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Entrevista a Jose Luis Carretero de Solidaridad Obrera

Lunes 17 de enero de 2011. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

"En estas circunstancias, el inicio de un proceso de movilizaciones y luchas conjuntas del movimiento obrero del Estado Español es imprescindible"

El nuevo año ha comenzado como terminó el anterior, con el gobierno rendido a los pies de la patronal y la banca y embarcado en una guerra de fondo contra las conquistas históricas de los trabajadores.

Ante esta coyuntura, entre los libertarios y en el conjunto de la izquierda sindical y social se está debatiendo acerca del modo de continuar, tras la huelga general del 29-S, con las movilizaciones populares para frenar la ofensiva capitalista.

Desde ALB hemos creido oportuno hacer llegar un cuestionario a militantes de diversas organizaciones para conocer sus opiniones al respecto.

Comenzamos con José Luis Carretero, militante de Solidaridad Obrera (SO) de Madrid, sindicato con presencia fundamentalmente en el Metro de Madrid, donde encabezó el año pasado una dura lucha contra los ajustes.

Carretero ha ejercido de abogado laboralista, actualmente es profesor de Formación y Orientación Laboral y ha escrito diversos libros sobre el mundo del trabajo y sus transformaciones, entre ellos "Contratos temporales y precariedad", "El bienestar malherido. Seguridad Social, desempleo y flexiguridad en el siglo XXI" y "Entender la descentralización productiva".

Aquí están sus respuestas a nuestro cuestionario:

Análisis de la situación del movimiento obrero ante la ofensiva capitalista en España.

En primer lugar, hay que tener presente que, en el momento actual, el movimiento obrero del Estado Español acumula toda suerte de debilidades, tal y como también le sucede al conjunto de las fuerzas antagonistas.

Algunas de estas debilidades son producto del gigantesco reflujo de los movimientos emancipatorios que se produjo en las décadas posteriores a la caída del Muro de Berlín, y también de la tremenda transformación cultural de los años de supuesta “bonanza” que deslegitimó en el imaginario social toda opinión mínimamente de izquierdas.

Pero, además, el movimiento obrero anticapitalista y combativo incorpora al tiempo sus taras específicas, como una enorme fragmentación y dispersión, tanto organizativa como ideológica, agravada por múltiples odios de capilla, e incluso personales, que dificultan toda acción en común. El asunto del sectarismo ideológico, en concreto, que está muchas veces muy relacionado con la falta de actividad social efectiva, ha de constituir un elemento central del análisis: sus efectos se notan por doquier y nos los podemos encontrar casi a cada paso, experimentándose en ámbitos tales como las dicotomías extremadas entre marxistas y anarquistas, o entre las propias organizaciones sindicales libertarias.

Además, hay que tener en cuenta, la casi nula incidencia del movimiento sindical en general, más allá de determinados ámbitos obreros “tradicionales”, con un olvido a veces consciente de otros espacios como los más afectados por la precariedad o el casi inexistente movimiento de desempleados.

Esto último, por otra parte, se ve agravado porque determinados sectores del mundo radical han jugado los últimos años la baza del “desprestigio” ideológico del “obrerismo” y de todo lo genéricamente relacionado con el mundo laboral, disolviendo toda posible articulación entre el universo del trabajo y la escena antagonista, lo que ha acompañado y profundizado la paralela descomposición de la sociabilidad proletaria (como sujeto que ya se pretende inexistente) provocada por determinadas transformaciones socioeconómicas de gran entidad, como la descentralización productiva y la precariedad generalizada. Al hilo de dichas transformaciones se ha apostado a la identificación total de lo “proletario” con lo “vetusto”, lo “pasado de moda” o lo “triste”, aumentando el divorcio inducido por el Capital entre los sectores juveniles y el sindicalismo combativo, hasta el punto de llegar ( en algunos casos que no en todos) a diseñar una izquierda radical que, paradójicamente, dispone de una estrategia preparada respecto del industrialismo, el sexismo, la alimentación, la liberación animal….etc. pero no respecto del espacio laboral (donde, sin embargo, todos pasamos la mayor parte de nuestra vida).

Además, por supuesto, hay que tener presente la inconmovible existencia de un sindicalismo mayoritario adocenado y pasivo, que se desprestigia cada vez más ante los ojos de los trabajadores, pero que aún mantiene ciertas cuotas de poder efectivo. Acostumbrados a las subvenciones, a la pertenencia a organismos de dudosa efectividad, a negociar con los agentes institucionales y empresariales, y no a realizar asambleas, piquetes o campañas de agitación, los profesionales del sindicalismo oficial simplemente parecen incapaces de reaccionar ante una situación que pone en entredicho su misma existencia como estamento de intermediación en la lucha de clases. Ya ni siquiera queda claro si es que no quieren movilizar a la gente o es que no son capaces de hacerlo, o si, simplemente, no son capaces porque nadie se termina de creer que quieren.

Ante la Huelga General y continuidad y el Polo Combativo.

En estas circunstancias el inicio de un proceso de movilizaciones y luchas conjuntas del movimiento obrero del Estado Español es imprescindible. Sin ello, la dictadura de los mercados alcanzará cotas que difícilmente podemos llegar imaginar en este momento. Una dictadura que, por otra parte, sólo finalizará o se verá limitada (como enseña de manera meridianamente clara la experiencia previa de los Planes de Ajuste en Latinoamérica) cuando la movilización social sea lo suficientemente fuerte y amplia para hacer crujir al conjunto del sistema de dominación existente.

Así, la convocatoria de una Huelga General debe ser entendida como el inicio de un proceso de acumulación de fuerzas capaz de revertir la situación. Es un inicio y no un final. Sin continuidad, sin comprenderla como un jalón más en la construcción de una respuesta popular que debe ser sostenida en el tiempo en un esfuerzo que, probablemente, deberá ser mantenido más de lo que creemos, la Huelga General no tiene ningún sentido.

Y además es, por supuesto, imprescindible que la continuidad de las luchas se vea acompañada por la constitución de un fuerte y unitario Polo Combativo de los Trabajadores, plenamente diferenciado (aunque quizás aceptando cierta unidad de acción en aspectos concretos) a nivel orgánico e ideológico del sindicalismo mayoritario y del universo de la socialdemocracia. El intercambio de experiencias, solidaridades y anhelos con los sectores más cercanos y honestos de la izquierda institucional no tendría por qué ser un problema, pero es imperativa la construcción y configuración de una alternativa propia diferenciada.

En esto, quizás los tiempos, tácticas y momentos concretos de las distintas organizaciones o personas puedan ser distintos, pero la línea estratégica ha de quedar clara: debemos construir un Polo común claramente más a la izquierda de lo existente, aunque tengamos que romper, para ello, con nuestras inercias y prejuicios más arraigados.

Tener una voz propia, convocar independientemente de los organismos de la izquierda institucional es, simplemente, irrenunciable, si queremos que la implacable ofensiva que el capitalismo global ha iniciado contra nuestras condiciones de vida pueda ser detenida. Pese a lo que se pueda creer, la configuración de este Polo independiente no es una cuestión puramente de viabilidad fáctica (entendida como aquello que podemos llegar a hacer respetando nuestras inercias y pasividades) sino una necesidad histórica insoslayable, una tarea esencial del presente, pues el sindicalismo mayoritario y el aparato socialdemócrata son ya demasiado dependientes del poder para plantearse, siquiera, sinceramente, incomodarlo, como demuestran los jugueteos de CCOO y UGT entorno a la convocatoria de hipotéticas huelgas generales.

No se trata tanto de si debemos participar o no de las convocatorias del tándem CCOO-UGT, sino de que debemos empezar a “volar solos”, creando un ámbito propio de movilización y dinámicas asamblearias de contrapoder popular, sean de la magnitud que sean.

Y es que es importante hacer notar que el agenciamiento de fuerzas que se impone para la construcción de esta alternativa propia en el presente, implica la ruptura con muchas inercias ideológicas del pasado. El Gran Frente Social que debemos levantar no ha de incorporar únicamente a los sectores asalariados, o a los ámbitos tradicionales del obrerismo clásico. Debemos entrar en conexión y sinergia con sectores de trabajadores autónomos, pequeños productores y comerciantes, desempleados y (obviamente) precarios de todo tipo. Ser conscientes de que nuestro enemigo, en este momento, no es esencialmente la clase media o los “privilegiados laborales”, sino todo lo contrario: el Gran Capital transnacional (aunque se vista de español) que pretende disciplinar hasta la semi-esclavitud a los asalariados y empobrecer y proletarizar a los estratos intermedios.

Además, hay que tener presente que esta confluencia global de fuerzas no ha de expresarse únicamente en lo laboral, sino que ha de alcanzar todos los aspectos de lo social, constituyendo un marco de realidad alternativa que modifique en esencia la lectura de la situación por los sujetos sometidos: enfrentar los desahucios, imponer la contratación pública de cooperativas autogestionadas de desempleados, establecer estructuras asamblearias en los vecindarios para practicar la solidaridad de clase y el apoyo mutuo con las víctimas más palmarias de la crisis, re-politizar las universidades, expandir la cultura humanística y de izquierdas en sentido amplio en el conjunto social aprovechando los huecos dejados por la retirada de la red de lo cultural-mercantil-subvencionado…

Es la hora de retomar activamente el auténtico proyecto europeo, que había sido abandonado por décadas de supuesta bonanza aderezada con incultura y represión selectiva: el proyecto de la transformación del mundo, el de la creación de un universo sin explotadores ni explotados. Esa es la tarea esencial que nos compete, para acompañar el próximo despertar político global.

Fuente: Alasbarricadas.org

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