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Carta abierta de una guerrillera a lxs confundidxs

Sábado 2 de noviembre de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Mujer Fariana

Por Natalie Mistral, guerrillera de las FARC-EP

Ante la repetición de las críticas, bien o mal intencionadas, que se escuchan desde ciertos sectores de la urbanidad colombiana –que no sufrió la guerra, o que la sufrió desde lejos, pero sí, la presión económica de la política neoliberal del gobierno-, quise dirigirles esta carta abierta con la intención de precisar algunas concepciones que les han sido impuestas.

Escuchar los noticieros las 24 horas no es estar informado, solo consultando a todas las fuentes puede hacerse una idea más o menos completa que le permita emitir su propio juicio. Pues la gran prensa es financiada por los mismos poderosos que tienen intereses en el conflicto interno social y armado de Colombia.

Es difícil imaginar hasta qué punto nos mienten, tan difícil como aceptar que nos están manipulando. Pregúntense ¿por qué, aunque nos muestren tan grotescamente inhumanos, fue creciendo el apoyo popular que nos permitió resistir a tantos años de persecución? ¿por qué pudimos afianzarnos como movimiento político-armado, capaz de contrarrestar las pretensiones de las élites feudales de nuestro país?

¿Seremos nosotros los responsables de que la burguesía latifundista haya preferido recurrir al paramilitarismo para conservar sus privilegios, amenazada por ese pueblo en armas que clamaba justicia y progreso? Esa burguesía que desde siempre ha estado ligada a los intereses de grandes transnacionales, las que no les importa el bienestar del pueblo, más allá de las ganancias que puedan sacar de la explotación de su fuerza laboral y de la riqueza de sus tierras.

Tal como la mujer víctima de violación termina acusada de haber provocado a su agresor, nos culpan ahora de ser responsables de las atrocidades que cometieron en su anhelo de aplastar la dignidad de todo un pueblo. Y han logrado que parte de este pueblo termine creyéndonos culpables, creyéndose culpable de su propio sufrimiento. ¿El síndrome de Estocolmo no se podría aplicar en este caso, pregunto a los expertos?

Claro está, la fuerza de persuasión de los que detentan el poder y por ende, controlan la tan controvertida “opinión pública” ha sido clave; lograron penetrar la mente de nuestros conciudadanos con sus mentiras repetidas mil veces hasta hacerlas más reales que la verdad.

No nos cansaremos de explicar al mundo que no somos narcotraficantes; que jamás hemos retenido a todos los desaparecidos que hoy nos reclaman; que no obligamos nunca a nadie a ingresar; que las mujeres encuentran en nuestra organización más libertades y derechos de los que les ofrece la sociedad; que nuestros niños no son carne de cañón, como sí lo son los pobres niños utilizados por el ejército para intentar golpearnos; que no nos lucramos de la guerra y no tenemos ningún interés personal en ella; y que las armas no son un asunto de principio.

Nos tocó asumir esta forma de lucha para defender la vida y la dignidad de nuestras familias y de todo un pueblo. ¡Ejército del Pueblo! no es una simple consigna, es lo que somos: hombres y mujeres, campesinos, trabajadores, humildes pero no ignorantes, organizados, con un proyecto y propuestas para cambiar la suerte de esta nación. Con el tiempo nos fuimos conformando en un verdadero ejército, pero uno de nuevo tipo, uno donde todos y todas tenemos la oportunidad de opinar, donde crecimos como humanidad, donde nos formamos, aprendemos, y donde nace el embrión de nuestra nueva sociedad.

¡Somos humanos! Crecimos la mayoría, con los vicios de la sociedad que nos vio nacer... La organización guerrillera que conformamos se dotó de leyes y reglamentos para responder a las necesidades de esta sociedad en medio de una guerra desigual y cruenta. Pero una organización, por más igualitaria y justa, antes que todo, es un grupo de individuos, con sus fuerzas, sus debilidades, sus aspiraciones.... y estos hombres, estas mujeres de buenas voluntades nos hemos equivocado muchas veces. Fuimos confrontados en una guerra sin límites donde hemos visto desaparecer familiares y amigos, donde fueron vilipendiados desde el primer momento, sometidos a torturas y privaciones, como gran parte del pueblo.

Hemos pecado, si, hemos sido obligados por las circunstancias a tomar decisiones dolorosas, algunos traicionaron, algunos renunciaron a los ideales, algunos perdieron la ternura.... ¿les parece eso desviación ideológica?

Las FARC-EP se ha construido sobre fuertes principios morales y revolucionarios. Y no estoy hablando de la moral burguesa, de esa que acepta el lavado de los pecados con la compra de indulgencias. Nuestra Ética es humanista y Bolivariana. Castigamos los culpables y reconocemos los verdaderos actos de contrición. Valoramos la dignidad y la rectitud, respetamos y amamos a nuestro pueblo que no es otra cosa que nuestra propia familia.

Algunos aspectos de la vida nuestra pueden parecer duros para aquellos que siempre estuvieron cobijados por la comodidad relativa de la ciudad, apartada de las penurias y de la guerra. Pero muchas de nuestras normas solo responden a necesidades de sobrevivencia en una situación de acecho permanente y condiciones materiales limitadas.

¡Llegó el tiempo de aclarar muchas cosas, muchos hechos y muchas mentiras! No le tenemos miedo a la verdad porque si no estamos exentos de faltas, ¡no hemos sido los verdugos de Colombia! Ya es hora que por fin el mundo sepa quiénes son los verdaderos responsables de tanta violencia, quiénes la originaron, quiénes la desataron...

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