Maternidad maximalista y huelgas demográficas

15 de octubre de 2010.

Elisabeth Badinter alerta contra las exigencias totalitarias dirigidas a unas madres a tiempo completo. La hembra humana tiene la posibilidad y el deber de hacer de su subordinación a la especie un proyecto individualizado

Celia Amorós

Las conquistas del movimiento feminista no escapan al principio de la acción y reacción. El feminismo de los años setenta encontró una fuerte resaca desde los ochenta que tuvo como uno de sus ejes fundamentales una campaña internacional dirigida al superego -ese superego que, según Freud, era tan débil en las mujeres- maternal de las féminas. La Liga Internacional de la Leche orquestó su campaña con múltiples alianzas y potenció el mensaje de que el amamantamiento natural, exclusivo y durante largo tiempo, es un imperativo categórico al que solamente podrían sustraerse las madres desnaturalizadas.

Desnaturalizadas, en efecto, porque se impuso una ideología naturalista sobre la maternidad que asimila el cometido de la madre humana al de las hembras de los mamíferos como la vaca o la cabra. Elisabeth Badinter, teórica feminista francesa que reconstruyó en su día la historia del "instinto maternal", ha publicado recientemente un libro sobre la cuestión del amamantamiento natural que está teniendo una amplia resonancia. Pone de manifiesto los efectos disuasorios, paradójicos y perversos desde el punto de vista demográfico, de las exigencias totalitarias dirigidas a unas madres a tiempo completo y, si puede decirse, a vida completa: el resultado es que muchas mujeres renuncian a la maternidad totalmente o bien limitan tanto su aportación que determinados países europeos no alcanzan su tasa de reproducción. Es bien sabido lo que ello conlleva. Pero la incidencia de las crisis favorece "la mística de la feminidad" que tan lúcidamente analizó en su día Betty Friedan.

En su nueva versión, la "directora gerente de su hogar" podría convertirse en la madre abnegada que renuncia a cualquier proyecto personal en aras del bienestar de sus hijos en paladines de los cuales se erigen los voceros de la Liga de la Leche. En definitiva, un trabajo precario y mal remunerado no es un aliciente que pueda disuadir a las mujeres de que su identidad como féminas se solapa con la maternidad full time tal como se les predica.

Ante estos cantos de sirena, no viene mal recordar, en clave beauvoireana, que la hembra humana tiene la posibilidad -y el deber existencial- de hacer de su subordinación a la especie un proyecto individualizado en el que ella sea quien fije los estándares de su entrega. Por supuesto con responsabilidad, disponibilidad y generosidad, pero de manera que la haga compatible con otros proyectos propios del ser humano que es. La leche natural es leche humana con todo lo que ello implica: elección, discernimiento y no heteronomía. -

::Fuente: Babelia

Le conflit. La femme et la mère
Elisabeth Badinter.
Flammarion. París, 2010.
269 páginas.


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