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La Cárcel de Ventas y la Memoria de las mujeres presas.

Sábado 24 de marzo de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Audio completo del acto

Resumen del primer día de las jornadas.

Transcribimos a continuación una selección de las intervenciones en la mesa redonda "Memoria de la Cárcel de Ventas", que tuvo lugar el pasado 9 de marzo, organizadas por la asamblea popular del 15M Plaza Dalí como primera actividad de las jornadas.

Justa Montero, activista feminista, presenta el acto

Creo que estábamos y estamos en deuda con todas las mujeres que, en concreto, estuvieron en la cárcel de Ventas por haber luchado y defendido la libertad en una época durísima, que sufrieron la represión y la falta de libertad absoluta. Mujeres que el franquismo no sólo reprimió sino que el franquismo y una transición silenciada las olvidó durante mucho tiempo. Por eso, nos gustaría que la sala y la mesa estuvieran repletas de mujeres que vivieron esa época. Pero muchas mujeres, por desgracia, ya no están, no les podemos rendir ese homenaje necesario pero en la medida que podamos se lo rendimos a todos sus familiares y a todas las mujeres que estuvieron ahí y hoy ya no nos pueden acompañar. Creo también que hay que felicitar realmente a la asamblea popular del 15M del barrio porque recuperar la memoria histórica, en general, y en particular la de las mujeres -recordad que este acto también está enmarcado en la celebración del 8 de marzo- es fundamental no solamente por ese homenaje necesario y tan justo para esas mujeres sino también para mirar nuestro presente y nuestro futuro. Y de ahí la importancia de que sea precisamente una asamblea del 15M, porque es fundamental para nuestro futuro ajustar las cuentas, exigir justicia para todas aquellas luchadoras antifranquistas por la libertad y la autonomía. Si no, no sabemos de dónde venimos, no sabemos quiénes están detrás de estas luchas y de quiénes somos también herederos.

Luis Garrido, vecino del barrio octogenario, cuenta sus recuerdos

Estábamos viendo un edificio extraordinario, bonito, blanco. Mi mejor recuerdo de él es que tenía un campo de fútbol en el que jugábamos los niños y las compañeras de las que se ha estado hablando aquí se asomaban a la valla y nos veían jugar, incluso nos decían cosas y hablábamos con ellas. (…) Yo he presenciado a unas mujeres jóvenes vestidas de color azul, con algunos adornos colorados en forma de flecha por aquí puestos, que se ponían en la esquina de [la calle] Rufino Blanco con Marqués de Mondéjar y a todo el que veían que venía con un paquete debajo del brazo nos decían: “Ya sé que vas a llevar un paquete a un familiar que tienes ahí en la cárcel pero dánoslo a nosotras, que se lo llevaremos mucho más fácilmente que si vas tú y te tienes que poner a la cola.” Y aquellos paquetes pues ya saben ustedes o se figuran a dónde iban a parar. Desde luego a las presas que estaban dentro no les llegaba. Porque se volvían a poner, y nadie les decía nada.

Fernando Hernández, historiador y autor de Mujeres encarceladas en la prisión de Ventas: de la República al franquismo, 1931-1941, presenta a Isabel Blas

A Isabel Blas yo la conocí mientras hacía el libro porque su madre y su tía estuvieron [presas] en Ventas; su tía falleció en la cárcel. Solamente comentaros a las jóvenes licenciadas que el hecho de tener un título que ponga licenciada y no licenciado se debe a la campaña que hizo Isabel, con asociaciones feministas, a principios de los 90.

Isabel Blas cuenta la historia de su tía, presa en Ventas

Yo puedo contar lo que, a través de su expediente carcelario y de libros donde ha salido escrito, sucedió con mi tía, una hermana de mi padre. Desde el año 39 al año 45, que ella estuvo en la cárcel, Mercedes Núñez en su libro La cárcel de Ventas recoge que la volvieron loca, que murió absolutamente ciega y enloquecida de las palizas que le daban cuando la sacaban de la cárcel y la cogían un grupo de falangistas pretendiendo que diera los nombres de sus compañeras y compañeros socialistas. Ella había sido enfermera, había estado en el frente, pero la metieron del 39 al 45. Cuando se portaba mal, como ellos decían, la trasladaban de cárcel. Ella estuvo primero en Ventas, después la trasladaron a Amorebieta, después a (…), luego la trasladaron a Málaga y de nuevo a Ventas, a Madrid. En Madrid el proceso era -los expedientes lo dicen muy claramente- que la sacan, le dan una especie de libertad condicional o dios sabe qué pero ella solamente va a las comisarias, a los lugares donde hay grupos de falangistas que se dedican a torturarla y luego la regresan a la cárcel. Cuando la regresan a la cárcel, os podéis imaginar... A mi madre, que en ese momento ya estaba fuera de la cárcel, la dejaron ir a verla y lo que mi madre me ha contado es que, desde la punta del pelo a la punta de los pies, su cuerpo era absolutamente negro de las palizas que le habían dado. Murió con 29 años. Se llamaba Nicolasa y era mi tía. Su muerte se disfrazó como que había sido de un posoperatorio. A ella nunca la operaron de nada pero su expediente dice así, que ha muerto de una operación de estómago. Además del espacio de los hombres y mujeres que han muerto fusilados y están en las cunetas, hay otro grupo que es en el que está mi tía: es decir, ni ha muerto fusilada ni ha estado en la cuneta; ha muerto de palizas y ha muerto torturada. Así que agradezco a Tomás Montero que haya puesto su fotografía en esa pancarta que aparece siempre que se sale a reivindicar y denunciar la impunidad del franquismo; que se incluya su fotografía formando parte de esas personas que no murió fusilada, no está en la cuneta, pero que a los 29 años dio su vida -no nos olvidemos- por un país democrático, legal y con una república votada en las urnas, que era lo que era este país entonces, y que yo creo que algún día volveremos a ser. Viva la República.

Ángeles Egido León, historiadora, interviene

Antes se ha preguntado sobre las estrategias de supervivencia que las mujeres desarrollaban en las cárceles y yo creo que desarrollaron una fundamental. El sistema penitenciario del franquismo, toda la represión, como bien se ha explicado, estaba basada en intentar someter, en intentar denegar, en intentar borrar todo lo que había significado la República, y muy especialmente para las mujeres. Se trataba de que volviesen a ser esposas y madres, fundamentalmente, y que no tuviesen nada que ver con la vida política ni con la implicación en la sociedad. Se trataba de relegarlas a un papel secundario. Entonces estas mujeres como María Salvo, como Manolita del Arco, que fue la mujer que más tiempo estuvo en las cárceles de Franco, estuvo casi 20 años ininterrumpidos, desarrollaron una estrategia que se basó, fundamentalmente, en su dignidad, en mantener su dignidad; en conseguir demostrar que no las doblegaban, ni políticamente ni humanamente ni socialmente. Sobrevivieron en la cárcel muchos años: María Salvo creo recordar que estuvo 16; Nieves Torres, que todavía vive pero desgraciadamente tiene Alzheimer, también estuvo 16 y todas ellas, cuando salieron de la cárcel y a pesar de haber estado tantos años, siguieron siendo militantes, siguieron siendo socialistas, siguieron siendo comunistas y siguieren creyendo en los mismos ideales por los que las habían encarcelado.

Luis Garrido, vecino del barrio y octogenario, recuerda a las mujeres de los presos

Estamos hablando de las mujeres, pero nos estamos refiriendo a las presas y olvidandootras, a las que yo quiero rendir también un homenaje. Mi madre. Mi madre, las mujeres de los presos. Les cortaron el pelo, les pasearon en un carro y les hicieron tales barbaridades que sufrieron muchísimo y fueron heroínas. Se quedaron con su pelo cortado, se quedaron con el paseo que les dieron por el pueblo, se quedaron viendo a su hijo, que lo desnudaron para ver si tenía rabo porque los rojos tenían rabo, y siguió viviendo. Siguió viviendo y -aquellos que la hayan conocido- siguió fregando escaleras, haciendo lo que tenía que hacer, haciendo lo que fuera por sacar a sus hijos adelante. Les cortaron el pelo igual que si estuviesen presas. Esas mujeres también son mujeres trabajadoras a las que hay que rendir un homenaje.
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