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El cobre en Zambia y el espectro de una China global

Martes 18 de agosto de 2015. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Diagonal

Ching Kwan Lee, New Left Review

¿Cuál es la peculiaridad, si es que tal peculiaridad existe, del capital chino en África? ¿Cuáles son las consecuencias de la presencia de China y qué perspectivas ofrece al desarrollo africano?

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Mina de cobre Mopani, propiedad de Glencore.

China, una potencia económica de proporciones continentales, se está atascando tras tres décadas de crecimiento sostenido: sobreproducción, beneficios a la baja, excedente de capital, demanda en retroceso en los mercados de exportación tradicionales y escasez de materias primas. Estos desequilibrios han llevado a las empresas y los ciudadanos chinos a la búsqueda de nuevas oportunidades en el extranjero, animados por la política de «invertir fuera» de Pekín. Su presencia en África ha llamado poderosamente la atención, a pesar del hecho de que la República Popular China sólo es responsable de una diminuta fracción de la inversión extranjera directa en la región: 4 por 100 en el periodo 2000-2010, comparada con el 84 por 100 de las potencias atlánticas. En la subsiguiente batalla retórica, los medios de comunicación occidentales han creado el espectro de una «China global» que se lanza a una nueva rebatiña por África, mientras que Pekín aduce simplemente que fomenta la cooperación Sur-Sur, libre de aspiraciones hegemónicas o condiciones al estilo del Banco Mundial. Sin embargo, estas posiciones aparentemente opuestas comparten la asunción implícita de que la inversión china es cualitativamente diferente de la inversión extranjera convencional. ¿Cuál es la peculiaridad, si es que tal peculiaridad existe, del capital chino en África? ¿Cuáles son las consecuencias de la presencia de China y qué perspectivas ofrece al desarrollo africano?

Al explorar el tema de «China en Zambia» este texto destacará dos cuestiones que a menudo quedan al margen del debate sobre la «China global». En primer lugar, los inversores que partían de China han tenido que remontar una pronunciada pendiente de aprendizaje para manejarse en un medio político inexistente en su país. Los nuevos actores chinos que han desembarcado en los países africanos se han topado con las diversas políticas nacionalistas en torno a los recursos naturales, la actividad de los sindicatos de confrontación y la condena moral de su cultura del trabajo y han tenido que lidiar con las luchas sostenidas por los intereses del Estado y la clase obrera africana, todo lo cual ha forzado soluciones de compromiso y ajustes por su parte. En otras palabras, los intereses y las intenciones de China en África deben separarse de su capacidad para sacarlas adelante. Además, estas contiendas han tenido lugar sobre un terreno ya muy labrado por las reformas neoliberales impuestas por las instituciones financieras occidentales y los países donantes, antes de la llegada de la inversión china al comienzo del milenio. El capital chino, como otros capitales extranjeros, se ha aprovechado de las leyes laborales liberalizadas y de las políticas de apoyo a la inversión, pero también se ha enfrentado a algunas de las violentas reacciones políticas que el neoliberalismo ha provocado.

Los razonamientos que se exponen en este trabajo provienen de un estudio etnográfico comparado de empresas chinas y no chinas en dos industrias, el cobre y la construcción. Además de las entrevistas realizadas en las ciudades mineras de Zambia y las oficinas del gobierno y los sindicatos, he pasado un total de seis meses en los últimos cinco años en las minas de cobre propiedad de multinacionales registradas en China, India y Suiza. El trabajo de campo incluyó el seguimiento de los gerentes de las minas, tanto en las subterráneas como en las de cielo abierto, la observación de reuniones de producción, vivir con los expatriados en los alojamientos de las empresas y la asistencia a reuniones de negociación colectiva. Gracias a la ayuda del gobierno de Zambia, tuve acceso a la dirección de las principales compañías extranjeras de minería y construcción, así como a los sindicatos, a los mineros y a los obreros de la construcción. Para investigar los métodos de construcción, visité veinte obras llevadas por contratistas chinos, sudafricanos e indios, entrevisté a más de doscientos gerentes y obreros, y realicé una encuesta a modo de cuestionario. También he trabajado, observado y entrevistado a tecnócratas del gobierno y a políticos y les he interrogado sobre cómo manejaban las relaciones entre China y Zambia.

Los dos sectores se prestan a una comparación útil en cuanto a sus condiciones de funcionamiento: la minería del cobre es un sector estratégico intensivo en capital, que está localizado y sindicalizado; mientras que la construcción es un sector no estratégico intensivo en mano de obra, sin compromiso de permanencia y poco sindicalizado. Y aunque ningún país individual podría representar a toda África, cuya gran variedad de condiciones político-económicas y recursos naturales desafían las generalizaciones continentales, Zambia es un caso significativo por diversas razones. Aunque asumió uno de los programas de privatización más rápidos del África subsahariana, su sumisión a la ortodoxia neoliberal del FMI-Banco Mundial en la década de 1990 fue absolutamente típica: los gobiernos africanos recién elegidos de cualquier color ideológico se vieron obligados a aceptar programas de ajuste estructural en ese periodo, convirtiéndose en «democracias sin posibilidad de elección, incapaces de cumplir sus promesas electorales». Zambia es también el mayor productor de cobre de África. Sobre la base de unas buenas relaciones diplomáticas que vienen de largo, se ha convertido en un destino puntero para la inversión china apoyada por el Estado y en la sede de la primera de las zonas económicas especiales dirigidas por China. Como en el resto de África, en Zambia los contratistas chinos han alcanzado una preponderancia sin rival en el sector de la construcción.

Zambia después de la «liberalización doble»

Zambia, que se extiende en el límite sur del Cinturón del Cobre centroafricano, tiene una población de 13 millones de habitantes, que se concentra alrededor de la capital, Lusaka, y las ciudades de la región cuprífera. A pesar de la riqueza en recursos del país, el PIB per cápita es de sólo 1.540 dólares y la agricultura de subsistencia es la mayor fuente de empleos. Habitado desde tiempos inmemoriales, el país es la patria de una variedad de grupos diferentes de lengua bantú. La región fue sometida –no sin oponer resistencia– por la British South Africa Company de Rhodes en la década de 1880, para ser luego cedida a Londres, que la gobernó con el nombre de Rodesia del Norte. En la década de 1920, los ricos depósitos de cobre atrajeron a los financieros de la minería de Estados Unidos, Gran Bretaña y Sudáfrica; en 1945, sus exportaciones de cobre representaban el 13 por 100 del total mundial. En 1964, cuando Zambia alcanzó la independencia liderada por el Partido Unido de la Independencia Nacional de Kenneth Kaunda, estaba considerada como un país de renta media con buenas perspectivas de completar su industrialización. The Colour of Class on the Copper Mines (1972) de Michael Burawoy proporciona un punto de referencia sobre la industria minera de Zambia en este periodo y ayuda a establecer la especificidad del contexto africano que a menudo desaparece en los análisis actuales de «China en África». Con cuarenta años de diferencia, llevamos a cabo nuestra investigación de campo en las mismas ciudades mineras, examinando ambos las interrelaciones entre la inversión extranjera, la clase obrera de Zambia y el Estado; mientras tanto, sin embargo, la economía mundial había experimentado un cambio radical. Siguiendo los pasos de Frantz Fanon, Burawoy investigó el reajuste de los intereses de clase en la transición tras el gobierno colonial: a pesar de la «zambianización», con la adquisición por parte del Estado de una participación del 51 por 100 en las minas, dos compañías occidentales mantuvieron el control oligopólico. Burawoy mostró que la independencia política en un contexto de dependencia económica produjo una clase dirigente negra, viciada de raíz, cuyos intereses en lugar de desafiar los del capital extranjero, convergían con los de este.

A mediados de la década de 1970, la caída global de los precios del cobre sumergió al país en una deuda inmensa y en la dependencia de los rescates del FMI, a la vez que el gobierno de Kaunda asumió la propiedad completa y la gerencia de las minas e instituyó un periodo de emergencia de gobierno de partido único. El programa de ajuste estructural del FMI de 1983-1987 impuso la congelación de salarios en medio de una inflación alta, con recortes radicales en los subsidios para alimentación y fertilizantes y en el gasto público. La creciente resistencia popular y sindical contra la austeridad culminó en la victoria electoral en 1991 del Movimiento por una Democracia Multipartidista (MMD) liderado por Frederick Chiluba, jefe del sindicato de obreros de la construcción. Una vez en el poder, Chiluba cambió radicalmente su posición para sacar adelante un programa atroz de privatizaciones apoyadas por el FMI –minería, tierras, transporte, energía– y redujo los derechos de los trabajadores. Si bien los ingresos tributarios procedentes del cobre habían representado el 59 por 100 de los ingresos del gobierno en la década de 1960, a comienzos de la de 2000 representaban un increíblemente anémico 5 por 100, debido a los acuerdos de desarrollo extraordinariamente ventajosos para los inversores, firmados con las compañías extranjeras, tras la privatización de las minas.

Sin embargo, en estas condiciones de «liberalización doble» (el cambio político hacia la democracia formalmente multipartidista que se lleva a cabo en conjunción con el cambio económico hacia la privatización y la inversión extranjera) las medidas del FMI-Banco Mundial se enfrentaron al aumento de una nueva política de oposición de «nacionalismo de los recursos» tanto en África como en América Latina, que exigía que el pueblo recibiera una participación mayor de la riqueza natural del país en manos extranjeras. Cuando los programas neoliberales redujeron drásticamente la fuerza de negociación de los trabajadores organizados, las elecciones se convirtieron en el canal principal del descontento popular con la explotación laboral, la falta de desarrollo social y la liquidación a beneficio de los inversores extranjeros de los recursos nacionales por parte del gobierno corrupto. Michael Sata, veterano político de Zambia (gobernador de Lusaka en la década de 1980, ministro en el gobierno del MMD de Chiluba en la década de 1990 y fundador de su propio partido, el Frente Patriótico, a principios de la década de 2000) se presentó con la plataforma «Zambia para los zambianos», que defendía una política nacionalista respecto a los recursos naturales a favor de los pobres, atacaba al gobierno del MMD por estar vendido a los intereses extranjeros y acusaba a China de imponer la esclavitud desde Ciudad del Cabo hasta El Cairo. Las empresas públicas chinas fueron un objetivo especial, porque se consideraba que representaban a un Estado soberano extranjero, no sólo a inversores privados.

Sata moderó su retórica tras su victoria electoral de 2011 y efectuó una serie de gestos para tranquilizar a los inversores extranjeros, especialmente a los chinos. Actuó con cautela una vez en el gobierno, en comparación con algunos líderes latinoamericanos como Chávez, Morales o Correa, al incrementar los derechos sobre los minerales del 3 al 6 por 100 (calculado sobre la base de los ingresos por ventas, no sobre los beneficios) y subiendo el salario mínimo de 350.000 kwachas (70 dólares) a 500.000 kwachas (100 dólares). A pesar de todo, estas acciones han cumplido parcialmente las expectativas reprimidas de cambio social y mejora económica, a la vez que lustraban la imagen de Sata como líder zambiano dispuesto a plantarse frente a los inversores extranjeros. En noviembre de 2013, cuando el gigante de la minería Konkola Copper Mines (KCM) anunció un plan para despedir a 1.500 trabajadores, Sata revocó el permiso de trabajo de su director ejecutivo y amenazó con cancelar la licencia de explotación de la empresa. El gobierno del Frente Patriótico ha puesto en marcha también una auditoría forense de toda la industria para recaudar de estas compañías el pago total de sus obligaciones tributarias.

Estos importantes acontecimientos han redefinido las condiciones político-económicas que conforman la entrada de capital extranjero en Zambia en el siglo XXI. Además, fundamentalmente debido a los coercitivos programas de ajuste estructural impuestos por el FMI, el Banco Mundial y los donantes occidentales, la privatización de las minas en la década de 1990 internacionalizó el Cinturón del Cobre. Cuando llegué en 2008, no había dos sino diez compañías mineras extranjeras importantes, procedentes no sólo del Norte global, sino también del Sur global, incluyendo a India, Brasil y China, lo cual otorgaba al gobierno zambiano una influencia mayor. La nueva configuración del capital global incide en el desarrollo de Zambia de una manera que no se reduce a la formulación clásica de las relaciones existentes entre la metrópolis y la periferia. Cincuenta años después de la independencia, con todas sus debilidades en cuanto a su capacidad de desarrollo, Zambia hoy en día no se ajusta a los estereotipos de Estado africano «depredador» o «fallido». La llegada del Frente Patriótico demuestra que, aunque las elecciones competitivas puedan no traer automáticamente un buen gobierno, pueden proporcionar una plataforma para la presión del pueblo sobre el gobierno en ejercicio para que sea más firme con los inversores extranjeros; y que existe la posibilidad de que un gobierno africano defienda los intereses popular-nacionales frente al capital extranjero.

Variedades de capital

La ola de inversión extranjera que llegó a Zambia desde finales de la década de 1990 recaló en un país caracterizado por la presencia de intereses del capital global competitivos, elecciones multipartidistas y descontento popular palpable que se expresaba por medio de una política nacionalista en torno a los recursos. Pero la categoría de «inversión extranjera» también requiere un análisis. En Zambia, las discusiones populares y gubernamentales habitualmente identifican y critican a las compañías mineras extranjeras por su país de origen, dando como resultado que la raza y la nacionalidad se convierten a menudo en marcos demasiado socorridos para estereotipar las malas prácticas empresariales. Las tres compañías mineras examinadas en este estudio han sido designadas convencionalmente como china, india y suiza, según el origen nacional de su empresa matriz, su fundador o sus accionistas mayoritarios, pero las etiquetas nacionales pueden esconder más de lo que revelan cuando nos referimos a los intereses del capital. Por ejemplo, a KCM en Chingola se la considera generalmente una empresa india, porque su compañía matriz, Vedanta, fue establecida en India y posee allí minas importantes e instalaciones industriales; pero Vedanta es una multinacional que cotiza en bolsa, con títulos admitidos a cotización oficial en la Bolsa de Londres y cuyo fundador y presidente reside habitualmente en el Reino Unido. El objetivo de obtención del máximo beneficio posible de KCM no es diferente del de la «suiza» Mopani Koper Mines (MCM) en Kitwe, cuya compañía matriz es Glencore, una multinacional que cotiza en la Bolsa de Londres, con sede en Suiza y cuyas operaciones abarcan todo el globo.

El término genérico «inversión china» enmascara también una jerarquía de capitales de diversos estatus, recursos y conexiones con el gobierno de Pekín. En lo más alto de esta jerarquía están las empresas públicas dependientes del gobierno central y de los bancos estratégicos del gobierno. Por debajo de ellos están las empresas públicas dependientes de los gobiernos provinciales, las compañías privadas de diversos tamaños y, en el rango más bajo, las empresas de emprendedores o las familiares. Esta investigación se centra en el escalón superior, el «capital estatal chino», que representa aproximadamente la mitad del total de la inversión china en África efectuada por aproximadamente un centenar de grandes compañías públicas o con un accionariado controlado por el Estado, que se concentran en la minería y la construcción. Pero incluso la categorización basada en la «propiedad» –por ejemplo, propiedad privada frente a propiedad estatal– puede no ser una buena guía respecto a los objetivos corporativos. En el sector de la construcción en África, por ejemplo, las empresas públicas dependientes del gobierno central y de los gobiernos provinciales pueden estar tan absolutamente enfocadas a la obtención de beneficios como las compañías privadas chinas.

En lugar de la supuesta nacionalidad o propiedad, lo importante, desde el punto de vista político y sociológico, son los intereses del capital. La formulación de la pregunta «¿A qué intereses y a quién sirve una compañía?» me lleva a diferenciar dos grandes variedades de capital en Zambia: capital estatal chino, tal como se ha definido anteriormente, que sirve a intereses nacionales identificados por Pekín; y el capital privado global, que sirve a los intereses de su accionariado de obtención del beneficio máximo. Estos dos tipos ideales –ojo, variedades de capital, no de «capitalismos»– conllevan de manera necesaria simplificaciones de los casos empíricos, y en absoluto son exhaustivos respecto a todas las posibles variedades de capital existentes. Por el contrario, estos tipos ideales se han construido a partir del conjunto de inversores que existen realmente en los sectores de la minería y la construcción en Zambia, y se utilizan aquí sólo como recursos heurísticos para revelar sus respectivas dinámicas. En lo que sigue, por lo tanto, comparo el «capital estatal chino» con el «capital privado global» por medio del examen de empresas chinas y no chinas en tres dimensiones del capital: la lógica de la acumulación, el régimen laboral y el ethos de la dirección5. Me centro en la minería del cobre, con observaciones suplementarias del sector de la construcción. La sección final se ocupa de la precariedad de la vida diaria y la fragmentación social de la clase obrera zambiana frente a estas dos variedades de capital.

1. La lógica de la acumulación

Todas las minas importantes de Zambia son propiedad y están dirigidas por empresas subsidiarias de multinacionales. De ellas, sólo la china NFCA es de propiedad estatal; su compañía matriz es la China Nonferrous-metal Mining Company (a partir de ahora CNMC) la principal empresa de la República Popular China en la sector minero de metales no ferrosos y activa en veinte países. Como se ha indicado anteriormente, las sociedades matrices de las otras empresas mineras analizadas en este estudio –KCM, propiedad de Vedanta, y MCM, subsidiaria de Glencore– cotizan en la Bolsa de Londres. Las tres sociedades mineras comenzaron la producción en Zambia a principios de la década de 2000, cuando se ultimaron las privatizaciones. MCM se llevó Mufulira, que produce un cobre especialmente puro, y la inmensa mina de Nkama en 2000. Vedanta adquirió KCM en 2004 –ofrecida inicialmente a Anglo-American, la propietaria original– motivada por el potencial de beneficio del Proyecto de Minería Profunda de Konkola, la joya de la corona de la industria del cobre de Zambia. Sus imperativos estaban claros: maximizar el valor de los accionistas.

Es importante recalcar que la inversión estatal china debe también producir beneficios. Un alto ejecutivo de NFCA advertía: «No necesitamos maximizar los beneficios, pero sí necesitamos conseguir algún beneficio. El Estado no nos apoyará si tenemos pérdidas año tras año. El gobierno chino concedió a CNMC el capital inicial, pero la compañía tiene que sobrevivir y expandirse a base de reinvertir sus beneficios en la producción». Sin embargo, entre la optimización de beneficios y la maximización de los mismos queda espacio para conseguir otro tipo de resultados: influencia política y acceso a las materias primas. Denominaré a esta lógica estatal de acumulación «integradora», en comparación a la lógica de maximización de beneficios del capital privado. La acumulación integradora le da a CNMC un papel importante en la diplomacia económica de China, centrada actualmente en Asia y África, que pone el énfasis en las productos que escasean en la República Popular China: petróleo, cobre, aluminio y hierro. La Academia China de Ciencias Sociales, un think tank clave del gobierno, ha identificado la garantía de recursos naturales como la máxima prioridad para la estrategia económica de China en África para los próximos diez años. NFCA se presenta con orgullo a sí misma en sus folletos promocionales como «las tropas de primera línea para el desarrollo de recursos de China en el extranjero». La importancia del cobre reside tanto en su valor de cambio (es decir, obtener beneficios) como en su valor de uso, como aportación material necesaria para la industria china. Actualmente, las compañías mineras estatales chinas venden cobre en el mercado internacional para obtener beneficios. Pero, tal como un alto directivo de NFCA previó, «En el futuro, si hubiera un embargo, las compañías chinas sólo venderían a China, por supuesto».

Las circunstancias en las que los chinos adquirieron la mina de Chambishi, una de las menos rentables, ilustran esta lógica específica. Hace quince años, tal como recordaban algunos altos directivos chinos, un selecto grupo de empresas occidentales bien relacionadas entre sí propiedad de blancos –Anglo-American, Glencore, First Quantum Minerals– dominaba la industria del cobre en el sur de África, explotando las mayores minas poseedoras de las menas de mayor ley. El equipo de privatización de Zambia era reacio a entregar una mina a una compañía estatal china con poca experiencia internacional. Sólo se le permitió comprar Chambishi tras la retirada de un inversor preferente. Un alto cargo de CNMC recordaba:

Compramos la mina por 20 millones de dólares, que hoy en día es una minucia para el gobierno chino, pero entonces requería la firma de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburo. Conseguimos Chambishi, que no la querían ni los zambianos. Llevaba cerrada casi trece años. Cuando llegamos, los túneles subterráneos se habían derrumbado y toda la maquinaria había sido trasladada a otras minas, excepto los mecanismos de extracción de agua. Pero, aún así, la considerábamos interesante porque lo que se considera internacionalmente ley de mineral baja (2,1 por 100) es más alta que la que tenemos en China (1 por 100), así que pensamos que debería ser posible conseguir algún beneficio.

Tal como continuó comentando, estaba también el factor Taiwán: «Durante la época de Kaunda las relaciones China-Zambia fueron muy buenas. Con Chiluba fueron buenas al principio, pero después comenzó a relacionarse con Taiwán. El MMD incluso invitó a Taiwán a participar en la subasta. Nuestra participación en el proceso de privatización estuvo influenciada por el factor de competición con Taiwán». Otro asunto relacionado con todo ello era asegurar el apoyo diplomático africano en la ONU. Los decisivos votos africanos en la decisión de la ONU de 1971 de quitar su escaño a Taiwán a favor de la República Popular China continuaban convenciendo a los líderes de Pekín de la importancia de África para China en los asuntos internacionales.

Sortear la crisis

De las tres minas estudiadas, KCM y MCM son las más grandes con mucha diferencia, con una producción anual de 200.000 y 117.804 toneladas de cobre, comparadas con las 26.178 toneladas de NFCA. Sus plantillas, formal e informal, son unas seis veces mayores que las de la empresa china (véase Cuadro 1). Sin embargo, independientemente de su escala, todas las minas, incluyendo las chinas, comparten un objetivo de obtención de beneficios, así que algunos aspectos de la vida laboral cotidiana son similares. Los indicadores de producción utilizados por las compañías matrices para evaluar a los equipos de alta dirección ponen un énfasis común en el resultado económico y los objetivos de producción –en términos de tonelaje de mineral, ley del mineral, índice de recuperación y volumen de cátodos de cobre– se exhiben de manera prominente en tableros electrónicos de información en las minas. En las reuniones de dirección se discute con intensidad y pasión sobre la reducción de costes y los objetivos de producción.

Cuadro 1. Características generales de tres minas de propiedad extranjera en el Cinturón del cobre de Zambia, 2012

Sin embargo, sus diferentes imperativos («acumulación integradora» para el capital estatal chino y «maximización de beneficios» para el capital privado global) les han llevado a estrategias empresariales llamativamente diferentes en los momentos de crisis. Cuando la crisis financiera global golpeó a Zambia en el otoño de 2008, los precios del cobre se desplomaron de un máximo histórico de 9.000 dólares por tonelada a 3.000 en el primer trimestre de 2009. En el Cinturón del cobre se extendió el pánico cuando KCM, MCM y otras minas importantes anunciaron despidos masivos. En total, aproximadamente 19.000 trabajadores perdieron sus empleos: el 30 por 100 del total del personal de la minería. La mina de Luanshya cerró al irse su propietario británico-israelí y MCM programó la suspensión de la producción en Mufulira. Se canceló la negociación colectiva y se congelaron los salarios.

En medio del desconcierto, la NFCA china anunció una política de «tres veces no»: no a los despidos, no a la reducción de la producción y no a los recortes salariales. Al regirse por un interés a largo plazo en la producción estable de mineral, en contraposición a una reacción inmediata ante la fluctuación de los precios del mineral en el mercado y los intereses financieros a corto plazo de los accionistas, la respuesta de NFCA reflejó sus objetivos políticos y comerciales en Zambia. Al invocar la retórica oficial del mantenimiento de la amistad incondicional chino-zambiana, NFCA convirtió la crisis en una oportunidad para fortalecer la imagen del gobierno chino por su impacto estabilizador en la economía de Zambia. CNMC compró también la mina de Luanshya, tendiendo así una mano a una ciudad minera de 100.000 habitantes. El cálculo fue político y económico: a la vez que demostraban a las autoridades zambianas su disposición para ayudar a solucionar el problema del desempleo en las ciudades mineras, los gerentes chinos consideraron la crisis como una buena oportunidad para invertir. Un alto representante de CNMC en Zambia lo explicaba así:

Mi análisis comercial se basó en que los precios del cobre sólo experimentarían un retroceso temporal, porque China estaba todavía reestructurándose y todavía necesitaría recursos. Además, quería reequipar Luanshya con nueva maquinaria que incrementara la productividad y disminuyera los costes. Su tecnología era vieja y estaba deteriorada. Pero su explotación a cielo abierto de Muliashi tiene potencial para producir beneficios.

Otra diferencia se hizo patente justo antes de la crisis, cuando el gobierno de Zambia intentó imponer un impuesto sobre los beneficios extraordinarios a principios de 2008, momento en el que los precios del cobre estaban alcanzando sus niveles máximos empujados por la especulación. Las minas principales, entre ellas KCM y MCM, se opusieron rotundamente a esta legislación, que especificaba una tasa impositiva del 75 por 100 cuando los precios del cobre se elevaran por encima de determinados niveles. Un ejecutivo de MCM recordaba haber tenido diversas reuniones de emergencia con el gobierno de Lusaka en julio de 2008, en las que aportó estadísticas que demostraban que MCM había pasado de obtener beneficios a entrar en pérdidas un mes después de que la ley entrara en vigor. MCM amenazó con cerrar sus operaciones en Mufulira, ante lo que el gobierno del MMD subió la apuesta inicial al afirmar que podía encontrar otros compradores si fuera necesario. Los datos muestran que sólo NFCA y otra compañía minera cumplieron la nueva norma tributaria antes de que el gobierno la derogara al estallar la crisis financiera. De manera similar, cuando el gobierno del Frente Patriótico duplicó los impuestos por los derechos sobre los minerales del 3 al 6 por 100 poco después de las elecciones de 2011, NFCA no expresó ninguna objeción, mientras que las otras compañías mineras criticaron su efecto supuestamente perjudicial sobre la producción.

Las zonas económicas especiales chinas

Quizá la diferencia más reveladora hasta la fecha entre estas estrategias de acumulación haya sido la decisión de CNMC de establecer una Zona Económica Especial –llamada la Zona de Cooperación China Zambia (ZCCZ)– que ocupa casi un tercio de los 41 kilómetros cuadrados del área de la concesión minera de Chambishi. Una empresa subsidiaria de CNMC es la responsable de la construcción de las infraestructuras, la búsqueda de inversores y la creación de hasta 6.000 empleos locales. La Zona es fundamental para la estrategia de desarrollo de «valor añadido» del gobierno de Zambia, que ha recibido poco apoyo por parte de los inversores privados globales. La alta dirección de KCM y de MCM consideró el asunto del valor añadido de la industria como «económicamente inviable» y como algo al margen de los intereses de su «actividad principal». Un informe del Banco Mundial-UKAID puso en duda, igualmente, la lógica de desarrollar la industria del cobre en Zambia teniendo en cuenta la distancia de un país sin salida al mar de los mercados principales, sus pobres infraestructuras y los altos costes de transporte. En este contexto de cinismo internacional, un alto ejecutivo chino de la CNMC admitió que puede ser o no ser rentable construir una ZEE, pero su estrategia es mantener grandes proyectos a largo plazo para asegurar la «influencia» de su compañía:

El gobierno de Zambia sólo te tiene en cuenta cuando alcanzas una gran presencia. No te pueden ignorar [...]. Aquí tenemos a NFCA, CCS, Sinometal y otras compañías chinas, y estamos en Zambia con miras a largo plazo, no para obtener beneficios a corto. Por consiguiente, tenemos que tener en cuenta el desarrollo local e invertir en ganarnos la confianza de los agentes locales. Recientemente [mayo de 2013] KCM amenazó con despedir a 2.000 trabajadores, lo que enojó al gobierno de Zambia. No queremos crear ese tipo de tensiones. KCM tiene que distribuir beneficios a sus accionistas, en lugar de invertir en la sociedad local. [Para nosotros] la recompensa es el reconocimiento y la aceptación local.

Otro directivo añadió: «El máximo jefe de nuestra compañía es el Estado chino. A estas alturas, la diplomacia y la inversión, la política y la economía están totalmente interrelacionadas. Desde el punto de vista del Estado, nuestros exiguos beneficios empresariales no cuentan tanto como su interés en la diplomacia y las relaciones exteriores. Se interesa más en el hecho de que invirtamos localmente para facilitar las relaciones China-Zambia».

El proceso por el que se estableció la Zona Económica Especial de Chambishi es también revelador de las formas en que China ha tenido que adaptarse a la realidad de Zambia y a la presión de la elite gobernante, en lugar de imponer su estrategia de «invertir en el exterior» a los Estados africanos. Inicialmente, cuando compró la mina de Chambishi, la compañía china no tenía intención de crear una zona de valor añadido. Fue iniciativa del gobierno zambiano, que había estado intentando copiar el modelo asiático­ de las zonas económicas especiales ­–tras varios intentos abortados, la estrategia seguía en los cajones– e identificado la industrialización como un objetivo de desarrollo clave desde la década de 1990.

Cuando Pekín decidió explorar la posibilidad de construir ZEEs en África y pidió a los gobiernos que enviaran solicitudes, Zambia estaba preparada con planes y políticas detalladas. Además de la zona de Chambishi, ha pedido otra subzona en Lusaka, centrada en la logística, las industrias ligeras y los servicios. Un alto cargo del Ministerio de Comercio de Zambia explicó que la idea era convertir el país sin salida al mar en un centro de conexiones terrestres para toda la región. Parece que aquí el capital estatal chino puede prestarse a facilitar el desarrollo de Zambia, aceptando compromisos que el capital privado global no aceptaría. Pero las precondiciones esenciales para que esto ocurra son las estrategias de desarrollo africano y la voluntad política ya existente.

Construcción a base de crédito

Ante la ausencia de estas condiciones, tal como revela el sector de la construcción zambiano, el capital estatal chino puede mostrar otra cara. Desde 2000, los proyectos de construcción en África han recibido de China aproximadamente 35 millardos de dólares en préstamos en condiciones ventajosas, desembolsados por medio del Foro para la Cooperación entre China y África (FOCAC). De esta cantidad, Zambia ha recibido 1, 2 millardos de dólares, muy por encima de los préstamos recibidos del Banco Mundial y del Banco Africano de Desarrollo. Los préstamos en condiciones ventajosas chinos, a menudo vendidos por China como una forma de ayuda, en realidad cobran tipos de interés superiores a las del Banco Mundial (2 por 100 vs. 1,7 por 100), tienen una subvención menor (23 por 100 vs. 35 por 100), periodos más cortos de amortización (10-15 años vs. 20-50 años) y están condicionados al abastecimiento único y no competitivo por parte de China. La razón de que estos préstamos vuelen, de acuerdo con funcionarios del Ministerio de Economía zambiano, es que las prioridades de los prestamistas occidentales han pasado al fomento de la generación de capacidades –servicios sociales, educación, salud y paliación de la pobreza– en lugar de a las infraestructuras físicas, que todavía son muy necesarias en muchas economías en vías de desarrollo. Los políticos, interesados en asegurar votos para la próximas elecciones, están deseando firmar los préstamos chinos que proporcionarán proyectos de infraestructuras a sus bases electorales en un tiempo récord. También prefieren que el criterio principal utilizado por los funcionarios chinos para evaluar un préstamo sea si el proyecto constituye una prioridad del gobierno de Zambia, mientras que el Banco Mundial decide por su cuenta si el proyecto es o no beneficioso.

A pesar de la retórica china sobre la no condicionalidad, en la práctica estos préstamos llevan la condición implícita de que el lado chino decide lo que se construye, anunciando las decisiones en las reuniones del FOCAC. Al no haber una subasta pública, el precio lo determinan los contratistas chinos con buenos contactos en el Banco EXIM de China. Un alto cargo del Ministerio de Economía de Zambia dibujó un paralelismo esclarecedor entre los mecanismos de los préstamos chinos y los de los programas de ajuste estructural del FMI:

Los préstamos de China se orientan por el lado de la oferta. Hay una maquinaria de desarrollo china bien engrasada que entra y sale del gobierno de Pekín y conecta a muchos actores chinos. Generalmente, un proveedor [contratista] chino que se encuentra en Zambia y quiere construir una carretera, por ejemplo, es quien echa a rodar un proyecto de infraestructuras que necesita un préstamo. Se dirigirá a la Agencia de Desarrollo de Carreteras y dirá, «He visto algunas carreteras que podría hacer, si me dan el contrato». Entonces irá al Banco EXIM de China y les contará que esto costaría 200 millones de dólares, antes de hacer ningún estudio de viabilidad. Sobre el papel parece como si el gobierno de Zambia hubiera iniciado los proyectos, pero hay que hacer ingeniería al revés para rastrear el proceso. Es como cualquier reforma de ajuste estructural del FMI: el FMI te dice que necesitas determinadas reformas de carácter macro y micro e identifica «distorsiones» específicas. Pero sobre el papel, lo que ves es una carta del gobierno de Zambia que dice que hemos identificado problemas y necesitamos ayuda. Desde fuera, parece como si Zambia pidiera al FMI que impusiera las condiciones, pero es al revés.

Los funcionarios zambianos son muy conscientes de los riesgos de los préstamos chinos, con sus condicionamientos ocultos, y del objetivo político que los mueve. Se quejan de la falta de subastas públicas, que llevan a precios inflados. A largo plazo, los préstamos chinos representan la amenaza de recrear la deuda de Zambia, que solo recientemente ha sido aliviada por la «Iniciativa a favor de los países pobres altamente endeudados». Pero los políticos los siguen considerando muy tentadores, en parte para fortalecer su propia carrera política y también para mantener buenas relaciones con una superpotencia emergente. Un alto cargo del Ministerio de Economía de Zambia explicaba:

En la mayoría de los Estados africanos, la demanda de préstamos en condiciones ventajosas está incentivada por la voluntad de captación de renta china. A los jefes de Estado y a los ministros se les conceden favores, para que asuman los proyectos de China [...] Es una competición a la baja. Cada uno de nosotros [países africanos] quiere mantener una relación económica con los chinos. Son una fuente importante de financiación, así que no queremos quedarnos fuera de su círculo [...]. De cara al futuro, cuando los necesitemos, China pueden ser una opción, así que no podemos destruir la actual relación con los chinos.

Por consiguiente, los préstamos ventajosos representan una herramienta múltiple para Pekín: un medio para cultivar la influencia política a través de la selección de los prestatarios, países y políticos; una salida para las inversiones de las reservas exteriores de China; y una manera de abrir nuevos mercados en el extranjero para sus compañías constructoras estatales (de acuerdo con todas las informaciones, solo las empresas públicas dependientes del gobierno central y sus empresas subsidiarias tienen los contactos políticos necesarios para conseguir estos contratos lucrativos). Además de llevar a cabo proyectos para préstamos ventajosos, estas empresas públicas compiten con empresas públicas provinciales de Jiangsu, Henan, Gansu, Anhui y Shanghái, para conseguir proyectos del Banco Mundial y el gobierno de Zambia. En un principio, muchas de estas empresas públicas provinciales fueron enviadas por el gobierno chino a Zambia en la década de 1990 parar construir proyectos con ayuda extranjera: complejos del gobierno, estadios de fútbol, hospitales y carreteras. Una vez que establecieron un punto de apoyo en Zambia, se quedaron para sacar provecho del mercado de la construcción recientemente liberalizado. Todas ellas compiten agresivamente con contratistas chinos privados para conseguir proyectos de carreteras y construcción en general. En contraste con la estrategia de «acumulación integradora» en los sectores de la minería y de las finanzas, la motivación de las compañías constructoras chinas, tanto privadas como estatales, es puramente comercial, igual que la de sus competidores de Sudáfrica, India o la propia Zambia. La mayoría de las compañías informaron de que el margen de beneficios en la construcción en China es del 7 por 100 de media, pero en Zambia puede llegar al 30 por 100, según el tipo de proyecto.

Sin embargo, el apoyo del Estado es también una espada de doble filo para las empresas públicas chinas, haciéndolas desproporcionadamente vulnerables a la política del país anfitrión y a la política nacionalista en torno a los recursos. Las intervenciones de Pekín en la escena política local (apoyo financiero para el partido en el gobierno durante las campañas electorales, por ejemplo) pueden convertirse en un lastre para las compañías chinas. Los candidatos de la oposición que intentan atacar al gobierno por vender los recursos de Zambia a intereses extranjeros, pueden centrarse en las compañías chinas como representantes de un Estado soberano extranjero. Esta fue una cuestión importante durante la campaña de Michael Sata como líder del Frente Patriótico en la oposición, consiguiendo un gran apoyo en el Cinturón del cobre. Para reiterar la analogía entre el colonialismo occidental y la explotación china, Sata afirmaba:

El fracaso de Zambia a la hora de poner freno a las violaciones de las leyes industriales y laborales se puede atribuir a la influencia predominante del gobierno chino sobre su homólogo zambiano, por medio de la entrega de generosos regalos al gobierno del MMD y los poderes de facto [...]. La explotación colonial europea en comparación con la explotación china parece más benigna, porque a pesar de que la explotación comercial era igual de mala, los agentes coloniales invertían en infraestructuras y servicios sociales y económicos [...]. Igual que los africanos rechazaron la explotación, la opresión y la deshumanización europea no hay duda de que la explotación y la dominación china también será rechazada.

Como se ha mencionado anteriormente, una vez en el gobierno, Sata rebajó su retórica anti-china. Pero las idas y venidas de esta relación demuestran la singularidad y la facilidad con que el capital estatal chino puede ser politizado en comparación al capital privado global.

2. Régimenes de producción

Las condiciones laborales de las compañías chinas en África han sido objeto de muchas críticas en los medios de comunicación internacionales. Sin embargo, la mayoría de estos informes carecen de toda perspectiva comparativa o histórica: acusan a la República Popular China de malas prácticas que prevalecen en toda la industria, apoyadas por fuerzas políticas globales que son anteriores a la llegada de China a África. El debate actual tiende también a ignorar el papel que han jugado los inversores en la determinación de la organización de la producción. Esta sección examinará tanto las similitudes (la ley laboral zambiana y las tecnologías estandarizadas conforman un contexto común) como las diferencias significativas en regímenes de producción entre las empresas públicas chinas y el capital privado global, presente en la minería y la construcción.

Condiciones generales

Con la privatización de las minas de cobre de finales de la década de 1990, las dos variedades de capital entraron en un escenario en el que el poder organizado de la clase obrera zambiana había sido ya diezmado por la imposición de ajustes estructurales del FMI y las políticas de los sucesivos gobiernos de Lusaka. La fuerza de trabajo organizada había sido significativa en la lucha por la liberación nacional, pero en la época posterior a la independencia, sucumbió al control corporativo del Partido Unido de la Independencia Nacional en el gobierno. En nombre del interés nacional, Kaunda declaró ilegales las huelgas, pero a los mineros se les ofreció paternalismo por medio de un sistema de bienestar de la cuna a la tumba, con pañales subsidiados, entierros, alimentación y vivienda. Con el colapso de los precios del cobre a partir de mediados de la década de 1970 y la austeridad ordenada por el FMI en la década de 1980, los ya depauperados niveles de vida de los trabajadores fueron exprimidos todavía más. A finales de la década de 1980, los sindicatos se habían separado cada vez más del gobierno de Kaunda y lideraron una resistencia amplia que llevó a Chiluba al poder en las elecciones de 1991. Como hemos visto, Chiluba dio un giro de 180 grados una vez en el gobierno, con las famosas declaraciones en las que pedía a los trabajadores de Zambia «morir un poco» por la economía del país.

Siguiendo las instrucciones del FMI, el gobierno de Chiluba sacó adelante la legislación laboral que sentó las bases del régimen de producción actual. El nuevo código laboral de Zambia declaró ilegales las huelgas de solidaridad, resquebrajó el movimiento sindicalista, limitó la negociación colectiva en todo el ámbito industrial y desreguló el mercado laboral al extender la duración de los contratos temporales. Todas estas medidas juntas sometieron a los trabajadores y a los activos a una lógica intensificada de obtención de beneficios capitalista antes de la llegada de los inversores extranjeros, al privatizarse las minas al final de la década de 1990. A pesar de la victoria de Sata con una plataforma de políticas a favor de los pobres, la última década no ha supuesto mejora alguna en las cada vez peores condiciones laborales de los trabajadores organizados.

Los cambios tecnológicos también han debilitado el poder de negociación de los trabajadores en toda la industria. La privatización y las nuevas inversiones supusieron la mecanización de las minas. En comparación con la amplia utilización de trabajadores manuales en el subsuelo observada por Burawoy a finales de la década de 1960, todas las minas que visité –NFCA, KCM, MCM– utilizaban los mismos tipos de vehículos y maquinaria pesada, de los mismos proveedores estadounidenses o suecos (Catepillar, Sandvik, Atlas Copco). El director técnico chino de NFCA visitaba las otras minas de vez en cuando para observar el equipo en funcionamiento. El proceso laboral es el mismo en todas las minas y generalmente conlleva perforaciones y voladuras para acceder al mineral, la extracción del mineral por medio de perforación de rebajes y voladuras, el traslado del mineral a un depósito, la trituración y el transporte a un concentrador para su procesamiento, donde se extrae el cobre de la mena. La tendencia en todo el mundo es utilizar subcontratas para este trabajo, quienes a su vez proporcionan una formación mínima a los trabajadores contratados temporalmente.

Otra similitud llamativa en todos los lugares de trabajo de propiedad extranjera es el «techo de cristal racial». Los expatriados dominan la alta dirección en todas las compañías extranjeras de minería y construcción, representando entre el 5 y el 10 por 100 del personal de la compañía. Existe un rumor muy extendido de que las compañías chinas importan sus propios trabajadores manuales en lugar de emplear a los africanos, pero no hay evidencia empírica que sustancie esta afirmación. Una encuesta hecha en cuatro países por investigadores de la Universidad Stellenbosch corrobora mis propias conclusiones en Zambia de que los contratistas chinos, como su homólogos sudafricanos, emplean a una minoría de supervisores especializados de su país, pero contratan a la mayoría del personal (aproximadamente entre el 85 y el 95 por 100) localmente. Incluso en los proyectos con préstamos ventajosos, donde a las compañías se les permiten cuotas más amplias de empleados chinos, los datos de las encuestas indican un máximo de 43 por 100.

Para ser exactos, el principio de la «barrera racial», prevalente durante el periodo colonial (en el que ningún hombre blanco podía ser subordinado de un africano) ya no se practica en Zambia. Pero los techos de cristal funcionan, en diversos grados, de forma que rara vez se encuentra a los zambianos entre los «jefes»: directores ejecutivos, directores de producción, directores financieros, etc. Por ley, el jefe de recursos humanos tiene que ser zambiano y es a menudo la posición más alta que alcanzan los zambianos en las empresas. La discriminación racial en el ámbito directivo se ha convertido en una cuestión silenciada hoy en día; al carecer de representación colectiva, estos empleados recurren a menudo a estrategias individuales para ascender en las empresas y muchos trabajadores zambianos de a pie, de la minería y la construcción, desconfían de ellos. Por otra parte, tanto los líderes sindicales zambianos como los trabajadores están de acuerdo que el racismo interpersonal, como los comentarios racistas de los expatriados y otras faltas de respeto, es reprimido con fuerza por las compañías y por lo tanto no es un problema destacado.

Prioridades divergentes

Al margen de estas similitudes en los aparatos de producción políticos, tecnológicos y raciales, las tres minas se diferencian significativamente en su forma de operar. El interés del capital estatal chino en la producción estable y a largo plazo del cobre queda evidenciado por la inversión de NFCA en exploración y en sondeos para localizar las reservas de mineral, así como en la forma en que toma las decisiones de producción cotidianas. Estas particularidades chinas destacan en comparación al modus operandi de MCM y KCM, que operan con lo que los expertos en minería de Zambia denominan «mentalidad mercantil» (el comercio del cobre para el beneficio a corto plazo aprovechándose de las fluctuaciones de precio) al contrario de la «mentalidad productora» que caracteriza a NFCA. Glencore, la compañía matriz de MCM, es la comercializadora de materias primas más importante del mundo; por su parte, KCM considera que su fuente de beneficios más importante es el procesamiento (la fundición y el refinamiento) más que la minería propiamente dicha. Esta diferencia fundamental en filosofía de la minería explica los diferentes enfoques de los inversores hacia las prácticas de exploración, perforación y trabajo.

La exploración (perforación en superficie para descubrir y medir nuevos recursos minerales) es cara, cuesta una media de 200 dólares por metro, y su rentabilidad comercial no está asegurada. Una encuesta de 2010 ha destacado que mientras que NFCA ha invertido sistemáticamente en la perforación en nuevas zonas, con el resultado del descubrimiento de un yacimiento mineral grande y verificable dentro de su área de licencia, KCM y MCM solo han llevado a cabo «perforaciones cosméticas»; que de acuerdo con un gran experto en minería significa «perforaciones que no se hacen para generar mineral en cantidad suficiente para producir, sino solo para simular que estás haciendo una exploración». Un informe de 2014, encargado por el gobierno de Zambia, observó que aunque KCM había gastado más de 2.800 millones en el proyecto de minería profunda de Konkola no había habido «una mejora significativa en la producción en los últimos cinco años», mientras que la dirección había «desviado fondos de operaciones para financiar proyectos de capital, con el resultado de una falta de inversión en las actividades de exploración». Los gerentes de las minas de KCM y MCM también confirmaron que la perforación para el desarrollo –acceso al mineral, para prepararlo para su extracción– se interrumpió durante la crisis financiera de 2008, provocando una «situación de precariedad» en la que las minas tenían, como mucho, solo tres meses de reservas de mineral. En comparación, NFCA no detuvo el desarrollo durante la crisis, debido a su interés en mantener la producción estable. El jefe de producción se expresó categóricamente sobre el tema, destacando que incluso una interrupción breve conllevaría costes más altos y más tiempo que recuperar en el futuro.

En tercer lugar, aunque las tres compañías subcontratan el trabajo de minería para recortar costes, KCM y MCM se encuentran bajo presión financiera para mantener un grupo mucho más numeroso de subcontratistas que NFCA. KCM, en particular, es especialmente inflexible en obligar a que sus varias decenas de subcontratistas involucrados en la perforación subterránea, compitan entre ellos para bajar los costes por unidad. Sus propios gerentes mineros se quejaron de la tiranía del departamento comercial sobre el de operaciones a la hora de tomar decisiones como la compra de maquinaria o la elección de subcontratistas. Las prácticas de gestión y los parámetros de seguridad se ponen en peligro para recortar costes. Por el contrario, para asegurar mayor estabilidad, NFCA utiliza subcontratas que se relacionan entre ellas en lugar de competir; ha tenido un solo subcontratista de minería, también chino, desde que comenzó la producción en Chambishi en 2003. Desde 2010, se dice que MCM ha pasado de una mentalidad mercantil a una mentalidad productora, como consecuencia de la reciente fusión entre su compañía matriz, Glencore, y Xstrata, una empresa importante de la minería global.

¿Explotación o exclusión?

Otra diferencia llamativa es que los conflictos laborales en NFCA han versado persistentemente sobre los bajos salarios, mientras que en KCM y MCM la mayor amenaza al personal son los despidos. Desde el comienzo, el nivel salarial de NFCA para toda la plantilla ha sido aproximadamente un 30 por 100 inferior al de KCM, que es el más alto del Cinturón del cobre, y 15 por 100 inferior al de MCM, que es el segundo más alto. Este régimen de salarios bajos es un fundamento empírico para la extendida crítica de que la mina china es especialmente explotadora. (Otro ha sido la seguridad; en 2005, cincuenta y dos trabajadores zambianos murieron en un accidente en la fábrica de explosivos BGRIMM en Chambishi, propiedad parcial de NFCA). Sin embargo, los bajos salarios se compensan con la relativa seguridad de empleo, como observó un experto de la minería de Zambia: «NFCA nunca ha despedido gente, lo que es muy importante para este país». Los despidos masivos, como en 2008, son la primera reacción típica de las compañías privadas globales a la fluctuación del precio del cobre o la presión de los costes de producción. En 2013, KCM amenazó dos veces con despedir a un total de 3.500 trabajadores debido la bajada del precio del cobre y a un supuesto plan de «mecanización».

Tanto el capital estatal chino como el capital privado global explotan a los trabajadores, pero ofrecen diferentes tratos: explotación estable (empleo seguro con salario bajo) contra exclusión flexible (empleo precario con salario más alto). La explicación en parte es histórica: en el momento de la privatización, los inversores nuevos heredaron regímenes laborales diversos en las diferentes minas; pero también se debe en parte a los intereses respectivos de estas dos variedades de capital. El interés de NFCA en el cobre en tanto que recurso físico más que financiero, le permite planificar una expansión en la producción que requiere estabilidad laboral. De acuerdo con los funcionarios de Zambia, NFCA es la única compañía que siempre ha alcanzado sus objetivos de producción. Paradójicamente, la política de salarios bajos de NFCA también puede relacionarse con su lógica de acumulación integradora. La decisión de adquirir Chambishi no se tomó únicamente por motivos de rentabilidad, como hemos visto, y NFCA tuvo que adoptar un régimen de salarios bajos para conseguir beneficios con el mineral de baja ley de la mina. La compañía tuvo además pocas obligaciones heredadas, porque la mina llevaba trece años cerrada: solo cincuenta obreros de mantenimiento fueron asumidos con las condiciones de servicio anteriores a la privatización: es decir, estatus de empleo permanente y afiliación al sindicato. El resto de la fuerza de trabajo fue contratado por primera vez con contratos de duración determinada y salarios mucho más bajos. Los chinos no tenían experiencia doméstica de sindicatos autónomos o negociación colectiva y la dirección intentó paralizar la afiliación a los sindicatos durante varios años. Con estas prácticas NFCA se ganó la reputación de ser el peor empresario del Cinturón del cobre. A lo largo de los años, la presión persistente de los sindicatos sobre NFCA para que iguale la norma de la industria en términos de cobertura médica para las familias de los mineros, clasifique los niveles de empleo, y ofrezca salarios básicos, jugó un gran papel en la consecución de una mejora gradual. La mayoría de los años, el índice de incremento del salario alcanzado por medio de la negociación colectiva es igual al de otras minas. Sin embargo, debido al bajo nivel de partida de Chambishi, sus salarios siguen siendo los más bajos del Cinturón del cobre.

En KCM y MCM los inversores globales se hicieron con unas minas grandes y en funcionamiento y se vieron obligados a ofrecer a su fuerza de trabajo los mismos niveles de salario y condiciones de servicio que tenían bajo la propiedad estatal. Los trabajadores de KCM y MCM estaban mejor organizados y sus dirigentes sindicales fueron negociadores más contundentes en la mesa de negociación. Pero si los salarios son más altos, estas empresas tienen la capacidad de reducir sus operaciones y de despedir trabajadores. Las minas de propiedad privada están bajo una presión constante de «mostrar» a los accionistas que responden a la fluctuación del precio del cobre con recortes de costes. Tal como explicó un experto de la industria: «el método más seguro y rápido de rebajar los costes de producción es recortar personal». Los despidos, y su variante, la contratación de personal eventual por medio de la subcontratación se convierte, por lo tanto, en el crisol de los conflictos entre personal y dirección en KCM y en menor grado en MCM. El cambio de esta última hacia una mentalidad de producción no conlleva los factores de «acumulación integradora» que llevan a NFCA a adaptarse a las prioridades de Zambia.

Fortaleza y debilidad de los trabajadores

El capital estatal chino es exactamente igual de adverso que el capital privado global en lo que concierne a las demandas de los trabajadores, y solo cede bajo la máxima presión: huelgas salvajes apoyadas por toda la comunidad minera o, sobre todo, la intervención estatal. Tres sindicatos de mineros agrupan aproximadamente al 90 por 100 de los empleados directos de las tres minas. La ley garantiza que los representantes de los sindicatos tengan asiento en la mesa de negociaciones pero las sesiones de negociación colectiva están dominadas por la dirección, que tiene el monopolio de los datos financieros; los sindicatos no tienen la capacidad de investigación para poner en duda las estadísticas de la dirección sobre producción, beneficios, activos y pasivos, etc. Las negociaciones bloqueadas producen a menudo huelgas salvajes y paros sobre los que los sindicatos tienen escaso control. Los trabajadores informales y despedidos pueden convertirse en la fuente de radicalizaciones violentas durante tales huelgas, cuando los airados desempleados locales aprovechan el momento para paralizar las minas. Esa militancia ha sido a veces una moneda de cambio para los sindicatos que pueden amenazar a la dirección recalcitrante con agitaciones comunitarias, incluso aunque los propios sindicatos tengan dificultades para controlar a las multitudes. Las tres minas han experimentado huelgas a las que se unieron e intensificaron los trabajadores temporales despedidos en las poblaciones, que no tienen nada que perder y todo que ganar de una demostración de fuerza importante contra las minas. Un minero que fue testigo de la huelga de 2012 en KCM explicaba:

Hasta al camarero y a los niños de la calle les gustaría ver un aumento de sueldo mayor para los mineros. Cuando los mineros tienen más dinero gastan más en la comunidad local. Pero algunos de ellos son gamberros que querían robar y destrozar la propiedad de la compañía durante los disturbios. Lanzaron piedras a los trabajadores que suponían que iban a volver a trabajar. Aterrorizaron y atacaron a los dirigentes sindicales diciendo que habían aceptado sobornos de las minas.

La intervención del gobierno puede inclinar la balanza de clase a favor de los trabajadores, pero es raro y solo sucede en la minería, no en la construcción. Tras la victoria de Sata en 2011, los trabajadores de ambos sectores organizaron protestas en las principales ciudades, exigiendo subidas salariales de hasta el 100 por 100 amparándose en el eslogan de la campaña de Sata, «más dinero en tu bolsillo». El ministro de Trabajo del Frente Patriótico, Fackson Shamenda, prestó un fuerte apoyo a las demandas de los mineros, enviando funcionarios a las compañías del Cinturón del cobre para solicitar una subida de 400 dólares lineales. Aunque la dirección protestó, la combinación de las protestas de los trabajadores y el Estado tuvieron como resultado concesiones significativas en la negociación colectiva de ese año. Después de que los trabajadores sacaran adelante una huelga excepcional de 20 días, NFCA aceptó una subida de salarios del 22 por 100, el mayor incremento registrado en la minería. El director ejecutivo de NFCA explicó: «Como era un gobierno nuevo, pensamos que un incremento mayor sería un buen gesto por nuestra parte».

Sus vecinos, los trabajadores de MCM, también protestaron y el ministro de Trabajo forzó a la dirección a que aumentara su oferta del 12 al 17 por 100, frente a la demanda de los sindicatos de un 30 por 100. En 2013, el gobierno consiguió bloquear los planes de KCM para despedir primero 2.000 y después 1.529 trabajadores. En 2014, un videoclip protagonizado por Anil Agarwalpropietario mayoritario de Vedanta se hizo viral en internet. Agarwal presumía de conseguir un beneficio fácil de 500 millones de dólares cada año desde su compra de KCM al gobierno de Zambia por tan solo 25 millones de dólares, aunque la compañía ha declarado pérdidas cada año desde el principio. Ante esto, el gobierno del Frente Patriótico reunió la voluntad política de emprender una auditoría forense en KCM y anunció que pronto se ampliaría a todas las minas.

La situación es absolutamente diferente en el sector de la construcción. Actualmente es difícil imaginar lo fuerte que era el sindicato de los trabajadores de la construcción de Zambia en la época en la que el Estado dirigía el proceso de desarrollo. (Es famosa la plataforma proporcionada por el sindicato para el lanzamiento de la carrera política del multimillonario ex presidente Frederick Chiluba). Ahora, la construcción de los proyectos de ingeniería civil a gran escala, carreteras y edificios, está dominada por contratistas extranjeros, sobre todo de China y de Sudáfrica. La temporalidad es rampante: la mayoría son jornaleros o trabajadores eventuales con contratos de seis meses; a los trabajadores con contratos de un año se les llama «permanentes». En nuestra encuesta de veinte obras, sólo dos habían tenido alguna señal de sindicalización, aunque los trabajadores de todas ellas informaron de paros, sabotaje o robo de herramientas cuando los salarios se pagaban tarde o, en algunos casos, no se pagaban. Aunque los trabajadores de la construcción protestaron junto a los mineros en 2011, recibieron muchísima menos ayuda del gobierno de Sata. Al contrario que el cobre, la construcción no se considera un sector estratégico y el gobierno de Zambia no ha formulado un plan estratégico para la industria, más allá del genérico «empoderamiento ciudadano». Por ley, todos los proyectos licitados por los contratistas extranjeros deben tener por lo menos un 20 por 100 subcontratado localmente, pero la norma no se hace cumplir y se salta con facilidad por medio de «contratistas interpuestos», ciudadanos de Zambia que firman como socios sobre el papel nada más.

Las condiciones de trabajo en las obras de construcción llevadas por chinos, privadas o estatales, no son significativamente distintas de las de sus homólogos sudafricanos y zambianos. Aunque los contratistas chinos han sido criticados por una explotación excesiva, nuestros datos comparados muestran que todos los contratistas llevan obras con condiciones de trabajo pésimas y pagan salarios de pobreza, en concordancia con el ridículo salario mínimo aprobado por el gobierno. Los trabajadores de las veinte obras encuestadas informaron de accidentes, procedimientos de seguridad inadecuados, conflictos con la dirección y pago de salarios con retraso. Las compañías de construcción chinas de propiedad privada y algunas empresas zambianas eran responsables de las peores condiciones, mientras que las compañías chinas de propiedad estatal, tanto provincial como central, tenían estándares de trabajo similares a los de las sudafricanas. Muchos trabajadores de la construcción señalaron la falta de supervisión reguladora del gobierno como el principal culpable de su apurada situación. Temerosos de perder sus trabajos y atenazados por la naturaleza temporal y móvil de los proyectos de construcción, no han sido capaces de arrancar muchas concesiones de ningún tipo de empresario.

3. El ’ethos’ de la dirección

Todas las compañías extranjeras en Zambia se enfrentan a una crítica popular generalizada de su ethos empresarial. Sin embargo, es interesante que los puntos álgidos de la protesta cultural se interpretan de forma diferente para las dos variedades de capital. La cultura de trabajo china es tildada de excesivamente intensiva e inhumana; ha alimentado el rumor dañino de que los empleados chinos en África son «trabajadores convictos» enviados por Pekín. Algunos incidentes industriales graves (tales como la explosión de 2005 en Chambishi y la protesta de los trabajadores en 2012 en la mina de carbón de Collum, propiedad de una compañía China privada en el sur del país, que terminó con el homicidio de un directivo chino) han labrado en la conciencia nacional la imagen de explotadores de los inversores chinos. Al mismo tiempo, los informes de fraude financiero y evasión fiscal han dañado la reputación de multinacionales como KCM y MCM. Hubo un escándalo público por un informe filtrado en 2010 por una empresa auditora internacional, que mostraba que MCM se había dedicado a fijar masivamente precios de transferencia con su compañía matriz Glencore. La gran indignación pública por el video de Vedanta de 2014, mencionada anteriormente, ha inducido a los políticos a hablar de nacionalizar KCM18.

Tragar amargura

Para comprender estas diferentes variedades de capital es claramente más importante el contraste del ethos de la dirección dentro de las compañías. El capital internacional depende de soldados de a pie expatriados para sacar adelante sus intereses y su forma de vida nos proporciona una ventana única para descubrir su particularidad. El aspecto más llamativo de la cultura de dirección en las minas estatales y la construcción china es lo que ellos llaman «tragar amargura». Esta combinación de compulsión moral individual e imperativos de control corporativo recuerda la memorable descripción de Max Weber de un «ascetismo laico». La diferencia es que el ethos chino es colectivo en lugar de individualista, vigilado a distancia por el Estado chino y el Partido Comunista de China. En comparación, el ethos de la dirección en las compañías privadas globales es mucho más individualista y emprendedor, con una separación más clara entre el ámbito corporativo y el personal.

¿Quiénes son estos directivos chinos? Muchos de los altos y medios directivos chinos que trabajan en Zambia actualmente proceden de contextos empobrecidos de las provincias interiores: por ejemplo Shanxi, Jiangsu, Anhui, Henan y Yunnan. Se puede distinguir dos generaciones de expatriados. Los altos ejecutivos son en su mayoría hombres de cuarenta y cincuenta años, que han pasado la mayor parte de sus carreras profesionales ascendiendo en las filas de las compañías estatales mineras o de la construcción. La generación más joven se nutre de licenciados universitarios con títulos en ingeniería, minería o dirección de empresas, que hablan mejor inglés pero no tienen experiencia previa de trabajar en empresas públicas. Las mujeres representan aproximadamente el 5 por 100 de los empleados chinos, la mayoría trabajan como intérpretes, encargadas de recursos humanos o contables. La gran mayoría tienen contratos de dos años, lo que refleja la precarización del propio mercado laboral chino. Para los zambianos son directivos expatriados, pero en la estructura social china se enfrentan a condiciones de empleo como las de los trabajadores migrantes que malviven en las ciudades chinas. No es sorprendente que algunos de ellos medio en broma se describan a sí mismos como «trabajadores migrantes de clase superior».

Como en Zambia la pobreza está presente en todas partes, es frecuente que en las conversaciones cotidianas se recuerden detalles de la pobreza abyecta en China, y cómo fue superada por medio de la excepcional capacidad de tragarse la amargura. Por ejemplo, de camino a la reunión anual de negociación colectiva, mientras nos dirigíamos por una carretera llena de baches y agujeros, el director de recursos humanos de NFCA comentaba: «Zambia nunca se desarrollará por culpa de la pereza de la gente, por su incapacidad de tragarse la amargura». Como estaba enfadado por la reivindicación del sindicato de una subida salarial de doble dígito, instruyó a su personal de recursos humanos sobre el valor de la frugalidad china durante los descansos en las negociaciones:

Si trabajas duro, conseguirás lo que quieres. Esto es lo que creemos en China. En nuestros cinco mil años de historia, nunca hemos querido pedir limosna o dinero prestado. Preferimos apretarnos el cinturón que pasar la vergüenza de pedir dinero a otros. Somos muy diferentes de nuestros trabajadores zambianos. No saben ganar dinero pero quieren consumir. Son perezosos pero quieren una subida cada año.

Los chinos utilizan la frase «tragar amargura» para expresar su disposición a soportar penurias, posponer gratificaciones, aceptar la disciplina de la empresa, ahorrar y reinvertir en el desarrollo personal y corporativo. Este discurso generalmente implica una censura moral severa y una división nacionalista profunda entre ellos y los zambianos. Los expatriados indios, sudafricanos y peruanos también comparan su cultura de seriedad en el trabajo con la indolencia africana, pero sin la connotación moral y nacionalista de los chinos. Un ingeniero indio que llevaba treinta y cinco años trabajando en Zambia, atribuía la diligencia de los indios a la experiencia de crecer en un país pobre y superpoblado, no al hecho de ser indio:

Todavía recuerdo la infancia en mi pueblo, me peleaba todos los días con muchos otros niños para subirme a un carro de bueyes sobrecargado para ir a la escuela. Si no te levantabas de la cama más temprano que los otros, no conseguías subirte al carro. Si no eras suficientemente fuerte y competitivo, te caías del carro. Aprendimos muy pronto a sobrevivir, teníamos que competir y trabajar duro.

Por su parte los trabajadores zambianos no desmienten que el absentismo y la falta de compromiso existan, pero alegan que la causa es el empleo precario y no la cultura africana o el carácter nacional. Un sindicalista zambiano de NFCA explicaba:

Para los chinos que no tienen familias aquí –solo han venido a trabajar– cuanto antes terminen su proyecto antes se van a casa. Para los zambianos, tan pronto como terminen su trabajo piensan que se quedarán sin empleo. La otra razón es que los zambianos no están bien pagados. Con unos ingresos mínimos no puedes cuidar bien a tu familia. Tienes que preocuparte cada día de si hay comida en la mesa para tus niños y tu mujer, así que te vas pronto, pides permiso para cuidarlos o coges un trabajo extra. No es que los zambianos sean perezosos por naturaleza.

En «China House»

La «China House», nombre genérico otorgado por los locales al complejo residencial donde se alojan los empleados chinos de una empresa en concreto, se parece a una institución total informal. La China House incluye en su diseño organizativo un horario colectivo, que proporciona un ritmo colectivo y uniforme de vida cotidiana y disciplina física que es poco común entre otras comunidades de expatriados. Con una uniformidad sorprendente en muchas de las empresas chinas, la cantina sirve el desayuno a las 6 de la mañana, el almuerzo al mediodía y la cena a las 6 de la tarde. Los empleados hacen cola con sus palillos personales y sus cuencos de loza, que lavan después de cada comida. Los autobuses de la compañía representan el único medio de transporte para los expatriados chinos, excepto para los altos directivos que tienen coches asignados a ellos. Los autobuses no se utilizan solo para el trabajo sino también para los desplazamientos de fin de semana al supermercado. Los sábados por la mañana, el autobús lleva y trae a los empleados al Shoprite local. Cuando trabajan en obras que se encuentran lejos, los empleados chinos no tienen días festivos oficiales. NFCA es la única compañía china que tiene un fin de semana de dos días; su subcontrata para los altos hornos sí tiene una semana de seis días laborales para los empleados chinos, con el domingo como único día de descanso para que el personal recupere sueño, haga la colada y hable con la familia y los amigos por internet. Generalmente hay unas mínimas instalaciones de recreo: una cancha de baloncesto e instalaciones para tenis de mesa y bádminton; los corredores lo hacen en círculos dentro del complejo residencial porque no se sienten seguros para correr por el vecindario. Algunas compañías tienen un toque de queda formal a las 8 de la tarde y la mayoría tienen una norma informal de que los empleados deben notificar a sus superiores si tienen pensado llegar más tarde de esa hora.

El aspecto de la cultura de la China House que resulta más sospechoso para los africanos es la ausencia de vida familiar. Solo una diminuta minoría de los expatriados chinos trae a sus cónyuges y niños a Zambia, mientras que la mayoría de los indios, sudafricanos y peruanos llegan con sus familias. La gente se pregunta cómo pueden los chinos soportar la ausencia prolongada de apoyo emocional y compañía íntima. Al principio, muchas compañías chinas tenían una norma que prohibía estancias largas a los miembros de la familia de los empleados. Cuando se hizo evidente su impacto negativo sobre la estabilidad emocional y la productividad laboral, las compañías o bien relajaron las restricciones para los altos directivos o proporcionaron ayudas para fomentar las visitas cortas. Desde el punto de vista de los empleados, tragar amargura exige sacrificios, y la separación de los seres amados es simplemente uno de ellos. También señalan el sistema de educación competitivo en la República Popular China y las exigencias del mercado de trabajo como las razones para no desarraigar a la familia entera. La compensación principal para estos sacrificios es su salario, que en general supera dos o tres veces lo que recibirían en China. Para los africanos y los expatriados no chinos, la separación prolongada de la familia representa otro ejemplo más del ascetismo extremo de los chinos, que indica una extraña vena de inhumanidad.

Sin embargo, los empleados chinos no se quejan abiertamente sobre lo que los demás considerarían condiciones anormales de confinamiento en la China House. Han llegado a aceptarlo como el precio que tienen que pagar por su seguridad en África, y lo ven como una versión en el extranjero de danwei, el modelo de célula de trabajo socialista. Están encantados con la comodidad de los sistemas empresariales de consumo colectivo, y con el tiempo y el dinero que ahorran. En algunas China Houses, la empresa mantiene la tradición de distribuir raciones extra de fruta, zumos, leche, champú y pasta de dientes en el día que los empleados denominan con humor «Día del socialismo». El Partido Comunista tiene una presencia discreta en las compañías estatales en Zambia, con reuniones de las células del partido para sus miembros, con el fin de recibir los documentos normativos importantes y las directivas de liderazgo. La disciplina del partido se refuerza también por medio de visitas regulares de Pekín. Por ejemplo, en el verano de 2013, el secretario para CNMC del Partido Comunista Chino, lideró una delegación para poner en marcha una campaña sobre «la frugalidad y la línea de masas» propuesta por los nuevos líderes chinos al mando de Xi Jinping. Los altos directivos fueron entrevistados uno a uno y los directivos de rango medio en pequeños grupos; se esperaba de ellos que hablaran en estas reuniones sobre cómo encajaría su estilo de trabajo con la línea actual del partido.

Los miembros más jóvenes son los que tienen mayor dificultad para adaptarse a la soledad y el control férreo. Al describir el trayecto matinal al trabajo como «ir de una prisión pequeña a una prisión grande», una contable en la treintena me contaba lo mucho que echaba de menos a su hijo pequeño y a su marido en China. Una joven técnica universitaria que trabajaba en el laboratorio químico de los altos hornos me contó que lloraba mucho porque no era capaz de soportar la vida que llevaba en Zambia, dedicada solo al trabajo: claustrofóbica, monótona y «sin sentido». «La vida después del trabajo sigue siendo trabajo», dijo, deplorando la falta de contacto con el mundo exterior. Un refugio habitual ante la anulación de la vida personal consiste en cocinar «ilegalmente» dentro del dormitorio, a lo que las compañías normalmente hacen la vista gorda. Preparar su propia comida los fines de semana, con un cocedor de arroz y un hornillo eléctrico, es un pasatiempo popular y una oportunidad excepcional para disfrutar de un espacio, estilo y sabor personal en un entorno controlado en todo lo demás. La dirección sabe que es humano permitir a los empleados un mínimo de libertad y un descanso de la comida de la cantina mes tras mes, para muchos, año tras año. Especias y comida deshidratada traída de China y cocinada siguiendo las recetas caseras procuran una satisfacción desmesurada. Por ejemplo, hacer dumplings caseros es un lujo que los chinos ofrecen a los amigos que les visitan los domingos, incluso a pesar de la complicación logística y el trajín que supone prepararlos sin disponer de una cocina de verdad.

En el sector de la construcción, las empresas públicas propiedad del gobierno central practican el mismo tipo de control sobre sus empleados chinos. Al contrario que los expatriados sudafricanos que viven en apartamentos en la ciudad, con servicio doméstico y un 4x4 personal, los trabajadores chinos de la construcción viven en alojamientos provisionales espartanos, a veces hechos de contenedores de carga. Cocinan sus propias comidas y, en las obras más lejanas, incluso crían pollos y cabras como fuente de carne. Los salarios se pagan generalmente trimestral o semestralmente, y a menudo se ingresan directamente en la cuenta del empleado en China por razones de seguridad, conveniencia y ahorro obligado. El resultado es que la dirección y los trabajadores chinos de la construcción disponen de poca moneda local para gastar y la lejanía de muchos proyectos refuerza la tendencia a minimizar las interacciones locales. Si nos basamos en un análisis de las estructuras de coste de los concursos ofrecidos por contratistas chinos y no chinos, parece que, en general, los gerentes de obra chinos cuestan un 30 por 100 menos que otros gerentes expatriados, debido a sus condiciones inferiores de vida y empleo, reseñadas bajo el epígrafe de «gastos preliminares y generales» en los expedientes de los concursos. Tanto los funcionarios zambianos como los gerentes chinos afirman que esta diferencia del 30 por 100 es la razón por la que sus pujas siempre mejoran las de los otros contratistas en términos de costes.

Otras vidas

También en la minería del cobre, el estilo de vida chino, monástico y recluido contrasta con el de otros expatriados. Hasta 2009, los expatriados indios que trabajaban para KCM en Chingola se buscaban su propia vivienda privada de alquiler, pero la compañía consideró que el mercado local no estaba suficientemente regulado para proporcionar estabilidad a sus empleados y finalmente construyó un complejo residencial para directivos indios de nivel medio, que los locales apodaron «Bombay Village». En 2013 se alojaban allí aproximadamente setenta familias, en pisos de tres dormitorios con una cocina de verdad y un salón. Al contrario que los chinos, la mayoría de los indios traen a sus familias a Zambia. Las amas de casa expatriadas organizan su propio club de señoras para hacer obras de caridad en las comunidades locales; los niños van a escuelas locales y se hacen amigos de sus vecinos. Las mujeres indias a menudo han tenido que dejar sus carreras profesionales de profesoras o enfermeras, por ejemplo, para que la familia pueda permanecer unida, a pesar de la pérdida de ingresos. Cada hogar tiene su propio coche y rutina diaria y hace su propia comida. Cuando los niños llegan al momento crítico de pasar a la escuela secundaria, toda la familia vuelve a la India o a otro país donde puedan encontrar educación de calidad.

En MCM, los expatriados se buscan su propio alojamiento en diferentes partes de Kitwe. No hay un distrito de alojamiento empresarial o colectivo. La necesidad de mantener la vida familiar (por ejemplo contratando personal de servicio de Zambia o conociendo a profesores zambianos por medio de la escuela de sus hijos) comporta más interacción con los zambianos locales que la de los chinos, cuyas vidas personales organiza la compañía de manera colectiva. Distribuidos por diferentes vecindades residenciales de la ciudad, los directivos expatriados de KCM y MCM se involucran también más en sus comunidades locales por medio de sus afiliaciones religiosas. Un directivo peruano de MCM que había trabajado en Zambia durante diez años explicó:

Las esposas [peruanas] que vinieron con sus maridos se ofrecen voluntarias para los orfanatos. La semana pasada celebraron un braai y donaron la recaudación para ayudar a los niños de la localidad. Yo estoy en la junta de una congregación católica que organiza clases para chicas, les enseña costura, francés e informática. Algunos chicos jóvenes peruanos incluso se echan novias allí.

Otra diferencia en el ethos de la dirección es que los expatriados de empresas privadas globales muestran una mayor ambición emprendedora. Un directivo de MCM tentado por KCM para un alto cargo rechazó la oferta tras enterarse de la tiranía del departamento comercial sobre el personal de producción en la empresa «india». Pero está abierto a otras oportunidades internacionales o locales, mientras que sus homólogos chinos encuentran muy difícil competir en un mercado laboral realmente internacional. «KCM intentó reclutarme en 2008 y Glencore me estaba tentando para ir al Congo con un sueldo irresistible», dijo sonriendo. «Me podría retirar dentro de unos pocos años con ese sueldo. Pero lo rechacé por mi familia y porque me encuentro bien en Zambia». Tras obtener su estatus de residencia me contó muy animado su plan de invertir en una casa de cuatro dormitorios de 120.000 dólares en una parcela grande en Kitwe.

Tras la reclusión de los expatriados chinos subyace un sentimiento de miedo e inseguridad palpable. Frente al mito de que las empresas chinas utilizan personal convicto (que a pesar del desmentido de Pekín y de una total falta de evidencia, se ha hecho viral en África y se ha difundido en los think tanks, los informes gubernamentales y los discursos de campañas electorales, así como en las páginas web populares) y otra publicidad negativa, que incluye un informe crítico de Human Rights Watch de 2011, los directivos chinos han optado por aislarse en un silencio impotente. Esos ataques culturales se ven como la confirmación de la victimización de China por parte de Occidente, un análisis histórico alimentado desde hace tiempo por el gobierno del Partido Comunista de China. El secretario del Partido en Chambishi Copper Smelter [Fundición del Cobre de Chambishi] expresó una forma de verlo bastante extendida:

China ha perdido todas las anteriores oportunidades históricas de desarrollarse tan rápidamente como Occidente desde la dinastía Qing, cuando Occidente tuvo su oportunidad de hacerse con los recursos del resto del mundo [...]. Después tuvimos el socialismo y la economía planificada, lo que nos proporcionó una buena base para el crecimiento económico actual. Véase India: quebraderos de cabeza, tan pobres, tan poca educación, malas carreteras... China está mejor gracias a la inversión estatal de la época de la economía planificada. Pero el cobre de China es de baja calidad, así que necesitamos ir al extranjero. Los medios de comunicación de Occidente hablan entonces de explotación. Esa es una palabra terrible. [...]. Porque nuestra mina llevaba abandonada mucho tiempo, tuvimos que invertir más que los otros y no podemos pagar salarios tan altos como MCM y KCM. Pero lo llaman explotación.

Los directivos de las empresas públicas chinas, que se han visto afectados por la crítica popular sobre la política nacional de «invertir fuera» de la República Popular China, son los únicos expatriados en Zambia que recurren a la doxa subalterna aprobada por el Estado que presenta a China como la víctima y adoptan el ethos de «tragar amargura» como la esencia de la identidad china. Esta ideología les proporciona empoderamiento cultural y alivio en un mundo hostil y extraño, aunque las fronteras culturales que levanta ofuscan la relación de explotación entre el capital estatal chino y ellos mismos como sus empleados.

4. China y la clase obrera de Zambia

Al evaluar el impacto de China, los intereses de las elites gobernantes tienen que ser considerados de manera separada de los de los trabajadores africanos. De manera similar, las cifras agregadas de crecimiento son indicadores muy pobres de las condiciones de vida de los africanos normales. Gracias a un fuerte aumento en los precios globales del cobre, empujado por el «super-ciclo» en la demanda de materias primas por parte de China e India, la tasa de crecimiento anual de Zambia registró una media del 7 por 100 entre 2006 y 2013. La inversión extranjera directa ha reactivado la producción y la creación de empleo en los sectores de la minería del cobre y de la construcción. A partir de 2011, la subida del salario mínimo del gobierno del Frente Patriótico ha beneficiado a los muchos zambianos que trabajan en empleos temporales mal pagados, mientras que el incremento de los impuestos sobre los derechos sobre el mineral y sobre los proyectos de infraestructuras rurales hicieron crecer la esperanza en una nueva época de prosperidad nacional. La euforia popular en las comunidades mineras se desvaneció pronto, sin embargo, cuando se hizo evidente que los ingresos fiscales iban a beneficiar a Lusaka, no al Cinturón del cobre. En las ciudades mineras como Kitwe, Chambishi, Chingola y Chililabombwe, la gente se queja a diario del deterioro de las carreteras llenas de baches, de las escuelas públicas con huelgas continuas donde no se paga a los profesores y de los hospitales sin medicinas. En las ciudades mineras densamente pobladas, los mineros viven todavía sin electricidad o alcantarillas. Las huelgas son prácticamente ilegales y las compañías mineras han instalado cámaras de vigilancia para identificar a los «instigadores» de reivindicaciones sindicales.

A los trabajadores zambianos, la distinción entre el capital estatal chino y el capital privado global, no les dice nada. Un régimen laboral basado en la explotación por medio de salarios bajos no es mejor que uno que se basa en la temporalidad y los despidos. Ambos conllevan la precariedad permanente, una realidad que está reestructurando el ámbito vital de la clase obrera zambiana. Al agarrarse a sus empleos actuales como pueden, muchos mineros del cobre (a menudo la única persona que tiene un salario en una familia con 6 o más personas dependientes) encuentran que sus responsabilidades económicas familiares están muy por encima de su capacidad de obtener ingresos. Una de las principales funciones de los sindicatos, desde la privatización de las minas y los recortes de los subsidios y las ayudas en especie, ha sido organizar microcréditos para sus miembros. Barclays, Bayport y Finance Bank se han encontrado con un mercado ávido entre la minoría de zambianos que tiene un contrato de empleo formal. Los préstamos se conceden con tasas de interés de aproximadamente el 20 por 100 y un periodo de amortización ligado a la duración del contrato del trabajador. Las compañías mineras llevan un sistema de deducción automático para pagar a los bancos directamente de la nómina de los trabajadores.

De acuerdo con los sindicatos y los directores de recursos humanos, más del 90 por 100 del personal ha solicitado por lo menos un préstamo. Muchos de ellos se quedan con la paga a cero tras aplicar todas las deducciones, dejándoles poca motivación para incluso presentarse a trabajar. Cuando los préstamos con mediación de la compañía no son suficientes, muchos recurren a «shylocks» (tiburones usureros que aplican un interés del 50 por 100 con un periodo de devolución de un mes) y acaban por encontrarse envueltos en la trampa de la deuda. Tanto los sindicatos como las gerencias se quejan de que los mineros malgastan su dinero en bebida, mujeres y coches de segunda mano, con conflictos matrimoniales, absentismo y baja productividad como consecuencia. Otros utilizan los préstamos para invertir en negocios paralelos tales como la cría de pollos, un puesto en el mercado o un taxi. Pero la mayoría de estas aventuras no sobreviven al más mínimo capricho del mercado y terminan en pérdidas económicas que requieren más préstamos.

¿Ex proletarios?

En una visita a los mineros en la ciudad minera del yacimiento de KCM, me encontré con una situación absurda: había coches particulares aparcados junto a chabolas improvisadas, con tejados endebles sujetos precariamente con piedras o sacos de arena. Un sábado por la tarde, con toda la ciudad congregada en el estadio para ver un partido de fútbol local, las carreteras estaban repletas, parecía un desfile de coches de segunda mano. Estaba con un delegado sindical apodado CNN, que había trabajado en la mina subterránea de Nchanga durante veinte años. Había visto de todo, ya que había trabajado en la compañía estatal zambiana ZCCM, en Anglo-American y ahora en Vedanta. Pero su principal fuente de ingresos durante los últimos trece años no había sido su empleo en la mina sino su tienda de reparaciones de televisores (de ahí el apodo). En un pequeño local alquilado al club de tenis privatizado, se apilaban en las estanterías viejos reproductores de VHS y los televisores entregados por sus clientes se amontonaban por todas partes. Su sueldo neto era aproximadamente un millón de kwachas, alrededor de 200 dólares, pero el negocio de reparación le reportaba tres millones de kwachas al mes, o sea 600 dólares. Se quejaba de que el modo de pensar de los mineros hoy en día era muy diferente al del pasado; no había compromiso con la minería ni ilusión por depender de las minas para la seguridad, o del gobierno.

Otro minero de KCM, Chilando, resumió el cambio en la forma de ver el mundo: «Estamos pasando de la cultura del empleo a la cultura del emprendedor. Dependemos de nosotros mismos. No hay seguridad en los empleos». Como minero de segunda generación, su experiencia es emblemática del cambio radical en las condiciones y la mentalidad de los trabajadores zambianos. Su padre trabajó como minero en una explotación subterránea en Luanshya y volvió a su pueblo como campesino cuando se retiró en 1979: una trayectoria típica en aquella época. Nacido en la ciudad, Chilando no tienen un pueblo al que volver. Consiguió un trabajo en ZCCM en 1996 con 24 años de edad como minero. Recordaba pensativamente y con precisión:

Paseaba por la ciudad un día cuando topé con la visita de Chiluba a Nchanga para anunciar la privatización de las minas y la venta de las viviendas a los inquilinos. Estaba haciendo politiqueo y la gente le aplaudía. La gente nunca había imaginado llegar a ser propietaria de sus propias casas. Al ser un trabajador de nivel 8 y soltero, yo estaba al final de una larga lista de espera. Después de que vendieran todas las casas, me di cuenta de que me había quedado sin casa... Chiluba prometió un futuro de color rosa que nunca se hizo realidad. Pero ahora no vemos ningún futuro [...] estoy utilizando mi préstamo de 800.000 kwachas para construir una casa. Una vez que asientas a tu familia y no tienes que pagar un alquiler, puedes autoemplearte. Me atreveré a montar mi negocio cuando construya mi casa. Los préstamos que tenemos ahora son buenos para progresar porque nos ayudan a construir nuestras propias casas, comprar coches e invertir en oportunidades de negocio para nosotros o nuestras mujeres.

La brecha generacional marcada por la privatización funciona como una división fundamental entre los mineros zambianos. En Chambishi hay una profunda grieta entre los mineros veteranos, que comenzaron sus carreras bajo el sistema de propiedad estatal y se beneficiaron de las ventas de viviendas de ZCCM, y sus homólogos más jóvenes que perdieron el tren. La división es patente en las formas de residencia y en la desigual capacidad financiera para emprender una actividad económica. En la zona urbana de Chambishi, se encuentran las viviendas más antiguas y más agradables, construidas en la época de ZCCM, con electricidad y alcantarillado. Algunos de estos mineros veteranos poseen los medios económicos para llevar pequeños negocios, vender alimentos y tarjetas de recarga de teléfonos móviles o proporcionar recambios o servicios a las minas. Ex sindicalistas llevan ahora una pequeña asociación de negocios desde sus hogares. Otros se han trasladado a otros lugares alquilando sus viviendas para generar ingresos. Justo al lado de la ciudad destaca el suburbio donde viven los mineros más jóvenes y los trabajadores temporales. Las chabolas de mala calidad se amontonan entre las aguas residuales y toda la zona está inundada de bolsas de plástico blancas que los residentes juntan como vallas para crear un poco de privacidad. No hay electricidad ni agua corriente en las casas. La pobreza abyecta está a plena vista: niños demasiado pobres para ir a la escuela, hombres y mujeres jóvenes que se beben la vida en antros bulliciosos de la vecindad donde sirven destilados caseros fuertes y tirados de precio. Esta brecha, que se basa en la diferencia generacional, el estatus de empleo y el bienestar económico, fragmenta incluso el segmento más organizado de la clase obrera desde dentro.

La llegada de inversión extranjera y las cifras de crecimiento que inspiran la retórica de una África que «progresa» coexisten de manera incongruente con la creciente precariedad en el empleo y en las condiciones de vida. A pesar de la subida de los precios globales del cobre, la mayoría de las comunidades mineras siguen inmersas en una profunda pobreza. El aumento de los impuestos no se convierte necesariamente en más gasto social, igual que el crecimiento económico acumulado no siempre trae mejores condiciones de vida para la gente.

5. Límites y comparaciones

La «China global» no es ni una potencia hegemónica imperialista temida y condenada por Occidente, ni el socio igualitario del desarrollo ventajoso para todos proclamado por Pekín. Al abrir la caja de Pandora de las «variedades de capital», esta investigación ha sostenido que el capital estatal chino tiene una lógica peculiar, unas prácticas y un ethos propio, diferente al del capital privado global. La experiencia de Zambia durante los últimos quince años indica que el capital estatal chino puede ser a la vez más flexible y más peligroso para el desarrollo africano que el capital privado global de maximización de beneficios, dependiendo de la voluntad política de la elite gobernante local y la fuerza negociadora de los trabajadores organizados; la comparación entre la minería del cobre y el sector de la construcción coloca en primer plano la centralidad de políticas diferenciadas por sectores, en ambas partes. También está claro que los inversores estatales chinos ni tienen capacidad para debilitar el orden neoliberal dominante ni ningún interés en reemplazarlo.

Varios estudios recientes coinciden con la defensa presentada aquí de que los resultados de la inversión china en África vienen determinados por la improvisación y la negociación en escenarios político-económicos específicos. Incluso en el mundo en vías de desarrollo, no hay garantía de que el dominio chino pueda comprarse con inversión masiva por parte de Pekín. Al desenmascarar lo que los medios de comunicación occidentales han vendido como el «modelo de Angola» (la concesión por parte de China a Angola de «préstamos garantizados con petróleo», intercambiando recursos por infraestructuras) Lucy Corkin ha sacado a la luz la formidable capacidad negociadora de la elite angoleña en sus tratos con China. Desde la fijación del precio de su envío de petróleo a la República Popular China hasta el bloqueo del acceso de las compañías chinas a la propiedad de los campos de petróleo angoleños, la negociación de un contenido local superior en los préstamos ventajosos y la diversificación de sus líneas de crédito internacionales, la elite política angoleña se sabe defender. Su agencia, autocrática y corrupta pero bregada en décadas de participación en la Guerra Fría por delegación, tiene que ser tenida en cuenta en cualquier discusión sobre China en Angola.

En Sudán, tal como Luke Patey ha señalado, las compañías de petróleo chinas han tenido que manejarse en un terreno político mucho más traicionero, negociar y a veces plegarse a los líderes locales. Fue Jartum el que echó a los intereses petroleros de Estados Unidos e impuso un acuerdo compartido a los inversores chinos, malayos, canadienses e indios para desarrollar los campos de petróleo sudaneses. Como CNMC en Zambia, la Corporación Nacional de Petróleo de China se lanzó al extranjero a mediados de la década de 1990 con poca experiencia internacional y una tecnología relativamente atrasada. Sus directivos estaban «totalmente perdidos» según los ejecutivos del petróleo occidentales, y utilizaron Sudán como campo de pruebas para una expansión global más amplia. La empinada pendiente de aprendizaje que tuvieron que remontar incluyó una guerra civil, ataques armados por parte de las comunidades locales y negociaciones con el régimen recién establecido y precario de Sudán del Sur. También en América Latina, estudios recientes comparados de la inversión estatal china en la minería y el petróleo ponen de relieve los límites de la estrategia económica de Pekín, debido a las estructuras institucionales de las diferentes industrias y los mercados de recursos, y a la capacidad reguladora de los países anfitriones respectivos.

El análisis de los intereses fragmentados y competitivos de los actores estatales chinos (por ejemplo, los intereses corporativos del Banco de China para el Desarrollo y de las compañías petroleras nacionales contra los intereses estratégicos de Pekín) también nos previene contra la conclusión fácil de que la «China global» es una estrategia a gran escala, desplegada a la perfección y con eficacia por un Estado-partido autocrático en Pekín. De vuelta a Zambia en el verano de 2014, cuando el director chino responsable de la Zona Económica Especial de Chambishi miró por la ventana de su suntuoso despacho, pudo apreciar muchas fábricas vacías a la espera de inversores que las ocuparan. El tiempo dirá si la Zona prosperará o decaerá, pero por el momento parece que el Estado chino no ha conseguido que su capital haga realidad los sueños de desarrollo de los zambianos.

P.-S.

Este artículo pertenece al número 89 de la versión en castellano de la New Left Review, editada por Traficantes de Sueños en colaboración con la Secretaria de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador.

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