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Ciberrealismo. Más allá de la euforia digital. La libertad real en internet.

Miércoles 29 de mayo de 2013. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Fuente: Ciberrealismo. Más allá de la euforia digital. La libertad real en internet.

Entrevista a Miguel-Anxo Murado y DGA.

"Internet no es más libre que el mundo real, lo que está es más liberalizado que el mundo real, en el sentido de que no está regulado por tantas normas y las que hay son muchas veces inaplicables. Pero, ¿es eso algo bueno? Sí, si lo único me preocupa es mi propio placer y mi propio interés. Las leyes se hacen para proteger a los débiles, al menos en una democracia. Cuantas menos leyes, menos protección. Lo paradójico es que las mismas personas que están a favor de mantener la libertad en Internet protestarían airadamente por la liberalización de la sanidad, del mercado laboral o de la economía en general, y con razón. Sé que es una verdad difícil de digerir para muchas personas, pero la libertad de Internet es el epítome de la "nueva economía", del neoliberalismo del que tanto se habla y que en pocos sitios se encuentra de manera tan clara como en Internet". Miguel-Anxo Murado.

Como consideras que evoluciona Internet ¿en función de los usuarios y de las necesidades sociales? ¿al contrario? O que existe una brecha entre el mundo en la red y el analógico.

Miguel-Anxo Murado: La fascinación por Internet, en cierto modo comprensible, nos ciega para entender su significado, su verdadero impacto y por tanto su posible evolución. Internet requiere de una cura de humildad. Hay que recordar que no es más que una expansión de las posibilidades de la línea telefónica que nació hace más de siglo y medio, y que realiza de una manera mucho más eficiente algo, enviar mensajes instantáneos alrededor del mundo, que ya se podía hacer desde que existe el telégrafo, en torno a 1840. Si existe un "ciberespacio", éste nació en torno a 1860, con los cables transoceánicos. Decir esto no es una provocación, sino que resulta indispensable para responder a las preguntas que plantea Internet, porque son preguntas que tienen casi dos siglos de respuestas prácticas. Desgraciadamente, son respuestas un tanto aburridas. Del telégrafo se esperaba que trajese la paz mundial, como ahora se dice de Internet; del coche, que aboliese las fronteras y la xenofobia.

Para valorar lo que puede lograr Internet, basta con evaluar lo que ha logrado el telégrafo para el pacifismo o el coche para el cosmopolitismo. Internet está evolucionando exactamente igual que esas tecnologías previas, de las que no es más que un paso evolutivo (no una "revolución", como tantas veces se dice). Contrariamente a las apariencias, evoluciona muy lentamente, como le pasó a la televisión, porque ofrece muchas posibilidades pero para la mayoría de ellas no existe demanda. Lo que evoluciona muy rápido (y de ahí la confusión) es la intensidad y la expansión de su uso, la variedad del software que incorpora y, lo que me parece lo más importante, evoluciona rápidamente en nuestro imaginario. Prácticamente no hay nada en el Internet de esta década que no estuviese ya en la anterior. Sin embargo, su importancia simbólica no deja de crecer. Simplemente, Internet se toma cada vez más en serio (a veces, ridículamente en serio), a medida que no sólo mayor número de personas, sino también mayor número de grupos sociales (políticos, periodistas, opinadores) se van haciendo adictos a su uso.

David García Aristegui: El uso de Internet está tan extendido que cualquier tipo de consideración genérica es siempre muy peliaguda. El origen de Internet fue netamente académico, no militar, a pesar de que es un mito que se ha ido sedimentando y ya casi es imposible de revertir [1]. En Internet hay muchos intereses contrapuestos, por ejemplo para Morovoz "Internet más que una tecnología es un mito", con el agravante que, como denuncia SivaVaidhyanathan, ya es nuestra ventana al mundo, por desgracia vía Google. En el momento que no nos dejamos de ofuscar por el mito de Internet, el aterrizaje a la realidad es duro: hay estimaciones -difíciles de verificar, pero plausibles- que hablan de un 50% de las personas a nivel mundial nunca han hecho o recibido una llamada telefónica o, lo que es peor, el dato más fácil de contrastar de unas 800 millones de personas en el mundo sin acceso a agua potable. El hablar de Sociedad del Conocimiento a mí me parece un insulto eurocéntrico para millones de personas.

¿Crees que esta evolución esta supervisada? ¿Por quién?

Miguel-Anxo Murado: En el mundo hay muchos supervisores, muchos son contradictorios y todos son ineficaces a menudo. No existe un "sistema" sino muchos sistemas en conflicto, y esto sucede con Internet. Los usuarios son posiblemente los que más efecto tienen en su evolución, porque las empresas, que serían el segundo gran supervisor, tratan de contentarles. Los gobiernos, que serían el tercero, tendrían una gran capacidad para limitar, controlar y perfilar Internet, pero no muestran demasiado interés en hacerlo; salvo en casos excepcionales, como China, no sienten esa necesidad porque internet no es inquietante política ni socialmente, y creo que, aparte de las paranoias del régimen, tampoco lo es en China. Episodios como Wikileaks son anécdotas embarazosas para los gobiernos, pero no hay que exagerar su impacto. En consecuencia, los gobiernos dejan hacer y aplican a internet la filosofía del liberalismo económico.

David García Aristegui: Autores como Polanyi denunciaron en su momento algo totalmente vigente, que es como la ideología liberal se basa en realidad en una gran utopía: la de los mercados autorregulados. Internet parece la respuesta a todas las plegarias del neoliberalismo: autores como César Rendueles denuncian los discursos de ese supuesto un espacio neutro -sospechosamente parecido al mercado- de "individuos autónomos sin otra relación que sus intereses comunes". Curiosamente, periódicamente surgen desde las instituciones intentos de regulación de ese espacio que (no) se auto-regula, muchas veces extremadamente torpes, como la llamada Ley Sinde. Los espacios autorregulados nunca son tales, e Internet es (otro) ejemplo muy ilustrativo al respecto. Y es que en la red operan intereses nacionales y corporativos fortísimos, quien no lo quiera ver simplemente se está autoengañando, en mi modesta opinión. Soy un aguafiestas, lo sé.

¿Cuáles son a día de hoy las principales amenazas para la evolución de la red en un entorno libre?

Miguel-Anxo Murado: Internet no es más libre que el mundo real, lo que está es más liberalizado que el mundo real, en el sentido de que no está regulado por tantas normas y las que hay son muchas veces inaplicables. Pero, ¿es eso algo bueno? Sí, si lo único me preocupa es mi propio placer y mi propio interés. Las leyes se hacen para proteger a los débiles, al menos en una democracia. Cuantas menos leyes, menos protección. Lo paradójico es que las mismas personas que están a favor de mantener la libertad en Internet protestarían airadamente por la liberalización de la sanidad, del mercado laboral o de la economía en general, y con razón. Sé que es una verdad difícil de digerir para muchas personas, pero la libertad de Internet es el epítome de la "nueva economía", del neoliberalismo del que tanto se habla y que en pocos sitios se encuentra de manera tan clara como en Internet.

Por supuesto, hay quien cree, porque quiere creerlo, que Internet es libre de otra manera, como una comuna anarquista o un "falangsterio digital". Hay incluso quien cree que Google, una multinacional de la publicidad, es una nueva forma de organización social progresista. Nuestra capacidad para engañarnos a nosotros mismos es infinita. ¿Y si no hubiese en Internet ninguna libertad que proteger? ¿Y si Internet fuese simplemente lo que parece que es: un producto de consumo? ¿Usar el móvil es un gesto de libertad, como dice la publicidad?

David García Aristegui: Además de la censura y el control, hay que resaltar la centralidad que han adquirido empresas como Google, Amazon o Apple, por poner ejemplos bien conocidos. Dentro de los mitos de Internet me llama especialmente la atención la buena fama de Google, esa empresa que practica la ingeniería financiera para pagar impuestos en paraísos fiscales. El que se vaya a acceder a Internet en el futuro básicamente a través de dispositivos de determinadas empresas (hablamos del restringido mercado de SmartPhones y tablets), que se vayan a leer libros sólo en los Kindle o similares y que la vía masiva de adquirir contenidos -sin contar la llamada piratería- sea o Amazon o iTunes es algo muy preocupante. El futuro de la red es una incógnita, pero es un futuro muy mercantilizado y marcado por fuertes intereses corporativos, como comentamos antes.

¿Crees que la imbricación de la red en nuestras vidas ha creado un empoderamiento real del ciudadano?

Miguel-Anxo Murado: Para responder a esa pregunta, habría que preguntarse antes esta otra: ¿ha creado el automóvil un empoderamiento real del ciudadano? ¿Y el teléfono? ¿Y la fotocopiadora? ¿Y la calefacción?. Todos esos inventos se han desarrollado por igual en los distintos sistemas políticos, y aunque siempre ha habido, en su momento, quien los ha considerado el origen de un cambio político, con el paso del tiempo esas simplificaciones nos hacen sonreír. Internet es, en primer lugar, un entretenimiento para matar el rato. En segundo lugar, es una plaza pública para intercambiar chismes; nada que objetar, pero nada de lo que estar particularmente orgullosos. Muy de lejos, es una sala de lectura de prensa y noticias. Luego es un sistema telegráfico sofisticado para mandar mensajes breves (el email) desde casa. Ninguna de estas cosas tiene nada de revolucionaria ni empoderadora. Son actividades superfluas o triviales, convencionales. El flujo de información no es, en sí mismo, enriquecedor, puesto que, a mayor flujo, menor es la calidad de la información relativa. Finalmente, tenemos los blogs, los foros, las páginas de discusión, los "ratings" y las posibilidades que ofrece internet para criticar políticas o promover protestas. Se habla mucho de esta parte cuando se quiere hablar del "Internet serio", pero son una parte mínima, casi insignificante, del tráfico de Internet, y su impacto real, objetivo, es mínimo. Son como las cartas al director de los periódicos: un espacio para desahogarse. Y luego están, claro está, las leyendas periodísticas que queremos creer porque halagan nuestra vanidad. Puede que el 15-M se organizase en parte a través de Internet, pero la mayor parte de sus participantes se enteraron de la hora de las manifestaciones en el telediario o en la radio. Los foros digitales que suscitó se los ha llevado el viento y la única memoria de aquel evento son los actos con presencia física. ¿No nos dice eso nada?

El problema es que estamos sometidos a la narración tozuda de un mito: el del tecno-optimismo. La idea de que las tecnologías pueden resolver los problemas del mundo, que son liberadoras en esencia. No es casualidad que los únicos ejemplos de "revolución Twitter" se den en el mundo árabe, porque la única manera de hacer creíble semejante fantasía es situándola en un contexto que ni el que lo relata ni el que lo escucha conoce bien. Pero basta poner la lupa y el mito se derrumba. Cuando se produjo la "revolución Twitter" en 2009 en Irán había menos de 8.000 cuentas de Twitter, y en la Primavera Árabe el número combinado de usuarios de Twitter en Túnez, Yemen y Egipto no pasaba de catorce mil. La televisión y el viejo boca a boca fueron los verdaderos vehículos de la información en esos días, pero la tecno-utopía es una historia más interesante para el lector occidental, que utiliza Twitter y se siente parte de algo grande cuando le dicen que tiene la posibilidad de derrocar regímenes.

David García Aristegui: Todo lo contrario, y creo que es fácil de comprobar. En redes sociales se difunden infinidad de convocatorias extremadamente "ruidosas" en Internet a la que luego acuden -en el mejor de los casos- cientos de personas. Creo que el problema viene de analizar algo totalmente analógico como fue la Acampada de Sol como si esto hubiese surgido de las redes sociales. No fue así, DRY surge de Internet, pero tenían asambleas presenciales en sus nodos casi todos los días. Después de su manifestación el 15M la gente no se fue a su casa a actualizar su perfil de Facebook: nos quedamos en la calle. Y allí seguimos. Internet sólo hizo de amplificador -un amplificador magistral, cierto- de este complejo proceso en el que estamos inmersos en la actualidad. En el sindicato donde milito, Solidaridad Obrera, utilizamos constantemente este lema: "sal de twitter, toma la calle". Morozov recupera en su libro esta interesante cita de Angela Davis: "Internet es una herramienta increíble, pero también puede animarnos a pensar que somos capaces de provocar movimientos instantáneos, movimientos modelados a imagen de la entrega de la comida basura". Suscribo.

¿Cuales considera que serán las futuras tendencias que marquen su funcionamiento?

Miguel-Anxo Murado: Para imaginar su futuro quizá sea útil, como decía, mirar el de tecnologías previas. En 1926 un tercio de las estaciones de radio de Estados Unidos eran asociativas y sin ánimo de lucro, sólo un 4% eran comerciales. Hoy la radio es casi exclusivamente comercial, y esto a pesar de que las nuevas tecnologías permitirían el florecimiento de una radio y televisión independientes y no-comerciales. ¿Por qué no sucede esto? La explicación, entre otras, es que las sociedades tienden a ser pasivas ante las tecnologías. La Red es, y será siempre, un medio pasivo para la mayor parte de sus usuarios, como lo es la televisión, por mucho que lleven veinte años vendiéndonos una "televisión interactiva" que nunca se materializa porque supone un esfuerzo inútil para el usuario.

David García Aristegui: Recientemente podíamos leer en El País el caso de la autora Zoe Keating. Después de que sus canciones se hayan puesto más de 1,5 millones de veces en Pandora, ganó 1.652,74 dólares. En Spotify, 131.000 reproducciones le supusieron unos ingresos de 547,71 dólares, o 0,42. centavos al día [2]. Creo que no es improbable que el "todo gratis" genere un estallido social por la parte de las personas que crean. Y es que esto ya ha pasado antes [3]: a finales del siglo XIX los autores españoles se auto-organizaron para luchas contra las condiciones leoninas que les imponía el mercado. El accidentado proceso culminó en la fundación de la Sociedad de Autores Españoles (precedente de la actual SGAE), justo en un momento en que se estaban transformando totalmente las formas de ocio en nuestro país -¿les suena de algo todo esto?-. El objetivo principal de la SAE fue el recuperar para los autores el control de sus composiciones musicales y teatrales, lo que tuvo una gran importancia en un momento. Ante unas entidades de gestión impopulares y corruptas [4] que el espíritu del 15M y los Occupy salte al ámbito de la creación creo que es sólo cuestión de tiempo. Y aquí la potencia de Internet sí que podría jugar un papel crucial.

Notas

[1] Contracultura y ciberactivismo. Derrumbando los mitos del fetichismo digital: http://info.nodo50.org/Contracultura-y-ciberactivismo.html

[2] La música en ’streaming’, una ruina para los autores: http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2013/02/13/actualidad/1360783258 _556520.html

[3] La sociedad de autores españoles (1899-1932): http://eprints.ucm.es/17004/1/Sociedad_de_Autores_ESpa%C3%B1oles.pdf

[4] La SIAE, la equivalente italiana a nuestra SGAE, perdió en el 2008 la friolera de 40 millones de euros por invertir en un fondo gestionado por Lehman Brothers. Por aquí fue mucho peor: en esas mismas fechas nuestra SGAE decidía embarcarse en la megalómana aventura inmobiliaria de Teddy Bautista, la red Arteria. El megaproyecto inmobiliario ideado por Bautista supuso para la SGAE un desembolso total de 252,5 millones de euros.

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