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En honor de Alan Turing

Sábado 28 de diciembre de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Rebelión

Por Salvador López Arnal

A pesar del esfuerzo y dedicación de Jesús Mosterín, Ramon Jansana, José Daniel Quesada y Calixto Badesa no fui capaz de entender cabalmente, en mis años de lógica y filosofía, el gran artículo de Turing sobre máquinas y pensamiento. Un aula de un Instituto público de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), el Puig Castellar, lleva el nombre del gran lógico. Y desde hace algunos años.

Si no ando errado, para nuestra vergüenza, ninguna facultad de lógica y/o filosofía, ninguna facultad de matemáticas, ninguna universidad ibérica, lleva su nombre. Podemos reparar el error, estamos a tiempo.

Puede ser que, como Anthony Beevor ha apuntado [1], la tarea realizada por los científicos reunidos en la mansión de Bletchley Park, el desciframiento del código Enigma, el lenguaje que los nazis usaban en sus comunicaciones cifradas con sus submarinos, no fuera tan importante en la victoria de las fuerzas antifascistas en la II Guerra Mundial a pesar de su papel decisivo en la batalla del Atlántico Norte.

No son estos los nudos de esta nota de urgencia. El punto es éste:

En enero de 1952, Alan Turing inició una relación con Arnold Murray, un joven trabajador de Manchester en paro al que había conocido poco antes de la Navidad. La casa del lógico y filósofo fue desvalijada pocos días después, el 23 de enero. Su compañero Arnold “le dijo que pensaba que el ladrón había sido un conocido suyo” [2]. Turing denunció el robo. Durante las investigaciones, “la policía tuvo conocimiento del carácter homosexual de la relación entre Turing y Murray”. Les denunció; las normas son las normas y ya está. Aconsejado por su hermano, el científico se declaró culpable. No se sentía ni arrepentido ni culpable. Por supuesto. Perdió sus credenciales de seguridad. Se convirtió en una oveja negra. Del sistema Los homosexuales eran vistos entonces “como una presa fácil del espionaje soviético”. Tal cual, no es una broma reconstruida.

Turing fue condenado en 1952. No llegó a ir a la cárcel porque “prefirió” someterse al tratamiento de castración química (sin construcción semántica que se me pueda atribuir). Se le encontró muerto en su laboratorio el 8 de junio de 1954. Había comido una manzana impregnada de cianuro potásico. Legalmente fue un suicidio. “Su madre siempre aseguró que fue un accidente debido al desorden que reinaba en el laboratorio”. Otros investigadores conjeturan, no es seguro que estén impregnados de psicoanálisis elemental, que hizo todo lo posible “para que su madre pudiera pensar que no se quitó la vida”.

En 2009, señala Oppenheimer en el global-imperial, el científico y escritor John Graham-Cumming empezó una campaña para rehabilitar su nombre. Gordon Brown, el ex que decía ser laborista, pidió disculpas públicas por el proceso. El Gobierno, su gobierno, no tramitó el perdón. Los expertos, siempre tan suyos y humanistas, “sostenían que eso no era técnicamente posible porque Turing había sido declarado culpable de forma justa por quebrantar la ley de su tiempo”. ¡Qué finura, qué inteligencia la suya! El Gobierno Cameron, finalmente, un gobierno que quiere romper la columna vertebral de las conquistas sociales de la clase obrera británica, ha rehabilitado a Turing al firmar la reina inglesa el pasado 24 de diciembre “una orden de Gracia y Misericordia que le concede el perdón a título póstumo”. ¡Una orden de Gracia y Misericordia! ¿Quienes se han creído ellos para perdonar a Turing? ¿Cameron, la reina, perdonando a Turing? ¿De qué? ¿Se están perdonando ellos mismos acaso y a las clases que tan fielmente representan?

El astrónomo Rees ha ido más allá y ha apuntado al rovell de l’ou: “Es una noticia a la que hay que dar la bienvenida pero habría sido aún mejor si hubiera formado parte de un perdón general para todos aquellos que tienen antecedentes penales por la misma razón”. El activista gay Peter Tatchell transita por el mismo razonable, justo y sensato camino: “Destacar solo a Turing simplemente porque es famoso es un error. Al contrario que a Alan, a muchos miles de hombres gays y bisexuales comunes y corrientes que fueron condenados bajo la misma ley nunca se les ha ofrecido el perdón y nunca se les ofrecerá. Se le debe una disculpa y el perdón a más de 50.000 hombres que también fueron condenados por tener relaciones homosexuales consentidas en el siglo XX”.

¿Saben quienes editaron en 1975 en castellano el gran artículo de Turing –“¿Puede pensar una máquina?”-, anteriormente publicado en Sigma. El Mundo de las matemáticas, en traducción de M. Muntaner, como número 13 de “Hipótesis” de Grijalbo, una colección para enrojecidos antifranquistas amantes de la ciencia? Efectivamente: Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey, dos filósofos de una pieza, dos amantes del saber, dos luchadores comunistas, dos compañeros imprescindibles que hubieran vomitado ahora de la hipocresía del establishment británico.

¿Por qué la candidatura de Izquierda Unida para las próximas elecciones europeas (en el nombre, en algún detalle, con algún símbolo) no rinde homenaje a este gran lógico y matemático? Y con él, y como es justo y razonable, a tantos y tantos compañeros (y compañeras) que sufrieron persecución y tortura por su condición de antifascistas, de comunistas y de homosexuales.

Luis Landínez entre ellos… y entre nosotros.

PS: Altares apunta en su nota otra injusticia histórica: las fuerzas estadounidenses usaron en el Pacífico un código no descifrado: el idioma de los indios navajos, los Code Talkers. Su papel fue ignorado durante más de seis décadas. El 20 de noviembre de 2013, hace apenas un mes, el Congreso usamericano les concedió una medalla de honor. ¡Qué prontitud, qué generosidad!

Para Enrique Ruiz-Capillas, con mi mayor reconocimiento y mi más sincero agradecimiento

Notas:

[1] [2] Guillermo Altares, “Hazaña bélica resuelta con números”. ibidem.
[2] W. Oppenheimer, “Turing, condenado por gay,…”. El País, 25 de diciembre de 2013, p. 4.

Salvador López Arnal es nieto del cenetista asesinado en mayo de 1939 -delito: “rebelión militar”-: José Arnal Cerezuela.

Mas información

- Mal, tarde e injusto: Alan Turing recibe el «perdón real» 61 años después (Alt1040)
- Artículo sobre Alan Turing en Wikipedia

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