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Assata Shakur: Una autobiografía.

Miércoles 31 de julio de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Obra publicada por Capitán Swing

Reseña parcial por Gaelx de la autobiografía de Assata Shakur.

"Esta autobiografía es muy conocida en EE UU y cuando se estudia a los autores negros en las universidades está siempre ahí", explica Odriozola, traductora de la autobiografía. Assata Shakur vive desde 1985 exiliada en Cuba, tras fugarse del sistema penitenciario estadounidense en el que llevaba, a la espera de diversos juicios, más de 10 años en las peores condiciones de torturas y aislamiento. Su nombre figura en la lista de terroristas del FBI y, con un precio de dos millones de dólares, es la mujer más buscada de América.

Hace unos meses ha salido publicado en la editorial Capitán Swing la autobiografía de Assata Shakur, que vio la luz en inglés en 2001 bajo el inequívoco título de Una autobiografía y que ha sido escrito desde Cuba en 1987.

La historia de Assata Shakur, o JoAnn Deborah Byron Chessimard por su nombre de esclava, es la historia de una persona excepcional que vive la historia común de un pueblo oprimido en el corazón de la opulencia. Desde 1985 vive exiliada en Cuba, tras fugarse del sistema penitenciario estadounidense en el que llevaba, a la espera de diversos juicios, más de 10 años en las peores condiciones de torturas y aislamiento. Su nombre figura en la lista de terroristas del FBI y, con un precio de dos millones de dólares, es la mujer más buscada de América.

Con esta introducción, cuesta imaginar la personalidad sensible, independiente y creativa que su autobiografía, escrita con vibrante sinceridad, deja traslucir. El libro se abre con el enfrentamiento con la policía que acaba con la muerte de un cerdo, la de uno de los compañeros de Assata y la detención de esta. A partir de ahí, los capítulos que narran con crudeza el periplo judicial y penitenciario se intercalan con la historia de su infancia aún en la etapa de la segregación, rebelde adolescencia y juventud paulatinamente concientizada, en la que se va politizando a través del partido de los Panteras Negras, espacios feministas y el Ejército Negro de Liberación. Cada capítulo se cierra con algunos de los poemas que escribió desde la prisión.

A través de sus palabras, claras y directas, Assata denuncia algunos de los males y mentiras más extendidas de las supuestas democracias capitalistas. La niña Assata va descubriendo con rabia el etnocentrismo de la historia y los intereses esclavistas de figuras tan veneradas en Estados Unidos con George Whasington o Abraham Lincon. Un momento especialmente crítico de esa conciencia de tener una doble vida cultural (la propia de la cultura negra que la misma comunidad desprecia y utiliza como un insulto, por un lado, y la “alta cultura” blanca a la que una mujer con su insaciable curiosidad parecía aspirar en lo musical, gastronómico, literario, etc.) es cuando, en su primer año de universidad, una compañera más politizada le sugiere dejarse el pelo “natural”. De pronto se da cuenta de que “había toda una generación de mujeres negras que se escondían tras pelucas, avergonzadas de su pelo. Era triste y repugnante. (...) La gente tiene razón cuando dice que lo que cuenta no es lo que tengas sobre tu cabeza sino dentro de ella. Puedes ser una persona con ideas revolucionarias y llevar el pelo planchado. Y puedes tener el pelo afro y ser un traidor para tu gente. (...) Pero cuando pasas toda tu vida procesando y maltratando tu pelo para que parezca que es de otra raza, estás haciendo una declaración de principios muy evidente.”

Al igual que hace la poeta guerrera feminista negra y lesbiana Audre Lorde, Assata Shakur no elude la difícil cuestión de la violencia machista dentro de la comunidad negra y relata sin concesiones varios intentos de violación o de ser chuleada por “hermanos” cuando, durante su complicada adolescencia, se escapó de casa. Tampoco se muerde la lengua a la hora de criticar ciertas posturas políticas coetáneas a su proceso concienciación, como las relacionadas con el nacionalismo islámico,el pacifismo extremo caricaturesco o ell “culto al macho” de buena parte del partido de los Panteras Negras.

El mensaje principal de la acción y reflexión de Assata Shakur está completamente vigente aquí y ahora. Cito varias de sus frases a lo largo de todo el libro. “Nosotros somos los únicos que nos podemos liberar.” “No puedes decir que amas a la gente si no la respetas, y no puedes llamar a la unidad política a menos que la practiques en tu forma de relacionarte.” “La base de cualquier lucha es que la gente se junte para luchar contra un enemigo común.” “Decide siempre por ti mismo quiénes son tus enemigos y nuca dejes que tus enemigos elijan a tus enemigos por ti.”

Y termina, tras su fuga de la cárcel:

“Cada día que paso ahora siendo libre, me recuerdo a mí misma que los Negros en amérika están oprimidos. Necesito hacerlo. Las personas se acostumbran a todo. Cuanto menos piensas en tu opresión, más aumenta tu tolerancia hacia la misma. Poco después, la gente piensa que la opresión es el estado normal de las cosas. Pero para liberarse, uno tiene que ser muy consciente de que es un esclavo.”


"Esta autobiografía es muy conocida en EE UU y cuando se estudia a los autores negros en las universidades está siempre ahí", explica Odriozola, traductora de la autobiografía. La publicación de esta clase de obras por Capitán Swing, editorial nacida en 2009 con una propuesta "contracultural y disidente", busca analizar las dinámicas sociales del pasado para ayudar a comprender el presente, cuenta su editor, Daniel Moreno. Quizá la razón del éxito y las sucesivas ediciones de Una autobiografía en el país de Assata esté en el estilo de la autora, "que no cae en lo fácil de quedar bien", sino que muestra sus errores, lo que piensa cuando era una adolescente, como su apoyo a la guerra de Vietnam, y cómo va evolucionando hasta forjar su carácter indómito. Otro atractivo del texto es que a pesar de las asperezas que desgrana, deja pequeños espacios para las situaciones tiernas, para los sentimientos.

El libro se completa con un glosario para que el lego en la materia sepa, por ejemplo, quién fue Elmer Pratt, un pantera negra que pasó 27 años en prisión acusado en falso de asesinato, o hasta qué año tuvieron vigencia las leyes de segregación racial Jim Crow. Si a Assata le llega algún día este libro podrá comprobar cómo suena en español, el idioma del país en el que vive escondida, lo que escribió hace 26 años, la historia de su vida.


Programa especial de Sangre Fucisa sobre (algunos) feminismos negros.

No es posible separar la raza de la clase y de la opresión sexual. Y así podríamos seguir citando ejes de opresión hasta el infinito pero para simplificar, hoy nos vamos a quedar con estos tres.

Los feminismos de color, principalmente los que surgen de las mujeres afroamericanas y latinas (también indias, caribeñas, asiáticas, etc.), sacudieron las entrañas del feminismo blanco, lo pusieron frente a su propio espejo y contribuyeron de manera fundamental que se cruzan en las interacciones sociales a seguir profundizando, para re-equilibrarlas, en las complejas relaciones de poder

Esta colisión se produjo por primera vez entre el movimiento abolicionista y el sufragista. En una situación en que un amplísimo porcentaje de la población de Estados Unidos (toda la que no fuese un varón blanco adulto con dinero) carecía de derechos políticos, parecía que la única manera de ganar esa carrera era poner la zancadilla al de al lado.

Así, las mujeres blancas que habían liderado la lucha por el voto de las mujeres (muchas defendiendo también la causa abolicionista) se tomaron como una ofensa personal que se otorgase ese derecho primero a los hombres negros. Y dijeron algunas cosas realmente feas.

Las feministas negras, por su parte, fueron desde un primer momento extraordinariamente lúcidas a la hora de posicionarse y tejer alianzas, tanto con los varones con los que compartían la opresión racial como con las mujeres blancas a las que unía la lucha antipatriarcal.

Desde entonces, las aportaciones de las mujeres no-blancas-occidentales-heterosexuales-declasemedia ha sido imprescindible para que el movimiento feminista siga siendo una estrategia realmente emancipadora. Hoy, en Sangre Fucsia, vamos a dar algunas pinceladas sobre nuestras activistas, pensadoras, músicas, poetas… afrodescendientes favoritas. Porque habitamos, orgullosas, la casa de la diferencia.

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