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Kanikosen, el pesquero. Un ejemplo de literatura proletaria.

Miércoles 12 de diciembre de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Reseña de Sra. Castro en SoloDeLibros

Reseñas y notas sobre la obra escrita hace casi un siglo por Takiji Kobayashi, y su asesinato por la policía.

Kanikosen. El Pesquero, de Takiji Kobayashi, fue publicado por primera vez en 1929 y ahora, casi un siglo después, reaparece en las listas de los libros más vendidos. Críticos y reseñistas coinciden en la idea de que, en la precariedad laboral que el neoliberalismo ha desatado, las jóvenes generaciones de trabajadores se sienten identificadas con las vicisitudes de los protagonistas de esta novela.

Kanikosen. El Pesquero, de Takiji Kobayashi, fue publicado por primera vez en 1929 y ahora, casi un siglo después, reaparece en las listas de los libros más vendidos. Críticos y reseñistas coinciden en la idea de que, en la precariedad laboral que el neoliberalismo ha desatado, las jóvenes generaciones de trabajadores se sienten identificadas con las vicisitudes de los protagonistas de esta novela.

Kanikosen narra la vida en un cangrejero japonés que faena frente a las costas de la península de Kamchatka. Las durísimas condiciones de vida de los trabajadores se describen con un estilo parco que pone de relieve todo el horror de su situación: apaleados, torturados, obligados a trabajar sin descanso, subalimentados, acosados por piojos, pulgas y chinches, desesperados; esos hombres sólo tienen un pasado de hambre y miseria, y su futuro tal vez sea morir en las frías aguas del mar de Ojotsk.

El acierto de Tajiki Kobayashi es convertir a todos los trabajadores del barco en un solo personaje. No importa si un trabajador viene del campo, otro de una fábrica y el tercero de una mina, porque su experiencia es común: jornadas agotadoras, sueldos exiguos, malos tratos y accidentes mortales. Y ese pasado común, que el autor retrata con crudeza cuando da voz a alguno de ellos que narra sus experiencias, aboca a una misma conciencia: la de que hay quien se enriquece a costa del sudor y la sangre de hombres a los que nadie trata como a tales.

Al principio, ese hombre de cuatrocientas caras (tantas como obreros, pescadores y marineros trabajan en el buque factoría) da por sentado que ésa es la vida que le corresponde: vivir miserablemente para que otros puedan hacerlo de forma opulenta. Comprende que no hay justicia en esa realidad, pero ante las duras condiciones de su día a día solo exclama «¡Mierda!». Sin embargo, las condiciones de trabajo empeoran día a día y, como una bestia acosada, los trabajadores del barco se ven obligados a reaccionar.

La ley del terror que gobierna el barco deja de surtir efecto cuando la muerte se convierte en algo deseable, en comparación con la dureza de cada día. Así, el miedo dejará paso a la indignación y ésta a la conciencia de la propia fuerza. ¿Qué pueden el capitán, el representante de la compañía y el patrón de los obreros contra cuatrocientos hombres desesperados? La clave está en la unión, en convertirse en un sólo hombre en la lucha, como lo fueron en la desesperación.

El soberbio planteamiento del libro recoge esa gradación paulatina que convierte a cuatrocientas bestias de carga en cuatrocientos hombres decididos a conquistar una nueva dignidad. La narración sencilla, pero llena de imágenes sugerentes, convierte la lectura en un verdadero placer y acentúa el interés con el que se siguen los avatares de los trabajadores del Hakko Maru.

Takiji Kobayashi murió asesinado por la policía cuatro años después de la aparición de Kanikosen. El pesquero, como consecuencia de sus actividades subversivas en favor del proletariado. Pero los trabajadores del siglo XXI se siguen reconociendo en sus personajes, porque la voracidad del capitalismo devora cada día un pedacito de los derechos que se conquistaron durante años de lucha. Cada paso atrás que los trabajadores damos, cada derecho que perdemos y cada mejora por la que no luchamos, es una traición a la memoria de quienes, como Kobayashi, dieron la vida por nosotros. Por eso no debe bastar con reconocerse en los trabajadores de este pesquero: hay que emularlos.


Nota incluida por el editor estadounidense en la primera edición en lengua inglesa de la obra en 1933, apenas meses después del asesinato del autor.

TAKIJI KOBAYASHI ASESINADO POR LA POLICÍA

La última víctima del terror policial contra los comunistas en Japón ha sido el destacado escritor proletario Takiji Kobayashi. Tenía solamente treinta años en el momento de su muerte aunque su reputación ya era ampliamente conocida, debida a la sensación que casó su relato Kanikosen (que es similar a La Jungla), así como sus otras narraciones de carácter militante.

Takiji Kobayashi ya había sido encarcelado varias veces, aunque hace un año logró escapar de una redada policial en su casa. Colaboraba clandestinamente con el Partido Comunista cuando, hacia la una del mediodía del 21 de febrero de 1933, fue arrestado mientras caminaba por la calle. Cinco horas después, había muerto a causa de las torturas que le habían infligido. En el momento de su arresto forcejeó con la policía durante media hora y casi logró escapar. Finalmente, fue arrastrado a la comisaría y se le aplicó el tercer grado, a pesar de lo cual no confesó nada ni divulgó ningún nombre. Su voluntad de acero le permitió resistir la tortura hasta que cayó inconsciente y la muerte lo rescató de aquel infierno. La policía llevó el cadáver a un hospital, donde consiguió un falso certificado de defunción en el que el médico declaró que era un paciente habitual y que padecía una enfermedad cardíaca que le había provocado la muerte.

Llamaron a sus parientes para que se llevaran el cuerpo. Su madre, Oseisan, una buena mujer de sesenta años, siempre simpatizó con la ideología de su hijo y solicitó que no se le diera un entierro religioso, sino el que correspondiera a un trabajador. Cuando vio el cadáver, se volvió hacia los policías presentes y les dijo, mirándoles a los ojos, que jamás creería la historia de la muerte por causas naturales.

Sus amigos trataron de obtener una autopsia de otros centros hospitalarios, pero ninguno accedió. Un hospital se avino inicialmente a ello, pero cuando trajeron el cuerpo y se dieron cuenta de quien era el muerte, se negaron a llevarla a cabo; era obvio que seguían órdenes, o que tenían miedo de las represalias. El departamento de policía no estaba dispuesto a repetir el error del anterior mes de noviembre, cuando permitió que los médicos de la Universidad Imperial demostraran que la muerte del camarada Iwata había sido un asesinato.

Sin embargo, se llegaron a tomar unas fotografías del cadáver, donde se distinguía claramente las terribles heridas. En la frente, se detectaba la marca de un hierro candente. Alrededor del cuello, había morados, causados por una fina y afilada cuerda. En las muñecas, una de las cuales estaba rota, quedaban las marcas de las esposas. Toda la espalda estaba abrasada y desde las rodillas hasta las ingles, la carne estaba hinchada y púrpura a causa de las hemorragias internas. Aun después de matarlo, la policía no quedó satisfecha: arrestaron a más de trescientas personas que intentaron velar su ataúd y devolvieron todas las coronas fúnebres, hasta la que envió la federación de escritores, una organización burguesa. Inmediatamente, los camaradas organizaron un gran funeral de trabajadores y campesinos para honrarle. Escogieron la fecha del 15 de marzo, pues era el quinto aniversario del primer gran arresto de camaradas comunistas, una historia que Takiji Kobayashi había glosado en uno de sus relatos.

Ese día la policía prohibió la representación teatral de su cuento La aldea de Numajiri, deteniendo a todos los autores. A pesar de que toda la policía estaba movilizada para evitar que hubiera protestas y las masas se rebelaran, los trabajadores y los estudiantes de todos los grandes centros urbanos salieron a la calle y se manifestaron, repartiendo folletos denunciando el repugnante crimen.

Para conmemorar la encomiable labor que el camarada Kobayashi llevó a cabo con su imaginación y su vigor proletario, el 15 de marzo será el Día de la Cultura, que se celebrará anualmente para que los obreros puedan honrar su recuerdo y la difusión de la cultura proletaria.


Ficha de la edición en castellano publicada en 2010 por Ático de los Libros.

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