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Qué nos cuenta la prensa y a quién se debe. El caso español

Miércoles 15 de junio de 2011. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Los grupos mediáticos son ramas de distintos consorcios con intereses en sectores como la energía y la banca

Por Aurora Labio Bernal. Profesora de Periodismo de la Universidad de Sevilla

En los últimos años, los procesos de concentración mediática a nivel mundial han terminado por dibujar un panorama al amparo de los intereses corporativos.

Los medios no son hoy en día empresas independientes, sino ramificaciones de grandes compañías que entran en contacto con múltiples y variados sectores. En el Estado español, un breve repaso por los principales periódicos permite detectar las servidumbres a las que se encuentran sometidos en virtud de los grupos que los respaldan.

En el caso de El País, es probable que el lector ya sepa que su dueño es el grupo Prisa, pero detrás se encuentra, desde finales de 2010, el fondo especulativo de inversiones Liberty Acquisition Holdings, que posee más del 50% de la empresa española. Pero no es la única vinculación con socios extranjeros. Hace unos meses, Prisa fusionó su televisión Cuatro con Telecinco, lo que le llevó a entrar en contacto directo con Mediaset. Esta compañía está además presente en Digital Plus, donde comparte accionariado con la propia Prisa y Telefónica. Es importante destacar además que Mediaset forma parte de Fininvest, el holding en manos del primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que posee, entre otros, negocios de publicidad y aseguradoras.

Resulta así llamativo comprobar cómo se dan la mano dos posicionamientos ideológicos aparentemente distanciados, ya que Silvio Berlusconi es la cabeza visible del partido conservador Pueblo de la Libertad (PDL). Por su parte, el grupo Prisa ha sido reconocido durante años como el brazo mediático del PSOE, especialmente en las legislaturas de Felipe González. Las consecuencias de la fusión de estas dos televisiones no han tardado en llegar. En diciembre de 2010, CNN+ (Prisa) cerraba sus emisiones para ser sustituido por el Canal Gran Hermano, que emitía durante todo el día este concurso de Telecinco. Pero las conexiones con intereses alejados de la comunicación no acaban aquí, ya que Prisa es accionista también de Le Monde, publicación que cuenta con el apoyo del grupo armamentístico francés Lagardère.

El poder mediático de Italia

Esta relación del capital extraño a la información con grupos mediáticos también aparece en el caso de El Mundo. El periódico pertenece a Unidad Editorial, creada en 2007 a partir de la fusión de Recoletos y Unedisa, auspiciada por la compañía Rizzoli Corriere della Sera Media Group (RCS), que se convierte en la dueña absoluta de la nueva sociedad. De esta manera, El Mundo, Marca y Expansión están participados mayoritariamente por este grupo italiano.

Cuando analizamos quién está detrás de RCS descubrimos que Mediobanca, Fiat y Pirelli, entre otros, son sus principales accionistas. La adscripción ideológica de Unidad Editorial se sitúa en una derecha liberal, que encontró sus ramificaciones audiovisuales con Veo TV, en la que empezó compartiendo accionariado con Iberdrola para hacerse con el control absoluto en 2008.

En el caso de ABC, la cabecera está en manos de Vocento, compañía surgida de la unión entre la antigua Prensa Española y Correo. Los vínculos con otros grupos llevan a que la dueña de ABC sea también la propietaria de Intereconomía TV, donde participan Disney e Intereconomía. Este último grupo posee otras publicaciones como La Gaceta, y su presidente es el político conservador Julio Ariza Irigoyen, con conexiones bien asentadas en la iglesia católica. En el caso de Disney, hay que recordar que nos encontramos ante uno de los grandes conglomerados de la comunicación cuyos tentáculos empresariales le llevan hasta la española Inditex o Halliburton, perteneciente al sector petrolífero.

Por su parte, La Razón es el periódico de Planeta, que se configura como un potente grupo de comunicación con intereses transnacionales. Por ejemplo, la empresa de José Manuel de Lara posee una importante influencia en Colombia, a través de Casa Editorial El Tiempo. Recientemente, Alejandro Pulido se cuestionaba en rebelion.org el porqué del cierre de la revista Cambio en aquel país, motivada por razones de tipo político y conexiones con el gobierno colombiano. La publicación parecía especialmente molesta para el ejecutivo, y el grupo Planeta se encontraba en esos momentos pendiente de la concesión estatal de un canal de televisión en el país. A pesar de la línea conservadora de La Razón, Planeta no tuvo problemas hace unos años en compartir accionariado con Godó en el periódico nacionalista Avui, junto a la Generalitat de Cataluña. Recordemos que en carta pública, Luis María Anson esgrimió esta contradicción editorial para abandonar la compañía y sus colaboraciones en la cabecera.

‘Público’, otro más en la lista

Cuando en 2007 aparece Público, los lectores de izquierda pensaron por fin que había llegado un medio independiente. El diario es editado por Mediapubli que recientemente compró también La Voz de Asturias, y pronto se sitúa en la órbita del actual Gobierno socialista. Las entrañas de este grupo revelan un nuevo entramado en el que se encuentran empresas del sector inmobiliario como Mentaema o Multiax. Asimismo, sus principales propietarios, a la cabeza de los que se sitúa Jaume Roures, aparecen también vinculados a la cadena de televisión La Sexta. En esta cadena, comparten accionariado con Televisa –en poder de la familia mexicana Azcárraga– a través de Mediapro. Detrás de este consorcio vuelve a aparecer el nombre de Roures, además de los de Miguel Barroso y José Miguel Contreras, todos ellos cercanos a Zapatero, que parece encontrarse más cómodo que con Prisa. Recordemos que la “guerra del fútbol” entre Mediapro y Sogecable hizo variar tímidamente la línea de El País.

De esta forma, podemos apuntar cómo los principales diarios en España están condicionados en exceso por múltiples intereses económicos y políticos que se dejan finalmente sentir en el periodismo. La omisión de determinadas realidades (como la revolución cívica en Islandia), la simplificación de los contenidos (sustituidos por elementos emotivos y espectaculares) o la configuración de una determinada agendasetting (donde están presentes la polémica y los sucesos) no son hechos inocentes. Los medios forman parte del sistema y su función pública se diluye ante accionistas, anunciantes e intereses político-empresariales.

Fuente original: Diagonal

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