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Quienes trabajamos en informática somos clase obrera

Jueves 8 de agosto de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Coordinadora de Informática de CGT

Aportación de la Coordinadora de Informática de CGT al debate abierto por Nega y Pablo Iglesias

Desde la Coordinadora de informática de CGT hemos estado siguiendo con interés el cruce de artículos que se ha estado produciendo a partir del debate abierto entre Nega y Pablo Iglesias que ha generado muchas otras intervenciones al respecto. ¿Qué es clase obrera en 2013? ¿Hay formas de trabajo que generan un nuevo tipo de actor, comúnmente conocido como ’precariado’, que poco o nada tiene que ver con lo que llamamos clase obrera?

Se agradece que Nega haya citado la huelga indefinida de los informáticos e informáticas de HP como piedra de toque en su argumentación de que las nuevas formas de trabajo precarias o alienantes son simplemente obstáculos a derribar, que sus trabajadores son tan clase obrera como cualquier otro asalariado. Y que sí se puede recobrar la toma de conciencia colectiva que permite activar la lucha de clases.

Hemos tenido este debate de forma más o menos continua en nuestro seno desde hace algunos años y hemos realizado algunas adaptaciones paulatinamente. Nos gustaría aportar una visión práctica de un sector laboral con precariedad galopante, individualista, con una historia reciente de comportamientos elitistas y alienados. Y sí, se puede.

Nuevas formas de organización del trabajo e ideario empresarial

No vamos a reiterarnos en lo ya comentado en otros artículos pero sí queremos hacer un resumen a vuelapluma de la muerte de un sistema de producción y el nacimiento de otro como nuevo paradigma. Sin ello no es posible seguir el hilo de los cambios producidos.

Las grandes plantillas mueren. Las grandes empresas mueren. Las grandes concentraciones de trabajadores con intereses comunes mueren. Ese modelo está cambiando, de forma muy rápida, a otro basado en constelaciones de microempresas, subcontrataciones, chiringuitos empresariales cuando no directamente falsos autónomos autoexplotándose para poder sobrevivir.

La estabilidad laboral ha volado en mil pedazos con ello. Hoy estás aquí, mañana en el paro, pasado con otros compañeros, al otro trasladado en un centro con trabajadores de diferentes empresas...es un auténtico reto intentar dar sentido de grupo a un escenario tan volátil. Los nuevos trabajos informales, el incremento del sector servicios y un excelente trabajo de alienación y competitividad extrema entre compañeros ha puesto las semillas para desactivar las respuestas obreras conjuntas y contundentes.

En este contexto, el trabajador que va dando tumbos de un lado a otro, de una empresa a otra, no desarrolla suficientes lazos sociales con el resto de compañeras, para él/ella todo es transitorio, o una mierda, o un mal trago que mejorará con el tiempo. Difícil tener sentido colectivo, de clase o cualquier otro, en un contexto tan inestable.

Pero aún así, seguimos luchando. Por desgracia, la lentitud de adaptación de las estructuras obreras existentes no han permitido seguir el ritmo de las mutaciones capitalistas, la acción colectiva en algunos ámbitos quedó hibernada. Es la hora de la autocrítica, ¡pero constructiva!:

Debilidad del sindicalismo en la adaptación de una respuesta de clase al nuevo escenario organizativo y social del capitalismo.

Dejaremos de lado el papel político o social de la llamada ’izquierda’. Somos anarcosindicalistas, asamblearios y nos centraremos allí donde la clase obrera mantiene el combate de forma directa: La trinchera permanente de los conflictos laborales. El punto donde la lucha de clases se manifiesta de forma evidente y rutinaria, lo que enfrentamos cada día de nuestras vidas. Es el punto clave donde muchas personas toman conciencia de clase, si no hay condiciones adecuadas ese proceso no se dará.

No perderemos el tiempo en analizar la actitud del sindicalismo colaboracionista, no merece más de una línea.

Casi toda colectividad significativa requiere de una estructura organizativa, los sindicatos no son excepción. Y la última gran innovación en este aspecto se produjo en los años 20-30 mediante la agrupación de las secciones sindicales de empresa en federaciones sectoriales o sindicatos confederados por sector. Excelente respuesta para grandes colectivos más o menos estables agrupados en zonas de trabajo intensivo industrial. Fin.

Casi cien años después, aquí seguimos. El sindicato mantiene una columna vertebral que ha ido cediendo peso desde la participación/acción directa del afiliado/a hacia un funcionamiento de ’día a día’ basado en la unidad básica de las secciones sindicales. El trabajador se afilia mayoritariamente desde una sección y desde ahí va participando en los siguientes niveles: empresa-sector-sindicato.

Exactamente...¿qué ofrece este esquema para el modelo de trabajador descrito antes? Precario, aislado, fragmentado, volátil, inestable o en empresas que nacen, mueren sin tiempo para formar estructura sindical. El modelo organizativo sindical clásico sirve para una realidad válida en los años 70, pero que existe en el siglo XXI sólo para una parte cada vez más pequeña de la población.

La comodidad de la inercia existente, las secciones sindicales de centenares o miles de afiliados que daban una falsa imagen global de estabilidad al sindicalismo, el que la parte principal de la clase trabajadora siguiera en la zona de empresas estables... todo ello causó una falta de atención y respuesta hacia lo que algunos llaman ’precariado’. ¿Adaptar un tren de mercancías en marcha por pequeños cambios producidos en la periferia? Hoy, la necesidad de la adaptación es urgente.

Ante este escenario, el dependiente de un star-bucks, la informática que trabaja en una subcontrata de otra subcontrata para una multinacional, veían ’los sindicatos’ como un ente existente en la empresa madre, o por la tele, y cuya actividad diaria se desarrollaba en las empresas donde los trabajadores y trabajadoras estaban organizados previamente. Todo ello tan lejano...

A pesar de acuerdos existentes en algunos sindicatos para intentar mejorar esta situación, como en CGT para fomentar la participación de trabajadores de subcontratas en las secciones de empresas cliente, ello no ha sido suficiente.

El trabajador precario o aislado ¿cómo va a enfrentar el conflicto, a tener una conciencia en lo colectivo fuerte si la participación sindical ha sido cortocircuitada, inexistente o es muy difícil? Mayoritariamente, no siempre, adopta una posición individualista.

En este punto creemos de vital importancia no confundir la existencia de esos problemas con que ’el precariado no sea clase obrera’. Si equivocamos percepción o dificultad en el proceso de toma de conciencia con realidad absoluta, equivocaremos las acciones a emprender.

A pesar de todo, la lucha de clases se manifiesta

Restaurante McDonalds de Granada (aprox 100 trabajadores), conflicto en Telepizza, huelga indefinida limpiadoras hospitales de aragón, conflicto en Caprabo Catalunya y un largo etcétera. En cada caso se dieron condiciones concretas que superaron las dificultades de la ausencia de respuesta general sindical y de la fragmentación laboral realizada por el sistema.

Podemos investigar la intensidad de estas luchas del supuesto precariado desclasado y sin capacidad de reacción. Cada una de ellas es un ejemplo para toda la clase trabajadora y de comportamiento colectivo de clase.

Los mecanismos y comportamiento de clase existen, que no se manifiesten habitualmente no niega su naturaleza, por ahora larbada debido a dificultades que se retroalimentan.

Nuestra experiencia en el sector informático

A todo lo explicado anteriormente, en el sector informático añadimos un sentimiento de elitismo potenciado por las empresas: tú no eres un trabajador, sino un profesional con grandes conocimientos que pasa por la vida sin perder el tiempo en cosas propias de obreros de fábricas. Este mensaje está, afortunadamente, en retroceso facilitado por la gravedad de los ataques que están realizando las diferentes empresas de informática.

Para vencer todo ello hemos apostado por poner el foco en varios puntos que creemos clave para adaptar el sindicalismo a estos tiempos de inestabilidad o comportamientos alienantes:

- Llamar a las cosas por su nombre: Tratar la comunicación y actitud respecto de los trabajadores y trabajadoras de informática como clase obrera pura y dura, sin complejos, ni eufemismos, ni terceras vías. Mensajes claros y desperezadores como una ducha fría. Asambleas, huelgas, movilizaciones, acción directa.
- Potenciar el papel de las secciones sindicales hacia el resto de trabajadores de empresas subcontratadas como parte del colectivo.
- Potenciar las redes sociales y experiencias usadas en el 15M como nuevo pegamento que mitigue el aislamiento de las personas. También como nueva arma de ataque sindical en campañas laborales.
- El principal: dirigirse a todo el sector informático como si fuera una única empresa. La Coordinadora de informática de CGT es la sección sindical del sector. No importa que un compañero precarizado, temporal en una cárnica, no conozca a nadie: los trabajadores y trabajadoras agrupados en la Coordinadora actúan en su empresa porque él forma parte de esta ’sección sindical sectorial’. No importa que no haya presencia de CGT en su empresa concreta, la Coordinadora se reúne, decide y actúa. La inestabilidad ya no es un muro.

¿Qué hemos conseguido en este tiempo? Potenciar el sentido de clase de forma incuestionable en todo el sector. Hemos participado, y activado, conflictos en muchas empresas con o sin representación. En las asambleas de trabajadores mensuales que se realizan, participan muchos compañeros y compañeras sin sección sindical de empresa: Se ha abierto una puerta a hacer sindicalismo y debatir y actuar sobre nuestros problemas comunes. Las afiliaciones crecen y, curiosamente, en empresas sin presencia consolidada, lo que llamaríamos el clásico ’precariado’ objeto de debate...

En resumen, hemos intentado que el sindicato sea la respuesta y herramienta útil para lo que se está debatiendo como ’precariado’. Y ha producido un efecto evidente.

¿Y cómo está siendo la participación en las empresas con mayor o menor presencia nuestra? Pues en principio, no pertenecer al sector industrial y formar parte del trabajo intelectual debería convertirnos en esa especie de tópico de joven alienado imposible de movilizar de forma clásica. Aunque de eso también hay, en 6 meses hemos convocado 3 huelgas indefinidas en grandes empresas del sector, otras de 24 horas o paros parciales, manifestaciones y otras acciones como escraches u ocupaciones de espacios con intereses empresariales. Los seguimientos han sido muy elevados, en Capgemini y Atos se paró un artículo 41, en Alten se puso a la empresa contra la espada y la pared y mención aparte los 7 días de huelga de HP seguidos por más del 85% de sus 2300 trabajadores, con piquetes de 300 personas, manifestaciones y asambleas masivas diarias que permitió la retirada del recorte salarial del 10% por parte de la empresa.

El conflicto de HP y sus imágenes podrían haber sido extraídas del imaginario de cualquier lucha relevante del sector industrial. Jugamos a ser clase obrera y resultó que lo éramos.

Hace 4 años, cualquiera que hubiera analizado la realidad del sector informático lo hubiera presentado como una mezcla entre el clásico ’precariado desactivado’ y el ’nuevo trabajador del conocimiento al que el sindicalismo le suena a chino’. Cualquiera que describa hoy la situación mostraría una tendencia y realidad muy diferente. Y no, la razón no es la crisis.

No se puede tirar la toalla y diagnosticar que los trabajadores precarios o alienados son un caso perdido y, por tanto, una nueva clase social a la que le será ajena siempre la conciencia obrera. Debemos plantearnos qué cambios, pequeños, hay que realizar para que los mecanismos de lucha se activen. Porque el trabajador precario si es algo es clase obrera, que esa conciencia no esté presente en un determinado momento no lo invalida.

Pero para todo ellos debemos adaptar la respuesta sindical al nuevo modelo laboral del capitalismo ya. Ya.

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