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¡Que viene La Pastora!

Domingo 17 de julio de 2016. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Mar Gallego. Pikara Magazine

Conocido también como ‘el maquis hermafrodita’, la historia de Florencio Pla Messeguer da cuenta de la crueldad y la criminalización que pesaba sobre las personas intersexuales en el Franquismo. La Guardia Civil y los medios se ensañaron con él, retratándolo como “una repelente mujer, lésbica y sanguinaria, con instintos de hiena”.

“Yo estaba delante cuando La Pastora se echó al monte. Yo tenía entonces unos quince años y estaba en casa de una mujer. Esa mujer le cortó el pelo a Teresot, y luego se lo peinó para atrás como lo llevan los chicos. Había ropa de hombre preparada para ella en la casa: un pantalón, una camisa y una chaqueta, todo de hombre. Cuando ya tenía el pelo cortado se metió en una habitación y se puso toda la ropa y cuando salió era como si ya hubiera sido un hombre desde que nació. Nadie hubiera dicho que era una mujer”. ‘Donde nadie te encuentre’, de Alicia Giménez Bartlett

Sobre el Franquismo y sus silencios se habla mucho y poco a la vez. Cuando se expone una denuncia referente a esos años, siempre hay una voz que se alza entre el gentío y nos dice: “Estáis abriendo una herida. No queremos verla ni saber nada de ella”.

En 1936, el genial poeta gay granadino, Federico García Lorca, fue fusilado por las fuerzas franquistas. Tras su asesinato, uno de los autores materiales del crimen se paseó por Granada gritando: “Acabamos de matar a García Lorca y yo le metí dos balas en el culo por maricón”.

La Dictadura empieza ese mismo año, con una “lección” sangrienta y terrorífica a favor de la homofobia. Como Lorca escribió en La Casa Bernarda Alba, después España se convirtió para todas las personas con identidad de género y orientaciones sexuales no normativas en “este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos…” Y ¿qué hay de la personas intersexuales? Todavía no hemos hablado lo suficiente de la crueldad y el silencio que inundaron sus vidas. La historia de La Pastora sólo es una entre muchas.

Reducida a “monstruo intersexual” en el Franquismo

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Retrato de ‘La Pastora’ de joven

La escritora Alicia Giménez que su infancia en el colegio de las Teresianas de Tortosa estuvo marcada por este canto que coreaba junto a las otras niñas: “’Viva la Guardia Civil que ha atrapado a La Pastora, mujer de bajos instintos, fea, mala y pecadora…”. La Pastora, un personaje mítico en la zona de Maestrat y Els Ports, era dibujada así en la leyenda popular y en los medios de comunicación, como un monstruo perteneciente a la guerrilla antifranquista del maquis de Castellón: “Una repelente mujer, lésbica y sanguinaria, con instintos de hiena”.

Florencio Pla Messeguer –apodado ‘La Pastora’ por la gente y ‘Lobo del Maestrazgo’ o ‘El terror del Caro’ por la Guardia Civil– fue inscrito en 1917 en el registro del Mas de la Pallisa en Vallibona como Teresa Pla Messeguer. Nacido en una familia pobre y numerosa de masoveros, nació intersexual en una época en la que poco se sabía de aquello: sus genitales no eran ni claramente femeninos ni masculinos y sus padres decidieron inscribirlo como mujer “para que no se la fotiguen a la mili’. Es decir, para evitar que hiciera la mili e intentar protegerle.

Esto último resultó difícil de conseguir. “Teresot”, como la llamaban de manera burlona, fue objeto de humillaciones desde su niñez. Tanto parte de su familia como la gente de la zona lo trató con absoluto desprecio. “Teresot, Teresot, ¿qué tienes entre las piernas, Teresot?, ¿quién te ha hecho ese vestido viejo, esa falda larga y negra que te llega hasta los pies?, ¿de dónde ha salido una niña como tú?”*.

Tras la muerte de su padre y con sólo once años de edad, empezó a trabajar como pastor por los montes de Vallibona y El Turmell. Sólo y sin contacto humano. Por inquietudes intelectuales, anheló haber ido a la escuela. No le gustaba la gente pero adoraba a los animales y a les niñes. Trabajó en masías a cambio de comida y se conocía los entresijos de los montes como la palma de su mano: atajos, escondites, cuevas…; esto hizo que el maquis se fijara en él.

Del pastoreo al maquis: ceremonia de tránsito

En su adolescencia, los rasgos masculinos de Florencio fueron aún más evidentes. Le agredían, se defendía y su “mala leche” cobró fama. Entre las jugarretas que planificaba el pueblo, una encerrona en un baile local: un amigo le avisó de que intentarían subirle la falda. Era la curiosidad número uno entre el personal: ¿qué tendría entre las piernas? Florencio, que según el historiador Josep Sánchez “siempre se consideró hombre”, fue al baile con un hacha en la mano. Al dejarla junto a su abrigo soltó “no sea que esta noche alguien me dé trabajo”.

Con su actitud a la hora de encarar estas situaciones se ganó cierto respeto entre la gente del pueblo. Algo que, posiblemente, incomodó mucho a la Guardia civil que, en 1947, en un acto de violencia institucional y sexual, acorraló a Florencio en la Masía del Cabanil que fue sitada por el cuerpo. Tras destruirla, el conocido como “Teniente Mangas” junto con sus guardias, lo desnudaron y lo pusieron contra una pared de piedra con las piernas abiertas. Esto fue definitivo para su transición.

Terriblemente asustado y humillado, no dudó en huir hasta el poblado de Refalgarí. Allí encontró refugio con maquis de la Agrupación de Guerrilleros de Levante y Aragón (AGLA). En casa de “La nena” le cortaron el pelo y le ayudaron a vestirse de hombre y echó a llorar cuando se reconoció por primera vez ante el espejo. Cambió su nombre por el de Florencio. Su apodo maquis era “Durruti” aunque se le seguía nombrando por todos sitios por su apodo inicial: La Pastora. En ese momento, empieza la leyenda.

Entre dos tierras

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Ficha policial de Florencio Pla, fechada en 1960

Hombre o mujer, héroe o villano… la historia de Florencio huyó de dualismos hasta el último momento. Aprendió a leer y escribir en el maquis durante los veinte meses que estuvo allí. Les guió por todos aquellos territorios que conocía. Finalmente, tampoco el maquis le convenció y decidió desertar de la guerrilla junto a su compañero “Paco el Serrano”. Pasó así a ser perseguido por ambas partes y se hizo bandolero.

El “maquis hermafrodita”, como también lo llamaban, era el más buscado por la Guardia Civil: hurtos, emboscadas y secuestros acrecentaron su fama. Tras un tiroteo en el que murió Francisco, Pla sobrevivió en absoluta soledad en una cueva hasta que caminó hasta Andorra. Allí le detuvieron. El titular decía “Ha sido detenida La Pastora, terror durante seis años, de la Comarca de Merella. Disfrazada de hombre vivía en Seo de Urgel”.

Tras detenerlo, le colocan una falda y una blusa y pasó por varias cárceles de mujeres. Finalmente, el informe médico “confirmó” que “era un hombre”. Se le atribuían 29 asesinatos (21 guardias civiles, siete alcaldes y un ermitaño). Siempre los negó y nunca pudo comprobarse. Tras ser condenado a cadena perpetua y después a muerte, fue indultado en 1978 tras veinte años en la cárcel.

Su amigo, Mariano Vinuesa

Al joven funcionario de prisiones, Mariano Vinuesa había algo que no le cuadraba sobre la leyenda negra de La Pastora. Veía a Florencio cada día en prisión: su perfil, según él, no respondía al de un criminal. Finalmente, decidió acercarse a Florencio, que le contó su historia. Se hicieron cercanos y Vinuesa logró su traslado a una prisión menos dura. El 31 de marzo de 1977 escribió al rey pidiendo su excarcelación. Tres meses más tarde, con 60 años de edad, Florencio fue puesto en libertad.

Su primera decisión fue encontrarse con su única familia conocida: “Mariano, estoy a su disposición”; y allí se quedó a vivir con la familia Vinsuesa, en una pequeña caseta del jardín.

El 25 de marzo de 1980, Florencio pasó a llamarse oficialmente Florencio. En 1990 lo entrevistaron en televisión. Fue la única vez que apareció. Entre sus declaraciones, explicó por qué decidió ser guerrillero y cómo decidió huir de las torturas:

“Al dueño que tenía yo ]se refiere a su patrón] lo mataron y le arrancaron los testículos. La Guardia Civil… Y a otros le clavaron cañas por debajo de las uñas, otros mancos… Yo, para quedarme así, prefería morir de un tiro. Por eso me metí en las guerrillas”.

No murió de un tiro. Lo hizo de manera natural a los 87 años de edad, tras haber tomado su almuerzo. Quienes compartieron la última etapa de su vida hablan de su carácter tranquilo y ermitaño: no hacía ruido, apenas hablaba… Era otro hijo del dolor y el terror silenciado del franquismo y la posguerra.

* Extracto de la Novela de Alicia Giménez que ganó el Premio Nadal 2011. Además de ésta, quizás la más reconocida, existen otras dos obras publicadas que recogen la historia del maquis: primero con una novela de Manuel Villar Raso, publicada en 1978, después una potente investigación del periodista José Calvo Segarra, publicada en 2009 y que sirvió de base a la novela de Alicia Giménez.

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