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Se llama lucha de clases y está en tu barrio

Sábado 1ro de febrero de 2014. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Borroka garaia da!

Por Sergio García Ibáñez de Garayo

Los contenedores arden en Burgos y ese fuego ilumina las sombras de un conflicto en el que no nos habíamos fijado. Vecinas y vecinos de Gamonal llevan tiempo diciendo alto y claro que el proyecto de la calle Vitoria no se hace pensando en ellos, sino en los beneficios de las élites burgalesas. Pero la noticia son los vándalos, los filoterroristas y los enemigos de la paz social. A pesar de todo, el fondo del asunto trasciende por su propio peso, las muestras de solidaridad se multiplican y el vecindario (al menos de momento) gana esta batalla.

El bochornoso espectáculo de deslegitimación de la lucha vecinal ofrecido por los grandes medios no hace sino recordarnos la importancia del espacio urbano en las dinámicas económicas que afectan a nuestra vida actual. Los grandes proyectos para atraer la inversión y “generar riqueza” se hacen a la puerta de casa. Y son pieza imprescindible del guión de acumulación por desposesión que se redacta desde los despachos de nuestros políticos, en diferentes estratos de la Administración.Este guión es sencillo, pero tremendamente eficaz: el uso recursos públicos es necesario para el estímulo de la actividad económica y de los grandes proyectos; la escasez de recursos de las instituciones obliga a recortar los servicios públicos; la progresiva erosión del sistema universal de infraestructuras y servicios ofrece nuevas oportunidades al sector privado para hacer negocio con las carencias públicas. Este ciclo se alimenta a sí mismo de forma muy efectiva. Por eso en Gamonal salen ganando Méndez Pozo, Arranz Acinas y COPSA, mientras que los vecinos pierden con el cierre de la escuela, la desaparición de los aparcamientos públicos y la deuda del Ayuntamiento.

Es que habíamos olvidado que las clases existen y sus intereses son contrapuestos. El espejismo de nuestra capacidad de consumo y del “Estado de Bienestar” nos colocó a todos en la clase media (¿quién no es de clase media?). Relegó a Marx y su clase obrera al cajón de la historia y a los panfletos de cuatro rojos. Pero llegó la crisis y nos dimos cuenta de que no nos encontrábamos tan a salvo, que podíamos caer en la miseria porque esto no está montado para nosotros. Porque esto es miseria para casi todos y opulencia para unos pocos.De hecho, en los años de la crisis, los datos revelan que el abismo entre las élites y el resto del mundo se ha agrandado, empujando a unos hacia arriba y a casi todos hacia abajo.

No hace falta irse a Burgos para ver ejemplos de ello. Aquí, en Vitoria-Gasteiz, capital de todo, en el barrio del Casco Viejo, nos damos de bruces con la realidad.También hay gente, vecinas y vecinos activos que llevan tiempo reclamando un proceso de rehabilitación que dé más importancia a las personas que a las piedras. Que el PERI, las luces de las murallas medievales y los millones invertidos en la Catedral no han conseguido revertir la situación del amplio número de personas vulnerables que se concentra en el barrio. Que los altos índices de infravivienda, un centro de salud obsoleto y desbordado, o la falta de accesibilidad aún hoy siguen haciendo huir del barrio a población que se lo puede permitir. Que las instalaciones de la escuela, deterioradas e insuficientes, no permiten a ésta convertirse en el factor cohesionador que la comunidad educativa reclama.

Y también en este Casco Viejo se manifiesta el conflicto de clases de manera explícita y grotesca. El colectivo Egin Ayllu publicó en 2011 un documento en el que se denunciaba el trato de favor que un grupo de empresarios vitorianos asociados habría recibido por parte del Ayuntamiento en la implantación de diversos negocios en la “Almendra Medieval”. Se explicaba en este documento que, mientras desaparecen del barrio establecimientos de primera necesidad, de los de toda la vida (que generan un tejido comercial más equilibrado y al servicio del vecindario), estos empresarios han recibido generosas subvenciones, cobertura pública y publicidad gratuita para emprender nuevos locales de hostelería, más acordes con la nueva imagen de moda del Casco. Todo ello a pesar de no encontrarse al corriente de sus responsabilidades fiscales con la propia institución que les apoyaba. Pues bien, varios miembros del colectivo Egin Ayllu han sido juzgados y condenados a pagar hasta un total de 4.000 euros en concepto de multas, gastos judiciales e indemnización a los afectados por injurias. No porque el juez considerase que las afirmaciones eran falsas, sino porque entendía que los términos empleados (“cuadrilla”, “avispados”) resultaban profundamente vejatorios. Por tanto, los poderes públicos en conjunto han salvaguardado los intereses de los Señores San Juan, Grimaldi y Freile.Y es que aquí, como en Burgos y en Alburquerque, el Capital no es una mano oscura, son caras con nombres y apellidos. Cara tienen también los cargos públicos que apoyan este modelo de entorno urbano. Y cara les sale la insaciable vorágine “emprendedora” a quienes apuestan por un barrio más solidario y vivo.

Ya está aquí. Siempre ha estado. Se llama lucha de clases y la tienes tan cerca que te golpea en la cara al salir a la calle, aunque cierres los ojos y grites a los cuatro vientos que eres de clase media. ¿Qué vas a hacer ahora?

P.D.: Las formas de solidaridad con los miembros de Egin Ayllu pueden encontrarse en: lagenterula.wordpress.com

P.-S.

El autor, Sergio García Ibáñez de Garayo, es investigador de la Universidad Pública de Navarra y vecino del Casco Viejo de Gasteiz

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