Para la prensa, la víctima es Pistorius

1ro de marzo de 2013. Fuente: Pikara Magazine

El drama es el fin de su carrera, no que se imponga sobre las víctimas de violencia machista el recuerdo de que nunca fueron lo suficientemente importantes, importantes para vivir y para ser resarcidas.

Por Marta Mediano García para Pikara Magazine

“(…) Pistorius ha seguido la lectura de su testimonio llorando y cabizbajo (…) el deportista estaba desconsolado, hasta el punto que el juez se ha apiadado de él y ha ordenado un receso de unos minutos para que se serenara o pudiera hablar con sus familiares. “Lo siento, lo siento”, se ha podido oír al atleta decir entre sollozos cuando el magistrado le preguntaba si podía seguir en la sala.

El padre, el hermano, una hermana, tíos y amigos han seguido toda la sesión con rostros compungidos e incluso musitaban plegarias, como el mismo Pistorius. El abogado también se ha hecho eco de la declaración de los mejores amigos de la pareja, que han coincidido lo mucho que se querían, que “juntos disfrutaban inmensamente” y que nunca, en su corto noviazgo, les habían visto discutir o quejarse uno del otro. Es más, Pistorius “nunca había sido más feliz con Reeva que con sus otras novias” (…). Además, uno de los mejores amigos de Pistorius recuerda que el atleta le habría comentado recientemente que Reeva podría ser “la que un día se convirtiera en su esposa”, algo que, según la amiga más cercana de la víctima, a ésta le hubiera encantado y hubiera respondido que sí”.

Fuente: El País

Si el asesino/maltratador se llama Manolo y vive en Villacañas, la reportera entrevistaría a sus vecinos: «era muy buena persona», «lo daba todo por ella y por su familia», «jamás se les escuchó una palabra más alta que otra», y cerraría la pieza con el número víctimas ese mes por violencia machista.

Si el presunto autor se llama Oscar Pistorius -y entonces se recalca bien el “presunto”-, la historia no es que cambie pero saca a relucir todas las contradicciones del discurso machista de andar por casa de los medios de comunicación.

Se han organizado tertulias, programas especiales, decenas de editoriales. Pero, ¿para reparar a la víctima? ¿Para analizar el porqué de esta violencia contra las mujeres? No, para que la honestidad de este hombre triunfador no pueda ser cuestionada.

Como Pistorius es el héroe nacional de una comunidad minoritaria y blanca en África y el prototipo del hombre blanco europeo capaz de superar cualquier adversidad y lograr el éxito, el hecho de que presuntamente haya disparado a su novia provocándole la muerte, ha producido un pequeño revuelo internacional.

Se han organizado tertulias paralelas en los telediarios, programas especiales en prime time y decenas de editoriales en los principales periódicos. Pero, ¿para reparar a la víctima? ¿Para analizar el porqué de esta violencia contra las mujeres? No, para que la honestidad de este hombre triunfador no pueda ser cuestionada.

Frente al juez, Pistorius llora desconsolado. Manolo también podría haberlo hecho cuando le visitó la Guardia Civil. Todos sus amigos lo atestiguan, ya sean futbolistas del Manchester City, ya sea la cuadrilla del Bar “Los Montes”: «La quería con locura, era lo más grande, su mujer». Y por supuesto, lo afirman con rotundidad conocidos y amigos, ni Reeva ni la mujer anónima se quejaron jamás del trato de sus parejas, pero nadie se pregunta si es eso posible cuando se convive con el miedo a morir.

De Reeva no se sabe más que su profesión y su nombre, y la prensa la define como una modelo con aspiraciones de protagonizar un programa de televisión. “Igual este buen hombre tenía miedo de, por su discapacidad, no estar a la altura de las circunstancias”, dicen en un programa.

Las víctimas son una y otra vez agredidas y golpeadas, sufren humillaciones incluso después de muertas, una auténtico ataque a su condición humana premeditado y a sangre fría. No queda rastro de ellas en las noticias, nadie las nombra. De Reeva no se sabe más que su profesión y su nombre, y la prensa la define como una modelo con aspiraciones de protagonizar un programa de televisión. El drama no es que cada día millones de mujeres sean víctimas de algún tipo de violencia machista. Tampoco que muchas de ellas pierdan la vida a manos de un hombre. El drama no es que su ausencia sea envuelta en silencio. Primero una capa. Después otra capa. Decenas de vueltas que aseguren al culpable la impunidad. El drama no es que nadie pueda alzar la voz por ellas, que se imponga sobre ellas el recuerdo de que nunca fueron lo suficientemente importantes, importantes para vivir y para ser resarcidas.

El drama en los medios es que Pistorius deja a los sudafricanos, a los amantes del atletismo y a los hombres occidentales, huérfanos de un líder al que seguir. El drama es que al renunciar a participar en las próximas carreras a causa del proceso judicial abierto por el asesinato de su pareja, el atleta de 26 años no podrá competir en Australia, Brasil, Estados Unidos y Manchester.

Y es que las peores evidencias de los medios de comunicación una las descubre cuando está enferma. Llevo varios días en casa, calmando mi soledad y mi malestar con la caja tonta. A las cuatro de la tarde, Pistorius volvió a ser el tema central de un programa: “Es que su novia iba a entrar en un reality, igual este buen hombre tenía miedo de, por su discapacidad, no estar a la altura de las circunstancias”.

Es aberrante escuchar como alguien es capaz de justificar de esa manera la violencia sobre las mujeres, el que no sólo se les arrebate la vida, sino la dignidad, y que además de todo ello, la víctima sea sólo nombrada en un segundo plano como el cristal que se quebró accidentalmente y que dejó al descubierto que el muchacho travieso aún estando castigado, había salido a jugar al balón.


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