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¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista

Miércoles 2 de octubre de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: ¿Dónde está mi tribu?

Recopilación de reseñas

Ha llegado el momento de que determinados libros sobre maternidad y crianza salgan del gueto de las secciones de sociedad de los periódicos y de las estanterías de autoayuda de las librerías. La filósofa Carolina del Olmo publica “Dónde Está mi Tribu”, un ensayo audaz y crítico de la maternidad en tiempos del fiasco neoliberal.

En un bando, la militancia pro-niño con sus banderas de la lactancia a demanda y el colecho, donde a los adultos sólo nos queda plegarnos a las necesidades de nuestros hijos. De otro, la armada pro-adulto, que ve a los niños como unos seres viciosos y egoístas a los que los padres tenemos que corregir hasta que quepan en el traje que la sociedad quiere que lleven. Y en todas partes expertos y más expertos que vienen a decirte cómo tienes que criar a tu hijo y que colocan su saber por encima de la experiencia cotidiana de tantos padres y madres.

¿Son estas todas las respuestas que podemos dar a un fenómeno tan complejo como la maternidad? ¿No hay más marco de reflexión que el binomio madre-hijo? ¿Qué hay de la maternidad como hecho social y compartido?

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Dice el proverbio africano que “Para criar a un hijo hace falta toda la tribu”, pero en Occidente nos hemos quedado sin ella. Ha desaparecido ese clan que hasta no hace tanto tiempo apoyaba la crianza: las mujeres de la familia, los hermanos mayores, incluso las vecinas.

¿Cómo está sustituyendo la familia nuclear esa red de apoyo? ¿Cómo está afectando este fenómeno a las mujeres que, además de cuidar, tienen un trabajo remunerado y una vida social?

Más en el blog de Carolina del Olmo.


Crítico y divertido a la misma vez, y capaz de poner en duda la cultura profundamente axiomática del embarazo y la crianza, temas que cultivan dogmas y bandos como quizás solo el fútbol sea capaz, este ensayo sobre la maternidad en tiempos de individualismo y de desilusión capitalista matiza cada uno de los puntos calientes de una experiencia que define profundamente quiénes somos como sociedad. “No sé si hay más dogmatismo ahora que antes, pero sí creo que nos afecta más porque no tenemos tribu, no tenemos tradición y estamos faltos de referentes. Casi el primer bebé que vemos en nuestras vidas es nuestro hijo. Me atrevo a decir que nuestra generación está peor preparada para ser padres”. Mucho Facebook y poca tribu.

Poca duda cabe de que la utopía neoliberal hace aguas, pero ¿qué pinta la maternidad en medio de este entuerto? “Cada día acusamos la incompatibilidad entre nuestras necesidades antropológicas y las componendas a las que nos vemos obligados para acoplarnos a la dictadura de la economía. Por eso la maternidad es una plataforma excelente para examinar las contradicciones que genera el imperio del mercado en nuestras sociedades”, escribe del Olmo en su libro. Y continúa, un poco más adelante: “La llegada de un hijo nos hace violentamente conscientes de la fragilidad intrínseca del ser humano, y de su carácter social o relacional, de la imposibilidad del individualismo llevado a su extremo”. Dicho de otro modo, ya no por escrito, sino con la inestimable ayuda de una relaxing cup of café con leche: “La maternidad es un punto de vista privilegiado para defender la revolución, para ir a por un cambio muy muy gordo a nivel social”.

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De hecho, del Olmo se la juega al apostar “por un mundo de madres”, o lo que sería lo mismo, un mundo de cuidadores y cuidadoras. “Es intolerable la identificación de mujer-madre, eso de que si no eres madre no eres una mujer completa, pero también es intolerable lo contrario: que te empaqueten el mito de la mujer trabajadora una vez más como la única salida posible. En realidad lo que habría que cuestionar es que alguien sea persona sin ser madre (sea hombre o mujer), es decir, sin cuidar, sin comprender la red de dependencias que nos unen, sin entender a fondo la vulnerabilidad, ni que los cuidados son la base misma de la organización social y que es algo que está permanentemente amenazado. La ética del cuidado es el punto cero de la sociabilidad”.

Lejos de propagar las teorías biologicistas que reducen la cuestión de la crianza a un asunto meramente hormonal, Del Olmo reivindica el costado político de esta nueva crianza del apego, que constituye “una oportunidad de oro para convertir la maternidad en un asunto de amplia repercusión social”, alejada por fin tanto de las garras del feminismo clásico como de las leyes de la economía de mercado.

Artículo completo en PlayGround Magazine.


Con ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista he reflexionado y disfrutado mucho. Pero he echado de menos un análisis diferencial o, al menos, una acotación inicial sobre el hecho social de ser madre o ser padre. Aunque, por suerte, la tendencia se está invirtiendo, hoy en día la gran mayoría de los señores padres no echan de menos ninguna tribu porque ya está la madre para asumir esas funciones. Y, en cambio, a buena parte de las madres, la existencia de una red densa de mujeres y niños pequeños contribuyendo al cuidado del bebé, le cambiaría esos primeros meses o años de una forma drástica. Incluso, amoldándonos al miserable marco de la sociedad actual, sería suficiente con la mera existencia de un padre 100% corresponsable y que pudiese acogerse a una baja de paternidad.

Porque, por muchos avances hacia la igualdad que se hayan producido, también en el campo de las relaciones interpersonales, la posibilidad de la maternidad y las expectativas sociales en torno a ella no impactan del mismo modo ni con la misma intensidad en las mujeres que en los hombres. La autora hace una defensa de la maternidad que pasa de puntillas y en ocasiones con trampas por el enorme caudal de reflexiones que desde el feminismo se ha realizado sobre este hecho biológico de enormes consecuencias sociales. El ejemplo del campesino murciano de la primera mitad del siglo XX que le dice al antropólogo Joan Frigolé que “no es hombre quien permite que sus hijos se acuesten sin haber comido en todo el día” no sirve para justificar una supuesta simetría en el papel que juega la paternidad y maternidad sobre la identidad de hombres y mujeres.

Este fin de semana se ha reivindicado el (aún inalcanzado y ya en peligro de desaparición) derecho al aborto. Esto es, el respeto y garantía de los derechos sexuales y reproductivos y, concretamente, del derecho de las mujeres a elegir cuándo y cómo quieren ser madres. O no serlo. La lucha por el derecho al aborto implica la defensa de una maternidad libre, elegida. ¿Cómo se combina esta demanda central de todos los feminismos con la crítica a la visión de la maternidad como una opción más en el supermercado hiperconsumista?

Obviamente, y como refleja con gran sentido del humor y perspectiva subversiva Carolina del Olmo, la maternidad es una circunstancia que vuelve dolorosamente presentes las profundas contradicciones de un sistema que no pone la vida en el centro, sino que la desprecia y destroza. Y, como señalaba con otras palabras Belén Gopegui en la presentación del libro, no es sano adaptarse a una sociedad enferma. Pero, quizá, no es imprescindible o intrínsecamente mejor, como se posiciona finalmente la autora, dar el pecho que el biberón ni que nuestra criatura pase más tiempo en casa que en la guardería. Todo dependerá de qué tipo de hogar y qué proyecto de escuela infantil.

Reseña completa en el blog Disidencias Cognitivas.

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