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Becerra, la crítica… el silencio

Martes 3 de mayo de 2011. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Por Gabriela Gurvich

Ya es de público conocimiento el caso de la deportación a Colombia desde Venezuela del director de la agencia ANNCOL, Joaquín Pérez Becerra. No me extenderé aquí en los detalles del caso. Sólo impresiones y decepciones de acontecimientos que van dejando de ser tristes para ser peligrosos. Algo me hace ruido. Llevo más de dos años en Venezuela, maravillada de trabajar en un país donde la libertad de expresión es real, donde desde mi puesto de trabajo resalto el pensamiento político de los grandes revolucionarios de la historia, desde donde abro los micrófonos a los militantes sociales de todos los países, allí donde son silenciados nosotros podemos amplificar su voz. ¿Cómo no sentir orgullo cuando un miembro de la resistencia de Honduras llama a las radios porque quiere anunciar a través de un medio venezolano que están liberando a sus compañeros presos? No llama a las radios de Honduras, llama a Venezuela porque sabe que aquí tiene un aliado incondicional.

¿Incondicional?

En 2008 llegué a Venezuela. Las tierras bolivarianas que tanto y tan bien me han acogido. Tierra prometida de revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo, que llegan a aprender de esta revolución y a aportar en lo que se pueda. Tierra sedienta de conocimientos nuevos, hambrienta de experiencias diferentes. Todos y todas fuimos recibidos con los brazos abiertos. A todos y todas se nos dieron oportunidades que ni en nuestros propios países teníamos. Esta tierra nos necesitaba, así como nosotros necesitamos de ella. También son muchos los perseguidos políticos, especialmente colombianos, que han encontrado refugio o asilo en Venezuela. Enseguida uno se sumerge en la política cotidiana de Venezuela, política que emerge en cada esquina, que se oye en la camioneta, que se discute en cualquier bar, en cada puesto de trabajo. La política al alcance de las manos.

Una vez adentro uno conoce muchos pormenores. Muchos de ellos no son agradables: las tan mentadas burocracia e ineficiencia no son un invento. Como no lo es la derecha endógena que tanto daño hace, tanto más que la derecha que chilla desde afuera. Los revolucionarios no nos acostumbramos a estos males. Los combatimos día a día desde adentro. Pensamos que se pueden cambiar y creemos en este proceso. Suele decirse, y realmente lo creo, que existe una capa entre Chávez y el pueblo. Una capa constituida por ministros, gobernadores, alcaldes. No todos. Es una capa con grietas. Esa capa constituida por tantas “manzanas” (roja por fuera, blanca por dentro). Y así los revolucionarios nos tragamos muchos disgustos.

Con dolor aguantamos cuando sacan y dejan guindando a un ministro revolucionario como Eduardo Samán. Con dolor aguantamos cuando mantienen preso al cacique Sabino. Con dolor aguantamos muchas cosas. Muchas cosas que no siempre logro entender, pero tenemos certeza de que gobernar un Estado obliga a muchas concesiones.

A veces creemos que se trata de concesiones innecesarias, pero pensamos que no conocemos los detalles que llevan a tomar esas medidas.

Basta para mi, basta para todos.

Pero hay cosas que no se calan. La entrega de un camarada revolucionario a las fauces del lobo asesino es un quiebre. Algo se rompió. Hace un tiempo que el asesino Juan Manuel Santos es el “mejor amigo” de Venezuela, y sale en entrevistas diciendo que ya no hay campamentos de las FARC en tierras bolivarianas, y todos lo aplauden. Al creerle cuando dice que ya no existen estamos afirmando que entonces tenían razón cuando decían que sí existían.

Desde ese momento las noticias de deportaciones de colombianos desde Venezuela se hicieron algo común, común y buscado. Lastimosamente como si fueran de una misma bolsa, se deportaron guerrilleros, narcotraficantes y paramilitares. Siempre con bombos y platillos. Las cámara bien dispuestas en el aeropuerto de Maiquetía. En un estrado especialmente dispuesto, el ministro de Interior y Justicia, Tareck El Aissami, dando la información a los medios de comunicación. Se suceden las imágenes de deportados, con la cabeza gacha o no, subiendo al avión que lo depositará ante la ¿Justicia? colombiana.

¿Qué pasó el 25 de abril? Otra deportación, pero distinta. Desde el domingo temprano los revolucionarios estábamos desconcertados. Pero pensábamos que Chávez, una vez enterado del engaño de Santos, daría marcha atrás en la decisión de deportar al camarada Becerra. El lunes, inquietos, esperamos. La información era confusa. Algunos medios del Estado prohibieron a sus trabajadores dar cobertura al tema. Nos avisan de que Chávez celebrará un Consejo de Ministros. Ansiosos esperamos. Cerca de las 5:30 p.m. empieza. Cadena Nacional. Esas cadenas tan criticadas por la oposición y tan amadas por quienes amamos esta revolución. Escuchar a Chávez es uno de los momentos más esperados y disfrutados por los revolucionarios. La cadena duró unas 3 horas. Y el presidente ni pío sobre el caso Becerra.

¿Qué pasaba mientras Chávez anunciaba el aumento del salario mínimo? Era deportado el camarada Becerra. ¿Por qué esta deportación se hace a escondidas? ¿Por qué son los medios colombianos los que confirmaron -en vivo en el aeropuerto de Bogotá- la deportación? ¿Por qué Chávez no menciona nada, nadita, del caso? Ni durante la cadena, ni luego en sucesivas apariciones. Acá reside otra de las decepciones que embarga a la izquierda latinoamericana. El silencio del gobierno genera más suspicacia que otra cosa. Otra política de comunicación contraproducente.

A ver, si el gobierno tomó la decisión de deportarlo, que se haga cargo, simple y llanamente QUE SE HAGA CARGO. Al esconder lo inocultable, lo único que hace es reconocer que hay algo malo en lo que está haciendo. Por otro lado es contraproducente, porque obviamente sí sale a la luz lo que pasó y el hecho de enterarnos por medios de comunicación colombianos, y luego el medio silencio de los medios estatales venezolanos no hacen más que generar un escenario de especulaciones.

Hay quienes dicen que Chávez debe de tener sus razones. Por supuesto las tiene, y estoy segura que la razón no es que piense realmente que Becerra sea terrorista (si Chávez ha dicho que Marulanda es un revolucionario, Becerra no puede ser terrorista).

Estoy segura de que existen razones de Estado para hacerlo (también estoy segura de que en este caso no estoy de acuerdo con esas razones de Estado, sean cuales sean. Excelente artículo sobre el tema de Néstor Kohan).

De cualquier forma, lo que si está claro, es que estas razones deben hacerse públicas. Está claro que el círculo que esta pidiendo explicaciones no es el pueblo en su conjunto, que es sólo el círculo más radical y militante. ¿Pero acaso no somos nosotros importantes para el desarrollo de la revolución? Los intelectuales, organizaciones y militantes internacionales que están pidiendo a Chávez una explicación. ¿No son los mismos que Venezuela invita constantemente al país para involucrarlos en el proceso de cambio? ¿No son los mismos que se encargan de defender la revolución bolivariana en sus países? Entonces ¿Cómo es? Es egocentrismo y egoísmo si a los intelectuales y militantes que vienen a defender la revolución solo los queremos cuando pensamos nos conviene.

A propósito del artículo de Iván Maiza

Además de los artículos que cuestionan la decisión, han existido algunos -menos- que la justifican. Uno de los más polémicos es el de Iván Maiza: “¿Quién invitó a Joaquín Pérez Becerra?”. Como dijo @lubrio en twitter: Las excusas de los que justifican la entrega dan más argumentos a los que la repudiamos. Se trata de un artículo cínico y macartista. Por lo tanto altamente peligroso.

Primer punto: Es cínico desde el momento que dice “Joaquín no estaba en Maicao perseguido por una jauría de las AUC y tuvo que cruzar la frontera, ni estaba clandestino, ni siquiera pasando roncha, estaba en Suecia montando su periódico, tranquilito. Y bueno, se vino a Venezuela, agarro un avión y chupulún, cae en Maiquetía”. Maiza olvida remarcar algo importante: ¿por qué vivía Joaquín Pérez Becerra en Suecia?

Estaba refugiado, porque sobrevivió al baile rojo. La pasó bien mal en Colombia. Fue alcalde por la Unión Patriótica, sabiendo el riesgo que eso conllevaba. Le mataron a la esposa y a 5.000 compañeros.

Las crónicas de exilados no son muy felices que digamos. No se sienten de paseo por Europa. Pérez Becerra no vivía en Suecia porque quería un Volkswagen, un perro labrador y 4 niños rubios. Es muy fácil culpar a Joaquín desde un escritorio, mientras él aún en el exilio decidió seguir jugándosela. A pesar de lo vivido no se quebró, siguió arriesgando su vida. Yo no se que pensará Becerra de la decisión de Chávez, imagino que debe de estar anonadado con lo sucedido, pero también creo que no debe estar culpando a Chávez.

Joaquín más que ninguno de nosotros sabe que la culpa es de Santos y de todo el gobierno terrorista de Colombia. Becerra no vino a pasar una temporada en las paradisíacas playas venezolanas para escapar del frío sueco. Desde el exilio, doblemente lejos de su tierra, siguió eligiendo un camino de lucha que sabía que lo seguía poniendo en peligro, y el que toma esa decisión sabe que la cárcel colombiana era uno de sus posibles destinos finales.

Y bueno, le llegó y lo asume... corrió el riesgo al salir del país que lo refugiaba porque seguía en la lucha. Estoy segura que él asume su propia responsabilidad en el caso. Su cabeza en alto durante la extradición lo confirma. No necesita que nadie desde un blog se lo recuerde.

Segundo punto: Según Maiza desde el momento en que Becerra comienza su vuelo Frankfurt - Caracas, estaba poniendo a Venezuela en una encrucijada en la que sólo se podía perder. Venezuela perdía tanto si lo entregaba a Colombia como si lo devolvía a Suecia o lo dejaba en Venezuela. Colombia ganaba en todas las variantes.

Ahí es donde no entiendo. Si Venezuela ya había perdido, entonces la elección de Chávez era defraudar a la derecha o defraudar a la izquierda. Lamentablemente eligió la segunda opción, en vez de elegir según un básico principio de solidaridad revolucionaria.

Tercer punto: Maiza es capaz de culpar a Becerra de "poner preso a Chávez". Puede ser verdad que Becerra puso en riesgo la "estrategia electoral" hacia el 2012, obviamente no adrede, si hubiera sabido que estaba poniendo en aprietos al gobierno bolivariano, imagino jamás hubiera montado a ese avión. Pero eso pasó y estas situaciones son las que ponen a prueba las revoluciones. Pruebas que no son las elegidas por las revoluciones, pero son las pruebas que se les ponen enfrente. Y muchas veces, y la propia revolución bolivariana es prueba fehaciente de ello, esas disyuntivas son oportunidades de radicalizar los procesos. Nadie festeja que hayan intentado dar un golpe de Estado en 2002, sin embargo fue un hecho que marcó una profundización de la revolución. Los que combatimos a la derecha endógena, supimos sacar provecho de situaciones como aquella, incómodas y no deseables, para radicalizar la revolución bolivariana.

No siempre es bueno comparar revoluciones, pero es imposible no pensar que Cuba jamás entregó a nadie, no solo no entregó, sino que recibió perseguidos.

Y sí, no era el mejor escenario tensar la relación con Santos, pero, ¿es qué alguien realmente cree que esa buena relación llevará a algo bueno? Que no duden de que EEUU y su amiga Colombia están siempre preparando algo contra Venezuela. ¡Por Dios! ¡Si ni siquiera han entregado todavía a Makled!

Y no creo que esta revolución dependa sólo de mantener ese equilibrio inestable con la vecina Colombia. Volvamos a Cuba, que pudo mantenerse en pie con los mismos vecinos peligrosos y más, con Estados Unidos a 90 millas.

La relación con Colombia siempre fue mala e igual Venezuela se mantuvo en pie. ¿Cuántas veces rompió Chávez relaciones con Colombia? La última vez lo hizo con Maradona al lado. Además, en este caso, Chávez podía perfectamente argumentar cuestiones legales, de arranque la condición de ciudadano sueco de Becerra. Esa es la misma situación que ahora lo complica. Suecia -aunque sólo sea por guardar las formas o por incordiar- ya se quejó ante la Cancillería venezolana.

Cuarto: Cuando Maiza dice habla de la necesidad de ganar las elecciones sin la frontera cerrada, porque sería imposible ganar sin pañales ni toallitas sanitarias, no se detiene un segundo a analizar, pensar o criticar por qué no se consiguen los pañales Guayuco, de industria estatal venezolana, empresa que fue inaugurada en un Aló Presidente en Junio de 2009. En todo caso eso muestra una debilidad muy fuerte, quizás la debilidad más cara a la revolución. Si ganar las elecciones depende de tener productos sanitarios, significa que la conciencia del pueblo está bajo cero. Aunque en mi opinión eso no sea así, la conciencia que está bajo cero es la de Maiza. Otra vez Cuba. La revolución cubana sobrevivió al período especial, ojalá sólo les hubieran faltado pañales y toallitas sanitarias.

Por otro lado, cuando Maiza dice que el gobierno debe detener el asesinato de campesinos, olvida no nombra que el gobierno de Barinas se ha referido a los últimos campesinos asesinados como delincuentes, asegurando que se trató de un “ajuste de cuentas”. Así es difícil detener nuevos asesinatos.

Por último viene lo más grave. Acusar a la izquierda de entregar a Becerra. El colmo del cinismo y el macartismo. Acá no cabe duda de que el culpable de todo el conjunto es el gobierno colombiano. Y aún cuando la izquierda pueda dar un paso en falso, no se puede acusar tan livianamente, sin pruebas, sólo con conjeturas. Me parece que ahí Maiza terminó de perder la brújula.

Becerra vino otras veces a Venezuela y fue público. Vino cuando se fundó el Movimiento Continental Bolivariano en 2009 y en diciembre de 2010 cuando se constituyó la Asociación Bolivariana de Comunicadores.

ANNCOL siempre defendió la revolución bolivariana, y siempre la revolución se benefició sanamente de eso. Si uno revisa los archivos, en la época en que Santos era ministro de defensa de Colombia, para muchos medios estatales venezolanos, ANNCOL era una de las primeras fuentes para informar sobre acciones del gobierno colombiano. El martes 26 de abril el sitio de ANNCOL estaba suspendido, obviamente tiene que ver con la entrega de Becerra. Esta es también una guerra mediática, ¡y ahora tenemos un medio de comunicación menos que nos defienda!

La izquierda nacional e internacional, los que repudiamos la entrega de Becerra, no dejaremos de apoyar a Chávez y la revolución cuando ésta sea atacada (y no duden de que los ataques serán desde Colombia y Estados Unidos). Ahora la arrechera es mucha, pero a esta revolución no la tocan. La izquierda militante internacional y el pueblo venezolano no dudaremos un minuto en poner el cuerpo donde haya que ponerlo.

Y mucho más sano es para la revolución marcar sus errores y seguir luchando, que tratar de justificar lo que el gobierno aun no ha considerado necesario justificar.

Para el final, la autocrítica

La izquierda militante venezolana que ha salido a reclamar, a pedir respuestas, a rechazar la entrega de Becerra, adolece de algo que es necesario marcar: poder de convocatoria, de movilización.

Esto abre otro debate que sin embargo tenemos que asumir. Porque nuestra debilidad está en no poder terminar de generar el contrapeso necesario para que la entrega no se hubiera materializado. Sabemos que es una construcción lenta, de hormiguita, pero debemos poder asumir también nuestra debilidad. Espero que esto sirva para volver a la carga en la construcción de una izquierda radical y fuerte dentro del proceso revolucionario venezolano y continental.

Gabriela Gurvich es comunicadora social, residente en Venezuela.

Fuente Original: Rebelión

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