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Haití: Los daños causados por el huracán Mathew son naturales y sistémicos

Domingo 20 de noviembre de 2016. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Rebelión

Por Marc Arthur Fils-Aimé* Alter presse

Los daños ocasionados por el huracán Mathew no son solo naturales. Es cierto que Haití se halla ubicado sobre fallas tectónicas y en una zona ciclónica que con mayor o menor violencia precipita anualmente miles de metros cúbicos de lluvias torrenciales y azota con vientos de rara crueldad como los del 3 y 4 de octubre último. Frente a esta potencia de la naturaleza nadie, ni los científicos más evolucionados, es capaz hasta hoy y tal vez nunca de impedir desplegar sus fuerzas a la naturaleza.

Los científicos han declarado que los sismos y los ciclones forman parte, por lejos, de las necesidades intrínsecas de la naturaleza para regenerarse y equilibrarse. Por lo tanto no es posible que la naturaleza se adapte a los caprichos de los seres humanos. Lo contrario debería ser la regla. Desgraciadamente, en nombre de la modernidad y de la civilización, la avidez de las clases dominantes ha aprovechado en todo el mundo los conocimientos científicos para explotarlos en provecho propio y paralelamente en detrimento de la buena salud de la Madre Tierra, como la llamaban los primeros habitantes de nuestro continente. Naomi Klein escribió: “Las raíces de la crisis climáticas se hallan en el fondo de los mitos fundadores de la civilización occidental, surgido de la Ilustración, según los cuales la humanidad tiene vocación de dominar una naturaleza considerada ilimitada y absolutamente modificable. Esto no solo se debe atribuir a la derecha política o a los EE.UU., se trata de un gran relato que trasciende las fronteras y los desacuerdos ideológicos (1).

Algunas clases sociales, en una inicua comprensión sociopolítica y económica en la que la acumulación del capital no tiene límites, han contribuido ampliamente a este desorden atmosférico. Tal es la razón por la que decimos que los daños ocasionados por el paso del Mathew en Haití no se deben solo a causas de origen natural. La población se halla atrapada entre ese modelo sistémico dominante en el planeta y la visión átona de nuestros dirigentes dentro de ese mismo modelo. Es inútil insistir sobre el aspecto coyuntural de este suceso, puesto que conocemos bien la cantidad de perjuicios que directa o indirectamente sufre una gran parte, absolutamente devastada, del país. Sobre la crisis estructural se ha engarzado una crisis coyuntural que con su triple dimensión social, económica y política ha empeorado la situación de las masas populares. Es precisamente ese aspecto estructural el que se ha ligado dialécticamente al aspecto coyuntural y por lo tanto sobre el que nos interesa específicamente reflexionar.

No intentamos sin embargo negar la absoluta responsabilidad, sin excepción, de los diferentes gobiernos que han pasado por Haití desde 1804 hasta la actualidad. Por el contrario queremos mostrar de qué modo han contribuido a todas estas desgracias.

El capitalismo y su enorme responsabilidad en el desequilibrio del medioambiente y de sus subsistemas ecológicos

Reconozcamos en primer término que el sistema capitalista se ha vuelto aún más inhumano, en su fase neoliberal ha desequilibrado el medioambiente y todos sus subsistemas ecológicos. Todos los dirigentes de aquí y de todas partes han reconocido los daños al cambio climático. La Vigésima Primera Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre los Cambios climáticos (COP 21), que se celebró en París entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre de 2015, lo prueba... No fue la primera ni será sin duda la última. Los resultados de esas reuniones nos han convencido de que muy pocos de esos dirigentes se han mostrado dispuestos a salvar lo que aún es posible. No están ni política ni ideológicamente convencidos de restringir al menos el poder de las multinacionales y de otras fuerzas no tan poderosas culpables hoy día de esos desórdenes que hipotecan el porvenir del planeta.

Paradójicamente esos dirigentes en lugar de estar al servicio de sus países han aceptado el lugar de metrónomos dispuestos a mejor someterse a las megapotencias financieras y económicas... Los meteorólogos han reconocido que este año 2016 es el más cálido que han registrado desde que han asumido esa tarea. También los ha sorprendido la manera en que el huracán Mathew acrecentó su fuerza pasando rápidamente del valor 1 al valor 5.

¿Cuál es el papel de la estructura social haitiana en esta catástrofe?

Estos terribles golpes que acaba de sufrir el país que tiene la maligna costumbre de padecer desde su emergencia insular, tiene un vínculo directo con la estructura social haitiana. Sin duda es una consecuencia del modo de producción burguesa-feudal bajo la férula de la oligarquía vinculada a las potencias imperialistas. EE.UU. no oculta su intromisión en todas las instancias estatales desde su primer desembarco en 1915. Desde 1804, fecha de nuestro nacimiento como Estado-nación, los diferentes gobiernos que se sucedieron al frente del Estado expulsaron a las masas populares hacia las laderas de las montañas o hacia las tierras más áridas. Las que permanecieron en los medios urbanos se vieron obligadas a juntarse en chabolas o villas miseria construidas en su mayor parte en zonas pantanosas o en el fondo de los barrancos. Es por eso que los hábitats en los que residen se hunden al primer amago de lluvia y de viento.

La clase política tradicional consideró siempre que las clases trabajadoras son una reserva de mano de obra barata –y se enorgullecen de su aporte a la ganancia de los tiburones propios y de afuera– y constituyen una reserva electoral para mantenerse a perpetuidad. Tal es la razón por la cual la desolación que afecta a una considerable cantidad de nuestros compatriotas luego del paso del huracán Mathew no ha afectado a la conciencia de esa clase. Reclama a voces la celebración de elecciones con el propósito de resolver los problemas que enfrenta el país: problemas que son de orden estructural más que coyuntural. Esto se debe a que su conciencia, o su subconsciente, se nutren de la idea de que el éxito depende más del imperialismo estadounidense que del propio pueblo. El nombramiento de René Preval en 1996, el de Martelly en 2010-11 y todos los posteriores a la ocupación yanqui de 1915, a excepción del anciano presidente Aristide en diciembre de 1990, se mantienen aún vivos en el recuerdo de los políticos tradicionales dispuestos a sucumbir a la misma tentación y ofrecer el país al mejor postor. De acuerdo con la antedicha comunidad internacional, nunca han concedido a las mayorías populares, dentro de esta perspectiva, más que un papel destinado a legitimar su democracia.

Por lo tanto los indescriptibles daños causados por el Mathews están directamente relacionados con la arquitectura de la sociedad haitiana. Juzgamos equivocada la evaluación de las pérdidas estimadas por el ministro de Economía y Finanzas, Yves Roman Bastien, de alrededor de 2.000 millones de dólares. Hemos observado una tendencia casi generalizada a comparar la cantidad de viviendas destruidas por el terremoto del 12 de enero de 2010 con el desastre de este comienzo de octubre. ¿Se podría, con la ayuda de un método de cálculo económico, establecer montos del derrumbamiento del entorno, del hundimiento ecológico de por lo menos tres departamentos uno de los cuales el Gran Anse, era uno de los más boscosos del país? Veamos lo que Jacques Stephen Alexis expresó, Los árboles Músicos, el poder del árbol en la creencia popular: “Cuando salieron empapados, seguidos por una multitud de campesinos y de gente del pueblo, vieron avanzar a toda velocidad a Joseph Boudin, el jefe de la región. Con sus ropas desgarradas, sin sombrero, sin aliento, Joseph parecía preso de la locura. Sus ojos despavoridos y todas sus actitudes mostraban que no era simplemente un poseído. Cuando estuvo próximo al gomero ubicado en el centro del patio cuyas raíces se extendían por el suelo hacia todas partes, el hombre se echó atierra y se puso a barrer con su frente el suelo pedregoso del patio. Apoyó con todas sus fuerzas el occipucio en una de las largas raíces. Las venas de su cuello se inflaban, respiraba con un ruido estentóreo, exhibiendo una fuerza demencial, levantando lentamente la raíz…Bois d’Orme se aproximó. Habían corrido a llamarle para que viniera a auxiliar a quién los dioses habían impuesto este terrible castigo” (2).

Las clases explotadoras debido a su condición clasista, bajo la tramposa apariencia de estar al servicio de todos los hijos e hijas de la nación, han construido un país en el que las clases explotadas se hallan obligadas a realizar tareas que a mediano plazo van contra sus intereses, La industria del carbón de leña es uno de esos emblemáticos ejemplos que ha mantenido indiferentes a las clases dirigentes a despecho de la existencia de soluciones alternativas. Nuestros bosques se reducen a un ritmo letal sin generarles la menor inquietud... A menudo son las mismas esferas estatales las que participan directamente de esa extinción firmando contratos leoninos con firmas extranjeras. El acuerdo firmado en 1941 entre el presidente Lescot y la SHADA (Sociedad Haitiana-americana de Desarrollo Agrícola) constituye un convincente ejemplo. Myrtha Gilber nos ha proporcionado una excelente investigación sobre este tema. Ha escrito: “El diario Le Nouvelliste (31 de enero de 1942) publica este mes de enero, otra de las principales actividades de la SHADA que llamaremos la deforestación activa o más bien la masacre de nuestros bosques que los contratos haitianos llaman eufemísticamente “la explotación científica de nuestros bosques”.

Y Thomas Fennel informa: “Entre las numerosas actividades de la Sociedad Haitiana–americana de Desarrollo Agrícola se debe mencionar la división forestal establecida en Morne des Commissaires… La compañía ya tiene bajo su control 10.000 acres. El aserradero enviado a la compañía por el Servicio Técnico de Agricultura de acuerdo con los términos contractuales con el Gobierno haitiano, funciona de pleno. Más de 60.000 pies de tablas recientemente manufacturadas ya han sido comercializadas localmente… Las máquinas para la instalación de un nuevo aserradero ya se han recibido y comenzarán a funcionar muy pronto” (3).

Gilbert reconoce más adelante: “Aunque amputada de su principal proyecto la SHADA ha continuado su actividad en las plantaciones de pita y continúa la explotación científica del Bosque de Pinos de la que extraerá más de tres millones de tablas de pino superior a la de 1944 cuya mayor parte fue exportada. Por otra parte la SHADA continuará con el Bosque de Pinos hasta 1950” (4). Francois Duvalier, aquel avaricioso insaciable de poder ordenó la deforestación de zonas que deberían haberse declarado de utilidad pública para desalentar la lucha armada contra él. En el transcurso de los años 60 todavía se veía anclar en la rada de Puerto Príncipe barcos que la población llamaba “vapé” que venían a embarcar toneladas de madera de Campeche con destino a EE.UU. Thomas Sankara estaba en lo cierto cuando declaró públicamente “la lucha contra la desertificación es un combate antiimperialista”.

Siempre con esa perspectiva de considerar al país una vaca lechera, ningún gobierno ni de anteayer, ni de ayer ni actual se ha esforzado en presentar un plan que incluya módulos de ejecución concretos destinado a reparar los daños ocasionados al medioambiente en el Parque Maca, en el Bosque de Pinos y en cualquier otro sitio ecológico en vías de desaparición. ¿Cuál ha sido la propuesta de los ministerios involucrados frente a los árboles destrozados por el Mathew?

Junto a la preocupación por evitar las muertes en serie por inanición y deshidratación ayudando con aportes de primera necesidad a la población descapitalizada, ¿por qué el Gobierno ha silenciado todos los problemas estructurales, a menos que quiera mantener una importante parte del territorio bajo perfusión por razones comprensibles pero inconfesables? ¡Que antiguos ministros que dirigieron diversas ramas de la administración pública denuncien las incoherencias del Estado con cualquier ejemplo! ¿Qué han hecho mientras desempeñaron sus funciones para corregir lo que hubiera sido posible corregir? No han dejado de denunciar su propio balance de la catástrofe, de criticar al Estado y a todos los gobiernos reclamando propuestas de recambio.

El Estado haitiano y los diferentes gobiernos antipopulares

El primer Gobierno del que partió el primer soplo de independencia y de libertad en favor de los esclavos fue el de Toussaint Louverture en su constitución de 1801. No nos vamos a detener en la epidermis de los personajes que concibieron este acto. No queremos seguir el mismo camino que algunos historiadores que han insistido más en el color de la piel que en su pertenencia de clase. Lo importante era el proyecto subyacente, es decir, las medidas antipopulares que ahogaban a los nuevos libertos de la esclavitud y que los sometían a los grandes propietarios terratenientes. Jean Price Mars nos lo dice así: “La respuesta a este asunto es la eterna vergüenza y la eterna desigualdad que heredamos de nuestros padres y cuyo estigma indeleble aún llevamos con una indiferencia que tiene tanto que ver con la inconsciencia como con la cobardía. Aunque inmediatamente después de la victoria armada proclamamos con énfasis que la esclavitud estaba abolida para siempre abolida en Haití y sin embargo fue Toussaint Louverture, nuestro inmortal hombre de Estado que había comandado tácita o efectivamente a la colonia durante y después de la sangrienta lucha, inauguró una política de conciliación con los antiguos amos cuya finalidad no era otra que la reconstrucción disfrazada del sistema que acababa de abolirse gracias a la devoción incansable de la dócil multitud”(5).

Así pues se perdió una primera oportunidad de realizar una distribución igualitaria de tierras a los campesinos, ya que Toussaint Louverture disponía de un gran control sobre los aparatos del Estado colonial. Con los campesinos armados habría podido destruir para siempre el modelo colonial inhumano y todas sus secuelas. Los intereses de la clase propietaria prevalecieron sobre los intereses de los nuevos libertos. Fred Doura ha hecho la siguiente reflexión. “Por otra parte Toussaint Louverture poseía también cinco grandes empresas cafeteras, cinco hatos y varias casas en la región de Artibonite. Toussaint convirtió al general Dessalines, según Pamphilio De Lacroix (citado por Paul Moral: 22) en granjero, es decir propietario de treinta y dos azucareras que le rendían un promedio de 100.000 francos anuales de renta cada una. Fue así como se formó, según Paul Moral, una nueva aristocracia terrateniente de generales–granjeros, beneficiarios del militarismo agrario o más bien un acaparamiento sistemático de tierras dirigiendo las explotaciones según el modelo de porciones. Esta no reforma agraria o más bien este acaparamiento sistemático de tierras por la satrapía de los generales y de los oficiales superiores y los admitidos excluía así de la propiedad a una gran cantidad de nuevos libres que debía asegurarles la indispensable base económica de su libertad. Es lo que condicionaría a través del tiempo el desastre socioeconómico que aún sufre el país dos siglos después” (6).

Las leyes agrarias de Dessalines de 1805, las de Petion y las de Christophe posteriores unos años después del asesinato del emperador Dessalines, procedían de la misma inspiración. Las muchas leyes agrarias decretadas por los gobiernos haitianos no respondían a las necesidades de los campesinos. Entendemos por campesinos a quienes tienen a la agricultura como actividad básica, aunque esté asociada a algunas actividades artesanales como la fabricación de sombreros de paja, esteras y otras actividades conectadas que les permiten ocuparse en las estaciones en que no se cosecha. El campesino es también aquel que en el período entre cosechas en su microclima va a vender su capacidad laboral a otros cultivadores en otras regiones para regresar luego a sembrar su parcela. Se ha convertido en proletariado agrícola y pescador. A veces cruza la frontera haitiana-dominicana con el mismo estatuto de clase y el mismo objetivo.

Esas pretendidas leyes agrarias son apenas comprimidos de aspirina destinados a calmar coyunturalmente las aspiraciones campesinas a la propiedad de la tierra. El bluf del primer mandato del presidente Preval en 1996 fue paradojalmente la última tentativa de engaño sobre la parcelación campesina encuadrada en una superficie bien delimitada del valle de Artibonite.

El Estado y el gobierno haitianos se han caracterizado a través de la historia por su indiferencia hacia el destino de las masas populares y del Estado-nación.

Tanto el Estado haitiano como sus diferentes gobiernos no han tomado, durante el transcurso de dos siglos, medidas drásticas destinadas a proteger el medioambiente y los numerosos microsistemas que han otorgado su especificidad al país. Los alcaldes de las ciudades solo se preocupan del cobro de impuestos relacionados con la construcción de viviendas y del impuesto municipal, rechazando absolutamente todas las obligaciones de la legislación haitiana. Esto explica el hábitat jerarquizado que se ha desarrollado en la aglomeración de Puerto Príncipe y que se reproduce en las ciudades y en los pueblos de las provincias, hasta en los que en otro tiempo gozaban de reputación por su limpieza y sus agradables paisajes.

El sismo de 2010 no cambió en nada las formas de funcionamiento del Estado haitiano y de la sociedad en general a pesar de los 300.000 muertos y todos los daños vinculados. Algunos creyeron que esa catástrofe cambiaría la mentalidad de nuestra ciudadanía y erigiría otro modelo de poder y de dirigentes políticos. Contrariamente a lo esperado todo cambio de mentalidad o toda toma de conciencia del ser social que tiene sus propias exigencias no podría proceder de un gesto místico e individual. Fred Doura, desde una visión materialista dialéctica ha escrito: “La historia de toda sociedad humana ha demostrado que cuando se modifica el ser social también se modifica la conciencia. Cuando el fundamento material de la sociedad o el ser humano se modifica o se mejora aparecen las nuevas ideas, compiten hasta destruirlas y terminan por desaparecer” (7). Naomi Klein en otra oportunidad opinó en el mismo sentido: “El problema va mucho más allá de la falta de recursos institucionales: se ubica en cada uno de nosotros. El capitalismo contemporáneo no solo ha favorecido los comportamientos que agravan la crisis climática: ha transformado también al individuo haciéndolo acelerar, desarraigándolo y desmaterializándolo a imagen del sector financiero, en el que cada uno se encuentra en todas partes y en ninguna a la vez. Se reconocen allí las preocupaciones de nuestro tiempo (¿Cuáles son los efectos de Twitter sobre mi concentración? ¿En que se han convertido las relaciones humanas con todas esas pantallas?) Las que además influyen ampliamente sobre nuestro modo de reaccionar frente a la crisis climática” (8).

Se necesita hacer permanentemente referencia a nuestro sistema político para poder captar la realidad con sus diferentes parámetros. Digamos nuevamente con Fred Douras que: “la conciencia del haitiano se ha formado bajo la influencia de sus condiciones de vida, en el marco de sus relaciones con el medioambiente. Ahora bien, es de la conciencia social de donde extrae su saber, su cultura, sus convicciones, etc. Que interiorice las tradiciones, las normas morales dominantes en la sociedad o en un medio social más restringido: que adquiera así sus ideas, sus costumbres, sus gustos que identifican profundamente su comportamiento… El individuo es el producto de las condiciones sociales de su propia época” (9).

El medio rural se halla afortunadamente libre de esa clase de predación que ejercen las alcaldías y de toda clase de colectividades territoriales aunque paga las consecuencias de la incompetencia y de la mala fe de las autoridades en el mediano y en el largo plazo. De todas maneras la sangría se halla omnipresente y solo le deja los huesos y la piel. El Estado devastador y corrupto lo espera en la ciudad y le tiende toda clase de trampas para sustraerle los magros frutos de su trabajo. Entre los principales verdugos del campesinado haitiano puede identificarse al oficial de estado civil. Requiere de los padres del recién nacido una cantidad inaudita para reconocer su nacimiento y otorgarle su certificado de nacimiento y por lo tanto su ciudadanía. Últimamente se han puesto en evidencia miles de falsas actas de nacimiento registradas con el mismo número. Es por lo tanto comprensible lo difícil que es identificar a las personas que mueren o desaparecen en circunstancias particulares, porque la mayor parte son personas anónimas: no existen ni para el propio Estado. Casi todas forman parte del campesinado, de los sin tierra o de los medios más paupérrimos de los pueblos y de las ciudades. A las autoridades locales les ha resultado más cómodo contabilizar la cantidad de animales y aves aniquiladas por la furia del ciclón que las personas muertas y desaparecidas... Las autoridades locales son capaces de identificar los edificios dañados pero incapaces de ubicar la localización de las casitas derruidas por el huracán. Franz Duval, un editorialista del diario Le Nouvelliste nos regaló un jugoso panfleto cuando escribió: “Nuestros expertos del Ministerio de Agricultura han podido determinar en seis departamentos (Sud, Grand ’Anse, Nippes, Sud- Est, Ouest et Nord-Ouest) a menos de una semana del desastre y al detalle la cantidad de animales caprinos muertos… A este logro de tan alta precisión merece que se le otorgue al menos el Premio Nobel y la medalla Fields. La catástrofe es verdadera. Los emprendedores y sobre todo los habitantes de varios departamentos han perdido sus ahorros con el ganado. El ministerio de Agricultura, Recursos Naturales y Desarrollo Rural, los prestamistas que los acompañan, los agrónomos y los veterinarios del país no puede servirnos esta especie de ensalada sobre los daños causados por el Mathew” (10). Esta indiferencia se halla vinculada al carácter clasista del poder. Ha sido la indiferencia la que ha conducido a las autoridades a invitar a las masas perjudicadas a habitar provisorios alojamientos sin el menor respeto por su dignidad.

El Estado haitiano se ha caracterizado por su desprecio a las clases populares. Efectivamente solo controla un 10% del sistema de educación pública, el 90% es privado. El sistema de salud pública solo cuenta con hospitales y centros de salud repugnantes. Quienes asisten a ellos lo hacen por obligación y no por placer.

No es por lo tanto por azar que la gente se refugie en escuelas o en iglesias que no han sido construidas con ese fin, sino que además lo han hecho fuera de toda norma. La poca ayuda recibida luego de muchas vueltas y desvíos, llegada a los lugares con mayores urgencias no es adecuada para ningún tipo de cambios. La corrupción reina en todas partes. Los representantes del ejecutivo, del legislativo, de las autoridades territoriales, de los candidatos a diversos cargos electivos, han hecho primar sus intereses personales en lugar de los de miles de siniestrados que enfrentan las más urgentes necesidades. El hambre, la sed, sin omitir el recrudecimiento del cólera importado por las tropas de la MINUSTAH, se están haciendo sentir.

No es por casualidad que la gente, ante la ausencia del Estado en su espacio social, haya vuelto a reconstruir su casa en el mismo lugar y del mismo modo que la tenía antes del seísmo de enero de 2010 y del Mathews en el último octubre. Debemos destacar que no se debe confundir, siguiendo falsas propagandas, la ausencia de Estado con lo que algunos se complacen en calificar como Estado débil... Un Estado débil ¿pudo luego de 200 años no haber faltado nunca a su deber político siguiendo con fuerza y determinación su trayectoria antipopular en provecho de la oligarquía y de los imperialistas? ¿No tuvo acaso la costumbre de exhibir su fuerza y su verdadero carácter al reprimir a las masas populares cuando reivindicaban pacifica o violentamente sus derechos a una vida mejor? Nicos Poulantzas, lo explica:”El Estado capitalista con la hegemónica dirección clasista directamente no representa los intereses de las clases dominantes, sino sus intereses políticos: constituye el centro del poder político de las clases dominantes y conforma el factor organizador de su lucha política”. (11). La diferencia entre la falta de víctimas en Cuba y los más de 20 muertos en los EE.UU. muestra la evidencia de que no es el dinero lo que determina estas situaciones. La clarividencia política en la que el ser humano vale más que cualquier otra cosa material acaba de ponerse de manifiesto en nuestra vecina isla revolucionaria.

En definitiva, pese al aspecto estructural con su doble carácter natural y sistémico que requiere transformaciones profundas para las reivindicaciones populares que se conviertan en prioritarias para el Estado, de modo que el presidente Jocelerme Privert y su primer ministro Enex Jean-Charles no tienen las manos atadas porque un gobierno provisorio, no significa que deba producirse un paréntesis en la gestión de la cosa pública. Este apelativo de gobierno provisorio no interrumpe la continuidad de este Estado burgués ni promueve otro tipo de Estado en su lugar. Solo una revolución puede quebrar la estructura de una forma dominante de producción y edificar sobre el cadáver del viejo Estado uno más progresista con la participación activa de las masas populares. La revolución de 1804 a pesar de todas sus debilidades, la mayor parte heredadas de la época colonial, es la única que el país ha experimentado hasta nuestros días. Esto quiere decir que el equipo Priver/Jean Charles dispone de todas las palancas de la administración pública para tomar las medidas que se necesitan para aliviar los sufrimientos de esta siniestrada población.

¿Cómo puede este Gobierno, aunque sea efímero, implicarse en la reconstrucción de las viviendas de las víctimas del sistema y en su recapitalización en semillas, en ganado? ¿Qué hacer para proporcionarles las necesarias atenciones psicosociales para liberarles de sus traumas? El Estado y su Gobierno tienen la obligación de remediarlos. Una de las medidas es la de enfrentarse al neoliberalismo realizando un serio control del mercado y la recuperación soberana de las riendas del Estado. Deben darse cuenta sobre todo de que es un momento ideal para que las potencias financieras y económicas locales e internacionales se apropien de los recursos naturales que codician. Decimos con Naomi Klein: “Los partidarios de la doctrina del shock creen firmemente que solo una fractura social –una inundación, una guerra, un atentado terrorista– pueden generar la clase de vastas páginas en blanco con las que sueñan. Es durante los momentos de gran maleabilidad –lo que psicológicamente llamamos sin ataduras y físicamente desplazados– cuando los artistas de la realidad se remangan y emprenden la tarea de rehacer el mundo” (12).

Notas:

(1) Naomi Klein: Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima.

(2) Jacques Stephen Alexis: Les arbres musiciens. P 324-325, Gallimard.

(3) Myrtha Gilbert: SAHADA. P 70.Chronique d’une extravagante escroquerie.

(4) Myrtha Gilbert: ibid. P 170

(5) Price Mars: La vocation de l’élite. P.62 Les éditions Fardin 2002.

(6) Fred Doura: ibid P.74-75.

(7) Fred Doura: Mythes, paradoxes et réalités de la pigmentation au cours de l’histoire. P318. Les Éditions DAMI.

(8) Naomi Klein: ibid.

(9) Fred Doura: Mythes, paradoxes et réalités de la pigmentation au cours de l’histoire. P94 et 95. Les Éditions DAMI.

(10) Frantz Duval Le Nouvelliste Nº. 39818. 12 de octubre de 2016.

(11) Nicos Poulantzas: Pouvoir politique et classes sociales. Tome II. Petite collection Maspéro.P9.

(12) Naomi Klein: La doctrina del shock.

* Marc-Arthur Fils- Aimé es d irector del Instituto Cultural Karl Lévèque

* Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

Fuente: http://www.alterpresse.org/spip.php?article20839#.WC77eNLhBkg

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