la práctica del arte productivo. No son sólo empleados de otros o potenciales empresarios cibernéticos. Son, también, artistas-ingenieros, diseñadores de la siguiente fase de la modernidad. Aprendiendo de la experiencia de los saint-simonistas y de los constructivistas, los artesanos digitales pueden crear una nueva estética de la máquina para la era de la información (48). Por ejemplo, los músicos han utlizado los ordenadores para desarrollar formas musicales puramente digitales, tales como el jungle y el techno (49). Los artistas interactivos han explorado las potencialidades de las tecnologías CR-ROM, como se muestra en el trabajo de ANTI-rom. El Centro de Investigación Hipermedia ha construido un espacio social virtual experimental llamado J’s Joint (50). En cada caso, los artistas-ingenieros están intentando ir más allá de las limitaciones de las tecnologías y de su propia creatividad. Sobre todo, estas nuevas formas de expresión y de comunicación están conectadas con una cultura más extensa. Los desarrolladores de los hipermedia deben reafirmar la posibilidad de un control racional y consciente del diseño del futuro digital. A diferencia del elitismo de la Ideología Californiana, los artistas-ingenieros europeos deben construir un ciberespacio que sea incluyente y universal. Es el momento del renacimiento de lo Moderno.

"Las circunstancias presentes favorecen hacer del lujo algo nacional. El lujo se convertirá en algo útil y moral cuando sea disfrutado por toda la nación. El honor y la ventaja de emplear directamente, en los acuerdos políticos, el progreso de las ciencias exactas y las bellas artes [...] es algo reservado a nuestro siglo" (51).


Richard Barbrook y Andy Cameron son miembros del Hypermedia Research Centre de la Universidad de Westminster de Londres.

Quisiéramos agradecer a Andrej Kerlep, Dick Pountain, Helen Barbrook, Les Levidow, Jeremy Quinn, Jim McLellan, John Barker, John Wyver, Rhiannon Patterson y a los miembros del HRC la ayuda que nos han brindado para escribir este artículo.



Notas

(1) Naum Gabo y Anton Pevsner, "The Realistic Manifesto, 1920", en John E. Bowlt (ed.), Russian Art of the Avant-Garde: Theory and Criticism, Thames

& Hudson, Londres, 1976, p. 214.

(2) Durante 25 años, los expertos han estado prediciendo la inminente llegada de la era de la información. Ver Alain Touraine, La Societè post-industrielle, Editions Denoïl, París, 1969; Zbigniew Brzezinski, Between Two Ages: America’s role in the Technetronic Era, Viking Press, Nueva York, 1970; Daniel Bell, The Coming of the Post-Industrial Society, Basic Books, Nueva York, 1973; Alvin Toffler, The Third Wave, Pan, Londres, 1980; Simon Nora y Alain Minc, The Computerisation of Society, MIT Press, Cambridge, Massachusetts, 1980; e Ithiel de Sola Pool, Technologies of Freedom, Belknap Press, Harvard, 1983.

(3) Ver Martin Bangemann, Europe and the Global Information Society, Bruselas, 1994; y el programa y resumen de la Conferencia sobre Futuros Virtuales de la Universidad de Warwick.

(4) Ver Mitch Kapor, "Where is the Digital Highway Really Heading?", en Wired, julio-agosto 1993.

(5) Ver Mike Davis, City of Quartz, Verso, Londres, 1990; Richard Walker, "California Rages Against the Dying of the Light", New Left Review, enero-febrero 1995; y los discos de Ice-T, Snoop Dog, Dr Dre, Ice Cube, NWA y muchos otros "raperos" de la Costa Oeste.

(6) Ver George Katsiaficas,

The Imagination of the New Left: a Global Analysis of 1968, South End Press, Boston, 1987, p. 124.

(7) Jerry Rubin, "An Emergency Letter to my Brothers and Sisters in the Movement", en Peter Stansill y David Zane Mairowitz (eds.), BAMN: Outlaw Manifestos and Ephemera 1965-70, Penguin, Londres, 1971, p. 244.

(8) Sobre el papel clave jugado por la cultura popular en la autoidentidad de la Nueva Izquierda norteamericana, ver George Katsiaficas, The Imagination of the New Left: a Global Analysis of 1968, South End Press, Boston, 1987; y Charles Reich, The Greening of America, Random House, Nueva York, 1970. Una descripción de las vidas de los trabajadores de "cuello blanco" en la América de los 50 se encuentra en William Whyte, The Organization Man, Simon & Schuster, Nueva York, 1956.

(9) En una novela de éxito de mediados de los años 70, la mitad norte de la Costa Oeste se separaba del resto de los Estados Unidos para constituir una utopía hippie. Ver Ernest Callenbach, Ecotopia, Bantam, Nueva York, 1975. Esta idealización de la vida comunitaria californiana también se puede encontrar en John Brunner, The Shockwave Rider, Methuen, Londres, 1975; e, incluso, en trabajos posteriores, como el de Kim Stanley Robinson, Pacific Edge, Grafton, Londres, 1990.

(10) Un análisis de los intentos de crear una democracia directa a través de las tecnologías de los medios de comunicación se encuentra en Richard Barbrook, Media Freedom: the contradictions of communications in the age of modernity, Pluto, Londres, 1995.

(11) Marshall McLuhan, Understanding Media, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1964, pp. 255-6. Ver también Marshall McLuhan y Quentin Fiore, The Medium is the Message, Penguin, Londres, 1967; y Gerald Emanuel Stern (ed.), McLuhan: Hot

& Cool, Penguin, Londres, 1968.

(12) Ver John Downing, Radical Media, South End Press, Boston, 1984.

(13) Arthur Kroker y Michael A. Weinstein, Data Trash: the theory of the virtual class, New World Perspectives, Montreal, 1994, p. 15. Este análisis continúa el de aquellos futurólogos que pensaron que los "trabajadores del conocimiento" eran el embrión de una nueva clase dirigente. Ver Daniel Bell, The Coming of the Post-Industrial Society, Basic Books, Nueva York, 1973; y de los economistas que creen que los "analistas simbólicos" se convertirán en la fracción dominante de la fuerza de trabajo en el capitalismo globalizado. Ver Robert Reich, The Work of Nations: a blueprint for the future, Simon & Schuster, Londres, 1991. Por el contrario, en los años 60 algunos teóricos de la Nueva Izquierda creyeron que estos trabajadores científico-técnicos estaban conduciendo la lucha por la liberación social a través de las ocupaciones de fábricas y las demandas de autogestión. Ver Serge Mallet, The New Working Class, Spokesman Books, Nottingham, 1975.

(14) Ver Dennis Hayes, Behind the Silicon Curtain, Free Association Books, Londres, 1989, donde se encuentra una descripción de los contratos de trabajo en el Valle del Silicio; y para conocer un tratamiento de ficción de este tema, ver Douglas Coupland, Microserfs, Flamingo, Londres, 1995. Análisis más teóricos de la organización posfordista del trabajo pueden consultarse en Alain Lipietz, L’audace ou l’enlisement, Editions La Dècouverte, París, 1984, y Mirages and Miracles, Verso, Londres, 1987; Benjamin Coriat, L’atelier et le robot, Christian Bourgois Editeur, París, 1990; y Toni Negri, Revolution Retrieved: Selected Writings on Marx, Keynes, Capitalist Crisis & New Social Subjects 1967-83, Red Notes, Londres, 1988.

(15) Existe gran confusión política y semántica sobre el significado del término "liberalismo" a ambos lados del Atlántico. Por ejemplo, los norteamericanos utilizan el término liberalismo para describir cualquier política que sea apoyada por el partido Demócrata, supuestamente de centro-izquierda. Sin embargo, como ha señalado Lipset, este sentido restringido de la palabra esconde la casi universal aceptación en los Estados Unidos del término liberalismo en su significado clásico. Dice Lipset: "Estos valores [liberales] eran evidentes en el siglo XX en el hecho de que [...] los Estados Unidos no sólo ha carecido de un partido socialista viable, sino que tampoco ha tenido jamás un partido conservador al estilo británico o europeo". Ver Seymour Martin Lipset, American Exceptionalism: a double-edged sword, W.W. Norton, Nueva York, 1996, pp. 31-32. La convergencia de la Nueva Izquierda y la Nueva Derecha en torno a la Ideología Californiana es, por lo tanto, un ejemplo concreto del amplio consenso que existe en torno al liberalismo anti-estatista como discurso político en los Estados Unidos.

(16) Sobre el éxito de McLuhan en el mundo empresarial, ver Tom Wolfe, "What If He Is Right?", The Pump House Gang, Bantam Books, Londres, 1968. Sobre el uso de sus ideas por parte de pensadores conservadores, ver Zbigniew Brzezinski, Between Two Ages: America’s role in the Technetronic Era, Viking Press, Nueva York, 1970; Daniel Bell, The Coming of the Post-Industrial Society, Basic Books, Nueva York, 1973; Alvin Toffler, The Third Wave, Pan, Londres, 1980; Ithiel de Sola Pool, Technologies of Freedom, Belknap Press, Harvard, 1983.

(17) Los hombres heroicos son habituales en las novelas clásicas de ciencia-ficción. Ver D. D. Harriman en Robert Heinlein, The Man Who Sold the Moon, Signet, Nueva York, 1950; o los líderes de novelas como las de Isaac Asimov, The Foundation Trilogy, Gnome Press, Nueva York, 1953, I, Robot, Panther, Londres, 1968, y The Rest of the Robots, Panther, Londres, 1968. Hagbard Celine —una versión más psicodélica de este arquetipo masculino— es el carácter central en Robert Shea y Robert Anton Wilson, The Illuminati Trilogy, Dell, Nueva York, 1975. En la carta del tiempo de la "historia futura", en la novela de Robert Heinlein, se predice que, después de un periodo de crisis social ocasionada por el rápido avance tecnológico, se restaurará la estabilidad en los años 80 y 90 a través de "una apertura de nuevas fronteras y un retorno a la economía del siglo XIX".

(18) Ver Shoshana Zuboff, In the Age of the Smart Machine: the future of work and power, Heinemann, Nueva York, 1988. Naturalmente, este análisis es deudor de Karl Marx, Grundrisse, Penguin, Londres, 1973; y "Results of the Immediate Process of Production", en Albert Dragstedt (ed.), Value Studies by Marx, New Park, Londres, 1976.

(19) Ver Howard Rheingold, Virtual Communities, Secker & Warburg, Londres, 1994, y sus páginas web.

(20) Ver la efusiva entrevista con los Tofflers en Peter Schwartz, "Shock Wave (Anti) Warrior", Wired, noviembre 1993; y sobre la característica ambigüedad de la revista sobre el programa político reaccionario del portavoz del Congreso, ver la entrevista con Newt Gingrich en Esther Dyson, "Friend and Foe", Wired, agosto 1995.

(21) Progress and Freedom Foundation, Cyberspace and the American Dream: A Magna Carta for the Knowledge Age, p. 5.

(22) Ver Kevin Kelly, Out of Control: the New Biology of Machines, Fourth Estate, Londres, 1994. Una crítica del libro se encuentra en Richard Barbrook, The Pinnochio Theory.

(23) Progress and Freedom Foundation, Cyberspace and the American Dream: A Magna Carta for the Knowledge Age, p. 13. Toffler y sus amigos proclaman también con orgullo que "América [...] sigue siendo la tierra de la libertad individual, y esta libertad se extiende claramente al ciberespacio", Cybersapce and the American Dream: A Magna Carta for the Knowledge Age, p. 6. Ver también Mitch Kapor, "Where is the Digital Highway Really Heading?", en Wired, julio-agosto 1993.

(24) Ver Simon Schaffer, Babbage’s Intelligence: Calculating Engines and the Factory System.

(25) Ver Jonathan Palfreman y Doron Swade, The Dream Machine, BBC, Londres, 1991, pp. 32-36, para una explicación de cómo la ausencia de intervención estatal supuso que la Alemania nazi perdiera la oportunidad de construir el primer ordenador electrónico del mundo. En 1941, el Alto Mando Alemán rechazó financiar a Konrad Zuze, que había iniciado el uso del código binario y otros desarrollos informáticos.

(26) Ver Howard Rheingold, Virtual Communities, Secker & Warburg, Londres, 1994.

(27) Como ha dicho el Secretario de Trabajo del presidente Clinton, "Recordad que durante la posguerra el Pentágono ha estado ayudando silenciosamente a las empresas norteamericanas a adoptar tecnologías como los reactores, transistores, circuitos integrados, nuevos materiales, láser, fibras ópticas [...] El Pentágono y los 600 laboratorios nacionales que trabajan con él y con el Departamento de Energía son lo más parecido que hay en Estados Unidos al conocido Ministerio de Comercio e Industria del Japón". Ver Robert Reich, The Work of Nations: a blueprint for the future, Simon & Schuster, Londres, 1991, p. 159.

(28) Para saber cómo surgieron estas innovaciones culturales de las primeras experiencias alucinógenas, ver Tom Wolfe, The Electric Kool-Aid Acid Test, Bantam Books, Nueva York, 1968. Es interesante señalar que uno de los conductores del famoso autobús fue Stewart Brand, en la actualidad colaborador de Wired.

(29) Dennis Hayes,

Behind the Silicon Curtain, Free Association Books, Londres, 1989, pp. 21-22, señala que el Pentágono ha exhortado a la industria informática norteamericana para que constituya cárteles para hacer frente a la competencia. Gates admite que sólo recientemente se ha dado cuenta del "cambio estructural masivo" que está siendo causado por la Red. Ver "The Bill Gates Column", The Guardian, 20 julio 1995.

(30) Ver el sitio web de Howard Rheingold, y Mitch Kapor, "Where is the Digital Highway Really Heading?", en

Wired, julio-agosto 1993. A pesar de los instintos libertarios de estos dos autores, su idilio con la era de los Padres Fundadores es compartido por los movimientos neofascistas Militia y Patriot. Ver Chip Berlet, Armed Militias, Right Wing Populism & Scapegoating.

(31) Ver los héroes hackers

de William Gibson, Neuromancer, Grafton, Londres, 1984, Count Zero, Grafton, Londres, 1986, y Mona Lisa Overdrive, Grafton, Londres, 1989; o en Bruce Sterling (ed.), Mirrorshades, Paladin, Londres, 1988. Un prototipo de este tipo de antihéroe es Deckard, el cazador existencial de los replicantes del Bladerunner de Ridley Scott.

(32) Según Miller, Thomas Jefferson creía que los negros no podían ser miembros del contrato social lockeano que vinculaba a todos los ciudadanos de la república americana. "Los derechos del hombre [...] aunque son teórica e idealmente derechos naturales de todo ser humano, se aplican en la práctica en los Estados Unidos sólo a los hombres blancos: los esclavos negros fueron excluidos porque, aunque son seres humanos, eran también propiedad, y donde los derechos del hombre entraban en conflicto con los derechos de propiedad, estos tenían preferencia", ver John Miller, The Wolf by the Ears: Thomas Jefferson and Slavery, Free Press, Nueva York, 1977, p. 13. La oposición de Jefferson a la esclavitud fue exclusivamente retórica. En una carta escrita el 22 de abril de 1820, sugería cínicamente que la mejor forma de promover la abolición de la esclavitud sería ¡legalizar la posesión privada de seres humanos en todos los estados de la Unión y territorios de la frontera! Afirmaba que "[...] su distribución por una superficie mayor les haría más felices individualmente y facilitaría, en proporción, el logro de su emancipación repartiendo la responsabilidad entre un mayor número de coadjutores [es decir, propietarios de esclavos]". Ver Merill Peterson (ed.), The Portable Thomas Jefferson, The Viking Press, Nueva York, 1975, p. 568. Una descripción de la vida en su plantación se encuentra en Paul Wilstach, Jefferson and Monticello, William Heinemann, Londres, 1925.

(33) Sobre el giro a la derecha de la sociedad californiana, ver Richard Walker, "California Rages Against the Dying of the Light", New Left Review, enero-febrero 1995.

(34) Ver Esther Dyson, "Friend and Foe", Wired, agosto 1995. Esther Dyson colaboró con los Tofflers en la redacción del documento Cyberspace and the American Dream de la Progress and Freedom Foundation, que es un manifiesto futurista concebido para captar los votos de los miembros de la "clase virtual" al servicio del candidato Gingrich.

(35) Sobre el auge de los suburbios fortificados, ver Mike Davis, City of Quartz, Verso, Londres, 1990, y Urban Control: the Ecology of Fear, Open Magazine, Nueva Jersey, 1992. Estos "suburbios vallados" han servido de inspiración al contexto alienado de muchas novelas ciberpunks de ciencia-ficción, como la de Neal Stephenson, Snow Crash, Roc, Nueva York, 1992.

(36) Ver Dennis Hayes, Behind the Silicon Curtain, Free Association Books, Londres, 1989.

(37) Ver Reginald Stuart, "High-Tech Redlining", Utne Reader 68, marzo-abril 1995.

(38) Ver Paul Wilstach, Jefferson and Monticello, William Heinemann, Londres, 1925.

(39) Ver Dennis Hayes,

Behind the Silicon Curtain, Free Association Books, Londres, 1989.

(40) Una exposición del programa retro-futurista se encuentra en Extropian FAQ.

(41) Ver William Gibson,

Neuromancer, Grafton, Londres, 1984, y Count Zero, Grafton, Londres, 1986.

(42) Ver Isaac Asimov, I, Robot, Panther, Londres, 1968, y The Rest of the Robots, Panther, Londres, 1968.

(43) Ver William Gibson y Sandy Sandfort, "Disneyland with the Death Penalty", Wired, septiembre-octubre 1993. Puesto que estos artículos se refieren a Singapur, es una ironía que la Disneylandia real esté en California, ¡cuyo represivo código penal incluye la pena de muerte!

(44) Información sobre el informe que condujo a la creación de Minitel se encuentra en Simon Nora y Alain Minc,

The Computerisation of Society, MIT Press, Cambridge, Massachusetts, 1980. Sobre los primeros años de Minitel puede encontrarse información en Michel Marchand, The Minitel Saga: A French Success Story, Larousse, París, 1988.

(45) Según una encuesta efectuada durante las elecciones presidenciales de 1995, el 67 por ciento de la población francesa apoyaba la propuesta de que "el estado debe intervenir más en la vida económica de nuestro país". Ver "Une majorité de Français souhaitent un vrai ’chef’ pour un vrai ’Etat’", Le Monde, 11 abril 1995, p. 6.

(46) Sobre la influencia del jacobinismo en las concepciones francesas de los derechos democráticos, ver Richard Barbrook, Media Freedom: the contradictions of communications in the age of modernity, Pluto, Londres, 1995. Algunos economistas franceses creen que la peculiar historia de Europa ha creado un modelo específico —y socialmente superior— de capitalismo. Ver Michel Albert, Capitalism v. Capitalism, Four Wall Eight Windows, Nueva York, 1993, y Philip Delmas, Le Maïtre des Horloges, Editions Odile Jacob, París, 1991.

(47) Como dijo el mismo Keynes, "’Cavar agujeros en la tierra’ incrementará no sólo el empleo, sino el dividendo nacional real de bienes y servicios útiles". Ver J. M. Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan, Londres, 1964, p. 220.

(48) Ver Keith Taylor (ed.), Henri Saint-Simon 1760-1825: Selected Writings on Science, Industry and Social Organisation, Croom Helm, Londres 1975; y John E. Bowlt, Russian Art of the Avant-Garde: Theory and Criticism, Thames & Hudson, Londres, 1976.

(49) Como ha dicho Goldie, un músico jungle: "Tenemos que seguir adelante, coger los tambores y el contrabajo y seguir adelante. Recuerdo cuando decíamos que no podíamos seguir. Lo hemos hecho diez veces desde entonces...". Ver Tony Marcus, "The War is Over", Mixmag, agosto 1995, p. 46.

(50) Para obtener más información sobre ANTI-rom y J’s Joint, ver sus contribuciones al sitio web del Hypermedia Research Centre.

(51) Henri Saint-Simon, "Sketch of the New Political System", en Keith Taylor (ed.), Henri Saint-Simon 1760-1825: Selected Writings on Science, Industry and Social Organisation, Croom Helm, Londres, 1975, p. 203.


Ultima actualización: 1 febrero 1999
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