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Reseña de la “Autobiografía” de Assata Shakur

Jueves 5 de junio de 2014. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Jesús Aller. Rebelión

Reseña de la “Autobiografía”, alocución pública “A mi gente” y Carta de Assata Shakur desde Cuba.

Assata Shakur, nacida como JoAnne Deborah Byron en 1947, fue activista de diferentes grupos negros de liberación y objeto de una persecución implacable por parte del FBI que la llevó a la cárcel en 1973 tras un incidente en el que fue acusada de haber disparado a un policía a pesar de las evidencias existentes sobre la imposibilidad de este hecho. En 1979 consiguió escapar de la prisión de máxima seguridad de Hunterdon County, y desde 1984 vive en Cuba donde se le ha concedido el estatus de refugiada política. Su Autobiografía, publicada en 1987 y que acaba de aparecer en versión castellana (Capitán Swing, traducción de Ethel Odriozola y Carmen valle), atrapa al lector como una buena novela, pero contiene información preciosa y esclarecedora sobre la vida de una niña negra en la América segregada, su despertar político y su lucha por los derechos de su gente, que tuvo que enfrentarse siempre a la guerra sucia habitual en los Estados Unidos contra los grupos negros de liberación. Tras cada capítulo un poema de la propia Assata nos acerca a sus emociones de aquellos días.

El libro entrelaza dos hilos narrativos que se van desarrollando en capítulos alternantes. En el primero de ellos, Assata nos cuenta su vida hasta su detención en 1973. Nacida en Nueva York, tras la separación de sus padres, a los tres años viaja con sus abuelos maternos a Wilmington en Carolina del Norte, donde se establecen. Es su abuela la que la educa, tratando de transmitirle un prurito de progreso social que cae en saco roto. Ella prefiere elegir por sí misma sus compañías. Nos describe su vida en aquel Sur completamente segregado de los años 50. Sus abuelos tienen un restaurante en una playa para negros y ella les ayuda desde muy pequeña. Es ya una lectora compulsiva, pero le gusta sobre todo la vida, el mar, la arena, la gente, la música, comer, bailar y ver bailar, espiar a las parejas. Lo más frustrante es contemplar a lo lejos el zoológico y el parque de atracciones, paraísos imposibles para ella.

Los niños negros tenían asimilado el sistema de valores impuesto por los blancos y odiaban el pelo rizoso y los labios gruesos, marcas de fealdad. Se peleaban continuamente, y los peores insultos eran los mismos epítetos racistas con los que los negros estigmatizaban a los blancos. Después asiste a una escuela integrada en Queens (N. Y.), donde la rodean sobre todo niños blancos y mimados. Entre los profesores predominan los amantes de un orden casi militar, aunque también hay otros que saben despertar en ella la pasión por entender las cosas. Se recuerda entonces convencida de la superioridad de los blancos y tratando de imitarlos, sufriendo por cada detalle de su propia identidad. Seducida un día por un traje de primera comunión de una amiga, decide convertirse al catolicismo, lo que da lugar a páginas hilarantes en las que nos narra sus encontronazos con los rituales y el dogma católicos.

Nos describe después sus años de adolescente en Nueva York. Las continuas riñas de su madre y su padrastro la llevan a escapar de casa y termina realizando pequeños hurtos para sobrevivir. Cuando esta vida se le atraganta, vuelve con su madre. Tras la separación de ésta y su padrastro vive en South Jamaica (N. Y.), pero tras una discusión se escapa de nuevo y consigue trabajo de entretenedora de hombres en un bar. Tiene trece años pero con un poco de maquillaje casi la creen cuando dice que tiene diecinueve. Un día sufre un intento de violación en grupo de la que sólo la libra su coraje. Esto la hace más cauta. Por fin tras un encuentro fortuito con una amiga de su tía Evelyn es obligada a regresar a casa. El periplo nos permite conocer jugosos personajes de la calle de Nueva York y tomar el pulso a aquella sociedad desquiciada.

Vive tras esto con Evelyn en un pequeño apartamento en la calle 80, una zona de clase trabajadora, pero muy próxima a Central Park y calles de gente pudiente. También frecuenta la sordidez de la calle 84, donde agonizan los restos de la trituradora capitalista. Con Evelyn aprende a apreciar el arte, lee y crece como persona. Evelyn es abogada y defiende sobre todo a negros pobres, lo que explica sus altibajos de fortuna. Los viajes al sur en vacaciones para ver a sus abuelos son degradantes experiencias de segregación, cuando por ejemplo paran para echar gasolina y no se les permite usar el baño por ser negros. Se les rechaza también en restaurantes y moteles. En Carolina del Sur, sin embargo, pasa días deliciosos. Allí conoce el movimiento por los derechos civiles, pero le desconcierta la infinita paciencia que predica ante cualquier agresión. Pronto alcanza la conclusión desoladora de que “nunca nadie ha conseguido su libertad apelando al sentido moral de la gente que los oprimía”. Por esa época comienza a escribir poesía.

A los diecisiete años decide dejar la escuela y buscar trabajo. Lo encuentra en tristes oficinas donde gana lo justo para ir tirando. Esto es a mediados de los 60 y cada día hay noticias de disturbios en los barrios negros. Assata se manifiesta a favor de los rebeldes y en breve es despedida. La conciencia política le llega poco a poco: con conversaciones en las que le hablan de las atrocidades de Vietnam y ella sólo puede responder con las mentiras de la televisión, con el prurito de saber y ávidas lecturas, con el asco que ve nacer en ella por las personas que presumen de su status. Su conclusión es clara y será el eje rector de su vida: “Quiero ayudar a liberar el gueto, no huir de él dejando atrás a mi gente.” Encadena trabajos de secretaria y contable que duran poco. Llena su vida una gran inquietud crítica con el mundo que la rodea. Al fin decide volver a la universidad.

En el Manhattan Community College, su mentalidad evoluciona rápidamente. Estudia y comprende por fin los hitos clave de la historia americana que le habían sido ocultados: las luchas de los negros por su liberación, el significado real de la Guerra de Secesión, cuando la esclavitud es abolida por motivos principalmente económicos, el papel de personajes mitificados, como A. Lincoln. Se relaciona con grupos negros y comienza a asumir su lucha como propia. “Siempre comenzábamos hablando de reformas y terminábamos hablando de revolución”, nos confiesa. Se acerca primero a los hermanos de la “República de Nueva África”, que pretendían crear una república negra independiente en los estados del sur. Ellos le proponen un cambio de nombre, pero sólo es años después que decide abandonar su apellido de esclava, que le repugna, y pasa a llamarse Assata (la que lucha) Shakur (la agradecida), en homenaje a su amigo Zayd Shakur. En este tiempo comienza a trabajar en un programa de ayuda para niños con dificultades en lectura y matemáticas. La enseñanza le gusta, entendida a su manera rebelde y anti-burocrática, pero nos dice: “Por mucho que me encantara trabajar con niños, sabía que nunca podría participar en el tipo de educación oficialista. No iba a enseñar a ningún niño Negro a jurar la bandera o a pensar que George Washington era genial o alguna mierda por el estilo.”

Asesinato de Martin Luther King: estupor y rabia. Tras graduarse en el Manhattan Community College, mientras asiste a clases en la City University of N. Y., decide casarse. No obstante, ella no es el ama de casa que él esperaba y “tras un año confuso e infeliz” se separan. Ella viaja a California y se establece en Berkeley, “el lugar más radical y progresista en el que he estado jamás”. Visita Alcatraz y allí conoce la historia y la lucha de los nativos americanos, concentrados por aquellas fechas para protestar de las infamias que se cometían con ellos. Contacta con grupos chicanos y asiáticos, pues cree en la unidad de todas las batallas contra el poder y al fin se acerca en Oackland al Black Panther Party, con el que ya había colaborado en Nueva York. Los encuentra entregados a la lucha y receptivos a las críticas, lo que la entusiasma. A su regreso a Nueva York, pide el ingreso en el partido.

Comienza a trabajar con los panteras y acude a la convención constituyente de Filadelfia. A la vuelta, es agregada a los programas sanitarios y de desayunos para niños pobres del partido. La dura disciplina y las jornadas agotadoras de los panteras la obligan a esforzarse, sin que falten roces, pero la experiencia es muy positiva. Los desayunos la acercan a la realidad desgarradora de marginación y hambre que el programa trataba de paliar. Critica los métodos de formación políticos para miembros del partido por su poca perspectiva histórica y destaca las cualidades humanas de sus compañeros de lucha de aquel tiempo. Pronto colabora con Zayd Shakur, que se convierte para ella en un auténtico maestro. La falta de autocrítica en el partido es lo que más le preocupa. También ve problemas en el liderazgo de Huey Newton, un mal orador que se perdía en divagaciones. Del mismo modo, el principio de defender con las armas las sedes de los panteras si eran atacados le parece escasamente racional, simplemente suicida. Es la época de las divisiones entre los panteras: Huey es criticado por vivir en Oackland con un lujo excesivo y comienzan las expulsiones de sus oponentes más señalados. El ambiente es opresivo y los proyectos de Assata están siendo paralizados, con lo que opta por abandonar el partido. Luego se supo que todos estos conflictos eran en gran parte provocados por el FBI con cartas falsas. Un día la avisan de que la policía la espera en su casa y decide no volver a ella y pasar a la clandestinidad. Aunque no había cometido ningún delito, eso no significaba nada a su favor si caía en manos del FBI. Assata nos revela su conmoción cuando lee que dos policías han sido ametrallados en Riverside Drive. Lo siente por las viudas y niños, pero por otro lado la alivia que muera alguien más que la gente negra perseguida cada día. Sin embargo, su sorpresa es mayor cuando ve su foto en los periódicos y lee que se la busca para interrogarla por las muertes de los policías. Como muchos otros acosados por su lucha política por la emancipación de la comunidad negra en aquel tiempo, Assata decide participar en la lucha armada y se une al Ejército de Liberación Negro.

Siguen años de clandestinidad sobre los que Assata no se extiende.

El segundo hilo narrativo del libro arranca con las experiencias de Assata tras su detención en 1973. Herida en el pecho, es hospitalizada e intentan hacerla hablar con amenazas y torturas, pero ella aguanta bien y no logran sacarle nada. En unos días, su estado mejora y en el mismo hospital un juez le lee los cargos contra ella: posesión ilegal de armas y disparar a agentes de policía. También la visitan su madre, su hermana y su tía Evelyn, que es además su abogada. Tiene una bala aún en el pecho y un brazo que tal vez no pueda volver a usar, pero sabe que va a sobrevivir.

Trasladada a la cárcel, se la mantiene en aislamiento al principio y se le niega tratamiento para su brazo enfermo. Aunque recibe correspondencia de todo el país, apenas puede responder hasta que se las arregla para usar la mano izquierda. Es entonces cuando, para contestar al acoso mediático, con la ayuda de Evelyn graba una cinta que se emite en la radio, un emocionado llamamiento recordando la terrible realidad de la gente negra, su miseria y postración, y la inalienable justicia de su la lucha. “A mi gente” impresiona porque rezuma sinceridad y coraje; es el grito de un alma noble que no puede renunciar a darlo todo por la emancipación de la América negra esclavizada.

Nos describe después su vida en la cárcel: normas estúpidas y solidaridad de las otras presas, mujeres humildes cruelmente encerradas por pequeños hurtos o infracciones absurdas (muchas de ellas por participar en una lotería para legal de la que se lucraba la propia policía), mujeres condenadas en fin por ser pobres y negras. Mala comida y maltrato, pero resiste con valor. Un día traen a Sundiata, el compañero detenido con ella y juntos trabajan en la estrategia de defensa. Verlo la anima mucho. Además la recuperación de sus heridas avanza.

A finales de 1973 es trasladada a Nueva york para un juicio por atraco e internada en Rickers Island. Es una cárcel moderna, con micrófonos y puertas automáticas. Los viajes a la corte revelan el rostro de una “justicia” racista y miserable como la sociedad que la sustenta. Cuando el juez Gagliardi apresura el juicio sin que Evelyn tenga tiempo de preparar la defensa, montan un buen escándalo en la sala y hasta varios espectadores son detenidos. Mantiene por entonces una relación sentimental con Kamau, el compañero acusado con ella en este proceso, y de ella nacerá la hija de Assata, Kakuya Shakur. El juicio tiene que ser repetido y al final Assata y Kamau son absueltos de unos cargos que se revelan como un montaje policial.

Tras el veredicto de inocencia, Assata regresa a N. Jersey, donde se empieza a seleccionar el jurado para el juicio por asesinato. Son escenas que nos permiten conocer el profundo racismo de ese estado, llamado a veces “up south” (el sur de arriba). Pronto se descubre que Assata está embarazada, y ante el peligro de un aborto se consigue que sea hospitalizada. El juicio continúa para Sundiata, el otro acusado. El nacimiento de Kakuya Shakur está lleno de episodios penosos: aislamiento, maltrato. Assata quiere ser atendida por su propio médico y eso es demasiado para el sistema. La niña le es arrebatada a los pocos días de nacer.

Sigue el relato de los juicios en Nueva York, uno por atraco y otro por secuestro de un traficante de drogas, con Evelyn tratando de pilotar la nave en el piélago proceloso de la justicia americana. En el segundo juicio, Assata actúa como abogada adjunta y lee un emocionado alegato sobre la marginación de las comunidades de color y el sentido de la lucha del Ejército de Liberación Negro. Manifiesta su inocencia y se dispone a probarla. El montaje urdido para incriminar a Assata y Ronald Myers en el supuesto secuestro se cae por su propio peso durante el juicio y el 8 de diciembre de 1975 son absueltos.

A principios de 1976 es trasladada al centro correccional de Manhattan, controlado por los federales. Se la va a juzgar por el robo a un banco en Queens. Su abogado es en este caso Stanley Cohen, blanco, pero ex miembro del partido comunista y amante de la lucha jurídica, un gran tipo. El juicio viene precedido por una intensa campaña de falsas identificaciones que deja pocas posibilidades, pero batallan duro (Assata como abogada adjunta), y consiguen desmontar todas las trampas tendidas, bastante burdas en general. Assata es declarada inocente.

Tras la absolución, vuelve a N. Jersey, donde es internada en aislamiento hasta el fin del juicio por asesinato. Un nutrido grupo de abogados colaboran en la defensa sin recibir honorarios. Los problemas de ésta consistieron sobre todo en la imposibilidad de encontrar expertos en balística, medicina o química dispuestos a asumir los riesgos de desmontar la versión de la policía, sin que faltaran tampoco roces entre los defensores. Por otro lado, la movilización social a favor de Assata fue formidable. Cuando prepara un alegato bien cimentado, Stanley Cohen es asesinado en circunstancias misteriosas y sus papeles son confiscados por la policía. Aparte de esto, la estrategia del juez Appleby es un continuo hostigamiento a la defensa. El 17 de enero de 1977 comienza el juicio con la farsa de la selección del jurado y en marzo concluye como era de prever con un veredicto de culpabilidad para Assata. El análisis de todos los indicios pone de manifiesto que Assata fue disparada mientras tenía los brazos en alto y que las heridas recibidas la imposibilitaban para manejar un arma de fuego. Tampoco se encontraron rastros de pólvora en sus manos, ni huellas suyas en las armas. Se la condenó “por estar allí”.

El final de la Autobiografía se concentra en momentos clave de su vida tras recibir la condena. En el que es probablemente el fragmento más emotivo del libro, Assata nos describe una visita de su hija Kakuya, que tiene entonces cuatro años y se obstina en no creer que su madre esté internada contra su voluntad. No comprende nada y culpa a Assata de su ausencia. Al fin descubre allí mismo con sus manitas la rigidez de los barrotes que la separan de su madre. En otro capítulo, su abuela le dice en una visita a la prisión que la ha visto libre en sueños. Eso la estimula al límite. Los sueños de la abuela siempre se cumplían.

En el epílogo, Assata nos habla desde Cuba, donde vive actualmente. Nos cuenta sus experiencias en esa isla en la que, para su sorpresa, no consigue detectar rastros de racismo. Nos revela su vergüenza al tener que identificarse como estadounidense ante latinoamericanos, africanos o asiáticos que han sufrido en su carne los crímenes del imperialismo. Y nos habla también del calvario de su familia, acosada por el FBI hasta límites inhumanos. Con su hija, su tía y su madre logra reunirse al fin en suelo cubano, un proyecto largo tiempo acariciado.

La obra viene introducida por un prefacio y un prólogo. En el primero, Angela Davis nos describe el ambiente de acoso policial que vivían los miembros de la comunidad negra más comprometidos con la lucha pacífica por los derechos civiles en los años 70. Respirar esta atmósfera es imprescindible para comprender la biografía de personas como Assata, víctimas del racismo judicial y policial de los Estados Unidos de América, con síntomas tan claros hoy mismo como el encarcelamiento masivo de la población de color. Por su parte, en el prólogo, el abogado y profesor Lennox S. Hinds se centra en dos momentos clave de la vida de Assata, emblemáticos de la actitud de la “justicia” y la prensa americanas ante los activistas negros más destacados: el linchamiento mediático que sufrió mientras estaba en la clandestinidad, con imputaciones gravísimas que judicialmente resultaron siempre simples montajes, y el incidente de su detención, que le valió una acusación de asesinato y aunque en el juicio se demostró que ésta era absurda sirvió para condenarla.

Assata Shakur emerge de esta autobiografía con una imagen muy alejada del monstruo que dibujaron los medios más reaccionarios. Sus rasgos son los de una mujer que sufriendo en su carne la segregación y el racismo de la sociedad americana decidió dedicar su existencia a combatirlos. La brutalidad de los medios empleados contra la militancia política que desarrollaba, la llevó como a muchos otros a una lucha armada que tenía muy pocas posibilidades de éxito. Perseguida por el establishment con mentiras y manipulaciones, su defensa es contar la verdad de su vida.

Ante la perspectiva de un juicio injusto, Assata hace pública una grabación el 4 de julio de 1973 a la que llamó “A mi gente”:

“Hermanos y hermanas Negros, quiero que sepáis que os amo y que espero que en algún lugar de vuestro corazón tengáis amor para mi. Me llamo Assata Shakur (nombre de esclava joanne chersimard) y soy una revolucionaria. Una revolucionaria Negra. Con eso quiero decir que he declarado la guerra a todas las fuerzas que han violado a nuestras mujeres, han castrado a nuestros hombres y han mantenido a nuestros bebés en la miseria.

He declarado la guerra a los ricos que prosperan a base de nuestra pobreza, a los políticos que nos mienten con cara sonriente y a todos los robots sin cerebro y sin corazón que los pretegen a ellos y a sus propiedades.

Soy una revolucionaria Negra y, como tal, soy una víctima de toda la ira, el odio y la maledicencia de la que amérika es capaz. Como a todos los otros revolucionario Negros, amérika intenta lincharme.

Soy una mujer revolucionaria Negra y por esa razón se han presentado cargos contra mi y he sido acusada de cada supuesto delito en que se cree que ha participado una mujer. En cuanto a los supuestos delitos en que se dice que solo participaron hombres, se me ha acusado de planearlos. Han empapelado con pósters que se supone que son míos oficinas de correos, aeropuertos, hoteles, coches de policía, metros, banco, televisión y periódicos. Han ofrecido más de cincuenta mil dólares en recompensas por mi captura y han emitido órdenes de disparar en cuanto se me vea, y de disparar a matar.

Soy una revolucionaria Negra y, por definición, eso me convierte en miembro del Ejército Negro de Liberación. Los cerdos han usado sus periódicos y televisión para presentarnos como criminales despiadados, brutales, rabiosos, Nos han llamado gángsteres y prostitutas y nos han comparado con personajes de la catadura de john dillinger y ma barker. Debería estar claro, debe estar claro para cualquiera que sepa pensar, ver y oír, que las víctimas somo nosotros. Nosotros somo las víctimas, y no los criminales.

También debería estar claro a estas alturas quienes son los verdaderos criminales. Nixon y sus cómplices han asesinado a cientos de hermanos y hermanas del Tercer Mundo en Vietnam, Camboya, Mozambique, Angola y Sudáfrica. Como se demostró en el Watergate, los más altos funcionarios de los cuerpos de seguridad de este país son un hatajo de mentirosos. El presidente, dos fiscales generales, el director de fbi, el presidente de la cia, y la mitad del personal de la casa blanca han estado implicados en los delitos del Watergate.

Nos llaman asesinos, pero nosotros no hemos asesinado a más de doscientos cincuenta hombres, mujeres y niños Negros desarmados, o herido a miles de otros en los disturbios que provocaron en los años sesenta. Los gobernantes de este país siempre han considerado más importante su propiedad que nuestras vidas. Nos llaman asesinos, pero no fuimos responsables de los veintiocho hermanos presos y nueve rehenes asesinados en attica. Nos llaman asesinos, pero nosotros no asesinamos y herimos a más de treinta estudiantes Negros desarmados en Jackson State, ni tampoco en Southern University.

Nos llaman asesinos, pero nosotros no asesinamos a Martin Luther King Jr., Emmett Till, Medgar Evers, Malocom X, George Jackson, Nat Turner, James Chaney y muchos más. Nosotros no asesinamos de un disparo en la espalda a Rita Lloyd (dieciséis años), a Rickie Bodden (once años) o a Clifford Glover (diez años). Nos llaman asesinos pero nosotros no controlamos ni implantamos un sistema de racismo y opresión que asesina sistemáticamente a Negros y a personas del Tercer Mundo. Aunque la gente Negra supuestamente comprende aproximadamente el quince por ciento del total de la población amerikana, al menos el sesenta por ciento de las víctimas de asesinato son Negras. Por cada cerdo que ha muerto en el así llamado cumplimento del deber, hay al menso cincuenta personas Negras asesinadas por la policía.

La expectativa de vida Negra es bastante más baja que la blanca y hacen todo lo que pueden para matarnos incluso antes de nacer. Nos queman vivos en bloques de pisos de mala muerte que son una ratonera. Nuestros hermanos y hermanas mueren a diario por sobredosis de heroína y metadona. Nuestros bebés mueren por envenenamiento de plomo. Millones de personas Negras han muerto como resultado de una atención médica vergonzosa. Eso es asesinato. Pero ellos tienen la desfachatez de llamarnos asesinos a nosotros.

Nos llaman secuestradores y sin embargo el Hermano Clark Squire (que está acusado, junto conmigo, de asesinar a un agente de la policía estatal de Nueva Jersey) fue secuestrado el 2 de abril de 1969, de nuestra comunidad Negra, y se pidió por él un rescate de un millón de dólares en el caso de conspiración de “las 21 Panteras” de Nueva York. El 13 de mayo de 1971 fue declarado inocente, junto con los demás, de ciento cincuenta y siete cargos de conspiración por un jurado que tardó menos de dos horas en llegar a un veredicto. El Hermano Squire era inocente. Y sin embargo fue secuestrado y apartado de su comunidad y de su familia. Perdió más de dos años de su vida y sin embargo nos llaman secuestradores a nosotros. Nosotros no secuestramos a los miles de Hermanos y Hermanas a quienes se mantuvo cautivos en los campos de concentración de amérika. El noventa por ciento de la población reclusa de este país son personas Negras y del Tercer Mundo que no pueden permitirse abogados ni fianzas.

Nos llaman ladrones y bandidos. Dicen que robamos. Pero no fuimos nosotros quienes robamos a millones de personas Negras del continente africano. Se nos arrebató el lenguaje, nuestros Dioses, nuestra cultura, nuestra dignidad humana, nuestro trabajo y nuestras vidas. Nos llaman ladrones, pero no somos nosotros quienes timamos miles de millones de dólares cada año por medio de la evasión fiscal, el arreglo ilegal de los precios, el desfalco y el fraude a los consumidores, o con sobornos, engaños y el pago de comisiones. Nos llaman bandidos, y sin embargo cada vez que la mayor parte de la gente Negra recoge su nómina comprobamos que nos están robando. Cada vez que entramos en una tienda del barrio nos están atracando. Y cada vez que pagamos la renta, el casero nos está poniendo una pistola en las costillas.

Nos llaman ladrones, pero nosotros no robamos ni asesinamos a millones de Indios arrebatándoles su tierra para luego llamarnos pioneros. Nos llaman bandidos, pero no somos nosotros quienes estamos robando a África, Asia y América Latina sus recursos naturales y su libertad mientras la gente que vive allí enferma y muere de hambre. Los gobernantes de este país y sus esbirros han cometido algunos de los crímenes más sanguinarios y brutales de la historia. Ellos son los bandidos. Ellos son los asesinos. Y deberían ser tratados como tales. Estos maníacos no son aptos para juzgarme ni a mi ni a Clark ni a cualquier otra persona Negra llevada a juicio en amérika. Las personas Negras deberían decidir sus destinos por sí mismas e inevitablemente lo harán.

Cada revolución en la historia se ha llevado a cabo por medio de acciones, aunque las palabras son necesarias. Debemos crear escudos que nos protejan y lanzas que penetren en nuestros enemigos. La gente Negra debe aprender cómo luchar luchando. Debemos aprender de nuestros errores.

Quiero pediros disculpas a vosotros, mis hermanos y hermanas Negros, por estar en el peaje de Nueva Jersey. Debería haber sabido que no debía hacerlo. Ese peaje es un puesto de control donde se para a la gente Negra, se les registra, se les acosa y se les agrede. Los revolucionarios nunca deben tener tanta prisa como para apresurarse o tomar decisiones descuidadas.

Quien corre cuando duerme el sol tropezará muchas veces.

Cada vez que se captura o se asesina a un Luchador por la Libertad Negro, los cerdos intentan dar la sensación de que han aplastado al movimiento, destrozado nuestras fuerzas y acabado con la Revolución Negra. Los cerdos intentan también dar la impresión de que cinco o diez guerrilleros son responsables de todas las acciones revolucionarias llevadas a cabo en amérika. Eso es una tontería. Es absurdo. Los revolucionarios Negros no caen de la luna. Nos crean nuestras condiciones. Nos moldea la opresión que sufrimos. Somos creados en gran número por las propias calles del gueto, y en lugares como las prisiones de attica, san quintín, bedford hills, leavenworth y sing sing. Nos están convirtiendo en miles. Muchos veteranos Negros sin empleo y madres que viven de las ayudas sociales se unen a nuestras filas. Componen el ELN (Ejército de Liberación Negro) hermanos y hermanas de todas las profesiones que están cansados de sufrir pasivamente. El ELN existe y seguirá existiendo hasta que cada hombre, mujer y niño Negro sea libre. La función principal del ELN en este momento es crear buenos ejemplos, para luchar por la libertad Negra y para prepararnos para el futuro. Debemos defendernos y no dejar que nadie nos falte al respeto.

Tenemos que conseguir nuestra liberación por todos los medios necesarios.

Es nuestro deber luchar por nuestra libertad.

Es nuestro deber vencer.

Debemos amarnos los unos a los otros y apoyarnos.

No tenemos nada que perder excepto nuestras cadenas.

En recuerdo de Ronald Carter, William Christmas, Mark Clark, Mark Essex, Frank “Heavy” Fields, Woodie Changa Olugbala Green, Fred Hampton, Lil Bobby Hutton, George Jackson, Jonathan Jackson, James McClain, Harold Russell, Zayd Malik Shakur y Anthony Kumu Olugbala White

Debemos seguir luchando.

Carta de Assata Shakur

Mi nombre es Assata Shakur, soy una esclava fugada del siglo 20. Por la persecución del gobierno,  no tuve otra opción que huir la represión política, racismo y violencia que domina la política de los Estados Unidos entorno a la gente de color. Soy una ex-prisionera política, y he vivido en exilio en Cuba desde 1984.

He sido una activista política la gran parte de mi vida, y aunque el gobierno de EE.UU ha hecho todo en su poder para criminalizarme, no soy una criminal, y nunca lo he sido. En los años 60s participé en varias luchas: el movimiento de liberación negra, el movimiento de derecho estudiantil, y el movimiento para terminar la guerra en Vietnam. Me hice parte del Partido de Las Panteras Negras. Para 1969 el Partido de Las Panteras Negras se había convertido en la primaria organización en la mira del programa COINTELPRO del FBI. Porque el Partido de Las Panteras Negras demandaba la liberación total de la gente negra, J. Edgar Hoover, lo llamó “la amenaza más grande a la seguridad interna del país” y prometió destruir el partido, sus líderes y sus activistas.

En 1978, mi caso fue uno de los muchos casos presentados frente a las Naciones Unidas en una petición impulsada por la Conferencia Nacional de Abogad@s Negr@s; la Alianza Nacional Contra la Represión Política y Racista; y la Comisión de Justicia Racial de la Iglesia Unida de Cristo; revelando la existencia de prisioneros políticos en los Estados Unidos, su persecución política, y le trato cruel e inhumano que recibían en las cárceles Estadounidenses. De acuerdo al reporte:

“El FBI y el Departamento de Policía de Nueva York en particular, presentaron cargos y acusaron a Assata Shakur de participar en ataques contra personas del orden público y circularon esos cargos y acusaciones en las agencias y unidades policiales. Mas, El FBI yel NYPD (consignas en inglés) la acusaron de ser una líder del Ejercito de Liberación Negra el cual el gobierno y sus agencias respectivas describieron como una organización involucrada en disparar a oficiales de la policía. Esta descripción del Ejército de Liberación Negra y la acusación de la relación de Assata Shakur a la organización fue ampliamente circulada por agentes del gobierno en las agencias y unidades policiales. Como resultado de estas actividades por el gobierno, Ms. Shakur fue convertida en una persona buscada como caza; posters en precintos policiales y bancos la describían como haber estado involucrada en actividades criminales muy serias; Fue enfocada en la lista de las más buscadas del FBI; y en todos los niveles policiales fue convertida en blanco para “disparar a muerte”.

Fui falsamente acusada en 6 “casos criminales” distintos y en todos los 6 casos fui exonerada. El hecho de que fui exonerada o que los cargos fueron desestimados, no significa que recibí justicia en las cortes, eso no fue el caso. Solo significo que la “evidencia” presentada contra mí fue tan floja y falsa que mi inocencia fue evidente. Esta persecución política fue parte de la política del gobierno que buscaba eliminar oponentes políticos a través de acusarlos de crímenes y arrestándolos sin importar los base de hechos de los cargos.

En el 2 de mayo de 1973, junta a Zayd Malik Shakur y Sundiata Acoli fui parada en la Autopista de New Jersey, supuestamente por una “luz trasera dañada”. Sundiata Acoli salió del carro para determinar porque nos pararon. Zayd y yo nos quedamos en el carro. El policía estatal Harper vino al carro, abrió la puerta y comenzó a cuestionarnos. Dijo que se puso sospechoso porque éramos negras, y andamos en un carro con placa de licencia del estado de Vermont [un estado rural sumamente blanco]. Entonces saco su pistola, nos apuntó, y nos dijo que subamos las manos en el aire, al frente de nosotras, donde él las podía ver. Cumplí, y en medio segundo vino un sonido fuera del carro, hubo un movimiento brusco, y me disparó una vez con mis brazos en el aire, y otra vez en la espalda. Zayd Malik Shakur fue asesinado, el policía estatal Werner Foerster fue muerto, y aunque el policía estatal Harper admitió que él le disparo y mato a Zayd Malik Shakur, bajo la ley de asesinato de New Jersey, a mí me acusaron de matar tanto a Zayd Malik Shakur, quien fue mi amiga y camarada más cercano, como con la muerte del policía estatal Forester. Nunca en mi vida había sentido tanta tristeza. Zayd había prometido protegerme, y ayudarme a llegar a un lugar seguro, y estaba claro que el perdió su vida tratando de protegerme y a Sundiata. Aunque él no estaba armado, y la pistola que mato al policía estatal Foerster fue encontrada bajo la pierna de Zayd, Sundiata Acoli, quien fue capturada más tarde, también fue acusada de las dos muertes. Ni Sundiata Acoli ni yo recibimos un juicio justo. Ambas fuimos condenadas en los medios noticiarios antes de nuestros juicios. Ningún medio de comunicación fue permitido entrevistarnos, aunque la policía de New Jersey, y el FBI filtraron historias a la prensa diariamente. En 1977, fui condenada por un jurado de solo persona blanca y sentenciada a cadena perpetua más 33 años en prisión. En 1979,temiendo que me iban a asesinar en la prisión, y sabiendo que nunca iba a recibir ningún tipo de justicia, fui liberada de la prisión, asistida por camaradas comprometidas que entendieron la profundidad de las injusticias en mi caso, y que también estaban extremadamente temerosos por mi vida.

El reporte acerca de las operaciones de inteligencia dentro de los estados unidos, presentado por la Comisión Iglesia del Senado de EE.UU en 1976, revelo que “elFBI ha intentado, de manera encubierta, influenciar la percepción publica de personas y organizaciones a través de la diseminación de información peyorativa a la prensa, anónimamente o a través de contactos “amigables” de los noticieros.” Es evidente que esta misma política está muy en efectiva hoy.

El 24 de Diciembre de 1997, el Estado de New Jersey, convocó una conferencia de prensa para anunciar que la Policía Estatal de New Jersey había escrito una carta al papa Juan Pablo 2do pidiéndole que intervenga a su favor y que ayude a que me extraditen devuelta a la prisión de New Jersey. La Policía Estatal de New Jersey se negó a publicar la carta. Sabiendo que probablemente habían distorsionado los hechos y que intentaban que el Papa haga el trabajo del diablo en el nombre de la religión, decidí escribirle al Papa para informarle acerca de la realidad de la “justicia” para la gente negra en el estado de New Jersey, y en los Estados Unidos.

En enero de 1998, durante la visita del papa a Cuba, concedí una entrevista con el reportero de NBC Ralph Penza acerca de mi carta al Papa, mi experiencia en el sistema judicial de New Jersey, y en los cambios que vi de los Estados Unidos y su tratamiento a la gente negra en los últimos 25 años. Concedí esa entrevista porque vi esa carta secreta al papa como una maniobra publicitaria viciosa y vulgar de parte de la Policía Estatal de New Jersey, y como un intento cínico de manipular al papa juan pablo 2do. He vivido en Cuba por muchos años, y he estado sin contacto con la naturaleza sensacionalista y deshonesta del establecimiento mediático de hoy. Espero hoy que hace 30 años. Después de tantos años de ser victimizada por el “establecimiento” mediático fue ingenua de mi parte tener la esperanza que quizás me llegue la oportunidad de decir “mi versión de los hechos”. En vez de una entrevista conmigo, lo que ocurrió fue evento mediático en tres partes, llena de distorsiones, inexactitud, y puras mentiras. NBC presento los hechos incorrectos. No solo invirtieron miles de dólares promocionando esta “exclusiva serie de entrevistas” en NBC, también gastaron gran cantidad de dinero en anuncios de esta “entrevista exclusiva” en estaciones de radio negras al igual que noticias en periódicos locales.

Como la mayoría de la gente pobre y oprimida en los Estados Unidos, yo no tengo una voz. La gente negra, gente pobre en los Estados Unidos no tienen ninguna libertad de expresión verdadera, y muy poca libertad de prensa. Históricamente, la prensa negra y los medios progresistas han jugado un papel esencial en la lucha por justicia social. Necesitamos continuar y expandir esa tradición. Necesitamos crear fuentes mediáticos que ayuden a educar a nuestra gente y a nuestras niñas, y no aniquilar sus mentes. Yo soy solo una mujer. No tengo estaciones de televisión, o de radio, ni periódicos. Pero ciento que la gente tiene que ser educada acerca de lo que está sucediendo, y entender la conexión entre los medios noticieros y los instrumentos de represión en Amerika. Lo único que tengo es mi voz, mi espíritu y la voluntad  de decir la verdad. Peroles pido sinceramente, a todos ustedes en los medios Negros, ustedes en los medios progresistas, ustedes que creen en la verdadera libertad, que publiquen esta declaración y le dejen saber a la gente que está pasando. No tenemos voz, así que ustedes tienen que ser la voz de los sin-voces.

Libertad a todos los prisioneros políticos; les mando amor y saludos revolucionarios desde Cuba: uno de los palenques más grandes, más resistentes, y más valientes que alguna vez allá existido en la cara de este planeta.

Assata Shakur

Havana, Cuba.

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