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Artículos destacados

LECTURAS:


De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Sobre la desaparición del consenso antifascista

Por Víctor Muiña Fano

Viernes 18 de agosto de 2017 NODO50

No hace demasiado tiempo, habría sido impensable que seis mil personas acudiesen a un concierto celebrado en una pequeña localidad del centro de Alemania para proclamar su odio a los extranjeros y celebrar, de paso, su adhesión al nazismo. Nadie habría creído que varios partidos de ultraderecha pondrían contra las cuerdas algunas de las principales democracias europeas y, por supuesto, tampoco habría sido posible que un presidente de los EEUU respondiese con semejante ambigüedad al asesinato de una joven en una contramanifestación convocada para detener la marcha de unos supremacistas en Charlottesville, Virginia. ¿Qué ha ocurrido para que nos encontremos en esta situación? La respuesta se encuentra en algún punto de nuestra historia reciente, en el momento en que se rompió uno de los últimos consensos globales asumidos tras la primera mitad del siglo XX: el antifascismo.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, todos los actores políticos de Occidente, desde los anarquistas a los conservadores, pasando por los socialdemócratas y los liberales, compartían con el bloque soviético un rechazo total y absoluto al fascismo. No en vano, acababan de librar la peor de las guerras contra la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler y el Japón de Hirohito. No obstante, a lo largo de la Guerra Fría (entre 1945 y la década de los 90) el antifascismo fue perdiendo presencia política y social. Es indudable que, en este proceso, el progresivo olvido del horror nazi tiene una gran influencia, pero no debemos olvidar que, ya en tiempos de Stalin, las democracias occidentales comenzaron a equiparar la falta de libertades del régimen soviético al totalitarismo fascista. Sin entrar a valorar aquí la validez de dicha consigna, lo cierto es que el razonamiento dinamitó el puente del antifascismo que por entonces cruzaba el mundo, atravesando incluso las barreras impuestas por la política de bloques. La oposición total y absoluta al recuerdo de los fascismos como elemento identitario se convirtió en algo incómodo para Occidente: conectaba con enorme facilidad a personas de todo el mundo con la resistencia frente a las terribles dictaduras que asolaron el mundo. No hay más que sentarse frente al televisor y echar un vistazo a la ingente cantidad de películas que Hollywood ha producido (y produce) sobre el mayor conflicto bélico de la historia: en ellas, el soldado americano no lucha tanto contra el fascismo (como los comunistas), como por su país; por la prosperidad y democracia americanas, que fueron, en definitiva, los valores de la vanguardia propagandística que Occidente articuló frente al comunismo.

Desde el final de la Guerra Fría, con la derrota de la izquierda en la lucha de la hegemonía ideológica, militantes progresistas han dado la espalda incluso al que durante décadas fue su último reducto: el antifascismo, en la actualidad, se entiende como una postura radical. Los efectos de este proceso los estamos viendo en directo: ante la inestabilidad provocada por la crisis económica y migratoria en el siglo XXI, el fascismo ha encontrado espacio social y mediático para reorganizarse. En muy poco tiempo, la ultraderecha ha pasado de la clandestinidad a la que se veía abocada por la presión social y policial, a formar partidos que optan a conquistar el poder en toda Europa. Al otro lado del Atlántico, mientras tanto, Donald Trump coquetea con los modos fascistas. También hemos olvidado que, más que en ningún otro, en este movimiento las formas son el fondo.

De nuevo, el fascismo suaviza su horizonte ideológico tanto como sea necesario para avanzar en la dirección que realmente le interesa: una nueva forma de entender y organizar la contienda política; de nuevo, las élites toleran su presencia, convencidas de que dirigir la frustración de las masas en esa dirección resulta inocuo; y, de nuevo, la opinión pública está cayendo en la trampa lógica de equiparar fascismo y antifascismo, como de hecho hizo Trump en sus primeras declaraciones tras el atentado de Charlottesville. La última vez que la humanidad comprobó a dónde lleva este camino, hubo que contar las víctimas en decenas de millones.

No cabe la equidistancia entre quien desfila para proclamar la superioridad de la raza blanca y quien se interpone en su camino dispuesto a detenerle. Simplemente, la tolerancia no se puede extender hacia quien quiere acabar con ella. Algo tan sencillo de entender, un razonamiento que los medios occidentales aplican sin fisuras al afrontar el terrorismo, se resquebraja cuando toma la forma del antifascismo. Y lo hace porque es una enseñanza histórica legada por el comunismo que, no hace demasiado tiempo, toda nuestra sociedad asumía como propia.

Resulta frustrante tener que volver a explicar que, cuando el fascismo entra en escena, es necesario prevenir, dialogando con quien aún no está infectado por esta plaga ideológica, pero que con el fascista no se puede razonar. Una sociedad no puede permitirse ese lujo. Al fascista se le detiene.

No busquen en esta expresión una amenaza velada, ni un signo de radicalismo. A menos que a nuestra sociedad ya no le quede siquiera el consenso sobre cómo es posible plantar cara a quienes quieren infectarnos a base de mordiscos intelectuales y violencia, no puede haberlo. El antifascismo es un imperativo social sensato, porque cada centímetro ganado por la extrema derecha nos acerca a la barbarie. Recuperar el terreno costará vidas. Mantenerlo, es deber de todos.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Cambio climático

Ted Trainer: “El modelo va a tener que cambiar, nos guste o no”

Por Santiago Sáez

Miércoles 16 de agosto de 2017 NODO50

Entrevista al filósofo australiano Ted Trainer, especialista en decrecimiento. “La crítica en mi trabajo no es hacia las energías renovables, sino hacia la tesis de que pueden alimentar una sociedad de alto consumo energético como la que tenemos ahora”.

El pasado 2 de agosto fue el conocido como Overshoot Day, o día en que los humanos empezamos a vivir de prestado sobre la Tierra. A partir de ese día, el consumo de los humanos excede la capacidad para renovar los recursos el mismo año. Al mismo tiempo, los efectos del cambio climático recuerdan a diario que la humanidad está consumiendo demasiada energía.

Ante la crisis energética y de recursos, un retorno a un modo de vida más simple. Esa es la propuesta de Ted Trainer, “filósofo” nacido en Australia en 1941. Durante décadas, Trainer ha construido su alternativa al modelo de crecimiento basado en el libre mercado: Un sistema basado en pequeñas comunidades autosuficientes, cooperativas y que eviten el exceso de consumo que hoy está presente en los países ricos.

Trainer, que se confiesa admirador de las iniciativas anarquistas y ecorrurales españolas, tanto durante la Guerra Civil como en la actualidad, habló por teléfono con La Marea de la importancia de este momento histórico, la imposibilidad de que las renovables sustituyan a los combustibles fósiles y el error de pensar que la tecnología nos salvará.

¿Qué ha cambiado desde que escribió La vía de la simplicidad en 2012? ¿Hay lugar para el optimismo, viendo como está el mundo hoy?

Creo que las cosas están cambiando rápido, y eso trae buenas y malas noticias. El sistema, por supuesto, está cada vez peor y trata peor cada vez a más gente. Es obvio que esto ha supuesto el aumento de apoyo que Trump necesitaba, así como olas de insatisfacción política tanto en Europa como en Australia.

Creemos que esto no es del todo malo, porque significa que la gente está empezando a darse cuenta de que el sistema no les va a proteger, y no podemos avanzar en el desarrollo de alternativas hasta que un número importante de personas se de cuenta de ello.

¿Cómo podemos avanzar hacia un modelo de vida más simple?

Obviamente, no podemos avanzar en la dirección que queremos a no ser que una gran cantidad de gente esté de acuerdo en que es la mejor manera de salvar el planeta. Hasta entonces, no podemos hacer más que trabajar en la idea.

Por supuesto, los recursos del planeta no permiten que este modelo de abuso continúe, así que va a tener que cambiar, nos guste o no. La buena noticia, creemos, es que la simplicidad será un modelo mucho más satisfactorio, menos propicio para el estrés y los problemas derivados de la escasez y el desempleo.

Una de nuestras mayores tareas es conseguir que la gente lea los argumentos que presentamos, los evalúe, y decida si realmente podríamos gozar de una vida mucho más relajada y gratificante, si nos salimos de este modelo.

¿Qué puede hacer una persona antes de decidirse a adoptar un modelo de vida más simple?

Hablar. Hablar tanto como pueda. Visibilizar las contradicciones que encuentre en su día a día. No estoy diciendo que no haya otras formas de avanzar, pero nada es tan importante en este momento como ayudarnos a cambiar la conciencia de la gente.

No todos podemos tener un nivel de abundancia como el de los países ricos, pero la gente, como es natural, es lo que quiere. Es lo que han aprendido del sistema. Si en países como Grecia, en el que el ciudadano medio se ha empobrecido terriblemente por culpa del sistema, quieren volver al punto de partida, ¿por qué no querrían en otras naciones?

Nuestro trabajo a medio plazo es ayudarles a entender que esto no es posible, pero hay una alternativa: una vía de simplicidad basada en comunidades cooperativas que, siendo autosuficientes, se apoyen unas a otras. Esto puede proporcionarnos a todos una mayor calidad de vida.

Todo el mundo puede ayudar. No tienes que ser rico, ni tener gran elocuencia, ni contactos. Simplemente tienes que usar cada oportunidad, cada día, para mantener la exposición de estas contradicciones en la agenda: que la vía de la abundancia no es viable, pero que hay otra manera.

Si conseguimos que cale este mensaje, entonces podremos plantearnos la revolución que necesitamos.

Por supuesto, para alguna gente, no para todos, hay otras maneras de participar, construyendo experiencias piloto y sistemas alternativos. Un buen ejemplo es el movimiento de las Comunidades de Transición, e involucrarse en ellas también ayuda mucho.

Llama la atención en su trabajo la crítica a una transición a un 100% de energías renovables. ¿Por qué?

Nuestra postura en cuanto a las energías renovables es muy fácil de malinterpretar. Estamos completamente a favor de las energías renovables. Queremos que haya una transición hacia un 100% de energías renovables tan rápido como sea posible. Tenemos que salirnos de los combustibles fósiles ya.

La crítica en mi trabajo no es hacia las energías renovables, sino hacia la tesis de que pueden alimentar una sociedad de alto consumo energético como la que tenemos ahora.

Muchas personas bienintencionadas, preocupadas por el estado del planeta y el clima, asumen que podemos simplemente pasarnos a placas solares y aerogeneradores y seguir viviendo como vivimos ahora. Eso es lo que creo que no es verdad.

No digo que mi punto de vista sea el correcto, porque seguimos tratando de calcular el potencial y los límites de estas tecnologías. Sin embargo, por los estudios y análisis que tenemos, parece que está bastante claro que no nos podemos permitir el suficiente equipo material para reemplazar todo el consumo de combustibles fósiles que tenemos ahora, y seguir viviendo en la abundancia energética.

No criticamos las energías renovables, ¡al contrario! Lo que decimos es que, a no ser que avancemos hacia un modelo más simple que no requiera tanta energía como usa una persona media en un país rico hoy, no podremos vivir bien de las renovables.

¿Puede salvarnos la tecnología?

No. Esto es algo sobre lo que tenemos gran cantidad de análisis y argumentos sólidos. Es muy poco probable que algo así ocurra.

Para mediados de siglo se espera que la Tierra tenga unos 9.000 millones de habitantes. Si queremos satisfacer sus necesidades, y atendiendo a las proyecciones de crecimiento económico, para entonces, tendríamos que estar produciendo entre 10 y 20 veces más productos de consumo que los que fabricamos ahora.

Al mismo tiempo, los recursos cada vez son más escasos: minerales, pesca, agua… así que estaríamos asumiendo que la producción seguirá creciendo, al tiempo que la demanda de recursos se reduce dramáticamente. No sólo es ridículo asumir esto, sino que si miras la relación histórica entre producción y demanda de recursos, verás que están muy relacionadas.

Algunos optimistas hablan de separar la producción económica del uso de recursos, a través de la tecnología. Pero la realidad es que esa separación debería ocurrir a una escala enorme. En los últimos 20 o 30 años, no hemos visto prácticamente ninguna separación, así que consideramos extremadamente improbable que la tecnología pueda aportar nuevas maneras de producir cada vez más, al tiempo que reducimos el impacto sobre el planeta.

¿Cómo es la “vía de la simplicidad”? ¿Cómo sería la vida diaria de un ciudadano medio en su modelo?

Invertimos mucho tiempo y mucho esfuerzo tratando de esbozar cómo podrían ser las cosas. Hay muchas alternativas y el rango de tiempo en que podríamos alcanzar tal modelo también varía, pero intentaré dar alguna idea.

Para empezar, nuestro estilo de vida tendría que ser materialmente mucho más simple, desde el punto de vista del uso de recursos. También sería menos intensivo energéticamente. El sistema económico convencional no hace otra cosa sino aumentar la producción constantemente, así que necesitaríamos uno prácticamente nuevo.

Tendríamos que vivir en comunidades cooperativas pequeñas, autogestionadas y prácticamente autosuficientes. La principal tarea sería cooperar para construir economías locales para satisfacer las necesidades locales a partir de recursos locales. Y aún necesitaríamos una pequeña cantidad de grandes industrias centralizadas, para producir ciertos bienes a escala masiva, como por ejemplo acero.

Hay mucho margen dentro de estas comunidades para la propiedad privada y para que algunas funciones las lleve a cabo el mercado. Pensamos que, en los primeros pasos de este modo de vida, las funciones económicas no deben ser alarmantes o revolucionarias, ni suponer violencia. A medida que el modelo avance podremos decidir lo que queremos hacer y en qué dirección ir. En 10 o 20 años tendremos la experiencia para ampliar o reducir las fuerzas de mercado o la propiedad privada.

Es importante que no seamos demasiado dramáticos, porque en las próximas dos décadas vamos a vernos obligados, por la escasez de recursos, a tomar decisiones sobre la economía global. Tenemos tiempo de construir estas alternativas de manera global y así explorar lo que queremos hacer.

Lo importante, al final, es que el objetivo de la vida no será ganar dinero o tener éxito, sino vivir de manera segura en una comunidad cuyo objetivo principal será cuidar los unos de los otros, y no trabajar tanto para comprar casas y bienes de lujo. La consecuencia directa es que no tendrás que trabajar más que un par de días a la semana, y el resto del tiempo podrás dedicarlo a tus aficiones, o a tu jardín, o a tomar el sol si lo prefieres. Suena a utopía, pero ya hay gente que lleva décadas viviendo así.

Al menos desde Georgescu-Roegen en los 1970, numerosos académicos han defendido la vía del decrecimiento, pero nunca ha sido debatida como un argumento central en el discurso económico. ¿Qué le hace pensar que la situación puede cambiar ahora?

La situación ya ha cambiado. Es totalmente diferente ahora. El mundo nunca ha tenido un periodo de abundancia tan pronunciado como el que empezó tras la Segunda Guerra Mundial. El modelo empezó a tener problemas en los 1970 y los 1980, pero todavía podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que la mayoría de la gente en los países ricos puede ir a los supermercados y comprar productos. No ha habido muchos incentivos para hablar de estas cosas.

La situación, no obstante, está cambiando rápidamente. No sólo hay una escasez creciente de recursos, incluyendo el petróleo, sino que la economía mundial ha demostrado ser extraordinariamente frágil. Es muy probable que entremos en otra crisis financiera global en los próximos años, porque el crédito está de nuevo por las nubes.

Mucha gente va a darse cuenta muy pronto de que el sistema actual no va a mantenerlos. No sólo no va a hacerles más ricos, sino que los hará más pobres. Podrán ver entonces los ejemplos que tenemos en marcha, y valorar los incentivos que el modelo de la simplicidad puede ofrecerles.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Charlottesville: equidistancias y otras miserias

Por Antonio Maestre

Martes 15 de agosto de 2017 NODO50

Danuta Danielsson era una mujer polaca que vivía en Suecia y que tuvo a su madre en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Hans Runeson la fotografió en una manifestación del Partido Nórdico del Reich golpeando con su bolso a un miembro de la formación nazi. Danielsson hizo bien en expresar su rechazo ante aquellos que representan el odio más extremo. Su fotografía es hoy un referente icónico de la lucha antifascista que muestra de manera gráfica que al fascismo no se le discute.

Sin embargo, no resulta extraño cuando en una manifestación de nazis y supremacistas blancos se producen hechos violentos ver en la prensa española titulares que dicen: Estado de emergencia en Virginia por disturbios entre grupos radicales. Es una posición editorial muy extendida equiparar a los que creen que su raza es superior y quieren exterminar a todos aquellos que no cumplen con sus cánones raciales con quienes defienden la diversidad y los combaten.

La intelectualidad conservadora patria, ahora autodenominada liberal, siempre ha equiparado fascismo y antifascismo para justificar ante sí misma que no ve tan mal la ideología que mantenía reprimido el gen rojo. El anticomunismo siempre ha dejado al desnudo sus costuras. El tratamiento informativo de Charlottesville en los medios españoles sólo cambió cuando en rueda de prensa Donald Trump habló de violencia por ambos lados y dejó en evidencia todas las vergüenzas periodísticas.

La progresía española se ha contaminado de ese pensamiento por un complejo de inferioridad, y corre a denunciar cualquier conato de violencia sin pararse a valorar cuál es el contexto. No se atreve a exponer y analizar que no es lo mismo que un nazi agreda a un negro por su color que el hecho de que un antifascista agreda a una nazi que se dedica a apalear a minorías y colectivos vulnerables en cacerías por simple diversión y motivadas por su odio ideológico. Una postura pusilánime que no se arriesga a analizar y especificar el contexto determinado de un acto violento por temor a ser acusados de compartir el método. Porque no todas las violencias son iguales, las hay que por su fanatismo extremo no conocen más antídoto que el poder punitivo, del mismo modo que otras son legales o proporcionan excusa jurídica. Desde un punto de vista editorial y periodístico especificar el contexto de la violencia contra colectivos fascistas es imprescindible.

Manuel Jabois, periodista en El País, tuvo la osadía de hablar del contexto informativo en un caso de violencia contra colectivos nazis. Fue el pasado mes de enero, con motivo de la paliza dada por un grupo de antifascistas a una chica nazi en Murcia llamada La intocable. Lo hizo en una columna radiofónica en La SER llamada Información y verdad: “No sé si existe algo que justifique a una muchedumbre pateando a alguien en el suelo. Pero la información ayuda a colocarse mejor moralmente delante del suceso. Para un oyente no es lo mismo escuchar que le han dado una paliza una chica porque es de derechas o porque lleva una pulsera de la bandera de España (y esa es la información que se dio, y se sigue dando en muchos lugares) que oír que la paliza la reciba alguien neonazi que se encarga de dar esas mismas palizas”.

Jabois hablaba de un caso que desde el punto de vista periodístico y moral marca una pauta habitual en los medios de comunicación españoles. La primera opción siempre es criminalizar a una determinada ideología de izquierdas. Ese sesgo político prima sobre la información, la deontología y el contexto. Si en las primeras noticias sobre la paliza se dice que la víctima era una nazi conocida de Murcia con diversos antecedentes que se dedica a dar palizas a inmigrantes lo más normal es que no consiga epatar a la inmensa mayoría de la opinión pública y la noticia pase desapercibida. Pero si dices que un grupo de violentos de extrema izquierda apalea a una chica de 19 años por llevar una pulsera de la bandera de España consigues el objetivo político marcado. Unos cuantos días marcando la agenda, el ministro del Interior tomando parte por la nazi agredida, y con un buen número de míseros y equidistantes haciendo buena la cita falsa de Churchill sobre los fascistas del futuro. Se consigue de manera efectiva igualar a los miembros de una ideología criminal con aquellos que la combaten. Ni nazismo, ni antinazismo, igualdad.

Alberto Reig Tapia define a estos especímenes de la vida cultural, política y periodística en su magnífico ensayo sobre los revisionistas españoles La crítica de la acrítica como inconsecuentes, insustanciales, impotentes, prepotentes y equidistantes. Aunque ellos no lo saben, o no se aceptan, y optan por llamarse liberales y apelar al valor último de la libertad sin comprender la complejidad sociológica y filosófica de ese concepto. Dice Reig de este arquetipo nacional: “Esa hipócrita equidistancia de la que se sirven tantos pretendidos críticos que se creen imparciales y que presumen de neutrales recurriendo al facilón recurso de dar una de cal y una de arena”.

La ideología nazi, supremacista o fascista no es respetable. No es una ideología equiparable a otra, no hay que darle voz, no hay que dejar que muestra sus ideas en ningún foro público. Su ilegalización sólo es debatible desde el punto de vista pragmático, para evitar que la victimización la haga crecer. La única manera con la que hay que dirigirse a ellos es mediante un combate frontal, directo y sin concesiones a sus ideas. No hay debate posible ni aceptable. No existe ninguna fobia que permita desde un punto de vista moral aceptar una posición neutra entre aquellos que consideran que hay que exterminar o subyugar a un ser humano y entre aquellos que los combaten. Sólo existe una posición moral aceptable, y es el antifascismo. Si en un combate ideológico, e incluso físico, entre fascistas y antifascistas no eliges la trinchera de los que defienden la diversidad y el respeto a las minorías, entonces ya has elegido. Eres uno de ellos.

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De la Sección : {1. Noticias Destacadas}

Cómo No dar una noticia. Paraperiodistas españoles ante la Constituyente venezolana

Por Ángeles Díez. Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Foro Contra la Guerra imperialista y la OTAN

Jueves 10 de agosto de 2017 NODO50

El 30 de julio tuvo lugar un acontecimiento político de gran trascendencia histórica: un pueblo asediado internacionalmente y sometido a la violencia paramilitar interna, ha salido a la calle para expresar su doble rechazo a la injerencia internacional y las aspiraciones de las élites locales de recuperar el poder.

Hace menos de veinte años, en el siglo pasado, un acontecimiento de tal magnitud habría sido la noticia de portada de todos los informativos del mundo. Los medios masivos, públicos y privados, lo habrían destacado en sus titulares, sin duda manipuladores, pero éstos habrían hablado del desafío del pueblo venezolano a las amenazas imperiales. Habrían mostrado imágenes, no muchas, pero seguramente alguna de las infinitas colas de pueblo venezolano en los colegios electorales, como las del Poliedro de Caracas, o a la gente caminando por montes y cruzando ríos en Táchira, o de Mérida donde los colegios sitiados por guarimberos armados obligaron a la gente a desplazarse buscando centros de contingencia donde poder votar, muchos se quedaron sin poder hacerlo. Seguramente los pies de fotos habrían tergiversado las imágenes y propuesto una lectura acorde con el desespero de la oposición golpista incapaz de aceptar una derrota. Pero habría habido alguna imagen, algún comentario, alguna noticia chiquita que hablara de la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano contra todo pronóstico y contra todo cálculo racional.

Cualquier periodista digno de tal nombre hubiera querido registrar, analizar, verificar e incluso manipular este acontecimiento. Más aún en momentos donde las redes sociales hacen circular infinidad de imágenes que rellenan los vacíos gráficos de las noticias. Donde los medios masivos ocultan una imagen las redes ponen cientos. Sin embargo, el día 31 de julio la noticia sobre las elecciones venezolanas a la Asamblea Constituyente fue esquivada por los medios masivos españoles. Se dio otra noticia en su lugar.

La no noticia que suplantó el acontecimiento venezolano fue construida sobre la matriz ya existente (violencia y caos) y fue: nueva jornada de violencia en Venezuela. Todos los titulares se dirigieron, con más o menos adjetivación, a conformar una imagen que se correspondiera con la propaganda destilada durante los meses anteriores. Después fueron eclosionando las esporas diseminadas por la no noticia, que ya habían sido distribuidas por las agencias imperiales: autogolpe, fraude, menos votos de los que dice el gobierno, opositores nuevamente detenidos, aislamiento internacional…

El acontecimiento de una jornada electoral que movilizó a millones de venezolanos que fueron a votar a sus candidatos Constituyentes fue demasiado contundente como para ser silenciado; los ríos de pueblo venezolano encontraban infinidad de ventanas digitales por los que emerger. De modo que el sistema de propaganda de guerra de los medios masivos españoles, que se mantiene muy bien engrasado por las agencias de prensa estadounidenses, activó uno de sus resortes más sutiles. No enfrentó la noticia silenciándola, aunque también lo hizo; tampoco manipuló imágenes como sí lo hizo con el fraudulento plebiscito de la oposición el día 16 de julio (el diario El país tuvo que rectificar una imagen del ensayo electoral para la Constituyente a la que puso un pie de foto afirmando que eran colas para votar en el plebiscito de la oposición). En este caso, la técnica de propaganda mediática empleada de forma mayoritaria fue sustituir el acontecimiento noticiable por otro/os que atrajeran la atención de las audiencias.

Los titulares hablaron de violencia, dictadura y condena internacional: “En una jornada marcada por la tensión, manifestaciones, el rechazo internacional y la violencia, los venezolanos votaron para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente” (CNN en español); “Maduro consuma un autogolpe en Venezuela en la jornada electoral más violenta” (El País); “Condena internacional al desproporcionado uso de la fuerza en Venezuela. Al menos 10 personas han muerto en las protestas durante las elecciones a la asamblea constituyente apoyada por Nicolás Maduro” (Televisión Española).

Ni una sola imagen de los más de 14.500 centros electorales donde más de 8 millones de venezolanos esperaban turno para votar. Fueron, después de las elecciones presidenciales del 2012 en las que se eligió a Hugo Chávez, las más concurridas y masivas. Sin embargo, cuando se consulta el archivo gráfico de las elecciones del diario El País, nos encontramos con un curioso fenómeno: de 30 imágenes seleccionadas por el periódico, 7 son de explosiones, barricadas y actos violentos, en 2 aparecen los opositores, otras 2 el presidente Maduro y el resto aparecen solitarios venezolanos votando con un primer plano de la urna, pequeños grupos mirando los listados o sentados esperando para votar; sólo hay una fotografía en la que se da una visión muy lejana de coches y personas con un pie de foto donde se habla de “filas” para votar. La misma falta de imágenes significativas se dio en Televisión Española. Es decir, en los medios masivos españoles, las imágenes, cuando aludían al acto de votar lanzaban un mensaje contrario a la realidad que circulaba por las redes sociales, las imágenes decían: pocos venezolanos fueron a votar. Fueron imágenes seleccionadas cuidadosamente para apoyar la versión de la oposición y para no dar la noticia del masivo apoyo del pueblo venezolano a la Constituyente.

El estos tiempos de redes sociales, donde los políticos no hacen declaraciones, twitean, la volatilidad de información digital prevalece sobre el papel y las televisiones replican las redes sociales, las formas de mentir y tergiversar se hacen cada vez más complejas. Más eficaz que ocultar una noticia es dar otra distinta que ocupe el lugar de la noticia real. Llamaremos a esto la “no noticia”.

Parece, según se deduce de las investigaciones del CIS (Centro de investigaciones Sociológicas), que esto es habitual en los medios españoles. Como antecedente tenemos el informe de junio de 2016 en el que se señalaba que aunque el paro seguía siendo la mayor preocupación de los españoles, Televisión española le dedicó la mitad del tiempo que empleó en hablar de la crisis política en Venezuela (Los telediarios de ese mes dedicaron 71 minutos a la situación de Venezuela frente a los 31 que dieron sobre el paro en nuestro país); o el 7 de abril de este año en el que todos los informativos del mundo abrían con el titular del desarme de ETA y sin embargo Televisión española hablaba antes de Venezuela que del desarme de ETA.

Esta técnica de propaganda de guerra usada por los informativos españoles forma parte de otras más tipificadas como son: El doble rasero, tomar la parte por el todo, las noticias tóxicas, la parcialidad de las fuentes, la ocultación o la inversión causa efecto.

Para el caso de la noticia sustituta, la no noticia, tiene que cumplir ciertas características. En primer lugar, tiene que ser creíble, es decir tiene que estar en la misma lógica de la matriz ya conformada; en el caso de las elecciones a la Asamblea Constituyente esta matriz es: Violencia, golpe de estado, caos, emergencia humanitaria.

Además, ha de tener como base un hecho cierto como la quema de algún colegio electoral, algunas barricadas incendiadas, algún incidente aislado. Este hecho, desde el punto de vista de la relevancia social es anecdótico o no puede ser generalizado tomando el conjunto de la evolución de las votaciones. Sin embargo, para no dar la noticia relevante – la que sí es generalizable cuantitativa y cualitativamente-, es fundamental contar con este hecho que en manos de la guerra mediática funciona como los atentados de falsa bandera o autoatentados (esos que se cometen para poder culpar al enemigo y justificar una intervención). Así, en la jornada electoral venezolana hubo incidentes provocados por la oposición, un atentado contra la Guardia Nacional Bolivariana, emboscadas armadas para disuadir a los votantes y quema de colegios electorales. Pero tomada la jornada en su conjunto lo relevante fue la actitud pacífica y la determinación de los votantes para cumplir con su derecho al voto.

En tercer lugar, la noticia sustituta tiene que tener rango de espectacularidad tanto como la noticia real con el fin de captar toda la atención. La violencia es siempre una noticia espectacular en sí misma, es capaz de atraer la atención y relegar cualquier otro hecho. Por eso, incluso cuando no se dispone de imágenes de violencia se necesita que el periodista aparezca con chaleco antibalas, máscara anti-gas y casco, para que nuestro cerebro de credibilidad a los actos violentos que nos narra el reportero.

En cuarto lugar tiene que ser capaz de concentrar la atención de los críticos con los medios masivos para que todo el potencial contrainformativo se dirija hacia la denuncia del “mensajero” (los medios de comunicación masiva). Los intelectuales y analistas nos centramos en denunciar la tergiversación de los medios y dejamos de lado la difusión de la noticia real; por ejemplo, nos hemos centrado en la denuncia del atentado a la guardia nacional bolivariana que los medios han convertido en la “represión de Maduro”, o en denunciar la violencia de los paramilitares de la oposición saboteando las elecciones, en vez de hablar de los venezolanos elegidos para reformar la Constitución, su extracción social, su compromiso con las bases, las propuestas iniciales para la reforma de la Constitución, los problemas de impunidad que pretende resolver la nueva carta magna… En teoría de la comunicación esto se explica como la Agenda Setting, es decir, son los medios masivos los que imponen de qué se hablará, qué es lo importante, qué no debe aparecer en ningún medio, cómo dar la información. La agenda de los medios masivos se convierte en la agenda de la opinión pública.

Otra no noticia de estos días ha sido el “aislamiento internacional de Venezuela”. En Naciones Unidas, Venezuela ha obtenido el apoyo contundente en el Consejo de Derechos Humanos por parte de 57 países que aprobaron una resolución de reconocimiento de la Constituyente venezolana y demandaron la no injerencia. Entre estos países estaban los más poblados del mundo y algunos de gran peso internacional como Rusia, China, Irán, India o Paquistán.

La no noticia que sustituyó a esta fue “EEUU y los principales países de América Latina condenan la Constituyente de Maduro” (El País) también aparecida en la mayoría de los medios españoles el día después de las elecciones.

Pero esa técnica no funciona bien si no se cuenta con el personal especializado capaz de, casi espontáneamente, elaborar las no noticias, capaz de mirar para otro lado, bien pertrechado con el disfraz de “reportero de guerra”. Estos son los paraperiodistas, y a la cabeza de la profesionalidad internacional, los españoles, tanto de los medios masivos privados como de los públicos.

El año pasado ya definí qué entiendo por paraperiodistas: “Si paramilitar dícese de aquella persona afiliada a una organización civil dotada de estructura o disciplina militar podemos decir de los paraperiodistas que son aquellos periodistas afiliados a medios masivos que siguen una disciplina militar arrojando bombas informativas sobre los objetivos definidos por sus empresas” En el caso de los paraperiodistas españoles la plantilla está bien nutrida tanto en los medios masivos privados como en los públicos. Entre estos últimos encontramos a Marcos López y Nuria Ramos, corresponsales de televisión española, que sin duda merecen una mención especial por su mal hacer periodístico, siempre dispuestos a colocarse del lado de los que arrojan cócteles incendiarios a la guardia bolivariana, capaces de negar con soltura las imágenes que recogen sus cámaras, dispuestos a hacerse las víctimas –al igual que la oposición- de la “represión del gobierno bolivariano”.

La gran ofensiva contra el gobierno de Venezuela por parte de los medios masivos españoles forma parte de la guerra global contra cualquier proceso que no se discipline ante los intereses imperialistas. Nuestros paraperiodistas cumplen su papel como parte del ejército vasallo. Estos días hemos comprobado que la guerra mediática contra Venezuela es una de las más feroces que se conocen, quizá porque la escalada bélica hoy no tiene precedentes y en realidad no existen distintos tipos de guerra sino sólo una que cobra distintos aspectos. Si como dijera el Papa Francisco estamos ante una Tercera Guerra Mundial de la que sólo vemos pedacitos, Venezuela es hoy uno de los objetivos de guerra priorizados por el imperio. La dificultad estriba en que, contrariamente a lo que nos venden las películas de Hollywood, hoy en día la guerra no se nos presenta de la misma forma que en el siglo pasado, nos es más difícil reconocer cómo se desarrolla y quiénes son sus nuevos y viejos ejércitos.

Esta guerra contra Venezuela trata de combatir los dos pilares sobre los que se asienta la Revolución bolivariana: la soberanía nacional y la utopía socialista. Se dirige a minar la imagen de Venezuela en el exterior para contrarrestar dos de los rasgos más característicos de la revolución bolivariana: la vía pacífica y democrática para transformar el país y la utilización de sus recursos naturales para mejorar las condiciones socio-económicas de la población. Es decir, minar la imagen de un país que construye una alternativa al Capitalismo. En este sentido, Venezuela ha tomado también el relevo de Cuba como referente de lucha para otros pueblos. Se ha convertido, lo mismo que Cuba, en un mal ejemplo.

De ahí que los misiles que son lanzados constantemente desde los medios masivos para evitar el apoyo a la revolución bolivariana sean: la violencia y el autoritarismo. Se trata de dos torpedos que tradicionalmente se han dirigido a la línea de flotación de cualquier utopía socialista.

Con este objetivo, los medios de comunicación y todo el sistema de propaganda contra Venezuela se dirige muy específicamente hacia el campo de las campañas electorales y a cuestionar su democracia. Hay que tener en cuenta que las elecciones son la condición de la democracia para las élites políticas pero, sí solo sí, se puede garantizar que la gente vota lo correcto, es decir, si mediante la guerra de los medios de comunicación se logra convencer a la población de quienes han de ser sus gobernantes.

Las guerras no son cosa de los gobiernos, ni de las corporaciones, ni de los medios de comunicación, ni de los pueblos. Las guerras son el resultado de todos y cada uno de estos elementos. Los gobiernos declaran la guerra, pero antes, los pueblos asumen que “era inevitable”, pero antes, las corporaciones echan sus cuentas y hacen el balance de costes/beneficios, pero antes, los medios de comunicación crean las condiciones para que no haya resistencia.

Pero no todo está perdido: según un informe elaborado por la Universidad de Oxford en 2015 y publicado por el Instituto Reuters para el estudio del periodismo, de los 11 países europeos estudiados, los medios de comunicación españoles son los menos creíbles. A nivel mundial, cuando se analizan los públicos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia, España, Italia, Irlanda, Dinamarca, Finlandia, Brasil, Japón y Australia, sólo los medios de comunicación estadounidenses tienen menos credibilidad que los españoles.

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Lo efímero y el fútbol

Por Javier Cortines

Lunes 7 de agosto de 2017 NODO50

"El hombre siente todo el poder corrosivo del tiempo, que le disuelve una instantánea tras otra; a la vez que su poder creativo le renueva continuamente las vistas”. Eugenio Trías

Hoy todo es efímero: las opiniones, el sueldo, el pelo, la delgadez, el buen humor, las modas, las promesas, las verdades eternas. Lo único que parece sobrevivir a la devastadora crisis de valores de “nuestra civilización, es el fútbol ¿Es el balón una alegoría de la maltratada madre tierra que está siendo constantemente pateada por el bípedo implume?

Las pasiones que despierta el fútbol merecen un estudio en profundidad. Es como si la tragedia griega se hubiera masificado y descendido a los estadios: Los héroes han sido sustituidos por los jugadores y el coro, por el público, que se estremece cuando ve como sufren o se alegran sus ídolos, que no hacen otra cosa que cumplir los designios de los dioses.

Cuando un equipo cae, por ejemplo, por una goleada de 5-0 y tres tarjetas rojas, se produce una brutal descarga de tensiones, una catarsis colectiva. Una parte del coro (la que representa a los vencedores) grita hasta que le estalla el corazón, enloquece, olvida sus penas, ama al prójimo, cree en Dios. La otra parte del coro, (la de los perdedores), destroza todo lo que tiene a mano, desata su rabia, se rasga las vestiduras, maldice a sus astros (que no han sabido luchar hasta la muerte) y, por ende, destilan toda su amargura, realizándose la catarsis del derrotado. Ambos coros acaban vacíos y agotados. Listos para la siguiente ronda.

Qué significa en realidad el campo de fútbol, ese lugar donde se enfrentan dos ejércitos, dos formas de interpretar el mundo (atacando, defendiendo, retrocediendo, haciendo trampas, apostando, noqueando al adversario). ¿Es un regreso a la horda primitiva que luchaba por defender su territorio de otras tribus que querían arrebatarles sus sandías a la orilla del río?

¿O es, acaso, la forma más civilizada de echar fuera toda la mala leche que acumula el mono enjaulado? El hombre y la mujer, tras sufrir horas interminables en sus puestos de trabajo (la mayoría malos y mal pagados; los buenos son para La Burocracia Celeste [1] , los triunfadores, los nacidos en buena cuna etc.,) necesitan desahogarse en “el campo de fútbol” o “agarrarse a la botella”, tras romper los barrotes y quitarse la máscara, aunque sea durante unas horas, para respirar oxígeno a pleno pulmón.

El fútbol nos ofrece una experiencia mística que sólo encontramos en las grandes catedrales, y Dios, hecho balón, nos produce la mayor alegría del mundo: ¡El Goool! ¡Ay! ¡Qué extraordinario milagro se produce cuando un balón emprende un vuelo espacial que congela el tiempo, y, luego… tras levitar un instante que nos petrifica, destroza las redes, y sentimos como si una estrella fugaz nos horadara felizmente el corazón!

Cuando eso ocurre, el coro salta, como los antiguos primates, como los políticos que ganan elecciones. Las gradas arden. Los Hunos arrojan botellas de plástico (sustitutas del lanzamiento del hueso, la piedra o la lanza), los Otros elogian o maldicen a sus héroes. Se celebran las victorias en plazas dedicados a diosas y dioses. Los vencidos odian al vencedor, se convierten en animales, son capaces de matar.

Los que participan en esas guerras cargan sus pilas con la energía que despide el acelerador de partículas de la insatisfacción laboral, la matrimonial, de los malos tratos y desprecios de los jefes, entre otros agujeros negros. Muchos se sienten como gusanos angustiados en el trabajo y en casa (sobre todo si su mujer les supera en todo) y, cuando encuentran asilo humanitario en las gradas, se convierten en dragones que escupen fuego y son capaces de emular a Atila. (Del que se decía que por donde pasaba su caballo no volvía a crecer la hierba).

¡Qué distintos son los partidos de tenis! Ahí la gente se besa, las parejas se arrullan como tortolitos, si suena el móvil es para dar buenas noticias p. ej. “acabas de ganar veinte millones, tus acciones subieron el…”. Allí nadie trabaja en las galeras, allí, a nadie el jefe le pisa la cabeza. Ellos creen en Dios de diferente forma que los forofos del fútbol, pues Dios vive en ellos y con ellos. Muchos nacieron guapos y, aunque no lo sean, lo parecen. El dinero es un traje afrodisíaco. En las canchas de tenis hay poca violencia. Y, si hay estrés, para eso están los masajes con final feliz.

En Europa (la de grandes ojos) la plutocracia y la economía especulativa se mantienen gracias al poder hipnotizador del fútbol, de la religión (que sigue siendo el opio del pueblo) y de los mensajes “fobera” (para meter miedo y paralizar) que lanzan las élites desde la Torre Infiel.

Y vuelva a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para decir ¡Viva el fútbol! pero también ¡Viva la Revolución!

Javier Cortines

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