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Lanzando el efecto dominó

Lunes 9 de enero de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Lanzando el efecto dominó

Ramón Sola

La solución para los presos políticos vascos pasa por al menos cinco factores. La movilización social es uno de ellos. Están también, obviamente, la posición de los dos estados y la de los propios prisioneros. Y la presión de las instituciones vascas y la de la comunidad internacional. El éxito abrumador de la manifestación de Bilbo no traerá por sí misma la salida a este conflicto crucial, pero sí es una ficha lanzada con fuerza suficiente para desencadenar el necesario efecto dominó.

En las vísperas y durante la manifestación de ayer se escucharon entre los participantes todo tipo de comentarios y debates sobre el acto en sí. Hay quienes la han visto como un auténtico abrelatas para el conflicto de los presos políticos vascos, pero hay también quienes piensan justamente lo contrario: que pese a su éxito rotundo, no servirá de mucho porque quien tiene esa llave es el Gobierno del PP.

En realidad, ambas opiniones comparten un mismo punto de partida erróneo: descontextualizar el elemento de la movilización social. La manifestación de ayer ni será definitiva por sí misma ni, por contra, supone un mero ritual a repetir cada año en torno a estas fechas. De momento, lo innegable es que constituye un torrente de participación, con una potencialidad enorme si se acierta en su gestión... y en la del resto de piezas que están sobre la mesa.

La primera ya se movió el 20 de octubre. El cese definitivo de la lucha armada de ETA puso en marcha un movimiento destinado a cambiar todo el tablero, pero todas las inercias acumuladas en estas décadas tiran aún -y tirarán durante un tiempo al menos- en dirección contraria. Ayer en Bilbo rodó, y con qué fuerza, otra pieza de este dominó: la de la movilización ciudadana. El reto ahora es que empuje a las demás.

Hay al menos otros cuatro factores en juego que marcarán qué ocurre con los presos políticos vascos y, en consecuencia, si este país cierra definitivamente la página de su último conflicto armado. Algunos son opuestos, pero paradójicamente pueden influirse mutuamente de forma positiva. Por ir al caso más extremo, resulta evidente que las últimas decisiones de EPPK allanan el camino al nuevo Gobierno español para que encarrile la salida a la situación de los presos a partir del mero cumplimiento de su legalidad, y en la misma medida está claro que si el Gobierno de Rajoy decidiera acercar y agrupar a los presos políticos vascos, facilitaría más aportaciones en positivo al nuevo tiempo.

Otro tanto ocurre con el resto de elementos que se cruzan en esta red. Así, la mayor o menor presión de las instituciones vascas incide en la de las españolas, la movilización ciudadana vasca influye al grado de implicación internacional... Se mire en cualquier dirección que se mire se pueden encontrar acciones capaces de desencadenar cambios en cascada. Y por eso mismo, no moverse o no tomar decisiones -o decidir mal- también enquista situaciones y fomenta bloqueos. Es en esta perspectiva global donde la manifestación de ayer en Bilbo cobra su importancia real. Supone una pisada a fondo en el acelerador capaz de poner en marcha muchas cosas si el resto de elementos están preparados: el motor encendido, el embrague pisado, la marcha adecuada bien metida...

Comenzando por el vector de la implicación ciudadana, el récord marcado ayer en Bilbo confirma que la situación actual y el futuro de los presos es una preocupación de primer orden para la sociedad vasca. Una preocupación extensísima, por la amplitud de la movilización, y también intensa, por su carácter sostenido en el tiempo. Desde hace varios años, la mayor manifestación anual en Bilbo, la que abarrota de modo más denso la calle Autonomía, es esta que abre el año. Ninguna, en cualquier caso, de la dimensión de la de ayer, ni por asomo.

La marca no se explica sólo como el resultado de una intensa campaña previa, de meses, ni de un eslogan acertado («kolosala izango da»). Esta vez ni siquiera ha hecho falta un catalizador inmediato potente (una tregua como la de 2006 -tras la que se manifestaron 81.000 personas- una redada, una muerte...) para que la marcha reviente las calles. El de ayer no es el fruto de un «calentón», sino de un sentimiento estable y extendido, muy profundo: esta sociedad no va a dejar que el tema de los presos se quede sin resolver ni se dilate en el tiempo innecesariamente.

Hay una increíble cantidad de gente dispuesta a mojarse para lograrlo, y toca organizarla en una dinámica permanente, insistente y a la vez paciente, con objetivos a corto, medio y quién sabe si largo plazo, con el corazón caliente y la cabeza fría.

Por pura cercanía, las instituciones y agentes vascos son un destinatario muy directo del mensaje lanzado ayer. Quien no vio o no quiso ver que había una abrumadora masa social tras la invitación a salir a la calle de Egin Dezagun Bidea cometió un error de cálculo de bulto.

Habrá que ver cuál es el efecto rebote inmediato de la movilización sobre las posiciones de PSE y PNV. Tratándose además de los dos partidos que en su día impulsaron la política de dispersión que ahora toca desmontar, lo coherente políticamente sería que adoptaran ahora un cierto liderazgo para tirar de este carro y sacarlo del cenagal. Ambos insinúan que lo harán en privado en sus conversaciones privilegiadas con Rajoy, pero sólo Iñigo Urkullu y Patxi López saben qué es lo que llevarán en la maleta a sus reuniones de febrero en La Moncloa. Y de momento hay muy pocas razones objetivas para creerles.

A López se le siguen pasando todos los trenes: primero fue su hoja de ruta claramente insuficiente en el Parlamento de Gasteiz, después su espantada en los días de la declaración de ETA, luego su ronda de partidos intrascendente, y hace sólo unos días su impotente discurso de fin de año como última opción perdida de enganchar con la mayoría social. Y respecto a Urkullu, su autismo sobre esta cita de Bilbo ha dejado la portavocía del partido en manos de dirigentes como José Luis Bilbao, que se ha tomado la mayor movilización celebrada en muchos años en el herrialde que gobierna como parte de «el calendario de fiestas de la izquierda abertzale». Esperemos que no sea ese el nivel general.

Por el momento, el Gobierno español ni está ni se le espera en este tema (menos aún al francés, aunque de éste ya sabemos que siempre hará lo que le marque Madrid). Pero es seguro que Rajoy habrá tomado nota de la fotografía histórica de ayer -sería imposible lo contrario-, como lo hará de lo que le digan López y Urkullu en febrero o de lo que ya han trasladado EPPK en sus últimos comunicados y con sus últimas iniciativas, ETA con su mano tendida al diálogo o los líderes internacionales con la Declaración de Aiete.

El escepticismo ante Madrid es una cualidad muy extendida en Euskal Herria por razones sobradas, pero hay que remarcar que no existe precedente alguno con el que comparar la situación de Rajoy, porque nunca un mandatario español lo tuvo tan fácil. Por decirlo en términos muy españoles, se las han puesto como a Fernando VII. Casi todo está sembrado y al PP únicamente le toca cosechar aplican- do el sentido común y la previsibilidad de que suele hacer gala su actual líder. A Rajoy «solo» le acechan las trampas que la misma derecha española ha puesto durante todos estos años (sus medios, sus víctimas, sus jueces...), pero sería decididamente absurdo que terminara atrapándose a sí mismo en ellas.

El Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK) sí ha fijado posición: ha marcado una dirección, y muy clara. Sus últimas decisiones tienen el plus de haber sido tomadas en condiciones que harían prácticamente inviable el funcionamiento de cualquier organización; con sus miembros encerrados, alejados, aislados y machacados. En esa tesitura en la que lo lógico termina siendo que las posiciones se enroquen, EPPK ha hecho una apuesta rotunda por avanzar en la dirección de este proceso democrático y desbloquear su propia situación.

A partir de ahí, su capacidad de incidencia es enorme, en la medida en que son protagonistas claros y no sólo rehenes de los estados; son sujeto y no objeto. Los firmantes de Gernika ya lo dejaron claro con su acogida calurosa en setiembre. Y la manifestación de ayer supone también un gran espaldarazo al Colectivo y a su posición.

La comunidad internacional es el último factor en liza. Si se quiere, de momento el que menos incidencia directa tiene, pero que aparece como garantía en el caso de que Madrid y París se queden anclados. Si instancias internacionales de todo tipo ya denunciaban la política carcelaria antes, tras la decisión de ETA resulta absolutamente insostenible se mire desde el punto del mundo desde el que se mire y desde la ideología política desde la que se aborde.

Desde esa «lejanía» se sabe además que a Madrid no sólo le basta pulir un poco todo el actual marco de excepción. El ex ministro británico de Exteriores David Miliband lo explicaba en ``El País’’ muy claro: «Europa no necesita a cientos de antiguos partidarios de ETA en la calle, descontentos y sin futuro viable (...) Tampoco queremos tener cientos de armas descontroladas (...) Y eso solo puede conseguirse hablando con ETA».

Irlanda y Sudáfrica, pero también Israel, Siria, Cuba, Myanmar...

En cualquier proceso de resolución o simple humanización de conflictos resulta crucial afrontar la cuestión de los presos. Hasta aquí una obviedad que, cuando se cita el caso vasco, tiene como ejemplos más asemejables las excarcelaciones en Irlanda y Sudáfrica. Sin embargo, en estas últimas semanas han sido frecuentes las noticias de este tipo también en diferentes puntos del mundo. Quizás en sus lugares de origen hayan suscitado polémicas o luchas internas, pero fuera de sus fronteras se han tomado como algo normal e incluso positivo.

El caso más conocido es el del canje de más de mil presos palestinos por el soldado Guilad Shalit, capturado hace varios años. El proceso se ha ejecutado en dos fases después de que el Tribunal Supremo de Israel avalara la situación. Las dos partes se declaran satisfechas.

Anteayer se sabía que el Gobierno de Myanmar liberaba a 6.656 prisioneros y reducía la pena a 39.000, en la tercera operación similar en meses. Una semana antes llegó a los titulares de todo el planeta la noticia de que Siria excarcelaba a 755 detenidos tras la llegada de observadores de la Liga Árabe. Y tres días antes Cuba anunciaba que sacará a la calle a 2.900 presos por motivos humanitarios. R.S.

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