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Artículos destacados

LECTURAS:


De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Lo que he aprendido inventando un mundo no machista

Martes 28 de marzo de 2017 NODO50

Una de las cosas que más me atrae de la fantasía y la ciencia ficción es la posibilidad de representar mundos muy distintos a los reales. Así que, cuando se lanzó la convocatoria para participar en #LaOtraFantasíaMedieval, me lancé de cabeza. ¿Qué es este proyecto? Podéis leer las bases en el enlace, pero básicamente se trataba de escribir relatos de fantasía no machista.

Ojo, esto exige un matiz: no debían ser cosas abiertamente reivindicativas, donde mujeres fuertes y poderosas derribaban al patriarcado. Tenía que ser algo más sutil: había que imaginar un mundo, una sociedad completa, sin machismo. Donde este problema no existiera. El reto me atrajo inmediatamente y acabé escribiendo “La calle de la Serpiente”, un relato donde un hombre y sus dos hijos, acuciados por los problemas económicos, tienen que irse a vivir a una calle maldita. La historia está contada desde la perspectiva de Laurea, la hija.

Cuando la antología esté disponible ya me diréis si os gusta o no mi relato. De momento, yo he aprendido bastantes cosas escribiéndolo, y me apetecía ponerlas por escrito. Allá van. Sin spoilers, evidentemente.

Mujeres por el fondo. Una de las cosas que me parece vital en un mundo en el que no hay machismo es que los personajes sin importancia tengan una distribución más o menos paritaria. Que se vea que hay mujeres y hombres haciendo toda clase de cosas, vamos. En mi relato hay (presentes o mencionadas) una conductora de carros, una sargento de la guardia de la ciudad, una inquisidora y una albañil, por ejemplo. Ninguno de esos personajes tiene nombre, pero están. También es una mujer quien alquila la casa a los protagonistas, y se menciona a la madre de Laurea, que es militar. En el lado masculino hay un par de posaderos, un loco, un tendero y algunos matones.

Matrimonio y divorcio. El padre de la protagonista está divorciado. Supongo que una ambientación no patriarcal podría incluir matrimonios indisolubles (con un fundamento religioso pero igualitario, por ejemplo) pero el hecho es que, en el mundo real, la imposibilidad de disolver el matrimonio ha sido siempre una muestra de machismo. La mujer pasaba de la “propiedad” del padre a la del marido: se guardaban teóricamente lealtad mutua, pero en la práctica la infidelidad del hombre estaba más que tolerada.

Por eso mismo me apeteció introducir el divorcio en mi mundo fantástico: algo que, por lo que sé, es raro. Además, eso me permitía hacer una cierta inversión de roles de género, pues fue el padre quien se quedó con la custodia de Laurea y de su hermano mientras la madre se dedicaba a su carrera profesional. Y, por supuesto, nadie ridiculiza a ninguna de esas dos personas por su decisión.

Cuidado con la pitufina. Cuando empecé a escribir, centré todo el protagonismo en Laurea. De repente me di cuenta de que era la única mujer del reparto. Al margen de los personajes secundarios que ya he mencionado (muchos de ellos sin nombre), estaban su padre, su hermano y su mentor. Esto no es exactamente lo que se llama “principio de la Pitufina” (1), puesto que intenté que Laurea tuviera una personalidad definida, pero no me gustaba nada porque no cuadraba demasiado con el espíritu del asunto.

Dado que me gustaba la inversión de roles que había logrado con el padre y estaba también bastante contento con el personaje del hermano, inmediatamente convertí a Pero Lecuona, el mentor, en Petra Lecuona. Creo que el relato salió ganando con el cambio. La lección que aprendí es que, en una sociedad donde no hay machismo, no tiene mucho sentido que todos los personajes principales sean hombres salvo la mujer de cuota. ¿Tienes pensado un personaje que te encanta? ¡Ponle otro género, a ver qué pasa!

Los insultos. El machismo y la homofobia están, evidentemente, unidos. El “marica”, más allá de con quien se acueste, es el hombre que no se comporta como un hombre sino como una mujer (signifique eso lo que signifique), lo que inmediatamente le rebaja de estatus. Entonces, cae por su propio peso que en un mundo sin machismo tampoco puede haber homofobia. Si no hay roles de género rígidos y jerarquizados, si no hay una construcción de “el otro”, no será malo comportarse como “el otro”.

Todo lo cual está muy bien hasta que pones a los personajes a insultarse entre sí.

El español está cuajado de insultos homófobos y machistas. En un mundo no machista no pueden aparecer. Y uno de mis problemas es que el hermano de la protagonista quiere ser actor, algo que en el mundo real implicaría que recibiera epítetos homófobos hasta decir basta. Sobre todo si necesito que su padre se oponga a tal vocación. Al final lo solucioné haciendo al padre un tipo obsesionado con el trabajo perdurable, lo que por otra parte cuadra con su condición de albañil. Rechaza la vocación de su hijo no por femenina, sino por poco seria, por no ser un trabajo “de verdad”.

Apellidos. Lo cierto es que en este tema pensé mucho pero apliqué poco. La pregunta es: ¿qué sentido tiene, en un mundo no machista, mantener la patrilinealidad? Al fin y al cabo, que la prole lleve el apellido del padre siempre ha sido una marca de “propiedad”, por decirlo de alguna manera: los hijos son del padre (de su estirpe, de su casa, de su familia), aunque la madre haga el puro trabajo mecánico de gestarlos y parirlos.

Un mundo no machista nos obliga a reimaginar el tema de los apellidos: podríamos tener apellidos matrilineales (llevas el apellido de quien te gesta), apellidos basados en el lugar de residencia o la profesión (como, por otra parte, era frecuente en la Edad Media), apellidos compuestos entre el de la madre y el del padre, etc. Incluso podríamos no tener apellidos en absoluto.

Como digo, al final no apliqué nada de todo esto. Un relato no es el mejor lugar para desarrollar un sistema social completo. Hay tres personajes cuyos apellidos se nombran, pero no son familia entre sí, así que no me tuve que inventar un sistema de herencia.

Religión. Yo soy ateo, así que los mundos que creo tienden a ser realidades sin dioses. Eso significa que las deidades a las que adoran mis personajes no existen de verdad, sino que son (como en el mundo real) meras construcciones sociales. Con esta premisa, tenemos también que darle alguna pensada a la religión. ¿Qué clase de dioses salen de una sociedad no patriarcal?

A mi juicio, el modelo de Gran Barba Blanca En El Cielo Que Vigila Todo Lo Que Haces, tipo cristianismo o islam, está más que descartado. Sin embargo, hay muchos otros modelos: un politeísmo de dioses y diosas, una deidad sin género, una sagrada familia o pareja o incluso un panteísmo en el que se adora a la realidad. No tenemos por qué ajustarnos a nada de lo que conocemos.

Al final, en mi relato tiré por una especie de panteísmo de inspiración católica, para mantener el “sabor” medieval. Hay una serie de santos y santas, en número de cien, que intervienen en los asuntos humanos mediante el envío de ángeles. La gente se refiere a los cien santos como “la Santidad”. Hay un Enemigo, que engendra diablos, y un montón de historias edificantes de santos y diablos luchando.

¿Cuál es mi conclusión de todo esto? Que a la hora de construir un mundo sin machismo, todo se ve afectado. Hay que revisar todos los clichés de la fantasía con ojo crítico, y ver qué se puede mantener y qué no. Tienes que estar atento a mil detalles: es un esfuerzo que afecta tanto a los personajes como a su entorno, y que va desde los dioses hasta los insultos.

Pero el resultado merece la pena.

Nota:

(1) En pocas palabras, una obra sigue el principio de la Pitufina cuando hay muchos personajes hombres con personalidades más o menos definidas (“el gracioso”, “el inteligente”, “el bocazas”) y una chica cuya personalidad es la de “la chica”.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Libertad de persecución

Por Barbijaputa

Sábado 25 de marzo de 2017 NODO50

El activismo feminista está perseguido por hombres que se saben completamente impunes, sin que absolutamente nadie le preste atención. Y no pasa nada.

"Barbijaputa ya sé dónde vives, y voy a ir a asesinarte destrozándote el vientre a cuchilladas, feminazi de mierda!". Esta frase, que puede parecer excepcionalmente dura, la recibí el otro día en mi buzón de correos al despertar mientras me bebía el café. Lo alarmante no es ya tanto que la recibiera sino, más bien, darme cuenta de que estoy tan habituada a mensajes así que seguí desayunando y leyendo mi correo sin que me moviera lo más mínimo.

En las redes sociales recibo también constantemente amenazas como ésta y mucho peores que, por no herir sensibilidades, no suelo compartir; o si, las comparto, opto ahora por pixelar las imágenes que las acompañan.

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Twitter y Facebook suelen cerrar los perfiles más obvios, pero consideran "libertad de opinión" muchos otros. Hace años que mi cuenta de Twitter, por ejemplo, es vinculada a mujeres aleatorias, con fotos de ellas, con nombres y apellidos e incluso lugar de trabajo o vivienda. Hace poco la Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña me concedió un premio por mis columnas en este diario; obviamente no fui a recogerlo en persona, sino que otra mujer de la misma asociación lo hizo por mí. Su foto recogiendo sigue colgada en varios hilos de foros en Internet, a mucha gente ya no habrá forma de convencerla de que esa mujer no soy yo. Al igual que muchos otros siguen pensando que soy Ignacio Escolar porque un lumbreras así lo dijo en su blog (basándose, lo crean o no, en que ambos usamos la expresión "manzanas traigo").

Cuando reporto estos tuits con la opción "publicación de datos privados", con datos o fotos de mujeres, Twitter me contesta en un correo que debo mandarles mi DNI y facturas para probar que esos nombres o fotos me corresponden, que esas mujeres soy yo. Da igual cuantas veces le diga a Twitter que si lo reporto es porque da igual quiénes sean esas mujeres, todas corren el peligro de que uno solo de los acosadores que yo tengo cumpla algunas de sus promesas. Por supuesto, jamás se me ocurriría mandar a ninguna red social mi DNI o mis facturas, ya que no sé cuál es la cadena de custodia de estos datos, ni sé cómo respiran los empleados que van a tratar con ellos. ¿Quién nos dice a las feministas acosadas constantemente en redes sociales que la plantilla al completo de estas redes tienen conciencia feminista y absolutamente ninguno de sus empleados va a usar dicha información sensible en nuestra contra?

Mucha gente, consciente de la gravedad y la insistencia de estas amenazas, me aconseja siempre de buena fe que lo denuncie. Pues bien, denunciar a estas personas significa que mis datos les llegaría en la denuncia a los acosadores, y no estoy por la labor de hacerle el trabajo sucio a esta gente. Así que no, tampoco es una opción ni para mí ni para muchas compañeras que no quieren proporcionar estos datos a extraños que además las acosan y amenazan.

Porque la realidad es que esto no es algo que me pase sólo a mí; puede que a mí me pase con mucha frecuencia porque tengo mayor repercusión debido al número de personas que me siguen, pero en absoluto es imprescindible: Anita Botwin y Andrea Momoitio escribieron sobre esto mismo el otro día, y miles de mujeres pueden dar buena cuenta de situaciones parecidas. A más relevancia, más acoso, de forma que incluso muchos machistas se organizan en foros para tumbar publicaciones y perfiles feministas a fuerza de reportes masivos, como le pasó a la cuenta de Spanish Revolution esta semana por colgar un monólogo de Pamela Palenciano, y como le ha pasado ya a muchas otras webs: plataforma antipatriarcado, locasdelcoño, Luna de Miguel, etc.

Y no pasa nada. El activismo feminista está perseguido de esta manera por hombres que se saben completamente impunes, sin que absolutamente nadie le preste atención. La policía y la fiscalía, por su parte, sólo trabajan de oficio en las redes para buscar a personas que estén haciendo chistes sobre Carrero Blanco o ETA. Y los acosadores lo saben perfectamente, lo único que pueden temer es que Twitter les cierre una cuenta y tengan que abrirse otra. Pero entonces pueden encontrarnos en otros sitios como otras redes sociales o blogs. Este comentario es de un señor bastante molesto con que Twitter le cerrara la cuenta, así que optó por la vía comentario en mi web:

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He quitado la parte donde describe cómo dice que me va a matar porque tampoco hay necesidad, ya se lo imaginan... O no, realmente, no creo que muchos lo imaginen fácilmente; al menos yo cuando leo estos mensajes aún me sorprende su capacidad para crear fantasías tan gore, la verdad. Lo que está claro es que se saben intocables, y además yo, a la hora de mostrar estas amenazas, no puedo mostrar sus IP o sus datos, ya que estaría violando su privacidad. Je. En esta ocasión he dejado el correo porque es a todas luces falso, claro, en otras ocasiones tengo que taparlo antes.

Y todo esto, ¿por qué? Primero porque somos mujeres y segundo porque somos feministas. Si además eres roja, tienes el extra perfecto para ser el objetivo de estas personas, pero sobre todo son los dos primeros factores los necesarios para ser el centro de estas prácticas.

El hecho de que, por ejemplo, Intereconomía me dedique una pieza de casi cuatro minutos en la que me acusan de "verter odio a todos los hombres por el simple hecho de ser hombres" no hace sino echar más leña al fuego. Al mío y al de muchas feministas que se hagan eco de mis artículos, porque si yo "vierto odio" y ellas comparten mis textos, ellas están colaborando con la difusión de ese "odio", convirtiéndose en "extremistas peligrosas".

Pero Intereconomía no es el único medio: muchos diarios ponen a sus señores columnistas a tergiversar sobre las intenciones del feminismo, a mentir directamente, y lo llaman "libertad de expresión", porque desinformar y opinar sobre premisas falsas es libertad de expresión. Da igual la violencia que estén generando contra un colectivo que ya sufre violencia, porque es más importante que señores que no saben de qué están hablando se expresen, y que decenas de miles de otros señores lo lean y lo den por cierto.

Y estoy segura de que muchos de esos hombres que están de acuerdo con Intereconomía –y piensan que las feministas odiamos a los hombres por el simple hecho de ser hombres– se escandalizarían de las amenazas que luego sufrimos, sin saber que son colaboradores necesarios de esos acosadores. Porque ellos también han creído lo mismo que los agresores y acosadores, sin informarse por sí mismos, sin leer jamás un libro feminista, sin saber realmente de qué va todo esto y qué reclamamos.

Muchos otros, por supuesto, justificarán la violencia que recibimos con el recurrido "se lo estaban buscando" o "van provocando". Para todos ellos, sin distinción alguna, somos en su imaginario mujeres frustradas, "locas", "histéricas", mujeres que han perdido la cabeza y con cuya ideología hay que acabar para que no contagien a otras. Unos prefieren la indiferencia y la ignorancia para hacernos desaparecer –si no de la sociedad al menos de su pensamiento–, otros atacan, insultan o se mofan; pero como en toda pirámide de violencia, en la cúspide están los agresores. Y todos los antifeministas tienen que entender que sin la base que ellos conforman, esta cúspide no existiría y las feministas no seríamos la diana de este acoso tan sangrante como normalizado.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

A 40 años de su desaparición y 41 años del golpe militar en Argentina

Todos los misterios de la Carta de Rodolfo Walsh

Por Diego Igal

Viernes 24 de marzo de 2017 NODO50

Entre enero y marzo de 1977, Rodolfo Walsh escribe la “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”. La firma en el primer aniversario del Golpe, alcanza a distribuir algunas copias y, horas después, es asesinado y luego desaparecido. Durante meses, y años, el texto prohibido circula de mano en mano y se transforma en canónico. ¿Quiénes reciben esas copias? ¿Quiénes las ponen a circular aquellos días aciagos del ’77? ¿Quién es el argentino que la publica completa, por primera vez, a más de 7 mil kilómetros de Buenos Aires? Con el pulso de un thriller, Diego Igal responde estas y otras preguntas sobre la famosa Carta y reconstruye los últimos días de la vida cotidiana y clandestina de su autor.

Es domingo 9 de enero de 1977 y por la ola de calor se sufren cortes de luz. La Argentina lleva 292 días bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas. Rodolfo Jorge Walsh cumple 50 años y se desafía, antes del primer aniversario del golpe, a terminar de escribir el cuento Juan se iba por el río y, al mismo tiempo, la carta abierta que dirigirá a la Junta Militar. Le quedan 75 días.

No sabe, no puede saber y nunca sabrá el recorrido que tendrán ambos textos, que millones hablarán de ellos durante al menos los próximos 40 años ni que uno se perderá en la oscuridad y el otro viajará 7.300 kilómetros para ver la luz por primera vez.

El mes anterior del año anterior, con su compañera en la última década, Lilia Beatriz Ferreyra (entonces de 36 años), se mudó de un monoambiente ubicado a cien metros del zoológico porteño al partido bonaerense de San Vicente, 52 kilómetros al sur de lo que consideran un “territorio cercado” en el que él representa un objetivo estratégico. Ya rechazó un pasaje a Roma que le ofreció la conducción de Montoneros -en la que todavía reviste como oficial primero bajo el alias “Esteban o Neurus”-, y con la que acentúa discrepancias metodológicas entre abril de 1976 y enero de 1977.

Walsh elige quedarse y San Vicente es la primera parada del repliegue al sur, “como las masas, hacia su propia historia, su propia cultura y su propia psicología”, evaluará años más tarde Horacio Verbitsky.

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Toma la ruta de las lagunas bonaerenses porque quiere estar cerca del agua. Allí además disfruta del silencio, la placidez de la siesta, siente que el tiempo se estira y crea el clima ideal para volver a la escritura con su nombre y estilo: lleva casi cuatro años sin publicar libros. Podrá avanzar con otros relatos; memorias personales; seleccionar sus notas periodísticas para publicar y continuar con la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) y Cadena Informativa que en esos últimos meses proveyó datos duros a medios de comunicación, embajadas y políticos, entre otros destinatarios para romper el cerco informativo. Ese bagaje documental será la materia prima de la Carta.

Porta una cédula de identidad a nombre de Norberto Pedro Freyre, falsa aunque confeccionada en la Policía Federal, gentileza de un comisario peronista al que trató mientras investigaba Operación Masacre. Con ella y la ayuda de la madre de sus hijas, Walsh ha comprado un terreno de cinco lotes en el barrio El Fortín, una geografía de árboles añosos, sobre calles de tierra que se licuan con la lluvia, a las que no llega tendido eléctrico (usan lámparas de kerosén), conexión de gas ni cloacas. Allí hay levantada una casa de dos ambientes; cocina y baño mínimos; pisos de ladrillos, paredes pintadas a la cal y agua que se bombea a mano; hay espacio para construir otra vivienda y tierra de sobra para labrar y montar una huerta que abastezca la mesa diaria.

La última Nochebuena, Walsh viaja con Ferreyra hasta unos monoblocks de la localidad de Boulogne para compartir la cena con la hija menor, Patricia –embarazada de ocho meses del primer nieto varón de RJW-, la nieta de tres años y el yerno Jorge Pinedo. Ya tiene la certeza de que la clandestinidad es más frágil: en septiembre cayó su primogénita Victoria y otros compañeros, saquearon una casa que él había alquilado en el Delta del Tigre y los militares secuestraron o fusilaron a montoneros como Francisco Paco Urondo o Eduardo Negro Suárez, entre muchos otros. Incluso tiene el dato de que a la búsqueda de él ya fueron asignados perseguidores: el grupo de tareas 3.3.2 de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde también sabe del terror que allí adentro se ejecuta y que le espera de ser capturado vivo.

En la comida navideña se habla de la hija de Vicky, de 18 meses, entregada a los abuelos paternos contra el pedido de la abuela materna y la tía; de la carta que Walsh escribió por esa pérdida y de la otra, destinada a la Junta, que ya elabora. Muestra borradores para escuchar comentarios y recibir agregados.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”, son las primeras de las 2960 palabras que tipeará en una Olympia portátil de tinta negra y roja sobre una mesa angosta de madera.

***

Alberto Nadra entró en marzo de 1976 a la sede en Buenos Aires de Prensa Latina. La agencia de origen cubana, fundada entre otros por Walsh a instancias de la Revolución de 1959, había desembarcado tres años antes en Buenos Aires en la primavera camporista que reanudó relaciones diplomáticas con La Habana. La redacción estaba en el edificio Safico (Avenida Corrientes 456) y la integraban, con buen sueldo, más de diez periodistas y tres teletipistas. La Triple A, primero, y la llegada de los militares, después, diezmó la dotación y el trabajo se tornó más riesgoso.

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“Nos amenazaban todo el tiempo, interceptaban el hilo del teletipo desde el Correo Central y en agosto del 76 llegaron a secuestrar cubanos y argentinos que trabajaban en la embajada cubana. Algunos siguen desaparecidos o fueron asesinados”, recuerda hoy Nadra. Llamaban por teléfono a la redacción: “¿Nadra? ¿Alberto? ¿Cómo anda ‘Pepe’ (apodo del corresponsal cubano de entonces, José Bodes)? Aquí va un saludito de María Rosa. Seguí atacando al país hijo de puta que con cada nota que mandes le subimos unos voltios”, le decían como prólogo de gritos desgarradores de una mujer que todavía hoy lo estremecen. Bodes sufría seguimientos las 24 horas, incluso mientras dormía, que lo obligaron a mudarse a la sede diplomática y a la mujer y a los hijos a volver a la Isla.

En Safico y edificios cercanos había otras corresponsalías extranjeras donde trabajaban, por ejemplo, el francés Jean-Pierre Bousquet, para AFP y los argentinos Pablo Giussani y Oscar Serrat (Associated Press, sita en el mismo edificio que La Nación), entre otros. En la Avenida Córdoba 652 estaban las oficinas de medios de países comunistas o socialistas como la Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética (Tass), donde revestía Isidoro Gilbert. Muchos de estos periodistas aparecerían en las distintas ediciones de los llamados libros negros de la subversión, por difundir al exterior lo que acá se obviaba o censuraba. En la prensa local, sin embargo, podía leerse información dispersa de detenciones -incluso con nombre y apellido-, denuncias de desapariciones, tiroteos falsos y otros eufemismos como llamar “la organización subversiva declarada ilegal en primer término” a Montoneros o segundo, por ERP.

A ese grupo heterogéneo de corresponsales les llegaba, desde el segundo semestre de 1976, los despachos de ANCLA escritos a máquina, ensobrados y enviados de manera masiva a través de buzones del Correo. El rebote en otros continentes aseguraba una cobertura precaria, pero cobertura al fin, no sólo a los corresponsales. Que la noticia saliera en la BBC o Radio Moscú salvaba vidas porque atemorizaba represores o permitía enviar mensajes cifrados, explica Nadra.

***

Los nuevos moradores de la casa de Triunvirato al 900, casi Ituzaingó, San Vicente, gastan las horas en acondicionarla. Él dice ser profesor de inglés jubilado que responde al apodo de Beto. Ama de casa, ella, pide que la llamen Betty. Desmalezan yuyos con una guadaña, marcan hormigueros con una estaca, se asombran de las palmeras, planifican plantar dos hileras de álamos plateados para la entrada y recuperar un viejo aljibe. Traban amistad con los vecinos nuevos de al lado –un matrimonio con tres niños- que llegan un día en un camión frigorífico; o saludan a otros cuando van al mercado. El sosiego se resquebraja por momentos con el sonido casi permanente de la máquina de escribir. Walsh produce y corrige por partes iguales. “(Walsh) concebía su nueva forma de acción política como una producción totalizadora que abarcaba la denuncia, el testimonio, el análisis político o ideológico, el relato literario. Sus ‘cartas polémicas’ -como las llamaba- tenían un objetivo: denunciar no sólo la represión del poder o la política económica sino todas las otras manifestaciones ideológicas del régimen militar. Había elegido un estilo para esas cartas, el de la invectiva de los latinos”, recordará ella años más tarde. “¡Quousque tandem, Videla, abutere patientia nostra! (¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia)?”, grita Beto, en un tono entre épico e irónico como el Cicerón en La Eneida, de quien toma esa frase. “Como las invectivas latinas; la palabra escrita con la contundencia de la palabra oral”.

A las 23.50 del 31 de diciembre de 1976, al terminar una partida de Go -lo empezaron a jugar porque Lilia no terminaba de agarrarle la mano al ajedrez, del que él era experto-, se sienta a escribir. Al escuchar las sirenas del Año Nuevo comenta: “Así quería empezar este año, escribiendo contra estos asesinos”. No quiere quedarse callado. Cree, como escribió en 1968, que “el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”.

La integración en el barrio avanza. Un día, el matrimonio propone pedir una plaza en unos terrenos baldíos. En la primera semana de marzo, se suma a una protesta vecinal frente a la municipalidad para reclamar el tendido eléctrico. Logran ser atendidos y él, como docente jubilado, es elegido uno de los voceros. Betty queda afuera. Llega un camión del Ejército del que bajan soldados y entran raudos al edificio, otros se parapetan afuera. A la media hora salen todos. Beto no puede evitar esbozar una sonrisa mientras mira cómplice a su pareja: las tropas no se han fijado en él.

Viajan casi todos los días a la Capital, a veces en el Roca que tarda una hora y sale de la estación ubicada a seis cuadras; otras en el ómnibus de línea (arriesgándose a redadas de la Policía) o en el Fiat 600 del padre de Betty. Maneja ella, él no sabe. Además de reuniones con compañeros y amigos, RJW mantiene en servicio Cadena y ANCLA.

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ANCLA comenzó en abril de 1976 por iniciativa de Walsh –que la había pensado dos años antes-, con una pequeña estructura de cuadros como Carlos Aznárez, Lucila Pagliai y Lila Pastoriza, entre otros, a quienes capacitaba desde el año anterior sobre la búsqueda, manejo y producción de los datos –“la información era pública y estaba sobre los papeles”-. Pagliai los recuerda como un grupo horizontal, crítico e integrado, cuyos miembros se conocieron convocados por Walsh, al que describe como “un jefe muy exigente, muy abierto a la discusión, sin miedo a la crítica ni que le importaran las jinetas”.

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Cuando empezó la agencia, Walsh pasó a un rol secundario y el grupo quedó reducido a un trío “mínimo, ágil y fuertemente comprometido”, describe Pagliai. A ellos se sumaría el Negro Suárez (secuestrado con su pareja Patricia Villa, en agosto). A todos reportaba una amplia red de informantes/colaboradores y otra distinta, tabicada, que distribuía los cables.

La estructura era tres o cuatro máquinas de escribir, scanners para sintonizar la frecuencia policial, parte del archivo personal de Walsh y del diario Noticias y un mimeógrafo para copiar. Los despachos se tipeaban en papel biblia o manifold (para ahorrar en peso); se ensobraban; se les colocaban estampillas y se arrojaban en buzones -nunca el mismo ni cercano- de la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos rumbo a medios de comunicación, embajadas, políticos y otros militantes para que copien y reenvíen. Las sedes físicas cambiaban conformen caían en manos represivas.

Pocos de los destinatarios de los despachos sabían que detrás de ellos había militantes montoneros y muchos menos que el jefe era Walsh. La carta utilizaría la misma logística pero no sería una proclama de Montoneros, sino que la firmaría con su identidad real porque creía que tenía más peso. Autorizaron esa decisión pese a una discrepancia conceptual: los jerarcas veían a la represión como el mayor de los males contra la visión de Walsh de que más allá de homicidios, desapariciones y otras calamidades, “en la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”, como al final consignó en la carta.

Hacia fines de 1976 el contacto entre Walsh y los miembros de ANCLA pierde frecuencia. A Pastoriza la ve a fines de febrero siguiente. “Caer o no, a esta altura es una cuestión de azar”, le dice. Una semana antes del 25 de marzo le muestra un borrador de la carta a la Junta y le pide correcciones. Walsh tiene los ojos brillosos. Le dice: “He vuelto a escribir, a ser Rodolfo Walsh”.

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Poco antes de la medianoche del 24 de marzo, RJW termina la última de las diez copias de la carta y pasa en limpio Juan se iba por el río. Se masajea los dedos porque arrastra dolor en las articulaciones y dice: “Artrosis, pero todavía le pego a las teclas”. Se ríe con Lilia. Tuvieron cena especial y abrieron un vino para festejar que ganó la apuesta. “Bueno, al fin tenemos nuestra casita. Qué linda es”, celebra él. A la tarde habían plantado un almacigo de lechugas con indicaciones y felicitaciones de los vecinos. Lilia cubrió la cama con una colcha floreada y colgó cortinas de algodón amarillas y rojas, mientras él acondicionaba una parrilla para el asado con el que agasajarían a Patricia y familia en el mediodía del sábado. RJW conocería al primer nieto varón, nacido el 9 de marzo.

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El viernes 25, RJW se viste con un pantalón marrón, guayabera beige de tres bolsillos, zapatos a tono y sombrero de paja. Se coloca los anteojos de marco grueso para la miopía, el reloj Omega y toma un maletín negro símil cuero de doble fondo para llevar las diez copias de la carta a la junta que luego dividirá a la mitad con Lilia. Los destinatarios de los sobres son los principales diarios de Buenos Aires y algunas corresponsalías. Saber cuáles ahora resulta fútil porque ninguno la publicará hasta después de seis años.

Walsh también toma la Walther PPK calibre 22 que le había regalado a Lilia para el cumpleaños de 1974 y que portará entre la hebilla del cinturón y la ingle. Tiene una cita a las tres, otra las cuatro y tal vez una tercera a las dos. Uno de los encuentros sería con la pareja de un compañero que murió junto a Vicky y que le escribió porque tiene dos hijos y ningún lugar donde vivir. Habla con Betty sobre la posibilidad de llevarla a San Vicente y por eso deciden ir a Capital en auto.

Ella aprovechará la tarde para terminar de embalar algunas cosas que dejaron en el departamento de Palermo que tiene que entregar. “Creo que zafamos”, le dice él a Betty mientras cierra la puerta. Pero no completa la frase porque ella le lleva la mano a la boca y se la tapa. El Fiat 600 no arranca. No hay tiempo y entonces deciden apurarse para tomar el tren de las 12. Mientras ella encarga dos kilos de asado para el sábado, Walsh compra los pasajes. En el andén se encuentra con Victoriano Matute, el martillero que le vendió el terreno. El hombre le entrega el boleto de compraventa. Beto lo guarda en el maletín.

En Constitución, Walsh confirma por teléfono público una tercera reunión a las dos de la tarde. Tiene poco más de una hora. A las 13.30 se registrará la temperatura máxima del día: 29,3 grados. Demasiado para ser otoño.

Se despiden. “No te olvides de regar las lechugas”, le grita Lilia desde enfrente. Él le sonríe.

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Cerca de las cuatro de la madrugada del 26 de marzo, un policía uniformado y otros siete hombres de civil despiertan a Matute en la casa. Quieren que le identifique la casa que le vendió a Freire. Matute lleva al grupo hasta Triunvirato e Ituzaingó. Yolanda “Yoly” Mastruzzo escucha golpes, sacudones y luego una orden: “¡Salgan todos con las manos en alto!”. Llevan 20 días en el barrio. Yoly sale con el marido. Alumbran con una linterna. Los uniformados buscan a una pareja, pero ellos tienen tres niños, que están adentro escondidos. Tal vez buscan a los vecinos, el profesor jubilado y la mujer, que no ven desde el día anterior. “Qué jubilados, son extremistas”, escuchan que dicen. Los mandan adentro. Los uniformados no son de la zona porque no saben que no hay luz eléctrica. Luego se escuchan ráfagas de ametralladora y explosiones en la casa de al lado.

En Boulogne, Patricia se levanta temprano pero entre cambiar a la hija de tres años, al hijo de 17 días y preparar los bolsos, demoran en arrancar con Pinedo en el AMI 8 verde hacia Palermo, donde levantarán a Lilia y los petates (papeles, documentos, borradores, carpetas, un espejo y algunos muebles). A la altura de Lomas de Zamora, Lilia se pone al volante porque conoce la zona, pero cuando están a metros de la casa, nota algo extraño: la tranquera abierta, no está el Fiat 600. Estaciona a unos metros y pide bajar sola, que la esperen en el auto. Entra y la invade el desconcierto: ve un desorden general que desentona con la prolijidad que dejaron el día anterior; también ventanas y puertas arrancadas. No ve humo de asado ni movimientos y sin querer ver más, pega la vuelta y encara hacia el auto desencajada, al grito de “vamos, vamos”. Pinedo, que alcanzó a ver un inodoro en el medio del patio y también sospecha el horror, acelera. Patricia, en el asiento de atrás, pone a los hijos en el piso del auto. Pinedo ve que la calle no tiene salida, volantea, cruza a campo traviesa, llega, por fin, a una calle y endereza el rumbo.

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Para ese mes de 1977, Nadra ya trabaja en la primera mañana de Prensa Latina y entra a las siete. Ahora no recuerda cuándo recibe la carta de Walsh. “Los sobres de ANCLA llegaban tarde o no llegaban”, aclara. Fuerza la memoria: pudo haber sido el sábado 26 o algún día posterior al viernes. Sí recuerda que esa mañana espera la llegada de Bodes para recibir instrucciones. “Mandá dos carillas y me la llevo a Virrey del Pino (sede de la embajada) para despacharla en valija diplomática”, ordena Bodes. El cable lo leerán horas más tarde en Radio Moscú, en el programa que conducía Arturo Lozza.

El Granma del 31 de marzo publica un suelto con un cable de Prensa Latina, titulado “Gestiones para salvar la vida de Rodolfo Walsh”, que dice: “Destacados intelectuales mexicanos y latinoamericanos, radicados en la capital azteca, pidieron al presidente de Argentina, Jorge Rafael Videla, intervenga para salvar la vida del escritor argentino, Rodolfo Walsh. Según informaciones procedentes de Buenos Aires, Walsh fue secuestrado en San Vicente, localidad de la provincia bonaerense, ignorándose la suerte que haya corrido”. Habrá más en los siguientes 15 días. Gilbert también recibe la carta, pero directamente usa el correo de la Embajada porque tiene indicaciones de enviar por esa vía con “todo lo concerniente a la represión muy dura”. Y agrega: “la noche del 25 circuló entre los corresponsales la noticia de que había habido un tiroteo en la zona donde, después supimos, mataron a Walsh. El nombre de Walsh, por lo que recuerdo, circuló, pero no era firme”.

La memoria de Oscar Serrat dice que recibía material de ANCLA, pero la carta la llevó Lilia en persona, lo que le sorprendió mucho. Le sugirió que se cuidara. Junto con Pablo Giussani (ambos de Associated Press), reprodujeron parte del texto y lo mandaron al servicio nacional y al internacional.

El domingo 24 de abril siguiente, el suplemento Papel Literario del diario El Nacional de Caracas publica una doble con un documento exclusivo con el título “La carta que mató a Rodolfo Walsh”. El texto que introduce a la reproducción está firmado con las iniciales L.A.C. y dice: “La pregunta ‘¿Quién mató a Rodolfo Walsh?’ no ha recibido una respuesta formal por parte del gobierno militar argentino, y probablemente no la reciba nunca. Walsh era uno de los más lúcidos escritores del país sureño y acaso el más brillante de sus periodistas. Sus tres libros de cuentos son otras tantas obras maestras; sus investigaciones sobre los fusilamientos obreros de 1956, sobre el asesinato del dirigente sindical Rosendo García y sobre el oscuro caso Satanowski (sic) fueron el modelo en el que se apoyaron las mejores obras latinoamericanas de narración documental, sin excluir el célebre ‘Relato de un náufrago’ de Gabriel García Márquez. Quién mató a Walsh es una pregunta de difícil respuesta. Más fácil es saber por qué. El 23 de marzo pasado, el escritor envío a la Junta Militar argentina una carta abierta en la que reseñaba los crímenes cometidos durante un año de gobierno depredador. Dos días después, fue secuestrado y -según todos los indicios- asesinado por una banda parapolicial o paramilitar; una de las miles que operan en la Argentina sin que sus miembros hayan sido sancionados o tan siquiera identificados por los mismos oficiales que predican el derecho a la vida en ese país de muertos”.

Las iniciales de la bajada son de Luis Alberto Crespo, director del suplemento durante 15 años, hoy embajador de Venezuela ante la UNESCO en París. Confirma la autoría de las líneas, pero sólo recuerda que la carta la recibió el editor de la sección, Tomás Eloy Martínez, quien cumplió esa función entre 1975 y 1978. “Sin duda gracias a sus contactos con colegas argentinos y autorizados confidentes”, recuerda. Crespo celebra que “el haber publicado y difundido esta Carta dignificó, y aún nos exalta, nuestra conducta anti dictatorial y anti represiva de los gobiernos de facto y sus secuaces de todos los tiempos”.

Martínez y Walsh, además de colegas y amigos, habían sido de los primeros en investigar el destino del cadáver de Eva Perón, pero no hay registros públicos de cómo le llegó a él, exiliado en ese país, la carta a la Junta. Lo que sí está claro es que El Nacional fue el primero en publicar el documento y durante años, el único.

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Mientras alternan gestiones para dar con RJW y presentar hábeas corpus, Patricia y Lilia mandan más copias de la carta a la Junta, con el agregado que denuncia la desaparición del autor. Se suma Horacio Verbitsky. Será él quien continúe con ANCLA cuando en abril Pagliai y Aznárez partan al exilio y en junio secuestren a Pastoriza. Años después, Verbitsky encontrará una copia de la Carta en el archivo del diario Clarín.

Otros militantes montoneros, como Marta Vasallo y Luis Guagnini, también reproducen y reenvían la carta a distintas direcciones aportadas por Susana Pirí Lugones; o incluso tomadas al azar de la guía telefónica, hasta octubre o noviembre. La carta circula de mano en mano como un texto prohibido que va camino a convertirse en canónico y al que García Márquez consagraría como una obra maestro del periodismo universal.

Pero no hay rebote en la prensa nacional. La desaparición de Walsh sólo es informada por Ariel Delgado en radio Colonia y el Buenos Aires Herald, sin mayores detalles ni precisiones. En algún momento, en el diario dirigido por Robert Cox se consignó que Walsh había desaparecido por propia voluntad, lo que generó un reclamó personal de la hija Patricia.

En la primavera siguiente, Patricia y Pinedo vuelven a la casa de San Vicente como falsos interesados en comprarla. Observan vestigios de un bombardeo, rastros del saqueo (se llevaron hasta las aberturas), balazos en las paredes. También ven que alguien pasó una escoba, quemó papeles o hizo un asado. Hablan con los vecinos y les cuentan lo que ocurrió en la madrugada del sábado 26, del operativo, la policía, los uniformes verdes, que cargaron las cosas que se llevaron en el Fiat 600 y hasta que un policía quedó de consigna. La pareja comprueba que ellos llegaron a las pocas horas de aquel sábado y comienzan a sospechar que Walsh no fue secuestrado allí.

A los pocos meses, Lilia parte al exilio a México. De allí, en 1982, viajará a España y se encontrará con Martín Grass, un sobreviviente de la ESMA que le contará que Rodolfo estuvo allí, que llegó muerto o mal herido el mismo 25, que logró sacar la Walther y todo lo demás. También le cuenta que leyó Juan se iba por el río y ambos recuerdan partes que memorizaron.

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Con los años comenzaría a salir a luz más de lo ocurrido en la esquina porteña de San Juan y Entre Ríos; que llegó a despachar las copias de la carta; la cita cantada; los papeles robados de San Vicente que circularon en la ESMA, como la libreta de enrolamiento de Walsh o una de las versiones de Carta a mis amigos, que Pastoriza logró recuperar. La Justicia tardaría un poco más.

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Patricia reflexiona hoy: “Pienso que mi padre sabía que su vida no iba a durar mucho más. Tenía una conciencia clara sobre la derrota que se estaba produciendo. Tenía ideas sobre lo que se debía intentar, y era salvar la vida de los compañeros/as que corrían mayores riesgos; hacer un reconocimiento público de esa derrota militar; un llamamiento a una nueva etapa de resistencia; disolver la organización; no utilizar más su nombre porque decía que si se continuaba haciendo eso nunca se lo podría volver a utilizar. Proponía hacer salir del país de un modo urgente a quienes no pudieran ya permanecer en el territorio, de modo clandestino, procurar a los sobrevivientes los recursos necesarios para esa nueva etapa, y priorizar que los lazos que se sostuvieran fueran los imprescindibles, privilegiando las relaciones familiares, o de un gran valor afectivo, aquellas que para él tenían mayor capacidad de resistir a los tormentos que tan bien describiera en su Carta Abierta. Sin embargo ya sabía que no sería escuchado.

“Esa última cita a la que concurre es una emboscada. Que no lo advirtiera creo que también da cuenta del desgaste que él mismo padecía. Enseñaba a otros a cuidarse siempre, pero él ya no era capaz de hacerlo. Que llevara los papeles de su casa encima, la casa de San Vicente, también habla de su propia situación. No quiso irse del país. Así lo decidió. Si le llegaba la hora tenía que tener listo lo que él pensaba que se debía hacer si le quedaban cinco minutos de vida. Ya lo había ensayado Daniel Hernández, muchos años antes. Si te quedan cinco minutos de vida hay que escribir el testamento”.

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La casa de San Vicente sigue a nombre de Norberto Pedro Freire para el fisco, pero permanece usurpada desde la dictadura por familiares de un ex miembro de la Policía Bonaerense. A los ocupantes les molesta la gente que se acerca como visita histórica. En 2008 la Municipalidad local la declaró Patrimonio Cultural, Histórico y Arquitectónico.

La calle Triunvirato sigue siendo de tierra y ahora se llama Rodolfo Walsh.

El tren dejó de pasar en 1978.

En 2011, el Tribunal Oral Federal 5 condenó a prisión perpetua y penas de entre 18 a 25 años a quince de los dieciocho imputados en la causa ESMA, que entre otros crímenes esclareció en parte lo ocurrido a Walsh y otras víctimas del GT 3.3.2. Se pudo establecer que aquel viernes 25 Walsh caminaba por la avenida San Juan y Entre Ríos hacia Combate de los Pozos, (de contramano al tránsito, por seguridad) cuando fue abordado posiblemente por Astiz, que quiso tacklearlo, pero no pudo; que Walsh sacó el arma; se parapetó detrás de un árbol y alcanzó a disparar un tiro antes de que lo derribaran a balazos los más de 25 uniformados que lo cercaron. Según testimonios de otros prisioneros de la ESMA, llegó allí muy mal herido o quizás muerto. El destino de su cuerpo todavía es una incógnita.

Además del homicidio, tormentos, privación ilegítima de la libertad, a los condenados de la ESMA se los encontró culpables de robar bienes y la obra de Walsh. Entre lo que nunca se recuperó hay borradores de proyectos de otros textos literarios, las memorias, páginas de su diario personal, una selección de notas periodísticas, borradores de una novela que había empezado a desagregar en cuentos y del que Juan se iba por el río es el primero, carpetas para trabajos de investigación o con material de archivos y documentos internos de la organización Montoneros.

Lilia Ferreyra murió el 31 de marzo de 2015. Hasta el último día memorizaba el comienzo de Juan se iba por el río que dice: “Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa”.

En un predio de 16 hectáreas, pegado a la Avenida Lugones, frente a la ESMA, vecino al Parque de los Niños, sobre la costa del Río de la Plata, está el campo de deportes “Ernesto del Monte”, de la Armada. Ahora, el predio se subalquila para torneos de fútbol privados. Varios testimonios denunciaron que allí se arrojaban cadáveres de ex prisioneros y luego neumáticos que se incendiaban. A instancias de Patricia Walsh, el juez Sergio Torres autorizó al Equipo de Antropología Forense a realizar tareas preliminares, pero no se continuaron ni se excavó ni se aplicó la tecnología adecuada ni se preservó el lugar. Allí podrían estar, entre otros, los restos de Rodolfo Jorge Walsh, aquel que en la carta a la hija muerta escribió que el verdadero cementerio es la memoria.

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Madrid 25 de marzo: Homenaje a Fidel Castro (ver en directo)

Miércoles 22 de marzo de 2017 NODO50

Las organizaciones, colectivos y personas que organizamos este acto, lo hacemos en homenaje a Fidel Castro Ruz, FIDEL. Internacionalista, antiimperialista, un ser humano excepcional que supo transformar el mundo y enseñarnos los caminos de la emancipación.

El triunfo de la revolución cubana iniciada por apenas un puñado de combatientes era imposible. La construcción en Cuba de un Estado Socialista a las puertas del imperio también era imposible. Que un pequeño país fuera decisivo en la liberación del sur de África igualmente lo era. Que sobreviviera a la caída del bloque socialista y mantuviera las conquistas sociales es una superación de lo imposible, inconcebible para sus enemigos y sorprendente y jubilosa para nosotros y nosotras.

Fidel doblegó lo imposible demostrando a lo largo de su historia que lo posible es una construcción humana.

Durante toda su vida contó con la confianza de su pueblo, del mismo modo que las gentes de todo el mundo seguimos confiando en mantener vivo su recuerdo como una inspiración imprescindible para alcanzar la liberación.

FIDEL VIVE

VIVA FIDEL

A las 19:00 Horas en el Auditorio Marcelino Camacho (C/Lope de Vega, 40)

Entrada libre hasta completar aforo

Pincha aquí para ver el acto en directo

Intervendrán:

Eugenio Martínez Enríquez: Embajador de la República de Cuba en España,

Alfredo Catalá: Representante del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos,

Belén Gopegui: Escritora,

Ángeles Díez: Socióloga,

Lázaro Oramas: Solidaridad

Javier Couso: Eurodiputado.

Coordinan el acto: José Maria Alfaya y Ana Ramos

Actuaciones musicales:

Ismael de la Torre,

Manuel Gerena,

Arita Mitten acompañada a la guitarra de Jose Morales,

Juanjo Anaya acompañado a la guitarra de Armando Martínez,

Orlis Pineda y

Raúl Torres

Se proyectaran videos y fotos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz

CONVOCA: Movimiento de Solidaridad con la Revolución Cubana – Madrid

http://homenajefidel.org/madrid/

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

«España le debe la democracia parlamentaria a la izquierda radical»

Entrevista a Gonzalo Wilhelmi

Martes 21 de marzo de 2017 NODO50

El año pasado, Gonzalo Wilhelmi, doctor en historia contemporánea e investigador interesado en el anarquismo madrileño y las víctimas de la violencia política durante la Transición, publicó en Siglo XXI un libro titulado Romper el consenso: la izquierda radical en la Transición española (1975-1982). En él pasa revista a la trayectoria histórica de toda una miríada de partidos y organizaciones que, ubicadas ideológicamente a la izquierda del Partido Comunista de España y adscritas a diversas obediencias internacionales, desde la maoísta hasta la trotskista pasando por la albanesa, tuvieron el objetivo común de una transición democrática que no resultara del acuerdo con los sectores aperturistas del franquismo, sino que plantease una ruptura radical con la dictadura.

-Romper el consenso aborda de manera conjunta el estudio de varios partidos y organizaciones muy diferentes entre sí: desde maoístas hasta trotskistas pasando por hoxhaístas o anarquistas, con atención también a las organizaciones feministas, antimilitaristas o defensoras de los derechos de los homosexuales. ¿Qué tenían todos ellos en común?

Que buscaron la ruptura democrática entendida no como un proceso necesariamente violento, sino como uno que supusiera fundamentalmente la depuración del aparato de Estado de la dictadura fascista y un gobierno democrático que garantizara que hubiera libertad y se reconocieran determinados derechos hasta que se celebraran las primeras elecciones democráticas desde la Segunda República. Es decir, que no pasara lo que pasó: un proceso dirigido por los reformistas del franquismo y orientado lógicamente hacia sus intereses. Otro elemento común más allá de las ideologías particulares fue el interés por profundizar la democracia combinando la representativa con la participativa y por reducir las desigualdades sociales y la pobreza y, en la mayor parte de los casos, por acabar con la discriminación de la mujer; con el dominio de los hombres sobre las mujeres.

-Frente a lo habitual en otros estudios, su libro presta atención no sólo a lo sucedido en las grandes capitales del país, sino también a lo acontecido en las periferias. De Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, cuenta cómo las primeras elecciones municipales encumbraron a la alcaldía al cabeza de lista de uno de aquellos partidos, pero un año después el PSOE, que lo había apoyado, se desdijo y pactó con la derecha para expulsarlo.

Canarias es importante por eso y porque, pese a que se suele decir que la izquierda radical nunca llegó a obtener ningún parlamentario, sí que obtuvo uno en 1979 y fue canario: Fernando Sagaseta, de la Unión del Pueblo Canario. Además, como tú dices, Las Palmas fue la única capital de provincia donde la izquierda radical consiguió gobernar. Lo hizo con el apoyo del PSOE, porque no tenía mayoría suficiente para hacerlo sola, pero lo hizo, y eso demuestra, por cierto, que en la Transición no se hizo lo único que se podía hacer, como se viene repitiendo. Había alternativas a lo que decía el PCE de que si no se pactaba con los reformistas del franquismo iba a haber un golpe de Estado; de que había que contenerse. La UPC demostró en Las Palmas que se podían hacer políticas públicas más ambiciosas, como la democratización de la policía municipal, la municipalización de la empresa de transportes o mejoras muy importantes en los barrios obreros.

-¿Por qué el PSOE primero apoyó al candidato de la UPC y luego pactó con la derecha?

Porque ya caminaba hacia la política de corte neoliberal que llevaría a cabo cuando ascendiera al gobierno de España en octubre de 1982 y porque el apoyo a políticas que favorecieran la reducción de las desigualdades en Canarias tenía un coste político, porque le enajenaba el apoyo de sus votantes más conservadores. Al PSOE no le compensaba aguantar esas presiones cuando ni siquiera lideraba el gobierno. Por otra parte, lo que a mí me dijeron los socialistas que participaron en aquel pacto fue que estaban satisfechos con el gobierno de la UPC, pero que les impusieron el acuerdo con la derecha desde Madrid.

-Muchos de los militantes de aquellos partidos de la izquierda radical acabaron precisamente en el PSOE. Fue el caso, por ejemplo, de José Sanroma, el camarada Intxausti que durante años fue el Gran Timonel de la Organización Revolucionaria de los Trabajadores y hoy cobra cincuenta mil euros al año en el Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha. ¿Cómo se explica usted esas evoluciones que no tuvieron el decoro de efectuar un paso intermedio por el PCE, sino que saltaron de golpe de la radicalidad más extrema al socioliberalismo más moderado?

Eso se ha magnificado. Una parte de los militantes de la izquierda radical acabó en el PSOE, sí, pero otra parte acabó en la izquierda independentista vasca o gallega, otra abandonó la militancia política pero mantuvo la sindical, muchas veces en corrientes radicales dentro de Comisiones Obreras o UGT, y otra abandonó toda militancia pero se mantuvo y se sigue manteniendo en las mismas coordenadas ideológicas.

-Otro de los rasgos comunes que compartían todos aquellos partidos y organizaciones era un sentimiento de fuerte antipatía hacia el Partido Comunista de España y su papel en la Transición, que muchos antiguos militantes de la izquierda radical siguen manteniendo hoy. Términos duros como traición no son inhabituales en esos análisis.

No, pero lo de la traición no se sostiene. Esos antiguos militantes de la izquierda radical que efectivamente afean el papel del PCE echan al PCE la culpa de sus propias incapacidades. El PCE optó por una de las distintas opciones posibles: consideró que su prioridad era conseguir la legalización cuanto antes para poder competir con la mayor igualdad posible con un PSOE que, pese a que había sido una fuerza prácticamente ausente de la movilización popular, estaba creciendo vertiginosamente gracias a un amplio apoyo internacional y a que conectó muy bien con amplios sectores sociales. Pero al hacer eso el PCE no traicionó a nadie. ¿Cambió su política y su discurso? Pues sí, pero igual que lo cambió la izquierda radical, y nadie dice que la izquierda radical cometiera una traición. Por otro lado, en la relación entre la izquierda radical y el PCE se daba una situación curiosa y contradictoria: en el ámbito estatal efectivamente había un fuerte enfrentamiento en torno a cuestiones como la Constitución de 1978, la amnistía o los Pactos de La Moncloa, pero en el ámbito local, en los barrios, en los centros de trabajo, etcétera, la nota dominante era la cooperación entre los militantes del PCE y los de la izquierda radical.

-¿Qué quedó de la experiencia de la izquierda radical española durante la Transición? ¿Qué debe España a aquellos partidos que, exceptuando a Sagaseta, no obtuvieron representación parlamentaria?

Le debe una transición democrática más ambiciosa que la que inicialmente habían proyectado los reformistas del franquismo. El gobierno de Arias Navarro quería una cierta apertura, pero no una democracia parlamentaria, y eso fue lo que acabó con él. Al gobierno de Arias Navarro lo tiró abajo la movilización popular, sobre todo la obrera, a costa de mucha violencia callejera y de muchos muertos. Y esa movilización, España se la debe al Partido Comunista de España y a la izquierda radical, que fueron sus impulsores fundamentales, aunque luego el papel de la izquierda radical no se haya reconocido tanto como el del PCE. Por otro lado, pasando al ámbito sectorial, muchos de los avances sociales de entonces tuvieron el sello de la izquierda radical. Cuando se dice que la Transición no cambió nada se dice una mentira; algo que no aguanta un mínimo análisis. Hubo un montón de transformaciones sectoriales: de las condiciones de trabajo, de la igualdad entre hombres y mujeres, de la integración de los minusválidos, de la erradicación del chabolismo, etcétera, y en todos esos movimientos sociales estaba muy presente la izquierda radical. Erradicar el chabolismo (que no se consiguió entonces, sino más tarde, pero que comenzó a hacerse en aquellos años) y otras conquistas del movimiento ciudadano no fueron una exigencia de la Unión Europea, ni una iniciativa de los reformistas del franquismo ni de ninguna persona concreta, sino algo que se consiguió a través de la movilización, con los hombres y mujeres de la izquierda radical en primera línea. Lo que pasa es que la alternativa rupturista que aquellos grupos representaban fue derrotada, y ya se sabe que la historia nunca la escriben los perdedores.

-Aquellas organizaciones también tenían, con la honrosa excepción de los trotskistas de la Liga Comunista Revolucionaria, el reverso tenebroso de una organización interna fuertemente jerárquica y antidemocrática que en ocasiones incluso remedaba en las personas de sus secretarios generales los cultos a la personalidad de los dictadores de los que se declaraban admiradores, como Mao Tse-Tung o Enver Hoxha.

Sobre esto hay que empezar por decir una cosa: la ideología a la que cada partido decía adscribirse era poco influyente en su práctica diaria. Yo, en mis entrevistas a antiguos militantes de la izquierda radical, siempre les preguntaba por qué eran maoístas, o hoxhaístas, o trotskistas; qué significaban para ellos esas etiquetas y qué diferencia había para ellos entre adscribirse a la obediencia rumana y adscribirse a la albanesa o a la china, y casi siempre me topaba con respuestas dubitativas. Al final, la práctica cotidiana era muy parecida en todos los partidos y esas etiquetas respondían simplemente al interés de las direcciones por diferenciarse del partido de al lado. Lo que en efecto era común, como tú dices, y salvo la LCR, que tuvo un interés especial y sincero en combinar la acción unitaria con la democracia interna, era la ausencia de democracia interna. En algunos partidos era poca y en otros no existía. Cuestionar a la dirección suponía la expulsión inmediata y hubo casos en los que la dirección no se puso ni colorada a la hora de expulsar a organizaciones provinciales enteras. A veces se dice que eso eran exigencias de la clandestinidad, pero no es verdad. Cuando la clandestinidad se acabó con la legalización de estas organizaciones a partir del verano de 1977, se siguió funcionando igual pese a que los militantes de base querían y a veces exigían esa democratización interna.

-Como suele suceder, la dirección caminaba por un sitio y la militancia por otro.

Sí. Cuando entrevistas a militantes, otra cosa que te suelen contar es que las relaciones de base eran muy estrechas y solidarias; que se compartían unos valores de entrega, sacrificio y compañerismo que todos recuerdan con cariño y con nostalgia; pero que las exigencias de sacrificio por parte de la dirección solían ser excesivas y muchas veces impedían a los militantes tener una vida personal más allá de la política. La militancia era mucho veces una trituradora de personas. En algunas organizaciones se llegaba a exigir a determinados militantes que se cambiaran de provincia o de empleo para extender la organización a alguna fábrica a la que hiciera falta. Y el dinero también era un problema: las direcciones, no es que fueran corruptas, pero no gestionaban bien la parte económica. Para competir con organizaciones mucho más grandes, como eran el PCE y el PSOE, se obstinaban en sacar fondos de donde no los había y muchas veces de exigir aportaciones a los militantes, algunos de los cuales llegaron a hipotecar sus casas para financiar campañas electorales. Aquello no podía salir bien, y lo que te dicen algunos a veces es que si se hubieran sacado dos diputados esa deuda se hubiera subsanado, pero no es así. Cuando uno ve los informes de finanzas se encuentra con un nivel de gasto que era insostenible con diputados o sin ellos.

-Las cuentas eran absolutamente opacas.

En efecto. Los militantes no conocían las cuentas de la organización ni muchas de las decisiones que la propia organización tomaba. A mí, de hecho, me pasó una cosa curiosa cuando escribía el libro: muchas personas a las que entrevisté me dijeron que este estudio les vendría muy bien, porque así se enterarían de muchas cosas que no conocían. Conocían su frente de actividad, su lucha, su zona, pero más allá de eso la información, en general, brillaba por su ausencia. Y como digo, no era por la clandestinidad, porque en clandestinidad la LCR fue capaz de tener un funcionamiento más democrático y transparente.

-Permitía la existencia de corrientes y tendencias organizadas, algo que motivaba chistes en el resto de la izquierda.

Sí, guardaba actas de todas las reuniones, incluidas las de la dirección, en las que especificaba quién había votado qué y las distribuía en boletines a todos los militantes: una transparencia que para los años setenta era asombrosa y que incluso ahora ya la quisiéramos. Lo malo de la LCR, igual que del Movimiento Comunista, era que no tenía un proyecto de país ni una estrategia definida de toma del poder. La LCR y el MC eran más bien dinamizadores de luchas sociales e impulsores de ideas. Quienes sí tuvieron un proyecto de país fueron la ORT y el PT, que planteaban que tenía que haber una alianza entre la clase trabajadora, la clase media y los pequeños empresarios que dirigiera la clase trabajadora, pero que no fuera sólo de la clase trabajadora, y un conjunto de medidas muy razonables y muy factibles que se podrían haber llevado a la práctica perfectamente. En la Transición, insisto, no se hizo lo único que se podía hacer, sino que se siguió el camino que suscitó más apoyos. En frente había otras alternativas que eran perfectamente posibles.

-En el libro recoge el curioso sentir de una parte de la antigua militancia de aquellos partidos: «Menos mal que no ganamos». ¿Es la sensación más habitual en aquellos hombres y mujeres?

No. Es la habitual entre los que se han moderado más y siguen formando parte de la izquierda pero en sus opciones más moderadas, y está en el libro porque es una parte de la realidad. Pero no representa a todos. Hay muchos antiguos militantes de aquellas organizaciones que, ya sea en el ámbito sindical o en el político o en otras luchas, siguen defendiendo las mismas cosas que defendían entonces. Y los que dicen «menos mal que no ganamos», yo creo que piensan en Albania, en la Rumanía de Ceausescu, en China, etcétera, pero es lo que comentaba antes: en realidad, esas etiquetas no eran más que una retórica discursiva sin mucho que ver con la realidad. En la práctica, ninguna organización luchó por que en España hubiera un régimen parecido al de esos países, sino, primero, por una democracia liberal, y después por una lo más avanzada posible y con las menores desigualdades.

-¿Qué enseñanzas encierra a su juicio, para bien y para mal, la experiencia histórica de aquellas organizaciones para la izquierda de hoy?

La primera y fundamental, que siempre hay alternativa; que no es verdad que sólo hay un camino posible a seguir. Por otro lado, la importancia de las reformas. Estos partidos rechazaban negociarlas y acordarlas con los reformistas de la dictadura, aunque en la práctica las aceptaran, pero las reformas son importantísimas. Por otro lado, la importancia del trabajo como fuente de riqueza y de la clase trabajadora como motor no único, pero sí fundamental del cambio. Por otro lado, la importancia de la lucha feminista, que en muchas ocasiones la llevaron a cabo las mujeres de entonces en contra de sus propias direcciones. Por otro lado, la idea de que el ámbito del cambio tiene que ser toda España. Y por otro lado, la importancia de profundizar en la democracia, tanto la representativa como la participativa, pero también de llevarla al interior de las empresas, una preocupación que fue constante en el movimiento obrero de entonces y fundamentalmete en la izquierda radical.

-¿Cómo ve el panorama político español actual y particularmente todo lo que se ha generado en torno a Podemos y a lo que representa?

Veo que por primera vez en mucho tiempo hay alternativa a las políticas neoliberales, a la desindustrialización, a las políticas contrarias a la clase trabajadora en general; que por primera vez hay una posibilidad real de combinar la reivindicación de más democracia con la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Y lo veo con esperanza. También me gusta algo que también intentó una parte de la izquierda radical de la Transición: disputarle a la derecha la nación española. España es un país de países, una nación de naciones, y tiene que haber derecho de autodeterminación para Galicia, Cataluña y el País Vasco, y es legítimo defender la nación gallega, la catalana o la vasca, pero igual de legítimo es defender la nación española siempre que consista en una democracia basada en la voluntad de los ciudadanos de pertenecer a ella.

-¿Ve reproducidos en Podemos alguno de los vicios y problemas que tuvieron aquellos partidos y que comentábamos antes?

Quizás, pero son los problemas normales de cualquier organización que supera cierto umbral de tamaño. No hay otra. La única forma de evitar esos problemas es siendo pequeño, pero siendo pequeño se consigue menos.

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