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La guarrada del Bitcoin

Jueves 24 de marzo de 2016. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: La Mirada del Mendigo

Creo que a estas alturas, ya todos habréis oído al menos hablar del Bitcoin, así que si me permitís, prescindo de las presentaciones y voy directo al meollo. El concepto de criptomoneda es interesante, aunque se me ocurren muchísimos peros como el hecho de hurtar a los Estados de la capacidad de control sobre la base monetaria (que, a través del coeficiente de encaje bancario, se convierte en masa monetaria). Otra objeción es el límite técnico de guardar el registro de todas las operaciones en la cadena de bloques, lo que tarde o temprano acabará por desbordar la capacidad de esos bloques (y eso que es sólo una moneda de uso muy minoritario en el mundo, si se generalizase este registro crecería según una función exponencial). Y un último reparo, es que el misterioso creador del bitcoin tiene un saldo de un millón de bitcoins. La cotización a día de hoy de la moneda virtual es de $414 por cada Bitcoin, así que es fácil el cálculo del premio que se concede el inventor de la moneda por ser el primero que tuvo, obviamente, acceso a ella.

Pero no, no voy a tratar de estos temas, ni mucho menos enfrascarme en discusiones sobre teoría monetaria que me superan. No, quería centrar el comentario en un aspecto que ha pasado desapercibido y a mí me parece una bofetada al buen sentido. No sé si sabéis cómo se generan nuevos Bitcoin, si no, os lo explico sucintamente: hay voluntarios que ponen a su ordenador a trabajar para resolver un problema numérico (encontrar el hash de un nuevo bloque de la cadena). Quien lo resuelva, se lleva como recompensa unos bitcoins. A esto se le conoce como “minería” de bitcoins. La dificultad del problema va creciendo, y hoy en día sólo se dedican a ello equipos especialmente diseñados para ello (usan las GPU, tarjetas gráficas, mucho más rápidas en operaciones básicas que las CPU) con una potencia de cálculo bestial, en aquellos sitios donde la electricidad es más barata. Es decir, en China. El precio de la electricidad es determinante en la rentabilidad de esta operación, ya que tanto los equipos como su refrigeración son devoradores de Watios.

Es curioso que se presente como novedad, un concepto que fue superado ya en la dinastía Yuan. Efectivamente, el dinero fiduciario tiene su origen en China, se estima que por el s.XI, y era de uso común en el s.XIV.

Por otra parte, es muy acertado el término mining por la similitud de la criptomoneda con el dinero metálico, basado en el valor intrínseco de las piezas. Al igual que los metales preciosos, existe una cantidad finita de bitcoins que pueden ser minados (21 millones, 1 para el creador y los otros 20, para el resto de la Humanidad). Según el problema matemático se vaya haciendo cada vez más complejo, se necesitarán más recursos de computación, es decir, más energía, para generar bitcoins. Es un paralelismo perfecto a la necesidad de movilizar más recursos, medios, tecnología y, sobre todo, energía, para explotar yacimientos auríferos de cada vez menor ley. Por cierto, ahora comprenderéis la naturaleza intrínsecamente deflacionaria de una economía basada en el Bitcoin, como la basada en el patrón oro.

Más allá del debate monetario, resulta repulsivo que esta nueva moneda ligue su funcionamiento a un consumo intensivo y superfluo de energía eléctrica. TODAS las formas de generación de electricidad implican una alteración en el medio natural, o mucho, o muchísimo (y entre las últimas, figuran varias renovables). Es necesaria esta producción para colmar las necesidades humanas, pero… crear una necesidad ficticia, me parece una bofetada al buen sentido.

Máxime cuando, como hemos dicho, esta minería de bitcoins se desarrolla en países con un bajo coste del kWh, y ello a causa precisamente de tener tecnologías de generación tremendamente contaminantes (las centrales de carbón chinas, que para ser alimentadas engullen cientos de vidas de mineros, estos sí reales, más las innumerables víctimas de la contaminación asociada a estas centrales).

Al tratarse por ahora de una moneda de uso todavía muy minoritario (una soplapollez de moderniquis) el impacto real del consumo energético asociado a la minería de bitcoins es muy bajo. Pero según crezca y se generalice, como suelen triunfar esta clase de tonterías, el consumo de energía y su contaminación asociada puede ser serio. Lo cual sería el colmo de la necedad.

Porque podríamos revisar el concepto: en vez de que el premio en bitcoins sea para el que más energía consuma realizando una operación inútil, podríamos otorgar nuevos bitcoins al que más crías de foca cace a garrotazos. El que aporte más foquitas muertas en un periodo de tiempo, se lleva un bitcoin. Luego, los cadáveres, podrán ser arrojados al mar porque realmente, no es que sirvan para nada esas focas; es simplemente un juego, una excusa para introducir paulatinamente los bitcoins entre los vencedores.

Puestos a idear estupideces, se me ocurren muchas muy buenas para acabar de joder el planeta, incluso mejores que poner a trabajar miles de GPU a saco para obtener un bitcoin.

Ahora, si queremos hablar en serio del futuro de la moneda, os voy a recomendar un añejo artículo de Ignacio Escolar: Por un euro electrónico.

El monopolio del dinero, como medio de pago, debe ser del Estado. Ahora mismo, el dinero de plástico es un duopolio inaceptable de dos empresas usamericanas, que nos sangran a consumidores y comerciantes. El fin del dinero físico es inminente, así que el Estado debería proveer de un método de pago que, como monedas y billetes de curso legal a los que deberá reemplazar, sea universalmente reconocido y de uso gratuito. Quizá haya en el concepto de criptomoneda cosas aprovechables para este futuro medio de pago, pero desde luego desterrando a los profundos infiernos la idea de dilapidar energía o cualquier otro recurso natural en su funcionamiento.

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