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Un artículo de cultura cinematográfica de "El País" se convierte en un ataque político contra Cuba

Jueves 7 de noviembre de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Capítulo Cubano

El pasado 19 de octubre, el diario español El País publicó, en su sección cultural El Espectador, un artículo escrito por el periodista José Meléndez y titulado “Princesas Rojas, un filme de espionaje tropical en la Centroamérica de los 80”, con el fin de presentar la película Princesas Rojas, dirigida por la costarricense Laura Astorga, que participará en la edición 35 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que tendrá lugar en La Habana desde el 5 hasta el 15 de diciembre de 2013.

La película, que cuenta las historias personales y las luchas políticas de una familia costarricense durante las guerras civiles que sacudieron a Nicaragua y parte de Centroamérica en la década de los ochenta, se convirtió en un excelente punto de partida para que el periodista de El País pudiese llevar adelante el típico ataque mediático, completamente descontextualizado, contra el gobierno cubano.

En este sentido, en primer lugar, Meléndez trató de generar un absurdo velo de misterio alrededor de la participación de la película en el citado festival, sencillamente especulando sobre la categoría en la cual el filme competirá, quizás para preparar un terreno fértil y otorgar más credibilidad a todo el sucesivo discurso. Afirmó: “Cuba ha permitido la exhibición del filme, aunque con reservas. (...) Los cubanos rechazaron la participación del filme en las categorías de Guión y de Primera Copia, aunque le permitieron competir en Ópera Prima”. Es decir, la cuestión levantada por el periodista no es tanto la participación del filme en el festival, sino la exclusión de una determinada categoría y la inclusión en otra, algo que supuestamente, a leer el artículo, respondería a un preciso interés estratégico y político de Cuba.

A partir de estas afirmaciones, Meléndez abandonó el principal objetivo de su artículo, presentar la película, e intentó explicar el por qué de esta inexistente censura. Y lo hizo llevando adelante un discurso confundido y completamente improbable.

Escribió que “la cinta revela la intensa tarea de inteligencia y contrainteligencia (...) desplegada en la década de 1980 por un agente cubano estacionado en la capital costarricense para espiar las operaciones militares de la contra nicaragüense que, bajo el mando de Estados Unidos (...), combatió a la revolución sandinista”. Esto significaría, según el periodista, que el gobierno de la Isla habría tratado de censurar la citada película porque en ella se habla de las actividades que la Revolución cubana cumplió para ayudar a la Revolución sandinista -que acababa de derrocar a la sangrienta y genocida dinastía de la familia Somoza, amparada durante décadas por el gobierno norteamericano- frente a los actos de los llamados contras, terroristas financiados por la administración de Ronald Reagan, que llevaron una oleada de muerte en la nación centroamericana. Es decir, el gobierno cubano habría tratado de ocultar algo que es mundialmente conocido y, sobre todo, reconocido: su aporte contra el terrorismo estadounidense en la región y su respaldo a los movimientos de liberación nacional en Latinoamérica y en todo el mundo. Y lo habría hecho, curiosamente, “permitiéndole” a la película de competir en la categoría Ópera Prima, en vez que en otras.

Pero quizás el más evidente -y fracasado- intento de manipular se puede notar en la parte en la que Meléndez tocó el extremo del absurdo, y utilizó el texto, un supuesto artículo de promoción cinematográfica, para hablar en general del “espionaje cubano”, otra razón que justificaría la supuesta censura. Afirmó que el tema de la película, el espionaje en Centroamérica, “es complicado para el régimen comunista cubano” porque “Cuba niega que cinco cubanos detenidos en 1998 en Miami por el gobierno de Estados Unidos (...) sean terroristas y enemigos. Los cinco, según Cuba, son combatientes contra el terrorismo y defensores de la paz, aunque fiscales y jueces estadounidenses los describen como parte de un refinado aparato de inteligencia que fue entrenado, organizado y financiado por La Habana, para penetrar en áreas militares de Estados Unidos y espiar en esa nación a organizaciones anticastristas”. Es decir, el gobierno cubano habría tratado de censurar la película -“permitiéndole” de competir “solamente” en la categoría Ópera Prima- para esconder u ocultar otra cuestión que es también mundialmente conocida, reconocida y gritada a los cuatro vientos por toda la prensa cubana y todos los movimientos de solidaridad con Cuba: que cinco agentes cubanos, en 1998, fueron encarcelados y condenados a largas penas en EEUU, mientras trataban de descubrir planes de ataques terroristas que desde Miami se organizaban -y de hecho se organizaron- contra Cuba.

Entonces, ¿con qué quedamos? Con una película que, a pesar de haber sido “censurada” por el “régimen comunista” , participará en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y con dos improbables explicaciones para esta misma censura: esconder la ayuda de Cuba a Nicaragua para enfrentarse al terrorismo de los contras, y ocultar que cinco agentes cubanos fueron encarcelados mientras trataban de impedir acciones terroristas organizadas desde Estados Unidos. Es decir, quedamos con un discurso fabricado ad hoc sobre la base de una censura inexistente y con elementos supuestamente justificantes que no tienen la más mínima conexión entre ellos.

Pero hay que admitir que efectivamente existe un elemento en común entre los Cinco antiterroristas que fueron presos en Estados Unidos y los agentes cubanos que en los ochenta se infiltraron en varios países de Centroamérica para ayudar a la resistencia sandinista, un elemento que efectivamente suele ser censurado en muchas ocasiones. En este sentido, casi nunca se cuenta que uno de los principales promotores y exponentes del terrorismo contra Cuba -algo que Meléndez calificó hipócrita e irrespetuosamente de organizaciones anticastristas- es Luis Posada Carriles, el mismo que durante los años ochenta ocupó un lugar destacado, como trámite de la CIA, precisamente en el suministro de armas a los contras en Nicaragua. Sin embargo, se trata de un punto que difícilmente será abordado por El País. Para este periódico -perteneciente al grupo PRISA, un grupo controlado por un fondo de inversiones británico, que a su vez es controlado por dos ciudadanos norteamericanos- significaría admitir que -hoy como antes- la política exterior de Cuba se basa en exportar médicos, educadores y luchadores contra el terrorismo amparado por el gobierno norteamericano.

Hay que añadir también que no es la primera vez que este periódico español trata de convertir un artículo de cultura en un acto político contra el gobierno de Cuba. En este sentido, se puede recordar, por ejemplo, que el 30 de noviembre de 2012 El País publicó -en su sección de Viajes- un artículo supuestamente turístico que hubiera debido comparar un viaje en La Habana con uno en México DF, pero que finalmente se convirtió en otro punto de partida para llevar adelante un ataque político más contra el sistema vigente en la Isla.

Si hay algo que queda efectivamente cristalino tras la lectura del confundido artículo de José Meléndez, es la total falta de un válido discurso periodístico y político, y sobre todo la completa incapacidad para atacar con argumentos sólidos al sistema vigente en Cuba que, claro está, no es perfecto; y de ahí, la absoluta desesperación de la gran prensa capitalista -dignamente representada por El País- que se traduce en banales y groseros intentos de manipulación y distorsión histórica, incluso cuando las circunstancias y los mismos acontecimientos históricos -que son de dominio público- sugerirían, si no una reflexión crítica, por lo menos un decoroso silencio.

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