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Cleptopía

Domingo 26 de febrero de 2012. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Dossier Nodo50 sobre el libro y Matt Taibi

"Los banqueros y las aseguradoras cobran tarifas exorbitantes por sus servicios porque han creado un universo de jerga que la gente corriente es incapaz de comprender. Al principio debió ser un lenguaje utilitario para ganar dinero de forma legítima. Pero cuando esos tíos empezaron a tramar conspiraciones criminales cada vez más elaboradas, aquella verborrea enloquecida se convirtió en un escudo contra el escrutinio público, porque nadie era capaz de entender qué diantre estaban haciendo, ni siquiera consultando los documentos adecuados. Eso explica por qué periodistas como yo pasamos una gran parte del tiempo traduciendo sus términos a lenguaje normal"

“Cleptopía”, de Matt Taibbi - Ignacio González Barabero

El sentido común nos dice que todo aquel que comete una estafa, sea de la dimensión que sea, ha de ser perseguido por la ley. Es lo justo y necesario. Sin embargo, Matt Taibi nos sitúa ante un doble robo masivo que no recibió castigo: el generado por dos burbujas especulativas de Estados Unidos, una inmobiliaria y otra de materias primas, que explotaron en 2008 llevándose por delante la liquidez de ese país y de medio mundo. No sólo no se iniciaron procesos judiciales por este crimen, sino que se repartieron “premios”: miles de millones de dólares en financiación y rescates para los bancos y empresas que engañaron y empobrecieron a sus ciudadanos.

El autor, haciendo uso de una prosa narrativa clara e incisiva, relata con sumo detalle cada una de esas dos estafas y los procesos desreguladores, a nivel legal, que las hicieron posibles. La cadena de responsabilidades, nos dice, es muy amplia. Se trata de un tejido de relaciones institucionales en las que sólo reside un principio: el de avaricia. Tanto en las entidades financieras (agencias de crédito, agencias de calificación como Moody’s, bancos como Goldman Sachs…) como en las multinacionales que se repartieron el botín, hay individuos cuyo único fin ha sido enriquecerse a toda costa. Y siguen, con sus millones ganados, allí trabajando.

Los gestores políticos de la crisis, cómplices activos de la estafa al aceptar cambios en las leyes que fomentaban la especulación, mantienen también sus puestos sin problema alguno. Parece que son los especuladores los que tienen el bastón de mando en la sociedad de nuestro tiempo; lo están retirando de las manos de los ciudadanos: “Este enjambre invisible de ladrones de alta sociedad sigue en el poder porque cuando no estamos demasiado distraídos y exhaustos por el trabajo, preferimos no abordar el dilema de por qué nuestros fondos de pensiones acaban de perder un 20 por ciento de su valor, o por qué cuando se supone que hacemos lo correcto e intentamos ahorrar, nos penalizan con tasas de interés que apenas flotan sobre cero, mientras los bancos que han desbordado todos los límites de la imprudencia son compensados con miles de millones de dólares gratis. En realidad, a la mayoría de nosotros el poder político nos lo sustraen de la forma más sucia y sencilla, cada día y todos los días ” (p.60).

El profundo análisis económico que lleva a cabo está acompañado, como acabamos de leer, por relevantes tesis sobre la sociedad de su país. Su preocupación más evidente, presente a lo largo de todo el libro, es la pantomima en la que se ha convertido la política y sus mecanismos. Como periodista, Matt Taibi ha podido seguir de cerca las campañas presidenciales de los candidatos de ambos partidos y describe con humor ácido y muy realista la podredumbre ideológica presente en sus discursos, que no pretenden dar cuenta de los problemas reales, sino satisfacer superficialmente a “sus” electores. Y cuando llegan a la presidencia, realmente no pintan nada a la hora de gestionar la vida de los habitantes de su país; están a merced del poder de Wall Street, donde bancos y multinacionales especulan a su gusto, que ejerce “una especie de política color vómito que arregla acuerdos y triunfa una vez tras otra gracias a su manejo experto de la maquinaria burocrática del capital” (p. 279). La misión del gobierno electo se reduce, así, a “una competencia específica: repartir el dinero de los contribuyentes a cambio de donaciones para campañas políticas y electorales” (p.280).

Esos contribuyentes, “nosotros”, son los que han perdido la memoria respecto a esta decadente situación y la estafa que culminó en el año 2008. La sociedad está anestesiada por un entretenimiento muy bien administrado por los medios de comunicación. Esta inconsciencia, unida a un sistema de regulación fácilmente manipulable por los grupos de presión y las donaciones “privadas” , hace de Estados Unidos, a juicio de esta gran obra, el lugar propicio para los crímenes financieros. Es un paraíso para ladrones: una cleptopía.


"Unos cuantos mamones le están robando el dinero a la gente"

Uno de los mejores libros que ha aparecido sobre la crisis financiera y sus razones ocultas lo ha firmado el americano Matt Taibbi, periodista de Rolling Stone. Cleptopía: fabricantes de burbujas y vampiros financieros en la era de la estafa (Lengua de Trapo, 2011), con prólogo y traducción de Pablo Bustinduy, aúna observación política afilada, especialización financiera traducida al lenguaje común, prosa cómica y una cantidad apabullante de indignación ante la estafa. Taibbi habla con Público para explicar qué ha pasado aquí y quién se ha llevado nuestro quesito.

Al leer ensayos, uno se topa a menudo con el reclamo de "se lee como una novela". En el caso de Cleptopía’ es cierto, quizás porque los malos de esta crisis actúan como villanos de ficción.

Hay que tener en mente que, a no ser que un lector esté muy familiarizado con el mundo de las finanzas, leer sobre este tipo de material puede resultar extremadamente difícil. Por consiguiente, uso técnicas de escritura narrativa con el fin de simplificarles las cosas a los no iniciados. El banco de inversiones Morgan Stanley probablemente sea culpable de las mismas cosas que Goldman Sachs, pero decidí concentrarme exclusivamente en Goldman y su director ejecutivo, Lloyd Blankfein, por su perfil Dr. No y estilo de villano de James Bond. Todo lo que se dice en mi libro es verdad, pero está escrito de forma que ayude a digerir el material más fácilmente.

Las acciones de estos "vampiros financieros" hacen que uno se pregunte sobre la naturaleza del mal.

Existe un tipo de persona malvada que te mirará a los ojos y luego te robará. Pero luego existe otro tipo, mucho más cobarde, que les robará a unos miles de personas invisibles mediante el simple procedimiento de pulsar un botón. Muchos de los crímenes de Cleptopía pertenecen al segundo grupo. Hay un tipo muy particular de criminal que está evolucionando y volviéndose cada vez más común en nuestras sociedades: el burócrata financiero sin sentimientos que victimiza a conciencia a un gran número de extraños indefensos por puro afán de lucro. Creo que este comportamiento despiadado y explotador obedece a algún tipo de psicopatía o locura moral, y sin embargo es cada vez más aceptado, especialmente en EEUU, donde se celebra por defecto cualquier actividad que tenga fines lucrativos.

La dialéctica de la izquierda se ha vuelto demasiado comedida, especialmente si se la compara con el discurso feroz de la derecha. Cleptopía’ ofrece una granada selección de palabras malsonantes e insultos.

Bastante gente me critica por eso, y una buena parte de la crítica es justificada, aunque debo decir que blasfemo mucho menos que cuando era más joven. Asimismo, trato de escribir como hablo en conversación, y creo que esto ayuda a que los lectores asimilen temas áridos y difíciles. Por añadidura, hablando de algunos de esos personajes necesitas la palabra más gruesa que se te pueda ocurrir.

Cleptopía’ rehúsa sumarse a las polémicas banales que instigan los medios de comunicación. Usted habla de ello al explicar la ausencia de debate sobre el sistema financiero en las dos últimas campañas electorales estadounidenses.

En EEUU tenemos tendencia a construir debates falsos en torno a todo. Nuestros telediarios y periódicos han sido adiestrados para asumir que existen dos puntos de vista legítimos alrededor de cada historia, pero a veces no los hay. Un ejemplo: la historia de Terry Schiavo. Muchos americanos religiosos acabaron creyendo que una paciente en coma que había sido certificada clínicamente muerta estaba viva mentalmente, y por tanto no debería haber sido desconectada de la respiración artificial. Ni un solo científico legítimo estuvo de acuerdo con esta visión, pero nuestros periódicos y televisiones prestaron la misma atención a ambos puntos de vista, como si realmente existiese una "controversia" válida acerca de si aquella pobre mujer era aún un ser vivo. Lo mismo sucede con el problema financiero. Nuestros medios de comunicación tratan continuamente de presentar el tema como si fuese un debate ideológico: los que están a favor de mayor regulación contra los que prefieren una economía laissez-faire, los ricos productivos contra los envidiosos pobres, etc. Pero el asunto que nos ocupa no tiene nada que ver con la ideología: es un tema policial, de aplicación de la ley. Unos cuantos mamones le están robando dinero a la gente. No veo cuál podría ser la "controversia".

Una de las formas de evitar intromisiones legales es blindar las operaciones con una coraza de jerga impenetrable. Cleptopía’ acierta a traducir todos esos trabalenguas y destapa lo que son: estafas.

Los banqueros y las aseguradoras cobran tarifas exorbitantes por sus servicios porque han creado un universo de jerga que la gente corriente es incapaz de comprender. Al principio debió ser un lenguaje utilitario para ganar dinero de forma legítima. Pero cuando esos tíos empezaron a tramar conspiraciones criminales cada vez más elaboradas, aquella verborrea enloquecida se convirtió en un escudo contra el escrutinio público, porque nadie era capaz de entender qué diantre estaban haciendo, ni siquiera consultando los documentos adecuados. Eso explica por qué periodistas como yo pasamos una gran parte del tiempo traduciendo sus términos a lenguaje normal.

Cleptopía’ ofrece multitud de ejemplos de política pro-Wall Street en la administración Obama, especialmente en lo que concierne a la reforma del sistema sanitario.

Obama ha resultado ser una decepción monumental. La mayoría del movimiento Occupy Wall Street nace de la desilusión que sintió la gente joven al comprobar que Obama les había engañado, sobre todo en lo que respecta a perseguir el crimen de guante blanco. Muchos de los manifestantes de Occupy Wall Street estaban apoyando a Obama hace solo cuatro años; ahora se oponen a él.

Su libro recuerda algo que parece de ciencia-ficción utópica: la época en que presidentes como Ted Roosevelt y Frankie D. Roosevelt luchaban contra el monopolio financiero, aprobando leyes que impedían la concentración de dinero y poder.

Estamos en una nueva era de corrupción. Hace tiempo existían ciertas líneas que los políticos y líderes financieros jamás cruzaban, por mucho que buscaran dividendos y privilegios. En las acciones de oligarcas como los Rockefellers o los Vanderbilts había un elemento de noblesse oblige; se sentían responsables de mantener la sociedad en funcionamiento, construir infraestructuras, etc. Nuestra nueva clase de líderes financieros, por el contrario, está completamente desprovista de cualquier tipo de instinto patriótico; son individuos sin Estado que no le deben fidelidad a país alguno, que viven en mansiones amuralladas en paraísos fiscales y sienten indiferencia por cualquier cosa que suceda fuera de su propiedad. Para colmo, no construyen nada; sólo nos despojan de bienes. Muchos políticos tratan de convencernos de que lo que es bueno para compañías "estadounidenses" como Goldman Sachs o el Bank of America es bueno para el resto del país. Pero una de las ideas más importantes que trato de comunicar es que compañías como Goldman, Chase o el Bank of America no son "estadounidenses" en ningún sentido significativo del término. Ni siquiera ellos mismos se ven así.

¿Considera que Occuppy Wall Street, el 15M o la revolución griega tienen alguna posibilidad de alterar el status quo?

Es posible que de aquí a un tiempo las protestas mundiales terminen cambiando las cosas. Occupy Wall Street es aún un fenómeno de clase alta, pero llegará un día en que empezará a atraer a los millones de personas que han sido desahuciadas de sus hogares o que han perdido todos sus ahorros por culpa de la venta de fraudulentos títulos respaldados por hipotecas; entonces presenciaremos el nacimiento de un movimiento mucho más potente y peligroso. Nunca creí que llegara a decir esto, pero creo que esta es la primera amenaza seria que sufre el sistema bipartidista. Mucha gente de ambos lados está harta de la corrupción, lo suficiente como para tomar las calles. No creo que el cambio suceda este año, pero sí que está muy cerca. Especialmente si sufrimos otro crash, lo que es muy probable.


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