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Del fascismo al antimilitarismo: una entrevista con un exsoldado turco

Lunes 30 de mayo de 2016. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Rojava Azadi Madrid

Por Tom Anderson y Eliza Egret

Yannis Vasilis Yaylali se crió como un orgulloso nacionalista turco. En un entorno fascista, se unió al ejército turco en los años 90, en un tiempo en que Turquía estaba desarrollando sus más brutales ataques nunca realizados contra la población kurda. Yannis estaba ansioso por “ir al este y luchar contra los kurdos”. Después de sólo unos meses en el servicio militar, fue capturado por milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y estuvo dos años como prisionero de guerra. Yannis se transformó completamente por esa experiencia. Actualmente habita en Roboski en Kurdistán del norte, Bakur, (sudeste de Turquía), donde vive como un activista por la solidaridad con Kurdistán. También forma parte de la Asociación de Objetores Conscientes, la cual presta su ayuda y solidaridad a aquellos que rechazan realizar el servicio militar obligatorio turco. En enero de 2016 fue sentenciado a siete meses en prisión por “alienar a la población sobre el servicio militar”. Nos reunimos con Yannis en Roboski, en julio de 2015 y le entrevistamos acerca de su vida.

¿Nos puedes contar cómo creciste?

“Nací en 1974 y mi nombre de nacimiento era Ibrahim Yaylali. Crecí en la región del Mar Negro, en Bafra, provincia de Samsun. Bafra estaba dividida en dos zonas. El oeste era fascista y racista, y el este era socialista. Nací entre personas fascistas. En aquel tiempo los viejos fascistas luchaban contra la policía y eran como héroes para nosotros. El Partido de Acción Nacionalista (MDP), un partido político de extrema derecha religioso y nacionalista estaba siempre a nuestro alrededor.

En aquellos días, las películas del oeste se emitían continuamente en la televisión. En esas películas los nativos americanos eran malos y los cowboys eran buenos. Cuando jugábamos como niños en la calle, los malos eran siempre los socialistas o los indios americanos. Ninguno queríamos ser ellos. Sólo los débiles jugaban a serlo. Yo seguía a los héroes equivocados en aquellos días. Crecí con ideas equivocadas.”

¿Cómo fue tu vida escolar?

“En la secundaria tuvimos lecciones militares. A mis amigos fascistas les encantaban esas enseñanzas militares pero los socialistas rechazaban estar en clase. Los oficiales nos enseñaban acerca de las armas, y aprendimos a andar como soldados. En la escuela nos repetíamos a diario: “soy turco, estoy orgulloso de ser turco”. Cantábamos el himno nacional los lunes y viernes. Nos decían tanto en clase como en los libros escolares, radio y TV que los armenios, kurdos y griegos eran mala gente.

Cada verano durante las vacaciones escolares yo iba a la mezquita para aprender el Corán. Me hubiera gustado haber aprendido sobre mis orígenes reales griegos. Sin embargo lo aprendí todo sobre los turcos y me decían que yo era turco.”

En Turquía, todos los varones deben realizar el servicio militar obligatorio. ¿Puedes contarnos sobre este tiempo en el servicio militar?

“En abril de 1994 fui a realizar el servicio militar obligatorio en Isparta, a una unidad de entrenamiento de comandos de montaña. Entonces tuve la opción de ir a Chipre y me dije “¿cómo hemos llegado hasta aquí para acabar yendo a Chipre?. Yo quiero ir al este y luchar contra los kurdos, luchar contra los terroristas y proteger nuestro país”. Así que fui a Mardin. Las guerrillas del PKK atacaron nuestro autobús en el camino pero no nos hirieron. Sólo buscaron asustarnos.”

En los años 90 el gobierno, que consistía en políticos racistas, comenzó a desarrollar una guerra sucia. El JITEM (el ala de Inteligencia y Contraterrorismo de la Gendarmería) era una organización legal pero que realizaba actividades ilegales, asesinando y secuestrando gente, especialmente en Kurdistán. Todavía hoy la gente siente miedo cuando escuchan a alguien decir “JITEM”.

Yo era francotirador en el ejército. Tenía un rifle letal de francotirador MG3. Tuve algún premio como tirador. Fui afortunado ya que al final no tuve la opción de matar a nadie. Me entrené durante dos meses y después fui al monte Gabar, en Şırnak, Kurdistán.

Esa base militar en la montaña se situaba sobre tres pueblos.”

¿Qué hiciste allí?

“Metíamos presión sobre los habitantes kurdos para que no ayudasen a las milicias del PKK. No les dejábamos cosechar sus campos. Limitábamos su comida porque sabíamos que parte de su excedente se lo entregaban a las milicias. También buscábamos empujar al hambre a la población. Incluso aunque rodeábamos las poblaciones, les acusábamos de ayudar a las milicias. Torturamos y golpeamos a la gente. Aunque no fuesen parte de la guerrilla les presionábamos para convertirse en paramilitares rangers [una organización paramilitar desarrollada en las poblaciones kurdas, también conocida como “guardianes de los pueblos”]

¿Nos puedes contar sobre el papel de estos paramilitares?

“En cada lugar los paramilitares trabajan de forma diferente. En algunas regiones no hacen gran cosa, en otras luchan junto al ejército contra las milicias del PKK. Hay dos tipos de paramilitares: uno es el que ha sido coaccionado para estar ahí, y luego están los que lo hacen voluntariamente. Algunos paramilitares usan su poder y armas para matar al pueblo. Muchos ocupan y se apropian de las tierras de la gente, como en Cizre. A todos se les proporcionaron armas.

Los paramilitares no tienen cobertura sanitaria o pensión de jubilación. En algunas ciudades como la que vivo ahora, estos paramilitares no usan sus armas salvo en algunas celebraciones. Cuando veo paramilitares aquí soy consciente de que han sido coaccionados y forzados a ellos, y no consigo entenderles.”

¿Estuviste involucrado en el incendio de pueblos? [miles de pueblos kurdos fueron incendiados y borrados del mapa por el ejército turco en los años 90]

“Sí. La población de dos aldeas huyó, y esas aldeas fueron incendiadas por el ejército. Pero el pueblo de una aldea dijo “Nos da igual lo que hagáis, no nos marcharemos.” Golpeamos a los habitantes hasta que les forzamos a abandonar sus casas. Otra unidad militar llegó después nuestro y calcinó la aldea.

Un par de días antes de haber forzado a la población a marcharse habíamos ido allí por comida. Un anciano kurdo nos dio miel, almendras y calcetines de lana y nos dijo que no quería dinero a cambio. Le forzamos a coger el dinero.

Cuando días después quemamos el pueblo, busqué a ese tipo. Estaba preocupado por él. No le pude ver. Cuando las cosas se calmaron volví a la casa a buscarle pero no le pude encontrar. Estuve en shock. Un alto oficial vino y me golpeó y me envió de vuelta a mi unidad. No teníamos permitido por el gobierno y el ejército ninguna comunicación con los habitantes para que no pudiéramos comprobar la realidad de la buena gente que era.

He escuchado montones de historias sobre civiles torturados, sobre cómo se les han cortado partes de sus cuerpos, pero no lo he visto en persona.

El ejército nos hacía permanentemente comentarios negativos y racistas sobre los kurdos y sus milicias con el fin de lavarnos el cerebro. El ejército no hacía ninguna separación entre las milicias y la población civil. Nos decían que eran lo mismo. Necesitaban lavarnos el cerebro para que no cuestionásemos nada.”

¿Cómo era el trato que el ejército turco hacía a las milicias del PKK capturadas?

“Delante de mí el ejército arrojó desde un helicóptero a un guerrillero del PKK y murió. También cortaron las orejas de otros milicianos. Yo vi a un militante del MHP con un collar hecho a base de orejas cortadas de guerrilleros del PKK. Me crie y crecí para ser un completo racista pero pensé “¿qué estamos haciendo?”

Mientras estabas en el ejército fuiste capturado por las milicias del PKK. ¿Puedes contarnos qué sucedió?

“En septiembre, cinco o seis meses después de ingresar en el ejército, fui capturado por las milicias del PKK, cerca de aquí, a unos 30-40 kms. Antes de esto, treinta o cuarenta militares del ejército habían muerto en una operación contra el PKK. Fuimos enviados como refuerzo. Estuvimos tres días en una operación hacia una montaña llamada Kale Mehmet para empujar a las milicias. 500 soldados buscándolas durante dos días. Los rangers nos habían dicho que había milicias en una zona determinada pero no les creímos realmente. Un pequeño grupo de nosotros (veinticinco o veintiséis) fuimos para allá. Llegamos a la cima de la montaña, listos para una pequeña batalla y equipados con sacos de arena. Estaba oscuro y llovía.

Entonces alrededor de las 6 o las 7 de la tarde escuchamos balas por encima de nosotros. Las milicias estaban disparando. Pero no directamente hacia nosotros: ellos buscaban que retrocediésemos. No estaban buscando matar soldados ya que eso nos convertía en mártires para ser glorificados por el ejército y los funerales se convertían en una gran ocasión para hacerlo. Con ello el nacionalismo turco podría alimentarse.

Fui alcanzado justo encima de mi rodilla. Corrí y caí con mi mochila en la oscuridad. Me desmayé junto a la orilla de un río. Así quedé durante horas. No podía ponerme en pie y mi otra pierna también estaba herida.

Por la mañana temprano crucé el río y me arrastré para intentar llegar a una aldea quemada. Había perdido sangre y necesitaba comida. Usé una camiseta como venda en mi pierna. Comí margarina que encontré en la aldea incendiada. Pensé que iba a morir y sabía que las milicias estaban alrededor. Me habían dicho que no me capturasen vivo. “Te van a desollar vivo!” me habían dicho, “que no te capturen con vida!”. Guardé una granada para lanzar a las milicias y otra para matarme. Me escondí en una casa. Escuché algo y con mi mano agarré la granada, pero era un gato que también estaba buscando comida.

Dejé la aldea quemada y subí hacia una pequeña cueva. Mientras estaba durmiendo en la cueva la segunda noche, una guerrillera llegó. Ella estaba recogiendo leña. Intentó despertarme moviéndome enérgicamente. Fue la primera vez que yo veía una mujer guerrillera viva. A menudo había visto milicianas muertas. Intenté arrojarle la granada de mano pero no la pude encontrar. Ella llamó a otras milicianas y llegaron junto a mí. Me dijeron que me relajase y alejaron las granadas de mí. Me dijeron “somos kurdas del ARGK [actualmente HPG, las milicias del PKK]. Eres un prisionero de guerra”. Esperaba ser ejecutado y me puse a imaginar la forma en que me matarían.

Me levantaron y me ayudaron a caminar. Me llevaron hasta un pequeño campamento. Las milicias estaban preparando la comida junto a la ribera de un río. Tenían el fuego encendido pero nadie podía verles. Şerif Goyi vino y me dijo “eres un prisionero de guerra y respetaremos la Convención de Ginebra.” En 1994 el PKK puso en práctica la Convención de Ginebra y un año después la firmó oficialmente.

Şerif Goyi me dijo: “cuando las condiciones sean mejores te ayudaremos a abandonar el país, y quizá tú puedas irte a Europa.” En Turquía, si un soldado es capturado por el PKK es visto como un débil y no recibe ninguna ayuda del gobierno.

Las milicias declararon en un mensaje radiofónico: “hemos capturado a Ibrahim”. Es lo que el ejército y los soldados turcos pudieron escuchar de forma que pudieron saber que yo no había huido.

Un par de días más tarde fui llevado a un campamento en mula. Había un miliciano muerto, envuelto en una sábana, y también estaba siendo llevado en otra mula. Cuando llegamos al campamento guerrillero, cerca de la frontera –entre Roboski y Uludere- nos encontramos que el campamento estaba siendo bombardeado. Los milicianos se encontraban calmados y sin embargo yo entré en pánico. Cruzamos la frontera al Kurdistán sur, Bashur [Kurdistán iraquí] y llegamos a otro campamento guerrillero.

Cuando llegamos, me metieron en una cueva del tamaño de una habitación. Podía andar un poco fuera de la cueva, pero no muy lejos. Querían comprobar si yo era un militar profesional o bien un soldado en el servicio militar obligatorio. Mustafa Karasu [Vicepresidente del PKK] vino y me dijo: “Tú no eres un soldado profesional.” Me habló del PKK, por qué tenían que defenderse a sí mismos, y me habló de la colonización y asimilación que el estado de Turquía había realizado con la población kurda.

Durante mi primera semana en el campamento, la Cruz Roja vino y comprobó el estado de mi pierna. Escribió un informe de mi situación y yo pude escribir una carta a mi familia. Esa carta fue entregada a mi familia unos meses más tarde pero no creían que fuese realmente mía. En la carta les decía que estuviesen tranquilos, y ellos pensaban que no era mi carácter, tal como yo era y provenía de un pueblo fascista y agresivo. Unos meses después llamé a mi familia y ellos seguían sin creer que yo estuviera capturado. Habíamos sido enviados a la guerra y ninguno pensamos que pudiéramos ser capturados. Ellos seguían pensando que yo estaba en una operación en las montañas.

En el ejército siempre había experimentado violencia contra la población civil. He visto gente convertida en pedazos por un helicóptero militar. Yo vomitaba y el ejército decía: “¿No sois turcos? ¿No sois hombres?” Todo estaba siempre basado en la violencia.

Cuando fui capturado pude comparar los dos diferentes comportamientos. Siempre nos habían dicho que el PKK eran terroristas muy violentos. Comencé a ver que los milicianos y milicianas procedían siempre de forma muy respetuosa y siempre se escuchaban unos a otros. Cuando me convertí en soldado los militares eran héroes para mí. Pero cuando llegué a los cuarteles del ejército turco fui tratado como un animal. Llegué a pensar que había algo personal entre los oficiales y yo. Y en el lado opuesto, cuando estuve en el campamento guerrillero, las milicias eran muy respetuosas; ellas escuchaban.

Nada más unirme al ejército turco los soldados veteranos me querían obligar a lavar su ropa interior. Siempre tenía discusiones con ellos. En la guerrilla era lo contrario. Los milicianos nunca me dijeron lee esto o haz esto. Incluso me dijeron que podía izar una bandera turca si lo deseaba. Observé su vida social y esta comparación entre el ejército y las guerrillas me ayudó a transformarme. Durante 20 años de mi vida estuve rodeado por la violencia.

Después de dos meses me dijeron que psicológicamente no era bueno para mí estar solo. Me dijeron que me llevarían a otro campo con otro soldado prisionero que había perdido un ojo. Su nombre era Mustafa Özülker, así que me uní a ese grupo. Los milicianos y yo teníamos discusiones políticas. Durante ocho meses permanecí con ellos en ese segundo campamento. Yo siempre les hablaba de Kemalismo y Atatürk [Mustafa Kemal, Atatürk, fundador de la actual República de Turquía], y los guerrilleros pacientemente me escuchaban. Intenté imponer mis fascistas puntos de vista en ellos, quería cambiar sus mentes. Yo defendía a Atatürk y la ideología del estado turco.

Un periódico turco publicó un artículo que se leyó en el campamento, en el que el periodista me acusaba, diciendo que yo me había unido a las milicias del PKK voluntariamente y que no había sido capturado. Decía que yo había tenido relaciones con el PKK antes de ser capturado.

En diciembre de 1996, después de dos años y tres meses, fui liberado. Yo les dije que no quería regresar a Turquía. En aquellos días había un alto el fuego. Pero el alto oficial del PKK me dijo que yo podía ser muy útil. Que si un soldado hablaba, eso podía dar una mayor visibilidad y sensibilizar sobre la violencia del estado contra el pueblo kurdo. La Cruz Roja escribió un informe sobre mí.”

¿Qué ocurrió cuando fue liberado?

“Fui arrestado. Otros siete soldados también habían sido capturados pero la mayoría de ellos no cambiaron sus puntos de vista racistas, aunque Mustafa, con quien yo había sido capturado, sí cambió su forma de pensar. Los otros hicieron informes sobre mí, sobre cómo yo había hablado positivamente acerca del PKK. Durante tres meses y medio fui torturado en una prisión militar. Usaron chorros de agua a presión contra mí. Me sumergieron en barriles llenos de agua. Al sumergirme en agua, mi piel no mostraba señales de daño por mucho que me golpeasen. Las prisiones militares son mucho peores que cualquier otra prisión en Turquía. Los guardias dormían en la misma habitación que yo junto a otras diez o quince personas.

Mi caso fue llevado al Tribunal Supremo tres meses y medio después. Gracias al informe de la Cruz Roja, ellos no pudieron hacer nada. Ellos tenían la esperanza de poderme juzgar por formar parte de una organización terrorista, pero el informe de la Cruz Roja explicaba claramente que yo había sido capturado por la guerrilla. La guerrilla también había anunciado mi captura. Mi caso fue el primero de esta naturaleza en Turquía así que no sabían muy bien qué hacer.

El Tribunal dijo que yo debía ser liberado pero a pesar de todo fui retenido otros tres meses y medio en un complejo militar junto a la prisión.

Estuve en el ejército turco durante cinco o seis meses, y a continuación estuve unos dos años con las milicias, así que en realidad debería ser liberado de mi servicio militar. Pero ellos me obligaron a completar dieciocho meses en el ejército turco. Me encontraba como en una prisión.

Yo no quería ir de nuevo al ejército. Me llevaron a Mardin, la que fue mi primera base. Les dije que no me llevasen ahí. Me llevaron a los sótanos, a una celda de torturas y vi sangre sobre el piso. Me colgaron de mis manos amarrado a unas tuberías hasta la mañana siguiente. Después me esposaron y me trasladaron a la base militar de Siirt. Entonces me enviaron a los soldados que habían realizado informes contra mí. Rechacé tomar un arma y el oficial me amenazó con que me mataría. Otros oficiales vinieron me ordenaron ir a la instrucción militar y respondí que no.”

¿Qué hiciste cuando por fin el ejército te liberó?

“Después regresé a mi ciudad natal de Bafra. La policía habló con los vecinos y con los grupos fascistas locales para que estuvieran atentos conmigo, que me vigilaran, me espiaran, ya que yo era integrante de una organización terrorista. La policía vino a mi casa en varias veces a registrar. Yo tenía libros de Öcalan [Abdullah Öcalan, líder del PKK] y la policía los confiscó. Recuerdo que mi padre se sorprendió de que los libros de Öcalan no eran ilegales, ya que la policía los devolvió.

Mis padres me dijeron que mientras yo había estado desaparecido, ellos habían preguntado al ejército sobre mi paradero y si el ejército sabía dónde me encontraba. El ejército les respondió que no tenían absolutamente nada sobre mí. Un familiar, que a su vez es oficial, le dijo a mi padre que fuera al cuartel general del ejército. Mi padre fue a Ankara, al cuartel general y el ejército le respondió: “tú eres griego, y los griegos y los armenios ayudan al PKK, así que no busques a tu hijo”. Fue la primera vez que mi padre se dio cuenta de que él era un griego póntico. El nombre de mi abuelo era Constantin.”

¿Así que cambiaste tu nombre de Ibrahim a Yannis?

“Los periodistas que vinieron al campamento de la guerrilla me dijeron que yo era griego, ya que se había publicado en la prensa y lo habían leído. Esto fue por lo que cambié mi nombre. El año pasado cambié mi nombre en Urfa, donde me encontraba en un viaje junto a la frontera de Kobanê. Maté a Ibrahim cuando estuve en Urfa.”

¿El hecho de haber sido capturado por la guerrilla realmente te ha transformado?

“Un amigo en Bafra me dijo: “No me creo que hayas cambiado de esta manera. Hemos golpeado juntos a los kurdos. ¿Cómo puedes haber cambiado?” Él no podía creer el camino que yo había tomado. Ellos siempre decían que yo había sufrido un lavado de cerebro por el PKK.

Si alguno observa y escucha al PKK y no cambia su forma de pensar entonces es que tiene una roca dentro de sí.”

Yannis forma parte del movimiento de objetores de conciencia que se fundó en 2008. Antes de eso los jóvenes debían ir al servicio militar obligatorio. Si rechazaban las órdenes de portar armas eran enviados a prisiones militares. En 2013 se fundó formalmente la Asociación de Objetores de Conciencia. Tiene unos 200 componentes esta asociación transversal en la que sus voluntarios asisten legalmente a los que quieren rechazar el servicio militar. Bajo la ley turca, quien rechace ir al ejército puede hacerlo previo pago de unos 4000$, pero este dinero es destinado por el gobierno turco en la propia industria militar. Los objetores de conciencia rechazan pagar por no ir al servicio militar. Onur, un periodista y miembro de la asociación nos dijo: “no queremos dar ni un segundo ni un céntimo al ejército”.

Yannis fue acusado de dos cargos de “alienar al pueblo acerca del servicio militar” bajo el artículo 318 del código penal turco. En enero de 2016 fue sentenciado a siete meses en prisión por escribir artículos que alentaban a la objeción de conciencia. El Tribunal ofreció no imponer una condena de cárcel a cambio de que Yannis aceptase no involucrarse en actividades políticas durante cinco años, pero Yannis lo rechazó. Actualmente se encuentra en fase de apelación del veredicto y no comenzará su condena hasta que el recurso sea contestado.

Desde el verano de 2015, las poblaciones de algunas ciudades del Kurdistán turco han declarado su autonomía del estado. Yannis y su compañera Meral hicieron declaraciones en un artículo y en las redes sociales declarando su autonomía “dentro de su propia casa”. Fueron enviados al Tribunal de nuevo, y esta vez acusados de alentar la ruptura del indivisible estado de Turquía. Meral fue declarada “no culpable” pero Yannis fue sentenciado a otros cinco meses de prisión. Yannis continúa apelando ese veredicto al Tribunal Supremo.

El 26 de mayo Yannis fue conducido al Tribunal de nuevo por organizar charlas y talleres en su ciudad sobre la objeción de conciencia.

Si el Tribunal Supremo rechaza el recurso de Yannis, será enviado a prisión. Nos asegura que recurrirá al Tribunal Europeo y que Turquía ha incumplido en varias ocasiones las normativas del Tribunal Europeo sobre el trato a los objetores de conciencia.

Como nos dice Meral: “Llevamos viviendo en Roboski [en el Kurdistán turco, Bakur] por más de tres años y ellos no hicieron nada, pero desde la reciente guerra del estado turco contra los movimientos kurdos, han comenzado a atacarnos. Nuestros derechos han sido suprimidos. Somos antimilitaristas y activistas por la paz. Anarquistas, socialistas y antimilitaristas deben presionar en sus estados sobre lo que ocurre en Kurdistán.”

Ella continúa analizando que Turquía va a utilizar su acuerdo con la UE sobre devolución de refugiados como una herramienta política para asegurarse de que sus masacres en el Kurdistán no serán objeto de investigación: “El estado turco usa los refugiados como herramienta política, y por eso los estados europeos guardan silencio sobre el asesinato de civiles como en Amed o Cizre.”

A continuación se relacionan plataformas para solidarizarse con Yannis, con el movimiento de objeción de conciencia y con la lucha Kurda:

- Campaña contra la exportación de armas a Turquía. Para más información sobre las compañías que suministran armas a la policía y ejército turco pinchar aquí y aquí.

- Campaña por un Boicot al turismo en Turquía. Pinchar aquí.

- Para más información sobre campañas en apoyo del movimiento por la autonomía kurda, ir a https://peaceinkurdistancampaign.com/

P.-S.

Artículo traducido del original en Corporawatch

Traducido por Daniel Lobato

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